Vitalidad II

Había pasado el tiempo, ya finalmente estaba la máquina de Bulma lista para darle la importante misión a su hijo. Entre tanto, la potente cultura de yadratina en un año ya había penetrado por completo el cuerpo de Seripa con nuevas subjetividades, conectores en su pensamiento que la llevaban a nuevas perspectivas conforme al cambio brusco de experiencias, pasando de ser puramente belicosas a construcciones estructurales del lenguaje que modificaron su ser. Al principio lo saboreó de forma amarga, se sentía intoxicada de la modalidad yadratista, pero no tenía a donde ir; la galaxia estaba sufriendo una transformación con el avance imperial de Freezer por la región, cualquier movimiento en falso y toda su sobrevivencia se tornaría un fracaso, ella no quería que la muerte de sus camaradas quedara en vano.

Salió de su habitación para charlar con los ancianos en el Salón de los Encuentros, allí estaban en una extraña meditación donde conectados entre sí debatían sin caer en las trampas lingüísticas que podían llevarlos a mirar el mundo desde lo dogmático, desde la lógica binaria. Gracias al uso alegre de estos seres conforme a sus potencialidades fue que lograron sus sociedades no-jerarquizadas, con ejercicios horizontales de poder político entre cuerpos pensantes, personas sintientes. Mónadas.

─¿Interrumpo algo?─ expresó Seripa al entrar sin avisar.
─No, tranquila, pasa Seripa─ resonaron las voces simbiotizadas de cada encapuchado dentro de su cabeza, parecían una única voz.

─Pues vengo a ustedes con descontento, necesito pedirles algo…─ continuó la saiyan.
─Sabemos a lo que vienes muchacha, te inquieta de forma persistente la muerte de tu gente, de tu pueblo, de tu planeta; pero yo te digo, la galaxia también es tuya, el universo es tu hogar; los habitantes del mismo son tu familia cuando sabes cómo componer con ellos, el tema está en experimentar─ salieron de sus posiciones para erguirse sobre el piso.

─Como sea, en mi tiempo aquí he aprendido algunas cosas de las cuales debería estar agradecida, las técnicas que me han enseñado por ejemplo, pero aún así son demasiado complejas de asimilar en poco tiempo, y no tengo toda la vida─ confesaba su postura ante los alienígenas de ojos saltones. Ellos comprendían la cultura saiyajin, si bien los yadrati en sus sociedades eran muy instrospectivos para experimentar y no tenían buena composición con el exterior a tal punto de salirse de los horizontes que su planeta les impone dentro de la atmósfera, los saiyan funcionaban como el opuesto pero en extremos donde se volvían peligrosos, demasiado militares para sus consignas guerreras.
─Lo entendemos, y es por eso que hemos preparado una capsula espacial para que puedas viajar─ agregó sonriente el pequeño anciano, de todos modos su proyecto grupal había finalizado; en poco más de un año habían logrado lo más complejo como grupos de individuos, flexibilizar los mecanismos mentales de una persona de "raza guerrera". Habían logrado responder a sus propias dudas y ahora lo entendían mejor, no hay tal cosa como "raza guerrera" sino "culturas guerreras". Fue cuestión de cambiar las condiciones de vida de su sujeto de pruebas, Seripa, para que ella entre nuevos entramados discursivos pudiese hallarse en otra forma dentro de la realidad ¿Pero podría ella construir su realidad o quedaría atrapada en las tristezas de anhelar venganza? Un año no fue suficiente para obrar con la saiyan en sus mundos internos, pero la impaciencia le ganó y nada podían hacer para detenerla. Era hora de esperar que de la semilla floreciera la rosa por su cuenta, que superara las dificultades con sus propias espinas.
─Debo reconocer que han sido más inteligentes de lo que creí al principio, cuando llegué aquí, siento como que fue ayer; pero en fin, es mi momento de partir, hay cosas que sólo por mi cuenta voy a solucionar─ expresó en tono de agradecimiento, ella tenía sus propias necesidades y esperaba satisfacerlas, ese mundo no era suficiente para lograrlo.

─Excelente pues─ dijo el segundo más cercano a ella acercándose con una bola metálica en las manos ─Para tu viaje tenemos un obsequio más para darte, Seripa, éste es Rizomo y te acompañará en tu aventura─ añadió presionando un botón para que la esfera se partiera en dos y revelara dentro de ella una criatura completamente negra, con cuatro ojos y seis tentáculos ─Te será de mucha ayuda.
─Bueno, gracias─ enunció la joven sin saber qué decir algo sonrojada.

A tanto, en el futuro Trunks ya se estaba despidiendo de su madre, moviendo su mano desde adentro de la máquina del tiempo él desapareció frente a la científica.
─Cuento contigo Trunks─ dijo por lo bajo dejando salir un suspiro. Se quitó sus goggles y soltando su pelo abandonó el laboratorio subterráneo para dar con los escalones que la llevarían a la morada que montó para vivir refugiada de los posibles ataques de los androides. Llegó al baño, se quitó la ropa y se dispuso a calentar el agua de la ducha. Se miró al espejo con un dejo de tristeza, recordó la niña tonta que había sido en el pasado, con todas las ingenuidades y prejuicios de aquellos años. ─De haber sido más astuta hubiese aprovechado la tecnología de Gero para construir herramientas más poderosas para vencer a los androides─ pensó ─¡Qué ciega fui! Confiar en un montón de peleadores expertos en artes marciales… Eran buenas personas pero… Vaya, podría haber dado más de mí y no prescindir de la testosterona de un grupo de superhombres─ se metió en la ducha ni bien el vapor comenzó a emerger entre las cortinas blancas.─Jéhj… "Guerreros Z" sí claro, se tomaban todo a la ligera, y yo me dejé llevar por esas tonterías, tan confiada. Tan inmadura.

Bulma había olvidado alejar el rastreador del laboratorio para cuando la máquina fuese encendida, los campos electromagnéticos de la misma habían encendido el mismo desconfigurándolo en el proceso. Parecía un dato irrisorio de considerar, pero ese simple suceso comenzó a desencadenar en un potencial peligro, algo que había soñado en pesadillas más de una vez.

─¿Notas esa frecuencia Número 18?─ dijo el androide 17 a su hermana ─Parece venir de esa dirección como una débil señal ¿Qué será?
─No lo sé Número 17, pero aquí ya están todos muertos y estoy aburrida de esta zona, vamos a investigar, así haremos algo diferente ¿No quieres?─ contesta la rubia.
─Tienes razón, matar es divertido y destruir lo es más pero, podemos probar otras cosas antes de que anochezca.

La hermosa científica sale del baño con una toalla vistiendo su cuerpo, aún mojada del baño. Mucho vapor salía hacia el corredor y caminó hasta su cama, allí había dejado ropa limpia y cómoda para cuando fuese su tiempo de descanso. A su lado había un libro y una lata de choclo abierta a medio comer, los recuerdos de las prestigiosas comidas a las que podía acudir cuando era millonaria eran una tortura; en su actualidad solo se alimentaba con comida enlatada. La comida le recordaba a Vegeta, "ese hombre era todo un glotón" pensaba a tanto una lágrima afloraba de su ojo, pero ella creía que ser fuerte era contenerse y la mayor parte del tiempo lo hacía, impidiéndose llorar.
─Creo que leeré algo hasta dormirme, tanto trabajo ya me dejó muerta─ se dijo a solas cuando ¡Boom! Una explosión sobre el techo de su guarida revela problemas graves. Sólo vestida con su ropa interior corrió hacia la "habitación del pánico" donde pretendía dejar activos todos los protocolos defensivos de las instalaciones, si lo lograba podría escapar.

Acelerando sus pasos por el corredor chocó contra la letal rubia genocida. Era cosa de una pesadilla haciéndose realidad…
─Mira esto 17, una mujer vieja vestida como estrella del porno─ comentó la asesina al verla caer sentada sobre una alfombra. Bulma no gritó, no era tan asustadiza como antes y sin dejarse atemorizar se puso de pie para lanzarse por un ducto para la basura. Aterrizó sobre un montón de bolsas y no llegó a pasar un segundo que la pared detrás de ella se derrumbó como si fuera de galleta, dejándole ver entre el polvo a la misma androide que había dado con ella bastante de casualidad.

Número 18 patea el contenedor de basura provocando que la científica descienda como por un tobogán de bolsas negras. Sobre la basura desparramada fue tomada del cuello la valiente mujer, la sintética criatura le sonrió apretándole el cuello lo suficiente como para causarle aflicción, no la deseaba matar tan rápido.
─Espera Número 18─ se asoma el hermano de la rubia por entre los escombros ─La computadora del Dr. Gero me indica que esta mujer es Bulma, amiga de Goku─ le informa.
─Oye, es cierto 17, ¿qué quieres hacer con ella?

─¡Déjenme malditos androides! Ya mataron a todos ¡¿Por qué no se van de la Tierra y nos dejan en paz!?─ se quejó Bulma impidiendo quebrarse emocionalmente.
─Oye ¿qué dices si fuiste tú la que nos llamó para jugar un rato, o no? Mira que sexy te has puesto Bulma, ¿es porque venía yo, cieto? A lo mejor quieres jugar de una manera especial conmigo─ le dice el androide 17 desabrochando el cinturón de sus pantalones.
─¡Nooo ¿qué pretendes, maldito?! ─ se comienza a perturbar por demás la calma de la mujer imaginando lo que le esperaba.

─Oye 17, ¿no me dirás que te gusta esta vieja para eso, no?─ replica Dieciocho.
─Es vieja pero tiene muy buen cuerpo para su edad ¿no lo piensas? Además es otra forma de torturar gente hermana─ se justifica él.
─No es justo, sólo te divertirás tú, Diecisiete; pero ni modo, me interesa ver qué planeas─ dijo la rubia soltando a Bulma sobre un colchón desechable, ella tosió esforzándose por respirar normalmente.
─Oye, espera Dieciocho, ¿planeas verme desnudo follando?─ se da cuenta él de lo que implicaba ese contexto.
─Pues no pienso unirme por ahora, pero al ritmo que vamos con los humanos pronto seremos los únicos seres de pie en este mundo, al menos quiero ver qué tienes.─ le especifica a su par tomando al unísono la cabellera de Bulma quien al parecer justo estaba por volver a intentar una huida.
─Vaya que eso sonó raro para ser mi hermana, Número 18, pero bueno, tiene sentido─ dijo él virando su mirada hacia su víctima para romperle una costilla con su puño ─Tú mejor cállate Bulma, gimoteas demasiado y ya me comienzas a fastidiar con tus patéticos movimientos; a partir de hoy serás mi perra ¿qué tal?─ le insulta con tono burlón el despiadado androide viéndola doblarse de dolor con sus manos sobando sus costillas.