Capítulo 2

Saki ya tenía alrededor de dos meses desde que se había marchado de su hogar y alejado de su familia. Había logrado obtener algunas provisiones de las aldeas por las que había pasado, así como también un arco y flechas, incluso había logrado conseguir que le proporcionaran una espada. Aun cuando su padre jamás le permitió manejar una espada, ella estaba dispuesta a aprender de cualquier manera, para ella no era suficiente solamente manejar el arco y la flecha.

Extrañaba a su familia. En más de una ocasión había tenido ganas de regresar con ellos pero recordaba lo sucedido en la última batalla cuando su hermano casi murió. De no haber sido por ella Sakai hubiese muerto, pero también era cierto que de no ser por ella él joven hanyou jamás hubiese llegado a correr peligro.

Era por ella que los demonios atacaban la aldea una y otra vez. Los demonios buscaban su poder. Debía alejarse de ellos si quería que se mantuvieran a salvo.

El poder que tenía en su interior resultaba demasiado atrayente para cualquier demonio o monstruo, claro que ninguno sabía que jamás serían capaces de obtenerlo. El poder venia unido a ella, de modo que solo ella podría manejarlo y controlarlo.

En los dos meses que había estado sola, había logrado defenderse sin ayuda, de los ataques de los demonios. Además de ello también había logrado mantenerse y sobrevivir adecuadamente en la inmensidad del bosque. No solía quedarse demasiado tiempo en las aldeas, por temor y precaución a que algún monstruo se acercase a atacar, de modo que solo permanecía el tiempo necesario para tomar provisiones y pedir algunas flechas más. Por suerte el traje de sacerdotisa que había tomado de su madre la ayudaba mucho, y los aldeanos se mostraban muy amables con ella.

No hace mucho que había caído la noche, y el bosque era cubierto por un gran manto lleno de estrellas, ya dentro de pocos días seria cuarto menguante. Decidió relajarse un poco mientras culminaba su baño habitual, no siempre tenía la suerte de conseguir unas aguas termales en su camino. Cerró sus ojos y se instó a disfrutar de aquello. Si se concentraba lo suficiente podía escuchar algunos de los sonidos del bosque. Puede que no tuviese sus sentidos tan desarrollados como los de su padre y sus hermanos pero eran un poco más amplios que los de los humanos.

Ella no sabía muy bien entre que categoría colocarse. Aunque claramente para la mayoría de las personas ella resultase, por simple apariencia, una humana o una miko, sabía muy bien que no lo era, en su sangre también corría la sangre demoniaca de su padre, cosa por la cual las noches de cuarto menguante su apariencia cambiaba, y terminaba pareciéndose mucho más a su padre y hermanos. Además que su poder no podía ser comparado con el de una miko corriente, ella había hecho cosas de niña que solo lo habían logrado hacer mikos después de muchos años de práctica y dedicación.

Ella no era humana, pero tampoco encajaba por completo como hanyou y mucho menos se acercaba a ser una youkai.

Abrió sus ojos al percibir una presencia extraña, para su consternación demasiado cerca, no entendía como había llegado a acercase sin que ella lo notase. No podía descifrar que clase de presencia era, emitía un aura youkai pero a su vez también alguna clase de poder espiritual comprimido. Jamás había sentido una presencia como aquella.

— ¿Quién anda allí? —pregunto Saki a la penumbra. Se hundió un poco más en el agua para no quedar expuesta ante aquel ser sin nada que cubriera su cuerpo.

Obviamente, no hubo respuesta, pero pudo sentir como la presencia se alejaba con velocidad para adentrarse en lo más profundo del bosque.

Se alejó de las aguas termales lo más rápido posible. La curiosidad lo había hecho acercarse. Había capturado aquella presencia extraña, una mezcla entre humana y youkai. Al haberse acercado había logrado vislumbrar a la distancia una silueta femenina. ¿Una humana? Se preguntó. No podía estar seguro, sabía que existían demonios con la capacidad de tomar apariencia humana.

Había decidido acercarse más, además de aquella extraña esencia también podía percibir poder espiritual, y uno muy fuerte, mucho más, incluso que el que se manejaba en su clan, en las montañas del sur.

Al haberse acercado había visto con más claridad, gracias a su capacidad de ver en la oscuridad, la silueta femenina sumergida a medio cuerpo en el agua. Trago con dificultad al notar aquello. Jamás había visto a una humana de aquella manera, ni siquiera había visto a alguien de su clan así.

No pudo llegar a saber qué fue lo que delato su presencia, pero aquella mujer lo había descubierto y al escuchar su voz en la oscuridad no pudo hacer nada más que alejarse lo más posible.

Se detuvo al saber que estaba lo suficientemente lejos, y no pudo evitar voltear a ver en dirección hacia el camino que había recorrido. Se preguntaba quién sería aquella mujer ¿Una miko, acaso? Podría llegar a serlo, pero el poder que había sentido era muy poderoso, y él jamás había llegado a saber de un poder espiritual mayor al que se manejaba en su clan. Al menos no en la actualidad.

Cuando apenas era un cachorro existía una joya muy poderosa, que había sido creada por una gran miko. Aquella joya eras capaz de otorgarle a cualquier demonio o humano todo lo que desease, pero aquella joya había sido desfragmentada en cientos de partes, quedando esparcidas en todo el Sengoku. Un par de fragmentos llegaron a sus montañas, y su abuelo se encargó de sacarlas. Su clan había vivido prácticamente oculto, no por miedo sino más bien por evitar que otros demonios quisieran obtener el secreto de sus poderes espirituales.

Posteriormente un grupo de amigos, después de muchas batallas, habían logrado obtener todos los fragmentos y unirlos, pero después la preciada joya había desaparecido. Jamás volvió a saberse de ella. Aquella fue la historia que llego a su clan. Claro que pudo haber ocurrido de otra manera, pero aquello era algo que no podría llegar a saber con exactitud.

Era por aquella razón que le extrañaba poder llegar a sentir aquel gran poder espiritual eminente de aquella, posible, humana. Resultaba difícil de comprender. Claro que también pudo haber estado equivocado, después de todo él no tenía total capacidad de controlar su propio poder espiritual y en ocasiones le resultaba difícil distinguir entre uno y otro.

Gruñe frustrado. Aquella era la razón por la cual había decidido irse de las montañas y alejarse de su clan. Él, quien era el hijo mayor del líder del clan de demonios tigres blancos en las montañas ocultas del sur, no podía utilizar de ninguna manera su poder espiritual. Siendo cachorro, su poder espiritual había sido muy fuerte incluso muy peligroso para que lo manejase un cachorro, así lo había dejado ver su abuelo, de modo que él mismo había optado por sellar sus poderes y dijo que rompería el sello para cuando su nieto fuera lo suficientemente mayor como para poder manejarlo. Lamentablemente su abuelo había muerto antes de que eso ocurriera, así que ahora aún mantenía sellado su poder espiritual. Sus padres habían tratado de romper el sello en más de una ocasión, sin éxito alguno. Al parecer solo su abuelo podría llegar a romper el sello.

En los últimos años se había sentido incomodo al no poder utilizar su propio poder, al igual como lo hacían libremente cada miembro del clan. Pero en ya en los últimos meses había resultado desesperante y estaba realmente frustrado. Se suponía que era él quien debía encargarse de mantener el control en las montañas, como futuro líder que algún día llegaría a ser, pero en lugar de eso, era su hermana menor quien se encargaba de todo.

Finalmente había decidido irse. Muchos se escandalizaron ante la idea de que un miembro del clan saliera y se expusiera. Pero a la final dejo en claro que no tenía sentido molestarse. De todos los miembros del clan, él era el único que podría tener la libertad de salir sin problemas, puesto que al su poder estar sellado ningún otro demonio lo vería con interés alguno.

Ya hacía unos cinco meses de aquello. En realidad no había tenido ninguna clase de percance mayor al habitual de encontrarse demonios hambrientos en el bosque. Al pensar en aquello no pudo evitar preguntarse cómo había sido capaz de sobrevivir aquella mujer, sola en el bosque. Se dijo a si mismo que aquello no era de su relevancia. Después de todo posiblemente no volvería a toparse con ella.

Estaba siendo atacada por una horda de demonios. Había logrado destruir a un gran número de ellos con solo una de sus flechas, pero ahora la tenían realmente rodeada. Ataco con algunas flechas más y finalmente dejo caer el carcaj el suelo, para comenzar a preparar un campo purificador a su alrededor. Antes de poder materializarlo pudo notar como los demonios a su alrededor comenzaban a caer inertes. Tomo nuevamente su arco y flechas y apunto a los demonios que estaban más alejados.

No podía llegar a visualizar con claridad quien era el que estaba acabando con los demonios, tenía una agilidad increíble. Por un momento le pareció que podía reconocer aquella presencia, pero descarto la idea para concentrarse en terminar con aquellos demonios.

Al caer el último demonio, recorrió el lugar con la vista hasta lograr encontrar a quien la había ayudado. Pudo ver a un youkai, el cual aún mantenía su espada en la mano, mantenía una respiración tranquila, como si no hubiese realizado esfuerzo alguno.

Él al haber sentido la mirada de ella volteo en su dirección, y pudo apreciarlo de mejor manera. Tenía el cabello corto en un color blanco perlado, sus orejas eran puntiagudas, en sus mejillas surcaban un par de marcas negras y sus ojos eran de un azul intenso.

— ¿Quién eres? —le pregunto aquella miko. Por sus ropas podía evidenciar que lo era.

No respondió de inmediato, se quedó viéndola durante un par de segundos más. Llevaba el cabello azabache largo y suelto, sus ojos de color ámbar lo miraban con expectación.

La había reconocido como aquella mujer que había visto hace ya un par de días. No pensaba tener que volver a encontrarse con ella. Pero al percibir como era atacada por aquella horda de demonios no pudo evitar ir a ayudarla. Parecía ser tan frágil e indefensa.

— A una miko como tú, no debería importarle quien soy —responde con tranquilidad mientras envainaba su espada

— No soy una miko —le escucha decir. La mira extrañado.

— ¿Quién eres entonces?

— Yo pregunte primero.

Se mantuvo dubitativo durante un par de segundos más. Ella lo veía fijamente. Y luego vio como ella cambiaba su expresión a una de sorpresa.

— Eres quien estuvo espiándome cuando… —no pudo continuar, pero ya él sabía a lo que se refería. La vio sonrojarse— ¿Acaso estas siguiéndome? —le acuso de inmediato.

— Por Kami, no —se apresuró a decir—. Aquella noche fue un accidente. No tenía intención de… —se calló antes de continuar. No podía asegurarlo pero podría decir que también se sonrojo. — Ahora solo vi a alguien que necesitaba ayuda y decidí intervenir. Solo eso.

— No necesitaba ayuda —dice ella con cierto tono de orgullo— De todas formas, gracias —termina de decir recelosa.

— Eh, sí. Como sea —se dispuso a irse—. No vuelvas a meterte en problemas, chiquilla —le dice para luego alejarse dando un par de zancadas y sumergirse en el bosque.

Saki se mantuvo viendo en la dirección que tomo aquel youkai que la había ayudado. No entendía que era lo que había sucedido. Él era la presencia que había sentido hace varias noches atrás. Pero aquello no era lo que le resultaba extraño, él era un youkai, y uno fuerte por lo que había logrado ver. Pero al parecer no había notado el poder que ella poseía o ¿era acaso que no le interesaba? Aquello resultaba extraño.

Dejo a un lado aquellos pensamientos. Y se dijo que no debía interesarle quien era aquel youkai, sin importar lo apuesto que puédase llegar a ser.

Había esperado no tener que volver a toparse con él, pero tan solo tres días más tarde sus caminos volvieron a cruzarse. Sintió su presencia a un par de metros y sin poder evitarlo se dirigió hacia donde estaba.

— ¡Maldito demonio, no escaparas! —escucha los gritos de los humanos y apresura su paso.

Al llegar pudo ver como el youkai estaba siendo perseguido por los aldeanos. Pudo notar como a este le costaba un poco realizar los movimientos que días antes realizaba sin esfuerzo. Se detuvo tomo una de sus flechas, apunto y disparo. La flecha cumplió con su objetivo, obtener la atención de los aldeanos y del youkai.

— Deténganse —les dice mientras se acercaba con calma a todo el grupo.

— Miko, debe ayudarnos. Este demonio estaba merodeando a los alrededores de la aldea —le dice uno de los hombres.

Escucha como el youkai libera un gruñido, intentando defenderse, quizás.

— Yo me hare cargo. Pueden retirarse.

Luego de que el grupo se alejara después de darle las gracias anticipadas, ella volteo a ver al youkai.

— Estas herido —dice mientras se acercaba a él.

— Dijiste que no eras una miko —le reprocha.

— Y no lo soy. Pero es mejor que ellos lo crean así —él la vio sin comprender nada—. Déjame ver esa herida.

— Ya curara sola —le dice con desdén—. Y no veo porque alguien como tú tendría que preocuparse por mí.

— Solo intento recompensar tu ayuda de hace días —le dice tranquila—. Ahora date vuelta y déjame ver esa herida. —Al tenerlo tan cerca pudo notar lo alto que era, le llevaba al menos una cabeza.

Escucha como él libera otro gruñido, casi frustrado. Pero finalmente hace lo que le dijo.

— No podrás hacer mucho de todas formas —le comienza a decir mientras entre abría su haori de manga corta, y se daba vuelta, pudo ver como ya estaba casi completamente manchado de sangre.

Ella no dijo nada tan solo se ocupó de observar la herida que se extendía, desde su hombro derecho hasta la parte media de su espalda.

Paso sus manos sobre la extensa herida sin llegar a tocar la piel del youkai, recorriéndola de arriba a abajo, y lo continuo haciendo hasta que la herida se cerró por completo. Al terminar, ya sin las manchas de sangre en la espalda de él, no pudo evitar ver las marcas negras que se extendían desde sus músculos dorsales hasta unirse en la parte más baja de su espalda. Se apresuró a retirar su vista.

— Listo —dice mientras rodeaba al youkai para verlo de frente. Aquello no resulto muy buena idea tampoco, él aún tenía el haori sin subir y podía ver claramente su pecho descubierto y para su sorpresa aquellas marcas también estaban en el bajo vientre de él hasta llegar a desaparecer en… Alejo aquellos pensamientos de su cabeza y levanto su vista hacia el rostro del youkai quien se mantenía viéndola con intriga.

— ¿Qué hiciste?

— Solo me ocupe de cerrar tu herida —le dice simplemente, y se comienza a alejar un poco de él.

Luego que él reaccionara por completo y finalmente, gracias a Kami, volvió a colocarse su haori, recorrió los mismos pasos que ella había hecho.

— Dices que no eres una miko, pero posees poder espiritual y puedes hacer sanar heridas ¿Quién eres?

El youkai espero unos segundos para ver si ella respondía, pero al no hacerlo se dispuso a hablar él.

— Muy bien. Yo soy Rouchii y pertenezco al clan de los demonios tigres blancos que viven en las montañas del sur —explica de forma breve y clara.

— ¿Montañas del sur? ¿Demonio tigre blanco? Nunca había escuchado nada semejante…

— Claro que no. Mi clan se mantiene oculto —se detuvo un momento. ¿Qué hacía diciéndole a aquella chiquilla cosas sobre su clan?

— Ya veo. Y ¿Qué me dices de tu poder espiritual? —le dirigió una mirada estupefacta ¿Cómo lo supo?

— ¿Cómo lo sabes?

— ¿Acaso es un secreto? Puedo sentirlo. Quizás me haya costado un poco percibirlo aquella noche, pero pude sentirlo.

— Nadie más, además de mi clan, sabe de mi poder. Suponía que nadie más era capaz de sentirlo.

— ¿Por qué? —quiso saber ella.

Rouchii la miro durante unos instantes antes de responderle, ella era prácticamente una extraña. Una extraña que había sanado su herida, se dijo a sí mismo.

— Mi abuelo sello mis poderes cuando era un cachorro y desde entonces no he podido utilizarlos, él murió hace mucho y nadie más puede romper el sello —explica brevemente.

— ¿Quieres que rompa el sello? —él le dedico una mirada aún más extrañada que las anteriores—. Puedo hacerlo —le dijo ella como si aquello fuese lo más natural del mundo.

— Lo siento, pero no creo que puedas hacerlo. Mis padres lo han intentado todo durante años, sin lograrlo… —se calló al ver como la pelinegra se acercaba un poco más a él.

Ella coloco una sus manos sobre el pecho de Rouchii, cerro sus ojos durante unos instantes y dejo fluir un poco de su energía, la que creyó suficiente para romper aquel sello.

Rouchii la vio colocar su mano sobre su pecho y después vio como una tenue luz violácea rodeaba la mano de ella y se extendía hacia su cuerpo. Cerró los ojos mientras todo sucedía. Estuvieron de aquella forma por algo menos de un minuto, pero para él pareció ser más tiempo, y finalmente ella se alejó.

Puedo sentir la fuerza de su poder espiritual recorrer su cuerpo. Abrió sus ojos al percibir por completo la clase de poder que tenía aquella chica en su interior, un poder que sobrepasaba cualquiera que hubiese conocido. Él recordaba la clase de poder que poseía su abuelo, quien era el más fuerte de su clan, y el poder de ella no podía ni siquiera compararse.

— ¿Quién eres? —le pregunto una vez más, completamente atónito.

Continuara…