Edward cogió su coche y se dirigió al hospital. Contra todo pronóstico Carlisle estaba allí. En su despacho.

- Carlisle. Puedo pasar?

- Claro. Pasa Edward. Esperaba que me encontraras. Te estaba esperando.

- Y eso? Es por lo de …

- Necesito tu ayuda. Siéntate por favor.

- Vas a marcharte, verdad Carlisle?

- Si, y espero que me acompañes. Si no vienes conmigo, creo que no podré hacer frente a lo que me espera en Londres..

- No podemos estar seguros de lo que vio Alice, Carlisle. Ni siquiera ella lo está. Solo vio a una chica que decía llamarse como tu madre. No quiere decir que sea ella.

- Pero Alice hizo un retrato, y es su viva imagen.

- Carlisle. Cuando quieres que nos marchemos?

- Ahora. No puedo perder más tiempo. Por cierto, que han dicho los demás? – preguntó preocupado.-

- Esme dice que debes ir y ver que sucede. Te apoya al cien por cien. Los demás también, aunque querrían estar contigo en estos momentos. Al igual que yo. Esme opina que debo estar aquí.

- Yo también. Fuiste el primero. Mi primer amigo.

- Lo se, tu también el mío.

Carlisle acabó de firmar unos papeles y en cuanto terminó se levantó y se marchó junto a Edward.

- Por fin!! – dijo Edward al bajar del avión. – cuantas horas hemos perdido?

- Bastantes, pero bueno, vámonos, no perdamos más tiempo.

- Si. A donde debemos ir primero?

- A un viejo hospital psiquiátrico. Allí es donde empezó la visión de Alice.

- Vale.

Ambos se dirigieron en un coche alquilado hacia el hospital. En cuanto llegaron allí Carlisle soltó un suspiro.

- No está. – dijo mirando las ruinas de lo que debió ser el hospital. – lo han derruido.

- Tal vez no haga mucho que lo han tirado. Porque no vamos al cementerio?

- Si, vamos.

Llegaron al cementerio. No tuvieron que buscar mucho. Carlisle aun recordaba donde estaba la tumba de su madre. Una vez allí Carlisle cayó de rodillas al suelo.

- Mira. Mi padre murió solo un año después de mí.

- No lo sabia, lo siento Carlisle.

- Yo tampoco lo sabía.

- Alice dijo que salía un guarda en su visión. Voy a ver si lo encuentro. Ahora vuelvo. De acuerdo? – dijo Edward poniendo su mano sobre el hombro de su padre. De su amigo.

Carlisle no se movió. Cuando Edward volvió con el guarda, encontró a Carlisle en la misma posición de cuando se había ido.

- Carlisle, éste es Julian, el vigilante que estaba aquí cuando vino tu hermana. – dijo Edward a la vez que le guiñaba el ojo a Carlisle.

Carlisle miró hacia la dirección de donde venia la voz. Vio a un hombre, negro, de unos 50 años. Tenía toda la pinta de haber sido policía en sus buenos tiempos.

- Hola. Sentimos molestarle. Recuerda a esta chica? – le dijo dándole el dibujo que hizo Alice de la misteriosa chica.

- Si. Una chica curiosa. No dudo que sea su hermana. Se parecen mucho.

- Que quiere decir?

- Pues que ambos son de piel muy clara y tienen los mismos ojos, aunque ella un poco más oscuros.

- Que pasó la noche que estuvo aquí?

- Me dijo que venia a visitar a unos familiares. – dijo señalando la lápida de la tumba de sus padres. – pero cuando vi las fechas me pareció raro.

- Bueno, son nuestros antepasados.

- Ah! Eso me pareció. Y cuando le pregunté el nombre me dijo que se llamaba Norah Cullen. Como el nombre que figura en la lápida.

- Ya. Bueno. Gracias por todo. Nosotros debemos marcharnos. - dijo de repente Edward. – verdad Carlisle?

- Si, ya debemos irnos. Muy amable por su parte.

- De nada.

Ambos volvieron al coche y una vez allí Edward empezó a hablar.

- Carlisle, esto es una señal. No digo que sea ella, pero que un vampiro ronda por aquí está más que claro.

- Lo se. Cada vez creo más en lo que Alice vio, lo que todavía me asusta más.

- Carlisle – Edward puso su mano sobre el hombro de su amigo – en serio que quieres seguir con esto? Podrás asumir la verdad, en el caso de que tu madre sea…

- No lo se. Eso espero, pero debo saberlo.

- Lo se. A donde vamos ahora?

- Me gustaría ir a mi antiguo hogar, a ver que ha sido de él.

- De acuerdo. Pero yo conduzco.

- Vale. Mejor. Estoy demasiado nervioso como para conducir.

Ambos se dirigieron hacia la antigua casa donde se crió Carlisle, que todavía seguía en pie. No estaba en muy buen estado, pero ahí estaba.

- Vaya. No pensé que siguiera en pie. Pero sigue igual que siempre.

En ese mismo momento se vio una luz en el interior.

- Has visto eso Edward?

- Si.

- Consigues oír algo?

- Si. Es una mujer. Piensa en un niño, su hijo. Se pregunta que fue de él?

- Crees que puede ser ella?

- Si. Entramos?

- Vale.

Entraron silenciosamente en la casa. Se oían pisadas en el piso de arriba.

- Oyes algo más?

- Si. Dice que vivió aquí. Hace mucho tiempo. Y que todo sigue más o menos igual que cuando estaba ella.

- Subamos.

Subieron al segundo piso y se quedaron detrás de una puerta. La mujer estaba en esa misma habitación.

- Vais a entrar o debo ir a buscaros? – dijo la mujer, de repente, de espaldas a la puerta.

Edward y Carlisle se miraron y seguidamente entraron en la habitación sin decir nada. Ambos miraban a la mujer. Esta se dio la vuelta. En ese momento Carlisle puso la mano en el hombro de Edward, sujetándose con fuerza.

- Quienes sois y que hacéis en mi casa?

- Ésta no es su casa, señorita. Es nuestra casa. – dijo Edward con seguridad fingida en su voz.

- No digas chorradas. Esta casa es mía.

Carlisle y Edward se miraron. ¿Era esa chica quien creían que era?