Gracias por el apoyo que me han dado, me apoyan a seguir dándoles historias quizá no muy buenas, pero es lindo que las valoren ;_; me hacen sentirme orgullosa, ya, muy cursi yo, aquí está el siguiente capitulo ;D
Ayer sábado iba a poner la historia, pero justo cuando iba a ponerla hubo un apagón...fue triste.
· Parejas: Alfred/Arthur, insinuaciones de; Francis/Matthew, Gilbert/Roderich, Antonio/Lovino.
· Advertencia: Heemm, no sé, una escena algo subidita de tono y algo de celos.
Porque él tenía la culpa, lo sabía, así que simplemente decidió olvidarlo, lo más tiste quizá es que Alfred se había convertido en "su primer amor" porque a todas las demás chicas con las que había salido sólo sentía atracción hacia ellas pero nada más. En cambio con Alfred… ¿Cómo pudo ser tan idiota? ¿Por qué no se dio cuenta antes?
¿Por algo siguió siendo amigo de ese gordito verdad?
No era por algo muy complejo, siguió al lado de él porque lo quería, sino… jamás hubiera seguido a su lado. Él estuvo enamorado de Alfred siempre, desde hace mucho tiempo…levemente, pero lo estuvo, pero su mente jamás llegó a aceptar que podría sentir una atracción hacia un ser como él. Prejuicio, orgullo, estupidez, el inglés suspiró fuerte.
Suspiró con dolor, ya ni los perros se le acercaban a querer orinarle, nada.
El ambiente desolado lo inundaba y la musiquita triste lo seguía mágicamente adonde fuera que diera un paso, su vida era una mierda. Al menos, mañana todo podría ser como era antes… él un amigo de Alfred y nada más, como el estúpidamente pensó que sería mejor. Porque no existían maquinas del tiempo, porque no existían tampoco hadas madrinas con el "mágico deseo gay que se acaba a las 12:00 de la noche", no, esas boberías no existían.
En su vida existía:
1-Un súper sexy mejor amigo que lo ignoró todo ese tiempo.
2-Un perro con complejo de Francis siguiéndolo a todas partes para orinarlo.
3-Una estúpida águila calva.
4-¿Ya había mencionado sus súper amigos? Sí, sus súper amigos también eran un problema.
El próximo día sería rutinario, típico, casual. Arthur al menos lo veía así pero en su afligida cara se hacía presente una pequeña sonrisa al llegar al colegio, diminuta, adolorida, rota. Pero estaba allí, porque su corazón se partía en dos ya que desgraciadamente se había enamorado, y a la vez estaba feliz… porque Alfred al final era también feliz y más importante, iban a seguir siendo amigos por siempre.
Por eso sus desgracias no eran nada, nada comparado con lo que tuvo que soportar por todos esos años el menor, ¿Cuánto llevaba él con esa carga? ¿Un par de meses? ¡No eran nada, nada!
Llegó a la clase como si nada y allí estaba Alfred, con una casual y hermosa sonrisa para él, lo llamó con la mano, todos miraron ya que apostaban a que Alfred y Arthur por alguna razón se habían peleado por todo el tiempo que habían pasado separados. Pero allí estaba Arthur, sentándose a su lado, suspirando, tragando fuerte y respirando de nuevo para que su voz no sonara triste e incluso soñadora, sólo esperaba que con el tiempo… uno a tres meses o quizá de un año a tres se le pasara aquel sentimiento que tenía hacia Alfred.
—¿Cómo has estado? —Susurró el inglés sentándose a su lado —¿Fue difícil bajar esos kilitos de más? —trató de sonar sarcástico, irónico, como siempre, pero costaba. Mucho, demasiado.
Porque cada vez que lo miraba a los ojos algo dentro de él se derretía como el chocolate, dulce y a la vez amargo. Amargo porque sabe que jamás pertenecerá a ese chico y dulce porque simplemente era perfecto, lo hacía suspirar, lo amaba. Todo acerca de él. No se dio cuenta antes, fue un idiota.
—Jaaajaj, no, fue muy fácil —mintió con ganas —Un héroe como yo puede hacerlo claro.
—¿Un héroe? Creo que si lo eres… se siente raro hablarte de nuevo idiota, me tenías muy botado…
—Lo lamento…—agachó la cabeza observándolo de reojo, el inglés sintió algo extraño en su mirada
Y luego simplemente no respondió, sólo miraba al inglés, como si nada más existiera, todo lo contrario que había estado haciendo durante meses.
—¿Alfred? ¿Estás allí…? hey Alfred…—el americano no dejo de observar a su compañero, al que supuestamente había dejado de amar. Su voz comenzó a hacer eco en su mente.
—Arthur…— susurró pasando suavemente su mano arriba del inglés con ternura y cariño.
Cerró sutilmente sus ojos y no pudo evitar recordar todo lo que había pasado mientras un gesto amargo y desentendido recorría el rostro del mayor al sentir la tibieza de la mano contraría. ¿Qué pretendía? ¿Por qué hacía esto?... si no mal recuerda ayer le había dicho que no sentía nada hacía él… y ahora ¿esto?
Era cruel, definitivamente cruel.
Y en ese momento, Alfred no pudo evitar recordar los meses en su "heroico lugar para héroes heroicos", porque eso si que fue increíble, sólo la gente con gran determinación haría algo así por la persona que quiere, el americano luchó y luchó hasta conseguirlo.
Campamento tortura.
Para Alfred ese paseíto no era lindo ni heroico a decir verdad,, era "Campamento tortura" en vez del estúpido y sarcástico nombre que tenía que era "Campamento feliz" al lado de él iban muchos niños gorditos y uno que otro niño de su edad reventándose de dulces mientras lloraban y gimoteaban como unas pequeñas victimas, Alfred tragó con fuerza tratando de no asustarse.
"Yo puedo, yo podré por Arthur, lo haré por él…porque le amo" se decía una y otra vez, no se rendiría, él era muy fuerte en el fondo y podría con ello.
Vio el campamento, parecía normal. La primera semana fue normal, un poco de ejercicio y restricción de comida pero después quería echarse a llorar, sólo le servían soya con algo de pasto (le llamaba así a la lechuga) ¿Qué creían que era? ¿Una vaca? Una sonrisa rota escapaba del rostro de Alfred y recuerda su meta, probarle a Arthur que sí podía cambiar. Lo haría por él.
—¿Jones no ha parado? —preguntó uno de los entrenadores preocupado a la cuarta semana.
Los asistentes asintieron también preocupados, la hora había terminado hace mucho y el americano seguía corriendo desesperadamente, pensaba que su inglés estaría esperándolo al otro lado, sofocado, cansado y casi muerto seguía dando paso por paso, dolía mucho, quería rendirse pero nuevamente la cara del inglés venía su mente.
—¿Qué …se sen-tirá…? —corría con más fuerza mientras su vista se nublaba, se estaba exigiendo inhumanamente. Todo por Arthur, todo por el amor de su vida —¿Qué tú me ames?...
Un fuerte golpe y los asistentes llegaron a ver al pobre chico que se había desmayado, no había parado en horas mientras sonreía levemente y decía "Arthur". Era su razón para hacer todo esto y aún dolía demasiado su rechazo. Dolía saber que nunca te iban a querer por ser feo, gordo y ñoño. Pero quería demostrarle lo contrario ya que simplemente lo amaba.
Los siguientes meses tenía el celular a mano, había bajado mucho más que todo el resto de los chicos pero su cara lucía cansada, enferma, nunca paraba, las noches eran tortuosas, sus músculos exigidos al máximo a cada movimiento en aquella incomoda cama dolía más de la cuenta, casi no dejándolo dormir, pero eso no lo detenía para levantarse al siguiente día y seguir con esa casi masoquista misión.
—Er-es… un idiota…—corría con más fuerza el americano para luego pasar a las pesas. —Y no volveré a quererte…—susurraba.
Pero ni él se la creía, sólo pensaba en él pero de alguna manera tenía que hacerle saber que todo lo que le hizo esos años, su indiferencia, sus insultos entre otros no eran un suave café con mucha azúcar en su vida.
Todos lo veían con esmero, era un ejemplo a seguir, nadie sabía que lo motivaba, nadie excepto él, su meta allí era también olvidar a Arthur pero no podía, veía alguna que otra de sus llamada perdidas e inconcientemente quería apretar el número y hablar con él, sentir el suave eco de voz, esa melodiosa armonía, el fluir de un río sin piedras, eso era su Arthur.
La realidad volvió a ser la presente, Alfred pestañeó y luego miró al británico, con un gesto algo esquivo dejo la mano que sostenía, la atracción lo atraía aún hacia ese inglés. Le había mentido. Lo había hecho cuando le dijo aquello de "Ya no te amo" pero incluso él quería creer que no estaba aún enamorado de ese británico, así las cosas quizá estarían mejor. Eran mejores amigos… una relación podía acabar mal y además, ambos eran hombres. Arthur le hablaba de las pocas veces en que pensaba en su futuro, en ser un famoso abogado algún día, tener una familia, unos cuantos hijos y una vida tranquila llena de cosas antiguas o de calidad de diseñadores con gracia, ingleses quizá.
El menor no podía darle aquello, apenas y se podían casar.
El tiempo pasó, el americano se siguió engañando, había podido con esa irresistible atracción hacia el inglés todo ese tiempo ¿Por qué no ahora? ¿Por qué había vuelto a su lado? ¿Por qué sentía más de cerca su vivo e irresistible aroma una y otra vez?, sí, porque la distancia se había acortado emergiendo esas antiguas sensaciones, Alfred se relamió los labios con sensualidad, luego, aparto nuevamente el rostro.
—Hay tarea de matemáticas Arthur…
—¿Y no la hiciste, verdad?
—Exacto…—mintió, la había hecho. Pero quería distraerse un poco…hacer la tarea lo ayudaría.
Tres semanas después de la mega "reconciliación" las cosas entre ellos eran extrañas, Arthur en especial temía acercarse mucho al norteamericano, después de todo le gustaba, le atraía irremediablemente. Su esencia, su sabor, su color, esa mirada, ese cuerpo que se gastaba ahora. Era sensual, era un bombón a la vista que quería que lo devorara. Pero era conciente que todo aquello era una cruel ironía.
Él ya no merecía ser feliz con el menor, tuvo la oportunidad y la desperdició, tenía que atenerse a las consecuencias.
Estaban allí, mientras el menor se gastaba todo su dinero en golosinas. Arthur lo miró con la boca abierta al ver la montaña de comida ¿Qué pretendía el menor? ¿Ser una bolita de grasa de nuevo? Aunque esta vez no le importaría, aunque el estadounidense volviera a ser rechonchito, ñoño y antisocial el inglés seguiría queriéndolo. Lo había entendido a la fuerza, pero lo hizo.
Aún así, hizo lo que todo mejor amigo debe hacer para cuidar la salud de su acompañante.
—¡Alfred! ¿Qué haces? ¿Quiere ser una bolita de nuevo? —preguntó al ver la montaña de comida que traía el americano.
—¡No engordaré! —alegó inflando sus mejillas.
—¡Sí lo harás! —insistió arrebatándole de la manos las porquerías llena de carbohidratos, lípidos etc que se tragaría.
—Arthur…—susurró.
Se acercó a él, estaban cercano a un parque del instituto, un lugar tranquilo rodeado de árboles, oscuro y oculto, sin darse cuenta Alfred fue empujándolo allí casi por inercia.
—Ahh... ¿Alfred? —una mano le acariciaba la ropa suavemente, subiéndosela mientra sus ojos se conectaban con los del mayor. El inglés suspiró, sonrojado.
Se sentía bien, entrecerró un poco más los ojos queriendo sentir más la tibieza del menor recorriéndole, pero se detuvo el americano justo cuando entraba a una zona placentera para el mayor y éste por fin se dio cuenta de lo que pasaba. ¿Alfred lo estaba tocando? ¿Por qué lo hacia?, la temperatura de su cuerpo subió y aquel dolor volvía a su pecho.
—No engordo…—quiso cambiar el tema enseguida —Todos los días me ejercito para mantenerme en forma, sin falta lo hago…—sonrió con esa inocencia que lo caracterizaba.
El inglés abrió los ojos y luego su mirada fue a caer al pasto que brillaba levemente por el agua que había sido arrojado hace minutos atrás por una manguera cercana. Se sentía estúpido, le alegaría al menor, pero no lo hizo, lo único que sabía es que no dejaría que su comportamiento se repitiera.
Los días pasaron, el inglés había ido a ver a Antonio al hospital, él y Lovino estaban saliendo, sonrió por él, ese español lo había conseguido a pesar de todo, pero estar en el hospital era justamente por haber conseguido "salir" con el chico. Era un caso difícil, pero Lovino no era débil, era incluso agresivo y se lo dejo muy en claro al pobre español. Pero no se quejaba, para Toño eran "golpes de amor", si los golpes se pueden dar con amor claro.
—Creo que esa lesión tiene para tres semanas más—dijo el americano junto al inglés casualmente.
—Creo que más, parecía una momia. Pobre Antonio, se fue a meter con un chico bastante "explosivo"
—Como si tú no lo fueras…—rió el estadounidense poniéndose las manos arriba de la cabeza.
—Estúpido…—susurró.
También Alfred le había comentado que su hermano cuyo nombre ya no recordaba del todo bien había empezado a salir con el pervertido francés y estaba algo preocupado. Arthur no le dio mucha importancia ya que no se acordaba de que hermano se estaba refiriendo el menor. (Pobre Matty)
Y por último el más "awesome" de toda la escuela según él mismo claro y según su fan club conformado por pollos (sí, pollos de verdad). El se había dado el valor para entrar a la sala del chico que tocaba música, interrumpirlo, agachar la cabeza y luego aplaudir. Sí, aún no eran nada, pero tenían la esperanza de ser algo en el futuro. Arthur también creía que lo logarían.
La cruel y gay verdad es que todos lo lograrían excepto él, él se casaría con una chica cualquiera… o quizá no se casaría, sería un amargado toda su vida y viviría con 123 gatos y todos se llamarían "Al", así de triste y penoso. El pensamiento le causó ganas de vomitar al inglés y de la nada comenzó a pegarse contra la pared más cercana mientras el estadounidense trataba de pararlo. Iba a ser un largo día.
Al tercer mes el inglés ya no lo aguantaba, algo raro pasaba, hace una semana Jones lo había llevado al baño de hombres a mitad del recreo para besarlo, incluso tocarlo un poco más de la cuenta, aquellas caricias, hasta sentía los labios del americano una que otra vez en su boca cuando se juntaban por trabajos, éste se arrepentía con una sonrisa extraña al separarse de todos los contactos diciendo "estoy bromeando". El anglosajón no estaba para esas bromas, no lo estaba. Porque él estaba enamorado y jugaban con sus sentimientos, su mejor amigo jugaba con ellos. Un ser que dejó de amarlo por ser un despreciable discriminador. Pero allí estaba, arrepentido… conservando una "amistad" ¿Y qué se ganaba? tortura y más tortura por parte de Alfred.
Él era un popular jugador de fútbol para ese entonces y él un chico serio, inglés, inteligente y eran amigos. Alfred ya no lo necesitaba, tenía más amigos… ¿Así que para qué hacia eso? Además de que había escuchado lleno de celos los rumores de que el estadounidense estaba saliendo con una tal "Michelle"
El inglés insistía… ¿Quién mierda es Michelle?
Había estado averiguando unas cuantas cosas, unos dicen que es una bola de grasa, otros que es muy delgada. Otros incluso dicen que vuela y es una superheroína (razón que explicaría porque Alfred se enamoró) ¿Acaso todos lo estaban tratando como un idiota? Pero algún día descubriría quien es Michelle cueste lo que cueste, para ver si hizo una buena elección su amigo… claro, no es como si quisiera arruinar, destruir, masacrar, entre otros sinónimosla relación que podía estar manteniendo con la enigmática "Michelle"
—Deja de hacerlo maldición… siento que aún me deseas si me tomas la mano así… siento que aún podemos ser otra cosa—susurró con dolor.
—Arthur…
—¿Te parece divertido no? ¡Tan divertido maldición! —gritó yendo hacia él, ese era su limite. Se cansaba que jugaran con su corazón así, no podía ser un hijo de puta más grande, ya tenía suficiente, enserio había tenido suficiente.
Estaba enamorado de Jones, perdidamente… y él le daba esperanzas, todo eso dolía. Era un bastardo, prefería a su gordito de antes, él jamás le hubiera hecho algo como lo que le hacía el americano, El Alfred antiguo estaría aún enamorado de él y no lo haría sufrir.
—¿Qué es sentir mariposas en el estomago? —se le acercó Jones repentinamente poniendo su mano en su cadera quedando a centímetros.
Arthur no hablaba, dejó de respirar por unos segundos mientras el americano continuaba con una triste expresión.
—¿Qué significa que mi corazón vaya tan rápido? —se acercó más mientras suavemente lo iba acorralando a la parte libre de su habitación pegándolo a la pared con suavidad y sensualidad.
—¿Qué significa que desee tu cuerpo justo ahora?
El inglés entrecerraba los ojos suavemente mientras su temperatura aumenta, una sensación calida se apodera de su pecho, su estomago empieza a retorcerse levemente y un nudo extraño y pequeño se le forma en la garganta, luego, como si de arte de magia se tratara su corazón late cada vez más rápido y sus mejillas se tiñen de rojo. ¿Eso era un juego? ¿Una pesadilla?
Si fuera así no quería despertar, quería quedarse allí con su bobo y estúpido Alfred por siempre, pero con una mano comenzó a apartarlo tratando de no salir lastimado
—Eres bueno actuando Jones ¿Qué me dirás ahora? ¿Otra prueba para ver si te gusto?
—Idiota, el verdadero amor no se olvida—susurró acercándolo a su cuerpo con una ternura indescriptible. —Lo lamento, aunque trato y trato de olvidarte…simplemente no puedo…
El inglés abrió los ojos mientras sentía las calidas manos del menor por su espalda, por su cuerpo, luego sus brazos, por último su pecho junto al suyo y en un delicado gesto su cabeza apoyada en su hombro. El inglés hizo un gesto torcido como de dolor ante aquello, luego, con pocas fuerzas devolvió el abrazo dejando caer sus parpados con suavidad, aspirando con fuerza el aroma del menor, para asegurarse estúpidamente que estaba allí, que no era un sueño, un holograma tal vez.
—¿Quieres hacerlo, Arthur? —preguntó con una sonrisa. —Así te muestro a detalle como está mi "nuevo cuerpo"
—Hemmm bonita pregunta para ser sincero, pero considerando de que llevamos cinco minutos confesándonos hacerlo ahora sería muy "puto" ¿no lo crees?—susurró nervioso al sentir una mano del americano sobre su pecho desnudo.
—¿A ti importándote ser decente? ¿Quién eres y qué hiciste con Artie? ¡Tú, feo y malvado monster!
—¡Idiot, puedo ser decente sabes! —gritó enfadado— Pero creo que me niego. Tus padres podrían llegar, enserio.
—No, llegan tarde, además… necesito algo de "ejercicio" —pasó sus labios por las clavículas del inglés fuertemente y reiterando el proceso viendo como el rostro del inglés se contraía un poco con inminente placer.
—También se le llama "hacer el amor", idiota. Además, tengo un serio asunto con respecto a una tal "Michelle" ¿Me podría decir quien putas es Michelle?
—Hemmmm—el americano rió tontamente ante eso.
—Antes de hacerlo…— reiteró sonriendo con celos y luego volviendo a su rostro serio y hasta enfadado— ¿Me podría explicar quien cojones es Michelle?
El americano miró con los ojos en blanco al inglés mientras no decía nada, luego tragó fuerte y besó al inglés evitando el tema. Al fin ambos estaban juntos como siempre lo soñó el norteamericano, casi se separan, es verdad. Y todo por el prejuicio. Pero a partir de ese día nada los separaría, nadie a excepción quizá de ¿Michelle?, Arthur enserio pensaba sacarle la información de quien era esa (zorra) estimada señorita antes de hacer cualquier otra cosa pervertida.
Lo único que salvó su relación esta vez era lo que había dicho Alfred, el verdadero amor no se olvida, quizá el tiempo cura, pero ese amor… siempre seguirá allí, grande, feo, gordo, hasta accidentado, no importa como sea la persona, lo que importa es lo de adentro, Arthur lo había comprendido. Había sido salvado por un héroe sin darse cuenta, su gran y amado héroe, su Alfred.
Moraleja.
No seas prejuicioso ni tampoco vanidoso.
O si no el amor quizá resulte doloroso.
El final feliz era Titanic. Por cierto, las que no han visto "City of angels" véanla, es realmente hermosa. Encuesta: City of angels: 7; Titanic: 13
Espero que les haya gustado este fic y NO seamos prejuiciosas/os con la gente, nadie sabe por lo que realmente a tenido que pasar etc, o si alguna vez todo lo mal que le tratas se te podría devolver. Bueno, eso cuídense ;D ¡Valoren siempre lo que tienen!
PD: ¿Quieren un pequeño extra de esta historia con Semi-lemon o algo más? Allí ven ustedes, por ahora aquí acaba.
PDD: Ahora creo que voy a escribir el siguiente capitulo de "Escribiendo un fanfic", "Doujinshi R-18" y de la historia más votada en mi perfil. Si no han votado, anímense ;D
¿Les gustó aunque sea un poco este fic?
