Este es el último capítulo, a leer.
Gracias a la fuerte tormenta que se había desatado en Noche Buena, gran parte de Londres sufría por la falta de electricidad. Este era el caso de John, que sin darle tiempo al frío de invadir el apartamento encendió la chimenea. No era muy común usarla, incluso en invierno nunca llegaban a encenderla. Pero en esta ocasión era diferente. El calor que despedía la madera al quemarse en la chimenea llegaba a reconfortarlo. Las siluetas de las llamas iluminaban la estancia y dibujaban sombras siniestras en las paredes del apartamento, que incluso la traviesa y sonriente cara que Sherlock alguna vez había dibujado en la pared mostraba un lado tétrico.
John en ningún momento soltó el celular, seguía a la espera de una llamada, incluso un mensaje que le hiciera saber que todo estaba bien. La tormenta seguía arreciando y cada minuto que pasaba podía ver como la nieve se acoplaba en el alfeizar de la ventana. El reloj de su muñeca le avisaba que faltaba sólo una hora para navidad, tal vez después de todo Sherlock no cumpliría su promesa.
Se levantó del sillón y se dirigió a la cocina con la intención de preparar un chocolate caliente. No era mucho de su agrado, pero sabía que era lo necesario para entrar en calor. Justo cuanto tomaba esa taza que le pertenecía y además era su favorita escuchó un ruido en la planta baja. Dejó todo lo que estaba haciendo para averiguar lo que pasaba. Escaleras abajo se distinguía una silueta, y no importaba donde estuviera John siempre la reconocería. Un suave "John" fue susurrado y sólo eso bastó para que el dueño del nombre bajara los escalones de dos en dos preocupándole muy poco su seguridad.
—John…—susurró de nueva cuenta Sherlock. Su voz temblaba gracias al frío que invadía su cuerpo.
John llegó a socorrerle, se acercó a él percatándose de la situación. Sherlock estaba pálido, sus labios estaban desdibujados en un feo color morado, temblaba de frío y su ropa estaba empapada, su cabello estaba mojado y cubierto de nieve ocasionando que ese pegara a su rostro.
— ¡¿Sherlock qué rayos?! ¡Por todos los cielos! ¿Dime qué te pasó?
La preocupación de John era palpable pero a Sherlock nada de eso le importaba. Había llegado, estaba en casa y aunque había perdido la sensibilidad en algunas partes de su cuerpo y sintiera el frio calarle hasta la médula espinal. Todo eso lo soportaba con tal de estar cerca de John.
—Lo logré John…— susurraba Sherlock mientras John se encargaba de quitarle la ropa empapada. — John, tengo frío.
—¡Eres un imbécil Sherlock Holmes! — protestaba John mientras se hacía cargo de su pareja y le ayudaba a subir los escalones que lo separan de su preciado apartamento.
El confort de la chimenea encendida y el saber que estaba en la estancia de su casa, fue suficiente para que Sherlock dibujara una sonrisa en sus labios. John lo llevó justo enfrente de la chimenea y lo dejó recostado lo suficientemente cerca para que absorbiera el calor que necesitaba. Sherlock se apoyó en el respaldo del sillón. John se perdió de vista sólo un par de segundos y regresó haciendo malabares, cargando varias mantas en uno de sus brazos y en la mano desocupada sostenía una taza repleta de chocolate caliente.
—Será mejor que lo tomes todo. — Lo cubrió con mantas mientras Sherlock se dedicaba a dar pequeños sorbos a su chocolate caliente.
—Delicioso…—susurró, tomándolo de un solo sorbo y no mentía, era simplemente delicioso y sabía que en eso tenía que ver que estuviera preparado por John.
John lo cobijaba y frotaba partes de su cuerpo para que entraran en calor. Se sentía tan bien.
—Será mejor que vayas dando una buena explicación Sherlock.
—Es confidencial. — Dijo disfrutando del calor que invadía su cuerpo y el exquisito masaje que estaba recibiendo.
—¡Confidencial! ¡Confidencial! Estoy aquí toda la noche preocupado al pensar que algo te había pasado y no puedo saber en que rayos estabas metido. Tú y Mycroft son iguales. — Soltó John como si de un improperio se tratara, ocasionando un mueca de desagrado en Sherlock.
Y como si lo hubieran invocado el celular sonó, la pegajosa melodía invadió la estancia, John estaba dispuesto a contestar cuando Sherlock lo detuvo.
—No contestes, es Mycroft queriendo saber si llegué a salvo después de salir de la camioneta. — John se quedó con el celular en la mano y con muchas más preguntas rondando su cabeza. Pero al ver la hora de su celular se dio cuenta que ya era navidad. No había ruidos afuera que se lo confirmara. Esta era la primera navidad como pareja y como siempre en compañía de Sherlock éste evento tenía que estar acompañado de drama y misterio. A veces John se preguntaba que era lo que tanto amaba de ese loco y excéntrico detective consultor.
Dejó el celular de lado, bien podría regresar la llamada después y se concentró en esos ojos que lo volvían loco. Acarició el cabello de Sherlock que en ese momento se encontraba esponjado, su mano viajó lentamente bajando por la mejilla, resaltando esos pómulos perfectos y deteniéndose en esos labios que tantas veces había probado y nunca estaba satisfecho. El color morado de los labios de Sherlock había desaparecido y volvían a su color normal, no pudo evitar besarlos lentamente dejándose llevar por el ambiente que los rodeaba. Fue un beso corto, cargado de sentimientos que no eran necesarios pronunciar.
— Feliz navidad Sherlock — susurró John mientras pensaba dejar el castigo que Sherlock se merecía para después.
—Feliz navidad John. — Repitió el gesto, dejándose llevar y consumir por el calor que estaba creciendo en su vientre que no tenía que ver con el calor de la chimenea. Pasó sus brazos alrededor del cuello del que era su doctor personal y lo atrajo hacia sí—. John, tengo frío— dijo, esperando que su amante resolviera tal calamidad.
John no se hizo del rogar, era algo que ansiaba y deseaba incluso antes que Sherlock lo propusiera, se dejó abrazar por aquellos largos y pálidos brazos que le pertenecían a su pareja y perderse entres los besos que aumentaban con cada intensidad.
No importaba cuántas veces observara el cuerpo desnudo de Sherlock siempre lo impresionaba, era perfecto y el saber que le pertenecía solo a él lo hacía sonreír de felicidad.
Fue una noche mágica como muchas otras, John besó y acarició cada tramo de piel que le fuera posible alcanzar debido a la posición que estaba. Todo fue simplemente magnífico, siempre era como la primera vez. Siempre que entraba dentro del ser perfecto que estaba debajo de él era una nueva experiencia, podía sentir como sus corazones estaban unidos y palpitaban a un solo ritmo. En cada embestida que proporcionaba John siempre más profundo y más rápido enloquecía al detective consultor, logrando que de sus labios escaparan gemidos de placer combinados con suplicas y ruegos. Pero sobre todo de esos labios salía el nombre de John bañado en un tono de puro placer.
Y como siempre el efímero momento terminaba más rápido de lo que a ambos les gustaría. El placer se aglomeraba en sus cuerpos haciéndoles perder la razón, corrientes eléctricas viajaban de su médula espinal a cada nervio de su organismo y el placer llegaba a nublarles la vista. El clímax bullía en sus cuerpos y terminaban con el grito de la persona que amaban.
Cansados y exhaustos por de todo los problemas que habían pasado, terminaron dormidos en la alfombra frente a la chimenea. Y simplemente desearon que por la mañana toda esa tormenta hubiese terminado.
John despertó lentamente al sentir el frío que viajaba por su cuerpo y una extraña mirada que se posaba en su presencia. Abrió lentamente los ojos y una cabellera pelirroja lo recibió. En frente de él Mycroft Holmes tan elegantemente vestido lo miraba de arriba abajo, deteniéndose en varias partes de su anatomía y fue allí que se percató de su desnudez, Sherlock lo había descobijado como siempre lo hacía. John agarró una de las mantas que sobraban en el suelo de la estancia y sin ninguna vergüenza procedió a tapar su cuerpo desnudo. La tos falsa del mayor de los Holmes inundó la estancia.
—Es bueno saber que están bien. Aunque contestar mi llamada no lo hubiera matado doctor Watson, sabe lo preocupado que estaba.
—Tal vez igual que yo ayer…
Mycroft sonrió de una amanera dulce y hasta John sabía que eso era demasiado extraño.
—Tal vez. Sólo vine a cerciorarme que todo estuviera bien. — Dirigió una mirada a un Sherlock dormido y desnudo cubierto de mantas y sus labios dibujaron una sonrisa picara—. Y por lo visto así es….Deséele una feliz navidad a Sherlock de mi parte y por supuesto una feliz navidad para usted también doctor.
Mycroft Holmes se fue directamente hacia las escaleras sin agregar nada más y despareció. John miró alrededor, deberían pasar más del medio día y muy poco le importó, se acomodó de nueva cuenta para volver a dormir pasando los brazos por la cintura de Sherlock y atrayéndolo hacia él. Solo así podía descansar. Cerró los ojos perdiéndose en el calor confortable que desprendía el cuerpo de su amante, deseando que todas las navidades fueran así de especiales.
FIN
Bueno, espero en verdad que les haya gustado.
Los clichés que había elegido son:
1.- El principal fue: Navidad separados; buscar formas de estar "juntos"en el momento especial.
También se podían escoger otros dos secundarios, que no eran tan necesarios, pero me parecieron lindos fueron: Chocolate caliente, mantas y una chimenea y el último fue Sexo al frente de la chimenea.
Eso fue todo, ¡que tengan un feliz año nuevo! ¡Muchos deseos para todos!
