Ya saben los personajes no son míos son de S. Meyer. Este cap es muy fuerte y tiene contenido sexual así que ya están advertidos…
AMIGOS, SIMPLEMENTE AMIGOS
Capitulo 3: Mi Fuego Tu Hielo…
Pero al sentirlo tan cerca mi mente comenzó aclararse y comencé a comprender que era lo que me pasaba y que era lo que necesita, extendí mis manos para tocar su cara que acerque a la mía, el se dejo llevar sin comprender que era lo que yo pretendía; pero para mi todo era muy claro y sabia a la perfección que era lo que debía hacer no me importaba lo que este acto me costara estaba dispuesta a pagar el precio.
-Ahora todo es claro…- susurre acercando aquellos finos labios que me llamaban y lentamente los uní con los míos, y pude sentir como todo su cuerpo se tensaba, pero una fuerza más poderosa me impulsaba a continuar adelante, aunque mi corazón esperaba su rechazó inmediato. No me extrañaría que me echara de su casa, pero probar esos labios, valía la pena.
Mis labios intentaban profundizar el beso que aun no era correspondió y sentí como sus manos se movían, esperaba que me empujara pero hasta entonces no desistiría. Pero tal es mi sorpresa al sentir como sus brazos me tomaban por la cintura y me levantaban del escritorio para acércame a el, y por fin sus labios aceptaban la invitación hecha por los míos y profundizamos el beso. Podía sentir como su legua jugaba con la mía en una perfecta sincronía, era como si hubiéramos estados hechos el uno para el otro, mi cuerpo se acoplo perfectamente al suyo, mis piernas se enroscaron en su cintura, mientras su mano derecha se fijaba gentil pero firme en mi cintura, la otra exploraba mi espalda y se enredaba en mi cabello.
Yo también quería conocerlo, y mis manos comenzaron a explorar su espalda levantado la parte trasera de su camisa para que mis manos acariciaran libremente su espalda, fría como el mármol, pero que sin embargo la sentía temblar bajo mis roces, esto era algo totalmente nuevo para mi, de repente sentir que podía ser una mi mujer deseada, era una sensación que crecía en mi estomago y se esparcía por todo mi cuerpo, Edward jamás me dejaría violar sus preciosos limites… Edward ¿Cómo podía hacerle esto? ¿Y Esme? En que estaba pensando… no podía seguir con esto, era totalmente incorrecto… era prohibido… pero no podía engañarme a mi misma ese sabor a pecado era un afrodisiaco que arrancaba cualquier girón de razón que me quedaba… sentir sus manos sobre mi piel era un placer por el que cualquier persona cambiaria el cielo y caminaría con una sonrisa triunfal hacia el infierno… lo sabia de sobra por que eso era lo que yo estaba haciendo y sabia a la perfección que con mi caía me llevaba al más bellos de los ángeles.
Sentí su mano fría colarse por mi camiseta buscaba como deshacerse de ella, la temperatura de mi cuerpo subía peligrosamente ya no había marcha atrás, lo sabia de sobra cuando mis manos abrieron su camisa, sus besos era una experiencia irresistible para mi… por que aunque me faltara el aire no podía alejarme, sus manos firmes sobre mi cuerpo me aseguraba que la usanza no se improvisa, el sabia divinamente lo que hacia y a mi me encantaba cada segundo más. Se acerco a mi oído y podía sentir su respiración entrecortada.
-Pídeme que pare y lo hare…- me susurro con voz ronca debido al deseo –Aun puedo detenerme… si continuamos…- beso dulcemente mi oído –no podre parar… ¿Qué debo hacer?- Yo me aferre a el con toda la fuerza que tenia.
-Fácil… no pares- Mi voz sonó como una suplica y en realidad lo era, entendía que más adelante tendría que lidiar con mi conciencia que no me dejaría vivir, pero ahora solo lo quería a el y la felicidad de que era mutuo o que por lo menos el me deseaba tanto como yo a el, alejaba cualquier duda, cualquier pensamiento, cualquier cosa que no fuera el.
Carlisle no espero más y me recostó sobre su escritorio mientras lentamente subía la camiseta de mi pijama que dando al descubierto mis senos, sentí su mirada por unos segundos que me hizo sonrojar más, si es que acaso era posible, y volvió a besarme, mientras sus manos jugueteaban con mis pechos, poco a poco su boca abandono la mía para bajar por mi cuello, mis clavículas hasta detenerse en uno de mis senos mientras su mano masajeaba el otro. De mi boca comenzaron a escapar gemidos de placer esos besos totalmente prohibidos era el paraíso para mi. El continúo bajando hasta llegar a mi vientre mientras su mano comenzó a bajar mi pantalón, era injusto yo estaba practicante desnuda y el aun completamente vestido tenia que ponernos en igualdad de condiciones, extendí mi mano intentado quitarle la camisa y el al ver mis intentos fallidos se separo un poco de mi y se la arranco para volver con su tarea de deshacerse de mi pantalón.
El comenzó lentamente a bajarlo asegurándose que sus manos frías rozaran mi piel que ardía, al poco tiempo el se había desecho de mi pantalón y solo me quede en mis bragas. Sus manos subieron por mis piernas conociéndolas, en una exploración lenta, minuciosa y llena de deseo, mi cuerpo lo anhelaba, lo necesitaba… sentía como mi cabeza iba a estallar no sabría si soportaría tanto placer. Con mis manos levante su rostro y me volví apoderar de sus labios que se unieron en un beso urgente, desesperado, mientras mis ya seguras manos se abrían su pantalón y lo baje hasta donde mis manos alcanzaron, y sin problemas mis piernas terminaron el trabajo.
Me levanto un poco de su escritorio y me acomodo nuevamente en el, mi corazón me gritaba que el momento se acercaba en el que seriamos uno, y mi cuerpo lo ambicionaba, el también lo sabia, así que arranco la ultima prenda que me cubría, y se acerco a mi oído.
-Eres… perfecta… realmente no merezco este tesoro…- Me susurro y comenzó a besar mi cuello.
-…Yo soy… la que no te merezco…- Le dije entre gemidos causados por sus caricias, sentí como movía sus manos, ahora los dos nos encontrábamos completamente desnudos, eh hice un esfuerzo para no cerrar los ojos, quería admirar su perfección, su fina piel blanca que se encontraba bajo mis manos, que no paraban de indagar cada rincón que podía, quería aprendérmelo de memoria y juraría que el estaba haciendo lo mismo.
Poco a poco sentí como se acomodaba en mi interior… al principio sentí un una fuerte punzada que me obligo aferrarme más a el, si fuera el un humano seguro mis manos le dejarían unas espantosas marcas, pero el ni siquiera lo sintió.
-¿Estas bien?- Me pregunto algo preocupado, solo pude asentir y el se apodero de mis labios, mientras sentía como se comenzaba a mover, la espantosa punzada había desaparecido, y una oleada de nuevas sensaciones comenzaron a crecer en mi interior, sentía como todo mi cuerpo era plastilina que se acoplaba a la formar de mi amante.
Los movimientos se volvieron más rápidos, y como si mi cadera tuviera vida propia mantuvo el ritmo que Carlisle había impuesto, y sentía como mi fuego se mezclaba con su hielo, por fin en toda mi vida me sentía completa, ahora estaba segura de que todas las partes de mi vida encajaban, por el simple hecho de que el fuera mío…
El placer era casi inaguantable sabia que pronto tocaríamos el cielo juntos… y en una explosión de sensaciones todas diferentes e increíblemente placenteras llegamos al clímax, el murmuro algo que no comprendí, pero yo me sentía en el paraíso y todo lo demás parecía distante y lejano.
El se recostó sobre mí, pero yo no sentía ni un milímetro de su peso, aun estaba aferrada a el, no quería separarme ni un centímetro por que sabía que en el momento en que me abandonara esta sensación los reproches y la culpa me azotarían como fieros monstros, pero sabia que por más que quisiera detener este momento para siempre tendría que conformarme con el maravilloso recuerdo. El sin alejarse de mí, beso mi frente sudorosa y alejo aquellos cabellos que se encontraban en mi rostro.
-¿Qué hemos hecho?- Pregunto casi en un susurro Carlisle, más para el que para mi.
-¿Se arrepiente?- Pregunto con terror, el me miro con infinita ternura y… ¿amor? Y volvió a besar mi frente.
-¿Acaso no lo ves? ¿Realmente no te has dado cuenta?- Pregunto con una encantadora sonrisa.
-Es obvio que no… explíqueme- Le pedí, el se iba a levantar pero yo se lo impedí no quería separarme de el.
-Tranquila no voy a salir corriendo- Me dijo soltándose de mis brazos y dejándome sentada sobre el escritorio, el se agacho y recogió su camisa que puso sobre mis hombros para cubrirme, comenzaba a sentir el frio de la mañana –Bella, es innegable que en estos últimos meses nos hemos unido más de la cuenta… pero ese no es el problema… la amistad nuca lo es…-Bajo la vista y la clavo en el suelo –mi verdadero problema es que yo comencé a necesitarte como algo más que una amiga, tu amistad dejo de ser suficiente… necesitaba más…- Confesó algo atormentado.
-Te entiendo, yo eh sentido lo mismo… pero no quería aceptarlo…- Revelé avergonzada, y poniéndome muy roja –Pero pensé que no quería quedarse conmigo, que no soportaba la idea de estar una semana…-Pero no pude terminar la frase el puso se gélido dedo en mis labios callando cualquier palabra.
-Ni siquiera te permito que pienses, que no quería estar contigo… simplemente no me creía lo suficiente fuerte para estar a solas contigo… -Una sonrisa triste se poso en su rostro -…Mira lo que te eh hecho, te eh robado para mí… aunque sabía que no me pertenecías, no me importo, y acabo de tomar un privilegió que era para… mi hijo- Finalizo tristemente, ahora fui yo quien tomo su rostro y le obligue a mirarme.
-Aclaremos algo… tu no has robado nada… simplemente tomaste lo que gustosamente te ofrecí, y me alegro por ello, así que si hay un culpable aquí soy yo, nadie más- Aclare mientras bostezaba, estaba cansada, y no tenia idea que horas eran, pero definitivamente esta noche no había dormido nada.
-Mejor te llevo a dormir… debes estar casada- Me dijo acunándome en sus brazos y caminado por el pasillo, por una de las ventanas pude ver como se colaba la luz solar, mis ojos comenzaron cerrarse aunque intentaba a toda costa que no fuera así.
-¿Qué vamos hacer?- Pregunte entre dormida y despierta, el me abrazo aun más.
-No se… no se…-Fue lo ultimo que le pude escuchar antes de quedar profundamente dormida.
CONTINUARA…
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