CAPÍTULO 3: EL ASESINO DEL TAROT

Al día siguiente por la mañana, Light y L estaban ya a primera hora frente a las cámaras, antes de que las chicas llegaran. El castaño le había contado todo lo ocurrido con Leyre al detective, aunque este estaba muy concentrado en el caso y apenas prestaba atención.

En ese momento, sonó un timbre que llamó la atención de ambos chicos, alguien había llamado para entrar al cuartel. L encendió la cámara de la calle para comprobar de quién se trataba. En ella apareció Misa con cara de muy pocos amigos.

L miró a Light pidiendo permiso para abrir.

-No la abras- dijo el castaño indiferente.

L asintió e ignoraron el timbre, pero este sonó tantas veces que les causó dolor de cabeza.

-Ábrela y habla con ella- exigió L mirando fijamente a Light.

El chico asintió a regañadientes y se levantó para recibir a la chica mientras L abría la puerta.

El chico esperó unos segundos a que se abriese la puerta del hall, y por ella entró la rubia con el ceño fruncido y roja de rabia. Light suspiró.

-¿Qué haces aquí Misa?- preguntó cansado.

-¿Cómo que qué hago aquí? Light, acabas de dejarme sin ninguna razón concreta y me preguntas por qué estoy aquí- contestó casi gritando.

-¿Sin ninguna razón en concreto?- volvió a preguntar el chico indignado- ¿Pero tú has escuchado algo de lo que te dije? Misa, ¿eres más tonta de lo habitual o me lo parece a mí?- concluyó indiferente.

-Light, ¿cómo me puedes hablar así? Sabes que te quiero, haría cualquier cosa por ti. Pídeme lo que quieras- dijo la chica arrastrándose.

-Sólo estoy siendo sincero- contestó el chico- Si de verdad quieres hacer lo que te pida, lárgate y no vuelvas. Yo no quiero nada contigo- afirmó con frialdad.

La chica hizo pucheros a punto de llorar y le abrazó con fuerza. Light no movió ni un músculo, ni siquiera pestañeó. Misa empezó a llorar con lágrimas de cocodrilo, rogándole al chico.

-¿Hay otra verdad? Hay otra, dime la verdad- dijo entre sollozos.

-Vete ya- contestó el chico con un tono gélido.

-¡Dime la verdad!- gritó la chica berreando.

Light la cogió de los hombros y la apartó como pudo. Volvió a pedirle que se fuera, esta vez más alterado.

La chica cedió y secándose las lágrimas con una mano, se dio media vuelta para irse.

-No te creas que voy a desistir tan rápido- dijo la chica con insistencia.

En ese momento, cuando la chica estaba a punto de irse, entró Leyre por otra puerta. Light se dio la vuelta dando por hecho que Misa se había ido, y viendo a la policía, se acercó con una sonrisa

-Buenos días...- el chico no la dejó continuar la frase y le dio un beso en los labios, que la chica correspondió gustosa.

Lo que el chico no sabía, es que Misa no había salido por la puerta, y al darse la vuelta para echar un último vistazo, vio el beso entre ambos.

La ira salía por todos los poros de su piel, tenía los ojos chispeantes. Acercándose con paso firme y sonoro, enfrentándose a Leyre cara a cara.

-¡LO SABÍA! !SABÍA QUE HABÍA OTRA!- gritó visiblemente alterada- ¿CÓMO HAS PODIDO ENGAÑARME CON ESTA?- preguntó indignada.

Misa se dirigió a la chica.

-¡NADIE ME QUITA A MI NOVIO, Y MENOS UNA GUARRA COMO TÚ!- gritó.

-¿Qué me has llamado?- preguntó Leyre incrédula y ofendida.

-¡LO QUE HAS OÍDO! ¿O ES QUE APARTE DE GUARRA ERES SORDA?- contestó con ira.

La rubia levantó la palma de la mano y le dio a la policía un tortazo en la cara que se enrojeció al momento.

Leyre la miró con los ojos abiertos como platos, completamente estupefacta, pero no tardó ni un segundo en reaccionar de la misma forma, soltándole un sonoro bofetón en la cara a Misa.

Light las separó como pudo, pero como si se tratase de una pelea de gatas, las chicas se agarraban sin soltarse. La pelea parecía realmente preocupante, ya que se pegaban, gritaban y arañaban como si de verdad quisiesen matarse. En ese instante apareció L que aprovechando que Light había agarrado a Leyre por la espalda, empujó a la rubia, casi plaqueándola, haciendo que se apartase aunque seguía gritando improperios.

-Misa Amane, como no te vayas, tendré que llamar a seguridad- ordenó L con seriedad.

La chica, viéndose derrotada, se colocó la ropa y se dio la vuelta para marcharse, lanzando miradas de odio a todos los presentes.

Los tres se quedaron en silencio, asimilando lo que había ocurrido y escuchando el fuerte portazo que confirmaba que la chica se había ido de verdad.

-He de admitir que por un momento me ha dado miedo. Pensaba que me arañaría la cara- dijo L acariciándose la mejilla- Me debes una- le dijo a la joven policía.

Leyre respiró más tranquila habiéndose librado de Misa.

-De todas formas, que sea la última vez que hay una pelea en este cuartel. Si volvéis a causar algún problema, estáis fuera del caso- dijo seriamente. Tras esto y sin mirarles, dio media vuelta y se marchó hacia la sala de las cámaras, cambiando completamente de humor a su habitual indiferencia.

Light miró a la joven sin comprender muy bien la situación y ambos siguieron al detective.

Al poco tiempo de llegar a la sala, Leyre empezó a acariciarse la mejilla aún dolorida y le empezó a escocer el hombro, al parecer, arañado.

-Creo que tengo un arañazo- se quejó la chica a los dos jóvenes.

-¿Quieres que te acompañe y veamos esa herida?- se ofreció Light preocupado. Ella asintió y ambos salieron de la sala.

En ese momento llegó Stella y vio a L escribiendo algo y observando informes con fotos sobre las escenas del crimen del caso que estaban investigando.

-¿Dónde están los demás?- preguntó la chica con inocencia.

-Agente Escribano, ¿sabe que ha llegado tarde?- omitió L la pregunta de la chica.

Stella pensaba que el detective bromeaba, así que le sonrió y le siguió el juego.

-Perdone detective, pero me han surgido varios contratiempos- contestó jocosa.

-No estoy bromeando. Explíqueme ahora mismo por qué ha llegado tarde- a Stella se le borró la sonrisa de la cara al instante. L no bromeaba.

-Bueno, a ver, había tráfico- se disculpó tímidamente la chica- ¿Te pasa algo?- preguntó extrañada y algo intimidada.

El chico se levantó de improviso y se puso frente a Stella agachándose y quedando a la misma altura.

-No, a mí nada, ¿y a ti?- respondió con sequedad.

-¿Acaso te molestó el beso de ayer?- le siguió el juego.

-Que te quede muy claro, aquí hay unas normas y hay que cumplirlas. Yo te puedo besar, tú a mí... No- contestó el detective remarcando la última palabra.

Stella le sonrió burlonamente.

-Así que... ¿Yo no puedo?- preguntó provocativamente.

-No, no puedes- respondió con aparente seriedad, acercándose aún más a la chica.

-Vale...- susurró sonriendo de forma "inocente".

Stella ni corta ni perezosa, agarró el cuello de la camisa del chico y con este movimiento, acortó la distancia quedando a escasos milímetros, notando cada uno el aliento del otro.

-Si te quiero besar, te beso- dicho esto, la joven plantó sus labios en los del detective, dando lugar a un beso que empezó siendo suave y se acabó tornando brusco.

Cuando el chico iba a meter las manos por dentro de la camisa de Stella, esta se apartó y sujetándole de los hombros, habló.

-Tienes razón... No puedo- murmuró con una sonrisa burlona y triunfal. Dicho esto, dio media vuelta y salió por donde había entrado, dejando al pobre detective bastante descolocado.

Mientras tanto en otra habitación, Light acababa de sacar el botiquín y se disponía a observar el arañazo que tenía la chica en el hombro.

-Vaya... No tiene buena pinta, habrá que amputar- bromeó el chico.

-No digas eso- se quejó Leyre acariciando su arañazo con el dedo índice lentamente.

Light tomó su mano de la zona enrojecida y la apartó, y esta vez fue él el que pasó el pulgar por la piel inflamada. Parecía que se iba a acercar para darle un beso en el arañazo. Efectivamente, posó sus labios con delicadeza sobre la señal enrojecida haciendo que la chica no pudiese evitar emitir un pequeño suspiro.

-Ha sido mi culpa... Perdona- dijo con sus labios aún cerca de la piel de la policía, haciendo que su cálido aliento chocase contra ella y provocándole un escalofrío.

-No te preocupes, no ha sido tu culpa...- respondió Leyre en un susurro.

-Claro, claro, que ha sido mi culpa...- volvió a besar la herida esta vez más lentamente, haciendo que la chica notase cada caricia de sus labios sobre su piel.

La chica rozó la mejilla de Light y levantó su rostro, quedando ambos a la misma altura. Ella deslizó su mano desde la mejilla hasta sus cabellos y los rozó lentamente, posando sus labios en la comisura de los labios del chico. Este sonrió y atrapó los labios de la chica con los suyos y la besó con dulzura, rozando con su lengua los labios y mordiéndolos ligeramente. La joven policía pasó las manos por el torso del muchacho y él respondió a esto acariciando la cadera de la joven, pero se detuvo.

-Recuerda que hay cámaras, será mejor que te cure esto y volvamos a la sala sino queremos que L se enfade más- comentó Light con la respiración entrecortada.

Leyre asintió y dejó que el chico desinfectase la herida en la que se comenzaban a ver pequeños cortes de lo que podría brotar sangre.

Tras esto salieron de la sala tomados de la mano y de camino a la sala de las cámaras, se cruzaron con Stella, que tenía un café en la mano y una sonrisa tonta en la cara.

-Estás muy contenta de haber llegado tarde, ¿eh?- bromeó Leyre al ver a su amiga tan feliz.

-Ya, es que había algo de tráfico- respondió Stella con una risa nerviosa.

Ambos chicos asintieron sin creerla del todo y los tres fueron de nuevo hacia donde estaba L. Nada más entrar, el detective y la policía se miraron y ella retiró la mirada con altanería. L la siguió con la mirada, hasta que se sentó lo más retirada posible del muchacho. Leyre y Light se dieron cuenta de la situación, pero prefirieron no preguntar al ver la ofuscada expresión del detective.

-Esta tarde iremos a ver la escena del crimen- anunció L- Estar en el terreno nos ayudará a hacernos una idea de con quién estamos tratando.

El equipo asintió y siguieron con su trabajo.

Al cabo de unas horas de silencio algo incómodo, Leyre y Light salieron a la calle para esperar el coche que los llevaría hasta la escena del crimen. Stella y L se quedaron terminando de guardar los informes en el ordenador. Stella estaba tan concentrada en los documentos, que no se percató del momento en el que el detective había aproximado su silla hacia ella. L con disimulo, posó su mano, sobre el muslo desnudo de la joven, sobresaltándola.

Stella le miró extrañada aunque su respiración comenzó a agitarse cuando el detective comenzó a mover los dedos sobre la cara interna de sus muslos. Una pregunta se dibujó en la mirada de la joven, pero cuando iba a formularla, la puerta se abrió, dando paso a Watari.

L, lejos de separarse, se pegó aún más a la chica y quedaron sentados muy juntos.

Las caricias del detective comenzaron a subir por el muslo, subiendo ligeramente hasta la falda de la chica, deteniéndose en su ropa interior. Stella contuvo la respiración y se tensó.

-Deberíais ir apagando los ordenadores, vamos a irnos ya- anunció el hombre trajeado con amabilidad.

Cuando la chica iba a apartarse con disimulo, L comenzó a acariciarla más intensamente, impidiendo que la policía moviese un ápice y apretase el puño con fuerza, ahogando un gemido.

-Gracias Watari, ahora mismo vamos- dijo con toda la tranquilidad del mundo.

Watari asintió sonriente y salió de la habitación sin percatarse absolutamente de nada.

Stella hizo acopio de sus fuerzas, y se levantó de su asiento, obligando al detective a retirar la mano. Sus mejillas denotaban un rubor intenso, y su pulso continuaba desbocado.

-¿Pero qué haces? ¡Eres un pervertido!- exclamó la chica con indignación.

L ni siquiera se inmutó ante sus reproches, simplemente se limitó a encogerse de hombros.

-Si yo no he hecho nada...- murmuró inocentemente- Te lo habrás imaginado.

Esta contestación, terminó de ofender a la chica. Que tras darse media vuelta, se detuvo por las palabras del detective.

-Dos a dos- dijo sin mirarla.

-Estúpido infantil...- murmuró Stella en un susurro casi inaudible y se retiró dando un portazo, causando una sonrisa triunfal en el detective.

Minutos después todos estaban en el interior de la limusina, llegando al apartamento donde tuvo lugar el asesinato.

Observaron la estancia con detenimiento, buscando la más mínima pista que se le hubiese podido saltar a la policía.

Leyre estaba mirando una estantería llena de libros de ciencias naturales, cuando uno de ellos le llamó la atención. Se trataba de un ejemplar muy antiguo de Romeo y Julieta. Las páginas eran amarillentas y desprendían un olor a antigüedad. Cuando la chica iba a colocarlo de nuevo en su sitio, un papel del interior del libro, cayó al suelo. Leyre se agachó a recogerlo. Se trataba de la mitad de un folio doblado. En él había escritos con tinta negra, numerosos símbolos ilegibles. Lo observó extrañada y se lo enseñó a los demás.

-Acabo de encontrar esto...- anunció sin poder acabar la frase. L se lo quitó de las manos y lo observó con detenimiento.

-¿Dónde lo has encontrado?- preguntó el detective sin apartar la vista del papel.

-En esa estantería- señaló la chica con el dedo- Dentro de un libro de Romeo y Julieta.

-Romeo y Julieta... Los enamorados... La siguiente carta- concluyó Stella con rapidez observando al detective, el cual le dirigió una efímera mirada.

-Exactamente- respondió L concentrado en el papel- Pero no conozco estos signos, parecen runas, aunque no estoy seguro.

-Deberíamos consultarlo en algún libro- sugirió Light.

-Me parece bien. Vosotros iréis a una librería esotérica a consultar el significado de los símbolos, y Stella y yo, analizaremos el papel con detenimiento, puede contener huellas y muchas pistas clave. Tenemos que andar con pies de plomo y nada de distracciones de parejitas, sino queréis que acabe mandadoós a Matsuda para vigilaros- avisó el detective a la pareja.

Stella iba a reprocharle el hecho de quedarse en el cuartel, pues prefería investigar, pero el detective le dirigió una mirada que indicaba que no había lugar para "peros". Tras esto, los policías salieron de la escena del crimen, y Light tomó a Leyre de la mano. Lo que no se fijaron, es en que tras un árbol situado en frente del edificio, un hombre observaba a la pareja con detenimiento. Leyre y Light hicieron una fotografía al papel y se dirigieron a una librería esotérica, mientras que L, y Stella a regañadientes, se dirigieron al cuartel con Watari.

En la librería esotérica, los dos policías se encontraban buscando libros entre las estanterías sobre simbología, y efectivamente, encontraron uno de runas celtas que se asemejaba increíblemente a los símbolos del papel.

-Creo que lo tengo- anunció Leyre triunfal. El castaño se acercó a comprobar que se trataba de los mismos signos. Ambos trataron de desencriptar el mensaje.

La primera runa era "Jera", que significaba un "cambio importante", la segunda era "Thurisaz", significaba "peligro o maldad en el entorno", la tercera, "Mannus", cuyo era significado era "soledad". La penúltima era "uruz", se trataba de un símbolo femenino que representaba "la ignorancia". La última runa era "dagaz", que significaba "la desesperación o el fin". Todas las runas estaban invertidas, de ahí el significado negativo. El mensaje podía interpretarse de muchas formas, pero Light y Leyre se decantaron por uno de ellos: el cambio importante se produciría en el modus operandi de los crímenes. La segunda runa simbolizaba el asesinato en sí, que se cometería en los próximos días. La tercera podía significar dos cosas, primero, que la víctima debía estar sola o que el lugar escogido, era un sitio apartado, tal vez solitario. La cuarta era la ignorancia, no sabían bien el significado, pero tal vez podría tratarse de que la víctima fuese una mujer despistada y la quinta y última concluía con la evidente muerte de las víctimas. Las deducciones de ambos eran algo abstractas y confusas, pero habían avanzado bastante. Por lo menos sabían algunos datos que antes desconocían.

Continuaron buscando más información, en diversos libros y enciclopedias.

Leyre estaba concentrada leyendo atentamente unos manuscritos sobre la simbología celta cuando Light se levantó en busca de más libros que pudiesen ayudarles.

Al volver junto con la chica, que seguía inmersa entre esas páginas, no pudo evitar fijar su atención en el hombro derecho de ella, descubierto con descuido, dejando ver parte de la suave piel de la joven.

El chico se acercó con sigilo, y tras situarse justo detrás de ella en silencio, acercó su rostro a la piel descubierta, haciendo que la joven diese un respingo al notar su aliento en la nuca.

Se le erizó la piel cuando él posó sus labios sobre ella, recorriendo lentamente su cuello, aspirando su aroma dulce como si de una apetitosa presa se tratase.

Rodeó la cintura de Leyre con los brazos e hizo que se diese la vuelta, quedando ambos enfrentados.

-¿No estábamos investigando?- intentó resistirse la policía con una sonrisa.

-Es culpa tuya por no ser precavida- contestó Light acercándose aún más a ella con una pícara sonrisa, llevando su mano al cuello de la camisa de Leyre y bajándola, dejando aún más al descubierto sus hombros.

El chico emitió un suspiro que ahogó y excitó a la chica, notando el deseo que provocaba en él.

Enseguida atacó la boca de la joven que llevó sus manos a la nuca del chico, acariciándole hasta llegar a sus cabellos, profundizando el beso.

Estos roces se volvían más agresivos y húmedos por segundos, enrojeciendo sus labios, llegando ambos a chocarse contra uno de los estantes de la librería y casi tirarla por completo.

Algunos libros cayeron al suelo haciendo un sonoro ruido seco.

El dueño de la tienda se acercó al escuchar el alboroto, y ambos se separaron con premura, disimulando, tomando cada uno un libro distinto y separándose, haciendo ver que sólo leían.

Cuando el hombre volvió a alejarse del pasillo en el que estaban, ambos comenzaron a reír de forma nerviosa y algo azorados.

-Tú quieres que nos echen- susurró Leyre en tono acusador aún con el pulso acelerado.

-Lo que quiero es que esta vez no hagas tanto ruido- dijo tapando la boca de la chica con una mano y acariciando su cintura con la otra, besando su cuello con deseo.

La chica disfrutaba de las caricias y besos melosos del joven, pero en un momento dado, esos besos dulces se tornaron más lascivos, lamiendo la piel, mordiendo con saña, como si eso pudiese calmar el hambre voraz del chico que llevaba aguantando largo tiempo.

La situación hacia que los movimientos de los chicos fuesen algo más rápidos y torpes de lo normal, ya que el temor a ser descubiertos aumentaba la excitación.

Leyre paseaba sus manos libremente por el torso del joven que seguía con los voraces besos, que repartía tanto por sus labios, cuello y pecho.

Ambos se concentraban en no hacer demasiado ruido, ni con los libros ni con sus agitadas respiraciones, pero esa era una tarea verdaderamente difícil con los pequeños lamidos y mordiscos que Light colocaba en el indefenso cuerpo de la joven.

Con cuidado, el chico desabrochó lo suficiente la camisa de Leyre para poder pasar las manos por su sujetador, y también desabrocharlo.

La policía sentía como con cada caricia del castaño su mente se nublaba más y más, dedicando todo su entendimiento a registrar cada rastro de placer que le provocaban esos roces.

No existía ya separación entre sus cuerpos, juntando con desesperación cada músculo, apartando de su camino la ropa que refrenaba el contacto.

Leyre tomó el mentón de Light, echando su rostro hacia un lado y besando la parte alta de su cuello, terminando por morder y dejando una rojiza marca en la piel que hizo que el chico cerrase los ojos emitiera un tímido "agh" disfrutando de esa marca.

Las caricias de Light, que habían comenzando en los muslos de la policía, ya habían subido a la ropa interior de ésta, introduciendo sus dedos con precisión, provocando algunos roces que excitaron aún más a la joven.

La tensión de ambos cuerpos era máxima, ninguno de los dos estaba dispuesto a parar ya, y aún con parte de la ropa puesta, Light alzó la pierna de la chica situándola en su cadera y con un ágil movimiento pudieron comenzar las aceleradas embestidas.

El esfuerzo por mantenerse en completo silencio era casi sobrehumano, y el joven sólo podía besar a Leyre para acallar sus propios gemidos.

Light agarraba con fuerza las nalgas de la chica buscando unos movimientos mas rápidos y profundos, haciendo que ésta se agarrase a su cuello, con el corazón intentando escapar de su pecho.

El chico aceleraba cada vez más las embestidas, buscando un mayor placer, y sin poder contenerse, hizo que la chica le diese la espalda, y rodeándola con sus brazos la puso de cara a las estanterías, y rodeó la cintura de Leyre con sus brazos.

Light gimió en el oído de la chica y mordió el lóbulo de su oreja con lujuria y deseo, bajando descaradamente la mano hasta la entrepierna de la chica, tapando su boca, acallando los gemidos de la joven, comenzando de nuevo con una mayor y más rápida penetración que parecía estar acabando con la vida de ambos.

Leyre se tuvo que sostener agarrándose a los estantes de libros, sintiendo los latigazos de placer recorrer todo su ser.

Los gemidos ahogados se agolpaban en la boca de ambos chicos, que comenzaron a sudar del esfuerzo de impedir todo sonido.

Leyre se agarraba con fuerza a la madera y Light la empotraba con fuerza entrando completamente en ella, acariciando los pechos y muslos de la joven, moviendo la cadera de la chica a su gusto.

Los temblores provocados por el placer hicieron que el chico se descuidase, y en un arrebato de pasión emitiese un ronco gemido mientras la embestía con saña.

No pudo aguantar mucho más y terminó las embestidas en una última más intensa y lenta que las demás, dejado a la chica sin respiración.

Escucharon de nuevo los pasos del encargado de la tienda aproximarse, por lo que se separaron y colocaron la ropa como pudieron, viéndose descubiertos, pero tuvieron mucha suerte ya que de pronto alguien entró en la tienda, formulándole una pregunta al vendedor, que dejó de aproximarse hacia ellos.

Respiraron con tranquilidad al estar salvados de esa incómoda situación, y mirándose con complicidad se dieron un último beso.

Tras acomodarse la ropa del todo, ambos jóvenes decidieron volver irse a casa a pesar de las ganas que tenían de contarle a sus compañeros lo que habían descubierto. De lo que no se percataron, es de que alguien, tras varias pilas de libros amontonados, había observado toda la escena. Mirándoles con la misma expresión calculadora con la que les había vigilado tras los matorrales antes.

Mientras en el cuartel, L y Stella trabajaban en descubrir todo lo posible sobre la nota original. La tensión era palpable entre ellos, se podía cortar con un cuchillo. Cuando el detective le hablaba a la chica, ésta le respondía con monosílabos, si es que respondía. Mantenían una distancia prudencial el uno del otro, evitando todo contacto visual.

L estaba con los ojos a punto de cerrarse, una expresión cansada se apoderaba de su rostro, sus hombros estaban hundidos y sus ojeras más marcadas de lo habitual, pareciese que no había descansado en varios días. Aunque la chica no quería perder el juego que habían iniciado, decidió tragarse su orgullo y preguntar.

-¿Cuántos días llevas sin dormir nada?- la pregunta de Stella intentó sonar despreocupada aunque en realidad estaba muy preocupada por el detective.

-¿Es que te importa?- contestó L evadiendo la pregunta de Stella.

-No es que me importe, pero tampoco me hace especial ilusión que te dé un infarto- respondió ella sin mirarle.

-Llevo más o menos una semana...- contestó llevándose el pulgar a los labios con tranquilidad.

La cara de Stella era un verdadero poema. Le miró incrédula, con los ojos como platos.

-¿Y se puede saber qué estás haciendo aquí? ¡Vete a dormir ahora mismo!- ordenó Stella sin poder evitar un deje de preocupación en su voz.

-Tienes razón... Tal vez necesite descansar- corroboró L mirándola de reojo y levantándose lentamente, con un torpe movimiento, casi llegando a caerse de bruces. Estaba realmente agotado.

Stella le sujetó antes de que cayese, pero se apartó con rapidez pensando que tal vez fuese un truco para ganar el juego, aunque la mirada cansada del detective, demostraba que realmente estaba abatido.

El chico se retiró a su habitación mientras Stella se quedaba guardando los informes. De repente se percató de un detalle que habían pasado por alto. Cuando puso dicha hoja de papel a contraluz, se observaban unas marcas como si alguien se hubiese dedicado a escribir encima y borrarlo. Se trataba de un emblema con un león rugiendo. La chica hizo un boceto y lo escaneó, buscando en internet de qué podría tratarse, dando lugar a un primer resultado, que era un bar de carretera a las afueras de la ciudad. No podía tratarse de una coincidencia, eran exactamente iguales. Enseguida cogió el papel y subió las escaleras que llevaban a las habitaciones en busca de L. Abrió una puerta sin llamar por la prisa y la euforia y entró en la estancia, encontrándose en ella, con el detective dispuesto a quitarse por completo la camisa, faltándole la manga y el cuello.

Stella enrojeció al instante, tardando varios segundos en reaccionar.

-P... Perdona...- tartamudeó- Sólo quería mostrarte algo que había descubierto, pero tal vez sea mejor...- se quedó callada viendo como el chico se quitaba del todo la camisa. Los dos se quedaron mirándose.

-No me mires así, que me voy a poner rojo- bromeó el detective con una sonrisa burlona, haciendo que la chica enrojeciese aún más, y se diese la vuelta con la intención de irse, pero L se lo impidió cogiéndola de la mano y atrayéndola hacia él, quedando cara a cara y capturando sus labios en un beso voraz y hambriento.

Stella se quedó sorprendida por el rápido movimiento del detective, lo que este aprovechó para pasear su lengua por la boca de la chica, dejándola sin aliento, rozando sus labios, humedeciéndolos.

Ella puso sus manos en el torso del joven, acariciando la suave piel que había dejado al descubierto.

L intensificó el beso llevando sus manos a la cintura de la chica acercándola aún más, intentando que ganase altura y perdiese la escasa distancia que aún les separaba.

La chica sabía que todo esto lo hacía por ganar ese estúpido reto iniciado días atrás en el que ninguno de los dos iba a ceder.

Stella hizo acopio de todas sus fuerzas, que disminuían con cada sugerente caricia del detective, e intentó apartarse.

Rompió el beso y dio un paso hacia atrás, creando de nuevo la distancia antes perdida entre ambos.

El orgullo que tenían era abrumador, como el de dos críos dispuestos a todo antes de admitir una derrota.

L dio un paso al frente, acercándose a ella, negándole la escapatoria que ella buscaba.

Stella volvió a retroceder.

Pero de lo que no se había dado cuenta la chica es que en cada paso que daba se acercaba aún más a la cama del detective, que la miraba con fijeza.

Cuando ella chocó con el borde del colchón y se percató de la situación ya era demasiado tarde, L estaba frente a ella, con una mirada atenta, como un depredador que intenta adivinar el próximo movimiento de su objetivo, al borde del precipicio.

Stella había cometido demasiados errores en esa jugada y ahora se encontraba atrapada, en jaque.

Estaba arrinconada, en su frente L y tras ella el colchón.

Ella intentó salir por la tangente y escapar pasando por el lado del chico, era su última carta que obviamente no funcionó.

-¿Dónde crees que vas?-La cogió de nuevo del brazo.

-Suéltame.-Exigió enseguida sin que esta orden hiciese mella en el agarre del joven.

Es más, parecía disfrutar con su expresión frustrada.

Stella deseaba salir de esa situación, y para colmo casi no podía apartar la vista del imponente cuerpo del detective, recordando la calidad y suavidad de esos músculos que ya había comprobado en los baños de aquel pub.

Deseaba volver a disfrutar de ese tacto como si de una droga se tratase, L lo sabía, y estaba dispuesto a hacer que la joven lo admitiese, aunque fuese a la fuerza.

El chico dio un brusco tirón del brazo de Stella, haciendo que ésta cayese sobre el colchón.

Él se situó sobre ella, rodeándola con sus piernas, limitando en gran parte los movimientos de la policía.

Agarró las muñecas de la chica, estirando sus brazos hasta dejarlos por encima de su cabeza, y aproximó su rostro al de ella.

-Eres una cabezota- su voz sonó sensual, susurrante, más de lo que la chica podía soportar.

Estaba perdiendo, llevaba perdiendo desde que entró en esa maldita habitación.

-No bromees conmigo- intentó sonar arisca, sin que le temblase la voz. Torpe intento.

-En broma te digo que me quieras- el cálido aliento de L acariciaba el cuello de la chica ya que hablaba prácticamente pegado a su oído.

Stella podía sentir perfectamente como su piel se derretía al contacto con el detective.

Se concentraba en idear una forma de salir de ahí cuando notó un contacto húmedo en su cuello, que subía de la yugular a la mandíbula.

La policía apretó los puños y cerró los ojos con fuerza.

Enseguida L notó su tensión y subió sus labios hasta besar los de ella con lentitud, disfrutando cada pequeño roce.

El joven, con los labios apretando los de la joven, agarró con una sola mano las dos muñecas de la chica, que pensó que tal vez esta sería su oportunidad para soltarse.

Nada más lejos de la realidad. Aún con una sola mano era capaz de ejercer una fuerza increíble sobre sus muñecas.

Con la mano libre L bajó a su zona favorita, los muslos de la joven, esa parte suave y sensible cuyo simple roce lograba excitarle.

El detective se acomodó entre las piernas de la chica y paseó sus manos con libertad por estas, sin dejarse ni un centímetro de piel por explorar.

Cuando llegaba a la parte más próxima a la lencería de la joven, ésta tuvo que apretar los dientes y arquearse para no gemir.

Aún así necesitaba grandes bocanadas de aire debido a la excitación, lo que el detective aprovechaba para intensificar el roce de sus dedos y hacer que ella se arquease aún más.

La respiración de L se aceleraba como si las caricias fuesen hacia él.

Todas las esperanzas de Stella por ganar ese juego habían desaparecido ya, llevaba largo rato disfrutando de ese contacto y L lo sabía.

Por fin, tras haber pasado la mano ya por debajo de la ropa interior de la joven, ella no pudo resistir el placer y emitió un gemido corto que enseguida acalló con esfuerzo, casi de forma dolorosa, pero que había dado la señal de la victoria a L.

El chico soltó el agarre de la joven y dejó libres sus muñecas, incorporándose y apartándose de ella, quedando sentado en el borde de la cama.

Ella hizo lo mismo, pero en vez de quedar sentada en el borde tan solo se quedó en el mismo sitio, sin mirar al detective que la observaba atentamente.

-Ale, has ganado. Espero que estés satisfecho- bufó Stella con resentimiento.

-No, no lo estoy- respondió L en un susurro.

-¿Cómo?- preguntó de nuevo la chica girándose para verle, aunque le había escuchado perfectamente.

-Que no estoy satisfecho- y tras decir esto se puso frente a la joven, avanzando hacia ella a cuatro patas, como si de un felino agazapado se tratase.

Ella dejó que se situase frente a su rostro, sosteniéndole la mirada con decisión.

-Hace bastante que esto dejó de ser un simple juego, Stella- la voz del detective la dejó sin aliento.

Entonces la empujó con su propio cuerpo, tumbándola de nuevo.

Ese golpe hizo que todo su cuerpo rozase con el de la chica, demasiado sugerente, por lo que L jadeó sin aliento.

La chica se dio cuenta de la evidente excitación de él y aprovechó para cobrarse una ligera venganza.

Llevó una de sus manos hasta el vientre del chico, bajando hasta más allá del ombligo y pasando sus manos por debajo de sus pantalones.

El chico situado sobre ella se tensó de inmediato y abrió la boca tomando aire.

Un calambre placentero surcó el vientre del detective, pero antes de que siguiesen las provocadoras caricias, Stella sacó la mano de sus pantalones y le dio un beso cargado de ironía, dejando desplomado a L.

Naturalmente eso no se iba a quedar así, por lo que el detective agarró una de las piernas de las chicas haciendo que rodease su cadera, realizando movimientos llenos de tentador placer.

Stella apartó el rostro mordiéndose el labio inferior, pero L tomó con una mano su rostro, besando sus labios con pasión.

Con la otra mano se encargó de retirar la camisa y pantalones de la chica.

Ella llevó sus manos al botón de los vaqueros del chico bajándolos con prisa, ambos moviéndose con desesperación, sin aguantar ni un segundo más las descaradas provocaciones del otro.

La ropa cayó precipitadamente al suelo, y las embestidas comenzaron sin contemplaciones.

Atrás había quedado ya la delicadeza. Las caricias y tramposos juegos a los que había jugado Stella los anteriores días habían creado un deseo y a la vez un odio en el detective que debía aplacarse.

El chico pensó varias veces en frenar ese ritmo frenético, ya que con la falta de sueño su corazón debía hacer un gigantesco esfuerzo en cada latido. Pero esa era una decisión difícil de tomar cuando la joven policía no hacía más que gemir y gritar de puro placer debajo de él.

Las fuertes embestidas hacían que Stella solo pudiese abrazar el cuerpo de L, sin poder evitar clavar las uñas en su piel cuando el movimiento era demasiado profundo y por tanto placenteras.

L comenzó a fatigarse demasiado, perlas de sudor empezaban a resbalar por su frente. Pero aún así el ritmo no bajaba y los gemidos de ambos seguían saliendo sin control.

La policía le rodeaba con las piernas buscando aún más contacto, algo prácticamente imposible.

Pese al terrible cansancio L, no estaba dispuesto a renunciar a ese disfrute, ni a privar a la chica de esos movimientos feroces, casi violentos.

Con cada gemido de uno, el otro mordía, arañaba o intensificaba el contacto con el otro.

La fatiga estaba destrozando al detective que comenzaba a sentir dolor en sus músculos por encima del placer de las embestidas.

Stella se percató de la situación en la que se encontraba L y le obligó a bajar el ritmo de sus movimientos, dandole varios besos cortos por la mejilla y los labios.

-Relájate un poco, que te vas a matar.-Dijo la chica amainando las embestidas, haciéndolas mucho más lentas.

L obedeció y el desenfreno de antes de tornó más tranquilo y delicado.

Las oleadas de placer llegaban con más lentitud pero igualmente intensas.

El detective besaba con ternura a la chica, pasando sus manos por las caderas y pechos de ella, disfrutando cada ligera caricia que ella le regalaba.

La tensión de los cuerpos de ambos fue desapareciendo, quedando completamente relajados, pudiendo así disfrutar por completo el uno del

otro, hasta que los calambres de placer se hicieron más rápidos e intensos, más duraderos y placenteros.

Ambos terminaron a la vez sin subir demasiado de nuevo el ritmo ya que se notaba perfectamente como L necesitaba un largo descanso.

Se tumbó boca arriba junto a la joven, respirando con gran dificultad y tragando saliva, tratando de humedecer su ahora seca garganta por los gemidos.

Ambos se quedaron en silencio, sin saber muy bien qué decir, pero L rodeó a la chica con sus brazos, dandole un pequeño y cariñoso beso en la mejilla.

Puede que ahora estuviese abatido, pero estaba claro que dormiría mejor que nunca. Ambos jóvenes se quedaron completamente dormidos.

Al día siguiente, Leyre y Light llegaron al cuartel y vieron a Stella con una expresión adormecida, como si se acabase de levantar.

-¿Qué pasa? ¿Has dormido aquí?- preguntó Leyre con curiosidad.

-Es que... Nos quedamos investigando hasta muy tarde...- se excusó Stella mirando de reojo a su amiga, que comprendió al instante lo que había ocurrido, la cual no hizo ningún comentario salvo asentir con una sonrisa. En ese momento, L bajó las escaleras colocándose el cuello de la camisa, pero se quedó parado antes de terminar de bajarlas mirando a los tres jóvenes.

-Buenos días...- saludó con su mismo tono de siempre.

-Buenos días L- respondieron Light y Leyre.

Stella sin embargo no contestó, se limitó a mirar a otro lado con un evidente rubor en su cara.

Los cuatro fueron a la sala de cámaras y contaron los avances que habían hecho cada uno, dejando a L impresionado por lo eficientes que eran sus agentes.

-Bien, tras esto podemos concluir que el asesino debe de ser algún tipo de adivino y su siguiente víctima será una pareja. Yo también he llegado a la conclusión de que su modus operandi va a cambiar, y por el emblema que encontró Stella en la nota original, seguramente se tratará de un lugar cercano a ese bar- dedujo L con su pulgar en los labios- Estamos muy cerca- anunció triunfal.

-Sólo nos faltaría saber cuándo va a cometer el siguiente crimen- dijo Light pensativo.

-Estoy segura de que en la casa habrá más pistas- aseguró Leyre.

-Puede, pero no podemos volver. Este caso está en manos de la policía y lo estamos investigando por nuestra cuenta. Bastante que nos dejaron ir a la escena del crimen una vez. No nos dejarán ir dos- explicó L con simpleza.

Tras esto, cada uno ocupó su puesto habitual. Volviendo a revisar todas las pruebas que tenían e intentando buscar más indicios del próximo asesinato. Leyre y Stella revisaron las fechas de los anteriores asesinatos, intentando buscar un símil entre ellas, pero aparentemente no había nada. Las fechas parecían escogidas completamente al azar. Light y L por su parte no tuvieron mucha mejor suerte, ya que tras revisar todos los datos, llegaron a la misma conclusión.

En la sala de informes, Leyre le contaba a Stella en voz baja, intentando no ser escuchadas por las cámaras, lo ocurrido en la librería la tarde anterior con Light.

-Ya ves, así sin esperarlo, acabamos...- dijo Leyre con una pícara sonrisa y algo de rubor en las mejillas.

Stella rió recordando lo sucedido la noche anterior entre ell narrándosela a la chica, que escuchaba con atención.

Mientras que en la sala de cámaras, los dos jóvenes estaban más atentos a las pantallas que a los informes.

-¿Tú oyes lo que dicen?- preguntó Light con curiosidad.

-Calla, calla que creo que oigo algo- respondió L subiendo el volumen al máximo.

En ese momento empezaron a escuchar la conversación. L miró a Light atentamente e hizo un comentario.

-Menos mal que las chicas decían que eras gay...- dijo L con el dedo en el labio.

-Y menos mal que decían que tú eras rarito- contestó Light con una sonrisa.

-Obviamente Light, he ganado yo... - afirmó L de forma triunfal.

-¿De qué hablas?- preguntó Light confuso.

-¿Es que no las oyes? Es obvio que yo lo hago mejor que tú- rebatió L burlonamente.

-¡Venga ya L! Lo mío tiene más mérito... Fue en una librería- respondió Light ofendido.

-¿Más mérito por qué Yagami? Si no quieres admitir la derrota, no te inventes cosas...- dijo L observando al chico atentamente.

-¿Derrota? En estos temas no puedes ni igualarme- aseguró Light con una sonrisa triunfal sin ni siquiera mirarle.

-Soy mejor que tú... Asúmelo- rebatió L con altanería.

-¿A sí? Si tan seguro estás... ¿Apostamos algo?- preguntó Light viéndose vencedor.

-El que más impresione a las chicas, ganará un punto. Dentro de un mes veremos quién tiene mayor puntuación- explicó L las normas de la apuesta.

-¿Y cómo sabremos quién las ha impresionado más?- preguntó Light con interés.

-Cuando las chicas charlen sobre ello veremos quién lo ha hecho mejor...- contestó L llevándose el pulgar a los labios- Si gano yo, admitirás que soy mejor que tú en todo- propuso L.

-Vale, y si gano yo... Dejarás de llamarme Kira, para siempre- contestó Light.

L se lo pensó pero finalmente aceptó.

-De acuerdo... Trato hecho- dicho esto ambos jóvenes se dieron la mano dando la apuesta por empezada.

Al rato, tocaba cambio de turno, por lo que Stella pasaría a la sala de cámaras, y Light a la sala de informes.

En el cambio de turno, Light se dirigió a la cocina a por un vaso de agua, sin embargo, Leyre fue hacia el baño, dirigiéndose minutos más tarde hacia la sala de informes, por el camino, Light la esperaba apoyado junto a la puerta de una habitación. La chica iba concentrada leyendo un informe y no se percató de la presencia del castaño, que al ver que iba a pasar de largo, la cogió de la mano y la metió dentro de la pequeña estancia donde se guardaban varios utensilios y productos de limpieza.

Light empotró a la chica contra una pared lisa, quedando ambos prácticamente pegados.

Los labios del castaño recorrían con gula y ferocidad la boca de la joven.

El chico mordió el labio inferior de ella, llevando el beso hacia la mejilla y volviendo a bajar hasta la boca.

El ansia de ambos era palpable. Los deseos de los jóvenes se entrecruzaban, realizando caricias en sitios comprometidos y jadeando con cada movimiento que pegaba aún más sus caderas.

Light desabotonó la camisa de Leyre, dejando paso libre para sus manos que capturaron sus pechos con ansia, apretándolos y besándolos.

La policía echó la cabeza hacia atrás, disfrutando de esos lascivos roces.

Light bajó sus besos hasta casi el ombligo, dejando un rastro de saliva sobre su piel. Llegó a los pantalones de la joven, lamiendo la piel haciendo que Leyre acariciase los cabellos del joven, agachado frente a ella.

Bajó el pantalón de la joven y siguiendo con los besos retiró también la lencería de Leyre.

Los besos se introdujeron por los muslos de la chica, que no podía dejar de suspirar entrecortadamente, Acariciando la cabeza de Light, dejando que pasease a sus anchas los labios por esa zona.

Los quejidos se tornaron gemidos en seguida, casi gritos, cuando lamía ciertas zonas más sensibles.

Pero en ese momento, desde la sala de cámaras, alguien encendió los altavoces y habló.

-Siento comunicaros "parejita" que estamos en horario laboral y no se permiten este tipo de arrumacos. Por favor, salgan de la sala y mantengan la compostura- dijo la voz de L desde las cámaras.

Light se separó inmediatamente de la policía y se levantó. La chica se colocó la ropa rápidamente y de forma ordenada, salieron de la habitación.

Mientras en la sala de cámaras, L apagaba el micrófono con una sonrisa triunfal.

-¿Cómo te puede gustar tanto molestar a Light?- preguntó Stella observándole con detenimiento.

-¿Molestar?- respondió L como si la cosa no fuese con él- Sólo hago cumplir las normas. Por mucho menos, ya hubiese echado a cualquiera del cuartel- explicó el detective.

-¿Por qué? ¿Por besarse? Porque te recuerdo que tu y yo nos hemos acostado- aclaró Stella recordándole al chico lo ocurrido.

-Ya, pero yo soy el jefe. Yo puedo saltarme las normas- dijo con una sonrisa.

-Deberías dejar a la parejita en paz- sugirió Stella observando las cámaras.

L la miró divagando.

-¿Qué fue para ti lo de anoche y lo de Argüelles?- preguntó el chico de forma directa mirando a Stella con fijeza.

Stella se giró sorprendida y le sostuvo la mirada.

-Ya que eres tan buen detective... Podrías contestar tú a esa pregunta. ¿Qué crees que fue para mí?- preguntó ahora Stella continuando con la mirada fija.

L se llevó el dedo pulgar a los labios y miró hacia el techo pensando en qué contestar.

-Teniendo en cuenta que te quedaste conmigo en Argüelles, que me ayudaste cuando me encontraba mal, que no apartaste cuando te besé, que disfrutabas cuando te acariciaba y que después de todos estos tontos juegos, aún quisiste acostarte conmigo anoche, pienso que deberíamos tener una relación, pero debido que soy una de las personas más buscadas del mundo y que a innumerables criminales les encantaría hacerme daño a mí o a cualquiera de mi entorno, deberíamos tener una relación secreta- concluyó mirando a la chica de nuevo.

Stella entornó los ojos y asintió.

-Puede que tengas razón...- murmuró- Estar juntos de forma pública sería algo peligroso- susurró apenada.

-Cualquiera podría hacerte daño, y es lo último que quiero- dijo el detective con un tono dulce- Además, eso lo hace más interesante, ¿no crees?- preguntó acercándose a Stella y robándole un beso fugaz.

De pronto las puertas de la sala se abrieron, dando paso a Light y a Leyre. La chica estaba sonrojada y no era capaz de mirar al detective y a su amiga, y Light miraba al detective visiblemente enfadado y con rencor.

Stella viendo la incómoda situación, se levantó apresurada.

-Leyre, ¿me acompañas a por un café?- preguntó la chica salvando a su amiga del apuro.

Leyre asintió y ambas chicas salieron de la sala de cámaras dejando a L con un enfurecido Light.

-¿¡Cómo has podido hacer eso!?- gritó Light enfadado- ¡Eres un tramposo!- bufó Light entre dientes.

-¿Yo? ¿Tramposo? No te equivoques, en el trabajo, nada de propasarse- sentenció L con seguridad.

Light resopló con fuerza.

-Hagas lo que hagas, voy a ganar esta apuesta. Da igual cuantas trampas uses- aseguró Light.

-Con esa actitud tan infantil... Aumentas tus probabilidades de ser Kira en un 48%. Light Yagami... Te estás inculpando tú solo- dijo L con toda la tranquilidad del mundo.

Light se mordió la lengua por no gritarle cuatro improperios bien dichos y se retiró de la sala dejando al detective solo con una sonrisa triunfal. Había ganado esta batalla, pero no la guerra.

Light volvió a la sala de informes y se cruzó por el pasillo con Stella que volvía hacia la sala de cámaras.

-Ten cuidado con él. No es de fiar...- aseguró el castaño señalando hacia la puerta. Stella no entendió nada, pero supuso que se trataba del rencor que guardaba Light por la interrupción de L.

En la sala de informes, los dos policías intentaban encontrar la escurridiza pista que les llevase al siguiente asesinato. Revisaban una y otra vez los anteriores casos, observando con detenimiento cada foto y muestra de las escenas del crimen. Seguían sin encontrar ningún hilo que les condujese a la respuesta, cuando Leyre suspiró cansada.

-Así no vamos a descubrir nada... Esto es agotador- murmuró abatida.

-Tienes razón, pero no podemos hacer otra cosa. Sólo contamos con estas pruebas- dijo Light señalando los informes.

-Claro que podemos hacer algo- susurró la chica para que L no escuchase su conversación- Si consiguiésemos volver al apartamento, estoy segura de que encontraríamos algo- dijo la chica ilusionada.

-Pero... ¿No has oído a L?- le recordó el chico- No podemos volver- sentenció.

-Pero si queremos resolver este caso sin que haya más muertes, sólo nos queda esa opción- rebatió Leyre.

Light se quedó pensativo barajando la proposición que le hacía Leyre.

-¿Me estás proponiendo que salgamos de aquí a escondidas de L?- preguntó Light con incredulidad ante las palabras de su novia.

Leyre asintió ligeramente para que las cámaras casi no lo percibiesen. Estaban de espaldas a ellas y hablaban en susurros casi inaudibles. Light pareció pensárselo sopesando esa arriesgada idea.

-¿Alguna idea de cómo salir de aquí?- preguntó la chica.

Light siguió pensativo hasta que dio con la solución.

-Lo que necesitamos es que L nos deje salir de aquí. Salir sin su permiso sería una misión casi imposible, por lo tanto, necesitamos su aprobación y la única forma de conseguirla, es haciendo que necesite desesperadamente que salgamos. Watari no está, así que si le faltase algo, sólo nosotros podríamos salir a comprarlo. Ahora sólo hay que averiguar qué es ese algo- expuso Light pensativo.

La chica meditó las conclusiones a las que había llegado su novio.

-La única cosa que conozco sin la que L no puede vivir... Es el azúcar- concluyó la joven- Pero hay dos sacos en la cocina... ¿Cómo podemos deshacernos de tanto azúcar?- preguntó desesperada.

-Creo que lo tengo. Es algo difícil de explicar, déjame un folio- dijo el chico comenzando a realizar un esquema.

-Primero yo iré a la cocina y tomaré dos tazas grandes vacías. Haré que las lleno de café y leche, pero realmente estarán casi por completo llenas de azúcar. Las cámaras no serán capaces de captar ese detalle. Yo volveré hacia aquí, y simularemos tomar un café. Cuando haya pasado una hora, pondremos las tazas muy cerca de nosotros para que las cámaras no las vean. Tú irás al baño, y llevarás el azúcar en el bolso, vaciándolo allí, donde no hay cámaras. Mientras estás en el baño, yo iré a la cocina con las tazas vacías y simularé que preparo otro café, realizando el mismo proceso anterior.

Cuando yo esté volviendo hacia aquí nuevamente, tú saldrás del baño y entraré yo para vaciar el contenido y darte dos tazas vacías que dejarás en la sala y con eso nos habremos librado de los dos sacos de azúcar. Con suerte, no se dará cuenta.

La chica asintió comprendiendo y aceptando el plan.

Al poco rato, el plan se puso en marcha, saliendo a pedir de boca.

En la sala de cámaras, L y Stella miraban con atención las pantallas.

-¿No están haciendo cosas un poco raras?- preguntó Stella observando detenidamente los movimientos de sus amigos.

-¿Qué pasa?- contestó mirando a las cámaras con su habitual pulgar en la boca.

-Bueno... La última vez que Light entró al baño llevaba dos tazas en la mano, pero cuando se cruzó con Leyre y se las dio, las tazas eran distintas- explicó la chica rebobinando la imagen.

Era algo difícil de apreciar, pero en cuanto L se acercó a la pantalla, lo vio perfectamente.

-Tienes razón... Esto es muy sospechoso, ¿por qué iba Light a intercambiar las tazas en mitad del pasillo?- preguntó mordiéndose el labio.

-Es algo raro sí- susurró la chica- Bueno, será una tontería.

-No, no lo es...- contestó L seriamente entornando los ojos.

Por otra parte, tras un rato, llegó la hora en la que L debía tomar su café.

Stella se levantó yendo hacia la cocina para preparar el café, pero se percató de que el azúcar se había terminado. La chica volvió junto a L para explicarle lo sucedido, y ambos fueron a hablar con la pareja, que habían sido los últimos en tomar café.

-¿Por qué no habéis avisado de que no quedaba azúcar?- preguntó Stella mirándoles con suspicacia.

-No sabíamos que se había acabado. Sólo terminamos uno de los sacos. Creíamos que había otro más- explicó Leyre tratando de que se creyesen la excusa.

-Es que había otro- respondió L mirándoles acusadoramente.

-Pues en la cocina sólo quedaba ese. Si tanto necesitas el azúcar, podemos ir a comprarlo- se ofreció Light aparentando indiferencia.

-No gracias... Puedo pasar sin él. Mandaré mañana a Watari a por más azúcar- contestó dándose la vuelta y dirigiéndose a las cámaras.

Los chicos intentaron no sorprenderse demasiado, pero no cabían en su asombro, lo último que esperaban era esa reacción del detective - amante del azúcar. Stella siguió a L sin decir una palabra.

-L, ¿estás seguro de que no quieres que vaya a por azúcar?- preguntó Stella indecisa.

-Seguro. Esos dos están planeando algo y no pienso dejar que se salgan con la suya- sentenció caminando sin mirar a la chica. El detective se imaginaba perfectamente lo que Light y Leyre planeaban- Prepárame un café- pidió el detective.

-¿Sin azúcar?- preguntó Stella incrédula.

-Sin azúcar- contestó con seriedad como si se tratase de un reto.

La joven fue a la cocina a preparar el café de su novio, y volvió a los pocos minutos, rezando porque al chico no le diese asco lo amargo que estaba.

-Quema un poco... Ten cuidado- advirtió Stella.

-Eso no es lo que más me preocupa- respondió L observando el café como si de una bomba de relojería se tratase.

El chico dio un sorbo al café. Su cara se tornó verde y escupió el contenido.

-Me lo tomaré luego...- murmuró apartando la taza.

Pasó el rato y el detective parecía tranquilo, pero pronto empezó a golpear la mesa con su dedo índice, rápidamente, un tic que Stella no podía aguantar.

-¿Puedes parar?- preguntó Stella cortante.

-¿El qué? No estoy haciendo nada- contestó L como si no supiese de lo que hablaba. Entonces la chica señaló su mano y el detective, paró.

En pocos instantes comenzó a golpear el suelo con el pie, molestando de nuevo a la chica, que le miró con frustración.

-Esto me pasa por no tomar café. Es casi como tener el mono- se excusó intentando parar.

-Intenta tomártelo- pidió Stella con amabilidad.

El detective la obedeció tomándose el amargo café de un trago, sin respirar. Su cara se tornó pálida. Su expresión normalmente indiferente, adoptó una mueca de asco. Respiró profundamente, intentando parecer sereno y apretando los labios con fuerza. Cayó redondo al suelo.

Stella le levantó pasando el brazo del detective por su hombro, y lo llevó hasta la sala de los informes. Al detective le costaba caminar y se le doblaban las rodillas. Cuando entraron a la sala, L tenía la cabeza gacha, tapando su rostro con su propio pelo, y Stella tenía que agarrarle de la camisa para que no cayese al suelo.

-¿¡Pero qué le has hecho!?- exclamó Light preocupado.

-¿Yo? Sólo le he dado un café y de pronto se ha puesto así- respondió Stella asustada.

-¿¡Pero cómo se te ocurre darle un café sin azúcar!?- dijo Leyre alarmada.

-¡Él me lo pidió!- exclamó tumbando a L en el suelo y boca arriba. Stella se agachó y acercó su mejilla a la nariz y boca del detective.

-Aún respira- aseguró Stella aliviada.

-Hombre, no se va a morir- contestó Light.

-No viste su cara cuando se lo tomó- dijo Stella- Pensaba que le estaba dando un infarto.

Entre todos cogieron al detective y le llevaron a su habitación, tumbándole en la cama.

-Necesito agua y toallas- pidió Stella.

La chica humedeció una toalla con agua fría y la colocó en su frente. Mojó su mano con el agua y la pasó por la nuca del detective, haciéndole reaccionar.

-Parece que ya está mejor. Id a por azúcar y le preparamos otro café- ordenó Stella.

Light y Leyre asintieron y viendo el cielo abierto para llevar su plan, se fueron. Tomaron un taxi y pronto llegaron a la escena del crimen. Se saltaron el cordón policial y con un imperdible, abrieron la puerta del apartamento. Una vez dentro, empezaron a buscar pistas que concretaron el asesinato, esperando tener la misma suerte que tuvieron la primera vez. Miraron en las estanterías, en los muebles... En todos los rincones, y no hallaron nada nuevo. Leyre se dirigió al baño buscando más pistas, dejando a Light en el salón. La chica comenzó a observar el lugar y se percató de que sobresalía una pequeña esquina de un papel entre el hueco que quedaba entre el lavabo y la pared. Podría ser cualquier cosa, pero la chica decidió mirar. Con sumo cuidado, sacó el papel y efectivamente, había algo escrito en él. Números romanos. Concretamente, parecía una fecha. La chica abrió la boca impresionada a punto de llamar a Light, pero alguien se la tapó con un pañuelo empapado en cloroformo. Tras un leve forcejeo, la chica cayó dormida.

Light en el salón, se percató de que de pronto se había hecho un silencio sepulcral, y el inteligente joven, entornó los ojos extrañado, como si supiese lo que estaba pasando. Se llevó la mano a su reloj, rozando el botón que realizaba una llamada de ayuda directa al cuartel. El mismo reloj que tenían todos los agente del "caso Kira". Se acercó con paso sigiloso al baño y entró, viendo que estaba vacío. Cuando se disponía a llamar a Leyre, alguien le agarró por la espalda fuertemente y llevó un mismo pañuelo a su nariz. El forcejeo fue más intenso, dando tiempo a Light a pulsar el botón del reloj. Finalmente cayó dormido al igual que la policía.