"No te imaginas cuánto dependo de ti, hermana. Cuando tú no estás, el color se apaga en mi vida." Virginia Woolf
- ¿Kate? ¿Qué haces aquí?- Pregunté sorprendida al ver a esa hermosa rubia ojimiel con apariencia de modelo, ella era una antigua enfermera del reclusorio, quien había estado solo unos pocos meses ahí, ella era muy buena conmigo e incluso había curado algunas de mis heridas.
- Hola Bella, veo que no te han dicho nada.- Gruñó la chica viendo a mis amigos con un poco de enojo y resignación.
-¿Decirme? ¿Qué cosa? – Pregunté viendo a Jacob, Jasper y Rosalie, ¿qué hacía ella aquí? ¿Y qué cosa tenía que decirme?
- Yo planeaba decírtelo pero Rose…- Comenzó Jake pero se quedó callado viendo Rosalie, quien me sonreía con tranquilidad.- dijo que era mejor que te enteraras por ella.- Señalo Jacob a la ojimiel.
- Era una sorpresa cariño.- Admitió mi rubia amiga con calidez, sabía que no tenía que ser nada malo, confiaba en Rose y si ella habló con Kate nada malo podría pasar.
- Mi nombre es Katrina.- Dijo alejándose del jet y acercándose a mí.- Kate Lightwood, soy hija de Carmen y Eleazar Lightwood.- Sonrió con nerviosismo, comencé a toser sin poder creerlo, había escuchado su nombre antes, Jasper dijo que ella era la nueva hermana de Vanessa.- Estoy tan feliz de que por fin estés aquí, Ness está muy triste y algo enojada por no poder estar aquí, por ello le dije que Garret.- Mire por primera vez al guapísimo castaño de ojos negros, cuerpo musculoso pero sin dejar de ser delgado, quien estaba tomado de la mano de la rubia.- Mi prometido y yo vendríamos a buscarte.- Sonrió emocionada.
- Espera un momento.- Pedí.- ¿Quieres decir que… tu hermana de la que tanto hablabas es?- No pude terminar la pregunta me sentía mareada. Sabía que era absurda la pregunta pero no pude evitar hacerla.
- Sí.- Respondió mordiendo su labio.- Vanessa, me pidió de favor entrara a la prisión en el área de enfermería por un tiempo, así podría ver como estabas.- Admitió con una sonrisa.
- ¿Mi… hermana te pidió que entraras a trabajar a la prisión solo para ver cómo estaba? – Pregunté con la voz ronca, estaba impactada eso era una locura.
- Así es, te buscamos por mucho tiempo, se suponía que estarías en el prisión de Portland pero por alguna razón te trajeron aquí, a Chicago, ella ha estado muy preocupada por ti.- Explicó, tenía muchas dudas, pero ellas podrían seguir ahí, lo que en serio necesitaba era verla, poder explicarle que no era mi intención abandonarla, quería ver su rostro, quería recuperarla.
- Quiero verla.- Fue lo único que pude decir. Ella asintió entendiendo mi euforia.
- Lo harás, por ello estamos aquí, venimos a buscarte.- Sonrió ojinegro, señalando el jet.
- ¿Ustedes vendrán?- Le pregunté a los chicos, quienes negaron.
- No, al menos no hoy, tenemos que arreglar algunas cosas sin importancia antes de irnos, pero tranquila te veremos pronto, Kate tiene mi teléfono, cualquier cosa que necesites me llamas, no te dejaremos, cariño.- Yo la abracé y le agradecí todo lo que había hecho por mí, no tenía precio lo mucho que se había esforzado por ayudarme, aun cuando nadie creía en mí y le decían que era un pérdida de tiempo ella no se dio por vencida.
Me despedí con tristeza de los chicos, me dolía alejarme de ellos pero sabía que lo entendían necesitaba verla, saber que se encontraba bien, nunca en los siete años separadas la olvidé, no dejé de rezar por ella, al contrario recordaba a mi pequeña hermanita esa que le encantaba cantar día y noche, sentía sus brazos aferrados a mi cuello cuando tenía miedo, me preguntaba cuando llovía ¿quién la arropaba? ¿Quién la abrazaba en las noches que ella tenía frío y la manta no era suficiente? ¿Quién la tapaba a media noche cuando ella se destapaba horas antes? Salí de mis pensamientos al ver que Garrett entrelazaba sus manos con Kate con tanto amor que me ponía a pensar ¿Qué pasaría si Vanessa no quería estar conmigo? ¿Si Nathan no volvía a estar a mi lado? ¿Quién estaría conmigo en las noches cuando ya no había más trabajo y tuviera que volver a casa? ¿Quién velaría por mí y yo por él? ¿Quién me abrazaría y sin razón me susurraría un te quiero o me diera un beso espontáneo? ¿Quién lo haría? No quiero decir que los necesito para que llenen mi soledad, pero quería darles todo el amor que tenía para ellos.
Subí al jet y me senté en uno de los asientos más alejados dejando que mis lágrimas fluyeron libres, vi a la pareja hablar en susurros, no pude evitar ver como se besaban con tanto amor y tanta dulzura que me sentí una intrusa, así que preferí dormirme porque sabía que este día sería muy largo.
Estaba agotada, había trabajado casi doce horas seguidas, mis pies pedían a gritos que un masaje, mi enorme vientre de ocho meses de embarazo no me ayudaba mucho, suspiré a pesar del cansancio, porque sabía que todo esto valía la pena si tenía a mi hermana y a mi bebé conmigo, al doblar la calle vi que la puerta de al final de la calle estaba entreabierta y la luz proveniente de mi casa se encontraba encendida, me preocupe porque sabía que Vanessa estaría sola en la casa, sentí un mal presentimiento al ver eso, a medida que caminaba hacia la luz sentía que mi respiración se volvía irregular, busqué tranquilizarme, le susurré palabras tranquilizadoras a mi bebé, pero aun así corrí lo más rápido que me permitían mis piernas al escuchar ese desgarrador grito, faltaban menos de diez metros para llegar cuando sentí un fuerte pinchazo en la parte baja de mi vientre, pero no le tomé importancia, tenía semanas con un dolor, por lo que sabía era normal en las últimas semanas de embarazo; jadeante y temerosa abrí la puerta por completo y al hacerlo me llenó una furia y un miedo atroz ante la imagen que se desarrollaba frente a mí,
- ¡Suéltala maldito bastardo! – Grité abalanzándome sobre el infeliz que se encontraba arriba de Vanessa, quien no dejaba de llorar y moverse, vi que en todo el contorno de su ojo estaba morado verdoso.
- ¡Bella, hermanita ayúdame, por favor! – Suplicó la niña sin dejar de llorar, todavía debajo de él.
- ¡Eres una maldita perra! – Gruñó el maldito al sentir el golpe que le propicie con un portarretrato de plata en la cabeza, mientras él se tomaba la cabeza con sus manos yo ayudé a una pálida Vanessa, a salir debajo de él y la jale detrás de mí, al ver como trataba de levantarse mucho éxito ese malnacido y trataba de acercarse a nosotras, era cuestión de segundo que él volviera a estar en sus cinco sentidos y vendría por nosotras, abracé a Vanessa con fuerza antes de revisarla rápidamente, tenía toda su ropa desgarrada, tenía pequeñas motitas de color verde, morado y negro en todo el cuerpo que correspondían a las marcas que había dejado con sus dedos, al parecer había llegado a tiempo porque ese infeliz no cumplió su cometido, tomé entre mis manos sus pálidas mejillas y besé su frente con tratando de transmitirle todo el amor que sentía por ella.
- Vanessa, tienes que irte de aquí, cariño, corre lo más rápido que puedas y grita pidiendo ayuda si cariño.- Pedí con lágrimas en los ojos.
- No, no te quiero dejar, tengo miedo.- Negó aferrándose a mi vientre, levanté con mis manos su pequeño y suave mentón.
- ¿Sabes que eres lo más importante para mí? Siempre estaré para ti cuando tú me necesites.- Susurre con sinceridad.- Pero ahora necesito que hagas algo por mí, ¿lo harás, cierto cariño?- Pregunté haciendo que ella me viera interesada, siempre le había gustado sentirse útil, que podía ayudarme.
- Yo… Sí, Bella lo haré.- Aceptó tratando de sonar segura.
- Quiero que corras, y cuando encuentres a alguien que te pueda ayudar, le digas en donde estoy y que ocurrió, sé que me vas a odiar por lo que te voy a decir, pero necesito que vayas a la estación de policía y te quedes allá, yo… yo iré en cuanto pueda por ti.- Explique.
- ¿Me lo juras? – Preguntó.- ¿Me prometes que volverás por mí?
- Yo… eres mi hermanita, sabes que siempre estaré ahí para cuidarte.- Evite contestar a sus preguntas porque sabía que en el momento que Vanessa dijera lo ocurrido a la policía llamaría a servicio social, ella iría a un orfanato, nos separarían.
Una vez que la vi correr, sentí un golpe duro al lado derecho de mi cabeza haciéndome caer de rodillas, el hombre me llevó a rastras por toda la habitación jalándome del cabello, moví mis manos en busca de cualquier objeto, pero sentí como pisaba mis dedos con fuerza haciendo que varios de estos tronaran en el suelo, grité a causa del dolor, queriendo proteger a mi bebé puse mis manos en mi vientre, el cual estaba a punto de patear, pero fui más rápida mordiendo con fuerza su piel, mientras con mis manos lo arañaba, él maldijo por lo bajo cuando tomé entre mis manos su miembro apretándolo con mucha fuerza.
- Maldita zorra, lo pagaras muy caro.- Gritó poniéndose a mi altura antes de tomar con fuerzas mi rostro y darme un tremendo golpe que estuvo a punto de noquearme, se pusó sobre mí aplastando a mi pequeño, como pude trate de levantar pero no podía, vi que sacó de la parte trasera de su pantalón una navaja plateada, la cual encajó a un costado de mi vientre, aúlle de dolor al sentir, recé para que mi bebé estuviera a salvo, con agilidad saqué la navaja y sin importarme nada, la encaje en un costado de su pecho, este al sentir en dolor se alejó de mí cosa que aproveche para volver a encajarla pero ahora en la parte alta de su muslo, mi respiración era cada vez más irregular y sentía cada vez un dolor más intenso que el anterior, me arrastré hasta un costado del sofá en busca de algo que arrojarle, él se reía cada vez más, recordé que en la parte de arriba, en la alcoba se encontraban aún todas las pertenencias de papá entre ellas una pistola que había pertenecido a mi abuelo, corrí a pesar de mi punzante dolor entre mis piernas.
- No corras querida, puede hacerle daño al pequeñito.- Río de forma malvada cojeando detrás de mí.
Mientras corría tiraba todo a mi paso, al llegar a la habitación de Charlie me tomé del marco de la puerta con lágrimas en los ojos a causa del insoportable dolor.
- Tranquilo mi amor, mami está aquí y te protegerá.- Susurre pasando mis manos por mi vientre.
Atranque la puerta con la cama, tratando de ganar tiempo, busqué como una desquiciada la pequeña caja de madera al encontrarla la arroje con fuerza pero no cedía, vi que la puerta cada vez se movía varias veces hasta que se abrió un poco, al mismo tiempo que la cajita de madera hacía lo mismo, me abalancé al mismo tiempo que él hacia ella, sentía una enorme punzada que me hizo doblarme en dos, con mucho cansancio alcance a llegar milésimas antes que él, sin pensarlo levanté la pistola, no quería hacerlo sentía mi mano temblar, sabía que él también estaba enterado de este hecho, por lo que sin mostrar preocupación camino dos pasos, los mismos que yo alejaba.
- No eres capaz de hacerlo niña.- Río acercándose a mí.- No sabes lo buena que está tu hermana, lo mucho que gritaba, lo mucho que gozaba mis caricias.
- ¡Cállate desgraciado! – Gruñí apretando el arma.
- Dios, era tan estrecha, acaso no viste como se retorcía entre mis brazos, es una perra igual que tú, deberías darme las gracias en haberme fijado en tu hermana y haberle hecho el favorcito- Se carcajeó.
Lo ocurrido después fue muy confuso, solo recuerdo el sonido del disparo y ver el cuerpo casi sin vida de ese infeliz, sentía mis músculos débiles y un dolor que me desgarraba en dos, no podía respirar y en mi último suspiro pedí que Vanessa y mi bebé estuvieran con bien.
Tenía una pesadez en los ojos, trate de moverme pero mis músculos reaccionaban a mis órdenes, me ardía mi entrepierna sentía como mi vientre estaba flácido y pequeño cosa que me exaltó, trate de levantarme de la cama pero cuál fue mi sorpresa al percatarme que me encontraba esposada a la misma pero, ¿qué demonios? - Pensé, tratando de zafarme, trate de hacer memoria, entonces lo recordé con claridad, ¿dónde se encontraba Vanessa? ¿Estaría con bien? Mi bebé, ¿dónde estaba mi bebé? Comencé a gritar como loca aunque a cada grito me dolía más, entraron dos personas altas imponentes.
- Señorita Swan, veo que ya ha despertado.- Saludó uno de ellos, alto cabello largo, lacio y azabache, mientras el otro era rubio ojos negros y mirada escalofriante.
- ¿Quiénes son ustedes? ¿Dónde están mi hermana y mi hijo? - Exigí sin amedrentarme.
- Cuidado con su tono señorita - Dijo el rubio- Yo soy el detective James Davis y él es mi compañero Aro Vulturi, estamos investigando el homicidio del señor Caius Ferris, quién casualmente fue asesinado en el interior de su casa, a causa de múltiples heridas y un disparo en el corazón, las dos armas con las cuales fue asesinado tenían sus huellas, así que díganos, ¿qué fue lo que ocurrió?- Cuestionó.
- Ese bastardo se lo merecía- Respondí recordando lo ocurrido de esa noche.
- Admite que usted tenía motivos para hacerlo- Presionó el azabache.
- Vamos Isabella, sabe que usted es la primera sospechosa, por no decir que la única.- Trato de amedrentarme Davis.
- ¿Dónde se encuentra mi hermana? ¿Y mi hijo? No contestaré nada hasta no saber nada de ellos.- Respondí con rotundidad.
- ¿Hijo? Señorita Swan no se le avisó lo ocurrido con su bebé, ¿cierto? – Interrogó Aro extrañado.
-¿Qué le ocurrió? ¿Qué le hicieron? ¡¿Dónde está?!- Rugí tratando de levantarme de la cama, pero el suero que tenía en el brazo me lo impidió al igual que mi débil cuerpo.
- Tranquilícese, señorita.- Hablo James- Su bebé nació muerto, lo sentimos y de su hermana no sabemos nada.- Dijo mirándome había algo en sus ojos que me hacía temblar, pero esperen ahí ¿dijo muerto? No era posible, Nathan no podía estar muerto, trate de borrar esos pensamientos, mi bebé no podía estar muerto, no él, había perdido todo, no sabía que había sido de Vanessa, tenía miedo.
- ¿Qué clase de mentira es esa? Entréguenme a mi bebé, quiero a mi bebé, entréguenme a mi Nathan.- Grité, me sentía desesperada, el aire no me llegaban a los pulmones, escuchaba solo murmullos, estresantes y desoladores murmullos antes de cerrar sus ojos.
Tallé mis ojos al sentir que removían mi hombro con delicadeza, necesite pestañar varías veces hasta poder acostumbrar mis ojos a la luz, cuando por fin me adapté a esta vi que se encontraba delante mi Kate, al ver que por fin desperté habló.
- Hemos llegado, Vanessa se podrá muy feliz por poder verte al fin.- Me confió amigablemente.
- ¿Ella me cree cul…- No pude terminar cuando la rubia negó varias veces.
- Eso no me toca a mí decirlo, eso es algo que solo Nessie y tú pueden hablarlo, lo que si te puedo decir es que ella te ama mucho.- Respondió amablamente.
Viajábamos por casi día hora en el coche de Garrett quien había resultado ser una gran persona y era muy divertido, no podía parar de reír cosa que agradecí porque no tenía ganas de llegar, tenía muchos nervios, los cuales crecieron cuando se estacionó frente al Hospital Monte Sinaí, respire profundamente antes de bajar del auto con la ayuda de Garrett, Kate entrelazó su brazo con el mío ayudándome a caminar, sentía mis piernas como gelatina cuando llegamos al último piso en la suite donde se encontraba instalada Vanessa, nunca imaginé que algún día estaría en un hotel tan lujoso y prestigioso.
- Hasta aquí llegamos nosotros Bella, su habitación es la número 3459, ella no sabe que te encuentras aquí, será una gratificante sorpresa, iré a avisarle a mi madre que ya hemos llegado.- Sonrió, alejándose de mí.
Camine con cuidado hasta llegar a la puerta indicada, toque la puerta recibiendo como respuesta un grito.
- ¡No quiero ver a nadie! ¡No hasta que me dejen irme de aquí!- Gritó una voz dulce y molesta, no pude evitar reírme, con cuidado abrir la puerta a pesar del grito de la chica, al hacerlo agradecí que no se hubiera dado cuenta de mi presencia por lo que solo asome mi rostro en el pequeño espacio entre la puerta y el marco de este.
- ¿Ni a mí me quieres ver? Si gustas puedo volver luego – Pregunté con nerviosismo.
A veces tengo temor, lo sé
A veces vergüenza...
Nadie me vio partir, lo sé
Nadie me espera
Hay una grieta en mi corazón
Un planeta con desilusión
Sé que te encontraré en esas ruinas
Les agradecería mucho si dejarán un review diciéndome que les pareció el capítulo, además quiero agradecer a todas las personas que están leyendo la historia, en serio, muchas gracias, son los mejores.
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