¡Y aquí ando dando latas de nuevo! ¡Estamos a un día de que sea noche buena y pronto Navidad! Dios, es algo que me emociona y a la vez me pone triste porque con quien yo quiero estar en esta fecha no se puede porque estamos muy lejos y mi familia odia a esta persona. Pero mientras andaré con los ánimos lo suficientemente arriba como para hacer algo siquiera.


El Instituto despertó cuando escucharon a Yugi entrar. Todos bajaron, notándolo algo desvelado pero contento. Saludó a todos de buena manera, corriendo hasta su habitación. Todos estaban en pijamas o lo más cercano en caso de los varones, siendo que estos solo traían pantalones. Yugi seguía vestido como el día anterior, demasiado arreglado para lo que acostumbraba.

El joven tricolor cerró la puerta de su habitación tras su espalda. No habían tenido relaciones, eso estaba claro pero sí que había pasado una velada lenta con los besos. Estaba un poco decepcionado respecto al no sexo pero aliviado de cierta manera. Era visible que Yami quería hacer bien las cosas. No solo un acostón.

Buscó ropa entre su ropero, algo cómodo y se metió al baño. Al quitarse la playera notó más marcas producto de los mordiscos del brujo pero, esta vez, eran más fáciles de ocultar que en el cuello. Su ropa no era de colores claros, era la suerte.

Se duchó rápidamente, teniendo en su nariz el olor a sándalo que impregnaba la piel contraria. También el olor a azúcar quemada que quedaba mientras realizaba su magia, de eso estaba impregnada su ropa y quería quitarse un poquito el olor.

Había algo en su ropa negra y gris que le gustaba mucho. Su ropa de cazar era lo único que estaba cuidado por más que se rompiera durante la batalla. Después de todo, recibía tantos ataques. Salió de la habitación, dirigiéndose a paso rápido a la cocina donde estaba el comedor. Estando allí agarró un poco de las sobras que tenía el refrigerador, que calentó en el microondas.

Los demás le ignoraron un poco, sin embargo, todos tenían la duda de hacia dónde se habría ido tan tarde como para volver a esas horas. No había nada distinto salvo su buen humor, cosa que no era extraña ya que siempre estaba de esa manera.

Pero había algo distinto.

—Jonouichi —llamó el joven, causando un leve sobresalto en el joven rubio. Le miró, notando una chispa que jamás había visto. Su parabatai después de todo, sabía cuándo algo era distinto—. Voy a salir otro rato, si ocurre alguna actividad demoníaca, ¿me llamas?

—Claro —dijo, extrañado. Yugi sonrió lo más sincero que podía, llegándole la sonrisa hasta los ojos, cosa que no pasó desapercibida para Anzu, que intuía quién podría estar metido en la felicidad de Yugi.

—Gracias —respondió. Terminó el desayuno con tranquilidad, siendo vigilado por todos, causando una incomodidad grande. Tuvo muchas ganas de preguntar lo que sucedía pero no tuvo el valor suficiente como para hacerlo. Se reprendió todas y cada una de esas veces, diciéndose que podía besarse con Yami, que podía hacerle frente a una horda de demonios menores pero no preguntar la razón de sentirse como un espécimen en observación.

Al finalizar, Yugi lavó su plato y vaso, colocándolos de nueva cuenta en su lugar. Buscó entre sus cosas su Stele y un par de Seraph Blades. Además de muchas cosas más ocultas entre su ropa, lo único que tendría que dejar sería su preciado arco, era demasiado obvio. Incluso lo demás se escondía a la perfección entre sus ropas.

Bufó un poco y se fue, dirigiéndose hasta el hogar de Yami. Tarareaba algo en lo que se movía, con la agilidad aprendida de ser un nephilim. Esquivando a los humanos, evitando siquiera a cualquier subterráneo.


—¿Sabes qué le pasa a Yugi? —cuestionó Honda a la castaña. Esta solo se levantó de hombros, tomando un palo para entrenar. Jonouchi lanzó un golpe con este, tratando de desequilibrar a la muchacha pero esta saltó y lo golpeó, derribándolo. No se detuvo allí, también tumbó a Honda, quien claramente estaba en shock por ver sus habilidades con esa cosa.

—Solo creo que siente algo hacia alguien —dijo, arrepintiéndose de inmediato por ello. Durante mucho tiempo habían buscado algo para conseguirle pareja, preocupados porque muriera sin conocer lo que era el amor o lo más cercano a ello. Luego de su enfrentamiento contra el demonio mayor, quedaba claro.

—¿Quién es ella? —preguntó de inmediato Honda. Anzu le golpeó en la cabeza.

—No diré más porque tampoco sé quién es. Lo que sí admito es que no es una cazadora de sombras, eso sí lo aseguro.


El joven Moto miraba la televisión una extraña película. Yami tenía bastantes gustos particulares respecto a lo de entretenimiento se refería. Era de misterios mundanos, casos aparte de lo que era el verdadero mundo. Demasiado extraño quería parecerle todo eso si no fuera por algunas cosas obvias que podrían delatar la trama.

Sin embargo, era bastante amena. Más con el brazo de Yami tomándole la mano en todo momento, haciendo choques accidentales otras más al querer tomar palomitas del tazón. ¿Así actuaban las parejas normales? Excluyendo el hecho de que ambos eran hombres, ¿así eran las parejas mundanas?

Miró de reojo a Yami, era un dios. Tenía el cuerpo de un Dios. Era sumamente atractivo. Piel blanca, rasgos firmes. Él causaría mejores primeras impresiones si hubiera nacido como Cazador de Sombras de los que él jamás lograría.

—No me molesta que me miren, menos que me mires tú —dijo, provocando un sobresalto en Yugi, quien no evitó que apartara todo para poder evitarle la mirada, se sentía demasiado avergonzado— pero si quieres mirarme discretamente, debes aprender a no hacerlo muy obvio, mi querido Yugi.

—Perdón —dijo, encogiéndose en su lugar. ¿Qué se creía? Yami tenía cientos de años, tal vez miles. Por la cantidad de conocimiento que poseía, apostaba a que ya tenía mucho tiempo, poco después de la creación de los nephilim o antes, incluso. Los subterráneos existían desde épocas remotas. Libros como la Biblia lo narraban, las violaciones de los demonios a las mujeres. Así nacían los brujos en épocas remotas. ¿Cómo lo habría hecho Yami?

—Creo que te aburrió la película, debí saber que un nephilim no se sentiría atraído hacia este tipo de historias —comentó, apagando todo. Todavía quedaban algunas palomitas en el tazón pero Yugi estaba apenado y tímido de comer siquiera alguna. Yami jugó un poco y tomó, instando al joven cazador a hacerlo—. No te preocupes, podemos hacer lo que te guste.

—Lo que me gusta hacer no puedo —masculló, tomando un puñado de palomitas. Notó la mirada de Yami y aclaró la garganta—. Quiero decir, me gusta la arquería pero solo traigo unas cuantas seraph blades y mi Stele.

—¿Arquero? —susurró con un tono emocionado. Aquello le confundió solo un poco—. Acompáñame.

Le tomó de la mano y salieron del lugar. Yugi se había quitado su suéter y Yami no le permitió ponérselo porque salieron disparados a quien sabía dónde. Sus brazos relucían sus marcas como tatuajes, incluso las desvanecidas por los iratzes. Viejas cicatrices también, de viejas batallas ganadas y perdidas. Al salir de allí y desaparecer corriendo por los lugares, la gente se le quedaba viendo.

¿Qué hacía un adolescente con un niño corriendo por las calles? Eso era lo que veía, siempre le veían como a un niño y vio alarma por la cantidad de tatuajes en sus brazos. Estuvo a punto de gritar qué eran realmente pero no lo hizo. No lo haría, eran suyos. Su peso, los mundanos no comprenderían a primera instancia.

Llegaron a un campo y Yami le invitó a pasar, demostrando qué era.

Arquería, le gritó su mente, emocionada como un niño pequeño. El brujo comenzó todo para dejarle en claro lo que querían y fueron llevados hasta un campo. Allí, a Yugi le entregó su arco y un carcaj lleno de flechas.

—Siempre he encontrado gracia y mucho atractivo en hombres y mujeres que saben de arquería —respondió con simplicidad. Aquello provocó un salto en su corazón—. Sin embargo, antes era demasiado aparatoso, casi todo el mundo lo sabía pero cuando comenzó a perderse y luego a resurgir como deporte, quedó claro que eso no se perdería en mí. Al día de hoy, gente viva que me guste y sepa de arquería, solo tú entras en la categoría.

Algo en el estómago de Yugi se removió, ansioso. Era una sensación extraña que le dolía. Su cuerpo quería reaccionar y abalanzarse sobre Yami, besarlo, acariciarle, hacer algo.

—Adelante —dijo, sentándose al suelo, lo suficiente alejado como para permitirle a Yugi un movimiento libre.

El joven tricolor asintió, colocándose en posición. Era zurdo con el instrumento, algo que Yami adivinó en cualquier momento debido a su constante uso del mismo frente a su loft, peleando contra algún demonio pero sin saber que allí era el lugar donde residía el brujo que le salvaría la vida. Vio un blanco endemoniadamente cerca por lo que se apartó, más y más y más lejos hasta estar a una distancia prudencial y comenzó a lanzar.

Todas las flechas dieron en el centro.


—Anzu —llamó Honda, tocando la puerta de la muchacha para abrirla inmediatamente después. Miró sorprendido el desorden de ropa que tenía, ¿cuándo había acumulado tanta ropa? No tenía intenciones de saberlo—. Sé que nos mentiste hace rato, ¿con quién está saliendo Yugi?

—No lo sé —respondió esta, mirando las posibles combinaciones que su blusa le podría dar, descartó una falda blanca y puso un pantalón de mezclilla. Aceptando la combinación, lo tomó y se dirigió al baño—. Solo sé que no es una cazadora de sombras. No hay muchas por aquí, ¿verdad? Además, casi no usa computadora o su mismo cel, solo nos tiene a nosotros y a sus padres y nuestros padres. Más allá de eso, está vacío.

—¿Con quién lo unes, entonces? —preguntó algo hosco, bastante decepcionado por siquiera pensar que Yugi andaría con una subterránea—. Dudo mucho que quiera estar con alguien que no sea como nosotros.

—No lo conoces, Hiroto Honda —dijo, abandonando toda su ropa y concentrándose en él. Saber y defender a Yugi es lo que siempre haría, incluso de sus mejores amigos quienes le juzgaban de todo, inclusive por ese maravilloso arco que poseía—. Si te atreves a juzgarlo y rechazarlo solo porque prefiera estar con subterráneos, desde ya le diré que se vaya a vivir lejos del Instituto para evitar todo lo posible estar cerca de ti y Jonouichi.


Yugi y Yami rodaban en el piso de aquel lugar, besándose libremente. El joven tricolor estaba a salvo con los glamours que había colocado el brujo alrededor de ellos, despareciéndolos o cambiando sus apariencias.

Podía sentir la desesperación del hijo de Lilith por pasar a más, de hacer algo pero también el enorme autocontrol que se imponía con tal de no asustarle ni de precipitarse. Eso era lo más gentil que nadie le hubiera hecho, siendo que nunca había recibido nada.

Solo molestias e incomodidad. Incomodidad de su parte al no aceptarse, molestia por ver que los demás buscaban su felicidad en personas que jamás le llamarían la atención, solo quedarían como amigos. En caso de que así lo desearan porque existían muchas chicas empeñadas en que fuera su novio, por el largo linaje y respeto de su apellido.

Yami no era así. Conocía a su familia, todo lo que habían hecho, los errores que se cometieron. Todo. Todos los malos ratos que pasaba esa familia. Inclusive la sangre demoníaca que corría por sus venas de manera muy diluida.

—Yami —susurró su nombre, enredando sus dedos en el cabello del mismo. Levantó el cuello, permitiendo que se acercara y besara y moridera esa zona tanto como deseara—. Yami —volvió a suspirar.

Sintió la boca nuevamente contra la suya, mordiendo sus labios, jalándolos de manera traviesa con los dientes. No obstante, se separó, sintiendo frío allí donde había calor debido al cuerpo contario. Jadeó, recuperando el aire perdido.

—Creo que debemos parar —dijo, con cierto pesar en la voz. Yugi se levantó tan pronto pudo hacerlo. Se sentía mareado por la falta de aire pero también atraído a terminar aquello. Pero sería demasiado rápido intentar mantener una relación sexual si no se conocían de una semana. Era lo peor. ¿Tanto así había tirado por la borda todos sus principios? Se mordió la parte interna de la mejilla, asustado de lo mucho que Yami le estaba perdiendo—. No te sienta mal, es solo que… no creo que quieras hacerlo conmigo todavía.

—Hormona mata neurona —respondió con las mejillas encendidas—. Pero sí, todavía no es tiempo para intentarlo.

El brujo se levantó, tendiéndole la mano al nephilim quien la aceptó, levantándose con cuidado. Retiró el glamour y caminaron de regreso por donde habían llegado para devolver las cosas y retirarse finalmente. Era un gran alivio.


La frase de Yugi me acordé de un reto en AY que me hizo reír el título y quise ponerle una especie de reconocimiento por esto. Dios, cómo me carcajé por eso.

¡Espero que les haya gustado! Realmente, creo que es lo más que haré para Navidad este año. Tengo planeadas algunas cosas como meter a otros personajes de lo que es la saga principal. Tengo el perfecto cambio en cuanto a uno de ellos.

¡No daré más! ¿Alguien que se haya leído TMI y TID?

¡Nos leemos!