Hola a todos guapos y guapas, ya estoy aquí con el siguiente capítulo jeje. Antes de nada quiero agradecer los reviews de Aletse que siempre me hacen reír y me inspirar a seguir escribiendo jeje, muchisimas gracias. Tengo que decir que en esta historia, aparte de amor y sufrimiento, habrás varias cosas mas, lo ireís viendo con cada capítulo que publique y leáis. Bueno, no os aburro mas, os dejo tranquilos para que leáis este particular capítulo jeje.
3. UNA MAÑANA MOVIDA Y UNA CARTA DE AMOR
Londres, Inglaterra.
El día llegó tranquilo y muy soleado, a los vampiros no les gusta mucho el sol, pero eso no significa que los maten como dicen en los libros, o al menos, no los que vivían en la capital inglesa. Una de esos vampiros era la reina de todos ellos, Ángelus Drakul, hija y heredera del difunto Conde Drácula Rey No-Muerto. A ella no le afectaba el sol, pero si la odiaba como su padre por algún motivo que ella desconocía, aunque poco a poco se iba acostumbrando.
En la realeza, nobleza y demás gente importante que sirven a su Majestad el Rey se la conocía por otro nombre como última voluntad y deseo de Integra Hellsing, su madre adoptiva; ahora se llamaba Sir Ángela Mina Drakul Hellsing, pero los vampiros seguían llamándola Ángelus Drakul, no le importa mientras supieran quién era y la respetaran por ello.
En esos momentos, la vampira de negro iba en moto por las calles principales de Londres en dirección la palacio real por llamado del rey. A esas horas de la mañana la ciudad aún seguía durmiendo por ser un día festivo, gracias a eso y a que ella iba en su moto roja y negra deportiva, pudo llegar al palacio en menos de medía hora. Una vez pasada la verja abierta a su paso, se paró justo frente a la entrada principal donde la estaban dos personas, una era el secretario ya conocido, Arturo Rosenberg, y el otro un poco mas joven parecía ser el encargado de vigilar su auto, ella sin problema alguno le dio las llaves para cuidarlo y junto al secretario de adentro a esa enorme palacio.
- Gracias por venir tan rápido, Sir Hellsing. - agradeció Arturo que ya simpatiza con ella por las veces que la veía en palacio. - Espero que no haya sido una molestia para usted venir a estas horas del día, ya que usted es una vampira imagino que estaría por irse a dormir.
- No importa señor Rosenberg, - dijo Ángelus con educación y elegancia. - Cualquier hora me va bien mientras su majestad desee verme en persona.
- Me alegra ir eso de usted. - confesó él con una reverencia.
- ¿Sabe el motivo de su llamado? - pregunto Ángelus con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo negro.
- Desgraciadamente no señorita, su majestad el rey se lo dirá ahora mismo, esta esperándola en su despacho como siempre, acompáñeme por favor.
Sin decir mas Arturo guió a Ángelus hacia el despacho del rey, pasearon por un pasillo bien decorado y luminoso, las paredes blancas y doradas estaban llenas de cuadros de reyes y nobles ingleses de todas las épocas, Ángelus las iba mirando de paso con admiración, viendo que eran tan hermosas como se decían por hay. Después de caminar por esos cuidados y solitarios pasillos, ambos llegaron a la puerta del despacho, el secretario picó dos veces sin fuerza.
- Su majestad, Sir Ángela Hellsing ha llegado como le pidió. - aviso él frente a la puerta con formalidad.
- Muy bien, adelante. - dijo una voz al otro lado.
Con eso Arturo abrió la puerta para dejar paso a la vampira, justo delante de la puerta a varios pasos estaba el escritorio del rey, y él estaba sentado en su silla mirando informes con dedicación y atención, pero cuando ella entró alzó el rostro para mirarla y se quito las gafas que usaba para leer. Detrás de ella entró Arturo que hizo una reverencia educada y respetuosa ante su rey.
- Gracias Arturo, déjanos a solas por favor. - pidió él rey con voz madura y impotente, como se esperaba de un rey como él.
Con otra reverencia el secretario se retiro cerrando después la puerta con cuidado dejándolos solos. El rey con la mano le indicó a la vampira que tomará asiento, cuando ella se sentó el rey se sirvió una taza de café para estar despierto a esas horas de la mañana. Ángelus estuvo sentada con una pierna sobre la otra y las manos juntas sobre sus muslos mirando tranquila y sería al rey que volvió a su asiento con el café.
- Te agradezco que hayas venido tan rápido como siempre Ángelus. - agradeció el rey con sinceridad. - No te hubiera hecho venir a estas horas si no fuera urgente y serio.
- Le escucho Majestad. - dijo Ángelus viendo la importancia del asunto. - Para cualquier cosa puede llamarme y hacerme venir, ya lo sabe eso ¿no?.
- Sí, lo se muy bien Ángelus. - afirmó él asintiendo una vez con los ojos cerrados. - Desde la muerte de tu padre y Sir Integra has sido muy leal a mi y a tu obligación como actual líder de la Organización Hellsing, por ese motivo te he llamado. - hizo una pausa para ponerse en pie y ponerse frente a la ventana y observar el amanecer iluminando toda la ciudad. - Desde hace poco ha habido numerosos ataques de vampiros que no respetan la ley que has puesto, empieza a preocuparme el asunto.
- Lo se Majestad, y se quienes son los responsables de ello, - dijo Ángelus con la mirada baja y frustrada. - lamentablemente no puedo saber donde se esconde, uno de ellos sabe crear barreras para que no pueda sentir su presencia, desde hace 18 años que no los veo a esos desgraciados, y ya me he encargado de algunos vampiros novatos creados por ellos a propósito para provocarme.
- ¿Son los mismo que hace 18 años? ¿Los que los mataron? - pregunto el rey sin mirarla. Ante esa pregunta ella no contesto, con eso basto para él. - Ya veo. Entiendo que estés así Ángelus, yo estaría igual si a mi difunta madre, que en paz descanse igual que a ellos dos, la hubieran matando del modo que lo hicieron con los tuyos, tienes todo el derecho de estas a así, tomate el tiempo que gana falta para acabar con esto Ángelus, sin importar los medios.
- Así se hará su Majestad, no debe preocuparse por nada, esos vampiros no piensan hacer un ataque como aquellos neo nazis de hace veinte años, esto solo tiene su objetivo en mi, no creo que se atrevan a atacar a todos los humanos de la ciudad. - aseguro ella.
- Lo que me preocupa es que pase algo el día de la celebración de tu hermano Ángelus, espero que no pase nada malo esa noche. - dijo el rey preocupado. - No lo digo solamente por tu hermano y por ti, sino por ellos también.
- Sus hijos Adam y Aurora ¿verdad? - adivinó ella mirándolo.
- Si, tu ya los conoces, - dijo el rey volviéndose a ella. - al fin y al cabo los salvaste dos veces de ser secuestrados, pero ellos no saben del primero, el segundo aún les tiene afectados, sobretodo por la persona que los salvo, su ángel salvador. - dijo sonriendo un poco con ironía.
- ¿Ángel Salvador, de dónde saco eso? - pregunto Ángelus curiosa.
- Ellos dos te llaman así debido a que no saben tu verdadero nombre, ni que te conocemos. - dijo él. - Desde entonces han tenido deseos de volver a verte, pero mi esposa tuvo miedo de que volviera a pasar algo parecido, por ese motivo les mandé fuera del país, ellos han estado insistiendo en volver y finalmente he accedido a que vuelvan a casa, por ese motivo estoy preocupado por el tema de los vampiros y la fiesta de tu hermano.
- Lo entiendo majestad, le prometo que no les pasará nada a sus hijos cuando lleguen, y me halaga saber que me ven como un ángel, pero no soy eso. - dijo ella con ironía. - No soy en absoluto un ángel salvador, mas bien me veo como un ángel caído que no soporta mucho a Dios, siento mis palabras señor.
- Tranquila, tienes derecho de pensar así debido a que eres una vampira. - dijo él comprensivo. - y por mucho que digas eso, mis hijos seguirán viéndote como su ángel, pero seguro que saben que eres un vampiro por como mataste al que los secuestro y por los ojos rojos que vieron, no pararon de decirlo esa noche emocionados y contentos de ti, querían saber quien era ese ángel de negro con ojos rojos y rostro angelical.
Ángelus le escucha algo contenta de tener unos admiradores que la admiraban de esa forma, como si de verdad pensaran que era un ángel a pesar de haber visto sus ojos rojos fieros y sus colmillos lamiendo la sangre delante de ellos, a pesar de todo eso la veían como un ángel según el rey, pero no podía evitar sentirse rara ante eso, como culpable por ellos por pensar así de ella, quizás no era el ángel que ellos pensaban. El rey vio el rostro apenado y pensativo de ella, y no le costó mucho imaginar lo que esa chica inmortal pensaba, por lo que quiso animarla un poco.
- A ellos les haría ilusión verte, ver que en verdad existes y que estas aquí desde siempre. - dijo él animándola.
- No se si es buena idea su Majestad. - dijo Ángelus algo inquieta por el tono de voz. - Soy una vampira recuerda, por muchos años que pasen nunca envejezco, nunca enfermo o muero… nunca jamás creceré. El solo pensar en estar frente de ellos tal y como me vieron hace diez años es…
- ¿Crees que te tendrán miedo por ello? Eres su ángel guardián, y pienso que por eso tu padre te nombró "Ángelus" por ello, por que eres muy protectora con la gente que quieres, como por ejemplo a tu hermano pequeño, bueno, ahora tendréis la misma edad.
Ante eso último ambos se rieron un poco divertidos, pero Ángelus enseguida volvió a estar seria y preocupada.
- ¿Usted de verdad quiere que me vean? ¿No quería apartarlos de este mundo lleno de vampiros y monstruos Majestad? - pregunto ella alzando la mirada.
- Creo que eso deben decidirlo ellos en cuando les cuenten la verdad, hace poco mi hija me llamo, y por la forma de hablar… creo que sospecha de que conozco a su salvadora, a ti. - informó él. - Muy pronto también cumplirán los 18 como tu hermano, tiene derecho de saber la verdad y de elegir su vida aunque sean de la realeza, ya no estamos en épocas en las que los príncipes deban casarse con otros para prosperar.
- Cierto, otros reyes se han casado con gente corriendo para ser gente conocida y respetada como ellos, y tampoco es que sea algo malo, o al menos pienso yo. - opinó ella. - De todos modos pensaré en lo que me ha dicho sobre ver a sus hijos, hasta entonces me dedicaré a hacer mi trabajo de caza-vampiros y cuidar de mi hermano majestad. - dijo mientras se ponía en pie.
- ¿Tiene que irte ya? - pregunto el rey al verla levantarse.
- Si, tengo que ir a ver a una persona ahora, tengo un asunto que tratar con él. - se disculpó ella con una reverencia. - Si me disculpa…
- Por supuesto, ya te he dicho todo lo que tenía que decirte, puedes irte tranquila. Si necesito algo de ti ya te avisaré. - dijo él cogiendo su café.
Con eso, Ángelus hizo otra reverencia y dándose la vuelta se retiro de allí a paso largo pero elegante a su modo, al abrir la puerta y alejarse una persona la siguió hasta la puerta, era el mayordomo que ya había avisado al encargado de los autos para que trajeran la moto de ella. Cuando Ángelus salió por la puerta su moto ya estaba frente a las escaleras con el casco sobre el asiento, junto a la moto estaba el joven de antes con las llaves en mano para dárselas a ella, ésta con una sonrisa divertida e irónica las cogió y él se retiro con una reverencia, Ángelus se puso el casco negro y encendiendo el motor se puso en marcha hacía el lugar a donde deseaba ir antes de volver a casa con su hermano. Era ya pleno día pero a ella no le importó ir a ver a esa persona.
Después de ir por la ciudad, Ángelus finalmente llegó a su destino, apartó junto a una cera, allí había un edificio que habían construido hacía muy poco, por eso los pisos eran mas modernos y algo pijos, pero eso solo vivían allí gente con dinero y muchos eran solteros de casa buena que se habían independizado, Ángelus no buscaba a ningún hombre de esos, ni a un humano en realidad, sino a uno que en esos momentos estaría durmiendo hasta la noche para ir al lugar donde trabajaba y se divertía al mismo tiempo.
La vampira de negro subió al último piso con el ascensor, en ese piso solo había una vivienda, la mas grande de todo el edificio, y en ese piso vivía una persona solamente. Cuando la puerta del ascensor se abrió, ella ya estaba dentro del apartamento, todo era elegante y ordenado, algo que ella no esperaba del dueño. Paseo tranquilamente por la sala de estar observando los adornos y figuritas que habían por hay, pero sobretodo observó los pósters que habían colgados en las paredes blancas, todas de chicas atractivas, maquilladas y sexuales, eso si se lo esperaba. A esa horas del día las cortinas estaban corridas para que la luz no entrara demasiado, pero si la sufriente para que ella pudiera ver sin su vista de vampira.
- ¿No te han enseñado de que entrar en la casa de otro esta mal amor? - pregunto la voz masculina y vacilante detrás de ella.
Al oírle ella no se sorprendió ni se sobresalto defensivamente, lo que hizo fue sonreír con la comisura mientras se giraba sobre su pie con vacilación y calma, viendo al dueño del piso con pantalones y una copa de algo licor, sin camisa puesta y apoyado sobre la columna de piedra a su lado; era Spike.
- Para el mundo civilizado esto se llamaría allanamiento. - observó Spike caminando hacia ella algo sobrio pero estable a su forma.
- Tu no eres muy civilizado Spike, y menos estando así cuando deberías estar durmiendo ya. - contradijo Ángelus con humor.
- ¿Has venido solamente para soltarme un sermón como a tu pobre hermano pequeño? - pregunto él bromeando un poco divertido. - ¿O has venido para algo mas que una charla entre vampiros?
- Anda siéntate que no te aguantas de pie apenas. - dijo Ángelus viendo que estaba a punto de caer redondo, él viéndola insistente te sentó en su sillón de cuero bajo con las piernas algo abiertas, eso ella lo ignoró pasivamente. - Vine para disculparme de nuevo… y para invitarte a una fiesta.
- ¿A la fiesta de cumpleaños del chaval? - adivinó él sorprendido. ¿Me quieres invitar?
- A pesar de tu carácter y tu negoció. - puntualizó ella con ironía. - Te considero un buen amigo, y mi hermano también por lo de anoche, por ese motivo te invito personalmente, será en el palacio real, lleva esta invitación y te dejarán entrar sin problema. - indicó ella enseñando un sobre blanco que dejo sobre una pequeña mesa. - Y ve elegante para un lugar con gente importante ¿quieres? No al estilo fiesta nocturna. - pidió ella.
- Vale vale, lo he entendido completamente, es un honor que me invites, no faltaré esa noche, lo juro. - prometió él intentando estar serio y despierto.
Viendo que él estaba por dormirse en cualquier momento, así que decidió irse ya. Pero entonces, cuando estuvo por pulsar el botón del ascensor, Spike apareció delante de ella al instante sobresaltándola un poco pero enseguida suspiró pesadamente, odiaba que los hombres estuvieran de esa forma por qué era cuando mas se liberaban con las chicas, sobretodo él con ella estando ahora en su piso a solas.
- ¿Solo has venido a decirme eso y irte? - pregunto él coqueto tomando el último sorbo de su copa. - Pensaba que era algo mas personal y mutuo.
- Veo que eso de pensar no va mucho contigo Spike, por qué has soñado demasiado. - aseguro ella, después quiso pasar pero él no la dejo, y ambos se miraron fijamente pero ella con advertencia. - Déjame pasar. - ordenó.
- ¿O qué? - pregunto él vacilante y divertido.
Viendo que él iba de listo a causa de la borrachera y el licor que se estaba oliendo, Ángelus decidió darle un puñetazo para dejarlo fuera de combate, pero cuando lo intento este lo detuvo con la mano sin esfuerzo, eso a ella la sorprendió, y antes de poder reaccionar él si que la golpeo lanzándola lejos hasta caer de espaldas al suelo varias escaleras mas abajo, afortunadamente la caída no fue muy fuerte para ella, pero al instante él ya estaba sobre ella sujetándola por las muñecas y la cintura entre las piernas de ella.
- ¿A qué viene tanta prisa guapa, no quieres divertirte conmigo ni siquiera unos minutos eh? - pregunto él vacilante y un poco molesto por algo.
- Spike, no estas en tus cabales. Suéltame ahora mismo. - ordenó ella calmada a pesar de la situación. - Te has tomado algo que te hace actuar así…
- Es muy posible, - reconoció él con naturalidad. - solo que no lo recuerdo y me da igual, por que en este momento quiero que me prestes atención por una vez en el tiempo que nos conocemos amor.
- ¡Déjate de estupideces Spike, suelta…! - dijo ella ahora perdiendo la paciencia, pero Spike la interrumpió a medio palabra, besándola. - ¡Mng!
Spike la besó con deseo y pasión sin soltarle las muñecas que estaban bien cogidas contra el suelo, a causa de eso y de tener la cintura de él entre sus piernas hacia que le fuera imposible liberarse o moverse siquiera. Ángelus empezaba a desesperarse, si el beso duraba un poco mas estaría perdida, se dejaría llevar por completo por él y eso era lo último que quería con ese vampiro mujeriego, por lo que no tuvo mas remedio que usar su poder contra él.
Spike estaba disfrutando de ese momento, deseaba a esa vampira mas que nada, pero de repente, en su mente empezó a oír un pitido que se iba haciendo mas fuerte y ensordecedor, tanto que la cabeza le dolió haciendo que gritará de dolor y se apartará de ella que se mantenía inmóvil y concentrada en algo, ella estaba provocando ese pitido en su cabeza haciendo que sufriera con ambas manos en su cabeza y encogido frente a ella.
- ¡ARGHHH! ¡Haz que pare por favor! - suplicó él a gritos. - ¡Que pare esto, ahhh!
Mientras él se quejaba de ese dolor insoportable, Ángelus se ponía en pie sumamente concentrada en su mente mirando al vampiro con seriedad pero sin ninguna otra emoción en el rostro. Viendo que había sufrido bastante, ella dejo de usar su poder y él dejo de oír ese pitido poco a poco hasta que paro al fin, cuando suspiró aliviado algo le golpeó la cara repentinamente y lo dejo al momento inconsciente en el suelo, Ángelus le había dado una patada rápida.
- De todas las cosas que odio Spike, es que te dejes droga con tanta facilidad. - se quejo ella frente a él.
Cuando acabo de quejarse, de sus ropa ella sacó una pequeña jeringuilla, con ella pinchó a Spike en el brazo desnudo para sacarle un poco de sangre, después tapó la aguja con su tapón y lo volvió a guardar en sus ropas observando al dormido vampiro molesta y frustrada. Después ella se fue dejándolo hay sin mas, despertaría a la noche con resaca y dolores pero recordaría perfectamente lo ocurrido, ella estaba segura de ello, sino le haría recordar.
Cuando ella bajo al portal, ya se veía la gente en las calles madrugadores paseando por la ciudad con su pareja, hijos, familia o amigos. Ella llamó un poco la atención entre la gente por ir de negro y ser muy pálida, algunos ya afirmaron de que era una vampira, sorprendidos de que paseará por hay tranquilamente bajo ese sol ardiente y brillante a esa hora, ella ante eso no pudo evitar sonreír y reírse en bajo por sus mirada de asombro. Ella cogió su moto aparcado enfrente de la puerta del edificio y estuvo por encender el motor cuando unas manos enguantadas en cuero se apoyaron sobre los contadores de velocidad y gasolina, ella extrañada alzó la vista y vio que solamente era unos moteros callejeros con ropas de cuero y ajustados.
- ¿Pasa algo caballero? - pregunto ella tranquila y con naturalidad.
- Tienes una moto bastante buena nena, demasiado buena para una cría como tu diría yo. - dijo él masticando algo en su boca haciendo ruido. - no te importará regalármela para que no te pase nada ¿verdad? Te lo digo para no tener problema, ya sabes.
Ángelus lo miró sorprendida, y antes darse cuenta ya estaba rodeada de toda la banda motera de ese tipo, chicos y chicas vestidos igual y con pinta de querer pelea, pero su líder solo estaba interesado en la moto de ella así que tendrían que esperar a la próxima, o al menos eso creían con Ángelus.
- Para serte sincera amigo, - dijo ella calmada y apoyando los brazos sobre su moto. - el que quiere buscarse problemas eres tu y tus compinches cobardes.
- ¡¿Cómo has dicho zorra? - pregunto una mujer rubia que estaba al lado del tipo, parecía su pareja, mostrándose molesta por lo que ella dijo.
- He dicho cobardes, lo digo por el hecho de estar rodeando a una sola persona con el simple deseo de querer su moto, ¿os consideráis zorros poderosos por el simple hecho de haber rodeado a una loba de los bosques? No me hagáis reír cobardes de turno, deberíais iros antes de cabrearme de verdad.
- jajá jajá, veo que tienes cojones para decir eso monada, ajajá, - felicitó él divertido. - ¿Puedo saber quién te crees que eres pequeña?
- Una vampira de mas de dos siglos y medio. - contestó ella con naturalidad.
Todos quedaron asustados y asombrados ante esa respuesta que dio, incluso se apartaron de ella debido al miedo que les vino de repente. Entonces la miraron de arriba bajo y en verdad tenía pintas un tanto raras para ir de día, era pálida y hermosa, demasiado incluso para ser humana. Mientras, ella y el hombre se miraba fijamente, él se mostraba extrañado pero no asustado, y ella sonrió sarcásticamente mostrando apenas uno de sus colmillos, pero entonces, dejándola extrañada, él sonrió divertido a punto de explotar a reír, y finalmente se rió con fuerza sorprendiendo a la vampira y a sus compañeros.
- jajajajajaajajajaaj, ¡Si tu eres una vampira de tantos años, entonces yo soy mister Haith! - dijo él burlonamente sin creer lo que ella dijo.
Ángelus ya se imagino de que este tipo no iba a creerla, no tenía pinta de creer en vampiros y demás como sus compañeros que estaban inquietos por como ella miraba a su jefe con sus ojos camuflados por las gafas de sol negras. La chica rubia que estaba detrás del hombre tenía las manos apoyadas en sus hombros, y intento llamar su atención pero él la ignoraba completamente.
- Vamos zorra, déjate de chorradas y dame las llaves de esta moto y lárgate. - ordenó él extendiendo la mano abierta hacia arriba frente a ella.
- ¿Qué pasa si… no te las dio amigo? - pregunto ella divertida mostrando unos de sus colmillos sarcásticamente.
Él no contestó y se mostró ya harto de ella, por lo que, a las malas iba a quitar las llaves del lugar pero Ángelus lo detuvo con la mano rápidamente, él se rió pero entonces notó algo extraño, su brazo sujetado por ella no podía moverla de su sitio, estaba como sujetada por una estatua, y ella sonrió con la comisura viendo que empezaba a inquietarse como el resto. Él hombre enseguida pensó que quizás la chica era mas fuerte de lo que parecía, pero que no era una vampira, por lo que hizo mas fuerza pero el brazo seguía sin moverse, y los demás se asombraron de ellos y poco a poco se iban corriendo de allí.
- ¡Oye zorra, suelta mi brazo ahora mismo si no quieres que te lastime de verdad! - amenazó él furioso.
- Si me dices que me dejarás en paz a mi y a mi moto lo haré. - propuso ella con calma.
- ¡Qué te jodan zorra, esta moto me la quedo, ahora quita la mano de mi brazo! - se negó él, entonces preparo su otra mano para pegarla en la cara.
- Vaya por dios… - fue lo único que dijo ella sin preocuparse por lo que pasaba.
Cuando dijo eso, con un movimiento rápido y ágil, hizo girar el brazo de él, pero al hacerlo le rompió completamente el brazo y él dio un grito que se oyó por todo el lugar sobresaltando a los demás que finalmente salieron corriendo, la chica rubia que insulto a Ángelus también salió huyendo por piernas. La vampira soltó finalmente el brazo del hombre que estaba rota, posiblemente la desfiguro también por la forma que quedo, y al verlo el hombre quedo horrorizado de la fuerza de esa chica que se mostraba calmad y tranquila en todo momento.
- ¡Maldita zorra, en verdad eres una vampira chupa-sangre! - exclamó él en alto y sudando por aguantar el dolor. - ¡Mi brazo, mi brazo…!
- Debiste hacerme caso cuando te dije que me dejará en paz con mi moto, pero mira lo que pasa por no hacerme caso amigo, - dijo ella poniéndose el casco de la moto. - Ahora, si me disculpas me voy a casa, hasta luego y que se te cure el brazo.
Con eso, ella encendió la moto y dando un derrapé aceleró la moto y se alejo de allí siendo observada por todos los humanos presentes de la calle asombrados de lo que vieron, sobretodo los motoristas que atendieron rápidamente a su jefe que estaba frustrado y humillado por lo que le hizo a su brazo. Su brazo estaba girado y casi desgarrado por la piel giraba de esa forma en que ella lo hizo, sería un milagro que recuperará su forma normal.
- "Maldita zorra… ¡maldita zorra chupa-sangre, juro que me las pagarás, lo juro!" - prometió él en sus pensamientos apretando los dientes humillado.
Ya empezaba a ser medió día, y el sol empezaba a picar con fuerza ahora que estaba en lo alto. Ángelus empezó a agotarse de ese calor y ese brillo molesto, tenía que apresurarse en volver a la mansión y dormir hasta el anochecer. Afortunadamente para ella ya estaba en el camino que llevaba directamente a la Mansión Hellsing que estaba a las afueras de la ciudad. En la verja los guardias vieron llegar una moto, enseguida supieron que era su jefa y abrieron la reja a su paso, después la cerraron con rapidez.
En la entrada de la casa ya la esperaba Tara, junto a ella estaba Marcus que ahora se encargaba personalmente de guardar la moto de su ama. Cuando Ángelus paró frente a las escaleras, se quito el casco sudando un poco y parando el motor, los dos sirvientes la saludaron con una reverencia y ella igual pero con la cabeza amablemente.
- Bienvenida a casa Lady Ángela. - saludo Tara con gusto. - ¿Cómo es que ha tardado tanto?
- He tenido que hacer una parada y luego he tenido un problemilla pero nada importante. - informó ella pasiva de lo que paso antes, entonces bajo de la moto. - Es increíble que en solo unas horas te… ah…
Al momento en que ella estuvo en pie en las escalera entre la moto y ellos empezó a marearse y a perder el equilibrio, pero antes de que cayera al suelo fue cogida por Marcus a tiempo preocupado y confuso de lo que estaba pasando con su ama de repente, Tara también la atendió preocupada e inquieta.
- ¡Mi señora Ángelus! - dijo la voz de Yasmina detrás de ellos.
En ese momento Yasmina apareció allí para recibir a su querida ama, fue cuando vio todo y al instante la atendió apartando un poco a Marcus, él no se molesto por ello solo estuvo atento a su ama igual que los demás. Ángelus enseguida se encontró bien parpadeando un poco para aclarar la vista que se nublo un poco, al igual que todos estuvo confusa por ese repentino mareo, pero enseguida supo la respuesta de ello mirando de reojo el sol que tenía a sus espaldas picando con fuerza a esa hora ya.
- ¿Lady Ángela, se encuentra bien? - pregunto Tara frente suyo arrodillada.
- Tranquilos, estoy bien ya. - contestó ella poniéndose en pie con ayuda de Yasmina. - Solo he recibido un pequeño mareo debido al sol, necesito entrar…
Con eso, Ángelus se apresuro a entrar en la casa pasando entre ellos acompañada de Yasmina que entendió enseguida los deseos de su señora. Cuando desapareció pasando por la doble puerta, Tara fue a pedir que trajeran sangre medica para ella mientras Marcus iba a guardar la moto sin dejar de mostrarse preocupado por su ama, nunca en su tiempo que estuvo con ella al igual que sus hermanos la había visto así, debía contárselo a los demás.
- ¿Ya se encuentra mejor mi señora? - pregunto Yasmina cargando un poco a la vampira sobre sus hombros.
- Lo estaré en cuando este en mi habitación, gracias Yasmina. - dijo ella mas pálida de lo normal, la chica lo notó.
Ambas no tardaron en llegar a la habitación del segundo piso, Yasmina abrió la puerta sin soltar a Ángelus y la ayudo a llegar a la cama donde la vampira se tumbó de lado agotada y dolida. Yasmina confirmó que al haber dado su sangre a su hermano anoche, haber tomado demasiado sol a esa hora y no haber tomado aún sangre le había afectado, y eso antes no pasaba, algo no iba bien, desde lo ocurrido hacia ya 18 años su ama estaba sufriendo cambios repentinos en su estado de vampiresa, debía ser a causa de la sangre de su padre en su cuerpo, pero no cuadraba eso, a su padre no le afectaba el sol ni nada de los vampiros, y a ella tampoco, debía ser otra cosa.
- Mi señora…
- No te preocupes Yasmina, solo necesito descansar durante el día y tomar la sangre que toca. - intento tranquilizar ella sin girarse a verla. - Ahora necesito estar sola y descansar, por favor…
Yasmina no quería dejar sola a su señora, pero al verla de esa forma acató sus deseos y decidió retirarse con una pequeña reverencia de cabeza. Al momento en que la licántropa salió de la habitación y cerró la puerta, sintió que había alguien a sus espaldas, se giro y vio que era el hermano de su señora; Arthur, que mostraba un rostro preocupado y triste, ella supo a que se debía sin necesidad de preguntar y expreso un rostro comprensivo pero sonrió.
- Solo necesita alimentarse y descansar hasta el anochecer, - informó ella para animarlo un poco. - no quiere que nadie la moleste ahora pero… quizás a ti si quiera verte a pesar de estar así. - opinó ella con una sonrisa amistosa.
- No creo que tenga derecho a verla Yasmina. - contradijo el joven con la mirada baja y desanimado. - Por mi culpa, mi hermana esta de esa forma… por haber tomado su sangre anoche.
- Dudo mucho de que mi señora Ángelus piense eso, estoy segura de ello. - dijo Yasmina con seguridad y confianza. - Conozco muy bien a su hermana y tengo mucha fe en que no le culpa de nada… ahora anime esa cara venga.
Con eso, Arthur se animó un poco, mejor eso que nada pensó Yasmina, por eso mostró una sonrisa contenta. Justo en ese momento llegaba Tara con la sangre medica para Ángelus, fue entonces cuando Yasmina pensó en algo que Arthur podía hacer.
- Espera un momento Tara. - pidió Yasmina antes de que Tara pasará de largo, ésta miró confusa a la pareja. - Ya le damos nosotros la sangre.
- Vale, como quieran. - acepto ella con naturalidad pero sonriendo un poco.
La mayordoma les dio la sangre que estaba a la temperatura adecuada, la que le gustaba a Ángelus y se retiro con una reverencia y a paso largo. Cuando estuvieron solos, Arthur miró confuso a Yasmina, y ésta sonriendo animadamente le entrego la bolsa de sangre.
- Ve a dársela.
- ¿Qué, yo? - pregunto él asombrado y confuso.
- Si vamos, seguro a que a mi señora le hará feliz que se la traigas tu, y seguro que la animará un poco. - aseguro ella.
Con eso, Arthur acepto inseguro la bolsa de sangre entre sus manos, entonces, dándole unas palmadas en el hombro Yasmina se retiro pasando por su lado dejándolo solo dándole ánimos con una sonrisa. Antes de poder decirle algo, la chica ya se había esfumado como el aire, y Arthur tuvo que hacerlo aunque no estuviera seguro de ello, deseaba saber el estado de su hermana mayor, pero tenía miedo de ello, ver que estaría mas pálida que antes y débil por su causa. No deseaba ver eso, pero las palabras de Yasmina volvieron a su mente y eso ayudo a que finalmente decidiera entrar en la habitación firmemente.
En esos momentos, Ángelus estaba medio dormida, pero no deseaba dormirse aún, no antes de tomar un poco de sangre para recuperar las fuerzas perdidas por la mañana movida y soleado que tuvo. Cuando se convirtió en vampira hacía ya mas de dos siglos y medio, la luz del sol le molestaba en los ojos, pero solamente eso, ahora con estar a uno tan fuerte como el del mediodía la había dejado medio desmayada y anémica, antes no le pasaba eso.
- "El efecto esta empezando. Tengo que hacer algo pronto o sino…" - pensó ella frustrada y furiosa mientras apretaba la mano sobre el cojín.
Justo en ese momento picaron a la puerta sacándola de sus pensamientos, enseguida pensó y aseguro que era Tara trayendo su sangre diaria, por lo que usando un poco su poder mental abrió la puerta con lentitud sin siquiera mirar a la puerta, oyó como se acercaban pasos hacía la cama con calma y lentitud, y entonces sintió como la cama se movía debido a que alguien se sentó detrás de ella que estaba de espaldas, eso la dejo confusa.
- No hace falta que estés conmigo Tara - aseguro ella mientras se movía para girarse sobre si. - Yo puedo…
- Lo siento mucho, no soy Tara, hermana. - dijo la persona que estaba delante de ella.
Quién estaba sentado junto a ella con la bolsa de sangre entre las manos era su hermano menor Arthur y no Tara como esperaba, y eso la avergonzó, ya que no había sentido la presencia de su hermano o olido, debió relajarse demasiado por ello. Queriendo disimular su vergüenza, Ángelus se incorporó para sentarse sobre la cabecera de la cama haciendo pulso con las manos a cada lado hasta estar cómoda, entonces Arthur le paso la bolsa, no había notado nada en ella, alivió para la vampira de negro que no tardó en dar sorbos pequeños de su bolsa de sangre, estaba justo como le gustaba.
- Ya me han dicho que te has desmayado en la entrada al volver, ¿te sientes mejor? - dijo él preocupado. - No tienes que trabajar esta noche si…
- No te preocupes hermanito, con descansar un poco y esta sangre ya estaré bien para la noche. - aseguro ella animada. - No debes culparte por ello…
- ¿eh?
- Se que has debido aquí culpándote de lo que me ha pasado, pensando que al haberte dado mi sangre anoche sin haber bebido antes me había debilitado, pues te aseguro que no es nada de eso, te lo juro Vlad. - explicó ella sería pero amable. - Si me he desmayado ha sido debido a una aventura que he tenido esta mañana al volver a casa, es increíble lo que puede pasarte en una sola mañana je.
- No tienes por qué buscar excusas hermana. - dijo Arthur con la mirada algo baja, ocultando los ojos con el flequillo. - No tienes por qué alimentarme…
- Vlad, no empieces otra vez, ya lo hemos hablado. - pidió ella con pesadez. - Si crees que eso es la solución estas muy equivocado.
- ¡Pero nada se pierde por probar! - exclamó él a la defensiva ahora.
- ¡Si que pierdes algo maldita sea! - contradijo ella en voz alta harta de las quejas de él. - Puede que pierdas algo que nunca volverás a recuperar…
- Hermana…
- Tu madre que en paz descanse dio su vida para que vinieras a este mundo, no pierdas lo único que tienes de ella en ti por favor, le prometí que cuidaría de ti, y no pienso romper esa promesa por nada, ¿entendido? - confesó ella poniendo la mano en la mejilla de él con pena y tristeza. - No hagas que me enfades siempre de esta forma contigo, y menos sobre este tema que ya lo hemos hablado, por favor te lo pido Vlad.
Arthur miró a su hermana fijamente, viendo que en verdad ella decía eso por su seguridad y su bien, aunque deseaba no tener que sacrificarla cada vez que estaba sediento de sangre, haciendo que estuviera así, al menos eso pensaba. Al final acepto las palabras de ella apoyando su mano sobre la de ella que tenía en el rostro con ternura y afecto, ella sonriendo estuvo mas calmada y tranquila.
- No pienses mas en ello Vlad, ahora debes estar contento e impaciente. - animó ella de repente. - en un par de días será tu cumpleaños, podrás ser el líder de Hellsing como deseaba tu madre, estoy impaciente por ver como lo haces hermanito jaja. - se burló ella estirándole un poco del pelo.
- ¡Ay para! - se quejo él sonrojado. - ¡Te puedo asegurar de que seré mejor que tu, ya lo veras!
Con eso, Arthur se puso en pie y decidió retirarse disimulando estar molesto y resentido, pero en realidad quería dejar descansar a su hermana hasta la noche, ella lo notó sin ningún esfuerzo y se rió una vez contenta viendo que su hermano ya estaba mejor del disgusto. Cuando se fue su hermano, Ángelus se acabó enseguida la bolsa de sangre para echarla al contenedor que tenía junto a la mesita de noche, donde siempre echaba las bolsas. Ella no tardó en dormirse sobre su cama en vez de dormir en su ataúd que estaba debajo de la cama guardado para casos de emergencia, ella era diferente en ese punto.
DOS DÍAS DESPUÉS
Finalmente llegó el día, ya era el cumpleaños 18 de Arthur Vlad Drakul Hellsing, ya tendría la mayoría de edad para poder ser líder de Hellsing y miembros de la Mesa Redonda para servir a su Majestad el Rey como su madre y hermana antes que él. Durante el día, él fue a la Universidad de Oxford como su hermana le dijo que hiciera, todos los hijos importantes de gente inglesa y aristócrata iban a esa Universidad para seguir los pasos de sus ancestros.
Arthur se hizo popular y conocido en toda la Academia, tanto de chicas que deseaban salir con él, como chicos que se hacían amigos de él con gusto por como era, sobretodo los hijos de los miembros de la Mesa Redonda. Esa mañana él y sus amigos tenía toda la mañana libre así que estuvieron al aire libre desayunando y hablando tranquilamente, pero en realidad celebraban el cumpleaños de Arthur con ganas.
- ¡Enhorabuena tío, ya podrás unirte a ese grupo como mi padre! - dijo Robert Island, nieto de antiguo Sir Island que iba con Integra. - ¡Espero que no la cagues enseguida jeje!
- ¡Eh, ¿Qué te hace pensar eso? - exclamó él dándole un puñetazo amistoso en el brazo. - Yo espero que tu también estés hay compañero, y todos.
El grupo de amigos que hizo eran casualmente los hijos de los miembros de la Mesa Redonda según le informó su hermana a partir de los apellidos, los que mas se llevaban bien con él eran Robert Island y Mason Penwood. Todos eran inteligente y astutos respectos a ligar chicas del campus para que fueran sus futuras prometidas como hicieron sus padres hace años, pero en esos tiempos cada uno se casaba con cualquiera, incluso los de la realeza cambiaron esa norma de casarse con quién dijeran sus padres.
- ¡Eh Arthur! ¿Cuándo podremos ver a esa hermana tuya? - pregunto Mason como impaciente. - Siempre hablas algo de ella pero nadie de nosotros la ha visto en persona aun, ¿la veremos en la fiesta de esta noche en el palacio real?
- Es posible, pero te aconsejo que te la quites de la cabeza Mason, te lo digo de verdad. - aconsejó Arthur tomando su bebida.
- ¡¿Eh? No me digas que eres de esos hermanos celosos que ven a su hermanas salir con sus mejores amigos. - dijo él divertido. - ¿Es que ella ya esta pillada o que?
- A ella no le va salir con chicos como tu Penwood. - contestó él con ironía y sin mirarlo.
Cuando Arthur dijo eso, todos se echaron a reír por ello y Mason se molesto un poco con las mejillas infladas a posta por el enojo, pero no se lo tomo demasiado a pecho. Arthur disfrutaba completamente de esa reunión de amigos, hasta que de repente, alguien lo llamó dándole palmadas en el hombro con suavidad, él se giro y vio que era una chica de su clase, mas lejos estaban sus amigas riendo divertidas y sonrojadas, pero no tanto como la chica que estaba en pie detrás de él, entonces Arthur se puso en pie educadamente para estar de frente a ella para escucharla.
- Hola, - saludo él con amistad y naturalidad. - ¿Quieres algo de mi? - pregunto sin vergüenza alguna.
La chica se quedo callada de lo nerviosa que estaba frente a él, estaba muy sonrojada y temblaba un poco avergonzada. Arthur espero tranquilo, pero pudo ver que la chica estaba rara, cosa que sus amigos ya sabían del por qué de ello pero se lo callaban de momento. Después de esperar unos minutos, la chica sin decir palabras extendió ambos brazos hacía él para entregarle avergonzada una carta sellada, cuando él curioso y confuso la cogió, ella se fue corriendo hacia sus amigas que la felicitaron por su valor, todo eso dejo confuso y extrañado a Arthur.
- Vaya Arthur, ya te ha tocado al fin. - felicitó Robert coqueto y burlón. - ¿Sabes quién es esa chica tan guapa?
- P-pues si, es una chica de mi clase, se sienta dos filas mas adelante pero no la conozco mucho. - contestó él sin dejar de mirar a la chica alejarse. Después miró confuso a sus amigos. - ¿Sabéis que le pasaba, y por qué me ha dado esta carta?
- Ábrela y lo sabrás campeón, - propuso Robert dando un trago de su refresco. - A estas alturas deberías saber que significa que una chica te entregue una carta como esa. - dijo él sorprendido.
Confuso, Arthur se sentó de nuevo y abrió con cuidado el sobre de la carta, de ella sacó una hoja amarilla, en ella había algo escrito con letras rojas y algunos adornos toque romántico alrededor, al ver eso Arthur temió que sería lo que pensaba que era, pero no quiso hacerse ilusión y nervioso leyó.
Querido Arthur;
te escribo esta carta para confesarte por escrito que estoy colada por ti desde el momento en que te vi en clase.
Seguramente te habrás quedado sorprendido de esta confesión tan de repente sin apenas conocerme de algo jeje, pero es la pura verdad, nunca había visto a un chico como tu, siento que eres diferente al resto de esos chicos que por ser ricos e algo conocidos por sus familiares se creen los amos de todos, tu actúas como un chico normal a pesar de ser de la famosa familia Hellsing, pero te aviso de que no es por eso que estoy interesada en ti, te lo prometo, me interesas por como eres por dentro y por fuera, aunque no lo parezca ya te conozco con solo verte de lejos, pero espero poder ver de mas cerca y en persona. Si quieres, no te sientas obligado, te espero al acabar las clases en la entrada para hablar un poco y conocernos, pero si estas ocupado lo entenderé y esperaré otro día para poder hablar los dos. Espero ansiosa tu respuesta.
Michelle Matthews.
Arthur quedo petrificado al acabar de leer la carta, y no se dio cuenta de que sus amigos estaban asomados en la carta leyéndola también, éste finalmente se dio cuenta y rápidamente la volvió a poner en el sobre sonrojado y molesto. Todos se rieron divertidos mientras volvían a sentarse en su sitio, Arthur guardo la carta en su cartera del campus.
- ¿Y bien? - pregunto curioso Mason. - ¿Qué piensas hacer casanova?
- ¿eh? ¿Q-Qué quieres decir con eso? - pregunto nervioso Arthur sin mirarlo.
- Ya sabes de que habla Art, de la chica llamada Michelle. - dijo Robert coqueto. - ¿Vas a ir a quedar con ella por tu cumpleaños, la vas a invitar?
- ¡No seas morboso! - pidió él asqueado. - Iré a verla para decirle que estaré ocupado, pero que cuando quiera podemos hablar si quiere. - contestó él con decisión. - No creo que sea buena idea aceptar sin mas esta confesión tan… repentina para mi.
- ¡OH Vamos Art, eres el chico mas famoso del campus, eres un Hellsing! - exclamó Mason. - Desde lo sucedido hace 20 años, la familia Hellsing ha sido famosa por eso de que sois caza-vampiros, no creo que sea malo salir con una chica como ella a pesar de no ser de tu misma categoría.
- ¡No es por eso Mason! - dijo Arthur a la defensiva, y todos quedaron callados mirándolo petrificados. - Mi vida es demasiado complicada para tener una relación amorosa, muy pronto tendré responsabilidades y cuando me gradué quizás ni pueda quedar con vosotros… ¡por eso no es buena idea!.
Con esas palabras Arthur dejo a todos callados, viendo ese ambiente decidió irse de allí para no enfadarse mas de lo que deseaba. Durante las siguientes horas, Arthur estuvo concentrado en las clases mas que nada, pero tenía en mente también el encuentro con su compañera de clase Michelle que ahora estaba en otra clase. Finalmente acabaron las clases y todos descansados y contentos se empezaron a ir a sus casas, algunos a pie con sus amigos, otros en coche llevados por un chofer particular enviado por sus padres, todo se iban menos Michelle que estaba apoyada en el umbral de la verja metálica esperando a Arthur para hablar sobre lo que escribió en la carta, estaba sonrojada y nerviosa pero se mantenía quieta y con la mirada baja y sonriente.
- Hola Michelle. - saludo una voz hermosa y masculina.
Ella alzó al instante el rostro y a su lado vio a Arthur mostrando una sonrisa amistosa. Michelle sonriendo feliz y nerviosa se puso de cara a él pero no supo que decirle, estaba algo avergonzada aún por haberle dado esa carta declarando su amor tan de repente hacía él, por eso pensaba que quizás él estaba molesto por ello y venía a quejarse, eso la asusto un poco, pero entonces él apoyó una mano sobre su hombro para que alzará la mirada hacía él.
- Lo siento mucho Michelle, me gustaría quedarme a charlar contigo de verdad, pero es que tengo un asunto que atender ahora… - se disculpo él apenado. - Hoy es mi cumpleaños y… tengo que ir a prepararme para la fiesta que me han preparado para esta noche, lo siento mucho.
Cuando acabó de hablar, Michelle quedo petrificada, pero no de espanto, sino de alegría y alivió, no era un plantón sino una disculpa por no poder quedarse, y eso hizo que soltará algunas lagrimas que enseguida seco para que él no las viera.
- ¿Michelle?
- Tranquilo, no te disculpes. La que tiene que disculparse soy yo por darte tan de repente esa carta, no pasa nada de verdad. - dijo ella para calmarlo. - Y muchas felicidades, no sabía que era tu cumpleaños, si no habría esperado a dártela jeje.
- No te preocupes, y siento mucho no poder quedarme, de verdad. - se volvió a disculpar él. - Si quieres… puedes venir a la fiesta.
- ¡Ah, ¿de verdad puedo? - pregunto ella asombrada.
- Claro, todos mis amigos irán también, será en el palacio real pero estoy seguro de que podrás entrar sin problema diciendo que vas por haber sido invitada por mi. - aseguro él. - Será a las 21:00h en punto, no faltes.
- ¡Entendido, no faltaré tranquilo! - prometió ella encantada y sonriendo.
Con eso Arthur se despidió de Michelle con una sonrisa y con la mano agitándola de lado a lado mientras iba hacia su coche donde la esperaba Tara junto a la puerta de atrás para abrirla y dejarle pasar. Cuando él estuvo dentro la mayordoma no hizo esperar al joven y se pusieron en marcha hacía casa. Al momento en que Arthur estuvo en casa, fue directamente hacía la habitación de su hermana que lo estaba esperando como cada tarde para charla sobre lo que ha pasado en el campus, se iba a sorprende de lo ocurrido ese día.
Faltaban unas horas para la fiesta, así que Arthur tenía tiempo de sobra para prepararse, mientras, estaba con su hermana en la habitación de ella acomodados sobre la cama charlando sobre lo ocurrido. Ángelus estaba medio tumbada sobre la cabecera de la cama mientras Arthur estaba completamente tumbado a los pies de ella verticalmente dejando que su cabeza colgará un poco del borde.
- Entiendo… así que esa chica se te ha declarado por escrito. - dijo Ángelus mientras observaba la carta de la chica que su hermano le dio para verla. - Y parece que es sumamente sincera en lo que dice aquí.
- Menos broma hermana, esto es un gran problema. - dijo Arthur atrapado y frustrado. - ¿Qué voy hacer con esto ahora? ¿Qué demonios hago?
- Dile que no puede ser y ya esta, seguro que ella lo entenderá Vlad. - propuso ella guardando la carta en el sobre para dejarlo en la mesita de noche.
- ¡Si claro, ni que fuera tan fácil! - exclamó él molesto y nervioso. - ah, no debí invitarla a la fiesta, Dios… al ver su rostro sonriente que tenía, esta claro que si rechazo su declaración estará destrozada por el resto de su vida.
- Pues si… tienes un problema muy gordo hermano, y el haberla invitado en tu cumpleaños aún mas. - estuvo de acuerdo ella con ironía. - Si no quieres hacerla sufrir será mejor aclararle las ideas esta noche mejor que otro día.
- No es bueno que salga con ella ¿Verdad? - dedujo él mirando de reojo a su hermana.
- Sí, sería mentira que te dijera que no. - contestó ella apenada. - El riego de que ella sepa lo que eres y lo que puedes hacerle sin poder controlarte aún es enorme Vlad, debes hablar con ella para que no se haga ilusión… lo siento pero debes hacerlo.
Con eso, Arthur no tuvo mas remedió que aceptar eso y hablar con Michelle en su fiesta de cumpleaños en el palacio real. Arthur no deseaba moverse aún de hay, y Ángelus pudo ver su pesar y sufrimiento, por lo que, gateó hacia él por la cama hasta estar encima de él pero sin apoyar su peso en él, sino en sus manos en cada lado de él mirándolo fijamente con su melena larga y negra flotando en cada lado.
- Odio esto… - confesó él dolido y frustrado girando un poco la cabeza.
- Lo se Vlad, lo se… - dijo ella cerrando los ojos y apoyando su frente en la de él. - Desearía que pudieras pero ahora no estas preparado para ese riesgo, pero no te preocupes, muy pronto serás capaz de controlarte y estar con la chica que ames, si es que llegas a amar alguna.
- ¿Acaso lo dudas hermana? - pregunto él vacilante. - ¿Has llegado a amar algunas vez?
Ante esa pregunta, Ángelus se quedo callada y eso hizo pensar a Arthur que pregunto algo que no debía. Entonces, Ángelus sonrió con la comisura y se hecho en la cama al lado de él, éste automáticamente se incorporó un poco para estar tumbado de lado y mirarla con culpa y pena.
- Lo siento, no debí preguntarte eso, no es asunto mío eso. - se disculpo él con sinceridad. - Lo siento mucho.
- Esta bien Vlad, no pasa nada. - aceptó ella sonriendo un poco. - En verdad si, ame a una persona cuando fui humana hace ya muchísimos años… pero el destino hizo que lo odiará y acabáramos separándonos para siempre, pero eso ya es cosa del pasado, ahora te tengo a ti y a todos los demás, no estoy sola.
- Hermana…
Arthur miró a la vampira que estaba junto a él, viendo una profunda tristeza camuflada con una sonrisa feliz, se notaba que aún recordaba a ese hombre que amo una vez, y que ella también lo amo y seguía amando, y eso a él le afecto un poco viéndola a ella triste en el fondo.
Venga hermanito, ve a tu habitación a cambiarte, que enseguida nos pondremos en marcha hacia el palacio real a divertirnos. - dijo ella incorporándose para ponerse en pie. - Tienes que ponerse guapo para la ocasión, los 18 solo se cumplen una vez así que hagamos que sea inolvidable.
Viendo que su hermana no quería estropear esa noche especial, Arthur se animo y mostró una sonrisa mientras se retiraba de la habitación para ir a la suya propia para cambiarse. Solo faltaban un par de horas para que la fiesta empezará, y los miembros importantes de la Organización Hellsing se estaban preparando para ir poniéndose guapos y elegantes para la ocasión especial, sobretodo Arthur que sería el protagonista de la velada, pero incluso Ángelus debido a los invitados que irían allí por invitación de él, solo imaginar a los chicos embobados al verla a ella le daba algo de risa.
Mientras, en esos momentos, Aurora y Adam también se estaban preparando para la fiesta, habían llegado ayer por la tarde y estaban entusiasmados por esa celebración. Desafortunadamente para ellos, su padre no quiso contestarles a sus preguntas acerca de la chica de negro y ojos rojos, pero él les aseguro de que en esa fiesta tendrían algunas respuestas, por eso se apresuraban a elegir vestimenta comprada en Escocia.
Los dos estaban compartiendo la misma habitación a pesar de ser hombre y mujer, no había ya intimidad entre ellos cuando se cambiaban de ropa, eran gemelos a fin de cuentas según ellos. Mientras Adam ya estaban poniéndose el traje elegido, uno negro con camisa blanca y sin corbata ni corbatín por que le era incomodo, su hermana Aurora estaba liada con dos vestidos de gala, uno rosa salmón de tirantes y algo escotado, o uno azul marino con la parte de arriba en forma de corsé provocativo.
- Aurora, haz el favor de elegido el vestido ya. - pidió él con pesadez, viendo a su hermana en bata blanca y corta de espaldas a él frente el armario.
- ¡Es que no se cual hermanito! - se quejo ella como una niña pequeña, entonces se giró a él. - ¡No se cual ponerme, por favor ayúdame!
Con un suspiró profundo, Adam se puso al lado de ella para ver bien los dos vestido colgados de la puerta, entonces los cogió con cada mano y los puso delante de ella para imaginar con cada uno, lo pensó un poco con calma, entonces decidió azul marino de corsé.
- ¿Este? - pregunto ella con el vestido en mano sobre el pecho, mirando confusa a su hermano.
- Tengo la sensación de que ese será el adecuado, confía en mi hermanita. - dijo él caminando hacía la cama para sentarse.
- Hermano… - llamó ella ahora con voz sería e insegura, al oírla así se giró. - ¿Crees que de verdad aparecerá en esa fiesta?
- Padre dice que si a su manera, pero yo también estoy seguro de que si, creo en la palabra de nuestro padre Aurora. - dijo él decidió y seguro de ello.
Con eso, Aurora se quito las dudas y empezó a vestirse con rapidez pero con cuidado de no romper o dañar ese vestido tan caro de Escocia. Mientras, Adam estaba ya sentado al otro lado de la cama, y de sus ropas sacó el colgante que llevaba puesto en el cuello, donde deseaba tener en su interior una foto de la mujer, el ángel de negro y ojos rojos que les salvó hacía ya diez años atrás. Entonces, cerró la mano en puño con el colgante con fuerza sobre su pecho, como rezando a que se cumpliera ese deseo y otro; el de verla esa noche frente a él para poder conocerla y agradecerle por todo.
- "Por favor Señor… haz que esa persona o lo que sea ser aparezca esta noche, necesito verla por favor se lo pido" - rezó él en sus pensamientos decidido.
Manchester, Inglaterra.
En esos mismos momentos, una pareja de vampiros se estaban divirtiendo mutuamente en su habitación sobre la cama enroscados en la mantas y desnudos completamente, dejándose llevar por la pasión y el placer extremo en la oscuridad de la habitación, solamente la luz de la luna que venía de fuera los iluminaba un poco. Esos no eran Gina y Izan, sino Radu Drakul y Elizabeth Bathory entregándose mutuamente y desenfrenados como siempre hacían.
Elizabeth estaba gustosamente tumbada con la cabeza sobre la almohada mojada de sudor, y él estaba encima de ella con las manos cerradas en puño a cada lado de ella apoyando todo su cuerpo, besando el cuello de ella mientras movía las cadenas entre las piernas de la vampira húngara con fuerza y velocidad, eso a ella la excitaba y satisfacía con cada gemido de placer que daba abrazándose a él mostrando los colmillos y sus ojos rojos. Ambos sudaban de lo mucho que estaban disfrutando pero de haberlo hecho durante varias horas sin parar, cosa que no les importo.
- OH Radu… ah… - gimió ella encantada mirándolo de reojo. - Veo que esta noche estas mas excitado que la última vez, ¿te pasa algo bueno?
Ante esa pregunta, el vampiro moreno dio un fuerte empujón dentro de ella dando un jadeo en alto, eso a ella la hizo echar la cabeza hacía atrás dando un rugido placentero y complacido, pero él no quiso aún salir de dentro de ella y la miró fijamente con una sonrisa sarcástica, ella lentamente lo miró también.
- La verdad es que si amor… - afirmó él contento mostrando sus colmillos. - Por ese motivo quise celebrarlo contigo esta noche, no solo por que deseaba hacértelo con gusto, sino para no tener las ganas después en frente de ella.
Elizabeth no entendió esas palabras enseguida, pero viendo la cara sonriente y sarcástica de su vampiro rumano pudo imaginar y deducir a que se refería, por lo que sonrió igual que él divertida por lo malo que era él, como ella y todos lo que estaban con ellos para conseguir a la princesa, ahora convertida en reina, pero para ellos ella se había convertido en una diosa inmortal hacía ya 18 años.
- ¿Y por qué solo vas a divertirte tu con ella eh? ¿Por qué no puedo yo también? - pregunto ella con mala cara, deseando "jugar" también.
- Por qué esta noche estará mas alerta que nunca, además solo iré a hacerle una visita de cortesía, nada mas. - dijo él. - Ahora… dejémonos de charla y sigamos con lo nuestro hasta que me canse.
Cuando acabó de decir eso, Radu empezó de nuevo el vaivén entre las piernas de ella, pero ahora no apoyaba todo su cuerpo en ella sino en las manos a cada lado de ella, que echo la cabeza hacía atrás y arqueó la espalda debido al placer que sentía con él de nuevo, deseando que no parará todavía. Entonces, ella dejo de abrazarlo y hecho los brazos a cada lado medio estirados y sujetos al colchón con fuerza.
- ¡AH…! Sí… dame mas… - suplicaba ella sonrojada y mostrando los colmillos excitada. - Imagina que lo haces con ella de nuevo Radu, no me importa…
- Es justo lo que estoy haciendo ahora amor, sabía que no te importaba por que seguro que estas pensando en ella haciendo esto jeje. - dijo él riendo.
Él tenía razón, ambos estaban pensando en ella haciendo el amor, pero en vez de resistirse como la última vez, se entregaba y disfrutaba como ellos.
CONTINUARÁ...
Bueno, como ya os lo adverti, en este capítulo pasa un poco de todo jeje, espero que os haya gustado, muy pronto publicaré el siguiente tranquilos, mientras quiero saber vuestra opinión por favor, muchas gracias y hasta pronto fans de Hellsing y de esta historia jajaja.
