El diario secreto de Nanao
Tercer Capítulo: Abarai Renji
-Vaya un aburrimiento de día… pensaba el capitán Kyoraku mientras veía como el sol se iba poniendo detrás de los tejados del Seireitei. La botella de sake ya estaba vacía y reposaba sobre la repisa de la ventana, proyectando en el suelo una silueta curiosa.
El capitán Kyoraku había tenido que trabajar… sí, trabajar. ¡Menuda infamia! Estaba reventado… mira que tener que firmar impresos. Ya que se los hacían, los podrían firmar también. Es que hoy no habían sido una columna de impresos, ¡habían sido dos! Dos columnas…
Necesitaba un merecido descanso. ¿Qué tal un masaje? Se levantó cansado y vio el diario de Nanao en el suelo. ¡Que descuidado que era! No quería pensar en que hubiera pasado si Nanao hubiera entrado en la habitación hacia cinco minutos.
El capitán de la octava división guardó el pesado diario en el bolsillo secreto de su haori rosa. Cogió sus dos katanas, Katen Kyokotsu y abandonó el cuartel general en busca de las jovencísimas y hermosas chicas masajistas de la calle mayor.
Había una de estas masajistas que le guiñaba siempre el ojo. A ver si hoy la podía invitar a cenar y luego a visitar su habitación…
-¡Kyoraku! –Chilló una hermosa voz a sus espaldas- ¡Estás tan distraído que ni siquiera me oías!
-Aaaaaaah, Ukitake –dijo Kyoraku sonriente- Me voy a las chicas a que me hagan un masaje.
-¿No recuerdas que hoy hemos quedado para cenar con el Capitán Kuchiki? –preguntó Ukitake mientras su hermosa melena se movía por la suave brisa del inicio de la noche.
-¡MIERDAAAA! –chilló Kyoraku a todo pulmón cuando lo asimiló ¡Adiós, masaje! ¡Adiós chicas guapas! ¡Adiós noche de pasión! ¡Maldito capitán Kuchiki!
-¡Kyoraku! -le riñó Ukitake con tono recriminatorio. Debido a su palabrota, un grupo de chicas Shinigamis jóvenes se había asustado y lloraba en un rincón.
-¡Ah, lo siento, lo siento! –dijo Kyoraku a las chicas jóvenes, acercándose a ellas con pose sexy –Si aceptáis mis disculpas… ¡podéis venir a visitar mi división! La habitación del capitán es… ¿QUÉ HACES UKITAKE?
El capitán de la decimotercera agarró la coleta de Kyoraku y se lo llevó a rastras.
-Nada de ligar con jovencitas –dijo Ukitake ofendido.
-No quiero ir a cenar con Kuchiki –dijo Kyoraku- Es un aburrido…
-¡Buenos días! –Dijo una voz apareciendo de repente- ¿También van a la cena del capitán Kuchiki?
-Buenas noches, teniente Abarai –dijo Ukitake sonriendo, tan cortés como de costumbre. Ukitake señaló la bandeja que llevaba Renji. – ¿Traes el postre?
-No, -dijo Renji muy emocionado- ¡Es un pollo relleno, especialidad de la sexta división!
Los dos capitanes, uno de ellos sumamente fastidiado, y el teniente llegaron a la mansión Kuchiki.
-Bienvenidos –dijo Rukia Kuchiki recibiéndolos.
-Hola Kuchiki –dijo Ukitake sonriendo y chocando las manos con ella.
-¿Por qué él es el guapo y amable de los dos? –se preguntó Kyoraku mirando de reojo al guapísimo capitán de la decimotercera.
Los invitados se sentaron en torno de una mesa muy elegante y bien servida, mientras esperaban que el capitán Kuchiki hiciera su aparición. El pollo que había preparado Abarai descansaba sobre la mesa… su aspecto era horrible.
-¿Qué es esto de color negro? –le preguntó Ukitake señalando al pollo cuando Renji puso el pollo sobre la mesa.
-Ah… -dijo Renji- Se me ha quemado un poco…
El capitán Kyoraku resopló sumamente aburrido. De repente, algo pesado se movió en su haori rosa… ¡El diario de Nanao-chan! Se escabulliría de la estúpida cena y lo leería tranquilamente en cualquier lugar.
-¿A dónde te crees que vas? –preguntó Ukitake un poco molesto cuando Kyoraku se levantó.
-Al baño… -dijo Kyoraku con cara cómica. Ukitake puso cara de disgusto- Ahora vuelvo…
El capitán Kuchiki entró en la sala y se hizo el silencio.
-¡Ah, Kuchiki! -dijo Kyoraku- ¡Voy al baño! Es urgente… una pequeña descomposición intestinal…
La cara del capitán Kuchiki fue un poema ante tal confesión delante de los alimentos ricamente preparados. Kyoraku se fue al baño… ¡Y que baño! Una gran bañera era el centro de la sala.
-¿Por qué no? –Pensó Kyoraku. Se encerró en el baño y, mientras llenaba la bañera con agua y echaba muchos botes de espuma, se quitó la ropa.
-¡Oh! –Dijo mientras se metía en la bañera y recogía el diario para seguir leyendo- Esto es vida… ¿A ver por donde me quedé? Ah, ahora le toca a Abarai… ¡el rey del pollo quemado!
-Que no me sigas más, Renji –gritaba como una loca Rukia Kuchiki, del decimotercero escuadrón.
-No te sigo, te acompaño a casa –decía Renji con excusas.
Y todo el rato igual. ¿No podíamos tener una cena de tenientes en paz? Y además, ¿por qué Abarai había invitado a Kuchiki? Ella ni siquiera era teniente. Como siempre, Matsumoto iba muy borracha y se me pegaba todo el rato. Cuando me tocó los pechos por tercera vez, decidí dejarla e irme a descansar.
Pero de camino, me volví a cruzar con estos dos que seguían discutiendo… ¡Menuda tortura la tuya, Nanao!
-Pero Rukia… el capitán se pondrá furioso si no te acompaño a casa –decía Abarai.
-Nii-sama no dirá nada –dijo Rukia
-Tu casa está por allí –dijo Abarai- ¡Deja que te acompañe, que no tienes sentido de la orientación!
-Déjame ya, Renji –gritaba Kuchiki. La conversación seguía y seguía… y yo no sabía como esconderme… ¿Por qué no la dejas en paz, Abarai?
La cosa siguió así durante un buen rato en el que estuve escondida para que no me percibieran. ¿Por qué siempre me encuentro metida en todos los problemas? Los ánimos se fueron caldeando ante las reiteradas muestras de caballerosidad de Abarai. Aunque Abarai no es que me parezca a mi muy caballeroso con esas cejas tan…
¡A lo que iba! Rukia se estaba poniendo realmente histérica y las amenazas no tardaron en llegar:
-Renji, como no me dejes en paz –le amenazaba Rukia- Serás el primero en ver el kido que desarrollé el otro día con Nii-sama.
-¿Qué dices? ¿Tú? –Dijo Renji en tono de burla, acabando con la paciencia de Rukia que comenzó a irse con aire muy molesto- ¡Eh! ¡No te vayas, Rukia!
El teniente Abarai, bastante despistado, siguió a Rukia dos calles más hasta que decidió entablar de nuevo conversación con ella, aunque fue inútil…
-¡DÉJAME EN PAZ! –gritó Rukia ya harta de la sobreprotección de Abarai- Hado 22: Chappy!
De la mano de Kuchiki salieron múltiples conejitos de peluche de color blanco.
-¿Qué es esto Rukia? –dijo Renji riendo- ¿Tu arma más letal son conejos? Venga, no me hagas reír que…
Pero Renji no pudo terminar la frase porque los conejos se fueron haciendo más grandes y grandes y grandes… y comenzaron a pegar puñetazos al aire que Renji esquivaba sin mucha gracia.
-Vale, vale Rukia –dijo Renji- Ya está bien, dile a tus conejitos que vuelvan a casa. ¡Oye, ese me ha dado! –gritó Renji cuando un conejo le impactó en el trasero.
-No voy a hacer nada –dijo Rukia de mal humor- Te he advertido que me dejaras en paz.
-Oye, que solo intentaba ser amable –dijo Renji recibiendo el impacto en la espinilla de la patada del conejo jefe- ¡Mierda, ahora veréis! ¡ZABIMARU!
Pero el conejo mayor agarró la Zanpakuto con mucha fuerza y por mucho que Renji hiciera para manejar a su Zabimaru… todo era inútil.
-¡A por él! –gritó el conejo jefe mientras una horda de conejos menos matones agarraba fuertemente a Renji por los brazos y lo inmovilizaba.
¿Cómo explicar lo que pasó después? Creo que Abarai perdió el conocimiento… Pero me tuve que esconder en el tejado cercano porque noté la presencia espiritual del capitán Kuchiki que se acercaba por detrás mio. Antes de que llegara, yo estaba bien refugiada y tapada con un par de ramas de un árbol cercano.
Como siempre, yo Nanao Ise, me enteré de todo lo que pasó. Cuando me quise dar cuenta, Rukia había desaparecido pero Abarai… Abarai estaba en medio de la calle en calzoncillos y lleno de moratones. El capitán Kuchiki, al verlo, se acercó cautelosamente y lo miró con determinación, mientras exclamaba.
-¡Buen trabajo, Rukia!
-¡No puede ser! –dijo Kyoraku dejando el diario en un rincón y frotándose la espalda con la esponja del capitán Kuchiki. -Si que deben ser poderosos esos conejos… ¡dejaron fuera de combate al teniente Abarai! Nadie lo sabe, excepto Nanao-chan y… ahora yo también. ¡Ostras, champú del caro! –exclamó Kyoraku mientras se echaba todo el bote sobre la cabeza y comenzaba a producir una abundante espuma.
-Kyoraku –dijo una voz desde fuera del gran baño.
-¿Qué quieres, Ukitake? –pregunto el capitán mientras activaba el Spa y las burbujas le acariciaban en una suave danza su peludo trasero.
-¿Te encuentras bien? –Preguntó Ukitake- Llevas en el baño más de cincuenta minutos y al capitán Kuchiki no le ha hecho mucha gracia que te hayas ido sin rendirle homenaje a sus carísimos platos…
-¿Qué? –Preguntó Kyoraku- ¡Habla más fuerte, que con las burbujas no te oigo!
-¿Qué burbujas? –Preguntó Ukitake pegando la oreja a la puerta- Oye, Kyoraku… ¿estás bien?
-Ooooooooooooooh –dijo Kyoraku gustoso – ¡Esto es el paraíso!
-Kyoraku ¿que haces? –preguntó Ukitake nervioso y aporreando la puerta.- ¡KYORAKU! Voy a echar la puerta abajo.
-¡Haz lo que quieras! –dijo Kyoraku pensando que era un farol. El capitán pacífico de la decimotercera no irrumpiría así como así en…
-¿PERO QUÉ HACES? –gritó Kyoraku
-He echado la puerta abajo –informó Ukitake entrando y volviendo a poner la puerta en su sitio. – Así que te estás bañando mientras los demás nos comemos el pollo quemado del teniente Abarai…
-¿Sabes una cosa sobre el teniente Abarai y un hado experimental? –dijo Kyoraku- ¡Ah! ¡No, olvida lo que te he dicho! Es altamente secreto.
-Kyoraku, ¿qué te pasa? –Preguntó Ukitake decepcionado- Esto no es propio de ti. Bueno, sí, ¡pero en menor escala! ¿Qué es eso? –preguntó Ukitake recogiendo del suelo el diario de Nanao que Kyoraku había tirado de cualquier manera para que no se mojara.
-¡DEJA ESO UKITAKE! –chilló Kyoraku poniéndose de pie mientras se tapaba sus partes con la esponja del embajador de las algas, propiedad del capitán Kuchiki.
-¿Es un diario? –dijo Ukitake abriéndolo y leyendo la primera página.
-¡MIERDA! –dijo Kyoraku saliendo empapado de la bañera y lleno de espuma. Tomó su haori rosa y se tapó sus partes nobles mientras se acercaba a Ukitake.
-Esto está muy mal, Kyoraku –dijo Ukitake cerrando el libro y mirando a su amigo como un profesor que riñe a sus alumnos traviesos.- ¿Cómo te atreves a violar la intimidad de tu teniente de esta manera?
-¡Venga venga, no hay para tanto! –dijo Kyoraku poniendo morritos- Es una curiosidad sana.
-Vas a devolverlo –dijo Ukitake enfadado alejándose del perfumado Kyoraku.
-No pienso hacerlo –dijo Kyoraku mientras su cabello mojado iba dejando un pequeño charco en el suelo- ¡Dámelo!
-¡NO! –dijo Ukitake poniendo sus brazos detrás de la espalda.
-¡QUE ME LO DES! –dijo Kyoraku acercándose a Ukitake y agarrándolo por los hombros.
-¡QUE NO TE LO DOY! –dijo Ukitake tropezando y… estirando el haori rosa de Kyoraku, quien quedó en pelota picada.
-¡ABRAN PASO, ABRAN PASO, ES UNA EMERGENCIA! –Gritaba la voz de Renji Abarai por el pasillo mientras corría a toda velocidad- El pollo Abarai me ha sentado mal. Necesito un baño ¡Es una emergencia!
Y Renji abrió la puerta del baño encontrándose al capitán Kyoraku tal como vino al mundo y al Capitán Ukitake rojo como un tomate mientras escondía alguna cosa en la espalda.
Continuará…?
En el siguiente capítulo Ukitake y Kyoraku, metidos hasta el fondo con este asunto, decidirán qué hacer con el diario. ¿Qué decidirán? ¿Leerán el capítulo dedicado al capitán Kuchiki?
