Quería comunicar aquí que como dice en el título de la historia esto es una ADAPTACIÓN de el libro de Jess Dee por lo que nada en la historia me pertenece y lo hago solo por entretenimiento y es totalmente sin fines de lucro.
Los personajes del hermoso anime/manga de Naruto tampoco me pertenecen si no que a su creador Masashi Kishimoto.
Sin más disfruten de la historia.
Sinopsis:
Cuando un codiciado espacio a la venta se abre en Rose Bay, Sakura Haruno y sus hermanas no pierden el tiempo tomando el lugar perfecto para reubicar su creciente librería de niños. Pero cuando Sakura llega a firmar en la línea de puntos, descubre que alguien llegó primero.
Peor aún, el nuevo inquilino está sacudiendo las manos con un hombre que no es sin duda el anciano Madara Uchiha con quien ella hizo un acuerdo verbal hace tres días. Este es un hombre alto, corpulento, gigante y ninguna cantidad de justa indignación puede enmascarar la respuesta sexual de todos los huesos de su cuerpo.
Itachi nunca planeó hacerse cargo de la empresa familiar, es maestro, no un hombre de negocios. Pero con su abuelo en el hospital, ha tomado las riendas y condujo directamente al problema. Ahora se enfrenta a un grave error, y una hermosa mujer guerrera amazónica está exigiendo satisfacción.
Le encantaría dárselo, pero su idea de satisfacción no tiene nada que ver con los negocios, y todo que ver con conseguir a la diosa con curvas desnuda. Cuanto antes, mejor...
Un abrumador alivio fue el primer sentimiento que tuvo Itachi mientras caminaba dentro de la habitación de hospital de su abuelo.
La palidez del hombre había mejorado. Sus mejillas estaban rosadas, y estaba sentado en su cama, descansando contra tres o cuatro almohadas. Incluso el goteador conectado al brazo izquierdo de Madara no podía restarle alivio a su nieto. No era doctor, pero el cambio era obvio. El hombre estaba mejor.
Unos miles de kilogramos se alzaron de los hombros de Itachi. El ver a su abuelo así hizo más por él de lo que una taza o incluso una olla de té podría hacer.
No podía explicar cómo había pasado todo, o por qué, pero Sakura había aliviado sus preocupaciones.
Algo acerca de su presencia había tomado el horror de la noche pasada, de darse cuenta de que su abuelo podría morir. Su calma fusiló su conmoción.
Y su beso había jodido su mente, pero eso era completamente otra historia.
Al segundo en que ella dejó la tienda, no obstante, él saltó a su auto y se dirigió directo al hospital, necesitando ver a Madara.
Ahora, mientras seguía plantado admirando el color de su abuelo, no podía dejar de pensar que tal vez no pasaría demasiado tiempo antes de tomar el barco de nuevo.
Su abuelo lo saludó con una sonrisa, e Itachi lo abrazó, besándolo en la mejilla, consciente de la textura como de papel de su piel. Aunque el viejo hombre estuviera mejor, seguiría siendo viejo y más frágil de lo que Itachi pensaba. Itachi como que había asumido que él viviría para siempre. Realmente estúpido, pero cuando un chico idolatra a alguien de la manera que él lo hizo siempre con Madara, piensa que la muerte y la mortalidad nunca llegarán.
—Justo se acaba de ir tu padre. Lo perdiste por unos pocos minutos.
—Está bien. No lo vine a ver a él. Vine por ti. ¿Cómo te estás sintiendo?
Madara miró su pecho mientras lo evaluaba.
—No creo que vaya a correr una maratón en un futuro cercano, pero de otra manera bien. —Su voz era suave y escasa.
—Te compré algunas revistas para que leas. —Apoyó la pila en el gabinete del hospital junto a la cama.
Su abuelo lo miró decepcionado.
—¿No comida?
—No tengo idea de lo que tienes permitido, o siquiera si tienes permiso comer, así que no. No comida.
Madara se enojó.
—Podría comer un Big Mac y unas papas fritas.
Itachi resopló.
—Abuelo, acabas de tener un ataque al corazón por arterias tapadas. Tus días de hamburguesas terminaron.
—Mientras puedas mátame ahora si no puedo tener otro Big Mac — Se quejó el viejo hombre—. Estoy sosteniendo las papas fritas también.
—Te diré que. Consigue atravesar bien la cirugía, y te invitaré a comer un Big Mac y luego un McFlurry. —Cualquiera que tuviera ansias de comer en el McDonald's tendría que sentirse mejor.
—Tienes un trato, mi chico. Ahora, cuéntame que está sucediendo en mis oficinas.
Itachi frunció el ceño.
—Así de mal, ¿huh?
—Peor.
—Itachi, vamos, eres un profesor. Guías a adolescentes todos los días de tu vida. ¿Qué tan difícil puede ser para un hombre mantener una propiedad de gestión empresarial? Comparado con la escuela, ¡es una fiesta!
—Yo tengo chicos, abuelo. Los entiendo. Me gustan. —Todos ellos, incluso los consentidos, los problemáticos, los nerds y los deportistas arrogantes. A él no solo les gustan, los ama. Ama su trabajo. Llegar a casa a final de cada día con un sentimiento de logro, el conocimiento de que encontró el propósito de su vida.
Desafortunadamente, estaba consiguiendo que el viento lo golpeara fuera de navegación. Porque, ¿cómo podía uno disfrutar su único propósito en la vida cuando el salario no lo deja siquiera poseer una casa? ¿O un nuevo auto, tal vez con tapizado de cuero?
Que Dios lo ayudara si alguna vez sentaba cabeza y empezaba una familia. Los gastos serían económicamente devastadores.
Trabajando con su abuelo, sin embargo, y ganando dinero decente podría abrir para su vida mejores posibilidades. ¿Y qué mejor oportunidad para unirse a su abuelo que ahora mismo? Pero aún con esta oportunidad, el vacilaría, odiando el pensamiento de dejar el trabajo que lo hizo feliz.
—¿Tus negocios? Lo juro, no puedo entenderlo. Tomaré clases de Historia e Inglés acerca de negocios algún día. Sasuke está mejor preparado para manejar tus negocios mientras estas fuera.
—Sasuke está en Perth. No puede manejar mis negocios.
Itachi deseó que su hermano no estuviera lejos. Sasuke habría entendido como de preocupado había estado Itachi acerca de Madara, y aunque ellos habían hablado la noche anterior, más de una vez, un teléfono solamente no era un adecuado medio de comunicación para un momento como este. Sasuke podría incluso ser capaz de manejar la empresa efectivamente. Había estudiado administración empresarial.
—Estoy tapado, abuelo.
—¿Qué has hecho?
—Alquilé una propiedad en New South Head Road.
—¿Cómo es eso un error? Te pedí que lo alquilaras. Tengo un buen presentimiento acerca de esas chicas Haruno. Pienso que serían buenas inquilinas. ¿Quién firmo el alquiler? ¿Sakura o Rin?
Itachi se avergonzó.
—Ninguna.
—¿Ninguna?
—Asuma Sarutobi lo hizo
Madara le sostuvo la mirada.
—¿Sarutobi?
Itachi asintió.
—¿Ahora por qué en la tierra Sarutobi firmaría ese local? Nunca se lo mostré.
—Si, um, yo lo hice. Esta mañana.
—¿Por qué? —El viejo hombre lo miró perplejo.
—Porque me dijiste que rentara el local hoy. Creo que tus palabras fueron: "Obtén la firma de alquiler, mi chico. Esa propiedad debe ser rentada mañana".
—Sí, ¿entonces?
—Así que tú nunca mencionaste quién debería firmar el alquiler. No tenía ni idea de a quién tenías en mente. Cuando busqué en tu escritorio, el único nombre que encontré fue el de Asuma Sarutobi. Su número estaba ahí, junto a una nota escrita a mano que decía "Mostrarle el local ASAP, con una vista del arrendamiento".
—Sí. Eso era para la propiedad en Surry Hills, no en Rose Bay.
—No tenía idea.
—¿Viste mi diario?
—No pude encontrarlo.
—En mi computadora. O mi teléfono.
Maldición. No había pensado en buscar ahí. No se había imaginado que su abuelo era tecnológicamente perspicaz.
—¿Me haces un favor?
Itachi asintió.
—Cualquier cosa.
—La próxima vez que pases, tráeme mi iPad. Iría a través de todo contigo.
—¿Tienes un iPad?
—Por supuesto que tengo un iPad. Está en el tercer cajón de mi escritorio. ¿Cómo puede trabajar alguien sin uno hoy en día?
Itachi ocultó una sonrisa. El no conocía a otra persona cerca de la edad de los sesenta con un iPad. Madara era notablemente un hombre de verdad.
—Así que, ¿qué debería hacer sobre el local ahora? ¿Qué le digo a la señorita Haruno?
—¿Señorita Haruno?
—Sakura. —Con solo decir su nombre envía un agudo deseo a través de su estómago por tener otra probada de su dulce boca. No, las cosas no estaban definitivamente a través de ellos. No por una larga dosis—. Pasó por el local mientras estaba allí con Asuma.
—Para firmar el alquiler.
—Aparentemente.
—Ah, pequeño Itachi, arruinaste esa.
—Sí, lo sé. Pero gracias por reafirmarlo. ¿Cómo puedo arreglarlo?
Madara sacudió su cabeza.
—¿Sarutobi firmó?
—Lo hizo.
—Entonces estás en problemas. Es un buen cliente, uno firme. No va a renunciar al local ahora.
Eso verdaderamente reflejó lo que Asuma le contó por teléfono en el camino hacia el hospital.
—Le puedo mostrar a la señorita Haruno alguna otra de tus propiedades.
—¿Cuál?
—No tengo idea. ¿Cuál me recomiendas?
—La tienda de New South Head es la única que tengo en Rose Bay. La propiedad más próxima es un sector de oficinas en Bondi Junction.
Itachi pellizcó el puente de su nariz con sus dedos y juró bajo su aliento. Esto no estaba yendo en la manera que había esperado. Sarutobi había rechazado romper el contrato. Tal vez no tenía conocimiento del local en primer lugar, pero una vez que lo había visto, se había negado a dejarlo.
La señorita Haruno va a estar fuera de quicio.
Mientras Itachi se arrepentía de enroscarse alrededor de ella, no importa lo que él había hecho involuntariamente, tenía una especie de ganas de verla fuera de quicio. La sorprendente guerrera amazónica podría tener unas pocas variedades de amenazas para lanzarle. E Itachi tenía ganas de oír cada una y todas de ellas.
—¿Estás bromeando? —Sakura se quedó mirando al hombre delante de ella, boquiabierta—. ¿Quieres que haga qué? —Esperó que Dios no pudiera ver ningún signo de su errático corazón, que golpeaba en su pecho mientras luchaba para mantener su cordura y sus hormonas.
—Ven a dar una vuelta en auto conmigo. Te prometo que no te arrepentirás.
Ella tomó una profunda respiración, se irguió en toda su estatura y habló pacientemente.
—Señor Uchiha, estoy aquí para arreglar el alquiler del local en New South Head Road. No estoy interesada en callejear alrededor de Sydney con usted.
Era raro que su voz saliera tan paciente, porque sus pulmones no estaban trabajando bien y sus manos habían empezado a sudar. Revivir el beso de Itachi una y otra vez no la había preparado para la realidad de pararse en frente de M.G. de nuevo. Su presencia física le golpeaba como un golpe en el plexo solar, haciendo el respirar casi imposible.
Incluso él estaba más llamativo de lo que recordaba. Alto, sólido y tan hasta arriba de músculos que no dudaba de que pudiera fácilmente mover una casa.
Sus locas hormonas femeninas estaban haciendo una loca danza feliz a la vista de él, y su estómago cayó locamente arriba y abajo. Por mucho que tratara de convencerse a ella misma era solo un caso de preocupación y ansiedad por que probablemente él no había puesto en orden los detalles con el otro inquilino, no podía creérselo totalmente.
Su reacción física hacia él no tenía nada que ver con el local y todo con el hombre. Incluso su coño se contrajo, recordándole como de cerca había llegado al orgasmo encima de él ayer.
—Mira, jodí las cosas ayer, firmando el alquiler por una propiedad que en realidad te había sido prometida, y me disculpo por eso. ¿Qué tal si empezamos de nuevo, Señorita Haruno? Desde el principio. Vamos a hacerlo bien esta vez.
Ella no necesitaba empezar de nuevo. Solo necesitaba saber si él había hecho las cosas bien con el alquiler.
El sacó su mano.
—Hola. Soy Itachi Uchiha, nieto de Madara Uchiha. Mientras él esté en el hospital yo estaré cuidando de sus negocios. ¿Y tú eres?
¿En serio? ¿Está realmente haciendo esto? Parados fuera de las Propiedades de Oficinas de Administración Uchiha, donde el señor Uchiha la había dirigido antes de que ella incluso pudiera entrar en el edificio.
Ella levantó una ceja.
Vamos —la persuadió—. Sígueme la corriente. La cagué. Solo quiero hacer las cosas bien. De cualquier manera que se pueda.
Mientras que eso significara que él le estaba dando la tienda, Sakura estaba dispuesta a seguir adelante con cualquier cosa.
—Es bueno conocerte. Soy Sakura Haruno. Y tenía una cita con tu abuelo ayer, pero él no pudo concertarla —titubeó, desviándose—. ¿Cómo está tu abuelo?
El asintió.
—Está mucho mejor ahora. Una persona diferente de quien fue trasladado urgentemente a emergencias. —Su sonrisa era enorme, y ella sintió un inmenso alivio en su respuesta.
—Estoy agradecida de escuchar eso. Y espero que continúe recuperándose. Por favor pásele mis saludos a él, señor Uchiha.
—Itachi.
—¿Itachi?
—Llámame Itachi. Soy el Señor Uchiha durante diez meses al año. Por ahora, realmente me gustaría mucho sentir la libertad de ser Itachi.
Críptica respuesta. Sakura seguía dudando, insegura de sentirse cómoda llamándolo por su nombre de pila. Al menos, si ella lo llama "señor" podría mantener algún tipo de distancia emocional.
—Siempre puedes llamarme Pequeño Itachi, como lo hace mi abuelo.
Sakura, reprimió un resoplido.
—¿Pequeño?
Sus ojos parpadearon.
—Oye, era joven cuando él me dio ese apodo.
—Creo que me quedo con Itachi. —No hay forma de que ella pudiera llamarlo "señor" después de eso—. Por favor, llámame Sakura.
—Sakura será. Por cierto, lindo nombre. Te queda.
Ella reconsideró responderle… por dos segundos completos. Itachi era demasiado atractivo para sus sentidos. Si le responde a sus comentarios personales, nunca tendría ningún trabajo hecho.
Estaba demasiado enfocada en el hombre y no en el trato al alcance de la mano. Y conocerlo, tropezar y caer completamente sobre él de nuevo, aunque esta vez fuera totalmente deliberado. Y si se caía sobre él deliberadamente y rompía su pierna o su brazo en consecuencia, nunca conseguiría que lo olvidase.
—Así que, Itachi. ¿En vez de viajar en tu coche, por qué no nos dirigimos a su oficina y pensamos en firmar el contrato de alquiler?
—No, un viaje en mi coche es una mejor idea. Y mucho más productiva. Lo juro.
—¿Está el contrato en tu coche?
Itachi asintió
—Hay un contrato en mi coche. Y en cuanto lleguemos a nuestro destino, te lo daré.
—Tu oficina.
Lo cortó.
—No puede ser. La oficina está siendo fumigada. No podemos entrar allí.
¿Uh, por qué no le creía?
—Bien, entonces vamos a la cafetería al otro lado del camino. Eso será del todo correcto.
Sacudió su cabeza.
—Otra vez, tengo que rechazar la idea. Mira, hoy tengo que visitar una propiedad que está allí, en Mosman, y pensé que podría matar dos pájaros de un tiro. Podría ver el lugar mientras tú y yo hablamos de la tienda de New South Head.
Sakura no tenía ni idea de lo que la hizo estar de acuerdo, probablemente desear pasar más tiempo con Itachi, pero finalmente asintió y le permitió colocar su mano sobre el codo y dirigirla al coche.
La mano sobre su codo no estaba lo suficientemente cerca. Quería su mano sobre ella.
Dios bueno, no, no lo hacía. No quería su mano en ninguna parte cerca de ella. Independientemente de lo rápido que su corazón latiera o la humedad de sus palmas o los recurrentes retrocesos al beso que habían compartido, no quería ni siquiera pensar en Itachi Uchiha de ese modo.
Lo que pasó entre ellos había sido… anormal. Sí. La descripción perfecta. Se había caído sobre él, o había sido empujada, todavía no estaba segura… y él, apenado y debido al shock había respondido instintivamente, extendiendo la mano a la persona más cercana en la que podía encontrar consuelo. Debe haber sido todo lo que había estado buscando. Consuelo durante un momento difícil. Todo el mundo necesita consuelo cuando una persona amada está enferma. Todo el mundo necesitaba una forma de sobrellevar la pena por alguien. Los besos de ella eran solamente eso. Nada más. Y si realmente le hizo algo más, sólo estropearía un ya confuso negocio inmobiliario.
Una vez que se aseguró de que estaba sentada cómodamente en su Ford Territory, salió en dirección al Túnel de Harbour con la radio del coche sonando un suave rock de fondo.
—Gracias por venir conmigo. Estoy emocionado por ver esta tienda. El alquiler justo surgió de una renovación, y las arrendatarias actuales no están interesadas en re-suscribirse. Como está en el corazón de Mosman, sobre Military Road, que es una dirección solicitada. Va a haber mucho interés generado en cuanto pongamos el anuncio. —Sakura no estaba interesada en la tienda Mosman, pero le costaba ser grosera. Además, si le daba charla y llegaba a conocer a Itachi un poco mejor, las negociaciones del alquiler podrían ser más dóciles.
—¿Quién lo alquila ahora?
—Dos mujeres que venden chaquetas hechas a mano. Muy costosas, muy exclusivas.
—¿Buena ropa?
Se encogió.
—Nunca lo he visto. Como dije, esto es un negocio de Madara.
Solamente lo miro mientras se recupera.
—¿Qué haces cuándo tu abuelo está lo bastante bien como para cuidar de su propio negocio? —Estaría dispuesta apostar que la respuesta sería algo relacionado con los deportes. Un jugador de Rugby profesional, o algo similar.
—Soy profesor.
—¿Eres… —Trató de atenuar su sorpresa—, entrenador deportivo tal
vez?
—Sip. Enseño Inglés e Historia en un instituto.
Se quedó con la boca abierta hacia él.
—Te tenía etiquetado como deportista profesional.
—Nah, yo no. Juego al rugby con mis compañeros durante el fin de semana y entreno un equipo de Uni los martes por la tarde, pero mis chicos son mi verdadera pasión. —Su rostro se encendió con genuino afecto—. Me dan qué pensar a veces, pero valen el esfuerzo que pongo en ellos. Y ellos parecen un poco como yo también, así que es una situación de ganador a ganador.
Sakura sumo dos y dos.
—¿Estás de vacaciones en la escuela ahora, así que tienes tiempo
libre?
—Un poco. Lo suficiente para que le pueda echar una pequeña mano sin daños mayores durante un par de semanas. Nadie más podía. Mis padres no podían conseguir tiempo libre de su práctica legal, y mi hermano está en Perth. Me gustaría hacer todo el trabajo mientras se recupera. Visitar las propiedades, clasificar los anuncios de alquiler, dejarle solo las partes fáciles que él puede hacer desde casa, o al menos sin dejar la oficina.
Sakura se puso blanda por dentro. Itachi seguro sabía cuidar a su abuelo. Cuidar de su negocio mientras el anciano estaba en el hospital, haciendo toda la parte física que Madara no podía. Esa clase de preocupación atraía a una mujer a lo grande. Bien, bien, esto la atraía a ella a lo grande.
—¿Cuándo sale del hospital? —A juzgar por el shock de Itachi antes, su abuelo era un hombre muy enfermo.
—Creo que dentro de una semana. Pero después volverá en dos meses para operarse.
—¿Tiene que operarse?
Asintió.
—Un triple bypass.
—Mierda —refunfuñó—. Eso es algo enorme de enfrentar.
—Sobre todo para alguien de ochenta y dos años. El doctor dijo que pasaran aproximadamente seis semanas antes de que esté de regreso a la normalidad.
Sakura frunció el ceño.
—Lo siento, Itachi. No puede ser fácil para nadie. Un hombre de su edad va a encontrarlo aún más difícil.
—Lo sé. Trato de no preocuparme, pero es difícil. Somos cercanos, mi abuelo y yo. Odio la idea de él estando enfermo.
Por mucho que quisiera tranquilizarle, no podía. Realmente no tenía ni idea si su abuelo estaría bien o no. Si fuera alguien más, le daría un apretón de apoyo en la mano y se ofrecería a ayudar de cualquier modo que pudiera. Pero con Itachi, ambos gestos serían inadecuados. Se conformó con una frase hecha, la única cosa que podía.
—Es una situación de mierda. Para ti y tu abuelo.
—Lo es. —Él estuvo de acuerdo—. Lo es. —Se quedó callado.
Sakura no lo empujó más. Se sentó silenciosamente mientras él se perdía en sus pensamientos. Pero sentarse en el silencio la hizo demasiado consciente de donde estaba sentada, al lado de él, en su coche.
Itachi ocupaba mucho sitio. Su SUV, no un coche pequeño para los estándares de nadie parecía haberse encogido a la mitad de su tamaño cuando entró. Su asiento lo había hecho retroceder tanto como pudo, para darle espacio para estirar sus piernas a los pedales. Siempre que frenaba o aceleraba, lo que sí, era todo el tiempo, Sakura tenía que forzarse para no mirar cómo se doblaba los músculos de sus muslos. O en sus dedos largos, delgados, manejando el volante.
Aunque fingiera que no estaba afectada por su proximidad, era difícil negar su presencia. Era duro negar aquel olor selvático, su sexy esencia. Era duro olvidar que solamente hace un día la había besado insensatamente en la tienda vacía.
—No lo he olvidado, ya sabes —dijo él suavemente.
—¿Olvidado, el qué?
—El beso. Ayer. —Tocó con un dedo su labio, como si recordara lo que había hecho con aquel labio el día antes.
Mierda santa. ¿Había leído su mente? Cerró la boca y rechazó contestarle. No iría allí. No daría ni un paso en aquel campo de minas.
—Solamente porque no hemos hablado de ello no significa que no sucedió. Nos besamos, en el suelo de la tienda de Rose Bay, y que me condenen si no estuvo cerca de hacerme perder el juicio.
Tienda. Se enganchó a la palabra.
—¿Hablando de la tienda, vamos a volver allí después de esto?
—No es necesario. Podemos firmar el contrato en cualquier parte.
—Estás cambiando de tema.
—No. Enfoco la misma cuestión por la que estoy en el coche contigo ahora. ¿Hablaste con el hombre que firmó el alquiler ayer? ¿Le dijiste que había habido un error?
—Eres una cobarde, Sakura Haruno.
—Soy la mujer que tiene la intención de adquirir la propiedad que le prometieron. ¿Hablaste con él?
Rió con la misma risa desconcertada con la que se había reído ayer.
—Realmente hablamos. Hablé con Madara también, que corroboró tu historia sobre venir a la tienda para firmar el contrato —Antes de que Sakura pudiera decir algo, preguntó—: ¿Te importa si pregunto qué estás planeando para la tienda?
Ahora mira quien cambió de tema. Itachi aún no le había dicho lo que el otro arrendatario había dicho.
—No todo. Poseo una parte de una tienda especializada en niños. Vendemos libros de niños, juguetes y ropa.
—¿Yo? ¿O nosotros?
—Nosotras. Mis dos hermanas y yo. Tenemos una tienda en Clovelly, llamada Li'l Bits and Books, y ahora estamos viendo cómo ampliar. La tienda está demasiado concurrida. El negocio ha crecido ya que añadimos ropa y juguetes a nuestro inventario. Necesitamos más espacio y más variedad de clientes para las ventas.
—¿Desde entonces agregasteis ropa y juguetes? —Sakura asintió.
—Comenzamos como librería para niños, pero con la explosión de eBooks y el derrumbamiento de las cadenas de librerías más grandes, abasteciendo sólo libros impresos solamente no manteníamos el negocio. Teníamos que ampliar nuestros productos o cerrar las puertas. Decidimos ampliar.
—¿Satisfactoriamente, supongo?
—Más satisfactoriamente de lo que cualquiera de nosotras habíamos esperado.
Sakura, Rin y Karin fueron sorprendidas por la cantidad de ventas de la tienda.
—¿Tanto que ahora abriste una segunda sucursal, también en los suburbios del este?
Sakura se encogió.
—La mayor parte de nuestros clientes son de Vaucluse, Rose Bay, Double Bay y Bellevue Hill. Esto hace que tenga sentido abrir más cerca de ellos.
—¿Incluso si ellos están dispuestos a viajar a Clovelly?
Asintió.
—Aun así.
Itachi condujo por el túnel.
—¿No tendría más sentido abrir más lejos? Un paseo de unos quince o veinte minutos no va a disuadir a los clientes de ir a la tienda si realmente quieren algo vuestro. Pero media hora o más podría.
—Nuestros productos son costosos. Apuntamos al mercado que mejor podría permitírselo. Una tienda en New South Head Road es la ubicación perfecta.
Itachi ladeó su cabeza.
—En cuanto a una tienda un poco más lejos hacia fuera. Digamos, por ejemplo… al otro lado del puente en Mosman. Tendrías una clientela similar, y conducir hacia allí desde Clovelly es solamente un poco más lejos para el comprador habitual.
Sakura casi se rió.
—Nuestra tienda va bien. Pero no estamos en el lugar donde podemos permitirnos alquileres en un área como Mosman. El coste cortaría demasiado profundamente nuestras ganancias. Y ahora, que pasó cuando hablaste con…
Itachi de repente se inclinó adelante.
—Maldición, me gusta esta canción. —Levantó el volumen de la radio del coche, haciendo difícil la conversación, luego continuó cantando Coldplay a todo pulmón.
Caray, lo había hecho otra vez. Cambió de conversación cuando trató de preguntar sobre el alquiler. Y qué modo de cambiar de conversación esta vez.
Sakura no podía dejar de resoplar sin gracia cuando la voz de Itachi llenó el coche. El M.G. podía estar constituido, maravillosa y sumamente follable, pero no era ningún cantante. Su bemol, el canto desentonado estaba tan desafinado que Sakura apenas podía reconocer la canción.
Se puso una mano sobre la boca para prevenir respuestas aún más inadecuadas, pero no podía menos que reírse disimuladamente mientras el golpeaba el coro, fuera de melodía y de ritmo.
Itachi dejó de cantar y la miró.
—¿Te estás riendo de mí?
Sakura no se atrevió a contestar, tampoco se atrevió a alejar la mano de su boca. En cambio, sacudió su cabeza y miró fijamente al frente, rechazando hacer contacto visual.
No podía arriesgarse a dejar que la risa que le burbujeaba dentro saliera.
—Lo estás —la acusó—. Estás riéndote de mí.
Otro resoplido desgraciado estalló de su nariz cuando ella sacudió su cabeza otra vez.
Él bajó el volumen mientras escogía su camino a lo largo de Military
Road.
—¿Francamente? ¿Así es cómo respondes a todos los agentes de la propiedad cuando tratas de arrendar un local? ¿Te ríes de ellos?
—Sólo si estos cantan a todo volumen mientras tienen arrendatarios potenciales en el coche.
—No hay nada malo en mi voz, te lo haré saber.
Sakura asintió remilgadamente.
—¿Así que, ¿qué hiciste con el dinero?
Su frente se arrugó.
—¿Qué dinero?
—El dinero que tu madre te dio para lecciones de canto.
Estaba boquiabierto.
—Simplemente no quieres seguir adelante.
Ella se reía a carcajadas. No podía contenerlas más.
—Al parecer lo hago.
—Mis estudiantes solían preguntárselo los unos a los otros —Rodó sus ojos—, cuando estaban en la escuela primaria.
—Apuesto a que tus estudiantes cantan mejor que tú.
—Cantan así como yo lo hago, ya que soy su profesor de música también.
Sakura se sorprendió.
—No lo eres.
—Ah, que agradable. ¿No sólo te burlas de mi voz, ahora dudas de mi capacidad para enseñar también?
—Dime que no enseñas música a los niños.
Sus labios se crisparon.
—No enseño música a los niños. Pero como castigo por tu ostensible incredulidad a mi capacidad vocal, cantaré el resto del camino a la tienda.
Y con esto, subió la radio de nuevo cantando en voz alta su propia inspirada interpretación de Paradise.
Para el momento en el que maniobró para meter el coche en el espacio de aparcamiento, Sakura había dejado toda pretensión de contener su alegría y se reía a carcajadas en el asiento del pasajero.
Itachi apagó el coche, se quitó el cinturón de seguridad, se giró a ella todavía cantando la melodía, y antes de que tuviera la posibilidad de poner una expresión seria sobre su rostro, bajó en picada y aplastó sus labios con los suyos.
