Summary: Un gran y hermoso baile, todos con máscara y disfraz; parejas moviéndose al son de la música. Y para dos jóvenes es el lugar y momento perfecto para conocerse e iniciar un bello romance. (No contiene nada trágico de la obra original de Shakespeare) [RyoXSak]
Declaimer: Los personajes del Príncipe del Tennis son propiedad absoluta de Konomi Takashi, y uso los nombres de estos sin ningún fin de lucro.
N.A: Como comenzar esta nota, mmm, ya sé!!!
Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen, Gomen!!! En verdad siento el enorme retraso de capitulo a capitulo, sorry, es que tengo un chin#*% de cosas que hacer en la escuela, así que aprovechando las vacas fue que escribí este siguiente cap. Espero que les guste y aquí está la continuación y la razón por la cual nuestra querida Saku se quedo tan sorprendida. Ok, nos vemos abajo.
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Al estilo de Romeo y Julieta
® Zshieszka ®
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Capítulo III
Después de que se dio cuenta de que la bella chica lo miraba, se quedo un momento quieto viéndola con detenimiento, el extraño ángel tenía sus ojos fijos en él, y nuevamente comprobaba que era muy hermosa; cosa extraña en él que apenas y veía ahora a las chicas, pero no se cansaba de mirarla y afirmarlo cuantas veces fuera necesario. Ahora tenía todavía más razones para acercarse.
Pero fue ella la primera en moverse, avanzaba por entre la gente. Más había algo curioso, los ojos de ella no se apartaban de los suyos. No perdió ni un solo instante y comenzó a moverse aun con su mirada en su pequeña figura. No quería perderla de vista, y menos ahora que ella sabía de él. Se sentía extraño, al tener esa obsesión de saber quién era aquella joven al otro lado de la pista, nunca le había sucedido nada parecido. Para Ryoma el tenis era lo más importante, por ello no había pasado nunca algo extraordinario con una chica.
Más en esos momentos se encontraba en un baile, totalmente disfrazado de un príncipe, literalmente solo y caminando alrededor de una pista de baile para conocer a una chica rubia que en su vida había visto. Además de que tenía esa extraña opresión en el estomago, se hacía cada vez más notoria cuando la miraba. Era una de las cosas que no comprendía, más él nunca había sido una persona de pensar las cosas demasiado; tenía la absoluta intensión de saber sobre ella y no habría nadie que se lo impidiera.
Vio nuevamente como la delicada figura se movía por los diferentes tumultos, queriendo sobrepasar a todo aquel que se cruzara en su camino. Él igualmente camino con más rapidez; todavía era extraño pero las ansias que sentía por encontrarse con esa chica se hacían a cada paso más latentes. Seguía pensando que todo aquello era una tontería, pero había una razón que lo hacía moverse junto con aquella necesidad tan fuerte. Pero viendo la actitud de ambos, se notaba que ansiaban ese encuentro.
Ya no miraba a la gente que 'accidentalmente' empujaba, ni escuchaba sus reclamos por tal acción. Ryoma en lo único que razonaba en esos instantes era llegar lo más pronto donde se encontraba la rubia. En ningún momento le quitaba la vista y cuando se presentaba algún tipo de obstáculos entre ellos, sus ojos se buscaban inmediatamente, buscándose. Incluso podía ver que ella también tenía el mismo problema para con la gente, pero la diferencia entre los dos es que ella por momentos se quedaba para pedir disculpas a aquellos que chocaba.
El príncipe al notar tal gesto, sonrió, por lo menos era una chica educada, lo cual para él era una buena señal. Continúo caminando con prisa, pero pensaba que el estúpido salón en vez de acortarse, se hacía cada vez más grande; y aunque lo era también maldecía por ello. Y es que esas ansías que sentía no hacían más que empeorar la situación; sin embargo, ya era tarde para arrepentirse, estaba decidido.
Tenía la firme convicción de que no quería irse sin saber tan siquiera el pequeño detalle de su nombre, aunque fuera solo eso. Y si la situación se daba ver más de cerca y con mejor claridad su bello rostro detrás de ese antifaz, y poder ver sus ojos ocultos. (n.A: la distancia es bastante considerable por ello no se ve el color de ojos tanto los de Ryoma como los de Saku, y menos con el antifaz de los dos).
La distancia se acortaba poco a poco, sentía como si los momentos se le hubiesen hecho eternos. Pero finalmente, solo estaban a escasos metros de encontrarse; solo tenía que pasar cuatro tipos que le estorbaban y finalmente se encontrarían frente a frente. Por un instante se cuestiono, él Ryoma Echizen ¿persiguiendo por todo un salón de baile a una chica?, que por casualidad había bailado con Kunimitsu. Todavía tenía esa duda de porque estaba haciendo toda esa locura, no lo comprendía con certeza.
Pero ahora estando a solo unos pasos de ella, que mejor forma de averiguarlo, que el contacto directo. Ya faltaba muy poco, solo dos personas más, ya casi…
- Disculpa –una voz se escucho a su lado, podía sentir algo sobre él. En ese momento se detuvo y sus ojos se desviaron del bello ángel a la dueña de esa extraña voz.
Era una chica, con un raro traje verde. Y le sonreía de una manera, extraña (n.A: coqueta, pero Ryoma no conoce de esas cosas x eso se le hace extraña). Y justo se puso frente a él para poder frenarle el paso. Parecía nerviosa, pero se mantuvo firme en su decisión de no dejarlo continuar.
- Te gustaría bailar conmigo? – La pregunta fue dicha con rapidez y fuerza, se notaba ahora si el nerviosismo. Aunque fuera solo un poco; porque su mirada no dejaba de posarse en la suya, observándolo, pero con la característica de que lo hacía de una manera bastante descarada. Junto con una sonrisa que no mostraba una chica inocente.
Se quedo por un instante observando a aquella extraña chica, viendo los detalles de su rostro y el brillo de sus ojos. Sonrió un poco, era solo otra ingenua que creía que podía echárselo a la bolsa. Tonta. Él no era ese tipo de hombre, que con una solo sonrisa y una insinuación abierta, se iría con cualquiera que lo haga. Ryoma de pronto recordó el porqué estaba en ese lugar, desvió nuevamente sus ojos de la chica hacía la pequeña rubia que estaba a unos pasos delante de él.
Pero cuando poso sus ámbar en ella, no espero ver su reacción de esa manera. Ella lo miraba con gran sorpresa, pero su expresión paso inmediatamente a una de decepción dolida. Sintió una fuerte opresión en el pecho.
Pudo escuchar como la intrusa continuaba hablando, pero Ryoma en ningún momento se movió de su lugar, se había quedado estático y más al ver la expresión en el bello rostro de la chica. Pero no entendía porque de repente su rostro había cambiado de esa manera, pero por un momento creyó notar que el brillo en sus ojos había desaparecido por completo y estos se hubieran hecho opacos.
Quiso avanzar hacía donde se encontraba, pero la chica de enfrente no le permitía el paso, volviendo sus ojos a la desconocida mujer. Mas la mano, que ella tenía aun posada en su pecho comenzó a moverse, deslizándose hacía su rostro tocándolo en todo momento. Era una total desvergonzada, ¿Quién se creía para tocarlo de esa manera?
Noto cierto movimiento enfrente, sus ojos se movieron nuevamente hacía el ángel de enfrente. La chica había dado unos paso hacia atrás apartándose; cambiado nuevamente su expresión, ahora era de total… ¿tristeza? En un instante, la chica se dio la vuelta y comenzó a caminar rápidamente por entre la gente alejándose. Pero, ¿Por qué se iba? ¿Qué era lo que le sucedía? Sintió como la mano de la tipa, volvía a moverse tocando descaradamente su rostro, y aun continuado bloqueando el paso para poder seguir a la rubia.
Sus ojos se ensombrecieron al instante, y sin ninguna delicadeza, quitó con brusquedad la mano en su mejilla. La chica se sorprendió por tal acto, pero continuo sonriéndole insinuadoramente y finalmente volvió a hablar:
- Me he dado cuenta desde hace rato que te encuentras solo… y bueno, eres un chico increíblemente atractivo para que te encuentres sin compañía en un baile de parejas –dijo con voz chillona (n.A: La fiesta no es solo para parejas pero esa lo dice para 'engatusar' al lindo Ryoma-kun)- Así que por eso… ¿Por qué no vamos a bailar un rato, y tal vez después divertirnos un rato? –terminó guiñándole el ojo con total insinuación.
Ryoma la miró con aversión, él jamás se rebajaría a una insinuación de esa manera, y menos por una mujer que no conocía. Además estaba enojado, no, mucho más que enojado. Esa mujer había provocado que el encuentro con el ángel se arruinara por completo, aparte de que por no quitarse de en medio, la rubia se había marchado rápidamente. Y todavía se atrevía a sugerírsele de manera desvergonzada. Era una verdadera ingenua si llegaba a pensar que le diría que sí.
- No me interesas.- la extraña quiso nuevamente poner su mano en su pecho, pero el príncipe fue más rápido.- Y no te atrevas otra vez a tocarme.- trato de caminar para alejarse ya de la muchacha; pero nuevamente fue retenido por el brazo.
- Oh vamos!! Te aseguro que lo vas a pasar bien conmigo y… - pero su voz se corto al notar la penetrante mirada del chico en ella.
- Ya te dije que no me interesas. Además si te andas ofreciendo de tal manera, no tardarás en encontrar a alguien para que te 'diviertas'- se soltó rudamente de la mano de la tipa y volvió a caminar, sin darle tiempo de replica por el insulto.
Ahora lo que más le importaba era localizar rápido a la joven de disfraz blanco, había rodeado todo el salón para encontrarse con ella, y por culpa de una tonta, había perdido su oportunidad. Estaba inquieto, tal vez por el hecho de no volver a verla el resto de la noche. Busco con rapidez pasando por entre los tumultos de gente, tratando de distinguir su cabello o sus alas de ángel, pero nada. Tal vez había regresado con los demás, con Tezuka. Frunció el ceño ante tal pensamiento, todavía se enojaba al pensar que su ex capitán cerca de la joven.
Tomo el camino de regreso a donde se supone debían de estar Momo y los demás, ellos debían de saber dónde estaba Kunimitsu y por consiente la chica. Mientras caminaba seguía observando a los alrededores, buscando algún indicio de ella, mas no había ningún rastro.
Continuo volteando en diferentes direcciones; se detuvo por un momento. Sus ojos habían captado a otro par bastante conocidos, un par de profundos ojos azules; estuvieron mirándose por unos momentos. Para finalmente ser el pelinegro en apartarlos primero.
Dio la vuelta y empezó a caminar apresurado al lugar indicado por el castaño. Era increíble la suerte, Fuji sabía dónde estaba, por ello no había perdido el tiempo. Pero eso era lo de menos, tenía que encontrar a la chica y ahora ya sabía a donde dirigirse.
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Desde una prudente distancia. Un joven de claros cabellos castaños, se encontraba desde hace rato observando fijamente de dos jóvenes en especial. Había visto todo, desde que Echizen había tomado la decisión de acercársele por los tipos al lado de Sakuno en cuanto salió del tocador. Hasta cuando ella había notado su presencia.
Ambos eran unos impacientes, tanto así como para abrirse paso entre la gente, rodeando totalmente la pista. Solo para encontrarse. Y ahora que lo analizaba, eso le recordaba la escena de cierta película: Romeo y Julieta (1968) [n.A: No la de DiCaprio]. Sonrió ampliamente, pareciese como si los 'apodos' que había pensado para ellos, les hubiesen quedado a la perfección.
No se perdían de vista, y ansiosos por encontrarse. Todo lo que había planeado se estaba llevando mejor de lo que creía, solo había que ver como se desarrollaba todo en cuanto se hablasen. Creía que esos dos estaban destinados a estar con el otro, además sabía que la pequeña Ryuzaki se lo merecía después de tanto tiempo profesándole sus sentimientos al príncipe del tenis. Y en cuanto a Echizen ya iba siendo hora de que sentara cabeza para con las chicas, que empezara a ver que el tenis no era todo lo bueno de esta vida.
Notó como es que esos dos estaban a punto de encontrarse frente a frente, les faltaba muy poco. Abrió sus papados dejando ver sus intensos zafiros, el momento mágico se había roto. Y no porque la 'magia' se hubiese acabado; era por la intervención de otra chica. Su expresión cambio a una totalmente seria; la extraña chica había entrado en la escena para coquetear con el ojiámbar, mientras la pobre de Sakuno observaba todo frente a ella, y sin poder hacer nada.
Pero ella viendo todo aquello, reacciono al instante. Había dado la vuelta alejándose lo más rápido posible. Aunque lo más desagradable era que Ryoma se había quedado parado sin posibilidad de escapatoria por culpa de esa mujer. Parecía confundido, al parecer no había comprendido el porqué Ryuzaki se había ido de tal manera. Era un distraído, ¿No se había dado cuenta de que la había lastimado?
Desvió su mirada hacía Sakuno, lucía realmente triste. Caminaba con mucha prisa entre la gente, sin importar si golpeaba a alguien. Se dirigió a la salida, y en ningún instante volteo hacía atrás.
Regreso sus ojos hacía Echizen, parecía enojado. Y lo comprobó en cuanto se deshizo de la chica sin la más mínima pisca de delicadeza e inmediatamente se puso a buscarla. Parecía un poco desesperado, volteando a diferentes lados en busca de alguna pista de Sakuno; incluso empujaba a otros para abrirse paso y encontrarla.
Syusuke sonrió al notar la reacción del chico, al parecer a Ryoma realmente le había gustado Sakuno, sin siquiera saber quien era en realidad. El pequeño imprevisto de hacía unos momentos había altercado sus planes de juntar a esos dos, pero viendo el comportamiento del joven, no todo estaba perdido. Se adelantó hacía la pista, quedando a orilla de esta, dejándose ver con toda claridad.
Espero, y finalmente los dorados ojos del príncipe se encontraron con los suyos. El prodigio le regreso una sonrisa, mientras el pelinegro fruncía el ceño ante su gesto; tal vez creía que se estaba burlando de él. Pero, estaba equivocado. Él sólo quería ayudarle, solo que a su particular manera. Decidió acabar con el duelo de miradas y alzo su mano, haciendo la señal hacía la puerta de salida.
Echizen lo miro extrañado, pero Fuji solo asintió volviendo a señalarle la salida. El chico solo movió sus ojos por un momento hacia el portal y los regreso nuevamente hacía el castaño, el prodigio cerro sus ojos pero continuando con su sonrisa indicando en su modo un 'si'.
El príncipe, dio la vuelta dándole la espalda al castaño y comenzó a caminar hacia el lugar señalado. Syusuke, también se dio la vuelta y empezó a caminar donde sus amigos. Esperaba que su trabajo por juntar a esos dos ya hubiese terminado; ahora todo lo demás les correspondía a ellos.
Ahora la verdadera historia acababa de comenzar.
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(N.A: Y ya se acabo espero que les haya gustado. Nos vemos en el próximo capitulo. Lo que sigue son puro blabla. Bye
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Mmmm, todavía es temprano para dejarlo así. Por lo tanto seguimos….Jajajaja)
Sakuno caminaba rápidamente, quería alejarse lo más que se pudiese del baile, tenía que irse de ese lugar cuanto antes. Y lo más importante sin mirar atrás. Continuo andando más aprisa, lo que más deseaba en esos momentos era estar sola, y apagar todas aquellas voces animadas y alegres que comentaban sobre la música, el salón, los disfraces, sus parejas en especial estas, etc., nada!. No quiso mirar en ningún momento a su alrededor, su cabeza en esos instantes solo tenía el pensamiento de alejarse cuanto antes de todos y ese extraño muchacho vestido de príncipe.
Poco a poco sus pasos fueron deteniéndose, respiro hondo, intentando calmarse. Aunque ahora que lo analizaba mejor, no sabía a ciencia cierta porque es que había actuado de esa manera. Ni siquiera tenía una mínima idea de quién era. Se rió un poco ante ello. Riéndose de sí misma. Verdaderamente era un tonta, y ahora por culpa de ese mismo tipo, había salido corriendo del baile. Ja.
Levantó su mirada hacia el cielo, y por primera vez se dio cuenta de que la luna de ese día era Llena. Sencillamente hermosa, además de que brillaba con una enorme intensidad, acompañada de las estrellas igualmente brillantes. Sin duda era una preciosa noche, y más para ese evento en Seigaku. (n.A: pues claro que la noche es bella, hay que crear el panorama perfecto para el romance ja)
Era perfecto para un baile, además de que sería igualmente perfecto estar con esa persona especial, cerró sus ojos por un momento, y sonrió melancólicamente. Que lastima que ella aun no tenía a ese ser junto a ella, por un momento a su cabeza vino el rostro de Ryoma, pero Sakuno movió su cabeza para intentar sacar ese pensamiento de ella; él ya no estaba en Japón y tenía que superar su ausencia cuanto antes. Sin duda era patética, con pensamientos hacia el chico de ojos ámbar. Y para agregarle más, ni siquiera había hecho el intento de hacer que alguien la acompañara hoy.
Regreso su vista al frente, y paró. Ya no había nadie alrededor, al parecer estaba caminando y caminando alejándose demasiado; miró con más detenimiento el lugar. Bueno, al menos podía recordar donde estaba, así no tendría ningún problema en regresar. Se acerco un poco al lugar, estaba en un pequeño jardín con dos grandes bancas de piedra en forma semicircular y en medio de las dos se encontraba un fuente, la cual estaba funcionando. Alrededor del lugar estaba totalmente cubierto de arbustos adornados con flores, todos de diferente tipo.
Era un lugar muy lindo, aunque no muy visitado. Y era extraño porque ahora que lo pensaba el pequeño jardín estaba como a 80 o 90 metros del auditorio (el salón) de la parte de atrás de este. Y lo comprobaba porque desde ahí podía escucharse la música. Bueno tal vez un poco alejado, y por ellos poco frecuentado; pero un lugar muy bonito sin duda. Ella cuando estaba en Seigaku lo usaba para poder almorzar con Tomoka y unos cuantos estudiantes más.
Sin embargo, en esos momentos era una lástima. Porque el lugar estaba increíblemente hermoso, se notaba que también se habían esforzado en arreglar esa parte. Los alumnos sin duda quisieron que todo en el aniversario de la escuela fuera perfecto y sin errores. Aunque todo estuviese tan bien, nada opacaría los bellos arreglos de plantas y flores. Los había notado desde que llegaron a la escuela, pero justo ese lugar estaba totalmente rodeado de ellas.
Se acerco a una de las bancas; en la parte trasera de ambas bancas había también adornos de flores, pero en este caso de rosas. (n.A: Si yo otra vez, pero las bancas son como unas que tienen un espacio en la parte de atrás para poder plantar cosas, y como son de piedra o de concreto como lo prefieran, pero bonitas eh. Pues bien caben pequeños arbustitos de flores. Bueno ojala me hayan entendido) Se sentó, con el cuerpo medio girado hacía las rosas, además de que por el vestido y las alas no tenía mucha movilidad. Se acercó y olfateo el dulce aroma de una.
La música aun llegaba entonada a sus oídos, nuevamente habían vuelto a cambiar las canciones, ahora parecía como de electrónica. Bueno, aunque en esos momentos no le importaba, ya que por ahora no tenía la intensión de regresar al salón. Y menos volver a encontrarse con el extraño joven, viendo como baila muy felizmente con su pareja. Suspiró, que ingenua había sido. ¡Ni siquiera lo conocía! No sabía quién era o aunque sea una idea de quién se trataba. Pero en cuanto vio que él se encontraba acompañado, su pecho se había oprimido tanto que hasta se le corto la respiración; y una enorme tristeza se apodero de ella, que ya no pudo continuar observando. Más, ¿Qué esperaba? Un chico con ese atractivo era lógico que viniese acompañado.
Sakuno tomó un mechón de su cabello y comenzó a mover sus manos sobre él. Nuevamente una sonrisa melancólica asomo sus labios. Se ha de haber visto como una idiota; rodear medio salón, sin olvidar que lo miraba como una loco desesperada, solo para que al final viniese con su novia. Realmente debió de haber parecido una autentica tonta. Pero ya no se podía hacer nada, las cosas ya estaban hechas, y el daño ya estaba ahí.
Frunció levemente su ceño. ¿Daño? ¿Cuál daño? Si ni siquiera sabía su nombre, era la primera vez que le veía. Y ella allí se sentía mal, solo por que el chico simplemente había venido con alguien. Sin duda estaba loca. Ella todavía conservaba, aunque le doliese, sentimientos por Ryoma-kun. Pero cuando estuvo a punto de encontrarse con el chico, sintió esa misma emoción que cuando estaba cerca del príncipe; incluso hasta pensaba que había sido más fuerte.
Sakuno al darse cuenta de sus pensamientos, sacudió fuertemente la cabeza, intentando alejar todo eso. Lo mejor ahora es que se olvidará de todo lo que paso en el salón, ya tenía suficiente para lo que quedaba del día. Desvió sus ojos hacía el mechón que sostenía en sus manos; gracias al reflejo de la luna, el cabello brillaba de un intenso color dorado claro. Deslizo los dedos hasta la punta, pero esta llego demasiado pronto, su cabello estaba más corto a lo acostumbrado. Fue cuando se dio cuenta de que aun traía puesta la peluca que su amiga Tomoka le había obligado a ponerse. Mas ahora que se encontraba fuera ya eso no le importaba.
Se había dejado manipular, y dispuesto esconder su cabello, una gran parte de su personalidad, solo por otros que ni siquiera conocía. Así que ya no quería seguir fingiendo, ya no más. Alzó una de sus manos y la colocó cerca de su frente tomando la parte superior del cabello y jalo de estos, deslizándola; dándole paso a su bello cabello castaño rojizo, cayendo con suavidad sobre su espalda. (n.A: no pregunten cómo es que cupo tanto cabello en esa peluca, la magia de los fics. Pero pongámosle que es como la de Juliet en la serie animada, ok) Dejo la peluca a un lado y con sus manos acomodo un poco sus ondas, para dejarlas presentables, aunque daba gracias que su cabello fuese suave y muy manejable.
Una ligera brisa hizo danzar sus cabellos, meneándolos con suavidad. Estaba pensando en quedarse en ese lugar, y que pasara el baile, evitando encontrarse con alguien o tener otro contacto extraño. Pero después de analizarlo un momento ella no era la responsable de todo lo que había sucedido en el salón. Fue un incidente, así que…
- No debería exiliarme solo por un percance.- Desvió sus ojos por un momento hacía la fuente que estaba en ese instante funcionando.- Además, adentro esta Tomoka y los demás senpais, al menos debó pasármela bien con ellos.- Estaba a punto de levantarse pero algo en los arbustos llamo su atención; era una luciérnaga y esta se encontraba sobre una rosa del mismo color.
Se acerco donde estaba la bella flor, y levanto su mano hasta tomarla entre sus dedos pero sin arrancarla. La pequeña luciérnaga había volado ante el contacto y se había alejado con rapidez; Sakuno vio como el pequeño insecto había volado, pero regreso sus ojos hacía la rosa y se acerco hasta poder aspirar su delicado aroma. La ojiroja estuvo observando detenidamente la flor, sin duda era una planta muy hermosa y junto con las que le acompañaban formaban un bello arreglo floral.
- Es una flor muy hermosa, pero… -alejo sus manos, aunque aun veía fijamente la rosa- … creo que prefiero mejor los… - más nunca alcanzó a terminar la frase, porque justo frente a su rostro tenía otra bella flor. Además de…
- Lirios ¿no?, O al menos creo que te quedan mejor.
Una voz profunda pero suave la había interrumpido. Sakuno poco a poco fue levantando su rostro hacía el dueño de esa voz, pero al ver quien era sus ojos se abrieron de sorpresa, incluso su pulso se había acelerado. No lo podía creer, era el mismo chico con el cual estaba hace unos momentos en el salón, y que había hasta rodeado la mitad pista, solo para comprobar que venía con una chica.
Sin embargo, ahí estaba él, justo a su lado. Él la miraba detenidamente, aparte de que le extendía una linda flor, lo cual a pesar de no haberlo afirmado ya que él había interrumpido, los lirios si eran su flor favorita, y claro que las prefería a las rosas. Sakuno se había quedado estática, pero ninguno de los dos se movía y solo se miraban detenidamente, no sabía que decir, nada más observándose.
Ella se sonrojo, pero en ningún momento desvió sus ojos de los de él. Sentía que a cada segundo su corazón palpitaba cada vez más fuerte y que un fuerte nudo en su estomago comenzaba a formarse. Estaba tan absorta, aunque también pensaba en lo que había sucedido en el salón y como es que ahora se encontraba en esa situación, aunque hubo algo que le llamo la atención. Después de unos instantes; al estarse viendo tan fijamente, Sakuno se dio cuenta de la peculiaridad de los ojos del chico.
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En cambio, Ryoma después de la indicación de Fuji; no perdió el tiempo y salió inmediatamente del salón poniéndose a buscarla. Todo era tan raro, es como si estuviera perdiendo el control sobre él mismo; aunque en ese momento no quería hallar sentido al porque le interesaba encontrar a esa chica, pero no tenía la intensión de desistir hasta encontrarla. Se detuvo a las afueras del salón y fue cuando se dio cuenta de otro problema; la escuela era demasiado grande y no había visto en qué dirección se fue la muchacha.
Al menos creía que no debía de estar lejos, o al menos era lo que esperaba ya que las mujeres cuando traían vestido o falda no podían moverse con tanta rapidez; ya que de por sí eran lentas sin eso. (n.A: mmm, eso sí que es despreciativo, ya que una cosa es ser delicadas en los movimientos, pero lentas, no!! Bueno solo a veces, ok, continúen después del comentario feminista) Se fue primero a buscar cerca de la entrada de la escuela por si se había salido, pero no. Recorrió los pasillos cercanos al auditorio, vio dentro de los edificios y en los jardines, pero lo único que encontraba eran parejitas de enamorados escondidos. Pasó por las canchas de la escuela, incluso en las de tenis; pero nada.
Era increíble que no estuviera en ninguna parte, como si se hubiese esfumado de repente. Estaba a punto de regresar al salón, tenía la esperanza de que ella hubiese regresado y nuevamente se encontrara ahí. Pero ya que se encontraba alejado del lugar, iba a tomar un pequeño atajo atravesando un jardín que daba cerca del auditorio. Hacía mucho que no pasaba por ese lugar, pero recordaba que era un sitio con mucha tranquilidad y grandes árboles para dormir. Observo el lugar, el cual tenía igualmente arreglos y flores de todo tipo, mas el adorno no estaba del todo completo ya que como no había nadie alrededor lo más probable es que no le pusiesen mucha importancia por terminarlo.
Siguió caminando, pero gracias a la agilidad de su vista pudo darse cuenta de que más adelante. Llegando a un pequeño jardíncon una fuente, la cual estaba encendida. Camino hacía ese lugar, pero se detuvo casi de inmediato; la vio. Era idéntica a un ángel, pero ahora que la veía fijamente había algo en la escena no encajaba. El largo cabello castaño con reflejos rojizos que se extendía brillante y sedoso por su contorneada espalda. Pero él recordaba que el color de su cabello era rubio. Deslizó la mirada por toda la altura de su cabello no perdiendo detalle de este, llegando finalmente al final de las hermosas hebras. Al lado de la chica se encontraba una mata de cabello platinado; una peluca! Ahora entendía, ella estaba usando esa peluca para cubrirse su verdadero cabello.
Se coloco detrás de un árbol al notar que se movía precisamente hacia los arbustos de rosas que se encontraban en el respaldo de la banca, agachándose para poder oler una de ellas. Ryoma al ver tal acción se quedó hipnotizado, era sin duda el ser más bello que hubiese visto. Siguió viendo cada uno de sus movimientos, sus dedos se pasaban por la flor; aunque por un momento pensó que a pesar de la rosa era bonita no era la flor para ella. Un ángel es delicado, tierno y sobre todo puro; justo como la chica que estaba enfrente de él, pareciese que el disfraz en realidad un reflejo de lo que era.
Volteo por un momento, y una sonrisa de burla se asomó en su rostro, se reía de sí mismo; él Ryoma Echizen, el príncipe del tenis y un tenista profesional también; estaba ahí escondido tras un árbol espiando a una chica que había conocido apenas unos momentos en una pista de baile el cual por culpa de una fulana que no conocía ella se había ido antes de que cruzarán una sola palabra. Y por ello estaba en esa situación, por ello se burlaba de si mismo, era increíblemente ridículo, pero aun así no quería marcharse y dejarla pasar. Su mirada después de estar viendo un punto fijo al sumergirse en sus pensamientos, se centro en uno de los arreglos que estaba cerca de él y fue ahí que encontró la flor perfecta ella.
Tomó la planta del arreglo, tal vez ya era hora de presentarse finalmente. Salió de su escondite y se dirigió hacia la chica, como se encontraba tan entretenida con la rosa, no se daría cuanta de su presencia. El corazón comenzó a andar rápidamente conforme avanzaba; lo cual nunca le había sucedido con una mujer antes. Pero ahora lo más importante era terminar de avanzar y hablar con ella.
- No debería exiliarme solo por un percance.- Se detuvo, había hablado y su voz era tal y como se imaginó que sería; dulce y melodiosa, casi celestial. Aunque algo dentro de su cabeza parecía indicarle que ya conocía esa voz- Además, adentro esta Tomoka y los demás senpais...
Había mencionado la palabra 'senpais'; aunque era normal para dirigirse a personas mayores que uno por ser formal y respetuoso. Pero había mencionado el nombre de Tomoka un nombre que se le hacía extremadamente conocido, como si lo hubiese escuchado mucho de una parte. Ya no alcanzó a escuchar el resto de su oración. Estuvo a punto de levantase y él se encontraba a unos pasos detrás de ella, era una gran oportunidad para hablarle; mas la idea fue desechada al ver que se volvía a su lugar, pero esta vez sujetando la rosa la cual contenía una pequeña luciérnaga; ante esa escena ella parecía tan inocente solo por admirar una flor con un pequeño insecto brillante encima. Sin embargo, eso mismo era lo que la hacía tan adorable e irresistible a su imagen.
Ya había sido suficiente espera, quería hablar con ella YA! que notará su presencia. Caminó finalmente los últimos metros que los separaban; el momento, que por esa inexplicable razón que aun no encontraba anhelaba más que nada, había llegado finalmente desde que la vio. Antes de llegar la oyó hablar nuevamente con su suave y tranquila voz:
- Es una flor muy hermosa, pero… -alejo sus manos, aunque aun veía fijamente la rosa- … creo que prefiero mejor los… - más nunca alcanzó a terminar la frase, porque justo frente a su rostro tenía otra bella flor. Además de…
- Lirios ¿no?, O al menos creo que te quedan mejor.
La joven inmediatamente se dirigió sus ojos hacía él. Cuando sus ojos se encontraron, Ryoma sintió un escalofrío recorrerle la columna. Ahora que estaba cerca de ella, era imposible no notar que era demasiado hermosa, mucho más que cualquiera que haya conocido. Detallo en su rostro, de piel blanca y lisa, como si se tratase de una muleca; una nariz pequeña pero respingada, y unas pestañas largas y perfectas. Sin embargo, lo que más llamaba su atención es que bajo esas largas pestañas estaban esos ojos, tan rojos como rubís; aunque también pareciesen de un tono sangre. No los había visto con tanta claridad allá en el salón por el antifaz que ella traía. Aunque ahora que se lo había quitado podía ver perfectamente el color de estos, tenía una mirada confusa pero eso no le quitaba el bello color de sus ojos, rojos; rojos como los de…
Ryoma nuevamente sintió como una serie de imágenes surgían instantáneamente de su cabeza. Pero lo más extraño era que todas y cada una de ella era de una niña. Una niña con la singularidad de dos largas trenzas y unos grandes ojos llenos de expresiones y dulzura; con el intenso color 'rojo'. En ese momento lo recordó: la nieta de la entrenadora, Sumire. Una chica que era torpe en el tenis y con un cabello extremadamente largo. Ryuzaki… Sakuno.
Ahora todo estaba aclarado, Sakuno Ryuzaki era el hermoso ángel y es la que estaba justo enfrente de él en esos precisos instantes. Y ya no tenía duda de ello.
Era increíble, que la chica que había estado persiguiendo era ella. Había cambiado con el paso de los años, ahora era una mujer con una exquisita belleza; pero aun conservaba su mirada tan expresiva, y lo que también siempre le sugirió que cambiará, su largo cabello rojizo. Todo tenía sentido; el nombre de su amiga Tomoka ahora recordaba que era esa rara niña escandalosa, y también por el hecho de que estuviera bailando con Tezuka-senpai. Y era porque estaba acompañándolos en la fiesta.
Ante la insistencia de su mirada sobre su rostro, Sakuno se sonrojo y aparto sus ojos de los de él. Ryoma ante tal reacción no pudo evitar sonreír, realmente no había cambiado mucho. Así que la ojiroja estaba con los senpais, pues realmente lo lamentaba por ellos, pero esa noche él no pensaba dejarla ir de su lado. Se acerco un poco más hacia donde estaba y ella por reflejo se puso inmediatamente de pie, sin embargo aun se encontraban cerca uno del otro. Los ojos de ella mostraban ahora una mayor sorpresa a la anterior de cuando le ofreció la flor, a lo mejor era porque había reducido la distancia entre ambos. Por lo que mejor era hablar y hacerle ver que no iba a hacerle nada.
N.A: La razón por la cual Sakuno se sorprende al verle de frente es por su ser el del salón, bueno como ya se dieron cuenta no lo ha reconocido. Así que el que se fijara en sus ojos fue por saber de quien se tratase. Ok es todo continúen.
- No se asuste, no vengo a hacerle daño.- alzó la mano donde aun sostenía el lirio y se la acerco para que nuevamente la tomara- Toma, realmente creo que el lirio es una flor que va mejor con su persona.
Ella se sonrojo otra vez, pero guió su vista hacia la pequeña planta que traía en sus manos. Después de unos instantes, fue extendiendo su brazo y cuidadosamente la agarro; haciendo que con ese movimiento por unos breves momentos las manos de ambos se rozaran. Provocando una reacción diferente en cada uno: ella que el nudo en su estomago se hacía cada vez más grande y el ligero rosa en sus mejillas cambiara a un brillante carmín; y Ryoma sintiera como un escalofrío recorriera toda su espalda.
- Gra… gracias.
- No hay porque. –así que estaba nerviosa, todavía conservaba esa manía de tartamudear cuando hablaba con él. Pero el nerviosismo de Sakuno parecía crecer por su presencia; sonrió interiormente, quería ver qué otra cosa haría. Se acerco un poco más, no quería perderse ningún detalle de las formas de su rostro. Había crecido, ahora era una mujer, pero podía ver que aún conservaba esa timidez y delicadeza, de cuando la había conocido.
Sakuno se dio cuenta de que sus ojos estaban fijos en su cara, pero al sentir lo penetrante de su mirada, opto por voltearse, se estaba sonrojando otra vez. De por sí ya lo estaba y si seguía así estaría tan roja como un tomate. Su cabello comenzó a ondearse por una suave brisa, agitando sus largas hebras, las cuales estaban perfectamente acomodadas y con sus pequeñas ondulaciones, hacían parecer su cabellera muy suave al tacto. Aquello llamo demasiado la atención del joven tenista.
- Gracias por la flor, demo…
- Que bueno que te gusto.- Nuevamente había sido interrumpida, aunque lo había hecho adrede y era que había notado la clara intención de la chica por querer evadirlo. Pero él ya se había decidido y el ángel no se iba a ir hasta que lo dispusiera, se daba cuenta de que tenía un complejo de posesión para con ella, pero no podía evitarlo, era como un instinto natural de su persona.
Sakuno sostuvo la flor y la observo con detenimiento, era una flor muy bella, blanca y con los pétalos abiertos mostrando su bella forma. Pero en ese momento ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo y recordó con quien se encontraba. Fue dándose la vuelta lentamente hasta que se encontró nuevamente frente, aunque sus ojos aun estaban gachos. Pero gracias a ello recorrió el cuerpo de esa persona. Tenía un porte bastante elegante, un disimulado sonrojo apareció en sus mejillas, y era que aunque no lo había hecho apropósito, se dio cuenta del excelente físico que el chico poseía.
Fue subiendo más sus ojos, llegando a la parte de su cuello a su firme pero fina barbilla. Se detuvo, sabía que lo que seguían eran los labios pero si los observaba podía suceder que se quedara fija en ellos y se sonrojase, luego él pensaría que ella era una pervertida. Cerró sus ojos, no quería que eso pasara, así que lo mejor era brincarse esa parte de su cara. Abrió sus ojos pero esta vez para pasarlos rápidamente hacía el antifaz que él traía, aunque este no le permitía ver en todo su apogeo el rostro de ese desconocido príncipe. (N.A: Vaya que nos salió lenta Saku.. , pero no se apuren ya se dará cuente, je)
Podía ver un poco sus ojos, pero debido al contraste de la noche y por las sombras del antifaz era que no podía ver la tonalidad de estos. Aunque podía notar cierto brillo en ellos. Era increíble y una suerte que aquello estuviese sucediendo, pero el silencio estaba siendo demasiado, y cada instante se le figuraba eterno.
- Son mis flores favoritas… - dijo repentinamente. Lo había dicho sin pensar, fue una frase que su baca pronuncio, un reflejo inconsciente de sus pensamientos el cual se había manifestado de forma física, y sin siquiera advertirlo. Al darse cuenta de ello, sus mejillas se coloraron, quitando sus ojos del rostro del chico.- Gomen, no sé porque dije eso, demo… la flor es muy bella, otra vez, Arigato.- Una sonrisa se asomo por sus labios al pronunciar esa última oración; pero también por eso hizo que el príncipe acentuara una sonrisa en sus labios.
Ryoma seguía pensando en el hecho de que la chica continuaba con muchos rasgos de hace unos años. Ese sonrojo y su torpeza era de las características evidentes de ella. Cuando la conoció, en el tren su primera impresión era de una niña perdida, pero cuando hablo con ella para preguntarle por la dirección de las canchas, en sus profundos pensamientos se dijo que era bonita; pero nunca lo admitió y lo dijo abiertamente. Pero ahora con el paso de los años, la belleza de la cual era poseedora era casi divina. Como si el disfraz que llevaba, fuera parte de su ser.
Sakuno estaba nerviosa, pero también estaba alegre, y era una fortuna sorprendente que el mismo chico que había visto en el salón y seguido por la pista de baile, estuviera justo enfrente de ella. La chica abrió sus ojos con sorpresa, el salón, Tomoka, los senpais y…, en ese momento recordó, porque se había marchado de ese lugar dejando a sus amigos allá.
De un rápido movimiento se dio la vuelta, dándole la espalda al misterioso príncipe, sorprendiendo al ojiambar por su extraña reacción. Más ella continúo en su lugar, pero ahora con la mirada fija en la flor que aun sostenía pero ahora con fuerza, conteniéndose. Parecía decaída o triste, no estaba muy seguro, pero el ambiente en el que se encontraban hace unos instantes había cambiado bruscamente; ahora el ambiente entre ellos a una atmosfera densa. Lo cual le extraño.
Una nueva brisa soplo por sobre ellos, no era fría sino cálida, correspondiente al clima de verano. Sus suaves hebras se movieron con el son del viento, dándole un aspecto hipnótico a cada uno de los movimientos. Cosa que no pasaba desapercibida para el pelinegro. Sentía como el calor en su rostro comenzaba a expandirse por sus pómulos. Ahora comenzaba a comprender un poco más que era eso que le había motivado a seguirle todo este tiempo. Quiso acercarse un poco más, pero se detuvo cuando ella se volvió a voltear, pero todavía con la mirada en la flor. Parecía deprimida o triste, no lo sabía con certeza ya que no alcanzaba a ver bien su rostro; y por ellos no sabía cómo reaccionar.
- Nuevamente gracias por el lirio…- su voz salía forzada, como si cada palabra le costase pronunciarla, pero en todo momento no levantó una sola vez su cara hacía la de él. Ella continuo- … pero lo mejor será que me vaya, además me están esperando, arigato, sayonara.
Giro su cuerpo dándole nuevamente la espalda, pero esta vez comenzó a caminar de manera apresurada, alejándose del príncipe. Lo mejor era que se apartase de ese chico que apenas y conocía, así se evitarían confusiones y también una decepción como la de hace rato en el salón.
Pero su andar se detuvo, había sido detenida del brazo. Su agarre había sido firme pero no brusco, por lo que la fuerza hizo que su cuerpo se volteara hacía su captor. Haciendo que sus miradas se encontraran directamente. Ante tal acto su corazón comenzó a latir fuertemente.
Ryoma en cuanto había escuchado la despedida de la chica, y verle marcharse. Causo gran sorpresa en él, quedándose quieto por unos instantes pero en cuanto reacciono, inmediatamente camino para alcanzarla, tomándola del brazo girándola hacía él. Donde noto nuevamente el rojo rubí de sus ojos. Había sido un impulso el jalarla de esa manera pero no quería que se marchase, y menos ahora que habían hecho contacto directo y hablado.
- No te vayas.- lo dijo sin rodeos. Todavía quería estar cerca de ella. Habían pasado varios años desde la última vez que había visto a Sakuno. Y desde el momento en que la vio bailando en la pista de baile quería hablarle; y ahora que sabía que era Ryuzaki y sobre ese raro sentimiento que sentía para con ella. Estando finalmente a solas, no la quería dejar marchar, estaba totalmente decidido. Y si ella insistía en irse él la seguiría.
Realmente quería pasar ese tiempo con ella, pero sobretodo no quería que se marchase para que se encontrase nuevamente con Kunimitsu. No tenía nada en contra de su ex capitán, pero su instinto le decía que no la dejase ir con el senpai. De nuevo su manera posesiva tomaba control en sus pensamientos.
Sakuno no entendía el porqué aquel extraño chico, (n.a: recuerden que aun no sabe que es Ryoma, nonono con esta niña, bueno sigo) no quería dejarla marcharse. Tal vez el solo estaba jugando por lo que había pasado en el baile, pero no era justo ni para ella ni para… Su semblante se opaco, tenía que irse de ahí lo antes posible, antes de que algo malo llegase a pasar. Así que lo mejor era cortar aquel encuentro.
- Gomen, pero me están esperando adentro y… y bueno… han… han de estar preocupados por mí- quiso safarse de su agarre y poder continuar su camino, pero la mano que sujetaba su brazo se mantuvo firme en su agarre. Ante eso se asusto, no la quería soltar, intento convencerlo otra vez.- Por favor, tengo que irme, además a usted…
Muy tarde, esas últimas palabras habían sido dichas sin querer aunque en voz baja, pero él las había alcanzado a escuchar perfectamente, así que no tardo en peguntar.
- Además yo ¿qué?- Ryoma examinaba las expresiones de Sakuno y por el ligero temblor de su cuerpo se dio cuenta de que estaba asustada. Pareciese como si se fuese a derrumbar en cualquier momento, realmente no entendía a las mujeres y a ella menos. Tanto miedo le tenía, poco fue soltando su brazo, tal vez su acto era el que había provocado su miedo. Una vez libre, su brazo ella aun permaneció quieta, pero todavía con su mirada lejos de la de él.
- Además… no crees que la chica que viene contigo, también se preocupe por donde te encuentres?- listo!, lo había dicho y esa presión que sentía en su pecho que sentía desde que paso lo del salón, se había disminuido; pero su corazón aun continuaba palpitando con fuerza.
Y ahora que finalmente le había dicho lo de la otra chica, finalmente podría irse y él también regresaría con su pareja al salón, y cada uno pasaría la velada en compañía. Era la mejor manera de hacerle ver que ella no estaba dispuesta a ser manipulada por alguien que acababa de conocer y que había sido una coincidencia encontrarse en el baile. Solo había sido un juego de miradas y perseguidas, pero ella no quería que por algo tan corto fuese a salir herida.
Lo mejor era cortar todo de una vez. Y además, lo único que ella hacía era retirarse de algo que obviamente era una causa perdida, él ya tenía a alguien y ella no era. Tal vez se había dejado engañar por el ambiente de las parejitas, además de que estaba pensando en lo que le había sucedido con Tezuka-senpai, si tal vez todo había sido una confusión. Así que lo mejor era regresar con sus amigos y disfrutar del resto del baile.
- ¿De quién estás hablando?- La pregunta fue una total sorpresa para Sakuno. Aunque Ryoma también se había quedado sorprendido cuando ella le había afirmado que él venía acompañado. No había comprendido el porqué había dicho aquello, tal vez había escuchado mal o se había confundido; por eso es que le estaba preguntando.
Aunque ahora la duda la tenía Sakuno, ¿Qué de quien hablaba? Pues de la única chica que venía con él, un momento. Y si andaba con más de una? Bueno ese chico era muy atractivo, se sonrojo ante ello; y perfectamente podía conseguirse a más de una chica como novia o acompañante. Pero era algo que no cuadraba mucho con su semblante, él parecía una persona seria, bueno aunque nunca se sabe con la gente. Aunque en esos momentos tenia la expresión de la duda en su cara.
- Pues la chica que estaba contigo en el baile, eto… la que tenía el traje verde- se sonrojo al estar señalando hasta el color del atuendo, pero ya creía que con eso sería más que suficiente para recordar de quien le estaba hablando.- Ella también ha, de estar preocupada por ti, y sobre todo ha de estar esperándote en el salón, no crees?- Sonrió de manera forzada, y aunque traía puesto en antifaz, se distinguía su expresión y su modo involuntario de decirlo.- Lo mejor será que me vaya, para que puedas buscarla.- estaba a punto de girar su cuerpo y caminar directamente hacía el auditorio, pero.
- Eso es un gran gesto de tu parte; sin embargo, todo esto sería más divertido si realmente tuviera a alguien a quien ir a buscar.- La manera en como lo dijo fue de una manera un tanto presuntuosa. Y era que esa situación había dado un vuelco, que se le hacía gracioso.
Ryuzaki era tan inocente, que le había impactado el hecho de que ella afirmara con total seguridad, bueno a su manera, de que él venía acompañado. Y más de una mujer que ni siquiera conocía; primero pensó que se había confundido con alguien mas, pero recordó después a la chica esa insinuadora que lo había retenido justo en el momento que iban a encontrarse. Claramente las cosas se le habían enredado, ya que en primer lugar él a quien quería ver desde un inicio era a ella.
En ese momento, las cosas se aclararon. Y es que ahora comprendía, porque se había ido corriendo del salón, en cuanto le vio con esa tipa. Quiso reírse pero mejor lo hizo interiormente, no quería que Sakuno pensará que se burlaba de ella o algo así. Pero es que esa niña era tan ingenua pero de una manera encantadora, ahora que sabía el motivo de su insistente huida, tenía lo que quedaba de la noche para compensarla por ese mal rato que le había hecho pasar.
Sakuno por el contrario, al escuchar la última oración del chico, se quedo quieta. Volteando lentamente para encontrarse con su rostro y su intensa mirada. Pero lo que no se esperaba era encontrar una sonrisa en su rostro, pero no era una sonrisa normal, era una totalmente llena de arrogancia. Esa sonrisa le hizo recordar a cierta persona, pero solo había sido instantáneo por lo que no analizo de quien. Aun se le hacía increíble lo que había dicho aquel extraño príncipe.
- Nani?
- Tal y como lo acabas de escuchar. Yo no vengo con nadie y menos con la chica esa que tu dices.- Se acerco un poco más hacía donde ella se encontraba, reduciendo su distancia. Ahora estaban frente a frente y también se encontraban cerca de la fuente; donde la luz de la luna, hacía su brillo reflejar en el agua.- Esa mujer sólo quiso que yo bailará con ella, pero yo me negué. Y todavía con más razón por haberse interpuesto en mi encuentro con un ángel.
Sakuno ante su confesión se sonrojo ferozmente, así que ese misterioso príncipe; con el cual se había encontrado en el auditorio y seguido a través de la pista, y con el que se encontraba a solas en ese momento; tenía desde un principio encontrarse con ella. Pero por no quedarse para ver el final de las cosas, es que había malinterpretado todo desde un inicio. Era realmente una tonta, y ahora entendía que el chico se burlaba de ella.
- Lo siento…- dijo en voz baja, bajando su mirada apenada. Sus cabellos se movieron por el soplar de una nueva brisa, solo que esta soplaba hacía la dirección del príncipe, rozándole también el rostro. Aunque había sido ese mismo aire el que había llevado el aroma que desprendía Sakuno hacía el olfato del chico.
Era como un aroma a frutas dulces, suave pero al mismo tiempo embriagador, encajado perfectamente a su persona. La chica era sumamente interesante, aunque él creía que demasiado, pero todavía el instinto en su interior y esa extraña sensación que aun lograba totalmente descifrar, le indicaban que ahora que ya la frente a él ya no debía dejarla ir y descubrir todo lo sobre ella. Sakuno aun se encontraba con la mirada baja, todavía apenada por lo de hace unos momentos, además de que sus mejillas se encontraban aun bañadas por el suave rosa, haciéndola parecer muy tierna y a la vez bella.
Dio otro paso hacia adelante, acortando nuevamente la distancia. Está vez ambos se encontraban muy cerca del otro. Sakuno se sorprendió ante su acción, ahora él se encontraba a escasos quince centímetros para que los dos se tocasen. Ryoma levantó una mano y la fue acercando poco a poco hacía su cara, como si la fuese a tocar. Ella por un instinto quiso dar un paso hacia atrás pero ya era demasiado tarde. El joven pelinegro había cogido uno de sus mechones de cabello y lo observaba y palpaba fijamente.
- Me alegra de que no seas rubia.- ella se extraño por el comentario y fue cuando recordó que hasta hace un rato traía puesta la peluca. Se sonrojo ante ello, pero el continuo.- Te queda mejor este color.
- Mi amiga dijo que si me la ponía combinaría mejor con mi disfraz- levanto su mirada hacía la de él.- Aunque a mí no me gustaba.
- Estoy de acuerdo.- Sakuno aprovechando el pequeño silencio, detallo en el rostro del chico, y a pesar de traer el antifaz no dejaba de destacarse el atractivo que poseía. Y ahora que lo tenía tan cerca se pudo dar cuenta mejor de cómo era físicamente; lógicamente era más alto que ella, una cabeza casi. Ya había notado antes del gran físico que tenía, se sonrojo fuertemente ante tal pensamiento, pero lo más probable era que practicara algún deporte.
La largura de sus brazos y el ancho de su pecho, le hizo preguntarse; que si él la abrasase, ¿ella cabría perfectamente en sus brazos? Se regaño a si misma mentalmente, frunciendo ligeramente su ceño; no era momento para que fantasease con ese tipo de cosas. Además no estaba en una posición muy buena que digamos.
Vio como deslizaba sus dedos por su cabello, hacia abajo. Sin dejar de mirarlo con detenimiento. Ella también había notado la peculiaridad de su cabello, era negro pero por los rayos de la luna, podía notar los reflejos de un tono verdoso. Nuevamente el recuerdo de alguien apareció en su cabeza, también había alguien que conocía con esa peculiar característica.
En cambio Ryoma, desde que había tomado el cabello, se había dado cuenta del cuidado que tenía, y al deslizar sus dedos se fijo en la largura de sus hebras, si de por si cuando estaban en Seigaku siempre creía que su cabello era excesivamente largo, pero ahora con el paso de estos años, había crecido todavía más. Como quería quitarse los guantes, y así comprobar también su sedocidad.
Movió sus ojos del fascinante mechón, a su rostro. Ya que se había sentido observado. Posando nuevamente sus ojos sobre los de ella. A esos ojos de color rojo. Sakuno ahora podía ver el color de sus ojos, al estar de frente a la luz, tenía un color bastante peculiar, dorados, la cara de cierto tenista apareció en su cabeza. Sus ojos eran como los de él.
- Tu cabello es demasiado largo.- lo había dicho sin ninguna aparente intención, pero…
Sakuno se había quedado paralizada, aquella ultima oración hizo que todos aquellos pequeños recuerdos que había estado teniendo desde que se encontraron, habían encajado y ahora tuvieran una clara conexión. No podía creerlo, cómo era posible que no se hubiese dado cuenta antes, todo encajaba. Y el color ámbar de sus ojos era la prueba definitiva.
Era él, después de más de tres años sin verlo, ahí estaba, en la escuela donde se habían conocido formalmente, justo en frente de una fuente, cerca el uno del otro y él con uno de sus mechones en su mano. Era increíble, realmente estaba frente a ella la persona por la cual se había desvivido tanto tiempo, el hombre del cual se había enamorado desde que tenía doce, el príncipe del tenis.
Su Romeo, no era nada más y nada menos que…. Ryoma Echizen.
Continuara…
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N.A: Hola de nuevo, para compensar la larga espera hice este capitulo lo más largo posible, ojala les haya gustado. Es tan emocionante, ya que lo mero bueno va a comenzar ahora que ambos saben quien es el otro. Sakuno ahora fue la lenta, pero al final ya supo que su príncipe es su romeo, uuyyyy.
Bueno una cosa muy importante es que el próximo capitulo llegará tarde como este. Y no es por que no quiera escribirlo, pero es que se me acercan muchos trabajos finales y parciales, así que pleace no desesperen, ya vieron que aunque tarde pero seguro. Si por mi fuera ya habría escrito los otros que tengo por allí. Bueno es un aviso para que sepan de que me tardare en publicar pero por supuesto que lo terminare.
No puse la parte del baile, sino hasta el próximo y es que a pesar de que Ryoma es lento para cosas sentimentales, el niño sigue siendo un hombre… ñañañaña. Bueno después entenderán el porque, pero ojala hayan captado la idea. No va a ser nada pervertido, eh! Aclaro. Es un fic K+.
Mmm, bueno eso es todo por ahora, no pongo un adelanto porque todavía no lo he escrito, así que los dejare un poco con la angustia. Ya saben que dudas o aclaraciones me las hagan saber por los reviews. AH!! Y muchas gracias por aquellos que me han escrito, de verdad, gracias. Ok, nos vemos.
Bye, Zshieszka.
