N. del T: Para la mejor comprensión de la trama y por si alguien no leyó el disclaimer del primer capítulo, os recuerdo que la historia transcurre en el otoño/invierno del tercer curso de Harry. Sirius es todavía un fugitivo del que Harry apenas sabe nada, Ron aún tiene a Scabbers (Pettigrew) y Hermione guarda por algún lado su giratiempo...

-Dos desapariciones-dijo Hermione, pensativa-Una en 1896 y otra en 1991. Dos estudiantes de Hogwarts que se han desvanecido, y un periodo de 95 años entre ambos casos. Dobby, ¿hay alguna manera de descubrir a qué casa iba el primer estudiante desaparecido? ¿Y si era un chico o una chica?

Dobby repasó sus preciados pergaminos con atención.

-Bueno, señorita, parece que en la mesa de Hufflepuff se sirvió una cena menos el 8 de septiembre de 1896. Dobby no sabe si el alumno era un chico o una chica, pero Dobby ha notadode que había sólo cuatro chicas de primero en Hufflepuff ese año, y cinco en las demás casas, señorita-se dio la vuelta y miró a Harry con sus enormes ojos verdes-A Dobby no le está gustando esto, Harry Potter, señor.

Harry le dio una palmadita al elfo en el brazo.

-Lo sé, Dobby-susurró-A mí tampoco me gusta demasiado.

¿Otra chica de Hufflepuff desaparecida?

Hermione comenzó a apilar todos los pergaminos en un montón.

-Hay alguien a quien tenemos que ir a hablar ahora mismo-declaró, mientras metía el último de los papeles en su mochila.

-¿A quién?

Ella presionó la mochila, que estaba a reventar.

-A la única persona viva que conozco que ha estado presente en ambas ceremonias de selección. En Hogwarts sólo hay una persona que haya estado aquí tanto en 1896 como en 1991, aparte de los fantasmas.

A Harry le costó un minuto comprender a quién se refería su amiga.

-¿Dumbledore? ¿En serio piensas que es tan mayor?

-Nació en 1881. Viene en Historia de Hogwarts. ¿Alguna vez has abierto ese libro, Harry?

-No.

Hermione suspiró.

-Bueno, al menos yo sí lo he leído. Dumbledore debía de tener unos quince años cuando ocurrió la primera desaparición, y sería un Gryffindor de quinto; no me sorprendería que también fuera Prefecto.

Una absurda imagen del anciano Dumbledore embutido en la túnica escolar, con la reluciente insignia de prefecto semioculta bajo la barba, cruzó la mente de Harry y le provocó una sonrisa. De alguna manera, era incapaz de imaginarse a Dumbledore con quince años.

...

Harry disfrutó bastante del paseo por los pasillos laberínticos junto a Hermione. Su recuerdo de Sally-Anne era un fugaz retazo de otra realidad, una realidad que ya no existía en las mentes del resto, excepto en la suya. Ron se había negado a admitir que aquella otra realidad, a la que pertenecía Sally-Anne, hubiera existido alguna vez. Pero Hermione se había adentrado en su memoria, se había vuelto parte de la búsqueda de la chica perdida en el pasado.

Se detuvieron ante la gárgola que cuidaba el despacho de Dumbledore.

-¿Sorbete de limón?-sugirió Harry, esperanzado, pero la estatua le dedicó una pétrea mirada de desdén y no se movió ni un palmo de su sitio. Al parecer, la contraseña del año anterior había sido sustituida por otra.

Hermione le miró.

-¿Cuál crees que es el dulce favorito del profesor Dumbledore este año, Harry? ¿Caramelos gigantes? ¿Golosinas de pera? ¿Pastelitos franceses? ¿Gelatina de grosella roja?

Harry pensó en ello. Menta. Había percibido una suave fragancia mentolada al cruzarse con el director en el vestíbulo la última vez. ¿Pero qué clase de caramelos de menta? Definitivamente no aquellos de la marca Tic Tac. ¿Cómo se llamaban ésos que le daba la vieja señora Figg cuando los Dursley le habían dejado a su cuidado? La anciana tenía escondidas en sus cajones infinidad de deliciosas confituras de menta, y a Harry siempre le habían gustado mucho, no como aquella repugnante sopa de repollo casera que siempre le solía servir. Algunos de esos dulces tenía nombres peculiares: Piedras del Castillo de Edimburgo, Platillos Volantes, Humbug... ¡Sí, ése era!

-Humbug.

La gárgola se desplazó para dejarlos pasar.

-¿Humbug? ¿Es eso realmente un caramelo?-quiso saber Hermione mientras entraban al despacho de Dumbledore-Nunca he oído hablar de él.

Pero antes de que Harry pudiera instruir a la hija de dos dentistas sobre viejos dulces muggles, ambos se dieron cuenta de una cosa: la oficina estaba vacía. Aunque el Sombrero Seleccionador, viejo y raído, sí permanecía en su estantería.

Le echaron un rápido vistazo a la estancia. La gran sala circular estaba llena de libros antiguos que desprendían un agradable olor a polvo y cuero, y de toda clase de extraños y delicados instrumentos de plata, relojes y balanzas. El fénix Fawkes estaba en su jaula de oro, magnífico con sus plumas escarlatas y doradas, pero no había nadie más allí.

El Sombrero Seleccionador parecía dormitar en su balda, apoyado en un montón de libros, incluyendo títulos como La boda alquímica de Christian Rosenkreutz y ¡Abajo el Colegio! Una Guía de la Vida Escolar para Jóvenes Pupilos y sus Progenitores de un tal Molesworth. Harry levantó el viejo y deshilachado sombrero de la estantería y se lo puso en la cabeza. Por un momento, contuvo el aliento, y entonces sintió que el sombrero despertaba a la vida.

-¿Qué significa esto?-su voz sonaba somnolienta y un poco irritada-¿Viene a ser re-seleccionado, no es así? ¿Ha tenido un cambio de opinión, señor Potter?

-Eh...Gracias, pero no. Estoy muy bien en Gryffindor. Sólo he venido para preguntarte unas pocas cosas, si no te importa.

El Sombrero suspiró y eso provoco que se desprendiera la capa de polvo que cubría la vieja tela.

-Pero que me importa. Soy el Sombrero Seleccionador, no un maldito consejero escolar. Te puse en Gryffindor, tal y como me pediste. No pienso analizar la elección que hiciste ni a especular qué tal te iría de haber ido a parar a Slytherin. Me vuelvo a dormir.

El Sombrero trató de escabullirse de su cabeza, pero Harry lo sustuvo con fuerza.

-No te quiero preguntar nada sobre mi selección. Te quiero preguntar acerca de otra cosa.

-¡Auch!-el Sombrero se retorció, pero acabo dándose por vencido-Vale, responderé a una pregunta, pero después será mejor que me dejes en paz, o te pondré en Slytherin.

-Tres. Por favor, contesta a tres preguntas.

-Persistente, ¿eh? ¿Estás seguro de que no serías un buen Slytherin? De acuerdo, pequeño travieso. Contestaré a tres preguntas, pero si luego tú o tu amiga osáis perturbarme, os enviaré a ambos a Durmstrang.

Harry trató de mirar al Sombrero para ver si hablaba en serio, pero por supuesto, eso era imposible.

-No creo que puedas hacer eso.

-¿Es eso una pregunta?

-No, claro que no-Harry pensó rápido-Vale, ahí va mi primera pregunta: ¿Qué le pasó a Sally-Anne Perks?

-¡Oh!-una risita surgió de entre los pliegues-Ése es un nombre que no esperaba oír...

-Sally-Anne desapareció poco después de la ceremonia de selección-apuntó Hermione.

El Sombrero se mantuvo en silencio. Entonces dijo:

-Me he preguntado muchas veces qué habría sido de Sally-Anne Perks. Podía sentir que ella ya no estaba en Hogwarts; siempre noto cuando alguien a quien he seleccionado abandona el castillo. Permaneció aquí durante siete días. Pero nadie parece recordarlo; su nombre ya no es mencionado. Pero me temo que no sé la respuesta a vuestra pregunta. Estuvo aquí, fue seleccionada para Hufflepuff, y entonces se desvaneció. Eso es todo lo que sé. Segunda cuestión, por favor.

-Harry, piensa lo que...-comenzó Hermione, pero Harry ya sabía lo que se disponía a preguntar.

-¿Cómo era ella? Debiste de introducirte en su mente al seleccionarla. ¿Cómo era Sally-Anne?

-Hum...-el Sombrero Seleccionador caviló unos segundos-Bueno, era sin duda, una Hufflepuff. Tenía algo de poder, pero no era especialmente inteligente, ni valiente, ni cruel. No había duda de dónde ponerla. Pero...

-Pero...¿qué?-Harry se apresuró en añadir:-Eso era un comentario, no una pregunta.

-De acuerdo-Harry podía jurar que el Sombrero se estaba burlando de él-Aún te queda una pregunta, Potter. En cuanto a Sally-Anne...

Su voz sonó grave al responder:

-Sally-Anne era una Hufflepuff. Eso está claro. Pero había algo en ella que me inquietaba. No sé cómo explicarlo.

-Por favor, inténtalo.

El Sombrero suspiró.

-Potter, tú tienes una varita, cómo no. Recuérdame el tipo, por favor.

-Acebo y pluma de fénix, veintiocho centímetros.

-¿Qué pasaría si un día, por error, cogieras una varita de acebo y fénix, de la misma longitud, pero que no fuera la tuya?

Harry pensó en ello.

-Creo que me daría cuenta. Simplemente, no me sentiría a gusto con ella.

-Exactamente. Un mago conoce su varita, y sabría si es una distinta, aun cuando fueran idénticas a simple vista. Pues bien, yo conozco a los niños. Los he sorteado durante cientos de años en cada una de las cuatro casas de Hogwarts. Pero Sally-Anne Perks era diferente. No se parecía a ningún niño a quien yo hubiera seleccionado. No, no quiero decir que fuera un villano disfrazado ni nada de eso; recordad que yo siempre veo la verdadera personalidad de las personas, y os puedo decir que Sally-Anne era un muchacha dulce, pero no muy brillante. Estaba asustada y se sentía muy confusa. Pero todo eso es normal. He notado el miedo en cientos de niños durante todos estos años. No había maldad en Sally-Anne Perks, de eso estoy seguro. Era sólo una niñita que estaba asustada. Pero había algo en ella, algo que no soy capaz de discernir. Había algo en ella que no iba bien. Algo que estaba mal. No encuentro otra forma de expresarlo.

-Oh-Harry reflexionó por unos instantes y dijo-Hermione, ¿por qué no haces tú la última pregunta?

Y Hermione dio un paso adelante, dirigiéndose al Sombrero sin titubear:

-Por favor, nombra a todas las chicas que seleccionaste para Hufflepuff en septiembre de 1896. A todas ellas.

El Sombreró recitó de un tirón:

-Abbott, Dorotea. Doge, Hazel. Sprout, Demeter. Zeller, Amaryllis.

Y entonces se sumió en el silencio.

-Todas ellas, por favor-dijo Hermione con suavidad. Harry contuvo el tiempo y esperó. ¿Habría otro nombre? Tenía que haber otro nombre...

El Sombrero suspiró pesadamente.

-M-me temo que no puedo. Hay otro nombre que deseo pronunciar, pero me veo incapaz de hacerlo. Cada vez que intento decirlo, mi voz pierde fuerza y mi memoria se bloquea. Hay un encantamiento sobre mí, y me impide mencionar uno de los nombres de la ceremonia de Selección de aquel año. Lamento que esto sea todo lo que puedo contaros, jóvenes Gryffindors.

Harry se lo sacó de la cabeza, agradeciéndole sinceramente su ayuda, y lo colocó con delicadeza en su balda. El Sombrero se tendió sobre la pila de libros y pareció sumirse en un profundo sueño.

-¡Ah, Harry! ¿No estarás tratando de cambiarte de Casa, verdad?-Dumbledore le hablaba amablemente desde la puerta.

Harry giró la cabeza con brusquedad.

-¡Profesor Dumbledore! Lo siento mucho... no queríamos molestarle...

-Puedes venir siempre que quieras, Harry. Y usted también, por supuesto, señorita Granger. Cualquier persona que sea capaz de descubrir mi contraseña es bienvenida. Soy muy cuidadoso a la hora de escogerla, ¿sabéis? Ningún funcionario del Ministerio la ha adivinado jamás, pero los niños lo hacen constantemente-Dumbledore sonrió y les señaló un par de mullidos sillones.

El director se sentó tras su escritorio y les observó por encima de sus gafas de media luna.

-¿Qué puedo hacer por vosotros?¿O simplemente habéis venido a discutir vuestra selección con el Sombrero?

Harry miró al Sombrero, que parecía seguir dormitando.

-Creo que no le gusta hablar sobre por qué nos puso en una casa y no en otra, señor.

Los ojos azules de Dumbledore relucieron.

-Lo cierto es que no, pero eso no impide que los alumnos se lo estén consultando todo el tiempo. Recuerdo la de veces que pillé al joven Sirius Black en este despacho... Aparentemente, estaba preocupado y creía que el Sombrero había cometido un terrible error al enviarle a Gryffindor en vez de a Slytherin, donde había estado toda su familia.

Desde la estantería les llegó una voz brusca:

-Yo nunca cometo errores. Él era Gryffindor como el que más.

-¿Sirius Black, el asesino fugitivo? ¿El que huyó de Azkaban?-susurró Hermione-¿Él fue un... Gryffindor?

-De hecho, sí-dijo Dumbledore con suavidad-Junto con el padre y la madre de Harry, y vuestro profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el Profesor Lupin.

Harry recordó el rostro demacrado y fantasmagórico que había visto en los carteles de "Se busca". ¿Sirius Black, en Gryffindor?

-¿Cómo es eso posible, profesor Dumbledore?-quiso saber.

Dumbledore sacudió lentamente la cabeza.

-No estoy seguro, Harry. A veces pienso que debió de haber un error, que quizá Sirius no fue bien juzgado... Pero no has venido hasta aquí para hablar de Sirius Black, ¿verdad, Harry?

-No, señor-Harry dudó unos instantes. Entonces miró a Dumbledore a los ojos-Hemos venido a hablar sobre Sally-Anne Perks, profesor.

Dumbledore se quedó inmóvil por un momento. El color había abandonado su cara y sus ojos azules estaban abiertos de sorpresa.

-¿Profesor?-Hermione le puso una mano en el brazo, y él pareció dominar sus emociones.

-Ah. Sí.-Dumbledore les dedicó una sonrisa, pero parecía requerirle un gran esfuerzo-Sally-Anne Perks... Ahora, debería preguntaros cómo habéis dado con ese nombre...

-Fue seleccionada justo antes que yo, profesor-dijo Harry-El Sombrero la puso en Hufflepuff un poco antes de ponerme a mí en Gryffindor.

Quizás fueron imaginaciones suyas, pero le pareció percibir un ligero temblo en la voz de Dumbledore cuando preguntó:

-¿Y cómo sabes eso, Harry?

-Lo sé porque yo me encontraba allí, profesor. Igual que usted. Recuerdo que el Sombrero la envió a Hufflepuff.

-¿Lo recuerdas?-susurró Dumbledore. ¿Había tal vez una nota de escepticismo en la voz del director? El anciano se giró hacia Hermione. -¿Qué hay de usted, señorita Granger? ¿Se acuerda también de ella?

-No, señor.

- De acuerdo, entonces debes de estar confundido, Harry.

Harry no podía creer lo que acababa de escuchar.

-No estoy confundido, profesor, y usted lo sabe. Sally-Anne Perks permaneció aquí una semana justo antes de desaparecer, justo como la otra chica.

-¿La otra chica? ¿Qué otra chica?

El chico notó como su mal humor iba en aumento.

-La niña que fue seleccionada para Hufflepuff en 1896, cuando usted estaba en su quinto año. La otra niña que desapareció de Hogwarts siete días después de comenzar el curso.

El rostro de Dumbledore estaba lívido.

-¿Harry, cómo lo -? No, imposible, tú no puedes saberlo...

Harry se inclinó hacia delante.

-¡Por favor, cuénteme lo que les ocurrió, profesor! ¿Qué les pasó a Sally-Anne y la otra chica?

Dumbledore exhaló un profundo suspiro y negó con la cabeza.

-Por favor... Harry, Hermione... No sé cómo habéis topado con esa información, pero debo pediros que la dejéis estar. Por favor, no preguntéis por Sally-Anne... Ni por... la otra chica. Por favor. Necesito que confiéis en mi juicio en lo que concierne a este tema. Hay ciertas cosas que es mejor olvidar.

¿Hay ciertas cosas que es mejor olvidar? A Harry se le formó en la mente la imagen de la pálida cara de Sally-Anne. Si él también la olvidaba, entonces ella desaparecería para siempre, como si nunca hubiera existido...

-No, profesor. Ella no merece ser olvidada.

Dumbledore suspiró de nuevo.

-Oh, Harry-dijo con suavidad-Eres un Gryffindor de los pies a la cabeza, ¿verdad? Siempre dispuesto a rescatar a alguien en apuros. Pero esto es distinto, Harry. Sally-Anne no fue la víctima inocente de un crimen; a ella no la asesinó Lord Voldemort. Por favor, confía en mí, Harry. No puedo contarte nada más sobre este asunto, pero créeme cuando digo que Sally-Anne desapareció de Hogwarts porque jamás debió haber llegado al colegio. Su presencia aquí era un completo error.

Hermione abrió la boca para hablar, pero Dumbledore la detuvo cortésmente.

-No, señorita Granger, no hay más preguntas. He dicho todo lo que tenía que decir y os ruego encarecidamente que no indaguéis más. Espero que ambos disfrutéis de la tarde.

Y los guió, amable pero firmemente, hasta la puerta.