-3-

Caliente y Frío

Por Ladygon

III

Trowa miraba las vitrinas en busca de un regalo para Catherine. Era su cumpleaños y quería agradarla, después de todo, por algo la trataba como su hermana mayor. Un broche de plata le llamó la atención y entró a la tienda. Tenía que apurarse, ya que Wufei y Quatre se adelantaron a la casa de Duo. La guerra terminó hace poco y aunque ya no tenían sus Gundam, seguían en contacto para aplacar uno que otro "descontento". Por esta razón, permanecieron en la Tierra y viajaban, de vez en cuando, a sus queridas Colonias.

Al cruzar la esquina, hacia la casa de la reunión, vio algo que lo dejó clavado al piso. Heero saltaba del balcón de las habitaciones con la camisa a medio poner, para estar en "un dos por tres" tocando el timbre del primer piso y vestido. La puerta se abrió y él entró, saludando. Nadie vio la escena, salvo Trowa, al cual tampoco vieron.

-¡Qué diablos!- pensó en un dejo de confusión.

Pronto aclaró sus ideas y sospechó lo que estaba pasando: "¿Heero y Duo amantes?", "noooooo", tenía que haber otra explicación. Continuó en dirección a la entrada- "pero si era verdad..."- una pequeña esperanza avivó sus más profundos deseos- "tenía que saber".

Una vez que lo saludaron todos – excepto Duo- Trowa no perdió tiempo en preguntar dónde estaba éste, sonando casual, ¡claro! Quatre le explicó que estaba cambiándose de ropa, ya que cuando llegaron estaba durmiendo y los recibió en bata. Ya no había dudas. Una pequeña sonrisa imperceptible, para los demás, se asomó a su cara.

"Así que Heero y Duo eran amantes". Esta afirmación hizo divagar a Trowa rápidamente. Jamás lo hubiese sospechado sino es por el descuido de Heero, incluso ahora que los tenía a los dos cerca no se notaba nada fuera de lo común entre ellos, todo era normal como siempre, solo amigos. ¡Increíble! Y él se había recriminado incontables veces por desear a Quatre, ese chico ángel que se sonrojaba al mirarlo fijamente, y todo porque los hombres no hacen esas cosas. Y ahí estaban Heero y Duo teniendo una relación en secreto. Quizás el hecho de que fuera un secreto era la clave, estaba bien tener ese tipo de relación, siempre y cuando nadie supiera. Sea como sea, deseaba a Quatre y si podía tenerlo usando esa manera, lo haría. Lo mejor de todo, era que no había que preocuparse por las consecuencias, porque aunque sabiendo que las habría, podría manejarlas de forma reservada.

Estaba decidido: Tomaría a Quatre esa misma noche. Después de esto, tomó un sorbo de té que le sirvieron y se dispuso a escuchar la charla de los demás.

Llegaron a la mansión en la noche. No fue difícil hacerse el invitado a cenar por Quatre, la pobre víctima estaba encantada, porque tendría "la compañía de un amigo". Su anfitrión hablaba sin parar, mientras el mayordomo servía un exquisito tofú. Trowa pensaba como lo abordaría y se le hizo agua la boca- por supuesto que la comida también influyó en esa reacción. Comió con mucho gusto, lo que dejó muy sorprendido a Quatre.

-Parece que tenías apetito, ¿eh?- decía el rubio con ojitos juguetones- me alegro, Rasid hace unas comidas deliciosas- dijo, señalando al fiel mayordomo.

Trowa lo miró fijo a los ojos verde claro, provocando el silencio momentáneo del pequeño y esa tan esperada reacción que solía acompañarla: el tinte de rubor en sus mejillas de porcelana fina. Su corazón comenzó a latir dentro de su pecho, aumentando el deseo que albergaba solo para aquél precioso chiquillo. Redirigió la mirada a su plato y continuó comiendo con entusiasmo.

Quatre recobró su sonrisa, también el habla y continuó charlando como si nada, recibiendo de vez en cuando un gruñido de respuesta por parte de su hambriento amigo.

A la hora de "dormir", los dos se dirigieron supuestamente a sus respectivas habitaciones, en sus respectivos pisos, después de darles las buenas noches a Rasid, quien se quedó recogiendo la loza. Trowa seguía los pasos del rubio, y con la vista clavada en el frente, contestaba con monosílabos a la amena plática de su interlocutor. Más pronto de lo esperado, se encontró fuera de la puerta de aquella habitación, con un "buenas noches Trowa" salido de esos deseados labios.

- ¿Puedo hablar contigo un momento?- dijo Trowa con su acostumbrada seriedad.

-¿Pasa algo?- Quatre no dejó de preocuparse.

-Sí, ¿puedo pasar?- siguió con el mismo acento plano.

Quatre alarmado, lo dirigió dentro de su habitación lo más rápido que pudo. Cerró la puesta tras de sí y se plantó en frente de su compañero.

-¿¡Qué sucede!?- exclamó atemorizado.

Trowa, antes de contestar, volvió con calma hacia la puerta y le puso el pestillo, luego regresó con la misma calma donde un extrañado Quatre.

-Sucede esto- le dijo, tomándolo por la cintura y atrayéndolo hacia él.

No dio tiempo para ninguna respuesta, ya que con un solo movimiento, acercó sus labios sedientos y comenzó a beber de ese refrescante manantial, una y otra vez, perdiendo la noción de casi todo.

Pasó una sensual lengua por la mejilla hirviendo de Quatre:

"Delicioso"- fue lo primero que surgió de su mente, mientras sentía el ajeno estremecimiento causado por su acto.

Volvió a besar, ahora más apasionado, metiendo su lengua hasta el fondo, acariciando la otra, lo que provocó una lucha entre las lenguas en correspondencia. Con el aliento agitado y sin aire, separó su boca de aquella en delirio quejumbroso.

Por primera vez vio a Quatre después del beso, y presenció la figura más exquisita que había visto en su vida. Aquella flor del desierto estaba en éxtasis sin igual con los brazos colgados a su cuello, el rostro encendido y echado para atrás, sus ojos humedecidos casi cerrados, la boca entreabierta con quejidos delirantes, y todo el cuerpo palpitando en ruidosa agitación. Levantó a la criatura en sus brazos y se lo llevó a la cama, conteniendo las ganas de poseerlo ahí mismo.

Una vez depositado en la cama, Trowa comenzó a desvestir ese cuerpo agitado. La luz que provenía del recibidor donde lo había besado, rebelaba una hermosa blancura brillante a pesar de lo débil con que llegaba hasta allí. Las prendas caían, delicadamente, una en pos de otra, mientras acariciaba la piel destapada, controlando lo más posible sus ansias salvajes, aunque de vez en cuando perdía la razón al abalanzarse, sin embargo, esos segundos no interrumpieron con la faena de aquel cuerpo, hasta dejarlo completamente desnudo. Luego prosiguió a quitarse la suya, de forma menos considerada y bien brutal. Después de esto se dejó llevar.

Trowa respiraba con dificultad y sus caricias se intensificaron, aumentando el placer. Los quejidos de Quatre comenzaron a elevarse y pronto escuchó su nombre salido con fuerte sensualidad:... "aaaaahhhhh, Trowaaaaaaaaaa"... Un temor lo paralizó en ese momento, recordó que nunca había hecho algo parecido y no sabía como proseguir, luego en un segundo de lucidez comprendió lo que debía hacer y volteó, delicadamente a Quatre. Luego, colocó su pene en la entrada y empujó lo más lento posible, pero esta sensación era demasiado y apenas podía resistir la urgencia de sus deseos. Un grito feroz de dolor lo paralizó al instante.

Le estaba haciendo daño a Quatre, pero no tenía el suficiente valor como para retirarse, toda esas fuerzas estaban empeñadas en no avanzar, no en retroceder. Hacía un gran esfuerzo, aunque sabía que no resistiría mucho, era desesperante, pero estaba en el punto de no regreso.

Entonces, sintió como el otro cuerpo se movía. Este abrió las piernas lo más que pudo y con sus manos atrajo la almohada: "¡El pequeño se estaba acomodando!" Trowa sintió que el corazón se le derretía y, sorprendentemente, dejó que su querido se acomodara. Quatre terminó, levantando el trasero con la espalda arqueada.

-¡Tómame Trowa, porfavor! Te quierooooooo- dijo una suplicante débil voz.

Para Trowa eso fue el cielo, ya que no sabía que lo mejor estaba solo empezando.

Una vez más empujó, y la estrechez de su compañero lo sacaba de quicio. Escuchó unos grititos de dolor amortiguados, pero el ruido de su corazón golpeando su pecho con fuerza, los hicieron desaparecer casi al momento.

Trowa no supo cuándo comenzó a balancearse, entrando y saliendo, una y otra vez dentro de Quatre, enloqueciendo de placer. Fuertes ruidos golpeaban su cabeza, unos quejidos y gritos de placer que no hacían más que dejarlo sin control. Ya nada más existía, solo ese increíble sentir y los alaridos de su compañero, exigiendo más de él y él, respondiendo.

Éxtasis... Llegó ese momento donde vació todo su líquido dentro de ese cuerpo estremecido, al mismo tiempo que un grito le desgarró la garganta. Un eco se produjo y cayó inerte sobre su maravilloso, increíble muchacho.

-Te amo Trowa- escuchó una dulce voz cerca de su hombro y pecho.

Dejó que esas palabras lo acariciaran y se convirtieran en un arrullo de paz. El sueño lo venció con su amante entre sus brazos.

A la mañana siguiente Trowa estaba en serios aprietos, tratando de levantarse de la cama. Quatre lo tenía enlazado de forma tan enredada que era imposible escaparse sin despertarlo. Una enorme gota se resbaló por su cara y suspiró una nube de vapor. Optó por lo rápido y se deshizo de los brazos, piernas, cabeza y cuerpo de Quatre, para colocarse de un salto fuera de la cama. Como lo esperó, este último se despertó sobresaltado.

-¡Qué sucede!- exclamó el bello durmiente. Pero apenas dijo esas palabras, recordó esa noche y se puso rojo como una manzana.

Trowa lo miró y no pudo aguantar las ganas de reírse a carcajada limpia. Su muchacho lo contemplaba radiante. Y cuando dejó las risas, el corazón le subió a la garganta al ver la mirada de amor del que era objeto.

-Quatre debo irme- comenzó diciendo- hoy es el cumpleaños de Catherine y tengo que prepararlo todo.

Una nube de desilusión apareció por el rostro de su muchacho, la cual fue reemplazada en un segundo por una amplia sonrisa.

-¡Déjame ayudarte!, ¿sí?- dijo, saltando también de la cama, pero en el momento que puso los pies en el suelo dio un grito de dolor.

-¡Qué te pasó!- dejó que sus brazos lo sostuvieran.

Era un poco de dolor de la noche pasada... "no te preocupes" le dijo, la verdad es que sí lo estaba, e insistió que permaneciera en la cama. Quatre aceptó, un poco desilusionado, pero se notaba que no quería negarle nada, así que se aprovechó y lo convenció de no ayudarle con los preparativos del festejo. Satisfecho, levantó su ropa del suelo y se dirigió a la ducha.

Estaba tomando el rico desayuno del Capitán Rasid. Trowa estaba fascinado con la abundancia con lo que era atendido. Estaba muy, pero muy hambriento, y no solo era abundante sino delicioso. ¿Seguro que Rasid era capitán? Más parecía un chef. Sí, comió con apetito feroz.

-Buenos días Rasid- dijo Quatre, sentándose muy suave y con una mueca de dolor en su rostro al concluir el acto.

-Buenos días amo Quatre- inmediatamente, le sirvió un gran plato de cereal.

Trowa miraba la escena, quiso preguntarle cómo se sentía, pero la presencia de Rasid lo detuvo.

-Estoy bien Trowa- dijo como si nada.

Casi se atoró al escuchar la respuesta. Miró a Rasid y este seguía sirviendo a su amo.

Estaba a punto de levantarse de la mesa cuando Rasid tomó la palabra.

-Amo Quatre, joven Trowa, deben ser cuidadosos cuando hagan el amor- comenzó diciendo, tranquilamente.

Trowa sintió que lo golpeaban con un mazo contra la mesa (de hecho así fue)

-¿Por qué lo dices Rasid?- preguntó Quatre un tanto curioso. Con cero vergüenza, cero sorpresa.

"Un momento... ¿qué estaba pasando? Se supone que era un secreto." (Pobre Trowa)

-Lo digo, porque anoche sus gritos se escuchaban por toda la mansión, y esta es una mansión bastante grande- concluyó muy elocuente, sin burla ni reproches.

Las reacciones no se dejaron esperar. Quatre se puso tan rojo, que se notaba como la sangre burbujeaba en su rostro. En cuanto a Trowa era un verdadero semáforo, y pasaba del rojo al amarillo, para terminar al verde y devuelta al rojo.

-No me mal entiendan- dijo con un tono bastante tranquilizador- no hay nada de malo en ello, pero puede resultar incómodo si lo hacen en un lugar que no sea el correcto- hubo un momento de silencio en que los avergonzados no quitaron los ojos de la mesa- aquí no hay problema- continuó- ya que tienen toda esta mansión solo para ustedes y afuera no se escucha - Quatre y Trowa lo miraron sorprendidos- sí, salí para comprobarlo por los hombres, ¿entienden?

Quatre asintió con la cabeza. Los soldados de él acampaban alrededor de la mansión, aunque en contadas ocasiones, este les había ofrecido las habitaciones vacías. Tenía cincuenta habitaciones, pero sabía que ellos preferían la intemperie.

-Tampoco se preocupen por mí, yo puedo salir cuando quiera- se levantó y comenzó a recoger las cosas de la mesa.

Trowa no podía creer lo que escuchó. "¿Él, un escandaloso?... ¿seguro que era Quatre?" De repente, recordó tan claro como el agua las palabras, los quejidos... ¡los gritos!: "¡Quatreeeeeeee, ah, ah, sííííííí, mmmmmmh!" Abrió los ojos de par en par. Era verdad, no sólo Quatre había sido el escandaloso, sino también él. Tapó su boca con una mano y permaneció unos segundos así.

-No te preocupes Trowa- dijo un alegre Quatre- ya escuchaste a Rasid, todo estará bien- terminó con unos ojos llenos de amor.

A Trowa le sentó de maravilla esa afirmación. Recuperó su ánimo y abandonó la mesa. Tenía que llegar al circo. Quatre lo acompañó hasta el vehículo y lo despidió con un largo beso. Cuando se separaron, Trowa parecía embobado.

-Chao, mi amor, dale saludos a Catherine de mi parte- le dijo con tanta dulzura que el corazón se le recogió.

Y estaba así, cuando abrió la boca para contestarle algo, pero cual no fue su sorpresa al ver por encima de su querido, a todos esos ojos, mirándolos con gran asombro. Los hombres de Quatre estaban reunidos frente a ellos con cara de... "¿?", y algo más. Trowa sintió que se moría y subió como una flecha al vehículo que hizo partir casi de inmediato.

-¡Te espero a la noche!- le gritó el chico mientras agitaba su mano y le dedicaba una gran sonrisa.

Sus ojos se achicaron y pisó el acelerador hasta el fondo. Una gran nube de polvo se perdió en el firmamento.