Capítulo 2
Con las mejillas encendidas y temblando como no lo había hecho nunca, Sakura guardó silencio.
—Si el matrimonio no se produce. Madrigal Court pasará a manos del primo tercero de Sakura, Sasori Akasuna —concluyó Donald Morton.
—¡Pero si mi abuela lo odiaba! —saltó Sakura.
Sasori era un constructor enriquecido con la especulación. Cuando Ayame había sabido que hacía averiguaciones sobre Madrigal Court con la intención de obtener permisos para su desarrollo urbanístico, había montado en cólera.
—Debo añadir que, aunque el señor Akasuna heredara la propiedad —continuó el abogado—, no podría venderla ni construir en ella hasta pasados cinco años.
El rostro de Sasukese endureció.
—¿Y si no aceptara las condiciones?
—La propiedad sería entregada al gobierno.
La señora Senju eliminó cualquier posible vacío legal.
Sasuke estaba furioso. Le costaba creer que una anciana fuera la primera persona capaz de acorralarlo. Se preguntó si Ayame conocería su situación y habría redactado el testamento sabiendo la presión que su pasado ejercía sobre él. Sin embargo, ésa era una posibilidad remota, pues se trataba de información confidencial.
Cuando el abogado pasó a enumerar las deudas en las que había incurrido la propiedad, Sakura palideció. Había pasado más de una noche en vela preguntándose cómo podría pagarlas, y hablar de ellas ante Sasuke Uchiha le resultaba humillante.
—¿No hay ninguna información para mí? —preguntó, vacilante y abatida al comprobar que su hermana Hana no era mencionada.
El abogado la miró por encima de las gafas.
—Hay una carta que deberá ser entregada tras la boda.
Puesto que la boda estaba descartada, Sakura sintió una espantosa desilusión. Por otro lado, nada le aseguraba que la carta incluyera información que pudiera ayudarla a encontrar a su hermana. Si el testamento ponía algo de manifiesto, era que el deseo de venganza de Ayame Senju estaba muy por encima de los lazos familiares. ¿Cómo había sido capaz de incluir una exigencia tan inconcebible como que dos desconocidos se casaran para heredar una casa? Como si SasukeUchiha fuera a estar tan desesperado por conseguir Madrigal Court como para doblegarse…
Fue él quien dio por concluida la reunión.
—Les agradeceré que me notifiquen su decisión en el plazo de una semana —dijo Morton casi como pidiendo disculpas.
Sasuke se puso en pie con elegancia.
—¿Sakura? Quiero que me enseñes la casa.
Sakura se tensó. ¿Cómo era capaz de exigir nada después de cómo la había tratado? Porque se trataba de una exigencia y no de una petición ¿Era tan arrogante que no conocía el significado de la palabra «educación»?
Verlo de esa manera atemperó su irritación.
—Lo siento, pero no es posible —dijo, cortante, sin molestarse en mirarlo a la cara, pero viendo la expresión de desmayo del abogado.
SasukeUchiha despertaba en ella una profunda animadversión que no tenía por qué disimular. Además, vivían en mundos diferentes y probablemente no volverían a coincidir.
—Yo nunca pido favores. Si me muestras la propiedad, pagaré las facturas del agua —dijo Sasuke con una inquietante calma.
Sakura no podía creer que fuera capaz de hacerle una oferta tan humillante, como si su tiempo y su aguante pudieran ser compradas con su repugnante dinero. Por otro lado, se trataba de una oferta tentadora y hasta podía ser considerada como una victoria parcial: hacerle pagar era como multarlo por su mal comportamiento.
—¿Todas las facturas? —preguntó Sakura con dignidad, ignorando la voz interior que le decía que un error no se corregía con otro.
—Sakura, no creo que… —Donald Morton, que recogía los documentos, estaba horrorizado con el cariz que estaba tomando la conversación.
—Sakura y yo nos entendemos perfectamente —interrumpió Sasuke—. Todas las facturas.
—Quiero ver el dinero… en metálico —dijo Sakura.
Los ojos de Sasuke brillaron con sorna.
—Y yo la factura.
—Ahora mismo —dijo Sakura con una envenenada dulzura, como si los deseos de Sasuke se hubieran convertido en órdenes que estuviera encantada de cumplir.
Satisfecho de que Sakura fuera a obedecer por el precio adecuado, Sasuke fue al vestíbulo y llamó a sus abogados. Mientras esperaba a que contestaran, pensó en Ayame Senju y en cómo el rencor le había hecho preferir morir arruinada antes que vender.
Aun estaba al teléfono cuando ino se le acercó y se abrazó a él. Sasuke se enfadó automáticamente, pues le gustaba que respetaran su espacio tanto en la cama como fuera de ella, pero fue capaz de disimular porque había recuperado la calma que le caracterizaba. Jamás se dejaba superar por las emociones. A los pocos segundos de enfrentarse a un reto, empezaba a maquinar cómo superarlo. En su vocabulario no existía la palabra «derrota» y sabía bien que el éxito tenía un coste. En definitiva, empezaba a tener claro que tendría que casarse con Sakura Haruno por más absurdo que pudiera parecer. No podía permitirse una espera de cinco años, e impugnar el testamento no conduciría a nada, excepto a más retrasos.
En cuanto a Sakura, estaba ahogada por las deudas y era tan avariciosa como todas las mujeres que conocía, con la ventaja de que era capaz de expresarlo abiertamente. Seguro que se casaría con él. La cuestión era si conocía de antemano el contenido del testamento, si habría conspirado con su abuela. No le costaría averiguarlo. Entretanto, también descubriría cómo era en la cama, y si su energía y fiero carácter se transformaban en pasión. Pasar algunos fines de semana en el campo, algo que siempre le había resultado terriblemente aburrido, podía adquirir un nuevo significado si incluían un componente sexual.
Sakura bajó las escaleras que conducían al sótano de dos en dos. Sasori iba a heredar Madrigal Court, y su abuela debía saber que ese iba a ser el resultado de su malévolo testamento. Claro que Ayame siempre había preferido a los hombres frente a las mujeres, y no perdía oportunidad de lamentarse por no tener descendencia masculina.
Sakura encontró a Tenten esperándola en la cocina.
—¿Y? —preguntó, nerviosa—. ¿Es Sasuke tan atractivo en persona como en las fotografías?
—Sasuke es tan atractivo como una serpiente de cascabel —dijo Sakura, evitando mencionar el apellido que pondría a Haddock en acción.
—sa…su…ke —dijo el loro, que adoraba aprender nuevas palabras.
Sakura rebuscó en el cajón de un viejo aparador.
—¿Qué estás buscando? —preguntó Tenten, desconcertada—. ¿Qué ha pasado con el testamento?
—Ahora no tengo tiempo de explicártelo. He accedido a enseñar la casa a Sasuke.
—¿Por qué?
—A cambio de que pague el agua —al ver que su amiga la miraba boquiabierta, Sakura se encogió de hombros—. Es un chulo y se ha ofrecido a pagar para humillarme y subrayar el hecho de que él es rico y yo pobre. Estaba tan furiosa que he accedido. ¿Por qué no?
Tenten estaba tan atónita que no supo qué decir.
Al llegar al vestíbulo, a Sakura le desagradó ver a la espectacular novia de Sasuke abrazada a él con una sensualidad que le resultó incómoda. Posaba las manos en su pecho y basculaba las caderas hacia su ingle en una pose obscena. Por un instante le resultó imposible apartar la mirada porque nunca había visto una mujer tan dispuesta a devorar a un hombre.
Sasuke, indiferente a la modelo rusa, recorrió a Sakura con la mirada. Sus ojos eran como dos focos verdes claro iluminados sobre su perfecta piel. Su cabello estaba despeinado y su ropa era absurda, pero nada de ello impedía que resultara una belleza. Ni siquiera la ropa de trabajo ocultaba la redondez de sus firmes senos o la femenina curva de sus caderas. Que tuviera aquel aire fresco después de trabajar en el que pronto sería su jardín le resultaba particularmente excitante.
La tensión que cargaba el aire desconcertó a Sakura. Notó la mirada del magnate griego desnudándola, y la reacción que sintió en su interior la desarmó. Ruborizada, desvió la mirada hacia su rubia acompañante, y vio que ella la observaba con aire asesino.
Sasuke la apartó a un lado.
—Ino, vete a dar una vuelta. Quiero hablar con la señorita Haruno en privado.
Sakura tomó aire y lo soltó lentamente. Estaba descubriendo que, a pesar de odiar a SasukeUchiha, estar con él le resultaba excitante.
—¿Es ésa la factura? —Sasuke señaló el papel arrugado que apretaba—. No necesito verla. Sólo bromeaba.
Le dio un fajo de billetes. Por un instante, Sakura los miró como si no supiera por qué se los daba. Palideció y estuvo a punto de perder su aplomo pues, una vez apaciguada, supo que no debía aceptar aquel dinero. Sin embargo, también sabía que cualquier intento que hiciera de devolverlo le haría resultar ridícula. Avergonzada, guardó los billetes en el bolsillo al tiempo que Sasuke hacia un gesto con la mano indicando que quería empezar el recorrido.
Durante un tiempo, Sakura había organizados visitas guiadas a la casa para conseguir algún ingreso, pero el progresivo deterioro y la carencia de medidas de seguridad le había llevado a cancelarlas.
Con una tensión que le hacía caminar con rigidez, se detuvo al pie de la escalera:
—Las tallas de la barandilla son…
—Ahórrate los comentarios turísticos —interrumpió SasukeUchiha—. Quiero ver lo mejor de la casa.
A Sakura le pareció vergonzoso que expresara tan abiertamente su total desinterés. Le lanzó una mirada de desaprobación de la que se arrepintió en cuanto sus ojos se encontraron con el firme mentón de Sasuke para, como si tuviera voluntad propia, ascender hasta encontrarse con sus sensuales labios, sus tallados pómulos y la negra densidad de sus pestañas. El enfado fue sustituido por un hormigueo en el estómago y por la piel de gallina. Los ojos de bronce de Sasukese clavaron en ella con una intensidad que le oprimió la garganta hasta casi ahogarla.
Retirando la mirada bruscamente, Sakura subió las escaleras con la adrenalina bombeándole la sangre.
—Esta es la gran galería.
Sasuke contempló la polvorienta sala rectangular que en el pasado había constituido una de las joyas de la casa. Las cortinas estaban rasgadas; los retratos de familia y el mobiliario habían sido vendidos hacía tiempo. Ese era un detalle sin importancia para Sasuke, que tenía un equipo trabajando desde hacia años en la localización y compra de todos esos objetos. Estudió el ornamentado techo y el viejo suelo de madera, ambos manchados por la humedad.
—Cuidado con dónde pisas. El piso puede ceder —le avisó Sakura.
—Parece que el testamento te ha sorprendido —dijo Sasuke con tono indiferente.
—¿Y a quién no? Me temo que mi abuela era muy particular y le encantaban los secretos —Sakura no tenía el menor interés en hablar del testamento con él. Todavía no entendía qué hacía allí.
Evitó mirarlo. Le desconcertaba y le avergonzaba a un mismo tiempo sentirse tan atraída por un hombre cuya amante le esperaba en el piso inferior. Pero no era su cerebro, sino su cuerpo, el que reaccionaba ante su presencia, y contra eso no podía hacer nada.
—Como sabes, hace tiempo que deseo poseer esta casa —comentó Sasuke.
Sakura abrió la puerta del final de la galería.
—Eres rico. Estoy seguro de que Sasori te la venderá en cuanto pueda.
El rostro de Sasuke se endureció.
—No puedo esperar cinco años.
—Me temo que no tienes otra opción —Sakura pensó que no le sentaría mal tener que espera a cumplir sus deseos. Además, tendría que convencer a su ambicioso primo para que renunciara a sus planes de desarrollo urbanístico.
—Claro que tenemos otra opción —dijo Sasuke, en el preciso momento en el que pisaba una madera podrida. Dejando escapar un juramento en griego, liberó su pie y dio un paso atrás.
—Ya te lo he advertido —dijo Sakura—. Hay un montón de agujeros en el suelo del piso de arriba, pero había conseguido mantener este suelo intacto.
Al recibir una crítica en lugar de una disculpa, Sasuke no supo si enfadarse o reír.
—¡Podría haberme hecho daño!
—Dudo que seas tan frágil, pero el techo que hay bajo este suelo es de un valor incalculable —dijo Sakura, airada.
Le mostró una selección de dormitorios revestidos de paneles de madera y las estropeadas habitaciones del piso bajo. Cuando Sakura se ofreció a enseñarle los terrenos, prefirió volver al salón.
—Tenemos que hablar del testamento —Sasuke tenía un único objetivo, conseguir que Sakura aceptara las condiciones del testamento y volver a Londres lo antes posible—. Quiero esta casa, y aunque no me guste ser chantajeado, estoy dispuesto a casarme para conseguirla.
Sakura lo miró boquiabierta. No había imaginado ni por un instante que un hombre del poder y la riqueza de SasukeUchiha estuviera dispuesto a casarse con una desconocida para hacerse con una casa. Después de todo, sólo necesitaba una espera de cinco años para poder comprarla.
—¡No puedes hablar en serio!
—Por supuesto que sí —dio Sasuke, cortante.
Sakura sacudió la cabeza. El movimiento hizo que su cabello se soltara y cayera sobre sus hombros en cascada. Continuó hablando mientras se peinaba con los dedos.
—No tiene ningún sentido.
Sasuke observó con sensual intensidad su denso cabello de rosas
—Para mí sí lo tiene —se limitó a decir.
Sakura fue hasta una ventana y se volvió lentamente. Nada de lo que había hecho Uchiha hasta el momento le parecía lógico.
—Podrías hablar con Sasori, o ver qué opinan los abogados. ¿Siendo rico, no hay maneras de arreglar algo así? ¿Por qué tienes tanta prisa? Sé que esta casa perteneció durante siglos a la familia de tu madre, pero no parece interesarte la historia. ¿Tanto te importa el vínculo familiar?
Sasuke enarcó una de sus cejas con gesto despectivo.
—Tengo mis razones, y son privadas.
Sakura lo miró con indignación.
—Sí, pero acabas de proponer que nos casemos como si no significara nada…
—En realidad, no significaría nada. Sólo necesitamos celebrar una discreta ceremonia civil —interrumpió Sasuke—. Es la forma más sencilla de poder hacerme con Madrigal Court. El edificio está en muy mal estado. Necesita ser restaurado cuanto antes.
Sakura intentó dominar la indignación de que expresara tan abiertamente su ansiedad por poseer la casa. ¿Es que no tenía la menor sensibilidad? Sakura había crecido con la triste historia de lo que sintió su madre al ser abandonada por Faguku Uchiha en el altar. Cuando Mebuki tomaba un par de copas, hablaba interminablemente de su destrozado corazón. Aunque se hubiera casado con otro hombre, Faguku había sido el amor de su vida. No conseguir olvidarlo ni resistirse a él había acabado por destrozar todas las relaciones que empezaba.
—No tiene sentido hablar de ello porque no estoy dispuesta a casarme ni por lo civil ni por la iglesia —declaró Sakura en tono solemne.
Sasuke la miró con ojos entornados y expresión inquisitiva.
—¿Por qué no?
—No me parecería bien —Sakura estaba decidida a preservar su dignidad antes que caer en el tipo de sentimentalismo que despertaría el desdén de Uchiha—. No podría.
—Estoy seguro de que sí —dijo él con tono sarcástico—. Las ventajas económicas de acceder a lo que pido serían muy considerables.
Sakura palideció. El fajo de billetes que tenía en el bolsillo le quemaba.
—Supongo que tengo merecido que me hagas esa oferta —sacó el dinero y lo dejó con decisión sobre una mesa—. Toma tu dinero y guárdatelo. De no haber querido ponerme a tu nivel antes, no lo habría aceptado. Puede que sea pobre, pero todavía sé distinguir lo que está bien de lo que está mal.
Sasuke le dedicó una sonrisa de hiena.
—Suenas como si fueras una niñita buena.
Sakura le dirigió una mirada incendiaria.
—Puede que suene infantil y simple, pero así es como quiero que sea mi vida. Puede que no siempre sea consecuente con mis principios, pero cuando cometo un error no me importa reconocerlo.
—Los principios están muy bien cuando uno puede permitírselos —el sarcasmo en la mirada de Sasuke contribuyó a enfurecer aún más a Sakura—. Pero si yo me voy, te quedarás sin la casa y con un montón de deudas. Acepta mis condiciones y el dinero dejará de ser un problema. Soy muy generoso con aquellos que acceden a mis deseos.
El panegírico a la honradez de Sakura dejaba a Sasuke indiferente. Estaba convencido de que no era más que un truco para elevar su precio. Que hubiera aceptado el dinero del agua sin pestañear le había dado toda la información que requería.
La furia de Sakura al ver que no aceptaba su negativa estalló como un geiser.
—¡Es una lástima que yo no tenga la menor intención de acceder a tus deseos!
Sasukela miró con expresión velada.
—Los dos sabemos que podría persuadirte muy fácilmente —dijo con una risita de suficiencia.
Sakura sintió una mezcla de ira y de vergüenza al darse cuenta de que incluso su insolencia le resultaba atractiva. La rabia le hizo hablar despectivamente.
—Te equivocas. No podrías convencerme porque detesto lo que representas, y porque no concibo la idea de casarme por interés.
—Deberías usar la cabeza —contraatacó Sasukecon frialdad—. El matrimonio no sería más que un acuerdo en beneficio mutuo. Tú necesitas dinero y yo quiero esta casa.
—¡Pero yo no quiero seguiros el juego ni a mi abuela ni a ti, y, lo creas o no, tampoco quiero tu dinero! —replicó Sakura—. No puedes sobornarme para que haga lo que quieres. Puede que tarde toda la vida en pagar las deudas, pero al menos podré mantener la cabeza bien alta porque, al contrario que tú, tengo principios.
Sasuke permanecía impertérrito.
—No permito que me insultes.
—No estoy insultándote. Me limito a observar que no pareces tener escrúpulos —dijo Sakura, vehemente—. Conseguir lo que deseas es lo único que te importa. Para algo eres un Uchiha.
—Y estoy orgulloso de serlo —Sasuke miró a Sakura en actitud retadora.
La tensión que se respiraba y la absoluta quietud de Sasuke dispararon el corazón de Sakura. Era un hombre de hierro, muy distinto a su menudo y encantador padre. Aquel pensamiento la hizo estremecerse. No tenía por qué dejarse manipular ni por su abuela ni por SasukeUchiha. Había actuado como una nieta leal, pero había llegado el momento de recuperar su libertad.
—No tenemos nada más de qué hablar —dijo, solemne, acercándose a la puerta y abriéndola para invitarle a salir.
—No me gusta que me hagan perder el tiempo —masculló Sasuke.
—Lo que no te gusta es la palabra «no» —dijo Sakura, convencida de que era una palabra que le convenía oír más a menudo.
—Estás en contra de mi familia.
—Un poco… Siento no poder evitarlo —dijo Sakura sin inmutarse.
—¿Cómo puedes consentir que algo que sucedió hace treinta años determine el presente? No tiene nada que ver con nosotros.
Enfurecida por haberle dejado un resquicio para convertirse en la voz de la cordura, Sakura apretó los dientes. Sasuke debía de preferir creer que su padre no había vuelto a ver a su madre después de dejarla plantada. O quizá ni siquiera sabía que su madre había sido la amante ocasional de su padre durante el resto de su vida. Fuera cual fuera la verdad, Sakura no estaba dispuesta a hablar sobre una realidad tan humillante.
Sasuke levantó su morena mano y metió lentamente una tarjeta de visita en el bolsillo del pecho de su camisa, esbozando una sonrisa que hizo que Sakura sintiera una contracción en el estómago.
—Aquí tienes mi número privado, pero te advierto que no voy a mejorar mi oferta.
—¡No pienso llamarte! —saltó Sakura.
Sasukele dedicó una mirada severa.
—Acudirás a mí —dijo con voz ronca.
Sakura se quedó sin alíenlo. Su piel cambió del frío al calor. Al verlo alejarse por el pasillo, se abrazó la cintura como si con ello pudiera defenderse de él.
«Ni hablar», habría querido gritar, «jamás iré en tu busca».
Pero la rabia que sentía la sacudía de tal manera que prefirió no replicar por temor a lo que pudiera decir. Después, al oír el helicóptero despegar, se dio cuenta de que estaba tan tensa que le dolía todo el cuerpo. Nunca habría imaginado que pudiera llegar a enfadarse hasta aquel punto. Hasta entonces siempre se había considerado una persona tranquila y tolerante.
Una hora más tarde, llegaba a la casa que Tenten alquilaba a los Uchiha. Su amiga estaba en la cocina, preparando una cena para su servicio de catering. Sakura, con los nervios a flor de piel, le contó lo sucedido. Tenten la escuchó atentamente y sus ojos marrones se fueron abriendo de perplejidad.
—¿Por qué puede estar un millonario tan desesperado por hacerse con Madrigal Court?
—Ni lo sé ni me importa.
—¿No será que ha descubierto que hay oro o petróleo en el subsuelo? ¿Y por que no? —dijo Tenten al ver la mirada de incredulidad de Sakura—. De hecho, el mes pasado vi a unos tipos haciendo una inspección de terreno al lado del jardín cercado, y creo que luego…
—¿Y por qué no me dijiste nada? —preguntó Sakura, preocupada.
—Asumí que trabajaban para los Uchiha y que sólo estaban husmeando. No quise preocuparte —se defendió Tenten.
—Lo siento —suspiró Sakura—. Estoy muy nerviosa.
—Está muy bien que quieras defender tus principios —dijo Tenten, dubitativa—, pero es una pena que pierdas la oportunidad de cancelar tus deudas y ganar la parte que te correspondería de la venta de la casa. Incluso podrías contratar a un detective para buscar a tu hermana; y aún te quedaría bastante como para invertirlo en el negocio de jardinería.
A medida que hablaba su amiga, Sakura había ido desinflándose. ¡Hana! ¿Cómo no se había dado cuenta de que a su hermana le correspondía también una parte de Madrigal Court, que cualquier decisión que tomara afectaría también a su futuro? Era una lástima que Ayame siempre hubiera mantenido una actitud tan distinta hacia Hana por ser hija ilegítima.
Cuando Sakura tenía dieciséis años, su madre había muerto en un accidente de tren y Ayame había ido a buscarlas a Escocia para llevarlas consigo a Madrigal Court. Dos días después, al volver del colegio, Sakura había descubierto que su hermana había desaparecido. Su desesperación dejó indiferente a su abuela.
—El padre de Hana ha venido a buscarla —explicó con frialdad—. Y así debe ser.
Sakura protestó.
—¿Cómo la ha localizado? ¡Ni siquiera yo sé quién es! Mamá nunca quiso hablar de él…
—El lugar de Hana está en otra parte. Ya no es tu responsabilidad, sino la de su padre. Tendrás que aceptarlo.
Sakura no había olvidado el dolor de aquella súbita y cruel separación de la niña a la que adoraba. Al principio, había creído que podrían permanecer en contacto por carta, pero al no haber ningún contacto, su abuela se había limitado a encogerse de hombros y a decir que no sabía nada de ella. Sakura, por su lado, estaba convencida de que le ocultaba algo.
Y de prontos se encontraba ante el dilema de tomar una decisión que podía afectar a Hana. Cuando finalmente la encontrara, ¿qué opinaría de que la hubiera dejado sin herencia? ¿La perdonaría?
—Puede que me haya precipitado al rechazar la oferta de Sasuke—masculló, abatida.
El orgullo le impedía ceder de inmediato por temor a ser considerada una mujer voluble. La perspectiva de acceder a un matrimonio de conveniencia con un hombre al que odiaba y despreciaba, le quitó el sueño aquella noche. Por eso fue aún más frustrante que el número que marcó, en lugar de ponerla en contacto directo, fuera el de un eficiente y protector ayudante que le informó de que Sasuke estaba en el extranjero al tiempo que le ofrecía una cita para la semana siguiente en Londres.
La curiosidad que Sakura sentía por la carta que le había dejado su abuela para el día de su boda fue en aumento. No podía dejar de pensar en las crípticas palabras que Ayame le había dirigido relativas a la casa y a su hermana. Por ella, al haberlo incluido en su testamento a sabiendas de cuánto deseaba adueñarse de la casa, SasukeUchiha había acudido a Madrigal Court. Y también había dicho que la propiedad podía hacer que Sakura cumpliera todos sus deseos. ¿Querría todo ello decir que si accedía a casarse con Uchiha, la carta le proporcionaría información sobre Hana?
Visto de esa manera, el matrimonio adquiría connotaciones mucho más importantes para ella y se convertía en un sacrificio más aceptable.
Después de todo, sólo representaba un vínculo temporal con un hombre al que despreciaba. Ni siquiera sería un matrimonio de verdad. De hecho, asumía que Sasukeseguiría dando rienda suelta a su activa libido mientras estuviera en Madrigal Court, y la casa se llenaría de bellezas depredadoras que actuarían de manera provocativa. Sakura se estremeció ante la perspectiva, y se consoló recordando que su dormitorio estaba en el ala opuesta de la casa y que pasaría la mayoría del tiempo en el jardín.
Las elucubraciones de Sakura fueron interrumpidas por una llamada de Donald Morton, que le pidió que acudiera a su oficina. Allí le explicó que había recibido una visita de los abogados de SasukeUchiha con un requisito formal para que dejara de utilizar el jardín cercado.
Sakura miró al hombre atónita.
—No entiendo…
—Me han notificado que hace doce años su abuelo vendió el jardín y los tres terrenos colindantes a un granjero. Su abuela no debía ser consciente de que el jardín estaba incluido en la venta.
Doce años atrás, ella ni siquiera vivía en Madrigal Court porque su madre seguía viva.
—Sabía que esos terrenos habían sido vendidos, pero no puedo creer que el jardín también.
—Yo no me ocupé del contrato, pero tengo los documentos y puedo asegurarle que así fue.
El abogado explicó que el hijo del granjero había pensado en abrir un negocio de jardinería y que, al morir inesperadamente, su padre no le había encontrado utilidad.
Sakura escuchó la explicación sin dar crédito a lo que oía. ¿Los Uchiha habían comprado las tierras al granjero hacía cuatro años y no se habían percatado de que el jardín formaba parte de la adquisición? Estaba aturdida.
—¿Quiere decir que llevo casi cinco años invadiendo una propiedad ajena, que SasukeUchiha es el dueño de mi jardín?
—Y de todo lo que haya en su interior.
Sakura, pálida, asintió como una marioneta mientras el abogado, al tiempo que le manifestaba su solidaridad, le advertía que no tenía nada que hacer.
Con la mente en blanco, Sakura fue directa al jardín… o lo intentó. Los Uchiha solían colocar unas verjas verdes para marcar sus terrenos, y una de ellas estaba siendo instalada en aquel instante al pie del camino de acceso al jardín. Sakura pasó junto a los trabajadores y bajó del coche al llegar al muro. Habían puesto un candado a la verja de hierro, prohibiéndole la entrada al jardín que representaba el fruto de sus sueños y esfuerzos en los últimos años.
Sintiendo que la sangre le hervía en las venas, pensó:
«Si me caso con Sasuke, lo mataré por hacerme esto», porque ni por un instante dudó de la identidad del culpable que la separaba de sus amadas plantas.
