Confesiones erróneas.
Advertencias: Shonen Ai. Angustia, drama, romance entre líneas.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn!, no es mío es Amano Akira.
Capítulo 3 — "¡Hibari, no me iré de aquí! ¿Me oyes? ¡Ven aquí, maldición!".
Sigue lloviendo. No ha dejado de llover desde hace un rato, y tal parece que la lluvia no se irá hasta muy entrada la noche pero a ellos… el clima no les interesa, es lo de menos en estos momentos de tensión e incertidumbre entre los dos.
—¡Hi…bari! —Gokudera sigue en el suelo completamente empapado y en shock, mirando fijamente al prefecto que impide que se levante o mueva siquiera al seguir presionando con fuerza su pecho con su pie.
—Cállate —Sentencia éste, sin la intención de retirar su pie o dejarlo de fulminar con la mirada.
Lo odia.
Odia a Gokudera Hayato y "quiere morderlo hasta la muerte". No está satisfecho con las heridas superficiales que le ha hecho, no aún… quiere morderlo más, lastimarlo y hacerlo sangrar. Hacer que grite, que suplique y pida perdón como lo que es, un patético herbívoro que se ha metido en su camino y lo ha dejado esperando como un idiota por horas.
Hayato trata de removerse, de tratar de ponerse de pie pero no puede.
—No pensé… —dice entonces, sin dejar de fruncir el ceño o gritarle—. ¡No pensé que hablarás en serio! ¡Qué estarías siquiera...!
El golpe de una de sus tonfas sobre su mejilla impide que termine su oración y baje su cabeza. La sangre de su labio no se hace esperar y termina mezclándose con las gotas de lluvia que caen del cielo o sus propios cabellos.
"¡Mal…dito!". —Lo mira con enojo, pero no hace más. Sabe que Hibari está realmente con él.
—Dije que te callaras. ¿Qué no entiendes, estúpido herbívoro?
La lluvia se precipita ante ellos con más fuerza y un rayo surca veloz el cielo nublado para luego hacerse notar con un sonoro estruendo que opaca cualquier sonido alrededor.
La tensión sigue entre ellos aunque ninguno de los dos dice nada. Se mantienen un par de segundos, o minutos más —¿acaso alguien los cuenta? ¿O importa?— en silencio y en la misma posición en la que están.
Kyoya sigue mirando fijamente al herbívoro, y el de ojos verdes dándole vueltas en su cabeza a aquello que atrajo su atención cuando decidió cruzar la calle para comprobarlo. Y es que por más que lo piensa, no lo entiende. Sigue sin comprender cómo es posible que Hibari siguiera ahí dos horas y media después, esperándolo.
¡Aquello no podía ser!
Estaba claro que él no iría a la "cita", aquello era una broma, uno de los retorcidos juegos de Hibari al aceptar pero resultaba que no era así. Es la única explicación que encuentra al ver al prefecto en el lugar acordado y completamente empapado tanto tiempo después.
Razonable que en cuanto lo vio le gritara un "¡Estúpido, herbívoro!" lanzándose contra él con sus tonfas listas para "morderlo hasta la muerte". Él, apenas y pudo reaccionar —verlo en ese estado, mojado y su cuerpo tiritando de frío contra su voluntad— fue algo que lo impacto de sobremanera, lo que le impidió reaccionar a tiempo. Ni siquiera su "¡Hibari, espera!" lo ayudó a ganar algo de tiempo.
Sólo pudo retroceder un par de pasos, soltar el paraguas que llevaba en una mano y en la otra, la bolsa de comida que acababa de comprar en el minisúper siendo precisamente esa la razón por la que salió de su casa al prometérselo a su Décimo por teléfono media hora atrás.
No obstante, aquello fue inútil. El de cabellos negros estaba furioso, no quería escuchar sus razones y sólo quería morderlo, nada más.
"¡Cállate!". —Le decía repetidamente, sin dejar de atacarlo, de golpearlo.
Y como él simplemente retrocedía y no podía usar su dinamita pues aún seguía lloviendo, trataba de esquivar o bloquear sus golpes pero no era tan fácil. Las cosas se le dificultaron al no ver hacia dónde retrocedía, la velocidad y fuerza con la que el Guardián lo atacaba y para rematar, que al estar mojado el suelo se volvía más resbaladizo por lo que cayó segundos después, terminando de empaparse por completo pero eso era lo de menos.
Hibari por supuesto no desaprovecho esa oportunidad para morderlo un par de veces y dejarlos en la situación en la que estaban actualmente, aunque no parecía satisfecho.
¿Cómo estarlo, si el maldito herbívoro había herido una parte de su orgullo y lo peor de todo es que él mismo lo había permitido?
—¡Y-Ya basta, Hibari! —Le dice de forma entrecortada, tratando de controlar el dolor que siente por todo su cuerpo.
No, aún no bastaba.
—¡Déjame en paz... de una maldita vez! —Logra quitar su pie de encima, consiguiendo incorporarse para luego levantarse tambaleante. Su respiración está agitada y tiene que sostenerse un costado de su abdomen porque duele.
Y la lluvia, todavía le impide por momentos verlo con claridad. Todo está en su contra.
—¿Qué diablos...? ¡¿Qué diablos te pasa, bastardo?!
Hn. ¿Que qué le pasa? ¿Qué pregunta absurda es esa?
Es claro que está molesto. Está furioso tanto con el herbívoro como con él mismo.
Hibari Kyoya no es idiota, pero hoy ha actuado como uno, como un patético herbívoro. No puede creer que siguiera ahí esperando a Gokudera Hayato a tal punto que su cuerpo se entumeciera y comenzara a temblar debido al frío. Estaba empapado de la cabeza hasta los pies, el tiempo seguía pasando, la lluvia se transformaba en tormenta y él aun así no se movió ni un centímetro de su sitio.
Era una mezcla de terquedad, ironía y orgullo. Él sabía perfectamente que el herbívoro no iba a venir, se convenció de eso quince minutos después de la hora establecida cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. Era de esperarse… el herbívoro quería a Sawada Tsunayoshi, su preciado y amado "Décimo", como él lo llamaba siempre. Lo sabía y aun así decidió aceptar su propuesta porque parecía divertido. Porque ver la expresión que puso en cuanto se dio cuenta de que era él y no el herbívoro al que se había declarado, aquello no tuvo precio.
Y ahora, quien lo pagaba con un golpe a su orgullo era él.
Hibari no acepta citas ni declaraciones de nadie, pero está vez hizo una excepción, siendo el más grande error que ha cometido en su vida… por eso es que no lo puede dejar pasar simplemente así.
Eso, y que la derrota contra aquel patético herbívoro, Sawada Tsunayoshi es inminente. Eso es lo que más lo enfurece, pero no se lo puede decir a Gokudera Hayato. Él no se anda con sentimentalismos y mucho menos por él.
Aun así, no lo puede olvidar. Quizá por eso, es que termina diciéndolo.
—Claro... —Una media sonrisa curva sus labios, ocultando su mirada tras sus cabellos mojados—. No hubiera sido el herbívoro de Sawada Tsunayoshi porque hasta una hora antes hubieras llegado, ¿cierto?
Eso es lo que no le perdona, lo que lo enfurece tanto.
—¿Qué? —Escuchar el nombre de su Décimo lo descoloca un poco.
Hibari ni nadie más lo sabe, pero esa tarde cuando su capo le llamó, no sólo le hizo ver que estaba muy preocupado por él sino que también le dijo esas palabras que terminaron por confirmarle que jamás podría corresponder sus sentimientos así se los diga de la forma más sincera y romántica que se le ocurriera.
"Me preocupo por ti Gokudera-kun, porque eres un importante amigo para mí".
—Él no tiene… —Avanza un paso y luego otro para tomarlo de la playera mojada que lleva. Está molesto—. ¡Él no tiene nada que ver con esto! ¿Lo entiendes?
—Da igual, no me interesa —entrecierra sus ojos y presiona con fuerza su muñeca para hacer que lo suelte—. Quédate con ese patético herbívoro, no es mi problema. —Se da la vuelta, dejándolo atrás.
—¡Hibari, esto aún no ha terminado! —Lo retiene del hombro pues las cosas no pueden quedar así. Tiene varias cosas que aclararle, otras que preguntarle y unas más que reclamarle.
—¡No me toques, herbívoro! —Aparta con brusquedad su mano y lo fulmina una vez más con la mirada—. Seré claro contigo… no quiero volver a verte. Así que no te vuelvas a parar en mi escuela o está vez sí te morderé hasta la muerte. ¿Lo entiendes?
—¿Qué? —No, por supuesto que no lo entiende—. ¿De qué diablos estás…?
Hibari lo interrumpe antes de irse.
—Una cosa más... —agrega—. Lo de hoy… jamás pasó.
—¡Hiba...! —Sin decir o escuchar algo más se da la vuelta y cruza con prisa la calle. Hayato se queda en el mismo lugar, gruñendo molesto por lo bajo—. ¡Ese idiota!
Su día, no ha hecho más que empeorar.
Por eso es que no quería levantarse de la cama en todo el día, pero su capo fue el que lo hizo cambiar de opinión —como siempre— y lo hizo, para no preocuparlo más.
—Décimo…
Sólo que Tsuna no está ahí y nunca lo estaría como él quisiera, como él necesitaba.
Alza su vista, y deja que las gotas de lluvia mojen por completo su rostro. Ojalá que éstas pudieran llevarse el desamor y la pena que le causaba el querer de aquella forma no correspondida al castaño.
Pero nada ni nadie lo pueden ayudar. Lo sabe, y es lo que más le duele. Más, que los golpes de Hibari.
.::.
A la mañana siguiente, Gokudera se levanta tarde pero aun así se alista para ir a la escuela. Es obvio que ya no alcanzó a pasar por su Décimo pero aun así pasa por afuera de su casa y el trayecto hasta la escuela se la pasa pensando en él y en todo lo acontecido ayer; momentáneamente piensa en Hibari pero ignora eso.
Hoy, el cielo está nublado y quizá vuelva a llover por la tarde. Pobrablemente sea por la estación en la que están: verano.
Cuando llega a la escuela se queda en blanco un par de segundos al mirar lo que tiene enfrente. Ha llegado cinco minutos tardes y la reja de la escuela ya está cerrada o mejor dicho, los miembros del Comité de Disciplina la han cerrado en cuando vieron que él estaba por entrar.
—¿Qué diablos...?
—Gokudera Hayato —Es Kusakabe Tetsuya quien le habla del otro lado—. Desde este día estás oficialmente suspendido indefinidamente de la escuela.
—¡¿Qué?!
El vicepresidente del Comité de Disciplina le entrega una hoja donde explica el motivo de su suspensión debido a las normas que ha roto desde que ha llegado a la secundaria Namimori.
—¡¿Qué mierda es esto?! —Reclama, porque aquello parece una broma—. "¿Gritarle a todo el mundo? ¿Cometer actos terroristas? ¿Poner en peligro y ser una amenaza para la estructura de la escuela?". ¿Quién diablos ha autorizado esta tonte...?. —Sus palabras quedan inconclusas al alzar su vista y ver en la ventana de la oficina del Comité de Disciplina a Hibari Kyoya observando la escena.
Por supuesto, ha sido él. ¿Quién más?
—¡Hibari! —Le grita molesto—. ¡¿Qué diablos es esto?! ¿Tú lo hiciste, cierto? ¡Ven aquí y arreglemos esto así sea a la fuerza! ¿Quieres morderme? ¡Al menos hazlo en persona, bastardo! ¡Me oyes, ven aquí, maldición! —Saca algunas bombas y está a punto de lanzarlas cuando los otros reaccionan.
—¡No dejen que las encienda! —Ordena Kusakabe, saliendo algunos de ellos para tratar de detenerlo.
—¡Bastardos, qué creen que están haciendo, suéltenme!
Ellos forcejean con la Tormenta, mientras un neutro prefecto observa todo desde la distancia. Se da la vuelta y se da un leve masaje en la sien mientras se sienta en su silla pues le duele la cabeza. Eso, y que se siente un poco cansado y su garganta también le duele. Tiene sueño.
—¡Hibari, no me iré de aquí! ¿Me oyes? ¡Ven aquí, maldición!
Pese a estar alejado de la venta aún logra escuchar gritar al herbívoro, más lo ignora.
Él hablaba en serio. Si Gokudera Hayato vuelve a poner un pie en su amada escuela lo pagará muy caro, esto no es un juego. Dejó de serlo desde que pudo afectarlo de aquella forma. Él, no tiene puntos débiles y tampoco va a dejar que se desarrollen. Es un carnívoro, no es como él. Son muy diferentes.
—¡Hibari!
El prefecto se levanta mejor de su silla y sale de su oficina. No quiere seguir escuchándolo, se va mejor a la azotea donde espera que el viento y una buena siesta ayuden a su estado.
Aunque cada vez se siente peor y más débil. Lo odia, tal parece que se está enfermando y no quiere. La culpa por supuesto, es de Gokudera Hayato y eso lo hace molestar más.
Continuará…
Por fin el capítulo 3, disculpen la tardanza.
Entre la escuela, las diferentes versiones que tenía de éste capítulo —en serio, tengo partes eliminadas de la historia— estaba más que perdida de cómo continuarlo pero al final me decidí por ésta.
En efecto, Gokudera terminó yendo al lugar de encuentro muchas horas después aunque no era su intención hacerlo —Tsuna tuvo que ver con esto, que sino... nuestro italiano ni se presenta—. Hibari lo mordió un poco, aunque más que nada ahora trata de alejarse de él al ver lo que el herbívoro lo puede orillar a hacer. Supongo que aún no es consciente de lo que pasa.
Y sí... tal parece que pescó un resfriado, ¿pero quién sabe?
Como siempre, agradeciendo sus hermosos comentarios y agradeciendo infinitamente a CielHibird29, Krovavoe Zatmenie Luny, Bojik Ivanov, Mimichibi-Diethel & Radda Kazan.
La actualización en cuanto pueda, y espero que la espera no sea tan larga. Nos vemos pronto ;)
