Titulo: Y por eso rompimos.

Summary: Hace más de 5 años que habían decidido terminar su relación y que habían tomado caminos diferentes. Un día bajo el sol de Roma, Takeru Takaishi despierta y se da cuenta que no ha dejado de amarla un solo día y que debe recuperar a Hikari a como dé lugar.


Por tus misterios (O como nadie entiende a Hikari)

Takeru quien continúa en casa de su hermano, ha decidido tumbarse sobre el sofá sin ganas de levantarse de ahí en un buen rato. Yamato, que lo ha visto y lo ha comparado con un cachorro triste ha decidido sentarse a su lado y tratar de ayudar a levantar el ánimo del jovencito. Patamon, quien sólo observa en silencio, agradece mentalmente ya no tener que ser solamente él quien lidie con el desastre emocional de Takeru.

—Deja de agobiarte, hermano. —le pide Yamato. —Hikari te ha pedido tiempo, ¿Qué importa? Es eso lo que te sobra justamente.

El muchacho de ojos azules suspira.

—Es sólo que pensé que Hikari me guardaría más cariño.

Patamon, quien no ha emitido palabra alguna, decide que es momento de hablar y hacerle ver a Takeru por qué su depresión está injustificada.

—La abandonaste para irte a otro continente y no volviste a buscarla en cinco años, creo que tenía derecho a superarte, T.K.

El aludido mira a Patamon sin poderse creer la frialdad con la que ha dicho aquello. Yamato asiente con calma.

—Tiene razón. —dice. —Ahora tendrás que demostrarle que no eres el mismo idiota de diecinueve años que se fue. Enséñale que te has convertido en un hombre maduro y responsable.

Takeru dice que sí con un movimiento de cabeza.

—Eso haré. —asegura.

—No te preocupes. —continúa Yamato. —Ella no ha cambiado, puedes volver a enamorarla.

— ¿En serio? —preguntan Takeru y Patamon al unísono, el primero con ilusión y el segundo con incredulidad.

—Bueno, sigue siendo una chica dulce. —opina Ishida. —Además tiene más de un año que no hemos visto que tenga ninguna relación. Ni siquiera breve. —añade Yamato. —Taichi habría mencionado algo, pero no. Hikari ha estado por largo tiempo sola.

T.K. aprieta los labios ya que el pensamiento de ver a Hikari con alguien más le pone ansioso.

—Si hay algo en lo que tienes razón es en que tengo tiempo. —dice Takeru. —Espero que sea suficiente para demostrarle que he cambiado.

Patamon se despide y va por algo de comer. Yamato ha puesto una expresión más seria.

—Hay otra cosa de la que quiero hablarte, Takeru. —dice él.

— ¿Qué pasa?

—Estuve hablando con Sora. —comienza su hermano mayor. —Sabes que los dos te queremos y estamos felices de tenerte aquí pero con el bebé y la boda creemos que sería bueno que comenzaras a buscar tu propio sitio para quedarte.

— ¿Me estás echando? —indaga ofendido.

—Claro que no, hermano. —replica Yamato. —Eres bienvenido aquí y no te tienes que ir de la noche a la mañana, pero tampoco te puedes quedar indefinidamente, ¿Sabes eso, no?

Takeru asiente.

—Claro que lo sé. —responde. —Lo entiendo completamente, Sora y tú ya tienen mucho sobre ustedes.

—Me alegra que lo entiendas. —agrega el rubio más grande. —Siempre puedes ir con mamá en caso de que las cosas no funcionen.

A Takeru, un joven que ha vivido lejos de casa desde los veinte años, la idea de volver a casa de su madre le parece completamente aberrante y eso demuestra su expresión porque Yamato se ha reído con ganas al verla.

—No quiero volver con mamá. —admite el joven a regañadientes. —No te preocupes por mí, buscaré un trabajo y me conseguiré mi propio lugar. Patamon y yo estaremos fuera de aquí tan pronto como podamos. —le regala una sonrisa para que note que no está molesto por la conversación.

—Gracias, hermano. —dice Yamato. —Sabía que entenderías.

De pronto un grito les saca de sus cavilaciones.

— ¡La comida está casi lista! —exclama Sora.

— ¡Y se ve deliciosa! —agrega Taichi, quien ha ayudado a la hora de cortar las cebollas.

—Anda, pon la mesa con Taichi. —le dice Yamato a Takeru. —Ayudaré a Sora a llevar todo.

El rubio asiente y camina hasta el comedor donde el moreno está colocando platos. Toma los cubiertos y servilletas de la cocina y comienza a ayudar.

—Hikari me contó lo que pasó. —habla de pronto el Yagami.

—Está bien. —responde. —Debí esperármelo…

Taichi sonríe.

—No te desanimes, Takeru. —le pide. —Sé que esto que te voy a decir es muy egoísta pero creo que debes oírlo.

El rubio mira a su amigo con atención.

—Mi hermana ha sufrido mucho. —dice Yagami. —Y creo que se merece a alguien como tú en su vida. Alguien que verdaderamente la vaya a hacer feliz.

— ¿En serio crees eso?

—En serio. —confirma Taichi. —Mira, Hikari no ha tenido una vida fácil la han herido muchas veces pero quisiera volver a verla sonreír como antes.

—Nada me gustaría más que hacerla reír. —habla Takaishi. —Gracias, Taichi.

—No me agradezcas, sólo no me defraudes.

Takeru sonríe.

—No lo haré.

Hikari suspira mientras siente la brisa en su rostro. Se siente frío cuando ésta golpea contra sus lágrimas aún húmedas. Se seca el rostro y cierra los ojos esperando que eso frene el incontenible llanto que hoy no puede acallar.

—¡Hikari!

Toma aire mientras camina más rápido. Ha reconocido la voz de inmediato pues se trata de Takeru, su mejor amigo y confidente más grande, sin embargo si hay algo que Takeru sabe es su vulnerabilidad y debilidad y sobre todo él no quiere que la vea así.

Se lo ha dicho en varias ocasiones, le ha recordado la importancia de que sea una chica fuerte. Una chica que no se esconda tras Taichi, Gatomon o tras él mismo.

Hikari quiere ser eso.

— ¡Kari, para por favor!

La castaña finalmente se detiene y le mira perpleja. Él le acaricia la mejilla y es obvio para ambos que algo anda mal.

—Takeru…

—¿Qué ha pasado? —pregunta el rubio. —Dime por favor que sucede.

—Está todo bien. —replica la chica de dieciséis años. —No te preocupes por mí.

Él la toma del brazo evitando que se aleje.

—Hikari, por favor. —le pide. —Sé que no te gusta preocupar a los demás, está en tu naturaleza, pero déjame ayudarte.

—No necesito tu ayuda Takeru.

— ¿Por qué me ocultas lo que te sucede?

—Porque no es tu problema. —corta ella con firmeza.

Esto al rubio le ha golpeado bastante, o eso parece por la expresión que ha puesto. Hikari puede ver en sus azules ojos la decepción.

— ¿Sabes? —habla Takaishi. —Desde que te conocí a los ocho años me pareció que tenías el corazón más grande de todos. Siempre haciendo sacrificios porque los demás estuviesen bien. Entregándote a Myotismon, ocultando una enfermedad de todos nosotros, negándote a soltar la mano de un niño a pesar de saber que caerías con él si no lo hacías…

—Takeru… —intenta hablar ella pero él se lo impide.

—Pero también fui capaz de ver el misterio que hay en ti. —agrega. —Nunca fuiste como nosotros, había un brillo especial rodeándote y ese brillo, esa luz que te caracteriza no ha desaparecido, Hikari. Es por eso que siempre tendrás el misterio y el misticismo a tu alrededor.

Ella parpadea y trata de contener nuevamente las ganas de llorar.

—Pero, ¿Quieres que te diga algo? Es por eso que me gustas tanto. —confiesa Takeru. —Eres luz, eres bondad, eres todo lo que siempre he querido, Kari. Sé que no quieres agobiarnos con tus problemas pero yo quiero que los compartas conmigo, quiero ser un soporte para ti. Quiero que me dejes cuidarte.

—Tengo que ser fuerte.

—Seamos fuertes juntos.

Ella lo mira, sus ojos cristalinos. Él la toma entre sus brazos sin dejarla replicar.

—Quiero que lo compartas todo conmigo, Hikari. —pide. —Quiero ser más que tu mejor amigo.

La toma de la barbilla y antes de que la Yagami pueda decir o hacer cualquier cosa el joven Takaishi se inclina y une sus labios con los de ella en el primero de los besos que se darían.

Hikari pega un salto cuando se lo encuentra parado frente a ella.

—Takeru. —dice. — ¿Qué haces aquí?

Se cuelga su bolso al hombro y lo mira confundida. Él le regala una sonrisa esplendorosa, lleva en las manos una caja de plástico pequeña y se encuentra parado justo a la salida del jardín de niños donde Hikari acababa de terminar su jornada laboral.

—Vine a traerle un regalo a una vieja amiga. —le extiende la caja y ella la toma dudosa.

Dentro se encuentra una rebanada de pastel de chocolate con frambuesa. Su favorito.

— ¿Sigue siendo tu preferido? —interroga Takeru.

—Sí.

—Me alegro.

Hikari, aunque no quiso hacerlo, termina por regalarle una sonrisa.

—Gracias, es muy lindo de tu parte.

—Sé que dijiste que sólo podías ofrecerme tu cordialidad. —habla el rubio. —Por eso estoy aquí, para demostrarte que yo también puedo ser cordial contigo.

La mujer asiente.

—Gracias por entender, Takeru.

Él asiente.

—Ahora Hikari, antes de que me sigas agradeciendo quería pedirte un favor. —habla.

— ¿Qué necesitas?

—Como podrás imaginarte mi hermano y Sora están muy ocupados y vueltos locos por lo que tengo que conseguir un trabajo y salir de su casa lo más pronto posible. —le relata Takaishi. —Sólo que pedir trabajo siempre me pone terriblemente nervioso y preferiría no hacerlo solo.

Ella frunce el cejo.

— ¿Quieres que yo te acompañe a buscar trabajo?

Takeru contesta afirmativamente.

—Por favor, no te quitaré demasiado tiempo y prometo invitarte una comida deliciosa.

Ella lo medita por largos instantes en los que Takeru siente que el corazón le va a estallar por los nervios. No sabe si Hikari va a decir que sí pero está seguro de que al menos el que lo esté considerando ya es una ganancia a comparación de lo que él creía que iba a suceder una vez que se lo pidiera.

Siente las manos sudarle y piensa que no había estado tan consternado desde que la había besado por primera vez a los dieciséis años.

—Bien. —termina accediendo la castaña. —Pero espero que esa comida deliciosa sea una gran hamburguesa.

Takeru se ríe.

—Lo que tú quieras, Kari.

Cuando iban saliendo finalmente por la puerta Takeru observa una escena que hace que sus palpitaciones se detengan por unos instantes. Una niña pequeña, de unos cuatro años de edad, ha corrido hacia Hikari y la ha abrazado con cariño. Ésta ha puesto en su rostro una expresión llena de ternura y amor que provoca que a Takeru casi se le salga el corazón por la garganta.

—Adiós maestra Yagami. —se despide la niña. —Hasta mañana.

—Hasta mañana, Reiko. —le dice Hikari. —Anda, vuelve con tu mamá.

— ¡Adiós! —repite la niña agitando su pequeña manita y corriendo de vuelta a su madre.

Hikari mira a Takeru con una sonrisa impresa en su bonito rostro.

—Eso ha sido adorable. —confiesa Takaishi.

—Trabajar con niños es realmente hermoso. —le comenta Kari. —Son encantadores.

—Puedo verlo. Me da gusto que seas feliz con lo que haces.

—Soy feliz. —dice ella. —No hay nada que desee más en la vida.

Takeru la mira fijamente.

— ¿Ni siquiera enamorarte de nuevo? —pregunta.

La cuestión parece haberla tomado por sorpresa pues Hikari enmarca las cejas al instante. Luego niega con la cabeza.

—No. —responde. —No quiero enamorarme otra vez.

Han dejado más de cinco solicitudes en distintos sitios de la ciudad que podrían necesitar un escritor. Hikari está cansada y hambrienta y Takeru igual. Finalmente descansan en un local de comida rápida donde la mujer pide la hamburguesa más grande del menú y él pide unas alitas picosas con una soda jumbo.

Takeru tiene que admitir que ha sido divertido pasar el día con Hikari. A pesar de que al principio se notaba cierta incomodidad de parte de ambos al final han terminado por tener una tarde entretenida en la que se han contado varios sucesos que han acontecido en los años que estuvieron separados.

Graduaciones, accidentes, noviazgos y otros han sido sus temas de conversación mientras recorrían Odaiba de pies a cabeza.

— ¿Puedo preguntarte algo? —indaga Takeru mientras esperan a que su comida llegue. Ella dice que sí. — ¿Por qué has accedido a acompañarme?

Hikari da un sorbo a su bebida antes de responder.

—Si soy sincera fue porque sentí que era algo que podía hacer por ti. —contesta. —Takeru, no soy tonta, recuerdo el maravilloso tiempo que pasamos juntos. Sabía que si iba contigo me divertiría y la pasaría bien. Sólo quería eso.

— ¿Pasar un buen rato?

—Así es.

—Entonces… ¿Crees que podríamos ser amigos, Kari? —cuestiona.

Ella frunce los labios.

—No lo sé. —admite Hikari. —Sinceramente no tengo idea.

Takeru se inclina sobre la mesa y a su vez sobre ella.

— ¿Por qué no me dejas ser por lo menos tu amigo de nuevo?

—Porque no te lo mereces.

El rubio se ha quedado sin palabras ante esto. Hikari, quien ha hablado decididamente parece no haber terminado por lo que el rubio espera a lo que sea que vaya a decirle preparándose mentalmente para ello.

—Takeru, me dejaste para irte a París. —recuerda la joven. —Sin siquiera avisármelo, todo fue completamente inesperado. —añade. —Pasé meses llorando por ti, despertándome a la mitad de la noche porque seguía soñando contigo, con que estabas aquí. Te fuiste a pesar de que había prometido que estarías a mi lado. Entiendo que tenías que tomar la oportunidad y no era yo nadie para impedírtelo, sin embargo me hubiera gustado que pidieras mi opinión, que no me dieras por sentado, que no tomaras decisiones por mí, que me hicieras sentir que era alguien importante en tu vida…

—Hikari…

—Déjame terminar. —pide la castaña. —Me rompiste el corazón y ahora crees que voy a dejar que lo arregles por mí. No, Takeru, mi corazón lo reparé yo sola hace bastante tiempo y no estoy dispuesta a dejar que te acerques a él otra vez, quizás ni siquiera como mi amigo.

T.K. se ha quedado completamente pasmado con estas palabras, sin embargo decide que no puede darse por vencido, ella debe al menos saber cómo se siente.

—Hikari, quiero pedirte perdón. —enuncia el rubio. —Lamento tanto haberte herido, nunca fue mi intención siempre fuiste lo más importante para mí lo último que quería era lastimarte.

—Lo sé, no tienes que disculparte.

—Quiero hacerlo. —retoma Takaishi. —Quiero pedirte perdón porque quiero que sepas que yo también pasé meses en vela pensando en ti, recordando tu aroma, tu voz, tu rostro, Kari toda tú estaba grabada en mi mente y a pesar de lo que haya parecido nunca te pude olvidar por completo.

Ella baja la mirada.

—Mírame. —le pide el joven de ojos azules. —Por favor, tienes que creerme cuando te digo que sigo sintiendo cosas por ti. Los años pasaron y nunca te he podido borrar por completo de mi cabeza, menos de mi corazón.

Ella lo toma de la mano con cariño.

—Takeru, no puedes decir que sigues sintiendo algo por mí, eso es ridículo.

—¿Por qué lo sería? —pregunta entristecido.

—Simplemente porque tú ya no me conoces. —dice la joven. —No soy la misma Hikari de hace cinco años, no soy la que tú conocías.

—¿No lo eres?

—Por supuesto que no. —confirma. —He cambiado.

—Dime en qué.

Hikari niega con la cabeza.

—No pienso decírtelo. —musita la Yagami. —Son cosas que no se pueden explicar, simplemente crecí, cambié, no puedes pensar que sigues enamorado de mí cuando yo ya ni siquiera soy la Hikari de la que te enamoraste en primer lugar.

Takeru suspira.

—Siempre has estado llena de misterios.

Ella lo único que puede hacer es sonreír.


Una disculpa por la tardanza, supongo que esta historia se me va a hacer cansina de tanto repetirla pero me robaron mi computadora y hasta ahora he podido comprarme una nueva, superar el bloqueo, el enfado y la depresión y ponerme a escribir.

Gracias por leer si por ahí existe algun alma que siga esta historia (una de mis favoritas, a decir verdad)

Un abrazo!