Perdon e hecho muchas modificaciones y se q tuve que eliminar algunos capitulos pero espero que ahora si ya vaya al corriente de la historia
arigato a todos los que tiene aunque sea un poquito de tiempo para leer esta historia
Arigato
CHAPER 2
Cuando entro en el lavabo del CasirisMac, Rukia ya había dejado de temblar. Se puedo unos pantalones, camiseta sin mangas y unas sandalias. La experiencia vivida no había hecho sino reforzar su fobia las serpientes. Pero otras mujeres no se llevarían la misma impresión de Ichigo Kurosaki. Era rico, tenia éxito y estaba en la gloria, lo que lo convertía en el partido de ensueño, siempre y cuando no diera un susto de muerte a las mujeres con las que se citara, lo que constituía una posibilidad nada desdeñable. Lo único que tenía que hacer era encontrar la mujer adecuada.
Se recogió el pelo que caía desordenado sobre la cara con un par de pasadores. Prefería llevar el pelo corto para mantenerlo bajo control, pero sus mechones le daban un aspecto de estudiante de primer año de universidad antes que de profesional seria, de modo que había decidido hacer tripas corazón y dejárselo crecer. No era la primera vez que deseaba tener ahorros quinientos dólares para que se lo rizara un profesional, pero ni siquiera podía pagar los gastos de casa.
Guardó los pendientes de Nana en una cajita y tomó un trago de agua tibia de uno de los botellines que había desenterrado del asiento de Danci. Solía tener el coche bien abastecido: snacks y botellas de agua; compresas y artículos de tocador; sus nuevos folletos y tarjetas de visita; unas mancuernas por si le entraba ganas de hacer ejercicio, lo que rara vez ocurría, y, desde hacía poco, una caja de preservativos en caso de que alguno de sus clientes sintiera de pronto una necesidad imperiosa, si bien Keigo Asano y Mizugiro Kojima no eran, precisamente, hombres impulsivos. Keigo era el director de una escuela de enseñanza primaria, cariñosos con los niños pero inseguro con las mujeres, y Mizujiro el hipocondríaco eras incapaz de echar un polvo sin hacer que su pareja se sometiese a todas las pruebas pertinentes en la Clínica Mayo.
De una cosa estaba segura: nunca se vería en la tesitura de tener que darle condones de emergencia a Ichigo Kurosaki. Un hombre como él iba siempre preparado.
Frunció la nariz. Había llegado la hora de sobreponerse a sus antipatías. Deba igual que fuera prepotente y autoritario, además de demasiado rico y exitoso para su propio bien. Era la clave de su futuro económico. Si quería que Perfecta Para Ti saliese adelante como un servicio matrimonial especializado de alta categoría, tenía que conseguirle una esposa. Si se la conseguía, la noticia se propagar y Perfecta Para Ti se convertiría en la empresa matrimonial de moda de Karakura. Algo de lo que distaba mucho de ser en la actualidad, porque heredar el negocio de su abuela había supuesto heredar los clientes que le quedaban. Aunque Rukia hacía lo posible por honrar la memoria de Nana, había llegado la hora de dar el salto.
Se echó un chorro de jabón líquido en las manos y consideró su lugar en el mundo empresarial. Había agencias matrimoniales para todos los gustos, y el auge de los servicios de contactos por Internet había obligado a muchas empresas tradicionales como la suya a cerrar mientras otras se mataban por encontrar su lugar. Ofrecía encuentros grupales, veladas nocturnas y excursiones de aventura. Algunas organizaban cenas para solteros, mientras que otras se especializaban en licenciados de universidades prestigiosas o en miembros de determinadas confesiones religiosas. Unas pocas, como Parejas Power, se mantenían a flote como –Servicios Para Ricos- y sólo aceptaban clientes varones a los que cobraban pasmosas sumas por presentarles mujeres hermosas.
Rukia estaba dispuesta a hacer Perfecta Para Ti una empresa distinta de todas las demás. Quería que su nombre fuera el primero en venir a la mente de los solteros, tanto hombres como mujeres, de clase alta de Karakura. Dispuestos a dar el paso del compromiso y conscientes de que la mejor manera de hacerlo es a través de un servicio personalizado tradicional. Ya tenía algunos clientes de los cuales Keigo y Mizujiro eran los más recientes-, pero no los suficientes para que la empresa fuera rentable. Y hasta que no se hiciera un nombre, no podría levar las tarifas. Encontrar pareja a Ichigo Kurosaki le permitiría conseguir esos clientes selectos y aumentar sus tarifas. Pero seguía sin entender por qué él no había sido capaz de encontrar esposa.
Tendría que dejar sus especulaciones para más tarde, porque era hora de ponerse a trabajar. Se había propuesto pasar la tarde visitando los cafés del centro, terreno fértil para buscar tanto futuros clientes como posibles parejas para los que ya tenía, pero eso fue antes de saber que no disponía de mucho tiempo para encontrar una candidata que dejase sin habla a Ichigo Kurosaki.
Sintió el calor desprendía el asfalto mientras atravesaba el parking en dirección a su coche. Había un olor a frituras y gases de tubo de escape en el aire. Junio estaba empezando y Karakura ya había declarado el primer día de Protección de la capa de Ozono del verano. Tiró el traje amarillo completamente ajado en un cubo de basura para no tener que volver a verlo.
Su móvil sonó mientras se montaba en el sofocante coche. Abrió la puerta para poder respirar.
-Rukia-
-Rukia, tengo una gran noticia.
Suspiró y apoyó la frente sobre el volante caliente. Justo cuando creía que lo peor ya había pasado.
-Hola, mamá.
-Tu padre ha hablado con Uryu hace una hora. Tu hermano es oficialmente vicepresidente. Lo anunciaron esta mañana.
-¡Es fantástico!
Y aunque Rukia no cabía en sí de alegría y entusiasmo, la percepción extrasensorial de su madre no se hizo esperar:
-Por supuesto que es fantástico –dijo bruscamente-. De verdad, Rukia, no sé por qué tienes que ser tan envidiosa. Uryo ha trabajado duro para llegar a donde está. Nadie le dio nada.
Excepto unos padres amantísimos, una educación universitaria de primer orden y un generoso regalo de graduación en metálico para ayudarle a empezar.
Las mismas cosas que había recibido Rukia.
-Sólo tiene treinta y cinco años –prosiguió Hisana Kuchiki- y ya es vicepresidente de una de las empresas de contabilidad más importantes del sur de Karakura.
-Es un crack. –Rukia levantó la frente del abrasador volante antes de que la marcase con el estigma de Caín.
-Orihime va ofrecer una fiesta en la piscina, el próximo fin de semana, para celebrar el ascenso de Uryo. Han invitado a Johnny Depp.
Por alguna razón, Rukia no podía imaginarse a Johnny Depp una de las fiestas en la picina de su cuñada, pero no era tan estúpida como para expresar su escepticismo.
-¡Vaya! ¡Es increíble!
-Orihime no se decide entre una fiesta del Sur y algo más propio del Oeste.
-Es una gran anfitriona; estoy segura de que, haga lo que haga, será un éxito.
Las habilidades psíquicas de Hisana Kuchiki estaban a la altura de su propia línea 800.
-Rukia, tienes que esforzarte más por superar tu hostilidad hacia Orihime. No hay nada más importante que la familia. Uryo la adora. Y es una madre maravillosa.
La frente estaba empezando a llenársele de gotitas de sudor.
-¿Cómo le va a Jamison con el entrenamiento para dejar los pañales?
Nada de Jimmy, ni Jamie, ni Jim, ni ninguna de las variaciones comunes. Sencillamente Jamison.
-Es tan listo… Sólo es cuestión de tiempo. Tengo que admitir que era algo escéptica acerca de todas esas cintas de aprendizaje, pero no hay más que ver, sólo tiene tres años de edad y fíjate qué vocabulario maneja.
-¿Sigue diciendo –gilipollas-?
-Eso no tiene ninguna gracia.
En los viejo tiempos, cuando su madre tenía sentido de humor, habría sido gracioso, pero, a los sesenta y dos años de edad, Hisana Kuchiki no conseguía habituarse a su nueva vida de jubilada. Si bien los padres de Rukia se habían compadro una espectacular casa en la playa, Hisana echaba de menos Karakura. De naturaleza inquieta, dirigía toda la energía, que en el pasado había volcado en una carrera bancaria de éxito, hacia sus tres hijos adultos. Especialmente hacia Rukia, su único fracaso.
-¿Cómo está papá? –preguntó Rukia, con la esperanza de posponer lo inevitable.
-¿Cómo crees que está? Juega dieciocho hoyos por la mañana y se pasa la tarde viendo el canal de golf. Lleva meses sin abrir una revista médica. Lo normal sería que, después de cuarenta años como cirujano, sintiese alguna curiosidad, pero la única ocasiones en que muestra algún interés por la medicina es cuando habla con tu hermano.
Segundo capítulo de la sorprendente saga de Los Asombrosos Mellizos Kuchiki, dedicado a la extraordinaria vida del doctor Yumichika Kuchiki, el reconocido cardiocirujano de St. Louis. Rukia cogió su botellín de agua y lamentó no haber tenido la previsión de llenarla con vodka con sabor a melocotón.
-Estoy metida en un atasco, mamá. Voy a tener que cortar muy pronto.
-Tu padre está tan orgulloso de Yumichika… Le acaban de publicar otro artículo en el Diario de Cirugía Torácica y Cardiovascular. Ayer, cuando nos reunimos con los Shiba para la Noche Caribeña en el club, tuve que darle una patada bajo la mesa para que dejara de hablar de él. Los hijos de los Shiba son una verdadera decepción.
Como Rukia.
Su madre descendió en picado sobre su presa.
-¿Has recibido las formularios para la solicitud?
Puesto que Kukaku había enviado la documentación por Ginjo y sin lugar a dudas, había hecho el seguimiento de la entrega por Internet, la pregunta era retórica.
-Mamá…
-No puedes seguir dando palos de ciego… en el trabajo, en tus relaciones. Ni siquiera te voy a mencionar ese horrible negocio con Nova. Tendríamos que haber dejado de financiarte los estudios cuando insististe en licenciarte en teatro. Una mina de oro de oportunidades laborales, ¿verdad? Tienes treinta y un años. Y eres una Kuchiki. Hace mucho que deberías haber sentado la cabeza y dedicado tus esfuerzos a algo productivo.
Rukia se había prometido a sí misma no morder el anzuelo, por mucho que la provocara, pero entre Ratón, Ichigo Kurosaki, la mención de Nova y el temor a que su madre tuviera razón, estalló:
-En la familia Kuchiki, dedicar todos los esfuerzos a algo productivo sólo quiere decir dos cosas, ¿verdad? Medicina o finanzas.
-No empieces. Sabes exactamente lo que quiero decir. Esa horrible agencia matrimonial no ha dado beneficios en años. Mamá la abrió exclusivamente para meter las narices en la vida de los demás. El tiempo no pasa de balde, Rukia, y no pienso quedarme cruzada de brazos mientras sigues desperdiciando tu vida en lugar de volver a la universidad y prepararte para el fututo.
-No quiero…
-Siempre has sido buena para los números. Serías una magnífica contable. Y te he dicho que estamos dispuestos a pagarte los estudios…
-¡No quiero ser cantable! Y no necesito vuestra ayuda económica.
-Y vivir en casa de Nana no es una ayuda, ¿verdad?
Fue como una puñalada trapera. Se le encendieron las mejillas. Su madre había heredado la casa de Nana en Karakura. Ahora la ocupaba ella, su pretexto de evitar que la saquearan, pero en realidad porque Hisana no quería que si hija viviera en algún –barrio peligroso-. Rukia respondió ofendida:
-¡Muy bien! ¿Quieres que me vaya? ¿Eso eso lo que quieres?
Oh dios, sonó como si volviera a tener quince años. ¿Por qué dejaba que Hisana le hiciera eso? Antes de que se pudiera atrincherar, Hisana prosiguío, hablándole en el mismo tono paciente y maternal que utilizó cuando Rukia tenía ocho años de edad y amenazó con marcharse de casa si sus hermanos no dejaban de llamarla –Patita—.
-Lo que quiero que hagas es que vuelvas a la universidad y saques tu título de contables. Sabes que Uryo te ayudará a obtener un trabajo.
-¡No pienso ser contable!
-Entonces, ¿qué piensas ser, Rukia? Dímelo. ¿Crees que disfruto volviendo una y otra vez sobre lo mismo? Si al menos me lo explicaras…
-Quiero dirigir mi propio negocio –respondió Rukia sin poder evitar un tono quejumbroso.
-Ya lo intentaste, ¿recuerdas? La tienda de regalos. Luego esa horrible – -. Uryo y yo te advertimos. Y después esa horrible agencia de empleo. Nada te dura.
-¡Eso no es justo! La agencia de empleo quebró.
-También lo hicieron la tienda de regalos y la – -. ¿Nunca se te ha ocurrido pensar que hay algo más que coincidencias en el hecho de que todos los negocios en los que te involucras acaben yéndose a pique? Eso es porque vives en las nubes, no en la realidad. Como esa fantasía tu ya de convertirte en actriz.
Rukia se hundió en su asiento. Su carrera como actriz no había sido tan mala: había desempeñado sólidos papeles secundarios en un par de producciones de la universidad y dirigió algunas obras de teatro. Pero durante el tercer año universitario llegó a la conclusión de que el teatro no la apasionaba, sólo era una vía de escape hacia un mundo en el que no tuviera que ser la hermanita incompetente de Uryo y Yumichika.
-Y fíjate en lo que ocurrió con Nova –continuo Hisana-. De todos los… Bueno, dejémoslo. El hecho es que te has tragado ese disparate New Age según el cual todo lo que tiene que hacer es desear algo con todas tus fuerzas para conseguirlo. Pero la vida no funciona así. Hace falta algo más que deseos. Las personas de éxito son pragmáticas, hacen planes con los pies en el suelo.
—¡No quiero ser contable!
Al estadillo siguió un largo silencio de reproche. Rukia sabía con exactitud qué estaba pensando su madre. Que Rukia estaba siendo Rukia otra vez: irritable, exagerada y carente de sentido práctico; el único fracaso de la familia. Pero nadie la podía alterar tanto como su madre.
Excepto su padre.
Y sus hermanos.
-Deja de arruinar tu vida y dedícate a algo práctico-, le había escrito Ichimaru, el gran médico, en su último mensaje de correo electrónico, con copias para el resto de la familia más dos tías y tres primos.
-Ya tienes treinta y uno-, había anotado Uryo, el gran contable, en tarjeta, en ocasión de su reciente aniversario. –A los treinta y uno yo ganaba doscientos mil al año-.
Sólo Nana le había ofrecido su apoyo. –Te encontrarás a ti misma cuando llegue el momento, cariño-.
Rukia echaba de menos a Nana. Ella también había sido un fracaso.
-La carrera de contabilidad tiene mucha demanda –dijo su madre-. Cada vez más.
-También mi negocio –replicó Rukia en un demencial acto de autodestrucción-. He conseguido un cliente muy importante.
-¿Quién?
-Sabes que no puedo decirte su nombre.
-¿Tiene menos de setenta?
Rukia se dijo a sí misma que no mordería el anzuelo, pero no en vano se había ganado la reputación de fracasada en la familia.
-Tiene treinta y cuatro y es un millonario importante.
-Si es así, ¿por qué habría de contratarte a ti?
Rukia apretó los dientes.
-Porque soy la mejor. Por eso.
-Ya veremos. –El tono de su madre se suavizó, como si hubiese decidido darle una tregua-. Sé que te puedo llegar a exasperar, cariño, pero lo hago porque te quiero y deseo que desarrolles tu potencial.
Rukia suspiró.
-Lo sé, mamá. Yo también te quiero.
Finalmente, la conversación llegó a su fin. Rukia guardó el móvil, cerró la puerta e introdujo la llave en el contacto. Acaso la palabras de su madre le escocieran tanto porque había en ellas mucho fondo de verdad.
Mientras sacaba el coche del parking, miró el espejo retrovisor y pronunció la palabra favorita de Jamison. Dos veces.
Continuara…
espero sus comentarios ya sean buenos o malos para llegar a ser mejor redactora y escritora...
ARIGATO
