Agosto llegó y el tedio de tener que ir al Callejón Diagon no tardó mucho en hacerse presente. Era obvio que ninguno de los Dunne queria salir de su hogar, solo para comprar un montón de cosas que a Garret ya no le servirían el próximo año. Sin embargo, las clases empezaban en unas semanas y era mejor hacer las compras cuanto antes, para no estar en apuros más adelante.

Garret se levantó, era miércoles, un día bastante soleado, comparado con los anteriores. Buscó sus pantuflas debajo de su cama y salió del cuarto. Había crecido por lo menos unos diez centímetros en esos ocho meses. Bajó las escaleras y saludó a su abuela, como hacía todos los días. El lobby estaba más iluminado que nunca, por fin las ventanas tan innecesarias que se encontraban en la parte alta de la pared servían de algo, pensó el chico. Se dirigió a la cocina y se sentó; sus padres ya estaban ahí.

-Pensé que sería el primero en levantarme- manifestó el chico.

-Hoy tenemos que ir al Callejón Diagon, mientras menos tiempo perdamos, mejor- aseveró el señor Dunne, tomando la taza de café que se encontraba frente suyo y bebiendo un poco. A Garret no le agradó mucho lo que dijo su padre.

-Y bueno, sería bueno pasar por Gringotts, si nos apuramos quizás no tengamos que esperar mucho. Leí que las colas últimamente están inmensas- propuso la señora Dunne.

-Esta bien, primero acabemos nuestro desayuno tranquilos. Son apenas las nueve de la mañana-dijo el hombre, mirando su reloj. Garret bebió la leche con cocoa que le habían puesto sus padres de un solo sorbo, tomó una tostada y se levantó:

-Iré a ducharme-dijo el chico-Buen provecho, no se apresuren- Inmediatamente el chico salió corriendo de la cocina.

-No estuvo acá más de cinco minutos y ya se fue- criticó la señora Dunne. Su marido simplemente se encogió de hombros.

Más tarde partieron de la casa, el 35 de West Hampstead. Caminaron unas cinco cuadras, sin decir una sola palabra.

-Ehm… ¿Papá?-preguntó Garret al darse cuenta de que su padre no tenía ninguna intención de tomar algún taxi o autobús.

-¿Si, Garret?-le dijo su padre.

-¿Cómo es que llegaremos allá? No hemos tomado ningún autobús y estoy seguro de que el Callejón Diagon está muy lejos…

-Iremos caminando. Vamos a llegar, no te preocupes- repuso su madre.

-Pero…-el chico fue interrumpido por la bruja.

-Un poco de aire fresco no te hará mal.

El viaje les tomó aproximadamente media hora. Garret ya se estaba cansando de caminar, hasta que llegaron a Charing Cross Road. El chico supo inmediatamente que ya habían llegado, porque a lo lejos se veía un letrero, en el que se podía leer: "El Caldero Chorreante".

Entraron al bar y sus padres saludaron a algunos magos y brujas. Todos vestían túnicas, cosa que extrañaba al chico, ya que sus padres no solían vestir así. Si no los hubiera conocido, habría dicho que ellos eran muggles. El sabía que la ubicación de su hogar era un factor importante, ya que sus padres trataban con muggles todos los días. El mismo tenía amigos muggles, que eran sus vecinos. Su casa tampoco parecía el hogar de una familia mágica. Era antigua, sí, pero no tenía ningún otro retrato a parte del de Ainuin Binan y el chico sabía que su abuela se mantenía callada cuando la situación lo ameritaba.

Se dirigieron a una pared de ladrillos, donde su padre golpeó algunos con la varita y esta se abrió, dejando descubierta una callejuela, donde decenas de magos y brujas caminaban mirando las vitrinas de las tiendas.

-Bueno, supongo que primero iremos a Gringotts ¿cierto?-preguntó el señor Dunne.

-Traje algo de dinero, supongo que alcanzará para comprar la varita, los libros y las túnicas-dijo su mujer -¿Qué te parece si mientras tu vas a Gringotts, Garret y yo nos adelantamos?-preguntó.

-Bien… Entonces… La fila es bastante larga, así que nos veremos en Ollivanders en una hora ¿Está bien?-respondió el padre de Garret. La señora Dunne asintió, se dieron un pequeño beso en los labios. El señor Dunne le dio un beso en la frente a su hijo, dio un respingo y se dirigió al impresionante edificio del banco.

-Está bien, cariño, allá está Flourish & Blotts, vamos- dijo la señora Dunne tendiéndole la mano a Garret, el la agarró. Entraron a la tienda y lo primero que Garret pudo notar fue que estaba atiborrada de libros. Estaba bastante llena, por lo que les costó encontrar los libros entre tanta gente. Al cabo de una media hora salieron de la tienda.

-Ahora vamos allá-dijo la señora Dunne tomando a Garret del brazo y llevándolo a la tienda contigua a Flourish & Blotts-Las túnicas las compraremos en Madame Malkin.

A diferencia de la anterior, esta tienda estaba vacía. Los recibió una joven bruja, de unos 20 años.

-¿Primer año?-preguntó la joven.

-Así e…-la señora no pudo terminar de hablar, ya que la bruja exclamó un: "Enseguida vuelvo". Luego de unos minutos, la joven volvió con un montón de túnicas.

-Ahora hemos empezado a usar medias estándar, claro que si le queda muy grande podemos hacerle unos cuantos ajustes-dijo la chica, sin apartar la vista de las túnicas-Se planchan y reparan solas- enseguida tomo túnica del montón y se la entregó a Garret-Esta debería entrarte, además la podrías usar por uno o dos años más, porque es un poquito mas larga. Pruébatela- Garret asintió y se puso la túnica. Esta le llegaba a los tobillos-¿Cómo te sientes? ¿Quieres que la corte con poco? ¿O así está bien?-preguntó la joven.

-Creo que estoy bien así-respondió el chico.

-Si, creo que nos llevaremos tres de estas-dijo la señora Dunne.

-Está bien-dijo la chica tomando otras dos túnicas-Son 10 Galeones.

-Toma-dijo la señora Dunne, entregándole el dinero a la joven bruja-Muchas Gracias, hasta luego.

-Vuelvan pronto-se despidió ella. Salieron de la tienda y caminaron un poco, hasta dar con Ollivanders. Garret miró la fachada por un momento, hasta que decidió entrar.

Ahí los recibió un señor muy mayor:

-Oh, señorita Binan, ¿Cuánto tiempo sin verla?-saludó el anciano-Su varita es… Ya recuerdo. Madera de Sauce, 28 centímetros, algo flexible, núcleo hecho de pelo de cola de unicornio.

-Buenos días, señor Ollivander-saludó la madre de Garret.

-Bueno, parece que trajiste a tu hijo, ¿Cómo te llamas, muchacho?-preguntó Ollivander.

-Soy Garret, señor, Garret Dunne-respondió el chico algo nervioso.

-¿Dunne?-murmuró Ollivander -¿Cinnia, querida, te casaste con Patrick Dunne?-preguntó. La señora Dunne asintió. El señor Ollivander se dirigió a Garret-Yo soy muy amigo de tu abuelo, Michael, ¿Cómo está él?-preguntó mirando a ambos.

-Está bastante bien, lo vi en mi cumpleaños-respondió el chico.

-Bueno, me alegro-dijo Ollivander dándole unas palmaditas en la espalda- Ahora, supongo que querrás comprar tu varita-le dijo a Garret- Últimamente me he visto forzado a buscar nuevos materiales para los núcleos de mis varitas, logré hacer varitas igual de poderosas, que las convencionales, pero mi inversión ha sido en vano, ya que ninguna varita de las nuevas ha querido pertenecer a algún mago que ha venido. Ahora, Garret, déjame hacer algunas medidas-dijo el señor-¿Eres zurdo o diestro?

-Zurdo.

-Está bien, extiende tu brazo-el chico le hizo caso y empezó a medir. Cuando terminó se dirigió al mostrador y sacó una caja-Fresno, 30 centímetros, núcleo de fibra de corazón de dragón, un galés verde, para ser exactos- Garret la tomó y la agitó, pero no pasó nada, el viejo se la quitó. Enseguida buscó en unas estanterías, volvió con otra caja-Esta vez me arriesgaré- sacó una hermosa varita color ébano- Es de Abedul, 28 centímetros, flexible… núcleo hecho de escamas de Kelpie… UN KELPIE-dijo el señor Ollivander emocionadísimo-Esta es la única varita con escamas de Kelpie que hice, iba a hacer más si se vendía, pero parece que de este animal salen varitas muy temperamentales. Tómala- y enseguida Garret la tomó y sintió un calor en sus dedos. La agitó y salió un montón de chispas verdes de la punta de la varita. El señor Ollivander saltó de júbilo y dijo:

-Excelente, ahora demostraste que estas varitas si se pueden vender. Como agradecimiento, les daré la varita a mitad de precio, o sea, a unos tres Galeones y medio.

-Muchas gracias, señor Ollivander-dijo la señora Dunne, entregándole los tres galeones, ocho Sickles y catorce Knuts.

-No hay de qué. Mándales saludos a tus abuelos, Garret-se despidió el señor Ollivander y se fue a la parte de atrás de la tienda. Cuando salieron, el señor Dunne estaba a punto de entrar.

-¿Listo? ¿Cómo les fue?-preguntó.

-¡Excelente! ¡Mi varita es rara!-exclamó Garret-Su núcleo está hecho de escamas de Kelpie.

-Los Kelpies son criaturas bastante malignas, diría yo- repuso la señora Dunne, acariciando a su hijo.

-Eso es muy interesante. Yo tuve la oportunidad de ver al Kelpie del Lago Ness, los muggles piensan que es un monstruo marino, cuando solo se transforma en uno porque su forma favorita es una serpiente de mar- sostuvo el señor Dunne-Bueno, vamos por el resto de los materiales.

Los Dunne pasaron el resto del día comprando las cosas. A Garret le gustó su ida al Callejón Diagon y estaba muy contento por haberlo hecho. Volvieron a su casa y Garret subió a su cuarto. Habían invitado a sus primos y abuelos a cenar, así que el chico se entretuvo contándoles de su día en el Callejón Diagon, y de su varita. Abby estaba impresionada y expresó muchas veces que se moría por ir a Hogwarts. Alfred y Howard le preguntaron a qué casa quería ir. Eso era algo de lo que nunca se había puesto a pensar. Por una parte, quería ir a Ravenclaw, porque sus padres fueron ahí, y Gryffindor le parecía una casa para gente valiente y aventurera, cosa que también llamaba la atención. Después estaba Hufflepuff, una casa que le parecía incomprendida, y que le parecía interesante, ya que era para gente justa y leal. Por último, pero no menos importante, estaba Slytherin. A Garret no le preocupaba estar en Slytherin, porque sus padres nunca dijeron cosas malas de esa casa, y que un lugar para gente ambiciosa y astuta no estaría mal. Garret no pudo dejar de pensar en eso, y estuvo hasta muy tarde conjeturando sobre qué casa era la indicada para él, hasta que quedó dormido.

El primero de septiembre, Garret se despertó, aunque hace 3 semanas habría dicho lo contrario, no podía esperar para ir a Hogwarts. Su varita, el Callejón Diagon y sus libros de texto, los cuales le habían parecido lo más interesante que había leído en toda su vida, le habían creado grandes expectativas. Se levantó muy tarde, por lo que no le dio tiempo de desayunar: "Ya comeré algo en el tren", se dijo. Se duchó, y bajó todas sus cosas al recibidor. Ahí lo estaban esperando sus padres. Su madre le entregó una bolsa, con lo que Garret supuso eran unos sándwiches y le dijo que los guarde. Tomó al chico del brazo, se oyó un "crack" y ambos desaparecieron. El señor Dunne hizo lo mismo, con las maletas y la jaula de Archie.

Aparecieron en King's Cross, en uno de los baños de la estación. Siguieron su camino y llegaron al muro que separaba los andenes 9 y 10. Los Dunne corrieron hacia la barrera y en un abrir y cerrar de ojos, se encontraban en un gran anden, donde montones de magos y brujas despedían a sus hijos. Garret pudo ver una gran locomotora escarlata. Estaban en el anden 9¾.

-Bueno, cariño, ya es hora, sube al tren-le dijo su madre. Garret vio a su madre. A pesar de tener una relación algo difícil con ella, no se imaginaba separado de ella durante un año. La vería a penas unas semanas, en la vacación de navidad. La abrazó con mucha fuerza y le dijo:

-Adiós mamá, te quiero mucho.

-Yo también te quiero, Garret. Te escribiré cada semana- dijo su madre. El chico se separó de ella y abrazó a su padre.

-Suerte, hijo-le dijo su padre. Garret tomó sus cosas y las subió al tren. Entró por una puerta y se despidió de sus padres con la mano. La locomotora empezó a andar y Garret buscó un compartimiento vacío. No encontró ninguno, pero encontró algo mucho mejor. Entró a uno de los compartimientos. Ahí se encontraban Frank e Eve.