Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling, Bloomsbury Publishing, Scholastic Inc. y AOL/Time Warner Inc. Nadie gana ningún beneficio económico con esta historia.

Capítulo 3

—Hola, Teddy —saludó Altais al encontrarse con su primo en la lechucería.

—Altais. ¿Dónde te metes? No te he visto más que en el comedor —dijo el chico que ese día su pelo era de un tono más claro de azul, tal vez sintonizando con el frío que hacía en esa torre—. Blane está de mal humor.

—No voy a estar paseando por los pasillos por deporte —repuso el aludido, se acercó a su lechuza y le hizo unas carantoñas con una sonrisa dulce—. No está de mal humor. Lo que pasa es que seguro que llevas algo cuestionable en esa caja.

Teddy sonrió con travesura. —Harry me mandó un cargamento de Sortilegios Weasley, y también un artículo nuevo especial para clase de parte de George para que lo pruebe. ¿Quieres uno?

Altais negó con la cabeza y sacó de su bolsillo unas golosinas que darle a su lechuza, siempre iba en algún momento del día a consentirla un poco.

—No me apetece limpiar trofeos —replicó.

—No van a pillarme.

El moreno levantó una ceja.

—No van a hacerlo —reiteró el mayor—. George me dio un plan —le contó y se rio—. Oh, sí, tienes que leerlo, aunque espero que lo puedas ver, va a ser genial —explicó tendiéndole la carta.

Altais la leyó, se mordió el carrillo por dentro, las comisuras de sus labios vibraron, finalmente escaparon en una sonrisa y acabó riendo sin poder evitarlo. Su risa sonó libre e inocente, tan feliz que transmitía el sentimiento y Teddy acabó contagiado.

—Te dije que era bueno —dijo Teddy—. Así que ya sabes en el pasill… —detuvo sus palabras al ver que Altais cortaba su risa y volvía a esforzarse en ocultar sus emociones, se giró hacia la puerta de la lechucería y vio allí a una chica rubia de Slytherin.

—Disculpar —dijo la chica, entrando sin cuestionarse si molestaba demasiado, quería cumplir con su molesto castigo cuanto antes para poder seguir con sus tareas—. Tengo que limpiar —aceptó explicar un poco la situación, más que nada por el Gryffindor que estaba con Black, al parecer eran amigos por las risas que había escuchado antes de entrar.

—Tú eres esa chica a la que Smith ha cogido ojeriza, la de ese mini-duelo, ¿no? —preguntó la última parte hacia su primo.

Leyna miró a Altais con cierta sorpresa, quien a su vez reprendió al otro con la mirada, suponiendo que había sido él quien le había contado eso, ella pensaba que no la tenía en cuenta, que la ignoraba… era extraño pensar que podía no ser así de todo.

—Supongo que sí, que soy yo —contestó saludando a Eve.

—Pues vaya suerte que llevas entre eso y los "idiomortis" que este año parecen haberse reproducido —comentó—. Soy Teddy Lupin —se presentó sin dar pie a que lo llamara por su nombre completo y tendiéndole la mano.

Ella miró la mano un segundo antes de decidirse a aceptarla, era una de las pocas personas que se presentaba y parecía amigable.

—Leyna Samuels —se presentó a su vez—. Yo no he hecho nada para llamar así la atención.

—Por algo será, aunque no tengas la culpa… —se interrumpió cuando Altais dejó la carta en el bolsillo de su túnica y dio un par de pasos para marcharse, si no hubiera estado atento probablemente se le habría escapado, pero logró pescarlo por la capucha—. Altais, vamos, primo, no te escabullas, ayúdanos y pon esa cabeza pensante tuya a trabajar.

El moreno se liberó de ese agarre y lo miró molesto. —Tengo qué hacer —repuso.

—Ayudar a tu compañera de Casa, además no puedes abandonar a Blane tan pronto —discutió—. Y no la terminaste de leer, al final hay una cosa importante.

Altais frunció casi imperceptiblemente los labios, contrariado, ahora le había picado la curiosidad y volvió a atrapar la carta.

—Bueno, ¿y no tienes ninguna idea de por qué? —devolvió su atención a Leyna aunque con un ojo en el otro para evitar futuros intentos de huida.

Ella acarició su búho con la mirada baja. —Es lo de siempre, por mi madre.

Teddy miró a Altais buscando referencias.

—Pansy Parkinson.

—Oh… esa de la que Ron habla tan florid… —el chico se cayó y se aclaró la garganta—. Tiene sentido que los "idiomortis" vayan detrás de ti, aunque es raro que te ataquen —dijo pensando que le faltaban datos ahí—, y no creo que Smith pueda hacerlo por eso, ¿no?

—Es porque no voy con ellos —explicó decidiendo empezar a limpiar para que se no le hiciera de noche—. No sé qué le pasa a Smith, pero no importa.

—Ya lo averiguaremos. Hay un cepillo allí detrás, si pones un hechizo chirriante en el cuarto escalón te dará tiempo a dejarlo y seguir con el de dientes si viene alguien —aconsejó a Leyna giñándole un ojo con una sonrisa traviesa.

La rubia miró el cepillo y luego al Gryffindor. —Gracias —murmuró, por el cepillo, por sus palabras que la animaron.

—Guárdame el secreto —dijo cuando Altais se daba la vuelta para marcharse de una vez.

—Adiós, Samuels —se despidió el otro tras haber estado mirando a su lechuza, quería estar más con él, pero de todas formas no iba a estar cómodo con ella ahí viéndolo.

—Espera, Altais, aún tenemos que ponernos al día —lo retuvo pasando un brazo por sus hombros—. Hasta otra, Leyna —dijo y siguió a Altais antes de que se le escapara del agarre de su brazo, cosa que ya estaba intentando sutilmente.

—Adiós —se despidió ella esbozando una pequeña sonrisa antes de ponerse a trabajar.

Pero seguidamente se sobresaltó cuando vio una lechuza café alzar el vuelo de repente hasta alcanzar a Altais, el chico extendió el brazo cuando la vio.

—Caprichoso —dijo en un tono cálido, bajo, pero no lo suficiente, ya fuera de la vista.

-o-o-o-

—Buenos días, alumnos. Bienvenidos a vuestra clase de vuelo —saludó el que ese día iba a ser su profesor, prácticamente casi todos los alumnos reconocieron a Oliver Wood, guardián titular de los Montrose Magpies, uno de los equipos de quidditch más afamados mundialmente. El ex Gryffindor sonrió divertido por las caras estupefactas de algunos de los adolescentes y por las otras totalmente desconcertadas de los que no comprendían qué estaba pasando—. Espero que la gran mayoría de vosotros sepáis para lo que sirve una escoba.

Después de la sorpresa inicial por ver al famoso jugador de quidditch estar dándoles la clase cuando en su horario claramente indicaba que debía ser Rolanda Hooch, Altais medio desconectó de lo que el hombre decía, esa clase era absolutamente inútil para él, si ya había practicado un poco de magia ilegalmente con su padre, qué decir de volar en escoba. De hecho, lo bueno de acompañar a su madre a esas reuniones anuales de la Orden del Fénix era el pequeño partido de quidditch que organizaban. Observó la Barredora 5 en el suelo frente a él con disgusto, no podía creer que siguieran teniendo esas, sus padres habían utilizado esas en sus clases. Para una cosa que debería haberse destruido en la Batalla de Hogwarts… Apartó ese tema y decidió aprovechar el tiempo en planear cómo hacer su tarea de Encantamientos, la clase que habían tenido anteriormente, y que por el momento era su favorita.

—Ey, hay que hacerla subir —le indicó Emery con una sonrisa divertida al verlo tan tremendamente aburrido, no estaba así ni en la clase de Historia de la Magia.

Wood les había indicado que se colocaran a la derecha de las escobas y con la mano extendida hacia ellas dijeran "arriba", logrando así que éstas subieran hasta sus manos. Al lado del castaño Leyna ya tenía su Barredora en la mano; el rostro de la chica competía con el de su amigo, para ambos esa clase era algo inútil al parecer, ni se sentían un poco contentos por poder tener algo de entretenimiento en el exterior.

—Cuando lo logréis quiero que os subáis y le deis un golpe al suelo con el pie, muy suave, ascendéis un poco y luego descendéis —siguió indicando Wood, aunque muchos estaban aún batallando con su escoba.

Altais siguió ese paso y cuando bajó hasta se le hizo tentador apoyarse en la pared tras él. Paseó la mirada por el resto de la clase, sólo con eso casi se podía saber qué alumnos procedían de familias mágicas y quiénes no, aunque también había casos en los que la falta de aprendizaje se debía a una absoluta falta de interés por el deporte y eso se veía en la cara de disgusto del estudiante en cuestión que batallaba para que la escoba le hiciera caso. Pasó la mano por el palo y echó de menos su Speedlight 2010, sólo hacía tres meses que la tenía y era tan perfecta, rápida, cómoda, estable… esa Barredora tenía tan gastado el hechizo de cojín que era casi inexistente, la madera era áspera y las cerdas estaba cada uno para su lado, sin volar propiamente ya sabía que no era muy eficiente y las curvas las haría más bien rectas.

Su mirada de desagrado conectó con la de Leyna, ella sujetaba la escoba como si en cualquier momento fuera a romperse en pedazos. La chica hizo una mueca de disgusto y señaló con la cabeza a la escoba, imaginando lo que debía estar pensando también Altais. Sabía que las Barredoras habían sido buenas escobas en sus tiempos, pero eso fue cuando Merlín usaba pañales, probablemente con un material un poco mejor los alumnos no tardarían tanto en hacerlas ascender.

—¿Has visto, Leyna? Lo logré —dijo Zaniah orgullosa de sí misma, nunca le había dado por aprender antes de tiempo.

La chica dejó de mirar a Altais y dirigió su vista a su amiga sonriéndole inevitablemente con un poco de condescendencia.

—Muy bien, Zaniah, lo has hecho rápido —la animó.

—Huelo tu condescendencia desde aquí. Nunca había subido en escoba —se defendió la chica.

—Lo siento… —se disculpó sinceramente—. Es que creo que hubiera sido mejor con otra escoba.

—Bien, alumnos, ahora que todos habéis logrado subir sin demasiados percances… —llamó su atención Wood, que miró tristemente a un chico Slytherin, Jeremy Sylvanus, que se había dado con el palo en la cara y llevaba la marca roja de este— más o menos, vamos a jugar a algo. Sé que no debería incentivar ese tipo de cosas, como se entere mi entrenador me mandará la limpieza de las budgler, pero va a ser divertido. Vais a jugar al Blagging, los que sepan algo de quidditch sabrán que es una falta que consiste en coger el cepillo de la escoba del contrario, bien, vosotros haréis algo parecido. Cada uno cogerá un pañuelo que colocará en el cepillo de su escoba, tendréis que ir robando pañuelos al resto de vuestros compañeros y aseguraros de que no os los roban a vosotros —explicó—. Yo seré el árbitro, me aseguraré de que no os excedéis.

Altais se desperezó interiormente, al fin iban a poder hacer algo entretenido en esa clase, y esperó a que Wood repartiera los pañuelos, lo ató en su escoba y se impacientó un poco esperando la señal de que podían despegar.

—Voy a conseguir quitarte ese pañuelo, Black —lo retó Higgs preparado para despegar.

El chico lo miró con altivez. —Para eso tendrías que saber volar —replicó nada impresionado por el reto.

—Ya veremos quién es el que sabe volar —replicó y en cuanto Wood dio la señal se elevó cogiendo el pañuelo de una pobre Gryffindor por el camino.

Él ascendió y primero se centró en comprobar la rapidez de respuesta de esa escoba, siempre tomando consciencia de su alrededor. Tras unos giros decidió que era lenta y los giros eran tal y como había predicho, pero servía, y entonces fue cuando se lanzó al juego. Acercándose por arriba arrebató con una gran sonrisa de satisfacción el pañuelo de Azaleh y su mirada conectó con la de Higgs mientras anudaba su trofeo al otro pañuelo.

El de pelo lacio entrecerró los ojos, mirándolo con fijeza, y se lanzó hacia él, avanzando de frente, con una sonrisa en el rostro que le hacía ver seguro de su victoria. Altais ocultó su sonrisa, ese chico era tan tonto, él tenía muchos trucos en la manga, como con todo siempre se esforzaba en aprender todo lo posible de aquello que hiciera, conocía todas las maniobras de quidditch y varias había llegado a aprenderlas, una en concreto iba a servirle esta vez, a la velocidad que iban esas Barredora 5 sería sencillo teniendo en cuenta las otras escobas con las que había practicado. Se lanzó también de frente, Higgs parecía decidido a no retirarse, pero cuando estuvo cerca él levantó un brazo como si fuera a darle un puñetazo en la maniobra Transilvanian Tackel, pero sin llegar a darlo. Su oponente se sorprendió y perdió un poco el control casi parando, él lo sobrepasó y robó los pañuelos que éste había recolectado.

—¿Qué pañuelo querías, Higgs? No me queda claro —se burló antes de alejarse con su botín.

—Creo que era éste, Black —escuchó la voz de Leyna justo por detrás de él, con el pañuelo que segundos antes había estado colgando de su escoba en la mano, sonriendo triunfal.

Él chico siseó molesto e hizo un giro lo más rápido que era posible, por suerte no había unido los pañuelos y había podido reaccionar antes de que le quitara todos. Ascendió un poco y miró a su alrededor, no quedaban demasiados, sonrió y decidió que sí, podía jugar con ella, parecía una buena oponente y comenzó a perseguirla, pegando su pequeño cuerpo al palo para ir más rápido. Leyna sonrió de lado, emocionada por el juego, por el oponente que había logrado, y también pegó su cuerpo al palo para escapar de él. Esquivó a un chico que estaba volviendo de nuevo al suelo con una expresión de derrota y logró quitar los pañuelos a una chica en el camino, siempre mirando atrás cada poco. Altais se estaba acercando, supuso que era una ventaja de su cuerpo pequeño que con esas escobas era lo que más parecía influir para ganar velocidad. Forzando el palo de la escoba hizo un rápido giro hacia atrás cuando estuvo casi tocando sus pañuelos y quedó ella detrás.

Altais comenzó a zigzaguear, pero eso no parecía afectarla. Él era más rápido, podía seguir y al final conseguiría una ventaja, pero eso no le daría los pañuelos. Sonrió y se lanzó a por un despistado Wildsmith robando sus pañuelos. Decidió centrarse en ganar un poco de ventaja y finalmente comenzó a hacer un picado para el amago de Wornski, lo había visto demasiadas veces hacer al señor Potter y el año anterior se había atrevido a pedirle consejo, el único problema era la capacidad de reacción de esa escoba, pero ya lo había medido antes de ponerse a jugar.

Esa vez Leyna lo siguió en ese picado, pero estaba segura de que con esa escoba chocaría si seguía haciéndolo, apreciaba su integridad física. Antes que él rectificó su trayectoria y eso fue lo que Altais aprovechó para robarle un par de pañuelos de su escoba. Ella pensó que era bueno, mucho, y que estaba siendo demasiado divertido jugar con él. Quizá, en unos años, ambos formaran parte del equipo de quidditch de Slytherin, siempre y cuando no quisiera ser buscador, ese puesto era para ella.

—Muy atrevido, Black —no pudo evitar soltar una carcajada libre, feliz, antes de seguirlo para cobrar su venganza.

—Estaba todo controlado —la rectificó mientras se alejaba, percatándose de que ya eran los únicos en el aire.

—¡Black, Samuels! Terminó la clase —justo en ese momento Wood los llamó, tenía una sonrisa divertida y curiosa, parecía haber estado observándolos con sumo interés—. Buen trabajo a los dos.

Leyna bajó con una delicadeza propia de la escoba y asintió. —Gracias, profesor.

Altais en cambio lo hizo parando a poco del suelo y repitió las mismas palabras como era adecuado, procediendo a desanudar pañuelos.

—Ha sido divertido jugar contigo, Black —le dijo Leyna tendiéndole la mano una vez hubo terminado con la escoba y él también.

—No ha estado mal —contestó y estrechó su mano brevemente antes de seguir al resto de la clase para dejar la Barredora.

—¡Fue increíble! —lo abordó Emery emocionado—. Esas maniobras, geniales —lo felicitó palmeando su espalda.

Altais se apartó de ese toque en tanto Zaniah se unía a las felicitaciones.

—¡Casi os estampáis! Qué susto. ¿Quién ganó? —curioseó.

—Él consiguió un pañuelo más —contestó Leyna mostrando un poco su decepción por el hecho—. ¿De qué sueles jugar?

—Cazador —respondió Altais secamente.

Ella asintió, un tanto aliviada. —Yo soy buscadora —dijo aunque más bien para los otros dos que la miraban con interés, él parecía no tenerlo, como siempre.

—¡Cazador y buscadora! Va ser genial ver los partidos cuando estéis —contestó Farley.

—No he dicho que tenga interés en perder mi tiempo en el equipo —objetó Altais.

—¿Cómo puedes decir esas cosas? —preguntó el otro con cara de horror—. El quidditch da mucho prestigio y más si eres bueno.

—Sólo si vas a ser jugador de quidditch, para lo demás aprender es suficiente como utilidad y así no resta tiempo de estudio en temas más productivos e interesantes —dio su opinión.

—Yo sí que quiero formar parte del equipo —comentó Leyna encogiéndose de hombros—. Aunque cuando llegue el momento me gustaría hablar con el profesor Zrinski para ver si también puedo formar parte de otro club en caso de que me cojan.

—¿El Club de Pociones? —indagó Zaniah.

Ella asintió. —Sí, aunque el de Encantamientos o DCAO también estaría bien, pero no puedo ir a todos, no soy Hermione Granger.

—Hay que realizar una solicitud para eso y se mira el expediente hasta entonces, se otorga un giratiempo por año, y hace años que es Weasley —la corrigió Altais.

—Sí… lo sé, pero mi tío Draco la sigue llamando Granger y mi madre, es la costumbre —se excusó encogiéndose de hombros—. De todas formas, aunque usar un giratiempo y aprender todo eso es algo que puede ser muy interesante, creo que sería… demasiados giros. ¿Tú lo solicitarías?

—Tal vez —respondió sin intención de que supiera mucho de lo que pensaba y lo que no.

—Pues yo me conformaré con mis asignaturas, después pretendo ir a estudiar a los dragones —comentó Emery con una sonrisa despreocupada.

—¿En la reserva de Rumanía o tienes interés en algún dragón en concreto? —curioseó Altais, sólo mostraba interés con el chico ya que había decidido que al menos debería socializar con una persona.

—Creo que la reserva de Rumanía es el mejor sitio para empezar a estudiarlos, luego seré un aventurero en busca de dragones —dijo con un aire soñador.

—Aprende bien el Aguamenti —bromeó un poco Altais dejando la escoba en el armario.

—Lo haré, lo haré —contestó el otro riendo animadamente—. ¿Y tú, Zani?

—Yo seré la mejor organizadora de fiestas de la historia —aseguró la chica.

Leyna la miró con una ceja alzada y luego rio un poco, en realidad ya sabía que podía esperar cualquier cosa de esa chica.

—Vas por el buen camino —le dijo.

—Lo sé, mi primera puesta a punto este sábado. Mes y medio insistiendo que me dejaran, tuve que decirles que estaban siendo tercos como los Gryffindor para que aceptaran —dijo la chica, sonriendo orgullosa de sí misma por su última treta.

Emery soltó una carcajada. —Esa fue una buena treta —admitió levantando la mano para que chocara.

—¿Sólo es para Slytherin? —quiso saber la rubia.

—Sólo para nuestra casa, sí. Hay que empezar con poco, cuando mis fiestas se hagan famosas conseguiré que me dejen un salón para organizarlas para todas las Casas y estimo que para cuarto año ya estaré dirigiendo la organización el Baile de Navidad —explicó emocionada por sus proyectos.

—Suerte con eso, pensaba que lo organizaban los prefectos —contestó Emery.

—No, el Comité de Festejos, intenté apuntarme, pero me rechazaron. Lo reconsiderarán después de esta fiesta y luego todo será ir ascendiendo hasta dirigir el Comité.

—Tienes un aire malvado diciendo eso —bromeó Leyna.

Zaniah lo desestimó con un gesto de la mano. —No pensarás eso cuando estés pasándolo genial en mi fiesta.

—Claro, claro —aceptó entrando en la clase de Transformaciones, el profesor Towler no estaba a la vista, pero sí un halcón que no habían visto antes y que los miraba con curiosidad.

—Todo el mundo estará en mi fiesta y luego todo el mundo querrá estar, pero… ya no será tan sencillo —siguió fantaseando Zaniah.

—Será mejor que nos sentemos ya, y saquemos las cosas —decidió la otra chica negando con la cabeza por las fantasías de su compañera.

—No llegó aún, no me despiertes todavía, estoy viendo mi futuro —rio Zaniah sentándose.

El halcón alzó el vuelo e hizo un vuelo rasante sobre las cabezas de los alumnos para después descender hacia la mesa del profesor y antes de llegar transformarse en el profesor Towler.

—¿Disfrutaron del vuelo? —preguntó sabiendo de dónde venían y medio riendo por el susto que se había llevado la mayoría por ese vuelo rasante. Con un gesto de varita cerró la puerta de la clase—. Bien, comencemos con la clase de hoy.

-o-o-o-

—Es el único sitio en el que no he buscado —dijo Zaniah, tragando duro y mirando el Bosque Prohibido desde la linde—. Tal vez deberíamos decirle al profesor Zrinski, a lo mejor se nos pasó algo, ¿no? —preguntó a Emery a su lado.

Leyna había terminado pronto de cenar, le había dicho que iría un rato más a la biblioteca y había quedado con ella en que luego iría a buscarla para que no se la zamparan los libros, pero no había encontrado a su amiga allí. Había ido a la Sala Común, pensando que podría haber cambiado de opinión y había esperado en caso de que se hubieran cruzado por el camino, pero tampoco había aparecido. Entonces se había comenzado a preocupar de verdad. Había ido a la enfermería y después a cada lugar del castillo que se le había ocurrido, pero Leyna no estaba por ninguna parte. Había pensado que aún había un sitio que no había mirado: los invernaderos, pero eran primeros de febrero y era de noche, le daba un poco de miedo ir sola. Había vuelto a la sala común y había hecho de Emery su fuerza de apoyo. Leyna tampoco estaba en los invernaderos, ni en el campo de quidditch, era como si se la hubiera tragado la tierra. Entonces Emery había recordado hablar a Altais de que en el Bosque Prohibido había múltiples ingredientes útiles para pociones, ya que eran tal para cual y a Leyna le encantaba esa materia habían pensado que tal vez eso podría haber afectado a su razón y hecho que se internara en el bosque, sin darse cuenta demasiado, quizá su intención fuera conseguir bulbotubérculos de la linde del bosque y después se había distraído con otra cosa y otra…

El chico negó con la cabeza. —Si se ha metido ella sola podría meterse en un buen lío, incluso podrían expulsarla, ya es bastante que un profesor le tenga ojeriza —contestó el castaño pensando en los abusos que la pobre había seguido sufriendo por parte del profesor de DCAO, múltiples castigos con razones más que cuestionables, ese hombre era despiadado, y no sólo con ella, sabían que había algunos chicos más sufriendo eso, aun así la que en esos meses se había convertido en su amiga había sido Leyna, así que sólo le preocupaba ella—. Vamos, seguro que la encontramos pronto —instó a la otra chica conjurando un tenue Lumus e internándose poco a poco en el tenebroso bosque.

Un crujido de ramas a su espalda los hizo saltar, se detuvieron y movieron la luz de su varita en todas direcciones, ante el silencio, sólo roto por el ulular de algún ave nocturna, continuaron avanzando tensos. Un nuevo sonido volvió a sobresaltarlos, pero esa vez continuaron avanzando mirando a su espalda y tropezaron con algo en su camino. Cuando dirigieron la luz hacia el obstáculo encontraron una cabellera de pelo platinado.

—¡Leyna! —Zaniah se lanzó sobre su amiga agitándola.

—Deja de sacudirla así, Zaniah, si tiene algo roto sólo lo empeorarás —la reprendió Emery acercándose y examinando a la joven—. Tiene un golpe en la cabeza y algunos rasguños. Tenemos que sacarla de aquí —decidió y apartó a la de pelo caoba para coger a la otra en brazos con gran esfuerzo.

—¿Se va a poner bien? ¿Y si ha perdido la memoria? Había un hechizo para esas cosas, ¿por qué no cogiste a Altais? Siempre tiene cosas en la cabeza que podrían servir —dijo Zaniah nerviosa y asustada, a un paso de la histeria.

—Porque hubiéramos perdido el tiempo tratando de hacer que nos acompañara —contestó el otro caminando hacia la salida, o al menos donde él creía que estaba la salida—. Sólo es un golpe, creo.

—No lo sabes, no eres medimago —replicó la chica, mientras volvía a mirar a todos lados según avanzaban.

—Altais tampoco —protestó haciendo un pequeño mohín—. Deberías ir delante, si sale algo yo no puedo sacar la varita.

—Si estuviera, yo no tendría que ir delante a ver si me muerde algo —replicó Zaniah, aunque caminó delante, acelerando el paso—. Lo decía por ese hechizo de flotar, al menos él lo sabía y… ¡Ah! —la chica dio un salto hasta estar a la altura de Emery y la luz de su varita tembló preocupantemente en dirección a un clabbert, cuya pústula en la frente brillaba roja en señal de peligro, sin embargo, lo que asustó a Zaniah fue su grotesco aspecto mezcla de mono y rana y esas amplia sonrisa llena de dientes afilados.

Emery lo miró con horror y dio suaves pasos hacia un lado. —Camina despacio, con la varita alta… —le susurró a la chica—. Tenemos que salir del bosque, ya. Hay algo mal —comentó, le sonaba ese bicho de la clase de DCAO, además recordaba haberlo leído en algún libro mientras buscaba información sobre el colacuerno húngaro.

—Claro que está mal, ¿no has visto qué dientes? Y tú quieres que siga. ¡Estás loco!

—¿Acaso no sabes nada? Éste no nos va a atacar, es otra cosa —replicó empujándola un poco.

—No, no lo sé, no soy una enciclop... —se calló cuando escuchó unos chasquidos como de una pinzas acercarse—. ¿Qué es eso?

—Joder, corre —ordenó el chico, no había tenido tiempo de ver qué era lo que los iba a atacar, pero tampoco iba a quedarse a averiguarlo, menos con una compañera en sus manos, literalmente. Por suerte Zaniah le hizo caso y corrió con él, segundos después se encontraron siendo perseguidos por una araña gigante, una acromántula—. Mierda, mierda, no pares.

La claridad del final del bosque se acercaba, Zaniah giró la cabeza y chilló de terror, pero no se detuvo, siguió corriendo más rápido, cuando se dio cuenta de que dejaba a sus amigos atrás se detuvo, no podía dejarlos. Aunque su varita parecía un borracho epiléptico lanzó cada hechizo que habían aprendido en clase, esperando que alguno sirviera de algo, aunque fuera para retrasar a la primera acromántula de las que iban tras ellos, cuando Emery llegó a su altura corrieron juntos los últimos metros hasta llegar fuera del bosque, pero no se detuvieron, pasaron la casa del guardabosques y siguieron ascendiendo por la colina hasta cerca de las puertas del castillo.

—Vale… la… próxima… sí hay… avisamos a Altais —aceptó el castaño sin dejar de correr, aunque sintiéndose más aliviado conforme se acercaban al castillo, cuando entraron ya no le importaba ni ser atrapado por Filch.

—Casi nos comen —dijo Zaniah, el castillo le dio cierto alivio y las lágrimas comenzaron a rodar por su cara.

—Ey… tranquila, ya estamos a salvo, hay que llevar a Leyna a la sala sin que nos cojan —la tranquilizó un poco, aunque sin poder palmear su cabeza.

—Tranquila, dice. Tú no las has visto, eran gigantes y peludas —el miedo se mezcló con repugnancia—. Vamos a la enfermería.

—No podemos ir a la enfermería, estamos fuera de la sala común después del toque de queda, sospecharán —repuso él—. La llevaremos a la sala y allí avisaremos a Zrinski, podemos decir que se cayó por las escaleras.

—Y ahora nos pillarán y nos pasaremos meses limpiando trofeos o peor, baños —dramatizó, no obstante, se pegó a la pared y asomó la cabeza con cuidado en el siguiente cruce de pasillos, ya se iba calmando un poco y razonando.

—Si vamos con cuidado no nos pillarán —repuso Emery rodando los ojos y con cautela y sigilo se dirigió hacia la sala común de Slytherin. Tardaron más de lo normal en llegar, en parte por el peso que cargaban, pero también por tener que ir con tanto cuidado, pero al final lo lograron y una vez dentro dejaron a Leyna en uno de los sillones.

—Es fuera de hora —les llegó el susurro de Altais del otro lado de la sala común, entre su estatura más propia de un niño de nueve años y que había estado arrellanado en un sofá leyendo, aprovechando el silencio del lugar cuando ya se había ido todo el mundo, no lo habían notado.

—Joder, tío, qué susto —lo reprendió el otro chico sobresaltándose, miró a Leyna que seguía inconsciente—. Tenemos que avisar a Zrinski, Leyna está herida —contestó.

Altais sólo había visto de reojo entrar a Zaniah y había seguido leyendo, al escucharlo dejó el libro y se acercó.

—¿Qué le ha…? —se interrumpió al ver la herida en la cabeza y reordenó las prioridades—. Yo iré —se ofreció antes de salir a paso ligero por el pasillo que comunicaba con los aposentes de su Jefe de Casa.

Unos minutos después regresó con el profesor.

—¿Qué ha ocurrido? —inquirió este mientras se inclinaba sobre la alumna inconsciente para examinar el daño.

—Se cayó por las escaleras, profesor —contestó Emery completamente serio, esperando que la mentira colara, rogando a Merlín por ello.

Los ojos grises el profesor lo evaluaron, después pasaron por los otros dos, deteniéndose en unas hojas en el pelo de Zaniah.

—Vayan a sus dormitorios, confío en que hayan aprendido la lección —dijo antes de levitar a Leyna y salir de la sala común rumbo a la enfermería.

Altais estiró la mano y quitó una de las hojas del pelo de Zaniah. —Lo sabe. ¿Qué hacíais en el Bosque Prohibido? ¿Trajisteis ingredientes?

Emery maldijo y se dejó caer en un sillón. —Fuimos a buscar a Leyna, ella desapareció y era el único sitio en el que quedaba mirar. Cuando llegamos estaba inconsciente… ahora que lo pienso no llevaba ninguna bolsa con ella, ni su varita… —murmuró lo último pensativo.

—Se le pudo caer, ¿la buscasteis? —razonó Altais.

—Buscarla —dijo Zaniah y soltó una risa histérica—. Había arañas gigantes peludas y otro bicho peludo verde con colmillos y a saber cuántas cosas más, no pensamos en revisar sus bolsillos y buscar nada más.

—Acromántulas y un clabbert, probablemente. Deberías haber avisado a un profesor, no es nada inteligente entrar en el bosque, menos por la noche —dijo Altais y se giró para volver al sofá donde había dejado su libro—. Podríais estar expulsados los tres ahora mismo, no comprendo la misericordia del profesor Zrinski, se avisó a principio de curso.

—Si hubiéramos avisado ahora sería ella la expulsada o por lo menos volvería a estar castigada, es nuestra amiga, Altais, ya tiene bastante con aguantar a Smith todas las clases de DCAO y a esa panda de energúmenos que cada vez quieren joderla más —repuso Emery, aunque sin mucha esperanza de que lo comprendiera.

—Una persona expulsada o castigada es peor que tres muertos, claro —comentó sarcástico, interiormente preocupado—. Buenas noches, Apeldty, Farley —se despidió para ir al dormitorio.

—Por eso te dije que no hubiéramos hecho nada avisándolo —comentó Emery a la chica cuando Altais se hubo ido y suspiró largamente—. Es tan correcto…

—No lo entiendo, yo creía que era frío sólo para defenderse por ser tan chiquitín, pero buena persona. Y ahora se va a dormir tan pancho —dijo Zaniah desconcertada y se dejó caer en un sofá—. Yo ahora no puedo dormir.

—Está preocupado —aseguró el otro levantándose—. Aun así deberías intentarlo, mañana iremos a verla a ver qué nos cuenta.

—Seguro que sueño con cosas peludas y feas —se lamentó—. No quiero —dijo y sorpresivamente se abrazó al chico.

Él la miró con sorpresa al principio, pero después correspondió al abrazo acariciando su pelo. —Ya ha pasado —susurró, repitiendo lo que su madre solía decirle cuando estaba asustado, cuando era más pequeño.

—Casi os cogen y… eran horribles y… nadie hubiera sabido qué nos pasó —dijo Zaniah hipando, volviendo a llorar.

—Pero no nos han cogido, estamos bien, todos —repuso él dejando un beso en su pelo, aunque la acción se sintió rara.

La chica asintió y se quedó un poco más así antes de soltarle y limpiarse las lágrimas con la manga de la túnica.

—Lo siento, te mojé. ¡Qué desastre! —se avergonzó.

Emery le restó importancia con un gesto. —Tenía que lavarla de todas formas —contestó y le sonrió—. Venga, intenta dormir, puedes pensar en fiestas.

Ella asintió. —Gracias, Emery, por venir conmigo y… bueno… dejarme estrujarte un poco, mi gato no me deja… mucho. Buenas noches —se despidió rápidamente después de su divagación y se apresuró a ir al dormitorio roja de vergüenza.

Emery se quedó ahí con una ceja alzada, divertido por su reacción. Negó con la cabeza y subió a su dormitorio, esperando que él tampoco soñara con acromántulas esa noche.

Continuará…

N/A: ¿Qué haría Leyna en el bosque? Chan chaaan… ¿El quidditch hará milagros?