Disclaimer: Los personajes aquí utilizados no me pertenecen, son enteramente de Tadatoshi Fujimaki y sus ayudantes, patrocinadores, etc, etc... yo solo los tomo prestados un ratito cortito para escribir tonterías.
Los personajes no han sufrido daño, trauma o lesión durante la realización de este relato y han sido devueltos a su respectivo propietario una vez finalizado el relato.
Dicho esto, comencemos pues...
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Instinto animal.
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Capítulo tres: O tu novia o yo.
Sigue sin entender nada, pero nada nada.
Es cierto que ya no hay animales, gracias, pero su relación con Kagami es cada vez mas rara.
Sea lo que sea ese aroma tan delicioso, le hace perder la cabeza... pero ese estúpido gato feo tiene novia.
Les pilló el otro día a punto de hacerlo en el pasillo. Vale que no era el sitio adecuado para ponerse cariñoso, pero la tía entró como si nada... y Kagami no lo había negado.
– ¿Por qué estás tan molesto?. – Teppei se agachó a su lado, voz dulce, comprensiva.
– ¿Los que sois animales no os importa estar con varias personas?... no lo entiendo. – Puchero, mirada al suelo.
– ¿Las cosas no van bien con Kagami?. – Su enorme mano de oso posada en la mitad de su espalda, dándole ánimos. – Es normal, los semilla pesada suelen tener varias parejas con tal de tener descendencia.
– ¿Semilla pesada?. – Ladeó la cabeza, confuso.
– ¿Kagami no te ha explicado nada?. – Ahora el confuso era el oso.
A estas alturas debería haberle explicado todo, o al menos la parte mas gorda del tema. Era demasiado que aprender para alguien como Kuroko, que un par de días atrás era un simple mono. Su caso era muy poco habitual, y por lo tanto muy codiciado por los de su especie.
– Me dio este libro, pero no entiendo mucho. – le pasó el cuento después de sacarlo de su mochila.
– Ahhh que recuerdos. Me lo leí en el jardín de infancia. – Teppei se sonroja, adorable gigantón.
Coge un palito del suelo y dibuja y círculo.
– Mira, esta parte son los monos, los humanos corrientes. Ni ven, ni oyen, ni sienten a los de nuestra especie. Alguno tiene una sensibilidad mas fuerte pero pocos de ellos. Los monos son buenos procreadores, pero se pierde la genética de nuestra especie...
– Eso lo entiendo. – Kuroko asiente, es fácil.
– Nosotros, los madarui, dependiendo de las especies no dividimos en grupos. Lo bueno sería juntarnos entre los de la misma especie para tener hijos, pero no siempre ocurre eso, o no es posible. Aún así, los semilla pesada, como Kagami, son muy codiciados... para que lo entiendas, su genética es mas pura...no hay monos en su linaje.
– ¿Y eso que tiene que ver conmigo?. – Eso lo entiende, lo de las especies y todo ese rollo. – Solo soy un mono que ve cosas raras algunas veces.
Teppei sonríe, ante su inocencia.
– A mi me gustabas cuando aún eras un mono... la cuestión es que en algún momento alguien de tu familia, algún tatarabuelo o mas antiguo, tuvo relaciones con un madarui. De algún modo el accidente ha despertado tu sangre madarui, convirtiéndote en algo intermedio. Puedes tener hijos como los monos, muchos y muy seguido, pero con el plus de nuestra especie... – Sonríe al ver que su amigo comprende mas o menos lo que le cuenta. – Eres un valedor del linaje y eso hace que todos los madarui estén interesados en procrear contigo... mucho...
– Yo no sé que hacer... – Se inclina, mete la mano en la arena. – Solo se que no me gusta que tenga novia... ni que se acueste con otras personas... no es como si me importara, es que no me gusta...ya no se ni lo que digo... Me cabrea...
– Es por que te gusta que estás enfadado. – Une las manos, mirando al cielo. – Ahhh que bonito es el amor... poder compartir tu vida con el mismo hombre... el sueño de cualquiera.
– ¡Que amor ni que ocho cuartos! … No es amor ni es nada, es solo que me asaltó, y me hizo... ahhhh no quiero ni acordarme... solo me siento como si me arrastrara una corriente... pero no es amor, definitivamente no es eso... quiere hacerme un hijo, por que soy un mono mutante...
– Kuroko, Kagami te gusta... – Es cierto, lo sabe, lo nota, no es solo sus feromonas de macho dominante, es algo mas.
– ¡No me gusta, y no pienso tener bebés con él solo por que huela tan bien!. – Ha dicho. Punto.
Teppei mira por encima de su hombro... y su cara muta a una de sorpresa.
– Kuroko, ven, ahora. – Kagami aparece, mosqueado, ordena y manda. No aceptará un no por respuesta.
– ¡No! me quedo aquí, déjame en paz. – Se gira, usa a Teppei como escudo.
– No le obligues si no quiere ir contigo. – Abre los brazos, ocultando al peli celeste tras él.
Kuroko asoma, y nota mas que ve, que Kagami está dispuesto a empezar una pelea con tal de salirse con la suya.
Problemas.
– Está bien, voy contigo, pero deja a Teppei, por favor. – Sale de su "escondite".
Teppei no parece muy convencido, pero no puede meterse en medio sin mas. Se limita a mirarles alejándose juntos, y suspirar.
Después le llamará para comprobar que todo va bien... Al fin y al cabo, sabe que Kagami no le hará daño.
…
– ¡Tienes a tu novia, no me necesitas! Déjame en paz. – Kuroko rompe el paso, le enfrenta.
No podrá usar sus "poderes" si están en mitad de la calle.
– Quiero que me des un hijo. –Insiste de lo mas borde. – Lo de las novias no tiene nada que ver contigo.
– Ten los hijos que quieras con ellas. – Sigue andando furioso, no entiende nada.
– Tienes que ser tu, eres un valedor del linaje. – Señala algo que es obvio para él, aunque el mas bajito no lo comprende.
– No me quieres pero tengo que tener a tu hijo, ¿Es eso?. – Aprieta la mandíbula, molesto. – Me niego a tener sexo contigo por esa razón. Es asqueroso. No te importo...
– Está bien, no intentaré hacerlo contigo, de momento, pero tienes que venir conmigo, ahora. – Le tiende la mano. Su postura indica que le daría una patada, pero al mismo tiempo intenta ser comprensivo con él. – Ahora mismo estás en peligro, tu aroma es demasiado fuerte y no puedo protegerte si sigues así.
Kuroko duda, sabe que no le miente, y que su contención es mas producto de su cabezonería que de habilidad.
Y por esa razón ahora está ahí, en su apartamento...
Vestido de chica. Un vestidito de tirantes, dos lazos en el pelo... incluso su postura es de lo mas femenina. La vena palpitante en su sien indica que no está cómodo.
– Bueno, ya te dije que no soy bueno explicando, así que lo hará mi hermano, se le da mejor. Pregúntale a él lo que no entiendes.
– ¿Por qué tengo que estar con estas pintas?. – Es una pregunta, una muy buena, tanto que de verdad quiere saber la maldita respuesta.
– Bueno, mi hermano es hombrefóbico. – Señaló con el pulgar como si fuera algo normal.
– Todos los hombres menos yo deberían desaparecer. – Clavó sus ojos en Kuroko, haciéndole sentir un escalofrío subir por su espalda.
– Sigo siendo un hombre, aún con este estúpido vestido. No va a resolver nada. – Está claro que esos dos no están bien de la cabeza, y que casi prefiere que lo asalten...
– Eso es lo de menos, aprecio tu esfuerzo, pero...¿puedo saber por qué no lo habéis hecho aún? No hueles para nada a Kagami.
– Deja el tema, ¿Quieres?... – negó, sin querer ampliar mas la razón ni contarle nada.
– El problema es que su olor sale en todas direcciones y atraerá a todo macho dispuesto a aparearse en la zona... lo que sea que estás haciendo hermano, no funciona. Puedo ver su espíritu animal desde aquí, tratando de salir...
– Daiki... ya te he dicho que... – Kagami intenta darle una razón convincente a su hermano...
– No me importa. – Saca un juguete para gatos. – Vamos a ver que animalito eres. Taiga, atrápalo cuando te diga.
Agita el juguete de un lado a otro, captando su atención y lanzándolo al otro lado de la habitación.
Espera que el pelirrojo pueda cogerlo para hacerle una foto con el móvil.
– Eres … un gato raro... pero mono, tienes algo adorable... – Aomine sonríe a la foto, la verdad es que hasta cierto punto es hasta gracioso.
– La confisco. – Kagami se envía la foto a su buzón y la borra del móvil de su hermano. – Esto es como un desnudo... y no voy a dejar que nadie mas te vea así.
– O sea que no soy un mono, soy un gato... o algo así...
– Kuroko, tienes problemas mas graves, para empezar tienes que aprender a ocultar tu olor, y tu condición. Ahora mismo eres como un faro en la oscuridad.
– ¿Mi condición?. – Una nueva duda.
– Tienes que controlar que tu apariencia espiritual quede oculta tras tu cuerpo físico. Normalmente esto lo aprendemos de niños, es instintivo,pero para ti es algo nuevo, habrá que empezar de cero... – La verdad es que el tono con el que se explicaba dejaba claro que le gustaba la situación, y que Kagami había sido sincero cuando le dijo que su hermano se explicaba mucho mejor que él. – Aunque lo fácil sería que te acostaras con mi hermano, su olor taparía el tuyo y sus feromonas ocultarían tu apariencia, con lo que estarías a salvo...
– ¡Me niego!. – Kuroko se levantó, agarrando a Aomine por las manos.
Le lanzó por los aires de un manotazo, para acto seguido, tomar unas toallitas húmedas y empezar a limpiarse justo donde el gatito le había tocado... con saña como si Kuroko fuera contagioso o algo así.
– Te ayudaré con tu problema, pero te costará al menos quinientos... no voy a hacerlo gratis. Con mi tutela disimularás tu olor sin despeinarte. – Aomine se sentó, tranquilo, cruzando las piernas seguro del todo.
– No tienes que llegar tan lejos, solo con que echemos un polvo será bastante... te empaparé con mi olor y listo. Además, ahorrarás un dinero que no tienes. – Estaba claro que la seguridad en si mismo tenía que ser algo genético en esa familia.
– ¡No quiero!. – Kuroko dejó claro que no pensaba abrirse de piernas por muy semilla pesada o lo que fuera que era ese insensible.
– ¿Qué te pasa?... Estoy intentando ayudarte, no seas tan remilgado. – Kagami saltó como un resorte.
– ¿Intentando ayudarme?. No necesito tu ayuda, acosador del tres al cuarto. – Frunció en ceño, enfadado. – Aprenderé a valerme por mi mismo y encontraré alguien mil veces mejor que tu para casarme con él y tener un millón de bebés. Imbécil.
– ¡Pues muy bien!, Espero que te violen una manada de monos, estúpido gato. No pienso mover un dedo para ayudarte. Que te den. – Un portazo finalizó su argumento.
Se había quedado solo son Aomine, que simplemente encontraba de lo mas divertido la situación entre ellos. Con lo torpe que era su hermano para ser delicado y lo perdido que estaba el nuevo gatito, iba a ser un auténtico festival ver como evolucionaban como pareja.
Por que para él estaba muy claro que esos dos acabarían juntos.
No le gritas así a alguien que no te importa...
– ¿Puedo pagarte a plazos?. – Tímido, susurro muy bajito.
– Claro, no hay problema. – Daiki dibujó una sonrisa preciosa. – Te espero cuando terminen las clases y empezamos.
…..
Sus lecciones no avanzaban para nada.
Aomine era un buen profesor, pero no entendía muy bien que tenía que hacer, ni como enfrentarlo.
Kagami había dejado de ir a verlo en cada descanso, cosa que había estado haciendo la semana antes, y eso solo le indicaba que el pelirrojo no iba en serio con lo de hacerle su pareja.
Dijo que no iba a mover un dedo por ayudarle y lo estaba cumpliendo.
– Si no fuera por la pulsera mágica que te he dado estarías siendo secuestrado ahora mismo y encerrado en un sótano oscuro para tener críos sin parar... Tu olor sigue siendo mas que evidente y tu técnica para esconder tu espíritu... apesta. – Suspiró cansado. – No trates de aprenderlo, es puro instinto, tiene que salirte solo...
Kuroko miró sus pies. De verdad que estaba practicando en casa, al menos si que se leía el libro y todo lo que había podido encontrar del tema, pero no parecía avanzar para nada.
– Vamos a probar otra cosa. – Rebuscó en su mochila y le tendió un anillo. – Úsalo, disimulará tu aroma un poco mas, pero hay que encontrar un modo de taparlo del todo. – Miró su reloj. – Mañana seguimos, ¿De acuerdo?, Tengo turno en el trabajo.
Kuroko se levantó, ignorando los pantaloncitos femeninos que vestía y asintiendo convencido con su nueva joya. Iba a lograrlo, a parecer un ser humano normal, encontrar alguien que lo amara y luego se lo restregaría a ese tempano de hielo con patas por los hocicos.
Se cambió de ropa y colgó su mochila al hombro. En el pasillo, Kagami salió del baño, solo una toalla en sus caderas.
Su aroma, ahí estaba. Emanaba de él a borbotones, de un modo tan brutal que Kuroko apenas tardó un par de segundos en sonrojarse hasta la punta de las orejas.
El corazón amenazaba con salir del pecho por la boca.
"Céntrate Kuroko, solo es un tío, medio desnudo y apetecible, pero un tío"
– Me voy... tengo que pasar, si te apartas por favor. – Señaló la puerta a un metro de él.
Kagami asintió, mirada fija en él, ni una palabra.
Al pasar por su lado, la reacción no se hizo esperar.
Para los dos fue como un chispazo, recorriendo su cuerpo allí donde se habían rozado.
– Sigues igual. – Kagami le agarró la barbilla, girando su cara a un lado y a otro, mirándole con atención. – No estás mejorando nada... Mira, ahora estoy de humor, podemos hacerlo y acabar con todo esto. – Su erección era mas que evidente tras la toalla con la que cubría sus caderas. – Te perdonaré lo del otro día si..
– Quita de en medio. – Le apartó, disgustado con sigo mismo por estar a punto de caer. – Tengo que irme ya...
En el descansillo necesitó unos segundos para volver a su ser, ni las mas profundas respiraciones le hicieron recuperar la compostura.
Ese estúpido se pensaba que podía mangonearle cuando le viniera en gana, solo por todo ese rollo del macho dominante o mierda rara... y no solo eso, ahora tenía que aguantar que la "novia" de turno le gritara en el descansillo que se alejara de él.
Para empezar él no se había acercado al pelirrojo, ni siquiera le interesaba antes del incidente en el metro, pero ahora... ¿Porqué se sentía tan molesto?...
Simplemente sentía que no podía luchar contra una mujer, no con las mismas armas y en igualdad de condiciones... era frustrante, y doloroso, y él no lo merecía.
Abrió la puerta del apartamento de los dos hermanos, de golpe.
Seguía en mitad del pasillo, semi desnudo y con esa perra asquerosa abrazada a él como si nada.
– Si quieres que tenga a tu hijo, no dejaré que estés con nadie mas. – Kuroko gritó desde su posición. – Rompe con ella, ahora mismo o se acabó.
No pensaba tolerar mas eso. Prefería terminar ahora que aún no le gustaba del todo como para importarle romper; a la mierda.
Kagami le miraba, sin expresión, En su cara podía leerse que no le hacía mucha ilusión la escenita.
– Deja de comportarte como un niño. – Murmuró, lo bastante alto como para que le escuchara. Sus manos seguían alrededor de la chica.
– Venga Kuroko, te acompaño a casa. – Aomine se metió entre ellos. Lo mejor era terminar la escena. Estaba claro que su hermano era igual de romántico que una diarrea y no le apetecía nada ver a Kuroko llorando a moco tendido.
– Muchas gracias por elegirme a mi, Kagami. – Voz nasal, de pito, con cierto retintín grosero.
– No voy a acostarme contigo, jamás. – Kuroko sentenció, frente a la puerta abierta, iba mucho mas que en serio. – No quiero volver a verte.
Sería estupendo, un quebradero de cabeza menos si se iba por la puerta y no volvía mas.
De verdad que estaba excitado un momento antes, y ahora estaba en paz; demasiado.
Kagami veía la escena a cámara lenta, Kuroko se iba.
Si cruzaba la puerta no habría una segunda oportunidad.
Empujó a Daiki y le agarro por la chaqueta, atrayéndole a su cuarto, mientras guiaba a la chica de un empujón a los brazos de su hermano, dejándoles a los dos en el pasillo sin entender nada de nada.
– Venga preciosa, te invito a una copa. – Aomine la "dirigió" fuera de su casa, divertido. La chica no entendía nada, pero él si... y estaba contento de que su hermano decidiera intentar dejar de ser tan rancio por el chico gato...
…..
Entre ellos, solo silencio.
Cada uno sentado en un rincón del sofá, como opuestos.
– Me has elegido por que yo … – Feliz, hasta el delirio...
– No lo digas. Solo quiero tener un hijo contigo, y ya está... no es como si tu me...
– Pero tu me gustas, por eso me he enfadado tanto al saber que los semillas pesadas como tu tenéis novias y eso... no me siento así con nadie mas, solo contigo y yo...
– Vale, para. – Kagami se giró, dándole la espalda, rojo como su pelo...
– ¿Estás siendo tímido, por que te gusto, verdad?. – arrastró el culo por el cojín, hasta subirse a su espada. – Que adorable, que mono eres...
Otra vez, el aroma, mas intenso y envolvente que nunca.
– Ya te he dicho que no. – Comete el error de girarse, intentando que deje de abrazarle.
Consigue lo contrario, Kuroko se sube a sus piernas, le abraza, se restriega en su cuello, le besa sonoramente en la mejilla.
– Que mono, que adorable... te quiero, te quiero mucho... Kagami, te quiero. – Mas fuerte y mas besos por su cara...
– Tienes que tranquilizarte... Kuroko... esto se te va a ir de las manos... tu .. – Sorprendido vio sus orejas aparecer en lo alto de su cabeza, y el oscilar de su cola en el lugar en el que la espalda pierde su nombre.
Peligro.
– Que guapo, que guapo eres. – Los besos ya no eran tal, eran lametones de lo mas animal. Sus mejillas sonrojadas y sus ojos mas azules que nunca le hacían mucho mas apetecible de lo que podría parecer. – No sé que me pasa, no puedo parar... por favor... Kagami...
– Esto es peligroso. – Le golpea, consiguiendo dejarle K.O.
Atrapa al gato entre sus manos, su corazón desbocado, la libido en las nubes.
Si Kuroko no llega a descontrolarse como para transformarse en el gatito, le había hecho de todo sin remordimiento alguno.
Sea como fuere, tenía que aprender a controlarse, y tenía que hacerlo ya. Eso había muy peligroso... Tendría que hablar con Daiki, y hacer algo... por que él también había estado a punto de dejarse llevar... y no era la primera vez que le pasaba.
Estaba claro que tenía que haber algo mas que todo eso de que Kuroko fuera un valedor del linaje... algo mas que se le escapaba.
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Uuuyyyyyy, me he pasado mil palabras pero bueno, ahí lo dejo.
Gracias por el apoyo, como siempre, y por vuestros comentarios.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
