Hola…

La historia se inspira en el libro y película NEVER LET ME GO, los personajes pertenecen a HOSHINO KATSURA, y el titulo de este capítulo viene de una canción de la banda TOKYO HOTEL.

Creo que este es el capítulo más largo que he escrito hasta ahora y me disculpo si es que se vuelve molesto, pero era necesario escribirlo para que puedan ocurrir el resto de las cosas en los capítulos que vienen. Ah, por cierto, en éste aparecen otros personajes: Cross, Neah y Lou Fa.

También me disculpo por la demora, de algún modo he podido avanzar con este pero no con el de World on Fire… mis disculpas y espero les guste, aunque sea un poco.

WITHOUT YOU:

SCREAM

Desde la partida de Kanda, Lavi y Lenalee comencé a ampliar mi círculo de conocidos e incluso me atrevería a decir que llegue a conocer a todos los que estaban en la orden oscura, había dejado de ser tan retraído como antes pero aún mantenía aquel muro entre el resto de las personas y yo. Antes siempre pensaba que quien creaba ese distanciamiento eran las personas que me rodeaban y que mi soledad era una consecuencia de aquello, pero ahora que intento regresar a esos tiempos creo que tal vez estuviera equivocado entonces y quien en realidad formaba esa distancia no era nadie más que yo. Quizás en el fondo percibía que había una diferencia entre nosotros, tal y cómo ellos lo sentían, quizás fuera solo como consecuencia de las diferencias, pero no sabría decirlo, después de todo cuando uno se pone a pensar en el pasado deja en parte de tener importancia qué era cierto y qué no lo era, después de todo pensar en ello no sirve de nada, las cosas ya han ocurrido y no se pueden cambiar.

Meses después de que se marcharan a las cabañas las cosas empezaron a cambiar en la orden oscura, todos lo sentíamos, había partido con pequeñas cosas, que si no le prestabas la debida atención no alcanzabas a enterarte, la primera de ellas fue que el señor Komui aparecía cada vez menos ante nosotros, hasta el día en que simplemente dejo de aparecer, pasando los días encerrado en su oficina en medio de sus montañas de papeleo; había contratado a un joven australiano llamado Reever y según decían los rumores, era él quien prácticamente se encargaba de todas las cosas ya que el director no se encontraba en condiciones de hacerlo y aún seguía sin reponerse del estado en que se encontraba desde que Lenalee dejara la orden para ir hasta las cabañas y creo que en realidad, jamás se repuso de ello. Además de eso, la comida, antes abundante y variada había sido reemplazada por sopas de las que no tenias idea como habían sido preparadas, fideos y cremas que se asemejaban a las que le daban siempre a los menores de la orden; aunque no eran malas, después de todo era Jerry quien las cocinaba. Jerry era el chef de la orden que a pesar de su aspecto algo extraño –la primera vez que lo había visto no sabía si era hombre o mujer-se mostraba siempre amable con todos y muy cariñoso, al menos la mayoría del tiempo.

Hubo un día por esas fechas en que iba caminando con Lou Fa, que era una chica a la que al parecer le agradaba bastante pues a donde fuera me la encontraba y nos poníamos a charlar, aunque a veces llegaba a ser un tanto molesto ya que estaba acostumbrado a tener más tiempo a solas, cosa que con ella alrededor resultaba completamente imposible, pero bueno, aquel día íbamos a pedirle un aperitivo a Jerry, ya que las porciones de comida se habían hecho más pequeñas y no conseguían calmar nuestra hambre, fue entonces cuando vimos a Jerry agitando los brazos enfurecido a través de la ventana de la cocina, no podíamos oír lo que decía pero vimos que discutía con Reever, que se pasaba la mano por la cabeza con una expresión de desesperación como si no supiera que decir, al final vimos que suspiraba y le decía algo que había dejado choqueado a Jerry, íbamos a seguir mirando, mientras pegábamos la oreja a la puerta intentando escuchar cuando oímos unos pasos por el pasillo que conducía a la cocina, al final tuvimos que marcharnos de ahí, no volvimos a ver a Jerry discutiendo con Reever, pero a la hora de comer ya no nos saludaba con la misma sonrisa de antes y empezaba a cobrar una expresión similar a la que había notado en el señor Komui la última vez que lo vi en su oficina. Si bien el ambiente de la orden oscura nunca había sido del todo acogedor, ahora había un aire de melancolía en el ambiente que poco a poco se fue propagando como una plaga en los rostros de cada una de las personas y no hizo sino empeorar con la marcha del maestro Tiedoll, que hasta entonces era el único que no mostraba tantos cambios dada la situación. Fue el mismo Tiedoll el que nos informó de su partida, si bien no se preocupo de comentarnos los motivos que tenía para hacerlo, si nos explico algunas cosas que cambiarían apenas lo hiciera; entre aquellas cosas nos comento que ya no habría un maestro de arte nunca más en la orden, con solo decir aquello reino el caos en el salón, si no habían clase de arte, no habrían obras para la galería ni tampoco una forma de conseguir tickets para los saldos y lo que era peor, tal vez significara que dejarían de existir los saldos y finalmente así fue como acabaron las cosas. Muchos lloraron la partida de Tiedoll y la pérdida de todo lo que conllevaba su partida, yo solo lamente perder al maestro, ya que carecía de talento artístico y nunca había tenido trabajo alguno en la galería ni recibido tickets para los saldos. La galería, como todos la llamaban, era el lugar a donde se llevaban los mejores trabajos de la orden oscura, todos desconocían su paradero pero sentían un gran orgullo si alguna obra suya era escogida para la galería, aunque no dejaban de lamentar el no poder quedársela para ellos mismos. De entre mis amigos, todos habían conseguido tener trabajos en la galería al menos una vez, Lenalee lo había conseguido con una acuarela de un jardín de flores, Lavi por sus imitaciones de pinturas famosas, entre ellas la que más me había gustado era una de sus imitaciones en la que aparecía una pareja abrazándose, me gustaba por la forma en que parecía que se amaran tanto que quisieran juntarse y ser uno solo para así no tener que separarse jamás y en mi mente imaginaba que tal vez les había costado mucho estar juntos y habían tenido que huir para lograrlo; cuando le pregunté a Lavi sobre aquella obra me explico que se llamaba "el beso" y el artista se llamaba Gustav Klimt, entre otras cosas que ya no consigo recordar; Kanda también había tenido obras en su galería, aunque él no parecía alegrarse por ello, ni tampoco disgustarse, como si le fuera en realidad algo indiferente y hacia lo mismo cuando el resto de los alumnos se acercaban a elogiarlo, simplemente mirándolos sin decir gracias para luego marcharse diciendo que le daba igual lo que hicieran con su trabajo.

Como iba diciendo, las cosas estaban cambiando y en mi caso lo hicieron mucho más…

Un día comenzó a correr el rumor de que recibíamos una visita, las chicas corrían por los pasillos emocionadas por haber visto a unos señores muy guapos caminando hacia la orden, la descripción que hicieron de uno de ellos me hizo soltar un escalofrío pues se parecía demasiado a alguien que lamentablemente conocía bastante bien y si hasta entonces ya estaba nervioso no se podría comparar a como lo estaría luego de seguir oyendo el rumor.

¡Allen!- me llamó Lou Fa, que parecía en extremo sorprendida mientras charlaba animosamente con unas chicas y con una expresión de extrema sorpresa, despidiéndose deprisa para luego llegar corriendo hasta mi, tomándome del brazo para llevarnos hasta un lugar menos concurrido, note miradas de mezcla de curiosidad y temor dirigiéndose hacia mi entre aquellos pequeños grupos que estaban charlando hasta hacia poco lo que no hizo sino empeorar mi sensación de que algo malo estaría por pasar. –Está este rumor… circulando por toda la orden, unas chicas dicen haber visto a un sujeto pelirrojo muy apuesto ¡y a un tipo que lucía igual que tú Allen!, ¿Qué vamos a hacer Allen?, ¿Vamos a verlo?, puede que se hallan equivocado, puede…

Lou Fa siguió hablando, pero yo ya no la escuchaba, lance una mirada rápida a mi alrededor, notando la mirada del resto posada en mi esperando a ver que iba a hacer, al parecer el lugar que había escogido Lou Fa para hablar de forma más privada no había servido de mucho. Me mordí el labio inferior mientras intentaba aclarar mi mente; según la descripción que daban el sujeto pelirrojo debía tratarse de mi maestro, aunque yo no le veía lo apuesto, era un tipo molesto y arrogante además de irresponsable pero adonde quiera que fuera esa era la forma en que lo describían las mujeres, y la persona que lo acompañaba… ¿Sería ese Neah?, más no tuve necesidad de seguir pensando en ello, pues en ese mismo momento aparecía Reever diciéndome que se me necesitaba en la oficina, asentí con la cabeza, siguiéndolo en silencio mientras me despedía de Lou Fa con la mano, dándole una sonrisa a modo de agradecimiento.

El australiano parecía llevar prisa pues avanzaba dando grandes zancadas y pasos rápidos, a diferencia de otras veces no me dirigió la palabra a pesar de que lo miraba con insistencia esperando que acabara por decirme algo que me ayudara a orientarme sobre que estaba pasando; al final no me dijo nada sino hasta que quedamos frente a la puerta de Komui abriéndola mientras me indicaba que pasara, mire hacia la silla en donde debería estar sentado el director pero quien la ocupaba era aquel sujeto que habían descrito como tan parecido a mí, solo que éste tenía el cabello negro y los ojos dorados. Neah estaba dando vueltas en la silla del director Komui, deteniéndose al oírnos entrar, colocando entonces su rostro sobre la palma de su mano colocando una sonrisa tan amplia al verme que parecía desquiciada, al cabo de unos segundos se levanto de la silla, avanzando a paso lento hacia mí, mientras me recorría con la mirada.

Ya puedes irte Reever-dijo con la misma sonrisa amplia, sin siquiera lanzarle una mirada mientras lo despedía con un tono algo rudo a pesar de que usara palabras amables para decirlo. Neah me estaba analizando, por lo que comencé a hacer lo mismo con él, notando que en realidad nos parecíamos bastante, aunque el luciera mucho mayor. Después de pasar un rato así, Neah soltó una carcajada que me pillo por sorpresa, para luego cogerme del cuello de la camisa acercándome a si, mientras con su otra mano me acariciaba el cabello con cierta rudeza.

¿Qué haces…?-le pregunté con la voz firme aunque por dentro estuviera temblando de miedo ante la incertidumbre sobre a qué venía todo aquello, a qué hacia Neah ahí y en por qué razón nos habían dejado solos.

Toco mi cuerpo… ¿qué crees?-me respondió volviendo a reír, aunque yo no le hallaba gracia a nada de lo que decía. Al final se aburrió de solo tocarme el cabello, comenzando a descender sus manos frías por mi rostro, bajando por mi cuello hasta reposar en mi pecho, empujándome entonces con fuerza contra el sillón rojo, lo mire sorprendido al mismo tiempo que oía el crujido familiar de la puerta al abrirse, esperando a que fuera Komui o Reever y que me explicaran que estaba pasando, pues no tenía idea de que debía hacer, después de todo era por Neah que había sido creado, baje la mirada sintiendo mi corazón dando golpes como si fuera un caballo desbocado a causa de la tensión. Finalmente una figura se asomó por la puerta impregnándolo todo con su aroma a tabaco, gire el rostro sorprendido, pensando que si antes tenía algún tipo de esperanza, ahora podía olvidarme de ella.

Maestro…-Lo mire por primera vez después de más de un año sin verlo, notando que no había ningún cambio en su rostro ni en su forma de vestir y por el aroma, seguía consumiendo el mismo costoso tipo de tabaco.

Idiota aprendiz…-apenas me dirigió una mirada de desagrado para luego centrar su atención en Neah, soltando una sonrisa siniestra y arrogante. –¿Conociendo tu cuerpo?, Esta bastante bien, ¿no crees?

Mire al frente pero el rostro de Neah seguía teniendo esa misma sonrisa maniaca y sus manos no dejaban de bajar, descendiendo ahora por mi abdomen, hasta llegar a mis partes privadas dando un apretón por encima de mis pantalones, soltando una carcajada divertido con estar jugando con su clon y fue entonces cuando me aparte en dirección a la puerta, ya sin importarme si ese tipo desquiciado era de donde había salido, lo único que quería era abandonar la habitación y llegar hasta mi cuarto, pero no me iba a salir tan fácil ya que Cross se había parado frente a la puerta, bloqueándome el paso.

Maestro, déjeme salir…-le dije, intentando ocultar con un tono de voz neutral la inquietud que me hacía sentir Neah y la furia que me daba que Cross me cerrara el paso, de repente vi una nube gris nublándome la vista, así que cerré los ojos, desviando el rostro u dejando salir una tos involuntaria al sentir como exhalaba todo el humo de su tabaco sobre mi rostro.

Cierra la boca, estúpido mocoso y aprende tu lugar-me agarró con fuerza por los hombros, alzándome hasta volver a dejarme frente a Neah. –El sujeto que tienes al frente pago por lo que llevas dentro, si no lo hubiera hecho, no hubieras nacido.

Eso ya lo sé…-murmuré entre dientes, cruzándome de brazos, demasiado molesto como para olvidarme del temor que sentía hace un rato. Era cierto que por esa persona me hallaba con vida, ¿pero de verdad debería agradecer una vida en la que solo me iban a cortar parte por parte hasta que dejara de serles útil?, sin embargo me callé pensando yo mismo en esa pregunta intentando buscar una respuesta; en realidad eso no era algo que pudiera agradecerse, este tipo de vida, pero la vida en si me había permitido hacer bastantes cosas hasta entonces. Alcé el rostro para ver a Neah, notando como su sonrisa sádica se iba poco a poco desmoronando hasta desvanecerse y ya no parecía tan complacido con lo que veía; Cross se mantenía en silencio y ahora se había ido a sentar en el gran sillón rojo, tan cómodo como si esa fuera su casa, acabándose el tabaco tranquilamente mientras nos observaba. Deje de prestar atención a mi maestro para regresarla a Neah quien ahora me cogía del mentón, acercándome a su rostro, sin mostrarle signo alguno de debilidad o temor esta vez, le sonreí. –Este cuerpo todavía no es tuyo, aún no lo necesitas….-sostuve su mano con fuerza entre la mía hasta que conseguí apartarla de mi rostro –Hasta entonces, voy a seguir siendo yo mismo y este cuerpo aún sigue siendo mío-

Aún no, pero lo será…, pronto-me dijo lo último en un susurro al oído, para luego soltar otra de sus carcajadas desquiciadas, dirigiéndose esta vez a Cross. –Un excelente trabajo Cross Marian, ¡me encanta!, no puedo esperar a que esta marioneta desquiciada deje de moverse.

¿Marioneta…?

Luego de aquella escena se marcharon, pero antes de irse, Cross me lanzó una sonrisa justo en el momento en que Neah había dicho esa palabra "Marioneta", fruncí el ceño confundido al notar que no había arrogancia en esa sonrisa, ni picardía ni nada parecido a ninguna de las sonrisas marca Cross que había visto desde el momento en que había empezado a hacerse cargo de mi. Al final nunca me dijo nada, pero con ese gesto sabía que tenía que pensar más sobre aquella palabra.

En la tarde, durante la cena le conté a Lou Fa vagamente sobre la visita de Neah y Cross, explicándole que el primero era de quien había sido clonado y que el otro había sido mi maestro y quien se había encargado de cuidarme hasta que había llegado a la orden. Hasta entonces no lo sabía, pero la idea que me había formado de las donaciones y cuál era su destino… estaba mal. En el tiempo que pasaba con Kanda, Lavi y Lenalee jamás tocábamos el tema, dando por asumido que todos lo sabíamos; me pregunto si ellos lo tenían claro del todo, lo más seguro es que si y que yo fuera el único de los cuatro que no acababa por enterarse, después de todo, Kanda era listo, Lavi parecía siempre saberlo todo y lo más probable es que lo supiera y Lenalee, bueno, en su tiempo que había pasado con Lavi y sus conversaciones con Komui seguro habrían tocado el tema aunque fuera alguna vez.

Ese día, Lou Fa me explico todo aquello, pareciendo encantada de poder contarme todas aquellas cosas por lo cual dio su discurso con lujo de detalles, dándome tiempo para realizarle preguntas y todo lo demás; ahora que pienso en ello, seguramente le hubiera quedado perfecto el ser una maestra aunque jamás se lo dije, hablar de esas cosas solo conseguían lastimar. Resultaba ser que las donaciones si eran para quien había pagado por ti, pero ese "alguien" no era necesariamente una sola persona, podrían ser varias y no pagaban por ti, sino por los órganos que necesitaban de tu cuerpo, así que por eso era que incluso con la hermana de Komui muerta, Lenalee no tenía como librarse de aquello, al igual que los otros; podía morir la persona que necesitaba la donación pero siempre habrían más y más, no había escapatoria, y sobre los moldes, me refiero con esto a las personas de las cuales nos habían clonado, nadie sabía quiénes eran, nadie, excepto yo; y no lo sabía pero el resto de los alumnos de la orden solían hablar sobre estos moldes y sobre qué tipo de personas podrían ser o haber sido, ya que podrían estar muertos en ese momento, podrían haber sido personas famosas, gerentes, ingenieros, médicos o quizás todo lo contrario: podrían ser drogadictos, prostitutas, asesinos, mendigos, no había como saberlo. Cuándo corte la narración de Lou Fa preguntándole que pensaba ella que podía ser, ella me contesto con tristeza que lo más probable era que fuera la segunda opción, después de todo, ¿quién querría tener un clon suyo dando vueltas por ahí?...

Hasta entonces jamás me había puesto a pensar del todo en mi vida, pero comencé a hacerlo al tener esa palabra dando vueltas y vueltas en mi cabeza.

Una marioneta, ¿eh?

Quizás Neah no estuviera del todo desquiciado entonces, al menos cuando vuelvo a mis recuerdos sobre aquel día vuelvo a pensar lo mismo que tiempo atrás: que no se había equivocado al decir aquello y desde entonces empecé a mirar con mayor detenimiento a cada uno de los alumnos de la orden, imaginando hilos invisibles que les permitían moverse, todos de igual forma, simplemente dejándose llevar hasta su destino, ante lo que fuera que su titiritero eligiera; yo mismo me había comportado así, aceptando lo que se me ofreciera y aceptando en silencio el destino que se me había fijado asumiendo de inmediato que no había forma de librarse de él, pero entonces empecé a pensar que al menos podría intentar luchar contra ello, aún si el final terminaba siendo el mismo, quedaría en mi conciencia que había hecho un esfuerzo por cambiarlo.

Comencé a comentarlo con el resto de los alumnos que conocía, diciéndoles que no necesariamente teníamos que hacer todo lo que nos decían, al menos con cosas triviales y si bien la mayoría solía darme la razón en el momento en que se los decía, al rato continuaban actuando de la misma forma que antes y si les volvía a preguntar se mostraban temerosos y sorprendidos de que me atreviera a seguía hablando de eso, supongo que es mucho más fácil dejar que te dirijan a tomar partido de tus propias decisiones; al final solo conseguí convencer a Timothy, un alumno de cursos inferiores que siguiera con sus dibujos con crayolas aún cuando ya no teníamos un maestro de arte, yo por mi parte volví a mi música, tocando el piano del viejo salón de música, cosas que todos habíamos dejado por la partida de Tiedoll y por aquel mismo tiempo comencé a escribir lo que ahora están leyendo. Es curioso, siempre nos trataban como si fuéramos distintos a las personas de afuera, pero creo que todos nos parecemos en algunas cosas, y que quizás en el fondo no seamos tan distintos, afuera o adentro, en realidad no importa mucho, todos a veces necesitamos una sacudida en nuestra realidad para cambiar un poco nuestra actitud y es que es muy fácil acostumbrarse a algo cuando se lleva haciendo lo mismo durante años, creo que es lo mismo que ocurre con esas personas que se acostumbran a estar juntas y a tolerarse el uno al otro pero que de pronto se dan cuenta que no se aman y si vas con esas personas y les preguntas desde cuanto comenzó a decrecer su amor, difícilmente te darán una buena respuesta, y la verdad no es su culpa, al seguir una misma rutina por tanto tiempo necesitas una gran sacudida en tu vida para abrir los ojos y notar que algo va mal y cuando eso ocurre esas parejas o bien se separan o hacen algo por enmendarlo.

No les he contado la historia oculta tras el origen de estas páginas. Ya saben que los recursos de los alumnos eran escasos y contados, repartidos de forma equitativa a cada uno, pues bien, el cuaderno forrado en cuero en el que estoy escribiendo fue un regalo del director, no me lo entrego personalmente y tampoco tuve la oportunidad de agradecerle; como ya he dicho, al director Komui ya no se le veía por estos lugares pero un día regreso, yo no lo vi, pero me dijeron que lo habían visto entrar en mi cuarto para luego marchar a su despacho y lo más seguro es que fuera de esa forma, pues en las primeras páginas dejo una carta para Lenalee, rogándome en la primera de las hojas que se la entregase si es que llegaba a encontrármela un día y si ella seguía con vida. El motivo por el cual me había regalado el cuaderno de páginas en blanco era para que siguiera escribiendo las canciones que tocaba en el piano, leer eso me sorprendió, pues nunca lo había visto entrar al salón de música cuando estaba tocando. Ese día, apenas encontré el cuaderno lo tomé entre mis manos para ir a buscar al director y darle las gracias, estaba por llegar a su oficina cuando note que el pasillo estaba repleto de personas con expresiones de horror, me abrí el paso como pude, cuidando de no dañar el cuaderno ni torcer sus hojas hasta que pude posicionarme de tal forma que pudiera ver mejor hacia el interior de la habitación que era como todos hacían, me pare de puntillas a punto de mirar cuando la voz de Reever capto mi atención y la de todos los demás, se hacía paso con cierta brusquedad y una expresión desesperada en el rostro. Creo que nunca he visto tal desesperación en el rostro de alguien más, el sentimiento expresado en su rostro era tal que con solo verlo podías sentirlo tuyo. Al final los alumnos abrieron el paso, moviéndose mecánicamente al hacerlo, aproveche ese momento para mirar y lo que vi me impacto de tal manera que si cierro los ojos puedo repetir el momento completamente, ese episodio se quedo grabada en mi mente como si fuera una fotografía. El piso estaba lleno de papeles y sobre estos papeles habían manchas de sangre dibujando figuras grotescas, una navaja sucia y unas gafas cerca de una fotografía en donde aparecía el director Komui con una chica como Lenalee y un poco más a la izquierda, la silla del director Komui volcada en el suelo. Subí la mirada lentamente, sin percatarme que había dado unos pasos hacia delante y que ahora me encontraba en el interior de la habitación pisando los restos de sangre seca o apunto de coagular, llegue hasta en centro de la habitación, tocando uno de los zapatos del director para luego seguir más arriba encontrando sus muñecas cortadas y más arriba su rostro, sus ojos, jamás olvidare sus ojos, los tenia abiertos de tal forma que parecía que te miraban siempre, parecía tieso como esos rostros de los antiguos muñecos de plástico y su mandíbula se encontraba abierta y ligeramente torcida hacia delante. Sentí unas manos apartándome del lugar, intentando coger mis manos, pero yo sostenía con firmeza el cuaderno, lo sé porque cuando volví a reaccionar, seguía sosteniéndolo firmemente contra mi pecho. Todo parecía tan irreal y al mismo tiempo, una de las cosas más reales de todas; todos sabíamos que la gente moría, la muerte era como una sombra siempre rondando en los pasillos de la orden, una palabra que nos acompañaría hasta que nos tocará el final, hasta cuando completáramos, pero no pasaba de ser eso, una palabra que nos recordaba como acabaría todo, pero ahora al ver a Komui, no fue hasta entonces que comprendimos lo que en verdad significa.