¡ATENCION! LEER PRIMERO ESTO: Este fic contiene relato de tipo sexual y que no están nada relacionados con el estilo romántico de Jane Austen. Algunos párrafos de este fic si tienen algo del estilo de Jane Austen ¡pero vuelvo a repetirlo! Para nada es romántico, tiene contenido erótico y puramente sexual. ¡Es para mayores de 18 años! Si te gusta el romanticismo no sigas leyendo, a ver si va a venir algún comentario diciéndome que le he pervertido o que si Jane Austen se levantara de la tumba y leyera esto se arrepentiría de volver a estar viva, ect…

Este fic no me pertenece a R. Grace y su verdadero titulo es "A Taste". Esto es una TRADUCCION.

Eirene15: Gracias por comentar en mi fic. Me alegro que te guste. Besos.


El señor Darcy no pudo contener su euforia por las palabras que ella había dicho y que viajaban por su mente. Había estado asustado de que después de todo lo que ellos habían hecho, ella aun le rechazase. Sabía que debería haber preguntado por la respuesta nada más encontrarse con ella esa mañana, pero aun así, decidió tentarla más allá, y disfrutar un poco más, antes de tentar a su destino. Le sacaba de quicio, pero aun así, era delicioso. Él mereció aquellas tres horas inconfortables que paso en los bosques repitiendo, "No puedo creer que me quitara los pantalones delante de Elizabeth." Aquello le daba vueltas en la cabeza. Era un milagro, sin duda, que Elizabeth no estuviese enfadada con él, y era un increíble milagro que hubiese aceptado su mano. Y ahora sus labios aun se entretenían en su oído, besándolo y mordiéndolo suavemente mientras sus manos rodeaban su cuello hasta su pelo.

"Gracias, mi amor," El señor Darcy susurró en su pelo finalmente. Ellos estuvieron así algunos momentos, Elizabeth acariciando su suave pelo, y el señor Darcy agarró su pequeña cintura, midiendo lo pequeña que era en sus grandes manos. ¡Su esposa! Él apenas podía creer su suerte.

El señor Darcy estaba acostumbrado a ser sombrío, pero aquella repentina ola de felicidad que le inundaba era imposible de ignorar. Él no sabía que hacer con sí mismo. Elizabeth miró, paralizada, al hombre serio que se había transformado en un alegre muchacho aquella mañana de Navidad. Fue imposible para el corazón de Elizabeth no latir fuertemente cuando vio su encantadora sonrisa, exponiendo una fila perfecta de dientes blancos y marcando los hoyuelos de su cara, uno en cada parte de su boca. Sus ojos negros brillaban con júbilo. Y luego él rió, una risa profunda, gutural, tan contagiosa que Elizabeth se dio cuenta de que también estaba riendo.

"¡Oh Lizzy!" Él tomo su rostro en sus manos y le plantó un beso rápido en la frente. Un segundo después, Elizabeth sintió que sus pies se levantaban del suelo. Ella dio un grito ahogado, de repente se vio a si misma acunada en sus brazos. Le había dado la repentina urgencia de levantarla, el señor Darcy no estaba seguro de que hacer ahora que la tenía entre sus brazos. Se mordió el labio, y sonrió tímidamente ante su cara de asombro antes de devolverla al suelo de nuevo.

"Un… perdóname," tartamudeó, acariciándose el pelo con los dedos, provocando que se removiese en todas las direcciones. Elizabeth rió y agarró sus manos en las suyas, dándole un beso de puntillas. Ella pensó que nunca le había visto tan adorable como ahora, sonriendo de oreja a oreja, y todo porque estaba con ella. Por primera vez, Elizabeth sintió que daría su vida para hacer la suya feliz. Le prometió a su corazón que haría todo lo que pudiese para mantener aquella sonrisa incandescente en su cara, y aquel brillo en sus ojos. Estiró el brazo y acarició sus hoyuelos suavemente.

"Asi que," dijo burlándose, "¡el imponente señor Darcy tiene hoyuelos, y dos!

"¿Los tengo?" él pregunto. "Sabía que los tenía cuando era niño, pero no sabía si aun los conservaba." Él miro hacia abajo durante un momento y suspiro antes de continuar. "No recuerdo haber sonreído de verdad desde que era un niño."

"Eso es triste," Elizabeth dijo envolviendo sus manos en su cintura. Obviamente su nuevo prometido no había tenido la vida fácil y despreocupada que su riqueza y su posición sugería. Su padre, sus hermanas, incluso su madre, le habían sugerido que el dinero no da la felicidad. Deseaba saber más acerca de él. ¿Qué era aquello que le hacía tan sombrío? ¿Qué huella había en su pasado para que no hubiese podido sonreír durante tantos años?

"¿Me contara algo acerca de usted?" le instó, mientras tomaba su mano y le conducía al sendero.

"¿Qué es eso que deseas saber, querida?"

"Todo. Toda la historia que haya vivido y que recuerde. Quiero saber cómo eran sus padres, su educación, su infancia… Oh, y también sobre su hermana, Georgiana. Quiero saber más sobre ella que el incidente con el señor Wickham. Quiero saberlo todo." Ella finalizó con una sonrisa.

El señor Darcy aun sonreía pero ella no pudo evitar notar que la luz en sus ojos se había apagado. Aparentemente las memorias del pasado no eran agradables. Elizabeth agarró su antebrazo con la mano que le quedaba libre y apoyó su mejilla en su hombro. Aquello pareció reconfortarle y sus ojos se iluminaron cuando volvió a mirarla. Él puso su mano sobre ella.

"Me hace muy feliz que de verdad quieras conocerme, Elizabeth, pero debo advertirte de que mi historia no es agradable. Te la contare toda, cuando sea el momento oportuno, pero no quiero hablar de ella en este momento. Hoy es un día feliz, el más feliz de mi vida, de hecho. No deseo echarlo a perder hablando de mi desagradable pasado."

"Lo entiendo, señor Darcy. Seré paciente."

"Por favor, llámame Fitzwilliam, mi amor." Elizabeth frunció el ceño. "¿Es tan horroroso, querida? Fitzwilliam es mi nombre propio después de todo. No quiero que me llames señor Darcy para el resto de nuestras vidas."

Elizabeth le sonrió de reojo y replico, "Seria muy feliz llamándole por su nombre propio, señor, solo es que… bueno… me recuerda a su primo, el Coronel Fizwilliam. No quiero pensar en su primo cada vez que diga su nombre," dijo tomándole el pelo.

"¡Por supuesto que no!" El señor Darcy liberó su mano para rodear posesivamente su cintura. "Tendremos que pensar otro nombre, entonces."

"¿Cuál es su nombre entero?"

"Fitzwilliam George Darcy," él replicó.

"¡George! Oh cariño. Esperaba poder usar el segundo nombre, pero George es también el nombre propio del señor Wickham ¿no lo es?"

Darcy asintió. "Supongo que tampoco deseo que me llames así."

"¿Como le llama su hermana?"

"Hermano."

"Bueno, eso no nos ayuda mucho." Elizabeth empezó a reírse debido a lo absurdo de la situación. "¡Lo tengo! ¿Hay alguien que le llame Will?"

Él negó con la cabeza, "No. Ese nombre puede pertenecerte a partir de ahora."

Cuando ellos vislumbraron la casa del párroco, el señor Darcy quitó su mano de su cintura y, en vez de eso, le ofreció su brazo. Cuando alcanzaron el jardín, se paró y volvió la cara hacia ella.

"Elizabeth, antes de que nos separamos hay algo de lo que debemos hablar."

"Por supuesto, Will." Ella le condujó a un banco retirado aislado por la sombra de la valla del jardín."

Una vez sentados, él le cogió ambas manos y empezó.. "Mi querida Elizabeth, debo disculparme. Mi comportamiento la pasada noche y esta mañana es imperdonable. Así no es como un caballero trata a una mujer, y estoy implacablemente avergonzado de mi mismo. La unica excusa que puedo ofrecer es mi amor por ti y la desesperación ante el pensamiento de que te iba a perder. Yo perdí la cabeza."

"No necesitas estar avergonzado. Es verdad que tu comportamiento no tuvo nada que ver con el de un caballero pero, después de todo, mi comportamiento tampoco fue el de una señorita."

"No, Elizabeth, la culpa es solo mía. Tú eres una mujer inocente y virtuosa, y yo sabía muy bien lo que estaba haciendo. Yo me aproveché de tu naturaleza pasional y no debería haberlo hecho."

"Will, no estoy enfadada. Yo debo admitir que no me arrepiento de lo que paso entre nosotros, porque de no haber sido así no tendría el placer de llamarte prometido ahora. Mi comportamiento fue irreprochable antes de que tu tan hábilmente me distrajeras." Ella alzó una ceja y le sonrió maliciosamente. "No necesitas disculparte."

"Bueno, aunque me arrepiento de cómo me he comportado no me arrepiento de lo que ocurrió entre nosotros. Lo he disfrutado inmensamente aunque no debería haberlo hecho."

Después de una corta pausa, Elizabeth se aventuró, "Will, no quiero que haya secretos entre nosotros. Yo no… creo que tú seas… un vicioso…, pero claramente tú sabes sobre esto. Quiero decir, no eres… inocente en ese… sentido."

El señor Darcy suspiró para mantenerse firme. Él había esperado que Elizabeth sintiese curiosidad por la razón de que él no fuese inocente. Era demasiado lista para darse cuenta de ello. Su petición de que no hubiese secretos entre ellos era respetable. Él debía ser honesto con ella.

"Tienes razón, Elizabeth, al asumir que no soy inocente. He estado con mujeres, pero nunca he estado enamorado como lo he estado de ti. Ha habido muchas cortesanas, y casi todas en mis días en Cambridge, hace muchos años. Nunca he estado con una mujer soltera. Tú serás la primera en ese punto. También serás la primera mujer de la que he estado enamorado. Por favor, no me guardes rencor por mi pasado."

Cuando el señor Darcy levantó la vista hacia Elizabeth, estuvo sorprendido de encontrar su cara azorada, su mentón apretado, y sus manos estaban apretadas a sus lados. Ella parecía… enfadada. Nervioso por su aparente enfado, rápidamente cayó arrodillado ante ella y cubrió sus apretadas manos en las suyas.

"Elizabeth, por favor no te enfades con migo. Todo aquello pertenece al pasado, te prometo que no habrá otra. Tú eres todo lo que necesito."

Finalmente le miró indignada y cogió su cara entre sus manos. Él era tan a puesto y atractivo que no estaba sorprendido de que otras mujeres le quisiesen tener, incluso que ellas pagasen por aquellos servicios.

"No estoy enfadada contigo, Will. El pensamiento de otra mujer tocándote me pone enferma. ¡Eres mío!"

El señor Darcy sonrió extensamente. Estaba tremendamente aliviado de que no estuviese enfadada con él. Elizabeth no cesaba de sorprenderse a si misma. Le amaba tanto que se sentía posesiva como él lo hacía con ella. Él alzó sus manos hacia su cara.

"Soy tuyo, solo tuyo, en corazón, cuerpo y alma." Con aquello, sus labios se encontraron con los suyos hambrientos, y ella le beso de una manera posesiva. Las manos del señor Darcy encontraron la manera de llegar hasta debajo de su falda, donde la acaricio hacia arriba y encontró la cálida, desnuda piel sobre sus medias.

Elizabeth, de nuevo, escuchó el sonido de caballos aproximándose. Rompió el beso y miró alrededor desesperadamente.

"¡Han vuelto!" susurró urgentemente, haciendo que el señor Darcy quitara con pesar las manos de sus muslos y colocara bien su falda.

El señor Darcy finalmente rompió su trance de pasión y se levantó, haciendo que Elizabeth también lo hiciera.

"Sera mejor que me marche." Él puso sus labios en su mano y le concedió un casto, pero significativo, beso. "Hasta mañana, mi amor."

Elizabeth observó su elegante figura desaparecer por la esquina. Había tanto que decirse, tanto que necesitaba ser discutido. Algo más a parte del dolor que le oprimía la barriga y que solo él podía aliviar.

"Nuestra noche de bodas no llegara pronto, mi amor," suspiró