Al menos esta es más larga que las anteriores. Puede que no quede muy claro, pero lo que quería decir con esta viñeta es que el deseo es algo humano, algo que no se puede controlar, pero lo controlable son sus efectos.

Tabla: Vicios

Personaje: Rose Weasley

Vicio número veintisiete: Deseo

Summary: Sabe que la miran, que su pelirrojo no pasa desapercibido y, cuando vuelve a caminar, piensa que jugar de vez en cuando nunca viene mal.


#27. Deseo

Quedaban atrás todas las veces que se había sentado a los pies de su madre a intentar leer el título del libro que ella tenía en sus manos. Quedaban también atrás las noches en la Madriguera cuando hacían una hoguera y jugaba con sus primos a disfrazarse. Y, no se podía olvidar eso, quedaba muy lejos cuando ella salía desnuda al jardín de su casa, se ponía unas gafas de sol y hablaba con su amigo imaginario. Todo eso quedaba muy lejos.

o0o0o0o

Cuerpo de mujer, mente de anciana, sonrisa de niña. Rose recorre los pasillos con su larga cola de caballo ligeramente recogida y los pelos que le rozan la cara perfectamente lisos. La túnica le encaja a la perfección y parece marcarse en cada curva que dibuja su paseo. Mantiene la mirada atenta, pero siempre tropieza con cualquier alumno –seguramente porque él lo haya querido- y entonces un mechón rizado se descoloca y se queda colgando por el cuello, combinando perfectamente con el resto de sus complementos.

Sabe que la miran, que su pelirrojo no pasa desapercibido y que se encuentra dentro de la categoría de ''aceptable'' de los soberbios de Slytherin. Alguna vez ha intentado poner empeño y enamorarse de algún Ravenclaw bien asentado, pero no llega a más que a mirarle los ojos cuando le habla y a fijarse en su espalda cuando van andando de vuelta. Su cabeza parece incapaz de hacer algo más que analizar el físico y darse cuenta de que está equivocada entre el deseo y el amor.

Muchas veces se ha sorprendido mirando tontamente la sonrisa de cualquier chico ya mayor y sin poder quitar ojo de los brazos formados por el quidditch. Y otras muchas se ha sorprendido pensando en su vida en pareja, con el hombre perfecto y los hijos perfectos.

Y cuando vuelve a caminar, levantando la vista de niños pequeños mirando donde no deben, piensa que jugar de vez en cuando nunca viene mal, y por eso sonríe para sus adentros, porque a lo mejor no es tan difícil sustituir el amor por el deseo, y este a su vez por la pasión. Convertir todo en un juego de adolescentes y llevarlo más allá de donde pensaban.

Pero siempre se frena. Una a una le llegan las imágenes y los recuerdos de cuando solo necesitaba un poco de cariño para ser feliz. Pero ella quiere seguir y mira al chico de turno, del que apenas se sabe su nombre y se da cuenta de que no debe. De que la diversión ha llegado a demasiado y de que le quedan años, muchos años, para seguir errando como ha hecho hasta ahora. Porque si no se hubiera equivocado de esa forma, quizás no se habría dado cuenta de que el deseo, aparte de humano, es traicionero. Y en cantidades pequeñas es gratificante.

Por eso ahora ha vuelto a caminar, agradeciendo la buena vista y sonriendo, esta vez para el mundo. Ahora no duda en que el deseo es mejor guardarlo dentro, y su cuerpo también. Esconde la mujer e intenta volver a ser la niña empollona de siempre, dándose el lujo de mirar de vez en cuando la pasarela que desfila por el pasillo de la biblioteca.


Tengo que admitir que me gusta más como ha quedado el principio que el final.

Un beso, Swanny