Síiiii~ finalmente, después de tanto tiempo aquí está la continuación de Fear Garden! Perdón a todos por haber tardado tanto, como siempre digo, la inspiración va y viene y no me gustaría arruinar el fanfic tan solo por querer apurar las cosas. Muchísimas gracias a todos por sus reviews! Me puse re contenta al ver que eran tantos! Espero que a pesar de la demora sigan todos ahí para poder leer el final. Bueno, este capítulo es el de Kaito. En lo personal no es un Vocaloid que me guste mucho, es más, me gustan muy pocas canciones de él (entiéndase, Uninstall) y Akaito me gusta mucho más... pero bueno! Siguiendo el orden de Fear Garden es él quien toca. Bueno! No tengo más que decir así que los dejo con el capítulo.
DISCLAIMER: Ni Vocaloid ni sus personajes me pertenecen, este es un fanfic escrito por pura diversión de fan para fans.
Kaito se llevó la mano su ojo izquierdo, del cual no dejaba de brotar sangre. Quería gritar, gritar y que alguien fuera en su ayuda, pero estaba completamente paralizado y ni siquiera un mísero suspiro brotó de sus labios. Frente a él estaba ella, la dulce chica en quien había confiado, su alumna, su compañera de grupo, su amiga, su novia. La sonrisa de Rin le desfiguraba completamente el rostro, y era aquella visión la que tanto aterraba a Shion. Nunca se imaginó que llegaría a ver a la mayor de los Kagamine en aquel estado tan corrompido, no a ella que siempre había sido tan dulce con él y que le había entregado todo… pero ahora, encontrándose entre la espada y la pared, o, mejor dicho, entre el cuchillo que Kagamine blandía ante ella y la reja de la terraza de la escuela, entendió todo… y entonces se dio cuenta de que ya todo estaba perdido.
Fear Garden
Capítulo 3: Kaito
Rin había llegado a la escuela puntual como siempre aquel día, pero cualquiera que la hubiese visto se habría percatado de que algo no andaba bien con la chica. La animosa rubia se mostraba decaída y sus brillantes ojos celestes se encontraban ahora teñidos de un suave pero notorio color rojo mientras las lágrimas luchaban por salir de ellos. Se percibía un aura de tristeza a su alrededor pero nadie se animaba a preguntar qué era lo que le sucedía. Habían pasado varios días desde que Len había caído enfermo y desde entonces nadie sabía nada sobre él. Todos sabían cuan unidos eran los dos hermanos, por eso justificaban de esa manera el hecho de que Rin se encontrara tan deprimida.
Tras una agobiante mañana el timbre del almuerzo sonó y Kaito se dispuso a disfrutar de un reconfortante almuerzo en la sala de profesores. La habitación estaba concurrida como siempre pero a pesar de ello no tardó en encontrarse con Meiko pues su saco rojo resaltaba a simple vista. Se sentó en la misma mesa que ella sin prestar atención a los demás, quienes cuchicheaban a su alrededor. La castaña lo saludó sonriente como siempre, pero luego, mientras ambos sacaban sus almuerzos, la expresión de su amiga se tornó seria.
-¿Has escuchado el rumor?-preguntó ella de pronto.
-¿Rumor? Sabes que no les presto demasiada atención a ese tipo de cosas, pero dime, ¿a qué te refieres?
-Al de Miku y Len-ante la mención de sus dos compañeros de banda, el semblante del peli azul también se volvió serio-. Dicen… que se escaparon juntos.
-¿Miku y Len? ¿Estás segura?
-Sí, es de lo que todos están hablando. Según tengo entendido Rin se lo contó a Neru esta mañana y… bueno, sabes que ese tipo de cosas no tardan en esparcirse por todos lados. Aunque… debo decir que me cuesta mucho creerlo, después de todo jamás me imaginé que Len pudiera separarse de Rin, y menos por una chica.
-Es cierto…-asintió él, boquiabierto por la sorpresa-. Tenía entendido que Miku y Len eran novios pero… bueno, Miku siempre me pareció responsable, nunca me imaginé que podría escaparse con Len, ni tampoco me imaginé que Len dejaría sola a Rin.
-A mí siempre me pareció que había algo entre esos dos, su cariño iba mucho más allá de un simple amor entre hermanos. Cuando Miku me contó que Len había accedido a salir con ella pensé que estaba bromeando, aunque ahora que lo pienso Len podría haber estado con las dos y…
-Meiko, creo que deberías dejar de ver telenovelas-dijo Kaito, aguantándose la risa, luego suspiró-. Pero… si lo piensas… Rin hoy llegó muy mal a la escuela, no he hablado con ella ni tuve clases por ahora pero la he visto desde lejos y parecía muy triste... pobrecita, debe estar destrozada.
-Lo mejor será que suspendamos el ensayo de hoy, hablaré con ella después de clases.
-No, no te preocupes, deja que me encargue yo-pidió el muchacho, a lo que su amiga simplemente asintió y se encogió de hombros.
-Vale.
-¿Todo en orden?-preguntó una voz masculina a sus espaldas. Rin se sorprendió al escucharla pero no permitió que aquello arruinara su perfecta actuación. La rubia volteó a ver a su interlocutor con una expresión de víctima plasmada en el rostro.
-Kaito…-susurró-. Digo… profesor…
-No te preocupes Rin, lo dejaré pasar por esta vez-sonrió el mayor, acercándose a su amiga y colocando una mano sobre su hombro-. Ven, vamos a tomar algo juntos y luego te acompañaré a tu casa, ¿te parece?
-Claro...-una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios en respuesta a la que su amigo le brindaba-. Gracias.
-No hay de qué-respondió el chico, restándole importancia al asunto.
Ambos caminaron juntos hasta un acogedor bar que había cerca de la escuela. No tenían que molestarse en ocultarse de los demás, después de todo, por más que fueran alumna y profesor también eran compañeros de banda y habían sido amigos desde antes que Kaito comenzara a enseñar en la escuela. El mayor pidió un café para él y miró con preocupación a su amiga, finalmente al ver que no parecía dispuesta a hablar, pidió también una chocolatada y una porción de torta de naranja para ella. Cuando el mesero se retiró a buscar el pedido, Kaito suspiró y tomó la mano de Rin, acariciándola con suavidad, fue entonces que la menor reaccionó y levanto la mirada.
-¿Estás bien con todo esto?...-preguntó el muchacho, utilizando un tono suave-. Con… lo de Len y Miku.
-Ah, eso… bueno, sí. Me molesta no ser la chica a la que Len ha elegido pero bueno, ya no hay mucho que pueda hacer. Quizás si él ve que no me afecta tanto su decisión algún día vuelva y… quizás para ese entonces yo estaré saliendo ya con alguien.
-Rin…-susurró Kaito, acariciando la mano de la chica.
-No te preocupes Kaito, de verdad estaré bien, voy a buscarme a un chico que me quiera, el problema es que los chicos de por aquí son todos unos tontos-rió la rubia, intentando tranquilizarlo-. Me pregunto dónde estarán los chicos guapos…
-Me alegra que estés bien-el muchacho suspiró aliviado al ver la sonrisa de su amiga, era consciente de que no era totalmente verdadera pero bueno, por algo se empezaba.
Les trajeron el pedido y ambos lo consumieron en silencio. Kaito contemplaba atentamente a Rin. Hacía ya tiempo que él sentía algo por la rubia, pero jamás había reunido el valor suficiente como para decírselo, después de todo ella era muy popular y podría tener al chico de sus sueños a sus pies, en cambio él... simplemente no se tenía confianza. Rin siempre había permanecido junto a Kaito desde que se habían conocido, la chica siempre lo había apoyado en todos sus proyectos y además habían disfrutado muchos hermosos momentos juntos. El verla así en ese momento, tan triste, provocaba que sus propios ánimos decayeran… tenía que protegerla.
-Rin-dijo repentinamente, rompiendo de esa manera el silencio que se había establecido entre ambos-. Pasa conmigo la noche, en mi casa…
-¿E-en tu casa? ¡Pero Kaito! ¿Qué diría la gente si se enteraran que una alumna pasó la noche en la casa de su profesor? Lo que quiero decir es que…
-No me importa, si es necesario renunciaré, pero tú eres más importante ahora, tú que eres mi amiga y lo fuiste antes de que yo fuera maestro. Rin… me necesitas, lo sé, y también sé que eres bastante independiente y que por eso no exteriorizas este tipo de sentimientos y que simplemente rechazas a los demás porque no quieres su lástima, pero no es lástima lo que yo siento por ti… éste es un momento muy difícil para ti y no quiero que estés sola, no voy a dejarte sola, porque tú… me gustas.
-K-Kaito…-Rin dejó caer el tenedor de la sorpresa. Quizás esa era la respuesta, quizás había llegado al final de su camino. Kaito siempre había estado a su lado, ¿sería capaz de contarle su problema al chico? Allí estaba él, diciéndole que le gustaba, aunque claro, ella sabía que realmente no era así, él amaba a Rin, la hermana de Len, la alegre chica con la que había convivido durante tanto tiempo, la chica que había cuidado de él y que había estado a su lado, la chica con la que había pasado tantos buenos momentos… pero ella era consciente de que aquella Rin ya no era la misma Rin que ahora habitaba en su interior, todos esos puros sentimientos se habían visto contaminados… y ella no podía detenerlo.
-¿Y bien, qué dices?-inquirió el peli azul con una sonrisa en el rostro. La menor clavó la mirada en su plato de comida, meditando, luego finalmente sonrió.
-Claro Kaito, me encantaría pasar la noche contigo.
La ropa de ambos había dejado de ser un obstáculo hace rato, encontrándose ahora abandonada en el suelo. El intercambio de caricias se hacía cada vez más necesario a medida que los cuerpos de ambos se calentaban y la temperatura del ambiente iba subiendo. Kaito no podía creer su buena suerte, había sido un tonto en el pasado pero finalmente se había confesado a Rin y ella le había correspondido, así estaban las cosas ahora. El muchacho sonrió y la atrajo hacia sí, uniendo sus labios con los de ella en un tierno beso. Ella era su princesita ahora, él tenía que cuidarla, le daría todo lo que siempre había deseado, incluso la llevaría hasta el mismísimo paraíso. Todos esos pensamientos e ideas que rondaban por la cabeza del mayor en aquel momento jamás se vieron concretados. Rin se estaba poniendo nerviosa, le gustaban mucho las sensaciones que Kaito le producía, todos aquellos roces y la manera en la que la tocaba le hicieron pensar a la chica en el hecho de que probablemente no era la primera vez que complacía a una mujer. Podía sentir las manos del muchacho recorrer su frágil cuerpo, sus suaves curvas que por más que no eran muchas ya habían comenzado a formarse. Su tacto era suave, le hacía sentir placer… sus manos… sus manos… serían solo de ella.
-¡Para!-exclamó de pronto la chica y se incorporó, sentándose en la cama, asustada por aquel torrente de pensamientos que nuevamente se estaba apoderando de ella.
-R-Rin, ¿qué sucede?-preguntó Kaito, mirándola con preocupación-. ¿Qué acaso no te gusta?
-No, no es eso…-negó ella.
-¿Entonces?
-Kaito yo…-los ojos de ambos se encontraron y cada uno se perdió en sus pensamientos. En ese momento Rin simplemente se dijo a sí misma que podía contarle todo a Kaito, que podía contarle que algo se estaba apoderando de ella, una extraña necesidad, que podía contarle que Miku y Len no habían huido juntos sino que ella los había matado a ambos, que podía contarle que simplemente había sido por un capricho de ella, que podía contarle que su jardín trasero no era un jardín común y corriente, que era un jardín de manos, un jardín que podría volver paranoico a cualquier persona con un poco de sentido común, sentido común que al parecer ella había perdido, un jardín del miedo-. No Kaito, lo siento, no pasa nada.
-¿Segura?-inquirió él, a lo que ella asintió.
-Tengo que irme Kaito, esto fue una muy mala idea, no debería haber accedido-se disculpó ella, para luego ponerse de pie y comenzar a vestirse nuevamente. La sensación aún persistía en su piel, aún sentía las manos del mayor acariciándola, aquel suave y embriagador tacto.
Cuando la chica estuvo lista, tomó su mochila y sin siquiera decir una palabra de consuelo para su confundido amigo, se marchó sin mirar atrás.
-Así están las cosas Meiko…
-Vaya, vaya, así que su hermano se fuga con su novia y el único consuelo que se te ocurre darle es intentar acostarte con ella-lo reprendió ella, sin rodeos.
Ambos tenían un período libre en aquel momento y, aprovechando que eran las únicas dos personas en la sala de profesores, Kaito había decidido contarle todo a la castaña. Meiko sonrió divertida ante la expresión de sufrido de Shion y luego bebió un sorbo de su café. En un primer momento había dudado si dejar que él se encargara de consolar a la chica había sido buena idea, ahora sabía que no lo era, lo que no sabía es que pronto descubriría que aquella no solo había sido una mala idea sino que una pésima idea.
-Ni siquiera quiere verme-suspiró él, y era cierto. Aquella mañana Rin había llegado tarde a la escuela, y no por tener algún compromiso, simplemente porque Kaito impartía las primeras dos horas de clase aquella mañana, y él lo sabía-. Ha venido recién para la tercera hora y cuando salí ni siquiera levantó el rostro, no me miró.
-Bueno, yo creo que es normal, después de todo en este momento ella está psicológicamente frágil. Yo creo que lo mejor que podemos hacer por ella es pedirle hora en el psicólogo y estar con ella, apoyarla, y por apoyarla no me refiero al sexo Kaito-bufó-. Es tan solo una chica que se encuentra mal porque su hermano la abandonó y se fue con otra, no es tan grave, nada serio, pero sí necesita contención. Trata de arreglar las cosas con ella, ¿de acuerdo? Si tanto te gusta invítala al cine o a comer, pero no menciones el hecho de llevarla a tu casa, ¿vale? Entretenla, has que se olvide del problema pero no le des nuevos problemas en los que pensar.
-Piensas que soy un idiota, ¿verdad?
-A decir verdad… sí, pero bueno, eso es algo que me divierte de ti-repuso Meiko con una sonrisa en sus labios.
-¿Qué es esto?-preguntó Rin, mirando las entradas que Kaito blandía frente a ella.
-Bueno, entradas de cine obviamente. El otro día comentaste que querías ir a ver esta película por eso se me ocurrió que podíamos ir juntos después de la escuela, ¿te parece?
-¿No tienes club hoy?-la rubia finalmente levantó la mirada para verlo-. Digo, ¿no te encargas del club de tenis los martes, miércoles y viernes?
-Sí, tienes razón, pero hablé con Meiko y ella me cubrirá por hoy-explicó el mayor-. No te hagas drama, podemos ir tranquilos.
-Vale, entonces supongo que está bien-asintió ella y finalmente le brindó una de sus tiernas sonrisas, a la cual Kaito correspondió feliz.
Aquel día Rin había amanecido de muy buen humor. Se había despertado a la hora que solía hacerlo diariamente, pero luego había decidido faltar las dos primeras horas pues aún no quería ver a Kaito. La sensación que se había apoderado de ella la noche anterior aún le producía escalofríos. Aún así no se había negado completamente a aquel placer, sino que había invertido el tiempo libre en decorar sus nuevas flores. Definitivamente las cintas que Miku había usado en su cabello días atrás combinaba perfectamente con el pálido color de sus manos. También les había dado una nueva capa de esmalte, después de todo ella quería que se vieran perfectas. Al contemplar su pequeño jardín desde la puerta, sonrió satisfecha, aquello parecía un cuadro, el único problema ahora era que aquel cuadro era demasiado pequeño. Necesitaba nuevas flores para su colección. Había pensado en las manos de Kaito, pero ella siempre había sentido un cariño especial por él, ella correspondía sus sentimientos… no podía hacerlo.
Luego de bañarse tranquila y de ingerir un abundante desayuno se dirigió a la escuela. Al llegar la segunda hora no había finalizado, por lo que se paró en el pasillo a esperar el toque de campana. Kaito había salido del aula momentos después y un estremecimiento recorrió el cuerpo de la chica, no tuvo la fuerza suficiente para mirarlo a la cara, se negaba a matarlo.
Rin sintió una enorme decepción al ver los créditos finales de la película, para haberla querido ver con tantas ansias le había parecido muy mala, pero por lo menos le había brindado un momento de distracción. Ahora, mientras observaba los nombres de las personas que habían trabajado en ella, se planteaba así misma de qué manera debería actuar. Kaito había sido muy dulce con ella, le había comprado un paquete de palomitas de maíz y una bebida, no le había permitido pagar nada. Según tenía entendido ahora irían juntos a cenar, pero no podía evitar sentir nervios ante la idea de pasar más rato con su amigo. Un nudo en el estómago se le había formado al sentir como la mano del mayor se había posado en su hombro a mitad de la película. Por más que la tela del uniforme se interpusiera en el contacto, ella podía percibir con claridad la calidez de la piel del chico. Finalmente había entrelazado los dedos de su mano con los de él, aunque no había sido plenamente consciente de aquello.
-¿Vamos?-preguntó de pronto Kaito, brindándole una sonrisa-. Ya es bastante tarde, será mejor que vayamos a cenar algo, luego te dejaré en tu casa para que te bañes tranquila y hagas tus tareas, ¿te parece?
-De acuerdo.
Pero aquella noche Rin no hiso sus tareas ni tampoco durmió en su propia cama. Aquella noche ella y Kaito hicieron el amor, y no una sino tres veces. Cuando finalmente se despertaron, ambos desnudos en la cama del profesor, Kaito se percató de que era la primera vez desde que había comenzado a trabajar que faltaba, y de hecho… eran las cinco de la tarde.
Kaito miró el reloj mientras un suspiro brotaba de sus labios. Tras haberse levantado no había hecho más que correr: se había bañado mientras Rin preparaba la comida, había merendado a las apuradas y luego de disculparse con la rubia se había marchado corriendo a la escuela, dejándola allí, sola. Ya en la institución, había ido a hablar directamente con el director, disculpándose por haber faltado sin avisar, diciéndole por excusa que había tenido unos problemas familiares que no podían esperar, y a pesar de que él no era tan bueno mintiendo como su hermano Akaito, el hombre le creyó. Finalmente se dirigió a las canchas, en donde ya habían comenzado las prácticas. Meiko estaba allí, suplantándolo nuevamente.
Al verlo llegar tan agitado la castaña no pudo evitar mostrarse preocupada por su amigo, por lo que dejó a un grupo de chicas practicando solas mientras se acercaba al recién llegado. El peli azul se derrumbó sobre un banco, agotado por la corrida de la última hora, pero, a pesar de todo, le brindó a la chica una brillante sonrisa, y le guiñó el ojo.
-Parece que todo salió bien-dijo Meiko, sonriendo levemente.
-De maravillas… incluso mejor de lo que esperaba-le respondió Kaito, a lo que un suave tinte rojizo aparecía en sus mejillas.
-No me digas que…
-Fue ella quien lo propuso-se apresuró a aclarar Shion-. De verdad Meiko, me dispuse a llevarla a su casa luego de ir a cenar pero ella me pidió que pasáramos por la mía antes, me dijo que tenía una duda que debía resolver. Y de pronto… ¡allí estábamos! Los dos, tirados en mi cama, haciendo el amor. Simplemente pasó.
-Vaya, vaya, ahora veo por qué estás tan feliz-se burló Meiko-. Y supongo que el hecho de que hayan faltado los dos a la escuela tiene que ver con eso, ¿verdad?
-Me descubriste-rió él, abochornado-. La verdad es que nos quedamos dormidos, pero no se lo digas a nadie, el director cree que tuve problemas familiares, ¿qué crees que pensaría si de golpe caigo después de la jornada escolar solo para decirle que falté por haberme quedado dormido tras acostarme con una alumna?
-Bueno, lo más probable sería que te echaran y…-comenzó a decir, pero luego se cortó-. No importa ahora, lo importante es que no diré nada y que tú estás feliz. De verdad me alegra que Rin correspondiera a tus sentimientos.
-Sí, ya te imaginas, estoy en las nubes-susurró el muchacho. Lo que no se imaginaba era lo poco que dudaría aquella momentánea felicidad.
Rin llegó a su casa luego de haber caminado unas cuantas cuadras. Su nuevo novio, Kaito, se había disculpado con ella y había salido apurado hacia la escuela. Por un lado le molestaba pero por otro lo comprendía perfectamente, después de todo, no quería que se quedara sin trabajo por su culpa, no después de lo amable que había sido con ella. La rubia cerró la puerta detrás de sí y luego se dirigió al baño, donde dejó que la bañera se llenara de agua. Luego de echar unas sales de baño con aroma a naranja, la chica se desnudó y entró a la bañera, hundiéndose levemente. Tenía muchas cosas en que pensar pero no podía hacerlo, en aquel momento el único ser que ocupaba sus pensamientos era Kaito Shion. Había sido tan dulce la noche anterior, la había tratado como a una reina y había antepuesto su placer al de él. Lo había disfrutado mucho, demasiado. Aún podía sentir las manos del mayor recorriendo su cuerpo de una manera experta, enseñándole nuevas formas de sentir placer que ella jamás había experimentado.
Llevó una mano a su entrepierna y lentamente comenzó a masturbarse. Se sentía delicioso, Kaito le había mostrado exactamente en donde debía tocar. Cerró los ojos e intentó imaginar que aquella era la mano de su novio y no la suya pero le resultó imposible. El suave tacto del peli azul era incomparable con el suyo. A pesar de que Rin cuidaba mucho su cuerpo, pues envidiando a Miku siempre había querido sentirse mayor por lo cual utilizaba aceites y cremas para la piel, la suavidad de las manos del chico era natural y eso le había encantado. De pronto abrió los ojos asustada, sin darse cuenta de lo que hacía había comenzado a tararear aquella canción que últimamente corrompía todos sus sentidos, inundándola.
"Jardín del miedo, eeeee… jardín del miedo, eeeee…"
Un impulsó atravesó su cuerpo, estremeciéndola. Todos sus músculos se relajaron y ella simplemente cerró los ojos, recostándose nuevamente en la bañera. Una cruel sonrisa había aparecido en su rostro.
Meiko entró al salón esa mañana. Un mal presentimiento la había acompañado desde que había abierto los ojos, pero como siempre solía hacer, había decidido ignorarlo. Había desayunado tranquila y luego de bañarse se había marchado a la escuela, dispuesta a darles clase a los grupos de chiquillos revoltosos que le tocaban aquel día. Nada más entrar había visto a Kaito y Rin hablando en un pasillo, claro que mantenían algo de distancia en la escuela para que nadie lo malinterpretara. Se había acercado a saludarlos pero en ese momento se percató de algo extraño. Los ojos de Rin no eran los mismos de siempre, tenían un brillo un tanto peculiar. Cuando la rubia volteó a ver a la mayor para saludarla sintió miedo. Se había marchado sin atreverse a saludar, ya tendría tiempo para hablar con su amigo más tarde. Y allí estaba ahora, observando a la rubia desde la mesa del profesor. Sus ojos no mostraban nada extraño y su sonrisa era la misma de siempre, por lo que prefirió olvidarse del tema aludiendo a una tonta confusión, seguramente lo que había visto aquella mañana no había sido más que el reflejo de alguna cosa. Sonrió despreocupadamente ante lo tonta que había sido al tenerle miedo a Rin, luego comenzó la clase.
A pesar de que no había club ese día pues era jueves, Kaito se había quedado un tiempo más en la escuela. Había subido a la azotea, en donde había planeado encontrarse con Rin. Había sido de ella, una pequeña pero arriesgada aventura, cualquiera podía verlos y en ello radicaba la diversión. El cielo estaba comenzando a oscurecerse y no había señal de la rubia o de cualquier otra persona. Ya estaba por irse cuando de pronto la puerta de la azotea se abrió con un sonoro golpe, dando lugar a su novia, quien venía sonriendo.
-Perdón por hacerte esperar-se disculpó la chica-. Tuve que ir a casa unos momentos, no te dije pues sabía que te echarías para atrás.
-Que bien que me conoces-bromeó Kaito. Su novia se acercó a él y él pasó el brazo por sus hombros, atrayéndola hacia sí y besando su frente-. Es duro ser tu profesor y no poder abrazarte todo el tiempo.
-Pues hoy te vi muy pegadito a Meiko-le espetó de pronto la menor, sin siquiera alzar la voz. Kaito la miró, confundido, por lo que ella se explicó-. Los vi en el receso del almuerzo, comieron juntos en el patio, los pude ver desde la ventana. Tú la abrazabas de la misma forma que a mí ahora.
-¿No estarás celosa verdad? Rin, tú sabes que Meiko y yo tan solo somos buenos amigos-se disculpó Shion, quitando el brazo de los hombros de Rin y apoyándose contra la verja para poder ver mejor su rostro. La rubia evadió su mirada, clavando sus ojos celestes en el piso, ahora su cabello cubría sus ojos-. Vamos Rin, amor, tú sabes bien lo que siento por ti, sabes que no pienso en ninguna otra chica.
-Tú dices que darías todo por mí pero eso no son más que simples palabras vacías.
-Rin, anda, no digas esas cosas, tú mejor que nadie sabe que lo que dices no tiene ningún sentido-se defendió Kaito.
-Bien, veremos que tanto me amas.
De pronto Rin se agachó y al levantarse blandió un cuchillo de cocina delante de ella, el mismo que había usado días atrás para deshacerse de la de verde. Kaito intentó retroceder pero no había lugar detrás de él. Levantó los brazos protegiéndose del ataque y en ese momento sus ojos se encontraron con los de ella por unos instantes. Un brillo de demencia se había apoderado de ellos. La expresión de la chica se transformó en una expresión de furia y no atacó el pecho del mayor como había intentado en un principio, sino que dirigió su ataque hacia un poco más arriba. Cerró los ojos durante unos instantes mientras un grito lo inundaba todo. Al extraer el cuchillo y abrir los ojos nuevamente vio que éste estaba cubierto de sangre y que el peli azul había cerrado su ojo izquierdo, del cual no dejaba de manar aquel hermoso líquido carmesí.
Kaito se llevó la mano su ojo izquierdo, del cual no dejaba de brotar sangre. Quería gritar, gritar y que alguien fuera en su ayuda, pero estaba completamente paralizado y ni siquiera un mísero suspiro brotó de sus labios. Frente a él estaba ella, la dulce chica en quien había confiado, su alumna, su compañera de grupo, su amiga, su novia. La sonrisa de Rin le desfiguraba completamente el rostro, y era aquella visión la que tanto aterraba a Shion. Nunca se imaginó que llegaría a ver a la mayor de los Kagamine en aquel estado tan corrompido, no a ella que siempre había sido tan dulce con él y que le había entregado todo… pero ahora, encontrándose entre la espada y la pared, o, mejor dicho, entre el cuchillo que Kagamine blandía ante ella y la reja de la terraza de la escuela, entendió todo… y entonces se dio cuenta de que ya todo estaba perdido. Tan solo bastó un simple movimiento, Rin rajó la garganta de su amado Kaito, quien poco a poco resbaló contra la verja hasta caer sentado al suelo. Las lágrimas comenzaron a brotar de su ojo sano mientras buscaba la mirada de la menor.
-¿Por qué Rin?...-habló con dificultad, aguantándose el dolor.
-No dejaré que tú me abandones como hiso Len, lo siento Kaito pero ésta es la única manera de mantenerlos conmigo.
Rin permaneció allí, contemplando a Kaito hasta que los ojos de éste se cerraron y dejó de respirar. La muchacha sonrió feliz, observando su premio. Ahora tendría que limpiar todo aquel desperdicio pero definitivamente valía la pena. Se inclinó sobre el cuerpo de su ex novio y comenzó a extirpar sus manos. De pronto el sonido de un balde al caer por la escalera se escuchó y entonces ella se percató de algo. Paralizada como estaba se dio cuenta de que había sido una tonta al no darse cuenta de ello antes: alguien la había visto y aquel familiar perfume de mujer la delataba. Rin había encontrado una nueva víctima para su jueguito...
CONTINUARÁ...
Notas de la autora: Bieeeen~ Hasta aquí llega este capítulo, han notado que cada vez son más largos? xDD Jajaja. Este fanfic cada vez me está gustando más, me animó mucho ver que a todos les ha gustado la idea de como muere Miku (lo que es ver muchas pelis de terror). Como ya sabrán el próximo capítulo es el de Meiko. El lunes próximo me estaré marchando a EEUU de vacaciones pero ya tengo una idea general de lo que va a ser el capítulo, así que si todo sale bien lo podré subir antes de irme al viaje. Espero que sigan llegando sus comentarios y críticas. Una de ellas en especial me llevó a querer realizar ciertas aclaraciones:
-En primer lugar el hecho es que Rin no está completamente loca, ella es consiente de que hay un lado de ella que disfruta lastimando a los demás y no lo puede controlar, pero tampoco quiere que los demás la tomen como loca y se alejen de ella, por lo que desde ese punto de vista es como una batalla que pelea contra ella misma. En este capítulo se ve reflejado en la primera vez que Kaito y ella intentan tener relaciones, ella percibe lo que va a pasar pero en un primer momento logra controlarlo.
-En el primer lugar no es que Len lo toma como que Rin "lo está despertando a lametones", son hermanos, él lo toma como una forma de cariño.
Espero que esas aclaraciones hayan sido algo útiles. Sin nada más que decir me retiro, nos vemos en el próximo capítulo. No se olviden de comentar por favor! Espero sus reviews!
Helena Cullen de Hale,,
