Fobos

Capítulo 3: Géminis.

Desde el momento en el que los dioses, bajo pedido de Athena, accedieron a otorgar a los santos de oro una nueva oportunidad de vivir, el santuario había permanecido tranquilo para ellos y el resto de sus habitantes. Tranquilo, al menos, en el sentido de que no hubo más guerras, a excepción de las que enfrentaba cada uno en su vida privada todos los días.
Saga atravesó el pasillo solitario que conectaba su habitación con el cuarto principal de la casa de géminis, bostezó llevando una mano a su boca y ocupó su mente en pensar qué haría para desayunar: No era un excelente cocinero, ni siquiera le gustaba perder el tiempo cocinando, y todo era peor cuando su hermano hacía cara de asco al tener el plato enfrente, sin siquiera haber probado bocado, Kanon solía despreciar su comida primero, solo para ver cuánto molestaba esto al mayor de los gemelos. A pesar de todo eso, Saga era totalmente capaz de reconocer que las habilidades culinarias de Kanon eran mucho mejor que las suyas, pero nadie se hace merecedor de portar la armadura de géminis solo sabiendo cocinar. Decir eso le servía cada vez que su maleducado gemelo despreciaba los alimentos que él preparaba, sabía que aquel comentario inyectaba un poco de furia a la reacción del menor y hacía que todo valiera la pena.
Entró a la habitación y fue entonces cuando supo que odiaría pasar su mañana en ese lugar: Allí estaba, ese saco de mugre. Ese que no debería estar ocupando un espacio en su casa ni respirando su mismo aire, la bola de pulgas que lo sacaba de quicio con solo abrir la boca. Y no se refería precisamente a su hermano, que por cierto también estaba allí. Era ese horrible animal, ¿Quién diría que algo podría hacer temblar a un hombre tan estoico como Saga? Y no solo eso, ¿¡Quién diría que el responsable sería un simple gato!? ¡Un gato corriente!
El felino estaba sentado encima de la mesa, su abundante pelaje todo blanco hacía que a Saga se le crisparan los nervios. Escucharlo maullar le alteraba significativamente, y que el animal estableciera contacto físico con él le hacía dar un salto que, afortunadamente lograba disimular cuando estaba con alguien más. Lo difícil era vivir pensando en que, en cualquier momento del día, la escurridiza bestia podría aparecer para atormentarlo. Sus enormes ojos verdes como el musgo hacían que le diera vergüenza el temerle a algo que para la gran mayoría de las personas era adorable. Era inquietante para el santo de Géminis tener que mantener su reputación, y al mismo tiempo aterrarse por una criatura indefensa.
Culpaba a su hermano, para variar. Era Kanon quien le ofrecía alimento y afecto a ese gato desde el día en el que entró casualmente al templo de géminis. Afortunadamente, el animal era bastante independiente y no estaba todo el tiempo allí, pero de vez en cuando se paseaba por la casa para hacerle la vida más pesada.

-Kanon, comemos sobre esta mesa. –Comenzó sin siquiera saludar. -¿Tiene que estar ahí ese animal?

-Bueno, tú estás aquí. –Replicó el otro. –Si tú puedes, cualquier otro animal también.

Saga rodó los ojos y se dispuso a preparar su desayuno, intentando con toda su fortaleza el ignorar la inquietud que sentía. Fue entonces cuando un maullido le provocó escalofríos.

-¿Qué sucede, Saga?

Preguntó el gemelo menor. El aludido volteó, haciéndosele extraño el tono de preocupación que Kanon le dirigía, pero el otro solo ofreció una sonrisa maliciosa.

-Oh, es que lo he nombrado Saga.

El mayor de los dos frunció el ceño: Pensaba que no podía ser peor.

-De todos los nombres que hay, ¿Tuviste que elegir el mío?

-¿Te sorprende? –Volvió a sonreír. –A mí no.

Saga suspiró con pesar y supo que comería en otra parte, si pasaba cinco minutos más con ese gato en la habitación iba a estallar de la desesperación, y Kanon era todo menos una gran ayuda. Justo antes de salir, un maullido provocó un leve temblor que subió por su espalda y casi le hace perder el equilibrio.
Decidió que lo mejor sería terminar su café en la entrada del templo. No era fanático de los exteriores, pero tomar un poco de aire fresco no le vendría mal. A ojos cerrados inhaló profundamente el aire de esa tranquila mañana, la quietud reinaba en el santuario como hace demasiado tiempo atrás. Aquel paisaje le recordaba incluso a su niñez cuando lejos estaba de imaginarse el terrible destino que le aguardaría. Frunció el ceño al darse cuenta de que probablemente nunca podría deshacerse de las memorias manchadas de la sangre de sus camaradas inocentes. Abrió los ojos para complacerlos con la hermosa vista que gozaba desde la casa de géminis, aunque, más bella era la que gozaban en los últimos templos como capricornio, acuario y piscis: La altura y la lejanía de sus templos ayudaban a ver las cosas de una diferente perspectiva.
Intentó darle un sorbo a su café, pero casi lo derrama encima de su cuerpo cuando sintió que algo rozaba su pierna derecha, no tenía ninguna duda de quién era, pero sin saber por qué, puede que por simple jugarreta maliciosa de su cerebro, dirigió la vista hacia abajo para encontrarse con esa mirada vivaz, y la suya se transformó en una de completa inquietud. No reaccionó sino hasta escuchar la voz de su hermano.

-Iré al mercado hoy, ¿Necesitas algo más, aparte de lo de la lista? –Interrogó sacándolo de su momento de flaqueo, y obligándolo a adoptar una expresión estoica otra vez.

-No. –Contestó sereno, y al ver cómo su gemelo emprendía viaje lo detuvo por impulso. –Llévate al gato contigo. –Y más que una petición fue una orden directa.

Kanon alzó una ceja, Saga no estaba seguro de que Kanon estuviese al tanto de su inconveniente con el pequeño felino, sospechaba que sí, pero el otro había tenido al menos la delicadeza de nunca mencionarlo.

-Es un gato. –Lo miró extrañado. –No le voy a poner una correa y sacarlo a pasear. Déjalo, se irá en cuanto encuentre algo más interesante, y créeme, -Sonrió. –Si no estoy yo, no hay nada interesante en este templo.

Saga prefirió no contestar, sabía que si reaccionaba a cada una de las provocaciones de Kanon, su vida se convertiría en una discusión constante. A veces era divertido pelearse con él, pero prefería evitar hacerlo todo el rato.
Como pocas veces, decidió hacerle caso a su hermano e intentando dejar sus preocupaciones de lado volvió dentro del templo una vez más, encontraría distracción en la lectura, quizá.
Desafortunadamente, acababa de recordar que no tenía nada que no hubiese leído antes. Se dio cuenta entonces de que no tenía tantos libros como quisiera, una biblioteca envidiable era sin duda la de Camus, quien tenía cientos de libros diferentes y siempre estaba añadiendo nuevos a su colección, pero no se sentía cómodo con la idea de aparecerse en el templo de acuario para pedirle prestado un libro a su compañero. Suspiró y deslizó sus dedos a través del estante frente a él. Tomó un libro de portada amarronada y lo abrió, las páginas amarillentas despidieron de repente un olor a papel viejo que le invadió las fosas nasales. Recorrió las palabras con la vista sin hacerle caso a ninguna de ellas y sonrió con un aire de melancolía. El libro le pertenecía nada menos que al caballero de Sagitario. Aioros se lo había prestado hacía bastante tiempo atrás, y él todavía lo conservaba a pesar de ya haberlo leído. Las memorias fugaces de su traición volvieron a golpear su mente y, de nuevo, fue interrumpido por el roce incómodo de algo en su pierna. Soltó el libro sin darse cuenta y éste cayó al suelo provocando un ruido que asustó al animal tanto como para correr y detenerse luego a verlo de forma cuestionadora. Saga frunció el ceño: ¿Por qué tenía que ser tan sociable esa criatura?

-Yo no soy Kanon. –Le advirtió con su voz autoritaria. –Vete.

Recibió como respuesta un maullido que lo puso aún más nervioso. El gato se acercó nuevamente y Saga se sintió acorralado entre el animal y los estantes. Recogió rápidamente el libro que se había caído y salió apresurado de la habitación con la esperanza de que el felino lo dejara en paz. Se detuvo en el medio del templo y volteó con pánico, solo para encontrar que efectivamente el pequeño estaba justo detrás de él. No solo era un despreciable rejunte de pelo y pulgas con una voz chillona y unos ojos que le provocaban pesadillas, encima de todo eso era increíblemente rápido.
Ese templo estaba maldito, necesitaba salir de ahí. Miró el libro en sus manos y se le ocurrió que, si subía los escalones suficientes, probablemente el gato se cansaría de seguirlo. No perdió más tiempo y se dirigió a la casa de Sagitario. Atravesó los otros templos sin detenerse un segundo y, para su fortuna, el molesto animal dejó de seguirlo al cruzar la casa de Libra. Suspiró aliviado y atravesó Escorpio para llegar al templo de Sagitario. Se detuvo justo en la entrada y miró hacia todas las direcciones para perder el tiempo, no sabía cómo presentarse, ni si Aioros estaba en casa ese día. Tal vez estaba incluso con su hermano menor, y eso haría las cosas aún más complicadas. Al menos se había deshecho del gato.
Entró lentamente y apreciando los detalles del templo del arquero.

-Saga. –La voz lo tomó desprevenido, sobre todo porque extrañamente no había visto a ningún otro compañero en los templos anteriores. –Bienvenido. –Le dijo con una sonrisa. -¿Qué haces por aquí?

El geminiano miró al suelo, como si se sintiera avergonzado.

-Oh, yo… -Suspiró esperando que su acompañante no se diera cuenta, y luego lo miró. –Encontré esto en mi casa, es tuyo.

Aioros miró de forma extraña el libro que su compañero le ofrecía por unos segundos.

-La verdad es que ni lo recordaba, ¿Hiciste tanto camino solo para traérmelo? ¿Por qué es tan importante, Saga?

El de géminis le dedicó una mirada ligeramente amargada. Algo que siempre identificaba en Aioros era su fatal sinceridad, nunca se detenía al decir lo que pensaba, simplemente lo soltaba sin costarle nada.

-Te pertenece a ti, no a mí. –Respondió cortante. –Corresponde que tú lo tengas.

El otro sonrió y tomó el libro con seguridad.

-Disculpa, solo pensé que tal vez había algún otro motivo por el cual estabas aquí.

Saga evitó fruncir el ceño para no descubrirse, pero era bastante obvio que Aioros sospechaba algo y estaba intentando sacarle la verdad: Quizá había visitado a la persona equivocada.

-Bueno, no te quedes ahí, bebamos algo como en los viejos tiempos. –Le dijo invitándolo a que lo siguiera. Saga sin embargo se quedó en el mismo lugar por un instante. -¿Saga? –Volteó el otro. -¿Por qué luces tan tenso?

El peliazul no sabría decir si disimuló bien con su expresión o se evidenció aún más. Ni él mismo sabía qué le sucedía, para variar, pero Aioros se estaba poniendo realmente insistente. Saga inhaló profundo intentando poner las cosas en orden: Un gato no podía desequilibrarlo tanto.

-No sucede nada. –Contestó tan tajante como hubiera hecho en cualquier otro momento. –Si ocurriera algo, te lo diría.

Contestó para dejarlo más tranquilo, a sabiendas de que quizá el otro no creería una palabra. En respuesta, Aioros sonrió, pero a Saga no le faltó pensar que seguía tratando de descifrarlo.

-En los días tan pacíficos únicamente me distraigo un poco, es todo. –Dijo habiéndosele ocurrido solo eso para poder escaparse del constante interrogatorio del otro. –Todo está tan calmado que no sé qué hacer.

-¿Tú? –Se sorprendió el arquero. –Mejor no hagas nada. –Terminó sonriendo de nuevo.

El otro frunció el ceño: ¿Cómo se atrevía a bromear de esa manera, y con un asunto tan delicado? La realidad era que nunca había podido decir si al final Aioros le guardaba rencor o no, después de todo.
Un nuevo roce contra su pierna le hizo desear tener puesta la armadura, o al menos tener la posibilidad de mandar a volar al animal de una patada. Miró hacia abajo, disimulando el temor lo más que pudo, y allí estaba, esa cruz que lo había perseguido todo el día, y ahora le ofrecía unos maullidos e incontables muestras de afecto que él consideraba una pesadilla.

-Ah, trajiste compañía. –Comentó el de Sagitario poniéndose en cuclillas.

Saga presenció con curiosidad cómo el gato corría hacia Aioros y le demostraba el mismo cariño, aun siendo la primera vez que lo veía: Sin duda era un animal rastrero.

-Es muy sociable. –Aioros sonrió mientras sentía el suave pelaje entre sus dedos, y el felino parecía disfrutar de la atención más que cualquier otra cosa. –No sabía que tenías mascota.

-Su… Su nombre es Saga. –Dijo y se arrepintió en el momento en el que el otro joven levantó la vista totalmente extrañado y se lo quedó viendo un buen rato en busca de más información. Lógicamente, ¿Por qué le pondrías tu propio nombre a una mascota? –Es de Kanon. –Desvió la vista. –Yo no tuve nada que ver…

-Ahora tiene más sentido. –Se conformó y continuó acariciando al pequeño. –Así que eres el gato de Géminis…

Escuchar eso le provocó escalofríos al gemelo portador de la armadura. Y por si fuera poco, el felino había vuelto a verlo con esos ojos inmensos llenos de curiosidad, y sus maullidos no cesaban.

-Creo que quiere jugar contigo.

Las palabras del arquero no hicieron más que infundir el pánico en él, tener que jugar con esa criatura le inquietaba de sobremanera, sobre todo porque jamás había visto jugar a un gato antes. En lo único que podía pensar era en finas garras ensartándose en su piel, filosos colmillos desgarrando, y enormes ojos que lo seguían hasta en sus pesadillas y no se cansaban nunca. Curiosamente, lo anterior no era nada por lo que un santo de Athena no pasara en el campo de batalla, pero el daño producido por un gato le afectaría mucho más que el que pudiera hacerle otro adversario. La felicidad e hiperactividad del felino solo le hacían maldecir el momento en el que se había agachado para aparentar que le tenía al menos una pizca de interés. No permitiría que nadie supiera de su temor, mucho menos Aioros.
Cuando las garras del pequeño por fin chocaron contra su piel y le produjeron un dolor no muy duradero, su cerebro simplemente pareció desconectarse. Miró su mano como si acabara de suceder algo terrible, nunca había querido ser tocado por ese ser, y menos de ese modo. El animal maulló, no entendiendo por qué el humano a su lado lucía tan consternado y estático. Ni una gota de sangre había salido de la rajadura en su piel, pero para Saga parecía ser el fin de mundo. Para él, no importa cuán tranquilo se veía un gato, en su mente el animal se podía convertir en un feroz depredador sediento de sangre, de un instante al otro.
Decidió que había tenido suficiente, tanto como para refugiarse en la oscuridad de su habitación, y cerrar la puerta, por supuesto. Se dispuso a despedirse de su compañero quien, para suerte del geminiano, no había estado prestando absoluta atención y por tanto no había detectado su expresión aterrada al recibir el zarpazo. No hizo más que ponerse de pie y recibió un mordisco del gato en su calzado: El animal simplemente se lanzó sobre su pie con un grito y sin ningún motivo aparente. Aquel grito llamó la atención de Aioros, quien miró con sorpresa al felino, mientras Saga hacía lo posible por disimular el pánico en su rostro. Soltó un suspiro bastante audible cuando el gatito se retiró por fin de su pie. Fue entonces cuando Sagitario le puso atención a él.

-¿Sabes? Odio a este gato. –Confesó.

-Se te nota. –Le sonrió con calidez el otro, y Saga se alarmó sin saber si se refería a que había notado su miedo, o a alguna otra cosa. –Pero está bien, no a todo el mundo le gustan los gatos. –Dijo mientras se agachaba y recibía al animal nuevamente entre sus brazos. –Se nota mucho que desconfías de él.

-Precisamente. –Dijo con una expresión ruda. –No me agrada en absoluto, y no sé cómo hacer para que deje de seguirme.

-Oh… -El caballero de Sagitario se puso de pie de brazos cruzados y alzó una ceja. –Así que era eso.

-¿Disculpa?

-Así que estabas intentando hacer que el gato se cansara de seguirte, y por eso viniste. –Dedujo y estaba en lo correcto, pero Saga no podía permitir que lo supiera.

-¿Piensas que soy el tipo de persona que va a molestar a la casa de otro simplemente para evadir a un insignificante animal?

-No me molestan las visitas, ni siquiera necesitas una excusa para venir, Saga. Prefiero que seamos sinceros entre nosotros, y que si alguna vez te dan ganas de visitarme, simplemente lo hagas.

La respuesta descolocó totalmente al gemelo mayor, rápidamente frunció el ceño sin saber qué decir y se sintió un poco avergonzado.

-Lo mismo digo. –Se volteó de forma brusca e intentó lucir lo menos interesado posible. Ya había tenido demasiado por hoy, necesitaba mantener una distancia prudente del resto de sus compañeros o se sentiría sofocado. –Regreso a mi templo, tengo algunos asuntos que resolver… -Con paso firme se dirigió hacia la salida de la casa de Sagitario, pero durante un momento hizo una pausa. –Te veré luego.

Sin esperar más tiempo, o una respuesta, salió del lugar con la mente tranquila y la suerte de que el peludo incordio de nariz rosada se había quedado dentro del templo del arquero. Volvió a distraer la vista con el panorama del sereno santuario de Athena. Otra vez podía afirmar que era envidiable la vista que tenían desde los templos más altos de los doce. Tal vez en algún momento no muy lejano podría volver a sentirse cómodo de convivir con sus compañeros una vez más, en esos momentos de quietud era cuando se detenía a pensar en que no podía creer cuánto habían crecido esos niños que ahora eran imponentes guerreros.
Un maullido lo descolocó de nuevo y dio un salto al sentir de nuevo el contacto contra su pierna. Saga lo miró con furia y hasta deseó no ser tan compasivo y poder desaparecer al invasor de una patada.

-Serás maldito…

Susurró y a paso acelerado se encaminó al templo de Géminis, por primera vez deseando que Kanon ya estuviese ahí.


Jajajaja! ¡Sufre Saga! (?) Bueno no xD En realidad no puedo burlarme mucho, muchas escenas de este capítulo estan basadas en experiencias propias XD La verdad es que entiendo a Saga, a mi también me asustan los gatos! (Aunque no tanto como a Saga en este fic) les tengo miedo pero no es tan intenso ni los odio xD últimamente un gato callejero empezó a frecuentar mi jardin y como le doy de comer todos los días he tenido unas cuantas experiencias de las que sali asustada y en las cuales me basé para escribir este capítulo, que por cierto fue el primero de todos que escribí xD Si se preguntan por qué le puse a Saga un miedo tan... bobo? La verdad es que me pareció perfecto para su personalidad de machote inquebrantable! No quiero que todos los capítulos tengan feels y sean dramáticos siempre, y Saga me pareció el personaje ideal para agregar un toque humoristico y ridículo, porque es tan serio y estóico que de solo imaginarlo teniendole miedo a un gatito me hace disfrutarlo (?) -Estoy segura de que Kanon lo disfruta igual-
Bueno, como ya se habrán dado cuenta cada capítulo puede desarrollarse en cualquier momento de la vida del personaje, y para este elegí un momento que no existiera realmente en la historia original, no les voy a mentir, fue porque así se me hizo mucho más fácil escribirlo porque podía incluír a Aioros y a Kanon, y también mostrar a Saga un tanto desanimado. Se que posiblemente había rivalidad entre Saga y Aioros cuando eran aprendices, pero me gusta pensar que mantenían cierta amistad de todas maneras. Bueno, me gusta pensar muchas cosas entre ellos, pero ejem, no vienen al caso (?)
En fin, se que había más de una persona esperando especialmente el capítulo de Saga, porque es un personaje muy popular entre los fans xD así que espero que no sea una decepción para ustedes! Y... No se qué más decir, espero sus reviews y nos vemos en el capítulo de Mascarita :3

PD: No me esforcé demasiado en buscar una justificación para que Athena pidiera tener de nuevo a sus goldos, solo piensen que es una fangirl y los ama y no puede vivir sin ellos (?)