Disclaimer: Los personajes de vampire knight no me pertenecen, sino a la mangaka Matsuri Hino. Hago todo sin fines lucrativos, solo por mera diversión y entretenimiento.
Agradecimiento especial a "Kanra Kisaragi" vaya sos mi primer lector con review owo, gracias por tu comentario. Me alegra que seas fan también de juego de tronos xD apenas voy por el segundo libro de la saga.
Esta es la última introducción y a partir de aquí empieza la historia e_e. se aceptan cometarios, críticas y review motivacionales xD.
Introducción III
La Maldición Kiryuu.
Aquella noche en especial, la lluvia no le dejaba ver nada. El viento era helado. El agua incluso se colaba por la cortinilla inútil de su ventana. La oscuridad estaba lo suficientemente hambrienta para devorar el mundo y las antorchas del carruaje dispuestas en los cuatro lados apenas iluminaban un metro de circunferencia alrededor.
Su hermano temblaba, aún envuelto en la manta de piel de oso. Él podía escuchar sus sollozos; De los dos Ishiru era el más débil, igualmente sano pero, de carácter más frágil; No lo culpaba, a él también le escocia pero, hasta entonces había podido disimularlo en leves muecas.
Aparte de las adversidades de los elementos, el colmo de la situación era el ardor en su rosa de nacimiento, aquella noche para variar, era más que molesto.
"La rosa maldita de los Kiryuu" como solían llamar entre murmullos, las sirvientas que los atendían a él o a su hermano cada vez que se quejaban por el dolor.
Había merodeado por los pasillos, por las esquinas oscuras; la servidumbre decía que era una marca, una señal de maldición. Zero había tenido esa mancha desde que vino al mundo pero, solo desde los cinco años empezó a molestarle. Su padre nunca se cansaba en repetirles e incluso recordarles con golpes que aquella mancha de nacimiento era un recordatorio de que ellos eran los escogidos para predominar sobre el resto, era sinónimo de realeza, de poder, de fuerza y dominio; El dominio de los Kiryuu por cientos de años. Un legado que pasaba entre todas sus generaciones desde " Kendray el primer Monarca".
Aquel dolor iba a formarles el carácter.
Para Zero aquella rosa oprimida por cuatro espadas en su cuello no era más que un tormento. El escozor era como si fuego se alojara en ese punto, punzante, airoso. Al menos solo llegaba de vez en cuando. Normalmente estaba en paz. Cuando aparecía nadie podía hacer nada, excepto distraerlo para no pensar tanto en ello. Su padre parecía acostumbrado, indiferente, como algo natural, incluso se veía orgulloso de su legado. Zero sentía cierto alivio al pensar que pronto seria el mismo caso con él.
"Con el tiempo" siempre decía su padre. Con el tiempo se acostumbrarían, con el tiempo dolería menos.
Ishiru, cuya rosa estaba en la parte baja de su espalda le pregunto alguna vez a su padre ¿Porque tenían esa marca de nacimiento? ¿Porque dolía? ¿Porque ellos?
"Cuando tengas la edad necesaria, lo sabrás" prometió. Aquel día Zero vio sonreír a su padre por primera vez en lo que llevaba de vida.
La quemazón llegaba en los momentos más inesperados: cuando estaban en el patio trasero del castillo, cerca de las mazmorras, incluso algunas veces en su propia habitación, lo curioso era que mientras más lejos estuvieran de Roca Casterly menos probabilidad había de que le quemara, por eso Zero ansiaba los días en que paseaban en coche por los bosques, en que visitaban otros pueblos. No había dolor y era un gran alivio.
No entendía nada, era solo un niño de nueve años pero, cuando creciera todo sería dicho. El y su curiosidad infantil esperaban pacientemente ese momento, mientras tanto, se comportaría como lo que era, un príncipe.
Es raro ¿no Zero? – abrió los ojos para enfocar a su gemelo al otro lado del coche, su padre se trasladaba en otro delante del suyo, iban de visita al pueblo cercano, su padre estaba en busca de un libro, un libro que venía asediando desde hace meses y que no ha podido conseguir. Sus hijos tenían la impresión de que si aquel hombre canoso de la Liberia no lo tenía, aquella noche iba a ocurrir algo malo.
Había algo que los gemelos compartían sin saber con el resto de los plebeyos y era el temor al rey. "Basteon corazón negro" así le grito una vez hace dos años, una anciana desparramada en la callejuela, tenía las ropas rasgadas y manchadas de rojo. Los gemelos lo recordaban bien, ese día jamás lo olvidarían.
"Basteon corazón negro" era el culpable de su desgracia.
"Basteon corazón negro" había lanzado al reino a la miseria. Los Kiryuu habían lanzado el mundo a la miseria.
La oscuridad era un monstruo que devoraba con ansiedad la luz. Ellos eran la oscuridad, ellos eran la peste.
"Basteon corazón negro, tú y tu descendencia llegara a su fin, os lo juro".
Como si previera lo que ocurriría, Ishiru se había acurrucado tras él, con el rostro apretando su espalda y un leve temblor en su cuerpo. Zero hubiera deseado también cerrar los ojos o mirar hacia otro lado.
Un guardia de su padre le bloqueo la vista. El rostro de la mujer quedo tras la capa ondeante del guerrero y luego su voz se apagó abruptamente. Zero forzó el oído esperando escuchar pero, fue inútil, el silencio lleno el aire y solo fue cortado por un breve "crack". Lo siguiente que vio fue el cuerpo de la mujer aparecer de nuevo, esta vez inerte en el suelo, sus ojos opacos enfocándolo con perturbadora fijeza como si él hubiese sido su verdugo.
¿Qué es lo raro Ishiru? – preguntó el mayor de los gemelos volviendo a la realidad.
Es extraño que arda aún, cuando estamos lejos del castillo. – su voz era cautelosa como si alguien más estuviera observándolos. Si, tenía razón, era extraño pero, el evitaba pensar en todo lo que estuviera relacionado con su tortura cuando le dolía, mientras más distraído estuviera mejor.
El simplemente se encogió de hombros y dejo escapar un suspiro cansado, sumándosele empezaba a dolerle la cabeza. Perfecto.
Intento dejarse llevar por el mecer de la carroza, cerró los ojos e intento dormir un poco. ¿Por qué su padre elegía aquellas horas para hacer los encargos? Ya estaba pasada su hora de dormir y tenía frio, y…y…
El grito desgarrador de Ishiru lo hace regresar abruptamente, juntamente de la mano de su propio dolor. Su hermano se revolvía como un animal herido, la piel de oso cayó al suelo. Él no fue capaz de ayudarlo ya que el ardor lo hizo caer de rodillas. El carro se tambaleo ligeramente al ser golpeado por una fuerte ventisca. Apretó los dientes evitando que escapara algún sollozo y fue ahí, cuando todo su mundo se puso de cabeza, literalmente.
Los gritos y las maldiciones lejanas pasaron por sobre los alaridos de su gemelo al tiempo que el frio se iba de golpe, de repente hacía un calor avasallador. La cortinilla de su ventana desapareció en un manto de cenizas dándole entrada a un fuego infernal que se coló hacia dentro, lamiendo todos los rincones. Todo ardía, incluso el. El dolor y el ardor en su cuerpo lo inmovilizaba, nunca le había dolido tanto hasta ahora y pensó que no iba a sobrevivir. El carro sufrió un violento vuelco, Ishiru ya estaba gritando por el miedo y la sorpresa. El mundo dio vueltas y vueltas. Su cuerpo chocaba una y otra vez al tiempo que veía a través de sus ojos entrecerrados todo cubierto rojo. Las llamas los habían alcanzado y el escozor se expandía por todo su cuerpo.
Iba a morir.
Ishiru…¿Ishiru?.
Pareció pasar una eternidad cuando el carro dejo de volcarse y se detuvo por unos segundos pero, era extraño, Zero no sentía el soporte del suelo, solo una fuerza gravitatoria impulsarlo hacia abajo.
Las llamas murieron y abandonaron su piel cuando el agua helada irrumpió abruptamente destrozando las paredes de la carroza como si fueran de cristal.
El agua fría alivio su dolor por un momento antes de ser consciente de que las ultimas burbujas de oxigeno escapaban de su boca y darse cuenta que se estaba ahogando. Entonces todo se hizo borroso; no supo más de la realidad…
La vida.
La vida, no es más que el gran bullicio en medio de dos silencios. El renacimiento que se antepone a la inexistencia. La vida era dolor, dolor que sentía en los pulmones en carne viva, al toser toda el agua que se había colado en su sistema. Era doloroso pero, así era vivir.
Los parpados se fueron abriendo, pesados y vacilantes, en cuanto la conciencia volvía a el. ¿Dónde estaba? Escuchaba el murmullo del rio a un costado, sentía las piedras apuñalándole la espalda. Dolía, dolía mucho…le dolía todo, tanto que si la rosa aun le Escocia no la sabría diferenciar entre otras partes de su pequeño cuerpo.
Unas pocas convulsiones más y ya podía respirar con normalidad. No intento incorporarse, sabía que no podría, solo se quedó quieto; mirando la luna pálida, sin acompañantes esa noche, mirando el cielo nocturno ya despejado, muy diferente al diluvio de hace tan solo unos minutos ¿estaría muy lejos? Seguramente, no recordaba que hubiera ríos o riachuelos cerca del camino a aquel pueblo. Quizá la corriente lo había arrastrado kilómetros, ya no importaba.
Intento mantener la mente en blanco, esperando su final. No deseaba pensar en que seguramente era un huérfano y había perdido también a su gemelo. El dolor sería demasiado insoportable y era suficiente con el físico. Quería pasar al otro lado como las aguas del rio, en calma.
Pasaron horas y Zero no moría ¿Por qué la parca era tan mezquina con él?
Una sombra cubrió la luna por un segundo, casi lo confundió con un parpadeo, pero sus ojos se mantenían abiertos por la conmoción. Lo sabía, no había parpadeado, además pudo distinguir una silueta, era grande, muy grande y oscura.
Zero nunca había visto una bestia igual.
Un monstruo.
Con el pensamiento de que estaba a salvo, ya que estaba muy lejos en el cielo para verlo, el pequeño príncipe cerró sus ojos, cansado, vencido por el sueño. Si tenía suerte moriría dormido. Sino, saldría el sol antes que algún animal hambriento lo encontrase.
Antes del alba un viajero que había llegado al rio para hacer beber a su cabello encontró el cuerpo herido, inerte y con quemaduras de un niño de nueve años, la criatura parecía estar ya muerta. Se acercó con cuidado y para su asombro el chico aun respiraba.
Miro al cielo con un suspiro de alivio y dio gracias a los Dioses.
Aquello solo podía catalogarse como un milagro.
N.A: por cada review a Zero dejara de dolerle un poco menos la marca en su cuello ó_ó.
