*_OSCUROS DESEOS_*
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Capítulo 03. Vínculo.
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Advertencias: Algunas malas palabras. Más insinuaciones yaoi.
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Disclaimer: Esta serie no me pertenece, fue creada por Man of Action y producida por Cartoon Network. Gracias a ustedes por esta espectacular idea, de la cual no espero obtener algún lucro, sólo tomar prestados los personajes para mis locas ideas.
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Adentrarse en el bosque oscuro no era una idea brillante, pero si lo suficientemente lógica para sobrevivir. El ruido ensordecedor y el temblor de la tierra desaparecieron de la misma manera misteriosa que aparecieron. La poca luz que aún les permitía ver no duraría más de unas horas. Se encontraban sentados debajo de un gran árbol de pino, el más viejo probablemente. La extraña forma del tronco permitía hallar el refugio suficiente de los peligros del exterior.
Kevin observó la figura durmiente de su compañero. Con la cabeza recostada en su regazo, Ben había conseguido dormir a pesar del evento anterior. Sabía que tendría que regresar a la cueva por sus cosas, y recuperar la caja con los contados medicamentos para lograr que se recuperara y no muriera en el intento. La cuestión era sí podía dejarlo allí por unas horas sin que este se despertara desorientado sin su presencia. Como broma sería algo interesante de ver, pero en la actualidad aquello solo empeoraría la relación que tenían. La confianza era el único vínculo que los mantenía unidos y no quería echar a perder eso. Sin embargo, si pensaba en los pros y contras, la idea de salvar al ojiverde tenía mayor prioridad que cualquier intento por enmendar su vida social.
Con cuidado se incorporó del lugar, y luego minuciosamente cubrió el hueco en el gran tronco para ocultar de la vista a cualquier depredador que pasara por allí. Sólo esperaba que el idiota no se le ocurriera tener algún tipo de sueño agitado que pudiera llamar la atención desde afuera de su cubierta de vegetación seca, troncos y nieve. Luego de minutos, encaminó sus pasos de regreso a la cueva.
Tardó poco en descubrirla, para su fortuna apenas unas rocas se habían desprendido de la pared y el pequeño túnel que guiaba a una segunda sala continuaba funcional. Encontró todas sus pertenencias y la poca comida que habían almacenado. Satisfecho y sin detenerse a evaluar el posible origen de aquel temblor regresó a la seguridad del bosque.
Paso por paso intentó convencerse que pronto Gwen y el abuelo de Ben llegarían para sacarlos de aquel desolado paisaje. Aún tenía la señal de los plomeros activa, aunque no estaba seguro que entre tanta nieve y bosques vírgenes existiera algún receptor cerca para captar su señal. Sacó esos pensamientos de su mente. Su misión actual era evitar que Ben muriera por una infección o una pérdida abundante de sangre.
Satisfecho de estar a unos pasos del nuevo escondite, se detuvo en seco. Casi le da un infarto cuando vio la entrada totalmente visible y el lugar dónde había dejado al castaño vacío y frío. Por unos instantes perdió el control, luego cuando pensó que todo se había acabado, los pequeños rastros dibujados en los troncos de los árboles aliviaron un poco su desesperación.
-Tranquilo pequeño Kevin, aún no estoy muerto.
La voz burlona de Ben llamó su atención. Buscó por todos lados para hallarlo pero todo parecía exactamente igual sin importar si se moviera por kilómetros dentro del bosque. La risita divertida sólo consiguió enojarlo más, gruñó frustrado mentalizándose que cuando encontrara al maldito mocoso lo golpearía duro, sin importar que estuviera muriéndose.
-Voy a joderte duro cuando te encuentre, Ben –bufó con un tono ronco.
-Que palabrotas, Kevin, y yo que pensé que serías más listo a la hora de encontrarme –en el breve silencio buscó por las ramas de los árboles, la voz claramente estaba por encima suyo –Te veías tan preocupado –finalizó en un tono de burla.
-Estas delirando –respondió molesto paseando su mirada por los lugares donde el eco de la voz se hacía más fuerte. Entonces cuando creyó que sus valiosos segundos de paciencia se estaban agotando, algo se movió entre las copas grandes de los árboles. Un poco temeroso de estar cayendo en una ridícula trampa o de estar equivocándose de lugar encaminó sus pasos hasta toparse con un gran árbol. Su tronco grueso y lo frondoso de sus ramas permitían un escondite perfecto.
Sonrió.
-Me gustaría haber visto la forma patética en la que probablemente subiste aquel enorme árbol –se burló casi con placer.
Escuchó una maldición provenir de alguna parte y luego vio una figura deslizarse fuera de su escondite para asomarse brevemente. Su curiosidad sobre lo que hacía allá arriba terminó cuando una pequeña piedra tropezó sobre su cabeza. Ni se inmutó.
-Qué maduro eres, Ben –Lo miró unos instantes. -¿Cómo llegaste hasta allí? –le preguntó no seguro de poder escalar el enorme tronco para alcanzar la figura delgada que le hablaba despreocupadamente. Entrecerró sus ojos buscando algún indicio de estar herido o enfermo -¿Quieres bajar?
-No –levantó su ceja en señal de sorpresa, el castaño pareció notarlo porque puso en alto su mano en señal de que no hiciera ninguna conjetura errónea y le deja explicar –Hay algo abajo Kevin, es mejor quedarnos aquí, por lo menos esta noche –finalizó serio.
-No me gustan las alturas –su postura se endureció, desvió los ojos por el lugar para encontrar algún otro lugar mejor como escondite.
-Tranquilo, te aseguro que estarás cómodo aquí arriba.
-No lo creo.
-¿Por qué no soy Gwen?
Los ojos negros se clavaron con intensidad sobre el otro. Aquel comentario lleno de resentimiento estaba totalmente fuera de contexto, pero tal vez era momento de discutir aquella escena de unas semanas atrás.
-¿Eso es lo que te preocupa, Ben?
La cara del castaño permaneció oculta entre las sombras de las enormes ramas. Ya quedaba poco para que la oscuridad total le impidiera ver su entorno e incluso sus propias manos. No caía mucha nieve, y a diferencia de ese bosque de coníferas templado, la ventisca parecía morir entre los pequeños y estrechos corredizos tallados por los enormes pinos –No –logró articular en un susurro.
-Eso es lo que no parecía ese día.
-Cállate
-No soy yo quién está resentido, Ben. ¿Por qué estás tan enojado por eso?
-No importa, ahora sube.
-No hasta que me lo digas.
-Entonces muérete allá abajo –finalizó ocultándose más entre la frondosidad del pino.
-¡Ben!
Contuvo sus deseos de destrozar cualquier cosa que pasara o se le atravesara en el camino. Al final, decidió rendirse. La noche avanzaba lenta y poco a poco iba perdiendo la capacidad de distinguir entre las horribles formas de los árboles y la nieve, y un posible depredador.
Tomó una larga inspiración y luego dejando que el aire se escapara de sus pulmones, se animó a confesarse.
-Lo diré yo, para que te quede claro. Me gusta Gwen, y eso ocurre desde hace mucho tiempo atrás…-se armó de valor para poder terminar –Pero últimamente he sentido que ese sentimiento no está completo, porque pienso más en que voy a hacer con cierto idiota con complejo de héroe y si el deseo que a veces me invade es normal. ¿Entiendes? Me gustas y estoy confundido. Todo lo que dicho o hecho es para evitar que te acerques demasiado y termines de dañar mi mundo.
Pasaron unos vergonzosos minutos, en los que Kevin quiso que la tierra se lo tragara. Aunque la respuesta que escuchó le provocó estrellar su cráneo contra el grueso tronco porque el jodido niñato lo ignoraba, otra parte de sí, agradecía que las cosas no variaran en su forma de tratarse mutuamente.
-¡¿Vas a subir?!
Maldijo una vez más y emprendió la tarea de escalar la monstruosidad de árbol.
-¿No podías escoger uno menos difícil de subir? –reprendió al chico. Lo detalló por un largo rato buscando señales de debilidad. Nuevamente el miedo ante una recaída, aunque la expresión del ojiverde no delataba ningún mal, los leves rastros de transpiración excesiva y las ojeras le brindaban un aspecto desaliñado y enfermizo.
-Bonito monólogo el de allá abajo –la risita fue suficiente para dispersar sus pensamientos pesimistas.
-Cállate.
Como pudieron se acomodaron en ese pequeño espacio. Definitivamente tendría que redefinir la expresión espacio personal. Contó hasta tres e intentó serenarse. Permanecieron en silencio aferrándose uno al otro en aquella rama y tratando de mantener el calor corporal con aquella temperatura tan fría. Notó de reojo que el menor tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente.
-Hey, ¿estás consciente? –le movió un poco a fin de obtener respuesta.
-Sí, ¿por qué no lo estaría? Está haciendo mucho frío aquí arriba –se enroscó más en su propia ropa.
-¿Y de quién fue la grandiosa idea? –gruñó en respuesta.
-Debería tirarte y dejarte allá abajo, desagradecido –espetó con amargura a través de la ropa que cubría parte de su cabeza.
-Ya quiero verte intentándolo –le respondió con sarcasmo, sin embargo, no pareció incomodar al otro quién de un momento a otro se incorporó y se sentó sobre su regazo quedando sus rostros frente a frente. Se movió nervioso intentando apartarlo pero el castaño se resistió. –Si sigues moviéndote de esa manera nos caeremos, Kevin.
El leve crujido de la rama le hizo detenerse en seco. Contempló los apenas rasgos visibles del ojiverde. La expresión serena, su cuerpo cálido y las manos aferrándose cuidadosamente en sus hombros con la poca luz de la luna que caía sobre su espalda le otorgaba un halo de misterio que se le hizo irresistible, de un momento a otro aquel pequeño enano lucía jodidamente sexy. Su corazón comenzó a aumentar la velocidad y las repentinas ganas de tocarlo se hicieron presentes de una forma tan brutal y abrumadora que le sorprendieron. Se contuvo, no se atrevió a devolver el gesto. -¿Q-Qué se supone que estás haciendo? –tartamudeó un poco.
-Lo que estás viendo…y sintiendo –se acercó más hasta que quedó completamente recostado sobre el pelinegro. Su cabeza terminó recostada en la curvatura del cuello a penas cubierto y sus brazos se cerraron en un abrazo posesivo –Estoy agotado y tengo frío.
-No juegues conmigo, Benjamin –gimió lastimeramente.
-No lo hago. Se lo que está ocurriendo en tu cabeza y ahí abajo –le susurró bajito y con un tono malintencionado.
El pelinegro se removió inquieto, al hacerlo fue imposible no sentir cada parte de aquel cuerpo y el aroma a su alrededor. Ahora él estaba jadeando, sólo por un simple roce. –Quítate.
-No. ¿No ves que estoy intentando calentarte? –susurró casi sobre su oído provocándole un estremecimiento involuntario.
-Idiota –jadeó. Cerró sus ojos, aquello era ridículo. Estaba excitado con nada.
-Puedes satisfacer tus fantasías, Kevin…estás tan duro ahí abajo –le incitó moviéndose contra sus caderas pero fue detenido por una mano en su muslo, tan agresiva que le hizo saltar del dolor -¡¿Qué haces?!
-No me provoques –el tono oscuro y ronco. Permaneció quiero esperando alguna reacción negativa del mayor, pero los leves jadeos muy cerca de su oído le indicaron que fue una simple advertencia. Una que decidió seguir. Cerró sus ojos y descansó todo su peso en la gran almohada caliente debajo de su cuerpo. A los pocos minutos, sintió una mano insegura colarse entre los dos, casi sobre sus pantalones para hacer algo vergonzoso, pero luego notó que estaba cumpliendo su sugerencia, sonrió. Iba a reprocharle por tener esa clase de pensamientos sucios cuando fue interrumpido.
–No quiero escuchar ningún comentario al respecto –escuchó la amenaza en un tono de molestia fingida mientras el movimiento de aquella mano aumentaba gradualmente. Para su desilusión, en ningún momento lo tocó, pero el hecho de estar presenciando algo tan íntimo, aún si no estaba mirando y quedaba oculto debajo de su figura, le hizo sonrojar. Poco a poco los jadeos de Kevin aumentaron de volumen y su nombre balbuceado con tanta lujuria llegó a provocarle alguna reacción física a él, aunque no tan fuerte como para pedirle que también le hiciera lo mismo. Dejó que el cansancio se apoderara de cada fibra de su ser y cayó en la inconciencia. Las horas de falsa recuperación se cumplieron dejándolo vagar nuevamente entre el torbellino de la fiebre y el delirio.
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¿Reviews?
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Sí ya lo sé, una extraña escena de manoseo. No quise ponerlo por el nombre y no se sí realmente lo entendieron, pero Kevin estaba trabajando en su cuerpo (dícese de masturbarse) y no en el de Ben. No esperarán que toque a un hombre de buenas a primeras, ¿verdad?
