Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Aquí el tercer capítulo, espero les agrade. Besitos para todos!
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime
Advertencias: Ninguna, es un capítulo bastante neutral, creo que lo van a disfrutar. Aguante Oliver!
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"Los hombre prefieren pagar un perjuicio a un beneficio,
porque la gratitud es una carga,
y la venganza es un placer."
Tácito
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Luego del sentido beso, Levi se separó un poco y le sonrió suavemente. Eren tenía la nariz fría y estaba un poco sorprendido.
—¿Lo dices en serio, Levi? Me… ¿me darás otra oportunidad?
—Claro que sí —El joven se alejó para sentarse a su lado y agarrar de nuevo su taza—. Lo has hecho bien estos días. Y si los dos sentimos lo mismo… Creo que es posible que te dé una última chance… No sabía que tus sentimientos por mí fueran tan profundos.
—¡Lo son! ¡Realmente lo son! —Dijo Eren acercándose y tratando de enfatizar su punto—. Lo siento, estoy muy, muy asombrado. Es decir… yo creí… no pensé que me aceptarías tan rápido, mejor dicho, no creí que aceptarías.
—¿Quieres que te rechace?
—¡No, no, no! Está bien, está perfecto. ¡Joder! Siento que mi corazón está corriendo una maratón aquí dentro —dijo poniendo la mano sobre ese sector, Levi lo miró de reojo y bebió de su taza.
Eren suspiró y acercándose despacio, lo besó otra vez con más ganas. No notó que cambiara en absoluto la expresión de Levi, más no le dio importancia, lo abrazó con cuidado para que el café no se derramara y le susurró sobre el cuello.
—Estoy muy feliz, de verdad. Haré que valga la pena, ya lo verás, Levi.
—Lo sé, estoy seguro que valdrá completamente la pena.
Se quedaron al menos un hora más. Estaba en verdad helado, pero el paisaje y la compañía lo ameritaban. Levi los envolvió en una brazada, porque a pesar de llevar las camperas, en ese paraje no había nada que pudiera contener el viento y lo mucho que estaba corriendo. Eren tenía de la cintura al otro que apoyaba su cabeza en su hombro.
—Nunca conocí un lugar como éste. La casa de mis abuelos era muy linda, pero el paisaje era muy diferente.
—¿Dónde viven ellos?
—Vivían, en San Carlos, cerca de Cafayate. Hace un calor de muerte casi todo el año. Tenían viñedos. Fueran de las plantaciones la tierra es de color roja, es mucho más árido, y no hay casi vegetación, es bastante desértico. De hecho existes *dunas gigantes de arena que se mueven de una zona a otra ayudadas por el viento… Bueno, ellos tenían bodegas. Amaba ese lugar.
—¿Y qué sucedió?
—Pasó que murió mi abuelo y sus hijos vendieron todo. Nunca lo entendí, ni siquiera fue un buen negocio, es decir, se vendió por mucho dinero, pero la bodega producía grandes ganancias, hubiera sido más lógico conservarla.
—¿Qué vino producían?
—De todo un poco, cabernet sauvignon, torrontés, espumantes, merlot, en fin, había cerca de doce variedades. La marca comercial era "La Amurallada", ahora los nuevos dueños la han renombrado "Maria y la Rosa".
—Oh, los conozco, son muy buenos.
—Sí, lo son. Yo no quería que vendieran la finca. Le rogué a mi madre, hasta incluso lloré a sus pies. Pero ella… nunca tuvo demasiado en cuenta mis pensamientos. Además sus otros dos hermanos estaban necesitando el dinero. Personalmente creo que mataron a la gallina de los huevos de oro. Como sea, trajeron a mi abuela a la ciudad. Ahora vive con uno de mis tíos. La visito todas las semanas, un rato. Es muy triste, desde que mi abuelo murió y se vendió la finca, es como si se marchitara día a día… Y a nadie le importa un comino —Suspiró y apoyó su mentón en la cabeza de Levi.
—¿No te llevas bien con tu mamá?
—No es eso… Sucede que… ella me ignora. No fui un hijo deseado. Es algo complicado. Ella se estaba por casar con un gerente de banco, un hombre un poco más grande que ella. Parece que estaba enamorada, eso dijo. El problema es que mi padre, el ahora Doctor Jaeger, se entrometió en su camino, y bueno. Quedó embarazada de mí. Después de dos intentos de abortar, no quedó otra que llegar a término el embarazo. Ella dice que… fui su peor accidente.
—Eren, accidente es algo que no se hace a propósito y sale mal. No es como si tu madre hubiera sido violada, sé que no soy nadie para opinar, pero me parece que ella se desliga de su responsabilidad. Ella eligió estar con tu padre.
—Supongo… Al final, terminé en casa de mis abuelos. Cuando cumplí los cuatro años, ella me buscó y me trajo a la ciudad. Como sea, está casada con un político ahora, le va bien, es empresaria. Pero no está casi nunca en casa.
—Eso explica la cantidad de fiestas y los trasnoches que puedes hacer.
—Pfff, en parte. En realidad solo lo hago por molestar, le molesta mi estilo de vida. Ahora se está alquilando un departamento en el centro de la ciudad, así que tampoco es como si nos viéramos mucho. No soy un "tiro al aire", como ella cree. Sacaré mi título y se lo demostraré.
—¿Sólo lo haces por ella?
—No, claro que no. También lo hago por mí, y por mi abuela, se lo prometí.
—¿Y por qué elegiste Letras?
—Bueno, esa una historia interesante. Cuando conocí a mi padre, a eso de los diez años, me llevó unos días a su casa. Me instalé en su enorme biblioteca y me enamoré de ella.
—¿Lo conociste y te fuiste a su casa, así sin más?
—Sí, mi madre creo que siempre mantuvo la esperanza de que yo me fuera definitivamente con él, y aunque me lo propuso, es un departamento donde no se pueden hacer fiestas, así que no.
—¿Sólo porque no puedes hacer fiestas?
Eren se quedó en silencio unos momentos, Levi se alejó un poco para mirarlo.
—Si me voy con mi padre… estoy seguro que no la veré nunca más. Ella va a borrarme de su vida. Siempre quiso hacerlo. De alguna manera yo no quiero… darme por vencido. Quiero que sepa que estaré en casa esperándola, por eso ella siempre va de vez en cuando, una o dos veces a la semana, entonces puedo verla. Estaba bastante contenta con mi rendimiento en la universidad este año, creyó que no duraría ni un mes. Eso me sorprendió, parece que al menos en eso estoy haciendo las cosas bien.
—Entonces, buscas su aprobación.
—Un poco. Pero a mí me gusta mucho leer, a pesar de que no soy tan disciplinado como tú, disfruto mucho de las materias. Pero ya fue suficiente de mí, ¿qué hay contigo?
—También igual, me gusta leer, escribir, conocer el mundo a través de otras perspectivas. Mi madre quiere verme recibido, también lo hago en parte para darle el gusto.
—No somos tan diferentes, ¿eh? —Eren se acercó y lo besó de nuevo—. Eres tan lindo, me hiciste muy feliz el día de hoy.
—Como sea, nos vamos a congelar, volvamos a la casa.
—De acuerdo. ¿Qué paso con tu padre?
—No lo sé. Mi madre habla poco. Parece que fue un amor de verano y ya.
—Oh. ¿Puedo hacerte una pregunta? Noté que tu madre está bastante bronceada, supongo que por trabajar mucho bajo el sol, pero a pesar de que haces lo mismo, tu piel es pálida y hermosa. Bueno la de ella también, solo que…
—Ya, entiendo. Soy alérgico al sol. Tomo unas pastillas para eso y uso mucho bloqueador solar —dijo mientras doblaban entre ambos la manta después de sacudirla—. Si no estaría todo rojo y lleno de ronchas.
—Oh. Nunca te sentí perfume de bloqueador.
—Hoy me lo quité al bañarme, y en la ciudad uso muy poco, solo en el rostro, no paso mucho tiempo bajo el sol, como aquí.
—Ya veo. ¿Vas a dejar que te unte el bloqueador mañana, eh? —le preguntó acorralándolo contra el frente del auto, de manera seductora.
Levi le sonrió y se acercó para susurrar contra sus labios, pero sin llegar a tocarlos.
—Las partes de mi cuerpo que tú quieres untar, no son precisamente aquellas a las que le da el sol, Eren. Pero si quieres ayudarme, no tengo problema. Vamos.
Se agachó para salir por debajo del brazo del otro y dirigirse al auto. El de ojos verdes lo siguió.
—Levi… ¿estás seguro que quieres hacer esto? Es decir, estoy muy feliz con que me hayas aceptado de nuevo, pero no quiero forzarte.
—Ojalá hubieras sido así de dulce cuando lo hicimos la primera vez —recriminó el otro.
Eren se puso serio.
—Eso. Bueno… yo estaba un poco desesperado. Parecía como si no te dieras cuenta que me gustabas. Tampoco quiero justificarme, sé que te… presioné un poco, perdón.
—¿Un poco? Podrías haber preguntado o haber elegido otro momento donde no tuviéramos a tu novia en la misma cama —Levi suspiró, y se giró para sonreír de nuevo—. Lo siento, no quiero que nos saquemos en cara lo que hicimos mal. Yo quiero, que empecemos desde cero, ahora.
Eren tomó una de sus manos entre las suyas, Levi tenía los dedos fríos.
—No, está bien que me lo digas. Fui un desastre contigo. Lo siento mucho.
—No, yo siento haber arruinado el clima. Pero lo recuperaremos enseguida.
Levi lo acorraló contra el asiento y lo besó apasionadamente. Eren lo envolvió en sus brazos y se entregó de inmediato al candente roce, apretándolo contra su cuerpo. Definitivamente tenía que ser él, Levi era el indicado. Todo su cuerpo reaccionaba, como una explosión en cadena de dinamitas a lo largo de su piel, encendiéndose y suplicando por tenerlo desnudo contra su piel.
El de negros cabellos refregó con su rodilla sobre la hombría de Eren, arrancándole cálidos suspiros, y cuando sintió las manos del otro metiéndose entre la ropa, se alejó y se sentó en el copiloto.
—Eren, mira, me muero de ganas de seguir, pero es la una de la mañana y tenemos que levantarnos a las seis. Todavía tenemos al menos una hora de regreso, realmente no creo que sea una buena idea, aquí, es tan incómodo. ¿No te molesta esperar hasta mañana, cierto?
El muchacho suspiró y tomó el volante, mordiéndose las mejillas por dentro de la boca y negando con la cabeza. Levi sonrió maliciosamente y cambió su expresión cuando Eren lo miró.
—No te enojes, créeme que yo también tengo muchas ganas. Mañana por la noche tendremos tiempo de sobra.
—Claro, claro… podrías chupármela mientras volvemos —sugirió sin ningún pudor y Levi se contuvo de contestar una grosería.
—Es camino de piedras, a menos que quieras arriesgarte que en alguna hondonada mi filosa dentadura se clave en tus hermosos atributos, sugiero que lo evitemos, pero si no te aguantas…
—No, no, está bien, solo bromeaba, puedo controlarme, no soy un animal.
—Genial —Levi se acercó y besó perezosamente sobre el cuello de Eren—. Buen chico.
—Ou, Ou… ja, ja, no hagas eso, me da escalofríos, tengo el cuello muy sensible.
—Mmm, creo que me gustaría explorar esos "puntos sensibles".
—Pero no ahora, me la pondrás dura, y ya sabes, eso… duele…
—Hablando de ponerla dura —Levi siguió besándolo en el cuello sin hacer caso a las advertencias, le susurró candente en el oído—. ¿Tú te has tocado pensando en mí?
—Muchas veces —respondió de inmediato el más alto, mientras lo miraba con deseo.
—¿Y qué te imaginabas? Cuéntame.
—Como te la metía, claro. Eres muy hermoso, extraño mucho tocarte. No me martirices.
—De acuerdo —Levi volvió a su asiento como si nada—. Vamos.
—¿Eso es todo?
—Ya te expliqué, tenemos mucho, mucho que hacer mañana. Por cierto, mi madre decidió cocinar *humitas en tu honor. Así que vamos a demostrarle todo nuestro respeto trabajando duro mañana, ¿sí, "amor"? —lo último lo dijo en un tonito jocoso y condescendiente.
—Amo las humitas, claro que trabajaré duro.
—Eso es…
Volvieron hasta la casa. El viento arreciaba afuera y producía un silbido intimidante, que se colaba por las rendijas de la casa. Se despidieron con un beso breve en el pasillo y cada cual se fue a su habitación. Eren se cambió la ropa y se metió entre las calientes cobijas, durmiéndose de inmediato, en verdad estaba muy cansado luego de la extensa jornada.
Levi también se cambió, pero se quedó mirando hacia afuera por algunos minutos, el semblante serio. Tomina dormitaba en una esquina sobre el respaldo de una silla, arrebujada entre sus plumas infladas.
—No es venganza, es justicia… —deslizó Levi, para luego irse a dormir.
Al otro día a Eren nuevamente le costó levantarse, para cuando terminó de desayunar, Levi ya había terminado las tareas en el huerto y se dirigía al granero. Por el tema del sol, Eren fue el que se ofreció a subir al techo. Levi le pasaba las maderas por una escalera y el joven las adhería con clavos, ya que no había forma que otras herramientas eléctricas llegaran allá. Estuvo allí al menos dos horas, con apenas un sombrero de paja cubriendo pobremente su cabeza. Se había sacado la remera porque estaba transpirando mucho y no se aguantaba el calor, mientras Levi dentro del granero se sentaba sobre un cubo de alfalfa y tarareaba una canción.
Kuchel ingresó y lo miró de reojo. Luego se acercó y Levi se puso de pie suspirando.
—Sé lo que estás haciendo —le dijo en tono de reproche.
—Tranquila, no le pasará nada. Él se ofreció. Déjalo, no es una oveja recién nacida.
—Ya veo, no dejes que la ciudad te contamine, mi´jo —le pidió mirándolo con tristeza y se fue.
Levi suspiró y se fue a hablar con Eren.
—¿Te falta mucho?
—Dos tablas más.
—Déjalas, puedes hacerlo a la tarde, este sol es nocivo ya.
—No te preocupes, a lo sumo será media hora más, estaré bien.
—Como quieras. Cuando termines, podemos ir al río aquí cerca, se llama Calchaqui, el agua es helada y podrás refrescarte.
—Genial. Terminaré lo antes posible.
Efectivamente a la media hora, luego de beber jugo fresco de naranja y papaya, se fueron al río. Eren transpiró de lo lindo persiguiendo a Levi que era ligero para correr.
—Vamos, vamos, abuelito, deja de fumar y trasnochar tanto —se reía el joven.
—Ya verás… uuufff… cuando te atrape.
Levi, saltando como una cabrita se adentró en el río y se subió a una piedra evitando mojarse demasiado. Tenía un short marrón claro de gabardina y una remera blanca algo holgada. Eren tambaleándose se acercó para atraparlo. Levi lo empujó con una de sus piernas al tenerlo cerca y lo hizo caerse hacia atrás en una hondonada. Disfrutó al ver como se hundía hasta la coronilla y salía a la superficie tosiendo y chorreando agua. Comenzó a reírse descaradamente.
Eren se acercó a la orilla y sacó la billetera y el celular que estaban empapados.
—Oh, lo siento —habló Levi sin una pizca de arrepentimiento en la voz—. ¿Está todo bien?
—Con el celular no hay problema, es de los sumergibles, pero mi billetera…
Levi lo ayudó a poner todos los billetes sobre piedras para que se secaran un poco.
—¿Estás bien? Te es un poco desganado.
—No me siento muy bien, creo que fue demasiado sol —comentó suspirando y temblando de frío—. ¡Vaya que el agua es he-helada!
—Claro, viene de los deshielos de los cerros, lamento haberte empujado, pensé que tendrías más estabilidad.
—Está bien, fue divertido después de todo —habló Eren sonriendo tranquilo.
—Vamos a casa, se nos hizo tarde. Con seguridad la comida ya debe estar lista. Mamá estuvo cocinando desde el alba.
Se alistaron, levantaron los billetes y volvieron a paso tranquilo.
—Tu mamá sí que es admirable. Es una mujer muy trabajadora, y tan amable.
—Lo es, no trates de ligártela, es lo único que pido.
—Hey —Eren lo capturó de una muñeca y le habló seriamente—. Me interesas tú, ¿lo entiendes? Sé que fui un patán, no puedo cambiar las tonterías que hice, pero me interesas de verdad. Haré todo lo necesario para enmendarme.
—Qué dulce. No te preocupes, sé que lo harás —Levi le dio un beso breve y le sonrió fríamente.
Al llegar, Eren fue a cambiarse, Levi ayudó a su madre a poner la mesa y a terminar con los últimos preparativos de las humitas. Se sentaron, escucharon la bendición de Kuchel y procedieron a servirse.
—Oh, hijo, estás muy rojo —le dijo Kuchel a Eren, que efectivamente empezaba a sentir los efectos de haber estado más de tres horas a la mañana en el techo a cuero pelado.
—Sí, siento el cuerpo algo caliente.
Levi se rió para sus adentros, "tú siempre andas caliente", pensó, y se dio cuenta que su plan había salido a la perfección.
—Levi, después de comer aplícale unas compresas de aloe vera, no me gusta ese color. Eren, no vuelvas a salir afuera hasta la noche.
—De acuerdo, Kuchel. Aunque suelo tomar sol a veces, el de aquí parece que es mucho más fuerte. ¡Mmm! —luego de llevarse una cucharada del relleno de las humitas a la boca, se quedó completamente azorado—. ¡Increíble! ¡Esta comida es la más rica del mundo! Kuchel, usted es un ángel, no, una diosa, ¿cómo puede cocinar tan bien?
—Ya basta mi´jo —la mujer se ruborizó—. El que es bueno para cocinar es Levi, tuve que acostumbrarme a hacerlo yo cuando se fue pa la ciudad. Pero él, uuuf, él sí que cocina bien.
—¿De verdad?
—Podrías haber probado, pero ese día habías comido papitas y habías desayunado tarde, ¿recuerdas? —dijo el de cabellos negros mirando acusadoramente a Eren.
—Oh… lo siento… es que…
—No importa, esta noche haré un estofado de cabrito de cena, así que podrás probar y criticar.
—Genial. Esto está tan delicioso, hace mucho no comía comida casera.
Luego del almuerzo, Levi fue a buscar hojas de aloe vera, las limpió adecuadamente en la cocina, les sacó las espinas y se fue a la habitación de Eren, que estaba algo afiebrado y no tenía muy buen semblante.
—Sácate la remera y acuéstate, esto va a calmar las quemaduras del sol.
Ayudó al pobre hombre que apenas podía levantar los brazos, su piel estaba toda enrojecida, y se estaba poniendo peor. Levi se subió a la cama y con paciencia le puso el aloe vera por toda la espalda, mientras Eren suspiraba dolorido. El otro no pudo evitar reírse.
—Lo siento, es que eres muy descuidado, deberías haberme pedido el bloqueador. No me di cuenta de ofrecerte un poco. Gírate. Pareces Elmo, por lo rojo.
—Muy gracioso, ouch.
Levi tuvo que embadurnar todo su trabajado pecho, era algo un poco erótico, desde un punto de vista retorcido, claro, ver como la piel de Eren era cubierta por esa mucosa babosa de la planta, dejándola brillante y erizada. Tomó otro trozo y lo pasó por el musculoso cuello, su nuez de Adán y parte de los hombros.
—Parece que lo disfrutas bastante —susurró eren clavando sus verdes ojos en Levi, que no contestó—. Oye… —trató de acariciar su mejilla, pero el otro detuvo su mano.
—Tranquilo, estás con tu piel muy delicada. Nada se puede hacer, cuando mejores veremos.
—Mmm…
—No te pongas gruñón, tenemos tiempo de sobra, y quiero que te recuperes.
Acomodó la cama para que Eren se recostara sobre las blancas sábanas.
—Te dejo algo de ibuprofeno, tómalo —comentó dejando una pastilla con un vaso de agua fresca.
El resto del día, Levi estuvo muy feliz ayudando a su madre sin interrupciones. Mientras guardaban a las cabras y las ovejas en el corral, su madre se acercó.
—Ya es algo tarde, deberías ir a ver a tu amigo.
—Mamá, no es un bebé. Si necesita algo puede pedirlo. Tch, ya voy, ya voy.
Cuando se acercó a la habitación, Eren estaba sentado intentando conseguir señal para mandar algunos mensajes.
—¿Todo bien? ¿Necesitas algo?
—Tengo algo de hambre, vayamos al pueblo a comprar cosas, no quiero estar sin colaborar.
—Hay de todo, podemos ir mañana, y ya tu piel estará mejor. Voy a ponerte otra capa de aloe vera, ¿te ha descansado, verdad?
Eren se puso de pie y acorraló un poco al otro contra la puerta, lo besó con ganas.
—Gracias por todo lo que haces por mí, te amo tanto.
—Bueno, gracias, vamos, vamos, tengo que ponerte esto, no quiero demorar.
—De acuerdo.
Eren se dejó poner otra capa de aloe y con ayuda de Levi se puso una remera para ir al comedor. Estuvo conversando afablemente con Kuchel y preguntándole cosas sobre la vida en el campo, mientras Levi amasaba pan y hacia unos biscochos para la merienda-cena que iban a tener.
Hizo leche con avena y miel, y una vez que trajo el pan crocante y caliente, Eren estuvo alabándolo sin cesar. Luego de lavar todo, revisó su celular. Oliver le había escrito, por lo que salió afuera para responderle.
O - ¿Cómo va todo?
L – Muy bien, volver a mi pueblo siempre es bueno, ¿cómo estás tú?
O – Nada nuevo, lo mismo de siempre. Te llegó una carta de la biblioteca de la universidad, te la dejé debajo de tu puerta.
L – Muchas gracias. Por cierto, sólo hay conservas de dulce de *cayote y de higo.
O — El higo es mi favorito, es una gran noticia. Te agradeceré por siempre. Y… sobre lo otro… ¿cómo te has sentido? ¿Estás mejor?
L – Definitivamente, lo estoy superando rápidamente. Gracias por tus palabras, me ayudaron mucho.
O – Me alegro que así sea.
L – Cuando regrese te cocinaré lo que desees, para compensar la ayuda.
O – Eso es genial! ¿Sabes hacer pescado relleno?
L - ¿Chupín de pescado? Es una de mis especialidades, creo que te va a gustar mucho.
O – Me quieres poner gordito, ¿eh? Jajajaja, feliz estaré de que experimentes conmigo.
Levi sonrió y justo salió Eren a buscarlo.
—Ya está la vajilla limpia, ¿qué hacías aquí solo?
—Conversando, con Han.
—Oh, ¿qué cuenta?
—Me pide que te ahogue y te dé de comer a los perros.
—Oh, bueno…
—Solo bromeo, tonto —Levi se acercó y mirando a los costado aprovechó para besarlo con ganas apretando sobre sus hombros con fuerza.
—¡Ouch, ouch!
—Lo siento, lo siento, lo había olvidado. Es que me ganó la emoción.
—Pensé que ibas a hacer estofado de cabrito.
—Es verdad, lo olvidé, lo haré para el almuerzo. ¿Te has quedado con hambre?
—Hambre de ti, en realidad.
—Bueno, bueno, mi madre anda dando vueltas, tenemos que tener cuidado.
—No… ¿no vas a contarle?
Levi lo miró de reojo algunos segundos, y luego dulcemente le habló.
—Bueno, ella es algo tradicional, como puedes ver, no es sencillo que entienda… mis gustos. Debes dejar que hable con ella y la prepare. Como ibas a hacer tú con la tuya, ¿recuerdas? Estas cosas llevan tiempo. Además tenemos que ver que tan compatibles somos, que nuestra relación esté afianzada, ¿entiendes?
—Sí, claro. Es que no puedo evitar querer tocarte, tenerte cerca —dijo tirando de su muñeca.
—Hey, tranquilo, compórtate. Ya te dije que tendremos tiempo de sobra para la intimidad, no hay apuro.
—En realidad, yo si tengo un poco de apuro.
—¿Chicos? —Kuchel salió a la galería y Levi se alejó de inmediato—. ¿Están bien?
—Sí, Eren dice que quiere comprar algunas cosas para la casa como colaboración por tenerlo aquí.
—Que amable, Eren, pero no hace falta.
—No, no, déjeme colaborar Kuchel.
—No te preocupes, yo te acompañaré al pueblo y haremos las compras juntos —dijo Levi.
—Perfecto.
—Bueno, Levi, ya es hora de acostarse, no te olvides de volver a colocarle aloe a Eren.
—Sí, mamá.
—Oh, no te lo dije, pero Shadis vendrá mañana, quiere que lo acompañe a ver algunas propiedades aquí cerca, así que voy a ir con él hasta el fin de semana.
Eso era cuatro días, cuatro días a solas con Eren. Tenía que idear un plan para que ese cerdo no se le tirara encima a la primera oportunidad.
Luego de ponerle el aloe, evitar algunas caricias y al fin poder irse a dormir, estuvo pensando un largo rato todas las estrategias posibles antes de dormirse profundamente.
Se despertó al alba y su madre ya se estaba alistando. La despidió y comenzó con los preparativos. Cuando fue a despertar a Eren, se sorprendió que él ya estaba terminando de vestirse. Le quiso colocar aloe, pero la piel de Eren estaba prácticamente restablecida.
—Tengo una salud de hierro, ven aquí —dijo tirándolo en la cama y trepándose encima.
—O-oye, es-espera.
—Tu madre se fue, ya no aguanto más, Levi, estuve conteniéndome todos estos días.
—Vamos a desayunar, tengo hambre, además los a-animales, encarguémonos de todo y luego veremos de hacer otras cosas. ¡Escúchame, caray!
—Está bien, está bien —dijo el otro no muy convencido.
Luego de desayunar y acomodar, estuvieron mucho rato en la huerta, luego con los animales, y finalmente volvieron algo cansados. Esta vez Eren usó bloqueador y no se sacó la remera.
—Ahora debemos ir a hacer las compras al pueblo, casi no hay especias, ni aceite, no podré cocinar así.
Refunfuñando se fueron con Eren. Levi compró cosas como para un ejército. El más alto no se quejó, ni escatimó en usar casi todo el dinero que portaba, de todas maneras tenía más en su cuenta bancaria. Tomaron un helado, almorzaron en el pueblo porque se les hizo tarde, y luego Levi lo llevó a visitar el museo de la ciudad, que era bastante pobre y aburrido.
Luego compraron flores de papel y se fueron al cementerio. Caminaron muchísimo, Levi limpió las tumbas de la familia, sus ancestros y abuelos y dejó las flores.
Eren notó que todo el lugar estaba lleno de arreglos florales de papel, era algo entre melancólico y hermoso.
—¿Por qué todo es de papel aquí?
—Porque el clima adusto quema todas las plantas. Por eso todo es de papel o plástico. Además es difícil conseguir flores frescas, no es un clima apto para ello. Excepto en el Valle Encantado.
—¿El Valle Encantado?
—Sí, debes conocerlo, queda a unas dos horas, por un intrincado camino, hay que ir en vehículo. Es un lugar casi mágico. Todo el año el pasto está verde y está lleno de flores. Hay muchos animales también, te va a encantar.
—De acuerdo, iremos.
—Mañana temprano —fijó Levi.
—Bien, ¿ya podemos volver? Estoy agotado.
—Sí, vamos.
Compraron cerveza artesanal y regresaron. Los perros ya recibían a Eren como uno más. Ya era cerca de las cinco.
—Mientras te bañas, guardaré los animales —avisó Levi.
Luego fue el turno de él de bañarse, se tomó su tiempo. Para luego ir a la cocina y ponerse a preparar la cena. Mientras cortaba las verduras y colocaba la leña en la cocina de hierro. Eren se acercó y lo abrazó por detrás, llenando de besos su cuello.
—Oye, déjame cocinar. ¿Por qué no sirves la cerveza, eh? Estoy sediento.
Mientras Eren servía, Levi tomó un pimiento picoso y se lo metió a la boca para masticarlo tranquilamente. Estaba acostumbrado desde pequeño a comerlos como caramelos. Eren se sentó cerca en una silla de cuero de vaca, mientras el otro cortaba la verdura y sofritaba la carne de cabrito en una sartén.
—Te ves lindo cocinando —dijo Eren mirándolo risueño. Levi le sonrió.
El chico se puso de pie y lo acorraló, tal como el más bajo esperaba, Lo abrazó y lo besó apasionadamente, pero al cabo de menos de un minuto se alejó mientas su cara se desfiguraba.
—¿Eren estás bien?
—¡Quema! —dijo tocándose la boca.
—Oh, lo siento, deben ser los pimientos, no me di cuenta y me puse a comerlos. Enjuágate con agua.
Eren salió corriendo al baño y Levi se rió un buen rato, mientras se comía otro.
—Idiota.
Al cabo de un cuarto de hora, Eren tomaba despacio la cerveza helada, los labios algo hinchados e inflamados.
Han le escribió a Levi, para saber cómo estaba.
L – Perfecto, Han. Creo que estas serán… las vacaciones más gratificantes que podría haber deseado …
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By Luna de Acero… sonriendo…
