Hola! Planeaba publicar este capítulo el viernes porque salí de viaje y hasta ahora tengo internet para publicar. Han sido un par de días bastante pesados.
Como siempre, One Piece no me pertenece a mí, sino a Oda sama (*-*) yo solo hago la trama de este fic.
Free World Now
Capítulo 3: Pruebas, canciones y katanas.
Eran las 5 en punto cuando el taxi pasó por ella. Ni rastro había aún de la luz artificial que pretendía imitar al sol, como tantos otros días al amanecer. No era como si fuera distinto que en otras ocasiones. Siempre era así, era de los días en que tenía más trabajo y estaba como siempre, más que lista para hacerse cargo.
¿Tenía otra opción?
El taxi la condujo al edificio blanco y frío aunque no diferente de casi todos los que había en la ciudad. Ella bajó allí y después de echar un vistazo hacia arriba, como si nunca lo hubiera visto, comenzó a caminar hacia el interior donde fue recibida por muchas caras sonrientes y vacías.
Una mujer de su edad le extendió un fajo de papeles y le dio la bienvenida.
-Ya sabes qué hacer. Que tengas un gran día- le sonrió para después alejarse caminando con rumbo desconocido. Robin inclinó la cabeza aceptando amablemente después de pensar que el rostro de esa mujer se le hacía completamente desconocido, lo cual no le sorprendía, y luego se alejó de allí también buscando alguna oficina vacía donde llenar la documentación.
Tardó poco más de una hora pero al fin terminó. Los cuestionarios se volvían cada vez más difíciles y largos, y esto ella lo entendía como una señal de que había miedo y sospecha en el ambiente, y tenía que ser bastante para que se tomaran tantas molestias en elaborar los cuestionarios aún más intrincados de lo que habían sido antes. Cualquiera que no fuera tan inteligente como ella hubiera caído enseguida pero no tuvo ningún problema en concluirlo y revisar satisfecha tu trabajo.
La puerta de la oficina donde se encontraba se abrió abruptamente.
-Buenos días, Robin san- la saludó burlonamente un hombre de cabello color lavanda cuya presencia era ciertamente indeseable para ella.
Iba vestido de blanco, como era reglamentario, pero con cierto mal gusto en su elección de ropas. Se notaba la baja calidad de la tela y esa excesiva ornamentación característica de quienes nunca antes han tenido clase pero les llega dinero de alguna forma abrupta y extraña que no saben cómo gastar. Usaba cadenas de oro y la camisa abierta, aunque para Robin, no tenía nada de qué presumir en cuanto a lo físico. A decir verdad ni siquiera alcanzaría a calificarlo como hombre- últimamente ella tenía estándares bastante altos.
-Buenos días, Spandam- le saludó con una media sonrisa que casi en seguida fue reemplazada por un gesto de disgusto cuando el horrible sujeto se acercó a ella. Robin dio un paso atrás para evitar un acercamiento.
-¿Estás lista para tu prueba de hoy?- preguntó el hombre con una sonrisa perversa que ella decidió soportar por muy poco tiempo.
-Sí, como siempre. Ahora déjame pasar.
-¿No te gustaría que yo me hiciera cargo? Podríamos ir a alguna parte después, cenar algo, tomar alguna bebida…
Sus dedos hicieron un intento por tocar el brazo de Robin, pero cuando ella lo retiró bruscamente, Spandam la tomó del cuello con dureza y la estrelló contra la pared que estaba atrás.
-Ahora te haces la difícil, ¿Eh?...dicen que hace poco te vieron salir de un hotel con un hombre, ¿es eso cierto…?
No pudo proferir el insulto que tenía preparado pues ella se lo quitó de encima dándole una patada en el estómago, consiguiendo hacer que se tambaleara hacia atrás y la dejara libre.
-No vuelvas a ponerme una mano encima- le advirtió, recobrando por completo la pose segura e inamovible que siempre ostentaba frente a él, y frente a todos.
-No podrás ocultarlo…- le dijo mientras se arrastraba, tratando de ponerse de meterás en problemas, ¡Recordarás esto, estúpida!
Robin lo ignoró, o al menos lo intentó. Salió de allí dando un portazo para que no se le ocurriera seguirla, y se dirigió a la habitación donde se efectuaría la prueba a toda la velocidad que le permitían sus piernas. Encontró la habitación y se detuvo un momento ante la puerta tratando de serenarse aunque a simple vista jamás se hubiera dicho que estaba tan alterada.
Finalmente entró allí. Era un cuarto completamente blanco, con luces en las esquinas que bajaban hasta ella. Dejó el fajo de papeles sobre una especie de repisa metálica que desapareció en un compartimiento de la pared casi en seguida. Ella respiró profundo.
Como siempre, se quitó los pantalones, los zapatos y la blusa, y ajustó su ropa interior para que nada estuviera fuera de su lugar. Cuando hubo terminado, una voz de mujer llegó a ella.
-Acércate al centro de la habitación- estaba marcada con una cruz pequeña de color negro. Era lo único en ese lugar que no parecía estar perdido en una dimensión distinta.
Ella ni siquiera sabía dónde estaba la cámara con la que la veían ni la bocina de donde salía la voz. Como siempre, se estremeció con la sensación fría del lugar. Se paró en el punto indicado, justo al centro del cuarto. Pronto vio una luz color rojo que se dirigió hacia ella.
Sintió el escáner pasar por todo su cuerpo, de abajo hacia arriba y de regreso. El calor la asaltó por apenas unos instantes antes de que terminara.
Escuchó murmullos y luego un silencio completo y abrumador. Pero todo el tiempo su cuerpo permaneció en la misma posición. Sus brazos sueltos a los lados de su cuerpo y su rostro relajado y tranquilo, sin expresión.
Unos instantes después, una brisa fría se sintió atravesar de un lado a otro de la habitación, y después de eso, unas finas gotas cayeron sobre todo su cuerpo. Olían a vainilla.
-A continuación puede pasar a su chequeo médico.
Una puerta se abrió del lado contrario al que ella había entrado.
Respiró profundamente y trató de buscar una forma de deshacer el nudo que tenía en su garganta. Como no funcionó, comenzó a caminar, fingiendo como siempre, aunque a cada paso que daba sus piernas se comenzaban a sentir como si fueran gelatina. Tenía la sensación de que esta vez iba a ser todo mucho más incómodo que nunca.
El lejano pensamiento de Zoro llegó a su mente como últimamente le había pasado- aunque apenas llevaba dos o tres días de conocerlo. Dado que esto la hizo sentir un poco más tranquila, trató de mantener su mente en él todo el tiempo que le fue posible durante la siguiente prueba.
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Zoro guardó sus katanas en el estuche especial que usaba para ir al dojo. Se secó el cabello con una toalla y con una mano se despidió de los últimos aprendices que quedaban en el lugar. La mayoría se había retirado ya, casi eran las 5 de la tarde y habían estado entrenando por horas.
-Hasta mañana, sensei- se despidió uno de los jóvenes haciendo una inclinación, a lo que Zoro correspondió con una inclinación de cabeza. Tomó un refresco de una de las máquinas que encontró en su camino y continuó caminando por el pasillo hasta que se encontró fuera del enorme edificio blanco en donde estaba ubicado el dojo. Abrió la lata y comenzó a beber el líquido frío que hizo que sintiera un delicioso estremecimiento al contrastar con el calor exagerado que producía su cuerpo aún después de entrenar.
Apenas se había alejado unos metros cuando escuchó una voz a sus espaldas que se acercaba cada vez más.
-¡Zoro san! ¡Zoro san!
Zoro se no necesitó más que eso para sentirse incómodo, como siempre que escuchaba esa voz. Rodó los ojos, se detuvo y volteó hacia ella.
-Tashigi.
La joven era una ayudante que le habían asignado meses atrás. Había sido alumna de otro dojo por un par de años y después de presentar los exámenes adecuados probó ser lo suficientemente fuerte para ser puesta a su lado, con miras de convertirse en un futuro en la dirigente de otro dojo de entrenamiento, como él. Zoro no se había terminado de acostumbrar a su presencia y a decir verdad trataba de evitarla en todo momento mientras le fuera posible, aunque sabía muy bien que eso la hacía enojar, al parecer la afectaba mucho.
-¡Zoro san! ¡Lo hizo de nuevo!- le reclamó una vez que llegó hasta él.
-¿Qué hice?- preguntó sabiendo la respuesta. Tashigi lucía especialmente enfadada con él esta vez.
-¿Por qué no quiere que yo le ayude con las demostraciones? ¡Siempre termina escogiendo a alguien más para trabajar con usted y a mí me deja a un lado!
-Son ellos los que necesitan aprender, Tashigi- repuso él, aun sabiendo que su respuesta era bastante imprecisa.
-¡Sí, pero si le ayudo será más fácil mostrarles cómo son los movimientos porque yo sé hacerlos!- reclamó, cada vez más exaltada- ¿Usted tiene algo en contra mía? ¿Qué tengo? ¿Es algo que hago mal o…?
-No, haces las cosas muy bien, solo no me siento cómodo trabajando contigo a veces-, le desesperaba su actitud. Sentía que era demasiado frágil (emocionalmente hablando) y su actitud en ese momento era la prueba.
Y como si necesitara mayor demostración, el rostro de Tashigi se ensombreció. Sus hombros cayeron, pero Zoro permaneció impasible.
-Póngame a prueba- propuso ella entonces como alternativa-, le demostraré que puedo trabajar a su ritmo. Haré lo que sea necesario.
Ese no era el plan que tenía Zoro. Lo había estado pensando por algunos días y ahora estaba bastante convencido. No encontró otro modo de decírselo a ella, y además…la diplomacia y el tacto nunca habían sido sus fuertes.
-Pediré que te transfieran a otro dojo lo más pronto posible, no te preocupes.
-¡No!- ella lo sujetó del brazo cuando vio que se iba. Zoro volteó, sorprendido.
Se veía tan mal. Se veía triste. Verdaderamente triste. Zoro nunca había visto a alguien con esa expresión en su rostro. A una mujer, para ser exactos.
-Por favor. No quiero…
Tashigi se detuvo de golpe cuando Zoro le tomó la muñeca firmemente y la hizo soltarle el brazo. Un impulso la obligó a saltar hacia él y a abrazarlo fuertemente. Él se sintió muy extraño cuando Tashigi deslizó su rostro por su pecho mientras temblaba ligeramente.
Zoro estuvo a punto de retirarla pero ella saltó hacia atrás por sí misma, haciendo una expresión de sorpresa que el espadachín no se esperaba.
-Hola, ¿Interrumpo algo?
Volteó solo para encontrarse con Robin, quien los miraba con expresión curiosa.
-Ro…Robin san- Zoro ahora volteó a ver a Tashigi en verdadera confusión. ¿Se conocían? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo?
-Hola, Tashigi. No tenía idea de que conocieras a Zoro.
Tashigi frunció el ceño y cerró los puños. Miró a los ojos a Robin quien solo le devolvía la mirada, tranquila, sonriente, como si fuera totalmente dueña de la situación aunque apenas hacía dos minutos que había entrado en escena. Tashigi se puso a la defensiva sin poder evitarlo.
-Es mi maestro. Ahora estoy trabajando con él.
Robin le siguió sonriendo, pero Tashigi no devolvió el gesto.
-¿De dónde lo conoce?- preguntó, al parecer muy enojada. Robin la miró con algo de sorpresa y luego volteó a ver a Zoro.
-Bueno, hemos salido un par de veces…- contestó, sopesando las palabras. Tashigi levantó las cejas y luego volteó a ver al espadachín, que no tenía idea de lo que estaba sucediendo allí.
-Ahora entiendo- dijo en voz baja, mirando a Robin de arriba a abajo. Ella aguantó el examen visual sin dejar de ver a la muchacha, pero antes de que pudiera preguntarle, ella se despidió.
-Lo veo mañana, Zoro san.
Se dio la vuelta y se alejó caminando rápidamente. Zoro la siguió con la vista hasta que desapareció dando la vuelta en una esquina. Nunca la había visto así.
-Creo que le gustas.
La afirmación de Robin le puso los pelos de punta, pero a decir verdad, con la escenita de Tashigi había tenido suficiente. Solo que cuando volteó a ver a la morena, no se veía disgustada ni incómoda, lucía divertida ante lo que acababa de suceder y esto lo sacó de línea por completo.
-No, no creo- repuso, viéndola con desconfianza. Ella le volvió a mirarlo y le sonrió aún más ampliamente -¿Celosa?
-¿Debería?
Zoro no contestó, sentía que no había necesidad. Tampoco le preguntó como lo había encontrado porque tenía la idea de que ella sabía absolutamente todo de él. En cambio, preguntó otra cosa.
-¿Qué haces aquí?
-Oh…iba en camino a hacer un poco de trabajo de campo, pensé que quizás te gustaría hacerme compañía.
Zoro se encogió de hombros. En realidad deseaba volver al departamento a descansar, pero ir con ella no parecía nada mal.
Si volvía al departamento podría recostarse tranquilo y dormir un buen rato. Tal vez vérselas con sus compañeros y su hiperactividad, o con uno de los característicos enojos de Sanji. No era un panorama demasiado atrayente para él pero vaya, era su hogar y eran sus amigos.
Por otro lado, estar con Robin prometía que algo interesante se acercaría a su camino. Tenía la sensación de que ella siempre estaba rodeada de misterio y eso lo atraía. Era algo que simplemente no podía evitar aunque aún no se sentía completamente en confianza para "dejarse ir" por completo mientras estuviera con ella.
Aun así decidió aceptar y comenzaron a caminar juntos, con ella guiando por supuesto. Zoro se percató de que llevaba con ella una pequeña mochila. Afianzó el estuche de las katanas a su espalda y la siguió de cerca.
-Y… ¿cómo conoces a Tashigi?- preguntó en algún momento, decidiendo no quedarse con la duda.
Robin contestó de una forma ligeramente distraída.
-Ella ha hecho un par de veces los exámenes para ser candidata a la Élite, y yo he sido su examinadora en ambas oportunidades.
-¿De verdad? ¿Dos veces?
-Quizás hayan sido tres pero yo solo la he visto en dos. No ha sido seleccionada.
-¿Por qué?
Robin comenzó a hacer un poco de memoria.
-Bueno, sacó muy buena nota en el examen teórico y demostró tener muy buenas habilidades con la espada en ambas oportunidades-contestó entonces, demostrando cierta profesionalidad que Zoro no había notado en ella antes-, pero no tiene habilidades de afrontamiento y pierde el control de la situación con demasiada facilidad. Cualquier pequeña falla y se sale por completo de su centro. No ha demostrado ser confiable.
Zoro siguió caminando, asombrado por esto. Siempre supo, de hecho, que Tashigi era buena en lo que hacía, pero también sabía que había cosas en ella que la hacían…poco apta para ciertas cosas. Era de esperarse que la Élite fuera exigente en ese sentido. Entonces se tuvo que preguntar, ¿qué tipo de habilidades podría tener alguien como Robin para ser parte de ese extraño y reservado grupo? Además de todo examinaba a los nuevos. ¿Qué podía esperar de ella entonces?
-¿Qué clase de trabajo vas a hacer?- preguntó cuando se percató de que estaban llegando a los límites de la ciudad que estaban permitidos para los ciudadanos comunes. Llegaron a un lugar donde había un muro de más de 5 metros de alto y una puerta de seguridad.
-Voy a revisar un lugar.
Robin con toda la tranquilidad del mundo se acercó a la puerta y deslizó una tarjeta en la ranura del dispositivo de seguridad. Después escribió una especie de firma con una pluma electrónica en una superficie blanca.
-¿Traes contigo tu identificación?- preguntó a Zoro de pronto. Él la miró y asintió- tendrás que dejarla aquí, ya sabes, por seguridad.
Zoro metió su identificación en la ranura y la puerta hizo un sonido extraño y comenzó a abrirse pesadamente. Él y Robin comenzaron a caminar para pasarla.
-Te devolverán tu tarjeta cuando salgamos.
-¿Cómo tienes acceso a este lugar?
Robin sonrió para sí misma y Zoro no pudo evitar verla.
Ahora caminaban por un lugar lleno de edificios abandonados. Tétrico, a decir verdad, pero Zoro tenía que admitir que los letreros llenos de color tenían algo más de vida que la ciudad casi monocromática en la que vivían. Ahí predominaban el blanco, el gris y lo metálico.
Pero aquí…
Incluso había plantas creciendo en los alrededores e incluso dentro de las construcciones. En la ciudad no se veía nada así.
-Bueno, trabajo como arqueóloga. Cualquier cosa que pueda sacar de la vida del pasado que le sea útil a mis superiores ahora es parte de mi trabajo.
-¿Salimos de la ciudad?
-Sí y no- explicó mientras continuaban caminando- Esta es simplemente un área que no ha sido limpiada ni habilitada para que la gente viva y por eso está prohibido pasar a menos que tengas ciertos privilegios. Antes de ser utilizada se tiene que sacar de todos estos edificios la mayor información que sea posible conseguir y ese es mi trabajo. Más lejos de aquí se encuentra el muro que rodea a la ciudad en su totalidad, el que todos conocen. Todavía estamos adentro.
Siguieron caminando por algunas viejas y polvosas calles y finalmente llegaron a un local.
Dentro había varias mesas con separadores, donde podían verse pequeñas cajas ordenadas, según pudo ver por la colocación de algunas etiquetas borrosas, de manera alfabética. Tomó una de las cajas al azar.
-Dark side of the…* ¿qué es esto?
-Son discos. Música. Esto era una tienda de música.
-¿Tienda de…?
-Antes de que la música se popularizara de manera electrónica en línea se utilizaban estos dispositivos con cierta capacidad de memoria para distribuir las canciones de muchos artistas- se acercó y miró el disco que Zoro había sacado. Volteó a ver a Zoro y le sonrió- Nada mal- comenzó a caminar lejos de él y siguió hablando-. Con el tiempo fue mucho más fácil y económico realizar la distribución de este tipo de obras por medio del internet y la música se podía llevar a todas partes. Hasta hace algunos años se podía escuchar casi cualquier tipo de música, pero entonces vinieron las prohibiciones y todo cambió.
Robin comenzó a rebuscar entre los discos. Zoro la observó un momento mientras un recuerdo lejano venía a su mente. Robin volteó a verlo y como si se hubiera dado cuenta de esto, le sonrió mientras tomaba uno de los discos.
-¿Ocurre algo?- le sacudió el polvo con una mano a la caja de plástico y se acercó a él. Zoro tomó el disco y observó la portada.
-Cuando era niño mi maestro solía poner música después de los entrenamientos. Nos sentábamos en el piso del dojo y tomábamos el té. Una de las canciones… no recuerdo como se llamaba, pero recuerdo que era a guitarra y me gustaba mucho. Era…
Zoro se quedó callado de pronto. Robin esperó a que siguiera hablando, le pareció que eso era importante para él. Zoro sacudió la cabeza, como ahuyentando la idea.
-Poco después de que mi maestro muriera prohibieron toda esa música. No recuerdo la canción, solo un poco, ya sabes…la tonada.
Robin le sonrió un poco y acarició su brazo. Zoro volteó a verla.
-Brook trata de adivinarla pero él y Franky han tocado muchas con la guitarra y el violín y nunca me han sonado familiares.
-Tal vez algún día vuelva a ti. Quién sabe.
Robin tomó de sus manos la caja que él le había quitado un momento antes y buscó con la vista cerca de donde Zoro adivinó que debió estar el aparador principal de la tienda.
-Tenemos suerte de que no hayan cortado el suministro eléctrico de este lugar. Cuando vengo a trabajar a veces necesito usar una computadora o una cámara y nunca se sabe.
Zoro asintió y la vio desaparecer al agacharse detrás del aparador. Pronto escuchó una especie de zumbido en el aire y luego unas cuantas notas…
-Es una de mis canciones favoritas. Aquí entre nos, vengo a este lugar a veces solo a escuchar música. No hace ningún daño.
-Supongo.
La canción en un principio tenía un ritmo muy lento, pero llegaba a un punto- en el coro- donde la cantante efectuaba una especie de explosión con su voz que emocionaba significativamente a Robin. Y al ver el rostro de Zoro, pudo darse cuenta de que él también estaba impresionado.
No era para menos. Llevaba años escuchando únicamente lo que el gobierno permitía escuchar, y esto era normalmente música electrónica prefabricada. El ritmo se limitaba a una especie de *bum-bum* pasivo que no evocaba más que monotonía, las voces de los cantantes eran totalmente genéricas y las letras hacía mucho tiempo que se habían convertido en lo mismo y lo mismo, amor, desamor, fiesta y sexo, sentimientos casi completamente empaquetados y listos para su consumo.
Era enfermizo ir a alguna fiesta y ver a todas las personas bailar con los ojos cerrados al ritmo de esa música y tratar de imaginarlos teniendo una plática con alguien. ¿Qué podrían decir? Sin duda nada importante o interesante.
En cambio, esa música, la que estaba prohibida, tenía mucho más que mostrar y qué decir.
-Es…- Zoro carraspeó un poco- muy buena. ¿Cómo se llama?
-Kozmic Blues**. Es una gran canción.
Zoro siguió escuchando con atención. No se dio cuenta de que Robin estaba a su lado hasta que ella volvió a hablar.
-Zoro- la miró. Ella no lo estaba mirando. Su rostro estaba dirigido hacia la puerta que daba afuera, hacia las ventanas sin vidrios que mostraban la ciudad abandonada ante ellos, parecía que su mirada estaba perdida del todo pero Zoro sabía, podía sentirlo, ella estaba allí a su lado-. ¿Crees que puedas…podrías abrazarme?
Vio su barbilla temblar. Se abrazaba a sí misma y sus brazos comenzaron a cobrar mayor fuerza alrededor de su cuerpo. Zoro se preguntó qué podía estarle sucediendo pero decidió que no iba a preguntarle. Simplemente no le pareció adecuado hacerlo.
Se acercó un poco más a ella y extendió sus brazos hacia el frente. Esperaba que ella se acercara a él y aceptara el abrazo, pero no se movió.
A pesar de las constantes burlas de las que era víctima por parte de Sanji, Zoro no estaba acostumbrado ni era bueno confortando gente y parecía que eso era lo que Robin necesitaba aunque no sabía por qué. Ella solo volteó y lo miró un momento antes de que su mirada regresara al piso, en una mueca triste que jamás pensó que ella pudiera hacer. Finalmente logró convencer a sus brazos de rodearla, despacio, muy despacio.
Robin se dejó ir en el abrazo y pronto su cabeza estaba descansando en el hombro de Zoro. Después del día en que se conocieron, no habían vuelto a abrazarse, acaso a tomarse de la mano de una manera ligeramente incómoda. Pero el abrazo se sentía bien. Se sentía bien que la abrazara así y se sintió mucho mejor cuando él olió su cabello, tal vez pensando que ella no lo notaría.
-¿Ocurrió algo?- preguntó al fin, y a Robin le dio la sensación de que se había tardado demasiado.
Se separó un poco de él, pero solo lo suficiente para darse la vuelta y descansar de espaldas contra él. Los brazos de Zoro se cruzaron alrededor de su abdomen y ella los sujetó con suavidad mientras dejaba su cabeza recargarse de nuevo contra su hombro. Ella no contestó a su pregunta, en cambio, le preguntó otra cosa.
-Dime Zoro, a ustedes les hacen pruebas regularmente, ¿no es así?
Zoro respiró profundo, un tanto molesto por no haber recibido ninguna respuesta a su pregunta. Asintió sabiendo que ella sentiría el movimiento de su cabeza.
-Y ahora que lo mencionas, mañana tendremos que ir. Ussop se pone muy nervioso con las pruebas.
Escuchó a Robin reír un poco, pero su risa aunque sincera, no duró demasiado. Sintió un ligero temblor.
-¿Qué tipo de pruebas les hacen?
-Bueno, nos hacen algunos chequeos médicos, hormonales y encefalografías. Ya sabes, se aseguran de que seamos "felices".
-Ya veo.
Zoro no sabía qué más hacer. Ni siquiera sabía qué era lo que debía de sentir exactamente. La apretó un poco más contra él y volvió a dejar a su nariz hundirse en su cabello.
-¿Qué tiene que ver contigo?
Robin sonrió en el abrazo y cerró los ojos, dejando que el calor del cuerpo de Zoro la inundara. Respiró profundamente y le agradó sentir su aroma llegando a ella…tenía la sensación de que eso servía para alejarlo de toda esa uniformidad a la que estaban condenados desde siempre. Pensó en su pregunta y decidió no evadirla como usualmente lo hubiera hecho.
-A nosotros nos hacen pruebas también. Pero son diferentes que las suyas. En ustedes buscan simplemente detectar cualquier cambio o variación en su estado anímico y que estén sanos y en buena forma para trabajar. ¿Tienes idea de lo que pasa si saben que están inconformes o algo así?
-No lo sé. El que sabe de esas cosas es Franky pero…podría decirse que eso lo tenemos bien controlado.
-Bien por ustedes- se detuvo un momento. Comenzó otra canción, mucho más lenta, y ella comenzó a mecerse un poco, sintiendo que Zoro se mantenía rígido atrás de ella-. Lo que puede pasar si encuentran cualquier cambio negativo es que se los llevarán a un "retiro" donde se asegurarán de que vuelvan a tener pensamientos positivos y la mente nublada.
Suspiró. Inclinó un poco su cabeza hacia un lado sin dejar de recargar su cabeza contra Zoro. Sintió su respiración cerca del cuello, pero no tanto, como si no estuviera consciente de que cada vez la distancia era menor.
-Pero nosotros…tenemos otro tipo de pruebas. Tienen que asegurarse de que no tengamos ningún tipo de contaminación tanto en nuestros cuerpos como en nuestras mentes. Buscan…digamos que un nivel mucho más alto de pureza mental que en ustedes. Si vieras a mis compañeros te sorprenderías de lo vacíos que son a pesar de su inteligencia o su talento.
Esperó unos segundos. Hacía tanto que no escuchaba música, mucho menos de ese tipo. Aun así no se dejó llevar por el movimiento del cuerpo de Robin bajo sus brazos, era muy incómodo. Solo que, por algún motivo, sentía que no la podía soltar, como si al hacerlo corriera el riesgo de que ella se rompiera en pedazos.
-El hecho es que esas pruebas se vuelven cada vez peores. Más fuertes, más frecuentes, difíciles y…más invasivas. Hoy en la mañana tuve una de ellas y fue demasiado difícil. Siento como si hubieran abusado de mí.
Zoro se sorprendió cuando ella volteó su cabeza hacia él y lo miró. No parecía tan tranquila como siempre y tenía toda la razón del mundo. Él mismo no pudo evitar tensarse demasiado al escucharla hablarle de aquella situación, que debió ser terrible para ella. Tuvo la sensación de que esperaba que dijera algo pero lo cierto era que no sabía qué.
Porque nunca sabía cómo podría reconfortar a nadie.
Recargó la frente contra la sien de Robin, cerró los ojos y respiró profundamente escuchando la canción.
-No sé qué decirte.
-No espero que digas nada- le contestó ella.
-¿Qué fue lo que te hicieron?
Su voz ronca, masculina, hizo eco en la mente de Robin una y otra vez. Sentía como si escucharlo la sanara.
-Nada que valga la pena contar.
Zoro dejó que su cabeza bajara un poco y se recargara en el hombro de Robin. ¿Qué demonios sentía por ella?
Había aceptado que le gustaba, pero nunca pensó que el sentimiento pudiera llegar más lejos, debido a las dudas que tenía respecto a ella y su actitud constantemente extraña. Pero ahora…
El suave aroma de su cuello lo animó a acercarse más. Comenzó a besar suavemente la morena y hermosa piel desde el hombro hasta la mandíbula, y escuchó los suspiros que ella comenzaba a proferir. Robin se sujetó más fuerte de sus brazos y se dejó llevar por un momento.
Deseaba, cómo deseaba, que Zoro la ayudara a olvidar todas esas malas experiencias. Que recorriera su piel con sus manos, que la tocara y que la besara. Que se llevara de su cuerpo todo rastro de dolor que llevaba cargando no solo desde esa mañana sino desde que era una pequeña niña inocente que no sabía nada. Que siguiera llenando sus oídos con su voz, que la dejara dormir en sus brazos por siempre.
Pero por el momento eso no podía ser. Tendría que ser paciente, pero confiaba en que pronto llegaría su recompensa.
Se dio la vuelta con lentitud hasta quedar de frente a él una vez más. Le sujetó la cara, buscó sus labios y le besó.
Sus labios se rozaron primero suavemente, y luego comenzaron a acariciarse con más fuerza. Suspiró con satisfacción cuando Zoro movió sus labios al ritmo de los de ella. Fue tan diferente a la primera vez. Esta vez el beso tenía algo. Mandaba deliciosos escalofríos por todo su cuerpo. Zoro la tomó de la cintura y la acercó un poco más a él. Ella le rodeó el cuello con los brazos y comenzó a morderle los labios con delicadeza, lo que ocasionó que él emitiera un gruñido de sorpresa que pronto se convirtió en una especie de suspiro con el que le robaba el aire.
Terminó la canción y comenzó otra más pero ya no estaban prestando atención.
Robin se separó de él.
-Como dije- le acarició la mejilla- no quiero de digas o hagas nada. En realidad, traerte hasta aquí y hacerte hablar un poco ya puedo considerar que ha sido un triunfo.
Zoro se mantuvo serio al verla reír, y la soltó cuando ella se alejó.
Robin apagó el aparado del que salía la música, y Zoro la vio sentarse y usar su computadora por algunos minutos. Él también tomó asiento. Afuera comenzó a bajar la luz artificial, ya eran las 7.
Pasaron algunos minutos más. Finalmente ella se levantó, con una cámara en las manos. Tomó algunas fotografías de la estancia y cuando terminó guardó todo de regreso en su mochila.
-Vámonos, es algo tarde ya, van a ser las 8.
-Pensé que sería más pesado tu trabajo.
Robin le sonrió.
-Solo quería un pretexto para traerte. Aún tengo bastante tiempo para terminarlo.
Zoro rodó los ojos y una pequeña sonrisa escapó de sus labios. Tomó el estuche con sus katanas, que había dejado antes en el suelo, y se lo puso en la espalda.
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Caminaron de regreso a la ciudad sin hablarse pero Zoro escuchaba a Robin entonar en voz realmente baja una de las canciones que habían estado escuchando. Se había sentido extrañamente cómodo abrazándola, y se dijo a sí mismo que no iba a resistirse a hacerlo cuando ella tuviera la necesidad.
Llegaron a un lugar donde cada uno podía tomar un taxi para ir a casa, y al despedirse ella lo besó en los labios tiernamente. Zoro le correspondió un par de segundos antes de separarse y tomar cada quien su camino, sin decirse nada como despedida.
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Franky caminó frente al grupo de chicos y los miró un momento, sobre todo a las "nuevas".
-Bien chicas, lo explicaré antes para que no se pierdan. El efecto de la pastilla dura 20 minutos, lo necesario para que pasen la prueba sin problemas.
Nami, Nojiko y Vivi miraron la pastilla en sus manos. Ussop, Chopper, Sanji, Zoro y Brook tenían una cada uno también pero ellos parecían saber bien cómo funcionaba el asunto.
-Tómensela muy discretamente cuando falte una persona para que sea su turno. El efecto es realmente idiotizante – recalcó- tengan cuidado. Robin y yo estaremos esperándolos afuera cuando vayan saliendo. ¿Alguna duda?
Robin estaba parada a lado suyo, y cuando su mirada se topó con la de Zoro, ella le sonrió. Él sintió claramente que se sonrojaba, así que desvió la vista.
-¿Dónde está Luffy?-preguntó Nami, aparentemente alarmada.
-Lo reporté enfermo por lo de Ace- contestó Chopper- No está mal, pero no podemos drogarlo después de lo que pasó. Cuando el efecto de la pastilla pasa hay una descompensación completa del organismo y podría sufrir una depresión muy severa.
Nami asintió y volteó a ver la pastilla una vez más. Nojiko estaba dudosa.
-¿No se dan cuenta?
-No. Chopper y yo la diseñamos juntos, no deja residuos detectables en el organismo porque se descompone rápidamente y viaja a los lugares correctos del sistema nervioso. Para cuando les hacen el examen de la sangre la serotonina comienza a descargarse y la pastilla ya se ha diluido casi por completo en la sangre.
Nojiko suspiró y asintió.
Entraron todos a la sala de espera y fueron aguardando por su turno.
Zoro entró después que Chopper y Sanji. Se había tomado la pastilla un par de minutos antes y para cuando entró a la habitación lo único que veía a su alrededor eran colores extraños. Sabía lo que estaba haciendo, pero todo era mecánico y extraño, ajeno a él.
Estaba muy estúpidamente feliz, y eso era todo lo que necesitaba para pasar las pruebas.
No sintió el dolor de las agujas y muy apenas comprendió lo que le decían las personas que estaban a su alrededor. Finalmente se encontró frente a una puerta que como muchas veces antes identificó como la salida.
Pasó a través de ella y lo próximo que supo era que se encontraba en unos brazos que lo rodearon y que ciertamente no eran los de Franky.
-Ya está bien, ya pasó.
Se sintió avergonzado de oír la voz de Robin, pero no tuvo fuerzas para sostenerse más por sí mismo y terminó en el suelo junto a Sanji.
-Toma algo de agua- susurró la voz esta vez más cerca de su rostro y sintió el líquido deslizarse por sus labios cuando lo que él quería realmente en ese instante era que lo besara.
En un par de minutos más, los efectos de la pastilla fueron pasando y las ideas extrañas se fueron poco a poco de su mente. Observó a Robin y a Franky recibiendo a los que faltaban y se quedó dormido, sintiendo su cuerpo pesado y sabiendo que las próximas horas se iban a sentir como el infierno para todos ellos.
Continuará…
Bien, es todo por hoy. Espero que les haya gustado n.n
Lo que le pasa a Robin con las pruebas y la organización a la que pertenece lo pienso desarrollar más adelante. Y qué les parece, apareció Tashigi. No me cae nada bien pero ya vimos (jujuju) ella no es competencia para Robin con respecto a Zoro. Tendrá más apariciones en el fic, eso sí.
Algunas aclaraciones: El disco que toma Zoro al entrar a la tienda de música es: *Dark side of the moon, de Pink Floyd. No sé por qué fue el primer disco que me vino a la mente mientras escribía esto. **La canción que pone Robin, Kozmic Blues, es de la cantante Janis Joplin, y la que empieza a sonar después, según yo, es Maybe, de la misma cantante. Ésta última es especialmente romántica y me pareció perfecta para la escena.
Como sea, ojala me dejen su opinión con respecto al capítulo, espero que les siga gustando n.n
Besos!
Aoshika October
