Disclaimer: El Fandom de Naruto y sus personajes no me pertenecen, la historia tampoco, es propiedad de Perla y yo sólo lo público por ella.
Fuego y Hielo
Capítulo 3:
Después de una hora de haber estado corriendo a todo lo que sus piernas le permitían, consiguió alejarse bastante del reino que le temía cual presa teme ser comida por el depredador; y, al percatarse que ya no la podrían encontrar, dejó de correr para así poder contemplar el paisaje que le prohibieron disfrutar desde que era una niña pequeña.
—No recordaba que fuera tan hermoso este bosque… —se dijo para sí misma, mientras caminaba evitando las ramas que en varias ocasiones casi la golpeaban en la cara.
Y así, fue explorando aquel bosque hermoso que desde hacía años la llamaba a que lo explorara en toda su extensión.
Por otro lado, la reina después de haber corrido por unas dos horas llegó al lado de su marido.
—Hola, querido —saludó Akahana con tono amable.
—Hola, mi vida —contesto él con un tono de voz romántico que le salía únicamente cuando estaba resfriado.
—¿De nuevo estas enfermo? —le reprochó con gesto enojado y los brazos como jarras.
—Sí, por haber ido con el viejo Jiraiya a conseguirte esto… —confesó, al tiempo en que le entregaba un hermoso collar de oro blanco en forma de copo de nieve.
—¡Ay, mi vida! Es hermoso… —exclamó, plantando un beso en los labios de su esposo. Al intentar tomar la nuca de su esposo para acercarlo más a ella, se dio cuenta que traía el candado de la prisión de su hija entre las manos—. ¡Oh, por dios! —dijo separándose de él, con gesto horrorizado.
—¿Qué pasa, Akahana? —preguntó preocupado el Rey.
—Olvidé poner el candado en la mazmorra de Sakura…
—¡¿Pero qué has hecho, mujer?! —rugió con gesto aterrado, alejándose de ella y corriendo hacia las caballerizas.
—E-Ella casi me sepulta bajo la nieve, cariño. Tuve que salir corriendo para no morir congelada en el frío… —explicaba mientras lo seguía.
—¡Si se ha escapado no nos resultara fácil encerrarla de nuevo!
—Yo sé cómo encerrarla de nuevo sin tener que luchar contra ella.
—¿Cómo? —inquirió con interés y con un tono de voz más bajo, dándose la vuelta.
—Tengo una amiga…
—¿Qué amiga? —cuestionó, puesto que su mujer no tenía amigas normales.
—Mikoto Uchiha, ella tuvo dos hijos. El menor es como nuestra hija, pero en vez de controlar el frío y la nieve controla el fuego y el calor…
—Y él, ¿cómo nos puede ayudar?
—Con un compromiso; así matamos tres pájaros de un tiro: comprometemos a Sakura, libramos a los Uchiha de su hijo menor y mantenemos a Sakura controlada.
—No lo sé… —dijo el rey no muy convencido.
—Vamos, amor. Conseguiremos lo que hemos querido por todos estos años; además Mikoto me envió una imagen de su hijo Sasuke y es muy guapo… A Sakura le gustará…
—Si tú lo dices, por mí está bien.
Cuando llegaron a la mazmorra comprobaron que, efectivamente, Sakura se había escapado.
—Ahora hay que localizar a esa mocosilla traviesa… —rezongó, más para sí misma que para su marido.
Él no la escuchó.
Continuará.
¡Gracias por leer!
