El Milenio de Plata
Escrito por: Tenou Haruka
Capítulo 2. Decisiones importantes
Era primera hora de la mañana. Lady Urano caminaba de un lado a otro, nerviosa, por la Sala del Trono, esperando impaciente a que la Soberana del Reino de la Luna hiciera acto de presencia. Plutón se encontraba sentada a la mesa, inmersa en sus propias cavilaciones. Nunca fue una mujer habladora y siempre fue esclava de sus obligaciones en las Puertas del Tiempo. Urano a veces le preguntaba, entre sarcástica y sombría, si Lady Plutón no guardaba un amante secreto tras las Puertas Espacio-Temporales. En esas ocasiones, Plutón la miraba fijamente, con aquellos ojos oscuros como las plumas de un cuervo, diciendo con voz apagada y carente de emociones que éso no era asunto suyo. Lady Neptuno llegó algo más tarde al lugar en el que habían quedado para discutir un asunto muy importante con la Reina Serenity. Dedicó una mueca burlona al ver a Lady Urano dando vueltas por la sala.
"Vas a gastar la suela de los zapatos si sigues así, Urano", comentó con sarcasmo.
"Eso no es algo de tu incumbencia", repuso la apelada lanzándole una mirada furiosa.
"Cierto", se encogió de hombros Neptuno, dirigiéndose a la mesa y sentándose al lado de Lady Plutón.
La Reina Serenity entró en la Sala al mismo tiempo que Lady Saturno, se sentó y se disculpó por su retraso. Al parecer, a la pequeña Usagi le había apetecido tomarse su desayuno algo temprano. Plutón dijo que tenía que volver cuanto antes a su puesto en las Puertas del Tiempo y la Reina contestó que no tardarían mucho en acabar la reunión. Saturno no dijo nada.
"Quiero que vuestras hijas comiencen sus entrenamientos para convertirse en Guerreros dentro de cuatro años." comenzó la Reina, de forma escueta, seria y firme.
Saturno levantó la vista aturdida. "¡Pero si apenas tienen dos años! Son unas niñas, majestad".
La Reina Serenity se puso en pie y caminó hacia la ventana. Echó la cortina de terciopelo rosado a un lado y contempló lo que su Reino le ofrecía. El despertar de las flores, los pájaros, el murmullo de las fuentes del jardín, el sol comenzando a despuntar por el horizonte. Aunque Setsuna, la hija de Lady Plutón ya tenía cuatro años, Hotaru, la hija de Saturno, Haruka, la hija de Urano y Michiru, la de Neptuno, apenas sobrepasaban los dos años de edad. Cierto, aún eran pequeñas. Pero, como decía el lema de las Outer Senshi, "a veces son necesarios los sacrificios".
"No pienso dejar que mi hija comience los entrenamientos ahora." se quejó Neptuno. "es demasiado débil como para soportar la dureza de los ejercicios."
"Sí, me han dicho que se parece mucho a su padre", comentó Lady Urano sonriendo dulcemente.
Neptuno le dirigió una mirada furiosa y Serenity interrumpió el inicio de una discusión.
"Basta. He dicho que dentro de cuatro años comenzarán los entrenamientos y así será. Por cierto, Plutón, quiero que traigas a tu hija a Palacio el mes que viene. Y en cuanto Setsuna cumpla los 6 quiero que se instale aquí para instruirse también."
Lady Plutón asintió, obediente. Serenity habría jurado que a Plutón le daba igual que Setsuna comenzara a entrenarse ya o no. Mercurio le dijo una vez que Plutón buscaba cualquier excusa para irse a las Puertas del Tiempo con tal de no pasar tiempo con su hija. Era como si, desde la desaparición de Lord Charon, Setsuna le recordara la presencia de aquel marido que la abandonó y quisiera evitarla a toda costa.
En cambio, Urano y Neptuno no dejaron de quejarse al respecto, aunque comenzaron a discutir de nuevo cuando Neptuno dijo que Haruka era una marimacho y que era clavadita a su madre. Urano se puso en pie y respondió que Michiru era una niña mimada y que no serviría como Guerrero.
Serenity suspiró. Urano y Neptuno habían sido amigas desde que comenzaron sus entrenamientos en Palacio. Recordaba cuando, siendo ella todavía una niña, veía los entrenamientos de sus futuras Guerreros y Lady Urano y Lady Neptuno eran capaces de vencer a todos sus enemigos en las prácticas, con ataques conjuntados al milímetro, con golpes paralelos y sonrisa de complicidad cuando decidían, mentalmente, la estrategia a tomar en la batalla. Pero... Umbriel, por entonces prometido de Lady Neptuno, se enamoró perdidamente de Urano y cuando se casaron Neptuno montó en cólera, casándose en secreto, a los pocos días, con Anfítrite. Ahora que Umbriel había abandonado a Urano, Neptuno parecía sentirse satisfecha y eso no había hecho mas que dar firmeza al odio que parecían sentir la una por la otra ahora. Iba a ser difícil entrenar a sus hijas, que, seguramente, también debían odiarse.
"Bien, entonces queda todo decidido. Setsuna comenzará a entrenarse en palacio dentro de un par de años y Haruka, Hotaru y Michiru dentro de cuatro años." repuso Serenity poniéndose en pie y saliendo de la sala sin decir nada más.
Lady Urano siguió a Serenity por todo el pasillo quejándose al respecto y la Reina, perdiendo la paciencia, se dio media vuelta y miró a los ojos a la Dama del Viento.
"Tu madre fue quien dijo que los sacrificios eran necesarios. Sabes perfectamente que tu hija, como Princesa heredera, se convertirá en Guerrero cuando cumpla los 16. Para ello es necesario un entrenamiento exhaustivo y cuanto antes comience, mejor" su rostro perdió la tensión y, respirando hondo, esbozó una sonrisa. "No tienes nada que temer, cuidaré de tu hija como si fuera mía."
Lady Urano bajó la vista, entristecida. "Pero serán las Inner Senshi quienes las instruyan. No podremos verlas de forma regular..." se le quebró la voz.
Serenity sonrió tiernamente a Urano, que siempre fue una sentimental, y depositó una mano sobre su hombro.
"No tengas miedo, todo irá bien. Cuidaré de vuestras hijas como si fueran mías, ya te lo he dicho. Aprovecha estos dos años y disfruta de tu hija al máximo." Urano levantó la vista y sonrió débilmente. "Por cierto, tu situación con Lady Neptuno debe acabar. Sois una pareja de combate perfecta y no quiero que vuestro enfado me haga perder una de las mejores armas que poseo."
Urano la miró irritada. "Yo no tengo la culpa de que Neptuno sea una rencorosa. Majestad, ya sabéis que cuando me casé con Umbriel me disculpé una y otra vez con ella."
"Lo sé, Urano, pero... habla con ella y soluciona este problema. No me gusta presenciar discusiones como la que he escuchado hace unos minutos."
Y dicho esto, la Reina Serenity, con su gracia y elegancia apacibles, caminó hasta sus aposentos privados, dejando atrás a una pensativa y exhasperada Urano.
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