¡Chispita! Sí, el Henry chiquitujo mola. Y bueno, no viví los ochenta, pero con lo que me imagino y he visto de series intento tirar. Me alegra que te guste.
Kykyo, ese es el meollo al final. En los Flashbacks está el jugo.
wthc, you are welcome. Thanks for reading my spanish fic
Bueno, dcromeor... la historia es así... no la he inventado yo... (Bueno, un poco sí)
Anzu Stealer
Como no, Cora apareció cuando yo sabía que lo haría. Con su habitual expresión de pocos amigos y provocando que yo sintiese una arcada. Debo confesar que día tras día no podía evitar preguntarme cómo era posible que tuviéramos el mismo padre. Aunque… bueno, ella fingía que no lo teníamos, y yo encantada le seguía la corriente.
_ Habíamos acordado que no te involucrarías en mi tratamiento._ Le dije, directamente y sin tapujos._ Creía que te había quedado claro que lo mejor para Regina era que la dejases en mis manos.
_ Y sin embargo, ahora tengo la sensación de que no te interesa que mejore._ Cora me miró con ese deje de superioridad.
_ ¡Es mi sobrina, por amor de dios!_ Le espeté, golpeando la mesa._ Ten por seguro que si he dejado de tratarla yo misma es porque sé que Emma es lo mejor para ella.
_ Dudo que haya nada que esa pordiosera pueda hacer por mi hija._ Escupió las palabras.
_ Cuando te convaliden la carrera de derecho con psiquiatría podrás darme lecciones._ Elevé la voz._ Hasta entonces tendrás que aceptar que no tienes ni idea de lo que es bueno para Regina y acatar mis elecciones.
El furor de la juventud imponiéndose sobre la terquedad de una mujer de tercera edad. Oh sí, mi hermana era ya un vejestorio y no me privaría de recordárselo si es que era necesario.
_ Y ahora, si me disculpas… tengo mucho trabajo._ Le dije, acomodándome en la silla.
_ ¿Puedo saludarla al salir?_ Preguntó, visiblemente más humilde.
_ Lo siento, pero tengo que decirte que no._ Suspiré._ Retrasarías el tratamiento, incluso podrías asustarla.
_ Está bien, Anzu. Haz… lo que tengas que hacer. Pero si mi hija no se cura yo…
_ Cora, no soy fiscal… guárdate las amenazas._ Le dije, apartando la mirada._ Márchate, por favor.
Emma Swan
El despertador aún no había sonado. Pero yo me moría de ganas de volver al hospital. Apenas había dormido aquella noche pensando en Regina. Por eso esperé a que el despertador sonase en silencio. Lo apagué por inercia y me dirigí hacia el dormitorio de Henry. Estaba distraída mientras le preparaba el desayuno a Henry.
_ ¿Todo bien, mamá?_ Me preguntó._ Pareces distraída.
_ Pensaba en el trabajo._ Le dije, sonriéndole._ ¿Listo para ir a clase?
_ Claro._ Comentó, terminándose la tostada._ En cuanto llegue Ivy.
En ese momento sonó el portero automático.
_ Bueno, nos vemos esta tarde, mamá._ Me dijo, dándome un beso en la mejilla.
Cuando salió, me desperecé y me dirigí a la ducha.
Regina Mills
Odiaba el uniforme del hospital. Odiaba el número de serie que llevaba en aquel horrendo bolsillo y en especial odiaba aquellos horribles pantalones de aquel horrible color. Y odiaba estar encerrada en la maldita habitación ciento ocho.
Y detestaba profundamente no tener un buen peine y que mi pelo estuviera rizado y alocado. Debo confesarlo, por momentos me daban ganas de cortarme las venas. Y, sin embargo, ahí seguía, después de la hora del desayuno. Tirada esperando que llegara la hora del almuerzo porque no tenía ninguna gana de conversar con nadie más hasta que llegase Emma.
Aún no terminaba de creerme el plan de Tilly. Fingir que la creía me parecía peligroso. ¿Y si terminaba atrapada en aquella telaraña de mentiras? Por otro lado, no conseguiría nada aferrándome a la verdad. Nadie iba a venir a recatarme. Tenía que arreglármelas sola.
_ Buenos días._ Elevé la mirada al ver a Emma a través de la puerta._ Espera un segundo que… esta puerta está dura.
Las puertas eran pesadas para evitar que nos escapáramos durante la noche. Y si bien es cierto que la puerta estaba abierta, era gruesa y pesada. Emma tuvo que esforzarse para conseguir entrar empujando con una sola mano. En la otra tenía una bolsa. Un olor a pasta y carne caliente empezó a llenar la sala.
_ Sé que es un poco pronto pero… espero que estés hambrienta. ¡Te he traído lasaña!_ Sonreía, y sin saber por qué, respondí al gesto.
_ La verdad es que podría estar llena y haría el esfuerzo._ Reconocí._ La comida de este sitio deja mucho que desear. Pondré una queja cuando salga.
_ Te ayudaré a redactarla._ Dijo Emma, colocando unos platos y el tupper sobre la mesa. Había traído cubiertos, incluso.
_ ¿Eso es un cuchillo de verdad? ¿No te preocupa que te lo clave y salga corriendo?_ Alcé una ceja.
_ De ti no temo nada, Regina._ Me miró directamente a los ojos. No mentía._ Además… no sería una cita con cuchillos de plástico.
_ Esto no es una cita, señorita Swan._ Rectifiqué. No me quitaba aquel recuerdo adolescente de la cabeza.
_ Es una cita médica._ Dijo, llenando mi plato.
Cuando cogió el tenedor mi mano se dirigió a la mano que lo sujetaba, la izquierda. No llevaba ningún anillo en el dedo anular. ¿Dónde estaba la sortija que le había regalado aquel manco? ¿Y por qué me agradaba tanto la idea de que Emma no llevase ese anillo?
_ He estado… recordando cosas._ Le dije._ De ese pasado que dices que tenemos juntas.
_ Regina, eso es fantástico._ Su alegría sonaba demasiado real para mí._ Anzu dijo que te ayudaría a hacer progresos… pero no imaginaba que tan rápido.
_ Sí… Anzu._ Contesté, un poco a la defensiva.
_ Oye… no sé qué lio tienes con ella pero…_ Aún no había comido. Emma me había cogido la mano. Me estaba acariciando los dedos._ Yo quiero ayudarte… más que nadie.
Iba a contestar, cuando me fijé en la cadena que Emma llevaba colgada del cuello. En un principio pensé que se trataría del llavero que le había regalado Neal. Pero allí había un anillo. El del pirata. Aquello me molestó aunque no debería.
_ ¿Puedes dejarme comer?_ Le dije, apartando la mano.
_ Claro, claro._ Me dijo, volviendo a su plato.
Quería apartar esas ideas de mi mente y volver a centrarme en la comida. No había comido nada decente desde que aquella maldición había caído sobre nosotros y me había internado en aquel horrible hospital.
_ Esta es mi lasaña…_ Dije, en voz baja.
_ Bueno… sí… es tu receta._ Emma no subía la cabeza._ Tú me la diste. ¿La he hecho bien?
_ Sí… está perfecta._ Dije, metiéndome otro trozo de la comida en la boca._ Supongo que quieres saber hasta dónde recuerdo.
_ Sí… para ayudarte a seguir… es más fácil si seguimos la secuencia._ Dijo, elevando la mirada y asomando un poco la sonrisa.
_ Fuimos a los recreativos con tus amigas… y después._ No, no pensaba contarle lo de la oreja._ Me dijiste que querías quedar conmigo el sábado. Creo que te picaste porque te gané a… ¿Cómo se llamaba? ¿Brutal Battle?
_ Mortal Kombat… con K._ Me corrigió.
_ Se escribe con C._ Dije, de inmediato.
_ Sí, ya lo sé, siempre dices lo mismo._ La sonrisa de Emma se ensanchó._ Creo que esta canción puede ayudar.
Emma cogió su móvil y empezó a sonar "Starman" de David Bowie. Me gustaba esa canción y era… familiar. Tenía la sensación de haberla escuchado mucho antes… Noté que Emma se acercaba y se sentaba a mi lado. Ella había terminado de comer, pero yo no. Me tomé mi tiempo. Ella tarareaba la canción. Me puso la mano sobre la pierna y la miré. Sentí desesperación en su mirada. Quería que recordase. Y yo no estaba segura de poder hacerlo. Pero por suerte… no era una decisión.
Los recuerdos venían si querían hacerlo. Y en aquella ocasión, querían.
Regina Mills (Flashback)
_ Yo no escojo mi ropa._ Dije, como un tomate.
Muy a mi pesar, Zelena lo había oído todo después de dejarme en aquella acera y sabía que lo usaría en mi contra, como toda una criminal. Emma llevaba puesto uno de sus cascos y había tenido que subir la voz. Craso error.
_ No sé para qué me haces venir si luego vas a ponerte eso…_ Le dije, señalando el walkman.
Emma bajó los cascos a la altura del cuello y, aun así, yo seguía escuchando la canción.
_ Te vas a quedar sorda de llevar eso todo el día.
_ No cambies de tema, Regina._ Sonreía._ Pero, ¿Qué pintas me traes?
Yo podría preguntarle a ella lo mismo sobre sus pintas de macarra. Con el pelo rubio alborotado, una chaqueta y unos pantalones. Ambos vaqueros y ambos rotos. Sólo la camisa que llevaba debajo había sobrevivido a la criba.
_ Es un traje pantalón normal y corriente._ Le dije, mientras me abrochaba la americana. Hacía frío.
_ Sí, para una tía de cuarenta años. Pero tú tienes dieciséis. _ Me dijo, riéndose.
_ Bueno, como te digo es mi madre la que me compra la ropa._ Debía parecer una bombilla de cuarto oscuro._ ¿Me has traído sólo para ignorarme con tu ruido y reírte de mí?
_ ¿Ruido? ¿David Bowie te parece ruido?_ Emma se puso en pie como si la hubiese insultado en serio._ Eso en mi barrio es la muerte, ¿Te enteras?
Me apuntó con un dedo acusador y yo me encogí, algo asustada.
_ ¿Y tú qué escuchas, si puede saberse?
_ En mi casa escuchamos a Mozart… a Beethoven…
_ ¿Sólo música clásica?_ Emma alzó una ceja._ Esa madre tuya te tiene atada muy en corto… Anda ven… ponte esto.
Di un par de pasos y Emma me puso los cascos. Lo primero que escuché fue el sonido del rebobinado. Cuando Emma le dio al play… fue un momento que marcaría un antes y un después en mi vida.
No, aquello no era ruido. Aquello era glorioso… magnífico. Y poco me importó que Emma me pegase la cabeza para alargar el casco y ponerse uno de los de los cascos. Cerré los ojos y estuvimos pegadas la una a la otra, escuchando aquella canción durante unos cuantos gloriosos minutos.
_ ¡Eh, espera!_ Dije cuando me quitó el casco._ ¡Quiero seguir escuchando!
_ ¿No decías que era sólo ruido?_ Emma alzó una ceja, victoriosa.
_ Vale, me equivoqué._ Reconocí.
_ Te conseguiré una cinta._ Dijo, con una sonrisa de oreja a oreja._ Ahora, nos vamos.
Seguí a Emma por la acera. No es que viviese en un barrio peligroso, pero yo desentonaba particularmente con aquel ambiente de clase media-baja.
_ ¿Qué quieres hacer?_ Le pregunté.
_ Te metí la lengua en la oreja… ¿Tú qué crees?
_ Oye… Dime que no estás hablando de…
_ ¿Qué? ¡No!_ Emma se paró y se inclinó hacia atrás.
_ Vaya ánimos que me das._ Tragué saliva, estaba asustada.
_ Es que Regina, eres guay… y quería conocerte, vale. Y sí, me molas un poco._ Se rascó la nuca._ ¿Yo te molo?
Ella parecía verlo todo muy sencillo.
_ No sé, Emma… aún no estoy muy segura de lo que "me mola"_ Le dije, haciendo comillas en el aire._ ¿Me entiendes?
_ Oh, te lo tomas con calma, eso está bien._ Me dijo, parándose frente a una pequeña plaza e indicándome que la siguiera a un banco. Lo hice y me senté con ella._ Te debo parecer una guarra.
_ No… no, Emma no es eso… aunque, reconozco que meterme la lengua en la oreja me asustó un poco.
_ Perdona… estaba muy emocionada. Y Luego están Elsa y Ruby_ Bajó la mirada y se puso a mover los pies nerviosamente._ ¿La he cagado para siempre ya?
_ No… claro que no._ Le sonreí._ La verdad, me pareces muy dulce.
Me incliné y le di un beso en la mejilla. Ella me sonrió.
_ ¿Si te molan las chicas querrías ser mi novia?_ Era lanzada, desde luego.
Ya era raro que alguien hablase siquiera de la posibilidad de que a una mujer le "molasen las chicas". Pero Emma parecía tenerlo muy claro. Le gustaban las chicas… y le gustaba yo. Y sí, parecía algo macarra… pero podía sentir que tenía buen fondo.
_ Sí, Emma. Si me gustan las chicas seré tu novia.
