Había trampa.

Conocía demasiado bien a la Gata Ladrona, o más bien había sido engañado por sus tretas demasiadas veces, y sabía que esta vez no era diferente. Nami quería algo, y él no tenía ni idea de que.

Cuando ella interrumpió su entrenamiento, vestida con un pequeño bikini celeste, para comérselo con los ojos no pudo más que sonreír con suficiencia y hablarle de forma descarada; sabía que un cuerpo trabajado como el suyo llamaba la atención de las mujeres, pero que fuera la navegante la que lo desnudara con la mirada se había sentido como una pequeña batalla ganada en la guerra que era su amistad. Nami, al sentirse descubierta en plena inspección, se había sonrojado, pero rápidamente se había recompuesto y acercado a Zoro meciendo las caderas.

No pudo evitar recrearse en cada curva que su femenino cuerpo mecía ante él; ella había crecido en muchos aspectos, y el espadachin no pudo evitar evocar el recuerdo de la sensación de su cuerpo apretado contra el suyo mientras la sacaba del barco enemigo; definitivamente había crecido mucho.

El momento estaba cargado de tensión sexual, una tensión sexual que se vio interrumpida con su propuesta, ¿Entrenar? ¿Que quería esa mujer de él?

-¿Entrenamiento?¿Tú contra mi?

-Si, eso he dicho.-Nami rodó los ojos sonriendo ladinamente.-¿Qué pasa, eres de esos que no pelea contra una mujer? Vaya, Sanji estará orgulloso.

-No me compares con el cejas de remolino, gatita, ese cretino y yo no nos parecemos en nada. Lo que pasa es que no quiero hacerte daño y que Luffy se alarme porque crea que he matado a su querida navegante.

Zoro sonrió y la navegante rodó los ojos cruzandose de brazos, acción que hizo que sus pechos se vieran más grandes y que el hombre lo notara. Luffy y ella tenían una relación más cercana que los demás ymás de una vez había pillado a su capitán buscando a Nami con la mirada.

-Oh, así que simplemente me estas subestimando, no te preocupes por eso, si quieres incluso podemos poner una palabra de seguridad para que duermas mejor por las noches.

-Se me ocurren otras cosas que harían que durmiera mejor por las noches.

La insinuación quedó en el aire. Nami queria algo y tenía que averiguar si lo que quería era un revolcón u otra cosa. Ella no se acobardó ante sus palabras.

-¿Cómo no compartir dormitorio con Sanji?

-Por ejemplo.

Se quedaron en silencio, midiendose con la mirada hasta que él habló:

-Tengo la sensación de que esto es una idea terrible.

-Parece que tengas miedo de que pueda darte una paliza.

Zoro soltó un par de carcajadas ante la idea, no subestimaba a Nami, sabía que era más fuerte que la mayoria, pero lo suyo no era la pelea física, al menos no ese tipo de pelea física.

-Créeme, me preocupa más romperte una uña y que salgas llorando que eso.

-Entonces no tendrás ningún inconveniente en que el que gane reciba algo asi como... un premio.

Ahí estaba. El motivo oculto tras la propuesta.

-¿Que clase de premio?

-Nada del otro mundo; si tú ganas te perdonare el 30% de tu deuda...

-Tacaña, que sea el 50%.

Nami ignoró su comentario y siguió hablando.

-...por el contrario, si yo gano, deberás acatar una orden mía sin rechistar, si la incumples tu deuda se triplicará.

-Así que todo esto es cuestión de deudas.

Ella sonrío como un gato que jugaba con un pájaro entre sus patas.

-Si quieres verlo así.

-¿Por qué tengo la sensación de que hay trampa? Es demasiado bonito.

Nami le recorrió el torso con la mirada mientras se recogía el pelo en una coleta.

-Esa es mi propuesta, ¿la tomas o la dejas?

Zoro no sabía que responder, su instinto le gritaba a voces que había gato encerrado, que se negara y siguiera con su entrenamiento de siempre; pero por otro lado su ego le decía que era más fuerte que ella, más rápido, que podía ganar sin esforzarse y quitarse parte de su deuda, además del inintencionado contacto físico que la pelea acarrearía. Nami estaba frente a él, estirando sus miembros con ese bikini tan ridiculamente pequeño.

-¿Vas a pelear con eso puesto?

Nami se miró a si misma, atándose los lazos de la prenda más fuerte.

-Si, ¿Por qué, te incomoda?

-Al contrario.

Por supuesto que ese bikini no le molestaba; ni a el ni a la medio erección que tenía desde que había entrado por la escotilla con las botellas de sake.

-Esta bien gatita, acepto el reto.