Insatisfacción

Siempre le había fascinado el cuarto de su bisabuela. Ocupaba toda la planta alta de la casa, pero parecía mucho más pequeño de lo que en realidad era. La culpa era de los muebles y baúles antiguos, pesados, exquisitamente decorados y con herrajes de metal. Las estanterías del fondo eran tan altas que las hileras de frascos de cristal se perdían de vista.

Las ventanas permanecían siempre cerradas, Shampoo imaginaba que para proteger de los rayos solares los ingredientes para las pociones, pero el ambiente era fresco y el olor a bosque después de la lluvia lo llenaba todo.

Shampoo anhelaba el día en el que su bisabuela le traspasara toda su sabiduría. Sabía que aún era joven y que tenía que demostrar que era digna de ello, pero cada vez que entraba a la habitación sentía que la magia la llamaba. Era una sensación extraña, como si el frío se colara por sus venas y la recorriera entera hasta llegar a las manos.

Su bisabuela seguía en silencio, dando largas caladas a su pipa, al parecer reflexionando acerca de lo que, una muy alterada Shampoo le había contado. El libro de Nabiki permanecía abierto sobre la mesa, aunque Cologne no le había presado demasiada atención.

Shampoo empezaba a sentirse adormecida, cuando un ruido detrás de la puerta la sobresaltó. "Estúpido Mousse" pensó. Habían esperado hasta la noche para reunirse, pero al parecer todas sus precauciones no habían servido de nada. El chico tenía un sexto sentido para saber cuándo estaban planeando algo. Estaba a punto de levantarse para darle una paliza cuando su bisabuela habló

-Bien, bien, parece que el yerno por fin ha despertado ¡Ya era hora!- una sonrisa divertida adornaba sus labios- Esta es el momento que estaba esperando.

Shampoo se inclinó hacia adelante, casi conteniendo la respiración ¿a qué se refería su bisabuela?

-Si es verdad todo lo que se dice,- continuó señalado con su bastón al libro- el yerno ha descubierto las delicias del sexo y ahí tenemos ventaja. Mírate, eres hermosa, no será capaz de resistirse a ti.

Cologne asintió con la cabeza –Debes seducirle ahora que puedes-concluyó

Shampoo parpadeó algo…¿irritada? ¿molesta? Confiaba ciegamente en su bisabuela pero aquel plan no terminaba de gustarle. Era cierto que las veces en las que se había insinuado a Ranma, debía admitir que de forma demasiado explícita, este se había limitado a ponerse muy nervioso y a comportarse de forma errática. Era lógico suponer que si ahora tenía experiencia con chicas era más fácil que se dejara arrastrar por la pasión. Sin embargo, la idea de su bisabuela la causaba cierto desasosiego… pero prefirió guardárselo para sí misma. Su bisabuela estaba mostrando tal seguridad que no se atrevió a hablar.

No podía dormir, no paraba de dar vueltas en la cama acosada por sus pensamientos. Las amazonas entendían la supremacía femenina como un todo. Desde pequeñas se las enseñaba que su cuerpo era fuente de poder, fuerza…y placer. Es por ello que a Shampoo no le importaba exhibirse o mostrarse, para ella era una parte más de su orgullo. Sin embargo, la inseguridad que sentía en esos momentos la hacía plantearse que estaba traicionado su legado.

Se levantó más temprano de lo normal, esperando que el día que empezaba fueran tan ajetreado que no la permitiera seguir con aquellos pensamientos obsesivos. Se despojó del pijama y se miró atentamente al espejo. Era cierto, era hermosa. Observó su cuerpo, poderoso y grácil a la vez. Sus curvas llenas y turgentes, los músculos latiendo bajo la piel, capaces de derribar muros, el rostro altivo. Estaba segura de que era deseable, el problema era más profundo…no sabía canalizar ese anhelo. Más allá de jugar a los besos con su compañera Crem am, no tenía ninguna experiencia sexual. La educación de las amazonas en la materia era abierta y explícita, pero Shampoo sabía que la teoría no era suficiente. Para ella, el que Ranma y Akane estuvieran ya en esa fase de su relación la hacía sentir que se estaba quedando atrás.

Cuando salió de su habitación se encontró con Mousse en el pasillo. El muy idiota la sonrió de esa manera tan suya, como esperanzado, como si con cada nuevo día creyera que por fin Shampoo sería suya. La chica no estaba de humor, así que cuando pasó por su lado aprovechó para darle un capón. Aquello no disminuyó su insatisfacción.