Capítulo 3

-¡Tsubaki!-Exclamaba Kōsei al llegar a cada cruce en el que se abrían nuevos caminos para poder encontrarla.

Por desgracia para él, Tsubaki no solo era más rápida, si no que probablemente tardase más tiempo en cansarse que él, por lo que le quedaba esperar prácticamente un milagro para conseguir encontrar a donde había ido. No obstante, aunque hiciese frío, aunque tal vez no la encontrase, seguiría allí buscándola, como tantas veces había hecho ella cuando él se refugiaba del mundo tras la muerte de Kaori, o cuando se deprimía tocando canciones tristes con el piano gran parte del día.

Fue entonces cuando pudo oír un sollozo que provenía de un rincón de la calle en el que se encontraba una chica protegida por un pequeño techo y una máquina expendedora de bebidas bastante antigua.

Te encontré.

Tsubaki pudo sentir como se acercaban unos pasos y se sentaban junto a ella en el suelo, con la respiración aún agitada.

Ni siquiera era necesario que levantase la mirada para comprobar que se trataba de Kōsei. Siempre sería el único que sabría encontrarla. Incluso aunque fuese la más rápida de los equipos en los que ha estado y él fuese un desastre en los deportes; siempre, tarde o temprano, él acabaría llegando a donde ella estaba para hacerle compañía, seguramente, porque ella también quería que la encontrase.

-Lo.. siento.-Pronunció Tsubaki en un susurro.

Un susurro que, aunque casi inaudible, llegó a los oídos de Kōsei mostrando todo su dolor, mostrando como tras cada letra que pronunciaba, ella se derrumbaba un poco más.

-Lo siento por no poder ser ella.- Dijo esta vez con una voz más clara pero con todavía más lágrimas en sus ojos. -Nunca he podido cambiar el color de tu mundo y... aunque disfrute viéndote tocar el piano, nunca he podido devolverte nada como ella lo hacía en el escenario.

Kōsei se estremeció al oír aquello. Puede que hasta se sintiese culpable por no haber podido demostrarle a Tsubaki cuanto la quería, ni como ella había sido capaz de devolverle todo que hasta dos veces le habían arrebatado sin siquiera darse cuenta.

-Tsubaki... ¿recuerdas aquel día que tocaste mi puerta hace muchos años pidiéndome que dejara de tocar aquella canción?

Por supuesto que lo recordaba.

Era una noche de invierno como cualquier otra para Tsubaki, que se encontraba en su habitación intentando concentrarse para realizar unos ejercicios de matemáticas.

Envuelta en sus pensamientos e hipnotizada con los números, comenzó a escuchar el piano proveniente de la casa de enfrente.

Era una melodía triste, apagada, que incluso sonaba a un volumen más bajo que aquellas que solía practicar para sus concursos hace ya bastante tiempo. De hecho, cada noche consistía en una guerra entre ella y las notas musicales que intentaban hacer que llorase antes de dormir.

El resultado era obvio. Siempre perdía, pero no tenía el valor suficiente de decirle a Kōsei que cambiase su música, que ya había sufrido bastante, que aquellas melodías no le devolverían a Kaori.

Ella siempre había estado para él, y siempre iba a estarlo, pero no era capaz de cambiar su estado de ánimo como sí lo había hecho Kaori. Sin duda ella hubiera ido y lo hubiese regañado por...

¡Eso es!

Se puso una bufanda, la primera chaqueta que encontró, y cruzó la calle para enfrentarse a la puerta de Kōsei.

Decidida, presionó el timbre, y se dio cuenta de que la música dejó de sonar. Conforme iban pasando los segundos hasta que Kōsei abriese la puerta, sus piernas comenzaron a temblar cada vez más. ¿Cómo iba ella a decirle que dejase de tocar el piano, o que cambiase sus melodías pese a que estas únicamente reflejaban lo que su corazón sentía, después de tanto tiempo que estuvo Kōsei sin poder tocar el piano?

Por un momento se sentía la peor persona del mundo, pero tenía que ser fuerte, tenía que intentarlo, él tenía que saberlo.

-Tsubaki...- Dijo Kōsei una vez abierta la puerta.

-¡Deja ya de tocar así el piano, de tocar canciones tristes!-Exclamó Tsubaki señalándole con el dedo, como ya había hecho una vez cuando le prometió que nunca lo dejaría solo, mientras unas pocas lágrimas comenzaban a escaparse de sus ojos. -Solo...para...por favor..

Tsubaki pronunció estas últimas palabras perdiendo la fuerza que había reunido hasta hace unos segundos, quebrándose su voz al final, pareciendo casi una súplica. Tampoco iba a permitir que él la viese llorar, porque ella era fuerte, siempre era fuerte y tenía que ser fuerte por él en aquellos momentos.

Antes de que Kōsei pudiese responder, y antes de que más lágrimas apareciesen, se marchó corriendo y regresó a su casa.

-Ese día, cuando me dijiste eso de aquella manera, me di cuenta cuanto estabais sufriendo tú y las personas de mi alrededor. Todo lo que había aprendido sobre la música y sobre cómo vivirla, lo había vuelto a olvidar.- Explicó el pianista con voz sincera.

-Kōsei...-Murmuró Tsubaki mirándole a los ojos aún con algunas lágrimas en su rostro.

-Aunque Kaori nos haya dejado muchos recuerdos a todos y aunque algunas veces la recordemos, eso no influye en como nos acabamos enamorando el uno del otro, ni en como cuando te alejas salgo a buscarte aunque no puedo alcanzarte. Porque tenerte cerca siempre me ha dado una felicidad que nunca había encontrado en otro lugar.

Al acabar aquella oración Kōsei le dedicó una sonrisa acompañado de un ligero sonrojo en sus mejillas. Una sonrisa de aquellas que hacían que Tsubaki se sintiese tan segura, y unas mejillas rojas que le recordaban a cuando aún eran niños.

En cierto modo, era increíble como se había desarrollado su historia con el paso del tiempo.

Se acercó a él y le dio un beso cálido en los labios. De esos que nunca se acabarían, de esos que ninguno se cansaba de dar y recibir... De esos que provocan la única sensación que el piano de Kōsei no puede alcanzar.

Él sonrió, satisfecho de que ella se sintiese mejor, y de haberle contado un pequeño secreto acerca del día que ella le hizo recuperar sus mejor versión para tocar el piano, y de darle un motivo para siempre esforzarse un poco más.

Se puso en pié, y le ofreció la mano a Tsubaki para ayudarla a que se levante.

-Volvamos a casa.-Pronunció Kōsei.

Tsubaki asintió con la cabeza y se puso en pie cogiéndole la mano y emprendiendo juntos el camino de vuelta.

-Por cierto..-Dijo Kōsei. -En este lugar fue donde..¡Ahhh!

Kōsei no pudo terminar su frase debido a la patada que acababa de recibir por parte de su esposa, que se había sonrojado por completo.

-Ni se te ocurra decir una palabra más.-Dijo Tsubaki cruzándose de brazos con voz amenazadora.

Kōsei rió, y siguieron caminando juntos, no sin antes echar un último vistazo al lugar en el que Tsubaki le dijo que él se tendría que enamorar de ella. El lugar en el que se dio el primer paso de aquella historia que hoy continúa.

[...]

-¿Un concurso de violín?-Dijo atónita Tsubaki leyendo la carta que su hija le acababa de entregar con una enorme sonrisa en el rostro.

-Mi sensei de música me inscribió porque cree que tengo gran talento.-Dijo Rinda con cierto tono arrogante y divertido mientras hacía gestos con la mano para alardearse.

Kōsei contemplaba curioso la escena mientras se encontraba en el sofá leyendo el periódico.

Un primer concurso siempre era inolvidable para cualquier músico.


Muchas gracias por leer y por decirme sus opiniones con las reviews. La verdad es que este capítulo se me hizo un poco más largo y difícil de escribir, pero también el que más disfruté escribiendo jajaja.

dany150599 Perdón por la actualización es que lo subí ayer pero funcionaba tan mal la página que se caía todo el tiempo y no podía cambiar nada que al final lo borré xD