Personajes de S. Meyer
Saludos! Gracias por sus opiniones :)
LA FIESTA (parte I)
(Edward)
Vigilaba a Emmett... tenía entumecido todo el cuerpo pero no me atrevía ni siquiera a moverme. Mi hermano no me encontraría en este escondite. A él jamás se le ocurriría buscarme aquí.
-Sal Eddie, de donde quiera que estés...
Su voz cercana casi me hace perder el equilibrio, pero alcancé a agarrarme a una rama en el último segundo.
-No puedes esconderte de mí.-
Emmett entró en mi campo de visión. Se movía bruscamente agitando sus brazos mientras peleaba con la flora rebelde. Era intimidante, demasiado grande para su edad. Casi todos mis amigos le tenían miedo, y también los suyos. A veces me venía bien porque los demás no se atrevían a meterse conmigo. Pero en estos momentos era yo el que le temía. Sólo contaba con que era más rápido que él y un poco más astuto.
Llegó a parase justo debajo del árbol en el que estaba encaramado, y miró alrededor. Ni siquiera respiré.
De pronto, un niño rubio pasó corriendo como un rayo a unos metros de Emmett, y este en seguida salió tras de él para que no llegase al refugio. Agradecí mi buena suerte, y esperando que Jasper tuviese a Emmett ocupado para poder acercarme a la base y ganar el juego, salté al suelo.
-¡Ahhh!-
Caí sobre algo blando y escuché un gritito. Pensando que era uno de los niños que se escondían de mi hermano mayor, tapé su boca.
-Si te callas, le ganamos los dos a Emmett- me giré a verlo. Me encontré con dos enormes ojos cafés que me miraban con miedo y rabia. Me quedé estupefacto al ver que era una pequeña niña, con un vestido melocotón. Alcancé a avergonzarme por haber caído arriba de ella cuando ella me mordió la mano para que la soltara, y mi bochorno fue sustituido por enojo.
-¡Ay! Pero... ¿que haces?- miré mi mano en busca de sangre. Sólo habían unos pequeños dientes marcados en forma de media luna. Me levanté
-¡Caíste en mi espalda!- me acusó levantándose ella también.
-¡No lo hice a propósito! ¿Quién te manda a ponerte debajo de un árbol?
Escuché ruidos y temí lo peor.
-No le digas a nadie que me viste- dije mientras escalaba de nuevo el árbol. Alcancé a subir justo cuando Emmett apareció por la izquierda. Se detuvo en seco al ver a la niña.
-Hola- dijo
-Hola- respondió ella. Pude ver que no le temía a mi hermano
-¿Qué haces?- la niña se encogió de hombros. -¿Tu gritaste?
-Sí
-¡Ah! ¿Por qué?-
"Por favor, que no le diga. Por favor que no le diga" rogué en mi cabeza. Mamá siempre decía que Dios nos escuchaba.
-Un niño me golpeó.
-¿Un niño? ¿Cómo era?
-Muy feo- hice una mueca. "Mocosa" Yo no era feo.
Emmett sonrió
-¿Más feo que yo?
-No, casi igual de feos- eso borró las sonrisa de su cara y puso una en la mía. ¡Decirle feo a Emmett! La pequeña era valiente
-¿Y por donde se fue?
Ella rió y apuntó hacia la derecha. El niño de 8 años corrió en esa dirección y apenas desapareció la niña levantó la cabeza y me miró.
-¿Juegan al escondite?
-Sí-
-¿Puedo jugar?
-No- ni se inmutó.
-¿Por qué no?
-Eres niña
-¿Y?
-Que las niñas no juegan
Ella levantó su nariz obstinadamente. No lloraba, las niñas siempre lloraban cuando peleaban conmigo o con algún otro, pero ella no lo hacía. Tomó aire profundamente
-¡ENCONTRÉ A UNO!
Casi me me caí por su grito
-¡Cállate! ¡Me van a encontrar!
-Déjame jugar- pidió ahora en voz baja
-No
-¡AQUÍ HAY UNO!
-¡Que te calles!
-Déjame jugar-
-No
-¡ATRÁPENLO!
-Silencio, por favor. No quiero perder.- escuché pasos viniendo- ¡Súbete!- bajé unas ramas apresuradamente y tomé su pequeña mano. Con un impulso estaba al lado mío y nos escondimos en el follaje
-¿Esto significa que puedo jugar?- susurró
No le respondí y ella infló de nuevo sus pulmones.
-Si- respondí irritado antes de que chillara- Puedes jugar.
Ella sonrió y no soltó mi mano.
...
La luz me impactó en el rostro. Me desperté desorientado.
-¡Levántate Edward! ¡Es tarde!
-¿Tarde?- pregunté mientras me sacudía el sueño.
-¡Hoy es la fiesta Edward!- Alice se acercó a mi cama con paso enérgico.- Mamá espera ponernos presentables, se celebra en nuestro honor, ya lo sabes, así que lo mejor que puedes hacer es levantarte e ir por las ropas que dejé preparadas para ti, pensé que sería mejor un color oscuro para que contrastara...
No le presté atención. Había soñado con mi infancia aquí, estaba seguro. Aparecía un Emmett muy pequeño, un niño rubio que se me hacía familiar y una niñita de largas ondas cafés que me había mordido. Observé mi mano tontamente en busca de alguna marca. No había ninguna
-¡Te estoy hablando, Edward!- Alice me observó- ¿Le pasa algo a tu mano?
-No- sonreí
Ella alzó una ceja
-¿Estás bien?
-Sí.
-¿Por qué sonríes?
-No es nada hermana. ¿Puedes parar con el interrogatorio? ¿Qué haces en mi habitación?
-Ya te lo dije. Debes prepararte para la noche y...
Rodé los ojos. -Es todavía de mañana. ¿Esperas que me vista ahora para la fiesta?
-No, pero...
-Entonces déjame dormir Alice-
-No. Nuestros padres nos esperan para desayunar.
Suspiré derrotado.
-Esta bien Alice. Puedes decirles que bajaré apenas este listo
Mi hermana pequeña se retiró luego de recordarme que me diese prisa. Minutos mas tarde bajaba las escaleras aún pensando en el sueño. Seguramente mi regreso había desencadenado algunos recuerdos pasados. Me pregunté por los niños que aparecían en el. El rubio al parecer se llamaba Jasper, pero de la pequeña muerde manos no sabia nada mas ¿Vivirían todavía aquí?. Me reí al recordar el terror que me provocaba Emmett y de las ganas que tenía de ganarle en los juegos. Mi hermano siempre ganaba.
-Veo que amaneciste bien- Esme me interceptó y me miro sonriendo
-Solo recordaba algo
-¿Puedo saber que?
-Los juegos con Emmett cuando era pequeño.- ella sonrió con nostalgia.
-Ah! si, te la pasabas horas tratando de ganarle. Los niños siempre le tenían miedo, así ganaba con facilidad.
-¿Te acuerdas de los amigos que teníamos cuando vivíamos aquí?
Mi madre me miró con confusión
-No mucho, la verdad ¿por qué?
-Creo que recuerdo a algunos niños de nuestros años aquí. Jugábamos en un bosque.
-¿Bosque? En los Angeles no hay bosques cercanos Edward.
-Lo se, pero ¿es posible que alguna vez estuviésemos en uno? ¿un viaje quizás? Estoy seguro de recordar que Emmett tenía unos 7 u 8 años y estábamos todavía aquí. Y que no era un lugar en Inglaterra.
Ella pensó por un momento antes de entrar al comedor.
-Puede ser Washington. Fuimos ahí en un par de ocaciones.
-¿Washington?
-Si
- Tampoco he visto bosques allí, madre
-No exactamente en la cuidad, pero estuvimos en un pueblo pequeño, visitando amigos. El lugar esta rodeado de árboles y cercano al mar
-¿Cómo se llama?
-Forks
(Bella)
El carruaje se movía bruscamente sobre el pavimento. A ciertos sectores de la ciudad le estaban reemplazando los adoquines. La casa de los Weber estaba justamente entre estos sitios en reconstrucción. De modo que yo me sentía rebotar sobre el asiento de terciopelo.
Estaba cansada. Molly y mi madre habian confabulado todo el dia arreglándome para el dichoso evento. Obligaron a probarme, lo que yo sentí como cientos de vestidos. Finalmente se habían decidido por uno azul, con detalles plateados. Era bastante lindo, aunque el corsé era mas estrecho de lo usual, y me sentiría cómoda en el si no tuviese que usarlo para este tipo de fiestas. Mi pelo estaba recogido hacia atrás, con algunos de mis mechones marrones colgando en suaves ondas sobre mis oídos. Mi maquillaje era sencillo, llevaba guantes blancos en mis brazos y una capa azul oscuro sobre mis hombros. Me preguntaba que maniobras evasivas tendría que ocupar para no bailar e interactuar lo menos posible. Sentía que me llevaban como una ofrenda. Suspiré.
Mi madre se movía nerviosa de un lado hacia otro. El baile era a las 9 en punto y nosotros llegábamos un poco retrasados, por lo que seguramente nos habíamos perdido la presentación masiva de ambas familias. Donde se paraban una tarima y se los aplaudía. No me importaba en realidad. Las presentaciones duraban toda la noche. El principio era sólo la punta de iceberg.
El carruaje se detuvo. Charlie descendió y nos ayudó a bajar a mi y a Reneé. Escuché la música y voces humanas. Resignada seguí a mis padres. Era tan majestuoso como esperaba. Mesas ubicadas con bebidas y meseros dando vueltas con copas de cristal rebosantes de champán. Busqué a Ángela con la mirada, esperaba que ella pudiera acompañarme, y evitarme las molestas presentaciones de sociedad. Sin embargo, con o sin Angela, no guardaba muchas esperanzas. Di un rápido vistazo a la gente que se encontraba en el lugar: Había muchos rostros que no conocía. Sin duda "Mucho Gusto, Isabella Swan", me acompañaría toda la noche.
Como una confirmación de mis sospechas, Charlie me arrastró consigo para conocer a jefes de policía de cuidades vecinas que habían sido invitados por el alcalde. Me presentó a un sin número de hombres severos junto a sus esposas e hijos que me observaban con ojos brillantes. Me di cuenta que Charlie era en verdad joven para el cargo que ejercía. Sus colegas lo sobrepasaban en promedio por unos 15 años. Luego de 20 minutos de formalidades me excusé para ir a buscar una bebida.
-¡Isabella!- sentí un escalofrío al oír la voz de Jessica coreada por risas tontas.
Me di vuelta obligándome a sonreír educadamente.
-Buenas noches, prima. Lauren, Leah ¿cómo están ustedes?- dije inclinando mi cabeza levemente.
- Hola, Isabella.-respondió Lauren con sorna, mientras Jessica y Leah seguían con su ronda de risas ridículas. Las tres se veían muy arregladas e impresionantes. Jess y Lauren rubias y Leah morena, se lucían con vestidos glamourosos, aunque un poco provocativos. Por un segundo me pregunté si podían respirar adecuadamente con sus ceñidos corsé. Apostaría que alguna de las tres sufriría un leve desmayo en algún momento de la velada. Claramente querían ser observadas desde cualquier punto de la habitación.- ¡Qué gran noche! ¿no crees?-
.-En efecto. es una noche muy agradable -
-Lauren, Jessica y yo, nos hemos detenido a retomar el aliento. Los muchachos nos han invitado a bailar desde que llegamos. Son todos tan educados y guapos. Dime Isabella, ¿ya has bailado con alguno?
Debí haber sabido que aquella conversación tenia como único fin humillarme.
-No, Leah. No he tenido la oportunidad de bailar aún.
Las tres me miraron con lástima.
-¡Ah! Bueno, prima -sonrió con superioridad- No te preocupes. Seguro alguien bailará contigo en algún momento. Pero si no ocurre, siempre puedes bailar con tu padre ¿cierto? Para que aproveches la música. O quizás le podemos pedir a uno de los Cullen que te presenten alguien adecuado.- Yo iba a responder pero Leah se adelantó y se dirigió a mi.
-Tu prima bailó con uno de los hijos de Dr. Cullen. ¿Edward, verdad?- Jessica asintió- El se portó maravillosamente con ella. Tiene 21 años y sin duda alguna es uno de los hombres más hermosos que he conocido.
-Me alegro por ti prima. ¿Y dónde esta el maravilloso Edward?-
El rostro de Jess decayó por algunos segundos antes de recomponerse.
-Es uno de los invitados de honor. Debe saludar a mucha gente.
-¿Y por qué no lo acompañas? Seguro se querrá lucir con una belleza como tú, ¿verdad, chicas?- pregunté malévolamente. No tenia duda que ella había bailado con él, pero Jess siempre estiraba la verdad, y yo me divertía bajándole los humos.
Jessica respondió antes que sus secuaces lo hicieran.
-Ya bailaré con él mas tarde. Además, no es el único que esta reclamando mis atenciones, Bella. Hay otros jóvenes. Michael Newton estuvo preguntando por mi- "Y por todas las demás" pensé. Jess hablaba de Newton soñadoramente, como un príncipe azul.
-Quizás deberías bailar con él-
-Sin duda lo haré en algún minuto de la velada.- la seguridad en su voz resultaba casi admirable.- Iremos de vuelta a bailar, Bella. Pero me apena dejarte aquí tan sola, quizás yo pueda decirle a un chico que te invite a la pista- la muy idiota hablaba como si yo fuera una leprosa objeto de su caridad. Me picaban las manos de las ganas que tenía de abofetearle sus rostro de talco.- aunque sea sólo una canción, seguro que a algún joven no le importaría...-
-No es necesario, prima. Soy perfectamente capaz de valerme por mí misma. Si me disculpan, iré a buscar a los anfitriones para agradecerles por la invitación.- Me alejé de las víboras rápidamente y oí sus risas burlonas a mi espalda.
Parecía que esta noche, Jessica lograría todo lo que quería. Mejor para mí. Si consiguiese un pretendiente y una propuesta matrimonial menos tiempo tendría para irritarme. Me paseé por el salón buscando efectivamente a los anfitriones. Por el rabillo del ojo vi a varios hombres mirándome y a otros con la expresa intención de acercarse a mí. Los esquivé de la manera más hábil y discreta posible. Pensé en un momento aceptar algún baile para que Jessica y sus desagradables amigas se dieran cuenta que no necesitaba de ningún favor para bailar, pero luego recordé que no tenía porque demostrarle nada a nadie. Y bailar con hombres que la mayoría de las veces miraban mi escote, por muy educados que fueran, no me entusiasmaba en lo más mínimo.
A los pocos minutos encontré a los sres. Weber. Agradecí por la velada y me dispuse a conversar con Angela. Tenía una expresión triste en el rostro y la cuestioné al respecto.
-No es nada, Bella-
-Angie, a mí no puedes engañarme ¿Qué sucedió? ¿Están bien tus hermanos? ¿Les ocurrió algo a los gemelos?- la mayor preocupación de Angela eran sus hermanos gemelos de 8 años.
-No, no ellos se encuentran bien-
-¿Entonces?
-¡Ay, amiga!- suspiró- Por favor, no me preguntes. De todas maneras, mi madre me ha prohibido hablar sobre el tema.
-¿Prohibido?
-Si
-¿Prohibido hablar?- no lo podía creer.
-Si
-Pero... ¡eso es absurdo!
-Si, quizás... pero debo obedecerla. De lo contrario...- tragó pesadamente
-¿De lo contrario que?
Angela luchaba por reprimir las lágrimas.
-Mi madre... bueno... la conoces. Es muy estricta.
Era verdad. Mi amiga había sido criada por una madre muy severa. Resultado de esto, sus modales se asemejaban más a los de una monja que a una señorita de 19 años. Una vez estando en su casa, a Angie se le había escapado una maldición (un hábito adquirido de mí), y para su mala fortuna su madre la escuchó. La encerró por tres días en un dormitorio de la casa, que contaba solo con una silla y una pequeña ventana y sólo le permitió tomar desayuno durante la condena. Le advirtió que si la escuchaba maldecir otra vez serían tres días, pero en el sótano solamente con un vaso de agua.
Como si fuera poco, cada vez que creía que Angela cometía un pecado, además de obligarla a confesarse, la hacía rezar toda la noche.
-Claro que lo sé. ¿Pero qué es lo tan grave que no puedes ni contármelo a mí?
-No puedo, Bella.- murmuró angustiada
Tomé sus manos entre las mías
-¿Ella te amenazó para que no hablaras conmigo?
-No sólo contigo-
-¿Te amenazó para que no hablaras con nadie?
Asintió
-Cariño, sabes que puedes confiar en mi.
-Lo sé, pero... es que no sólo se trata de mi, Bella.
-¿Cómo? ¿Qué es lo que no se trata sólo de ti?
-Sus amenazas...-lloró- Si ella descubriese que yo hablé con alguien... no sólo sería yo la perjudicada...y eso... no... no podría soportarlo.- las lágrimas ahora caían sin control dejando caminos en su rostro. La alejé de la multitud y la abracé. Ella sollozaba con fuerza.
-Tranquila, amiga.- acaricié su cabello por un largo rato hasta que empezó a calmarse.
-Lo siento- dijo separándose
-No te disculpes por llorar, Angela
-Ya no se que hacer, estoy tan desesperada-
-Quizás pueda ayudarte-
-No, nadie puede hacerlo-
-Pero...-
-No.
-Es que...-
-No- me cortó de nuevo con decisión en su voz- Gracias Bella, pero no debes preocuparte. Hazlo por mí. Si mi madre me viese...-
Suspiré
-Está bien. Haré como que aquí no ha pasado nada.
-Gracias.
-Pero si cambias de opinión
-No lo haré. De todos modos te lo agradezco.
-No tienes porque-
-Eres una gran amiga. Ojalá pudiese contarte, pero... no esta en mis manos.
-Lo entiendo. No te preocupes- dije abrazándola- De todas maneras, no deberías hacer caso a amenazas. Aunque sean de tu propia madre.
-No tengo mas opción ... si ella... ella llegase a ...- sus ojos empezaron a brillar nuevamente.
-De acuerdo, de acuerdo. No diré más.
Ella sonrió y tomó aire profundamente. Parecía que se estaba armando de valor.
-¿Volvemos a la fiesta?- preguntó apuntando a los bailarines.
Vi los rastros de lágrimas en su rostro y supe que no pasaría desapercibida. Por todo lo que me había insinuado, yo no quería que su madre la viese así. Con repentina iluminación, caminé hasta una de las mesas cercanas y tomé una copa con vino tinto. Volví hacia Angela rápidamente. Ella me miraba extrañada.
-¿Desde cuando te gusta el vino?
La ignoré.
-¿Quieres realmente estar en esta fiesta?
-Bueno, no pero...
-¿Y si tuvieras una excusa para poder retirarte?
-¿Cómo cual?
-¿Una amiga torpe que te derramó vino encima?
-¡Bella!
-¿Qué? No puedes decir que no es una historia creíble, soy lo suficientemente torpe para causar ese accidente y otros mucho peores. ¡Lo sabes! Puedes añadir que este era un vestido perfecto y no tienes otro similar para volver a bajar. Además tendrías que maquillarte de nuevo y para cuando acabaras la fiesta ya estaría terminando.
Ella me miró dudosa por algunos momentos
-¿Y me vas a tirar el vino ahora?
-¡Por supuesto que no! Deseo ayudarte, no humillarte. Llévate la copa y tíratela encima cuando estés sola.
Dudó por unos segundos más. ¿Qué tanto pensaba? ¡Era perfecto! Si no lo hubiese prometido a Reneé que me asistiría y me comportaría, ya hubiese volcado vino en mi vestido.
-De acuerdo-
Sonreí y se la entregué.
-Eres un ángel. Gracias.
-No te preocupes. Vete- miré a mi alrededor- No veo a tus padres, así que aprovecha de irte ahora. Y descansa
-Lo haré- le diño un apretón cariñoso a mi brazo con su mano libre y se escabulló por una puerta cercana.
Me quedé mirando la puerta, pensando cuál sería el problema que aquejaba a Angela. Me imaginaba que debía ser algo delicado. Ella era una persona muy tranquila y generalmente no se alteraba por nada. Se tomaba las cosas bastante bien y siempre tenía una palabra sabia. Me pregunté con que la habría amenazado su madre. ¿Y a qué se refería cuando decía que no sería la única perjudicada? ¿Quién más podría verse dañado por la sra. Weber? Ella era una mujer estricta, era verdad, pero no mala. La prefería mil veces antes que mi tia Matilde.
¿Qué podría haber hecho Angela para ganarse la terrible ira de su madre?
Lo primero que vino a mi cabeza fue que se hubiese comportado de un modo inmoral, pero lo descarté rápidamente. Angela jamás haría algo así. Era tan respetuosa de Dios y de sus normas como su madre.
¿Tendría que ver con sus hermanos? Quizás, pero ella me había dicho que ellos estaban bien. ¿Bien por el momento?
Suspiré cansada. ¡Cómo me gustaría saberlo! Ver a una de las pocas amigas que tenía de ese modo, me angustiaba terriblemente. Quizás si insistía un poco más, o la invitaba a mi casa para que hablara conmigo fuera de la presencia de su madre, o a un paseo por las avenidas...
Una voz pomposa y extrañamente familiar tras mío, me sacó de mis pensamientos. Me volví en acto reflejo
-¡Maldición!- mascullé
Michael Newton estaba avanzando en mi dirección, con dos señoritas en cada brazo. Reconocí una como amiga de Jessica, la había visto en su casa repetidas veces. Mike vestía de manera elegante y caminaba con suprema arrogancia.
Me volví para darles la espalda, rezando por que pasara de largo. No fuí lo suficientemente rápida. Antes de terminar el giro escuché.
-¿Srta. Swan?-
Gemí resignada y los miré. Mike me sonreía encantado y sus acompañantes me miraron con desdén.
-Bienvenido a la cuidad sr. Newton-
-¡Así que aquí estaba!- dijo emocionado. Soltó a las damas y tomó mi mano para besarla- Es un placer verla de nuevo. He estado buscándola. Es usted muy escurridiza, si me permite decirlo.-
-Lo lamento sr. Newton. No sabía que me buscaba.
-No se preocupe.- me miró de arriba a abajo como si quisiera comerme y yo carraspeé incómoda. ¡Estúpido!- La perseguiría hasta el fin del mundo, solo para verla. Esta realmente hermosa, srta. Swan. Me deja sin aliento. La dama más bella que he visto jamás- declaró. Sus acompañantes me fulminaron con la mirada.
-Creo que exagera sr. Newton- me sonrojé sin poder evitarlo, en parte por la rabia y en parte por verguenza.
-¡Por supuesto que no! ¿Le gustaron las flores?
-¿Flores?- preguntó la muchacha a su derecha
-Si, Ellen. Le envié flores a esta hermosa dama el día de ayer. ¿Le gustaron, Isabella?
Yo no le había dado la confianza para llamarme así.
-Eran flores preciosas sr. Newton. Le...-
-Llámeme Mike, por favor.
-Bueno, Mike. No era necesario que me enviara un regalo.-
-Sólo un detalle para agasajarla como se merece.
Me quede observándole mientras el me sonreía seductoramente. La llamada Ellen volvió a hablar.
-¡Mike! Ven, vamos a buscar más champán- decía al tiempo que se apoderaba de su brazo nuevamente.
-En realidad querida-dijo sin mirarla- la srta. Swan y yo iremos a bailar.
Ellen, su amiga y yo nos quedamos de piedra. ¡Qué se creía el muy pedante!
-¿Cómo dice, sr. Newton?- inquirí
-Mike, por favor
-¿Cómo dice, Mike?
-Isabella...¿se olvida que me debe un baile?-
¡Idiota! Una cosa era que fuese un libertino, pero eso no excusaba su falta de educación. ¡Ordenarme bailar con él sin siquiera preguntar!
-En verdad, nunca se lo prometí sr. Newton. Yo...-
-Mike-
- Si no le importa, me siento más cómoda dirigiéndome hacia usted como sr. Newton.- vi que iba a protestar pero alcé una mano- En realidad, sólo le agradecí al muchacho por las flores y mi madre prometió que yo vendría a la fiesta. No recuerdo haber dicho nada acerca bailar.
-Bueno, Isabella- me miró algo contrariado- No me debe nada entonces. Pero ¿aceptaría bailar conmigo?
-No soy una buena bailarina, no deseo avergonzarlo.-dije fingiendo pesar. Por mucho que se lo mereciera, no deseaba humillarlo tirándole la invitación a la cara.- Estoy segura que alguna de estas damas sería dichosa de acompañarlo a la pista.- antes de que alguien pudiera expresar algo agregué- Además debo buscar a mi padre. Hay muchas personas que debe presentarme y no me perdonará jamás si no lo encuentro ahora mismo. Discúlpenme y que se diviertan.
-Isabella...- empezó Newton
-Buenas noches, sr. Newton- lo corté girándome y emprendiendo la huida.
Caminé apresuradamente entre los invitados, ganándome algunos murmullos. No me preocupaba mi comportamiento, de hecho estaba bastante orgullosa de no haberle saltado encima a Newton para darle unos buenos golpes.
Mis pasos me llevaron hasta un balcón. Admiré los jardines a mi alrededor y bajé una escalera con el propósito de dar un pequeño paseo. Era en verdad un paisaje hermoso, la luna brillaba con fuerza de modo que podía caminar sin miedo sobre el césped.
Dejé que mi mente se despejara de todo problema, mientras recorría los senderos serpenteantes de los jardines de la casa del alcalde. Me encantaba estar así conmigo misma. Sólo yo y mis pasos. Al rato encontré unos bancos y me senté con un suspiro mirando hacia la luna. Estaba tan relajada que mi cabeza se asemejaba agradablemente a una hoja en blanco. Sólo mis ojos miraban el cielo estrellado y el opulento paisaje, pero mi mente no procesaba absolutamente ningún pensamiento.
En algún momento una brisa corrió y me estremecí por el frío. Miré a mi alrededor. No tenía idea cuanto tiempo había pasado en mi abstracción. Siempre me pasaba lo mismo. Deseé tener mi capa conmigo, pero eso significaría volver al salón, todavía podía escuchar la música y las voces, y no se me antojaba volver al lugar. De modo que me cubrí con mis propios brazos. También noté que mi cuero cabelludo empezaba a dolerme. Claro, el sofisticado peinado comenzaba a pasarme la cuenta. Así que busqué las horquillas, y una por una las fui eliminando, dejando que mi cabello descansara suelto sobre mis hombros, y me proporcionara una pequeña protección contra el frío.
Me sobresalté al escuchar un ruido cerca mío. A pesar de la claridad de la noche no pude ver quien era, sólo una forma oscura a cierta distancia. Sabía, por mi previa experiencia en fiestas y sus respectivos jardines, que debía ser alguna pareja que se escabullía de la fiesta para gozar de algún encuentro íntimo.
-¡Maldición! Lo que me faltaba- mascullé sin poder contenerme. De todas maneras, no creía que aquellas personas en su estado pudiesen escucharme. Me levanté y empecé a moverme en otra dirección.
-Disculpe, ¿me habla a mi?- preguntó la forma obscura musicalmente. Era un hombre
-No he visto nada, no han de preocuparse. Me iré a otro lugar - respondí malhumorada, buscando a mi alrededor una vía rápida de escape.
-¿Cómo dice?- la voz aumentó de volumen
Al notar que se acercaba, me puse nerviosa y caminé inconscientemente hacia el lado opuesto. No sabía porque reaccionaba así, yo no estaba haciendo nada malo, pero no quería ser testigo de actos impúdicos y tampoco quería saber quienes eran sus protagonistas. De manera que me apresuré en huir pero mis pies traicioneros encontraron muy pronto un lugar donde engancharse y hacerme tropezar. Intenté mantener el equilibrio pero terminé encima de unos arbustos. Escuché una exclamación ahogada a mis espaldas y unos pasos rápidos.
-¿Se ha hecho daño?- preguntó la voz aterciopelada a mis espaldas.
Traté de incorporarme a la vez que peleaba con algunas ramas que se adherían a mi pelo y a mi vestido.
-Creo que estoy bien- respondí todavía luchando contra el arbusto. Maldije el minuto en que se me había ocurrido soltarme el pelo. Las ramas no querían abandonarlo.
Escuché un suspiro y luego unas manos que detuvieron las mías. Un extraño cosquilleo me sacudió, uno que no tenía nada que ver con el frío. Asumí que era verguenza. De todas las situaciones embarazosas de mi vida, esta podía estar dentro de las peores. Había interrumpido a una pareja en los jardines, había escapado y me hallaba prisionera de un árbol pequeño. Y para rematar, el hombre había venido en mi rescate. Si la tierra quisiese tragarme, este sería un buen momento.
-Si sigue tirando así, se quedará calva.
Me quedé estática en mi humillante posición. Estaba de cara al arbusto de modo que no podía ver al hombre, pero tuve la seguridad que no lo conocía. No hubiese olvidado su voz
-Estoy atrapada- farfullé
-Si, eso ya lo veo-dijo con algo de humor oscuro- Déjeme ayudarla con sus cabellos, luego podremos desenganchar su vestido. Me parece que su cabeza es mas importante.
Quise decirle que se fuera a lo que estaba haciendo antes, pero en verdad necesitaba ayuda. Sentí sus dedos moverse delicadamente por mi cabeza, desenganchando los mechones. De nuevo el cosquilleo se extendió por mi cuerpo, había algo reconfortante en su suave toque. El no dijo nada mientras trabajaba. Cuando por fin pude levantar mi rostro lo vi.
Era un joven alto y delgado. Tenía un rostro anguloso, mandíbula firme, nariz recta y perfecta. El pelo estaba un poco desordenado y era de un extraño color bronce. Me miraba con unos ojos verde esmeralda que brillaban como luceros. Sus labios estaban levemente fruncidos y me examinaba de el mismo modo en que yo lo hacía. Se veía fuerte, elegante y seguro. La palabra atractivo le quedaba corta. Era muy bello. Una emoción extraña me recorrió de pies a cabeza.
-Gracias- fue la única palabra que salió de mi boca. Me sonrojé.
Sonrió amablemente, sin involucrar sus ojos en el proceso. Por algún motivo, su sonrisa de cortesía me molestó.
-¿Seguimos con su vestido?- apuntó con la mano a los lugares donde el arbusto todavía me tenía prisionera. Sentí que se burlaba
-Creo que me las puedo arreglar sola, gracias- respondí al tiempo que iba liberándome. Noté su ceño arrugarse levemente pero lo ignoré. Tironeé lo mas delicadamente que pude para no romper mi vestimenta. De todas maneras estaba hecha un desastre. Mi acompañante no se movió de mi lado. Supuse que estaba siendo educado al esperar que me encontrara bien de nuevo.
-Puede retirarse. Ahora estoy bien. Le agradezco de nuevo por su consideración- dije mientras arreglaba la falda y la alisaba en algunos lugares. No es que sirviese de mucho.
-No hay problema- respondió de forma contenida.
Me pregunté que hacía todavía aquí. Había dejado a una muchacha esperándolo en los matorrales seguramente. Este pensamiento no me gustó y escaneé el lugar buscándola. Él se percató de mi mirada.
-¿Busca a alguien?- ¿Cómo podía fingir así? Me enfadé y decidí que yo no tenía porque actuar como si no pasara nada.
- ¿Su acompañante no se nos unirá?- pregunté con decisión
Se quedó perplejo
-¿Acompañante?
-No tiene porque fingir, señor. No es de mi incumbencia juzgar a nadie. Usted puede volver a sus juegos y haremos como si nada a pasado.
-Señorita, le ruego que me explique de qué habla.
-¿Me hará decirlo, señor?- estaba indignada. No mostraba ni siquiera verguenza.- No es correcto. Acepte el favor que le hago y déjeme marchar. No tengo deseo alguno de permanecer en su compañía
Percibí una chispa de fuego en sus ojos pero el mantuvo sus compostura
-¿Puedo preguntar cuál es el favor que me hace, antes de verla marchar?
-Me hará decirlo entonces. ¡Qué descortés!- exclamé con un resoplido impropio para una dama- Muy bien. Vuélvase a sus matorrales a jugar con su amiga. He visto esto repetidas veces en otras fiestas y no me sorprende, pero su actitud desvergonzada sí que lo hace. Ya le agradecí por su ayuda, pero no debí hacerlo ya que su presencia fue la que me obligó a escapar. Y ahora viene y finge no saber nada.¿Qué dirá su amiga por hacerla esperar en el frío? ¡Espero le dé un golpe como mínimo! ¡Yo no me rebajaré!
Capté su mirada asombrada y sin despedirme emprendí mi retirada hacia el salón. Estaba furiosa. Que hombre más insensato. ¿Por qué tuvo que ir a ayudarme? Me sentí humillada, probablemente él y la mujer que lo acompañaba se burlarían de mi. Como una anécdota para sus actos inmorales. ¡Que horror! ¿Por qué no pudo simplemente esconderse? ¿Como lo hacían las ocasionales parejas que alguna vez había escuchado? Me sentí como una torpe niña que interrumpía su diversión. Lo imaginé a él y a una mujer que igualaba su belleza riéndose de mi y un dolor agudo se alojó en mi pecho. Asumí que era verguenza. Pero no debía tenerla, me recordé subiendo los escalones frenéticamente, no había hecho nada incorrecto, salvo estar en el lugar equivocado esta noche.
Unas caras curiosas se giraron para verme con disgusto y fui consciente del estado arrugado de mi vestido y de que mi pelo estaba suelto con rastros de hojas probablemente. Me ruboricé y me dirigí a alguna habitación donde pudiese arreglarme. Dediqué algunos minutos a tranquilizarme mientras trataba de recoger mi cabello, pero fue imposible porque había perdido la mayoría de las horquillas en mi caída. De modo que lo peiné con mis dedos hasta que estuve segura de que si bien no lucía perfecto, estaba presentable.
Volví a la fiesta. Vi a Jessica bailando con Michael Newton de modo obsceno. Sus amigas se hallaban en un rincón apoyadas contra la pared. Supuse que estaban un poco ebrias, a un lado de ellas tía Matilde miraba a su hija con el ceño fruncido mientras cotorreaba con otras señoras. Su mirada no auguraba nada bueno para Jess, pero no me dediqué a pensar en ello. Mis padres también se encontraban bailando y no despegaban la mirada del otro. Sonreí casi inconscientemente, se veían felices en su propia burbuja.
-¡Bella!- una mancha color plateado se acercó con vertiginosa velocidad hacia mi. Cuando pude enfocar mis ojos, vi una expresión familiar de entusiasmo en un rostro de duendecillo.
-¡Alice!
-¡Que alegría encontrarte, Bella! Sabía que debías estar aquí hoy, pero no te he visto hasta ahora que saliste de aquella puerta-
-Es un placer volver a verte, Alice. No sabía que estarías aquí hoy.
Ella me miró asombrada
-¿Cómo no lo sabías?
-No... ¿porqué tendría que saberlo?
Su rostro confundido fue cruzado por un rayo de entendimiento.
-¡Claro! ¿Cómo ibas a saberlo? Nunca te dije mi nombre completo.
-¿Cómo dices?
-Cullen , Bella. Alice Cullen. Esta fiesta es en honor a mi familia y a los Newton
¡Oh!- Mi mandíbula cayó unos centímetros. ¡Por supuesto! ¿Cómo pude haber sido tan ciega? Alice era recién llegada y tanto la familia de ella, como los Newton eran la noticia del año. Debí haberlo supuesto. De echo ni siquiera había puesto atención en su acento inglés. Sólo asumí que era extranjera. Era muy propio de mi dejar escapar estos detalles.- Debí imaginarlo, Alice. Pero no se me ocurrió ni por un segundo relacionarte con las noticias de la llegada de dos familias.
Era verdad. Durante la breve conversación en la casa de mi tía me había figurado a estas familias de modo desagradable. Y luego Mike Newton había confirmado mis sospechas con su actitud, de modo que no había dedicado ni un segundo en pensar que los Cullen serían distintos. No se me pasó por la cabeza que la simpática y entusiasta Alice fuese la hija de un conde.
-¿No estuviste en la presentación?
-No, llegué con retraso.
-Debemos corregir eso. Te presentaré a mi familia.- me arrastró con pasos de bailarina a través de la gran sala- Ya saben sobre ti, por supuesto. Están contentos por que yo halla encontrado una amiga tan pronto. Ellos dicen que atosigo a las personas, pero no los escuches. No saben lo que dicen. ¡Soy una auténtica joya! Además, seremos grades amigas, lo supe desde que me acompañaste a mi carruaje.- se detuvo para respirar y siguió remolcándome- Mi madre está muy ansiosa por conocerte. Y Emmett quiere darte sus condolencias por ser mi nueva amiga, pero sé que eres más inteligente que eso, Bella- sonrió y yo le respondí de igual manera. Si la familia de Alice era como ella, sin duda alguna les tendría estima
-¡Madre! - la pequeña hada se dirigió a una mujer de cabello caramelo y expresión dulce. Estaba hablando con un caballero de rostro amable y pelo y ojos dorados. Su porte me indicó que era el conde.- Quiero presentarles a Isabella Swan.
-¡Hasta que la encontraste, Alice!- dijo la mujer volviéndose hacia mi con una sonrisa. Tenía unos ojos verdes extrañamente familiares. No eran los mismo que tenía Alice. Eran totalmente esmeraldas- Mucho gusto, Isabella. Alice nos ha hablado mucho de ti. Te agradezco por ayudarla en nombre de mi familia. El cielo sabe que es muy distraída.
-No debe agradecerme condesa- hice una reverencia torpe- Fue un placer ayudar a Alice y también lo es conocerla.
-Llámame Esme, cariño.- sonreí. Por su expresión pude leer que le gustaban tan poco los títulos como a mi- Este es mi esposo Carlisle.- tomó el brazo del señor.
-Me da mucho gusto conocerte también Isabella. Espero que Alice sepa comportarse contigo- le dirigió una mirada cariñosa a su hija.
-Ya la advertí padre. Ella no se intimidará por su amenazas.
Sus padres rieron al unísono y una voz potente se asomó entre las carcajadas.
-¿De qué me perdí?- la voz era del cuerpo más grande que hubiese visto. Parecía un ropero completo. Muy alto y musculoso, con cabello negro ensortijado y ojos caramelo brillando en su cara. Todos ellos eran muy hermosos. Cuando se enfocó en mi sonrió y su rostro se transformó de modo infantil- ¿Eres la chica Swan?
-Si, Isabella Swan. Mucho gusto.
-El gusto es mío. Emmett Cullen a su servicio, milady.-dijo manteniendo su sonrisa y estrechando mi mano en la suya gigantesca- Te deseo mucha suerte- agregó mirando a su hermana. Ella hizo una mueca.- Alice es un pequeño demonio-rió estruendosamente
-¡Emmett!- lo reprendió su madre amorosamente.- Discúlpalo por el lenguaje,Isabella
-Sólo Bella, por favor.
-Bella- dijo Emmett- Tu nombre calza a la perfección contigo- dijo dirigiéndome una mirada apreciativa.- me sonrojé y el rió más fuerte.
-¿No vas a presentarme?- una muchacha rubia y extremadamente hermosa apareció en la escena. Debía ser la novia de Emmett según lo que había escuchado. Tenía los ojos azules y un rostro perfecto. Pero me miraba con disgusto y supuse que era por el cumplido que su prometido me había hecho-
-Bella, esta es mi prometida Rosalie Hale. Ella es Isabella Swan-
Sonreí e incliné mi cabeza.- Mucho gusto, Rosalie
Ella sólo me observó. Por unos segundos me sentí intimidada.
-Cielo, no te pongas celosa. Sabes que tengo ojos solo para ti.- Emmett alivianó la tensión y besó su mano con delicadeza
- Voy a buscar algo de beber- dijo soltándose de modo brusco para luego alejarse. Emmett sacudió la cabeza
-Discúlpala Bella. Ella es muy buena solo que...-
-No es necesario. No me ha molestado- dije para quitarle el hierro al asunto.- Me alegro mucho de conocerlos a todos. Tienen una familia maravillosa- agregué dirigiéndome a Esme y Carlisle
-Y eso que no los conoces a todos.-dijo Alice- ¿Donde está Edward?
-En el jardín como siempre.- respondió el gigante.
Algo empezó a asomarse a mi mente y no sabía que. Mi corazón se aceleró.
Esme se volvió hacia mi- Mi hijo siempre se escabulle de las fiestas y pasea solo por los jardines- me explicó.- Dice que le trae paz.
¡Oh, no! ¿No podía ser él verdad? Definitivamente no.
-Precisamente pacífico no se veía- dijo Emmett- Lo encontré alterado murmurando sobre acusaciones injustas. Estaba inquieto como un colegial-
¡No, no! ¿Acaso podría haber sido él? ¿El invitado de honor? Pero el estaba con alguien. Nunca en mi vida me había encontrado con alguna persona que solo paseara como yo. Por supuesto que estaba con alguien. Pero al mismo tiempo recordé que no había visto a ninguna muchacha alrededor. Si me había equivocado ¡Había insultado al hijo del conde!
- También dijo algo sobre una señorita ofensiva. La verdad madre, no entendí ni una sola palabra.
Mi mente empezó a bullir de pánico. Si era él, entonces yo le había insultado de la peor manera. Rogué para que fuese una mala coincidencia, pero con un acceso de horror mire a Esme y entendí porque sus ojos verdes me habían parecido tan familiares. Ya los conocía.
-Buenas noches- escuché una voz musical a mis espaldas. Me estremecí al reconocerla y me giré. El estaba ahí con el rostro que le causaría envidia a un arcángel- No hemos tenido la ocasión de presentarnos adecuadamente. Edward Cullen, hermano de Alice- sus ojos causaron estragos en mi cuando tomó mi mano para besarla- Aunque creo que me conoce como el corruptor de virtudes de muchachas jóvenes.
Su devastadora sonrisa no auguraba nada bueno.
Sorry por la demora... la segunda parte se viene dentro de poco
Bsos a todos!
Cata!
