Capítulo 3: El primer día.

Todavía era muy temprano, la escuela a la cual asistirían estaba apenas abriendo dejando que los alumnos pasaran con bastante tranquilidad pues sabían que no había que tener mucha prisa. Izuna miro a su hermano con una expresión nerviosa. Ahora que lo pensaba si le podía dejar dormir un rato más no habría problema con eso. Vio como casi se caía de dormido cabeceando un poco, le movió un poco de su hombro para que reaccionara. Funciono.

-¿Qué pasa, Izuna?- pregunto en un susurro como cuando a veces le contaba secretos.

Le jalo de nuevo señalando a la escuela. Cuanto quería expresar lo emocionado que estaba con estar en ese lugar y también cuanto lamentaba haberlo despertado tan temprano. Pero no podía por lo que su mayor apuesta era solo llevarlo.

-Vale, vale vamos- sonrió un poco dejándose llevar por su hermano menor.

Entraron al colegio. Debía de resaltar que esa escuela era inmensamente grande. Ocupaba un gran terreno, poseía además que una gran cantidad de salones- con su centro de computación, y laboratorios realmente competentes- un auditorio de dos plantas, un gimnasio también de dos pisos con varias instalaciones para gimnasia entre otras disciplinas. Cuenta con un campo de futbol profesional, con pista de atletismo, cancha de fútbol rápido, tres canchas de voleibol, tres mesas de pin pong, todo con iluminación para actividades nocturnas. Y para terminar una biblioteca de tres plantas igual de moderna y bien equipada que las otras instalaciones.

Se dirigieron al bloque A donde al parecer todos prestaban más atención al parecer. Había un gran tablero y en estos pegados con tachuelas varias hojas que indicaban las clases, los horarios y las ubicaciones de estas. Los dos se acercaron, lo bueno es que no había muchas personas y eso les dejaba una gran visibilidad.

-¿Te acuerdas de que clase te tocan, Izuna?- pregunto Madara mirando a un lado a otro el tablero. Sabía muy bien lo inteligente que podía ser su hermano, solo se estaba memorizando las materias que estaban por ahí. Asintió apenas sacando una pequeña libreta y un bolígrafo para apuntar que materias le tocaban. Le gustaría tener su memoria, pensó mirando aquel tablero.

Pasaron diez minutos para que anotara todo. Economía, historia universal, química, literatura, física y anotomía eran para ese día. Menudas materias para empezar el año. Se giró a su hermano que al parecer solo le esperaba un poco incómodo al ver como la multitud de la gente se iba juntando cada vez más. Le sonrió un poco dando a entender que ya estaba listo y el gesto fue correspondido.

-Vamos hermano yo te llevo a tu clase- dijo con una sonrisa tranquila el mayor haciendo que inflara las mejillas frunciendo ligeramente el ceño. Él podía ir, ya no era un niño que debía tener sus atenciones todo el tiempo, pero por otro lado no podía ser tan obstinado ¿verdad?- ya no me hagas esas caras y vamos- sintió como le acariciaba la cabeza lo cual lo desconcentro un poco ¿Por qué siempre le trataba como un niño? Suspiro asintiendo de nuevo.

Le enseño su libreta con las notas que había escrito ahí. Por suerte sus clases se encontraban en el mismo "bloque C" de salones por lo que pasarse de clase en clase era bastante reconfórtate. Este bloque se encontraba en el sur de la escuela, cerca de la biblioteca y del bloque E el cual le explico Madara le tocaba ahí. Al parecer estarían cerca.

Subieron al primer piso del edificio. El salón era el 203. Era el tercero después de subir de las escaleras a la derecha. No fue tan difícil a comparación de una escuela muy grande. Miro su futuro salón no había más de quince personas, que estaban en pequeños grupos de tres o cuatro personas. Estaba muy tranquilo y agradecía mucho ese detalle.

-¿Estarás bien?- escucho decir Madara eso a lo que asintió otra vez. Cuanto agradecía solo hacer esos pequeños gestos para comunicarse; eran sencillos y todos captaban a la perfección. Una manera demasiado calmada para no limitar su ya limitada comunicación con los demás- vendré a verte en el descanso nos vemos- se despidió. El solo se limitó hacerle una despedida moviendo su mano.

Ahora estaba solo. Genial. Entro al salón donde no nadie noto que entraba. Sonrió un poco, eso era un buen inicio: que nadie le note. Se fue a uno de los asientos de atrás, un lugar cómodo y reconfortante para los aislados por naturaleza como él. Se sentó en un pupitre frio, de madera pintando de color rojo. Puso su mochila en el suelo y espero a que empezaran las clases. Esperaba que le fuera bien. Y también a su hermano. Suspiro un poco mirando el techo. Esperaba que ese año no se metiera en problemas. Confiaba en eso.

Madara caminaba tranquilo por los pasillo mirando como las personas pasaban a pasos de pasaban de un frenesí innecesario a una lentitud descarada. Él podía tornarse como el segundo ejemplo. Caminaba a un paso lento, un andar de un una persona que se encontraba en paz y quería admirar cada detalle de la magnífica obra de dios junto con el hombre había creado. O también se debía de alguien que se había dormido cerca de las tres madrugada el día anterior y la fatiga, cansancio o como sea que se le quisiera llamar estaba haciendo estragos en su cuerpo como criaturas sacadas de un filme barato de terror que en cierto sentido había sido causado su insomnio retardado.

Como sea, eso ahora no importaba mucho. Lo hecho, hecho esta. Ahora solo entraría a la clase que le tocaba, haría que prestaba atención, se echaría una pequeña siesta- era el primer día de clases, podía hacerlo pues no había mucho que perder ¿verdad? Y luego estar con su hermano en los espacios cortos de tiempo que se podían presentar.

Fue poco lo que duro su monologo cuando sintió el duro impacto contra el pavimento eliminando el sueño de una manera más efectiva y rápida que una buena taza de café negro caliente. Se quedó unos segundos en el suelo, no le dolía mucho en si la caída pues no era de gravedad y al parecer ninguno de sus huesos había sufrido una ruptura importante. Lo que hacía estar así era simplemente la sorpresa que no llegaba a comprender ¿Por qué se había caído? Él no era esa clase de personas despistadas y estúpidas que se tropezaban con su propio pie o con una persona que tuvo la desgracia de chocar con él.

-Oye ¿estás bien?- escucho una voz desconocida lo cual alzo la vista encontrándose con una mano. Le estaban ofreciendo ayuda ¿Qué se creía?

-Claro que me encuentro bien- contesto levantándose por sus propios medios.

Era un chico de su edad, eso era seguro. Solo que era más alto que no- no tanto, pero era algo- más moreno con un aspecto más estúpido que él de eso se encontraba aún más seguro. Arqueo una ceja al ver que no se iba ¿Por qué no lo hacía?

-Disculpa- rio el extraño tonto - ¿Tu eres Madara Uchiha, verdad?- pregunto lo que hizo que su intriga se volviera más grande.

-Si ¿Por qué?- pregunto con un toque de paranoia en su voz. No es que fuera unas personas con delirios de persecución que creía en cosas extrañas, pero tampoco confiaba a la primera. Al escuchar de nuevo aquella molesta risa juraba que le rompería la boca. Le estaba fastidiando.

-Eres el nuevo- murmuro como una reflexión interna- mucho gusto, mi nombre es Hashirama Senju, soy el presidente del curso- se presentó para tomarlo de la mano en un saludo formal y forzado que aparto enseguida- No eres muy social ¿verdad?

-No, solo no hablo con gente molesta- espeto sin cuidado alguno.

-¿Qué?- pregunto en un exagerado ademan dramático- no, yo tengo la culpa, creo que has de pensar que soy una clase de psicópata peligroso.

-Yo no estaba hablando de eso- dijo sintiendo una sensación de culpa o vergüenza ajena- como sea, no tengo tiempo, tengo que entrar a clase.

-Pues vamos juntos- propuso con un tono alegre, como al principio volviéndolo a tomar de la mano para empezar a caminar sin importar los reclamos del otro.

Solo duro un poco sus quejas de que le soltara. Sabía que no lo haría y por ende no valían la pena. Vio al dichoso Hashirama aburrido ¿Eso tendría que aguantar? Suspiro hondo, tendría que tener mucha paciencia. Se veía que ese día sería muy largo.

Continuara.