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Transformación.
Ya habían pasado dos días de la vez que escucho aquella conversación. Y también había recolectado todo lo que necesitaba: tenía personalidades curiosas, relajadas, miedosas, inseguras, arrogantes en fin de todo, lo que más le llamo la atención fue la última muestra que había recolectado: un poco del cabello de cho. Fue muy difícil ya que cho guardaba un gran resentimiento hacia ella por lo ocurrido el año pasado con harry. No tuvo otra opción que poner como excusa su posición como prefecta ayudando a cho a ir a la enfermería (parecía sufrir de una gripe muy fuerte), aunque se resistió bastante al final aceptó de mala gana ser acompañada por hermione. Ahora tenía que introducir un poco de la poción en alguna bebida, eso lo haría hoy después de todo podía usar como pretexto que iba a ver a dobby el elfo domestico. Eso no le hacia mucha gracia ya que el ver a todos eso elfos allí bajo la esclavitud...
-hermione contrólate, ¡a ellos les gusta-trató de tranquilizarse. Las clases habían comenzado hacia mas o menos media hora y ella encontró la manera justa para faltar a clases: utilizo lo surtidos "saltaclases" los cuales les fueron quitados a fred y a george el año pasado. Por alguna extraña coincidencia aquellos habían quedado guardados en una de sus túnicas del año pasado y ahora era el momento perfecto para utilizarlos.
La señora pomfrey no dudo ni un momento de no enviarla a clases al ver que una de las más brillantes alumnas sangraba descontroladamente por la nariz y en cuanto a harry a ron; a ellos no los vio mucho cada vez que hermione entraba al mismo lugar donde estaban ellos, se ponían muy nerviosos, y considerando que iban en la misma casa y en el mismo curso y que tenían casi las mismas clases, eso sucedía muy a menudo.
Hermione se levanto de la cama y se puso enfrente del espejo, el cual emitió un quejido al ver a hermione reflejándose en si mismo.
-mmm querida necesitas un cambio urgente- le decía- tal vez un corte de cabello nuevo y un poco de maquillaje no te haría nada de mal-.
-tonterías- le respondió, pero muy en el fondo sabía que no eran tonterías, el "hermione es muy fea" resonaba en su cerebro a cada paso que daba.
-pero yo no soy fea ¿o sí-pensó en voz alta.
-no, querida tu tienes mucho potencial solo tienes que explotarlo-.
De pronto un montón de ideas surgieron, tal vez si cambiaba de aspecto los chicos pensaran diferente. Corrió hacia la mesita que estaba a un lado de la cama de parvaty y busco entre sus cosas para encontrar la revista que buscaba: "corazón de bruja".
Estuvo hojeándola durante casi media hora cuando encontró lo que buscaba: "como tener un peinado a la moda". Pudo distinguir tantos tipos de peinados que no estaba seguro por cual usar.
-será mejor que te alises el cabello porque así no podré cortarlo-. Diciendo esto se lavo el cabello y untó en el la poción alisadora, cuando ya estuvo lista cogió la revista y las tijeras entonces empezó a cortarlo.
Los mechones caían al suelo en grandes cantidades, su cabello liso le llegaba casi a la cintura, lo dejo del mismo largo pero las capas superiores de su cabellera fueron divididas en mechones largos y cortos, su cabello comenzó a verse bastante bien. Terminó de cortarlo y recogió todo el cabello que estaba en el piso.
A harry y a ron les había dicho que era mucho trabajo dejarlo liso, les mintió. En realidad había descubierto la manera de que ese cambio fuese permanente pero pensaba que tal vez los demás la consideraran menos inteligente de lo que era por arreglarse y dejar llevarse por la vanidad. Aplico el ungüento permanente y peino su cabello, se sentía tan manejable y liviano, no se había dado cuenta que ya eran las una y que debía poner la poción en las jarras de bebida. Pero bajar allí y que todos la vieran así le daba un poco de vergüenza.La respuesta era simple: coger la capa invisible de harry e ir a las cocinas a dejar la poción y robar un poco de comida: tal vez está pudiera esperar pero tenía suficiente hambre como para posponerla.
Eran las doce de la noche, hermione seguía despierta mientras que sus compañeras dormían placidamente no supo cuando ni cómo el sueño la venció. Ese había sido unos de esos días agotadores en los cuales lo único que deseas es la hora de ir a dormirte.
Al despertar pudo notar que las chicas ya no estaban fue cuando se dio cuenta que tenía quince minutos para llegar a la clase de transformaciones. Corrió como desesperada a la ducha, se vistió y secó el cabello, se maquillo (con mas calma) con colores pasteles muy suaves y se coloco unos pendientes de cadenas largas que terminaban en estrella ( nunca los había usado antes por que con tanto cabello no los hubieran notado), bajo atropelladamente las escaleras de ahí en adelante avanzó tan rápido que chocaba con algunos estudiantes los cuales se quejaban en una de esas ocasiones casi tropieza con un chico de séptimo año llamado joss este era de la casa de ravenclaw y uno de los chicos más guapos de hogwarts desde que roger davis se marcho del colegio, ella estaba tan urgida que no notó aquellos detalles y una vez más emprendió la marcha hacia el aula de transformaciones. Cuando se encontró enfrente de la puerta sintió su estómago revolcarse no sabía si era por el hambre, por tener que enfrentarse a sus compañeros con su nueva apariencia o si era por tener que explicarle a la profesora Mcgonnagal el porque de su tardanza.
La puerta se abrió sin que ella tuviese que llamar, hermione cerró los ojos para no tener que verle la cara a la profesora pero en vez de eso pudo oír la voz de alguien no tenía idea de a quien pertenecía pero podía deducir dos cosas: Primero no era la de la profesora Mcgonnagal y segundo aquella voz pertenecía a un hombre joven con un acento raro.
-Llega tarde señorita-escucho como hablaba.
Hermione aun tenía los ojos cerrados y no había abierto la boca para responder cuando esa persona volvió a hablar esta vez con un tono de sorpresa.
-¿hermione-pregunto esta vez.
Todavía se estaba preguntando que clase de maestro llamaba a una alumna por su primer nombre a parte del profesor lupin cuando se atrevió a abrir los ojos para quedarse con la boca abierta.
-¡soy yo-le dijo el joven.
Era vícktor krum.
