Hace mucho que no escribía nada, no tenía el ánimo suficiente para hacerlo, sin embargo quise aprovechar lo que sucedió en el manga de este mes, en parte para sacar de alguna manera un poco de todo lo que ha sucedido en mi entorno durante esta ausencia, una coincidencia afortunada tal vez, y razón por la que las muertes de esta última publicación de Isayama me pegaron más que de costumbre.
Quiero dedicar este ''capítulo'' a la memoria de mi mejor amigo, que perdió la batalla contra su enfermedad hace dos meses.
''Shingeki No kyojin es propiedad de Hajime Isayama, este fic es un tributo a su trabajo y está hecho sin fines de lucro''
De cosas inexplicables para la ciencia, y algo que llaman amor
Hanji Zoe.
A decir verdad las cosas no volvieron a ser lo mismo desde ese día, ni siquiera pude despedirme de ellos; fueron tantos años soñando con el triunfo de la humanidad, con lo que haríamos después de tanto esfuerzo… para que al final de todo ninguno estuviera aquí para vislumbrar el nuevo día. Si hubiera sido más ágil Moblit estaría aquí, si hubiese sido más terca habría apoyado a Levi con aquella charla y Erwin seguiría vivo.
Fingí no entender tus razones, negarme a ver lo evidente, soy lenta para todo lo que no tenga que ver con la ciencia, corta de entendimiento para cosas de… esa naturaleza, más allá de aquello eras mi mejor amigo, cuidabas de mí siempre con una sonrisa, Moblit ojalá hubiese tenido tiempo de notarlo mucho antes, apreciarte y agradecer como era debido, porque tu compañía siempre fue fiel aún en tiempos difíciles; Me he reprochado cada día desde entonces, con el paso de los años hubo cientos de despedidas, pero las suyas fueron las más dolorosas, tal vez por la cercanía, o tal vez porque era difícil creer que pudiera pasarte a ti o a él. Lo más triste es que no te volví a ver nunca, no hubo un cuerpo que enterrar, o una tumba a la que llorar.
Creí poder describirte con la palabra valentía, pero luego de darle muchas vueltas, sería más correcto usar la palabra ''amor''.
Erwin tu despedida no fue muy diferente, aún sin recuperarme del golpe que supuso el sacrificio de un amigo; verte tendido, herido y negarme a creer. No fue sino hasta que toqué tu piel, que noté ese frío característico de la muerte, (un frío que se te queda pegado muy dentro a pesar del paso del tiempo), la falta de pulso y esos ojos vacíos que alguna vez me miraron comprensivamente, que comprendí que nos habías abandonado, y que ya estabas muy lejos volando alto, con esa libertad, la única que conocíamos.
No te dirigí palabras, no te di un beso de despedida, me quedé ahí pegada a ti apenas unos segundos, muda. No había tiempo para el luto, ni para las lágrimas, la responsabilidad de terminar esa batalla y llevar a los sobrevivientes a salvo recaía sobre mis hombros, hice lo mejor que pude, me fijé el propósito de cumplir tu sueño, nuestro sueño, y lo logré.
Los primeros días, las primeras semanas, las primeras navidades… fueron las más difíciles, aún hoy no hay un día en que no los piense, en que no recuerde lo bueno, lo malo y sobre todo aquel último instante que estuvieron a mi lado; Aún duele, aún me hace llorar, pero al mismo tiempo me da fuerzas, es algo que la ciencia no puede explicar… porque en sí mismo no necesita ser explicado.
El tiempo es maestro sabio, a pesar de la soledad que me supuso, del doloroso proceso de aceptación, aún con la compañía de Levi, era yo la única que podía hacerme seguir de pie, porque al final del camino, entiendes que no puedes escapar de los recuerdos, no puedes olvidar el pasado, para honrar la memoria de los caídos, para honrar tu propia fortaleza, pero sobre todo porque es algo que forma parte de ti el resto de tu vida, algo con lo que tienes que aprender a vivir.
Ahora entiendo que no somos simples cuerpos que funcionan por las órdenes autónomas del cerebro, no sólo respiramos y satisfacemos los requerimientos básicos para sobrevivir; estamos compuestos de momentos, de recuerdos, y de las personas que conocemos a lo largo de nuestras vidas, sobre todo de aquellas que dejan huella, logrando con su presencia tocarnos muy dentro del alma.
