¡Holaaa! ¡Estoy con la segunda parte de la primera cita!

Qusiera aclarar algo que olvidé en el capítulo anterior: Mi idea es subir un capítulo que no tenga que ver con las citas entre una cita y otra... ¡Pero por supuesto tendrán toquecitos SEDDIE! Quería aclarar por las dudas.

Aquí va el capítulo 3... ¡Espero que lo disfruten!

Capítulo 3: La primera cita, parte 2

Al día siguiente a la apuesta realizada por Sam y Freddie, las dos amigas estaban en el departamento de Carly. Ellas estaban sentadas en el sofá, viendo la televisión, bastante concentradas en distintos asuntos. Carly estaba realmente viendo la película que estaban dando en cierto canal (sobre Pie Grande), pero, por otra parte, Sam estaba pensando en su apuesta con Freddie, que no podía quitársela de la cabeza desde el día anterior.

—Carly, Freddie se cansará a la hora y renunciará —dijo Sam, segurísima, a su mejor amiga.

Carly resopló y miró inmediatamente a su amiga.

—¡Eso es lo que me preocupa!

—Pero si tú no eres la que tendrá que besar la verruga de Luwbert.

Carly suspiró y después pensó que todo ese asunto era problema de Sam y Freddie, y si querían estar en ese lío, era decisión de ellos.

Sam pensaba que debía ser ella misma en las citas con Freddie, porque era eso lo que él no aguantaba y era aquello lo que él iría a considerar para renunciar a la apuesta... Estúpido Freddie... Que era ahora su novio. Bueno, realmente no lo era, pero saldría con él en tres citas como si lo fuera. Algo que no le gustaba... ¡Por supuesto que no le gustaba!

—Pero lo que harán es ridículo —insistió Carly, que no podía pensar que era asunto de Sam y Freddie.

Sam miró a su amiga con extrañeza.

—¿Qué te pasa? —preguntó seria.

—Nada, pero ustedes deben dejar de provocarse el uno al otro...

—¿Ese es el problema? —preguntó después Sam, ligeramente ceñuda.

—Sí, ¿cuál otro habría? —contestó Carly.

—¿No estás celosa, verdad? —inquirió Sam, teniendo la certeza de que era así.

Carly se quedó momentáneamente en silencio, pensando. ¿Debería sentirse celosa de que Sam y Freddie fueran novios? ¡Oh, Díos! ¡Sam y Freddie eran novios! Bueno, no realmente, pero sólo recién se había puesto a pensar en eso. Y no estaba celosa. Estaba muy segura. Sam había tenido razón al pensar que sólo se había enamorado del hecho de que Freddie le hubiera salvado la vida y no de él. Y lo tenían bien en claro… ¿O no era así?

—No, no estoy celosa —respondió Carly, sin entenderse ni ella misma.

—¿De verdad?

—Sí, claro.

—¡Ah, Bien!

—¿Ah, bien? ¿Deseabas que no estuviera celosa?

—No, ¿por qué lo desearía?

—No sé, por eso te preguntaba.

—Ah.

—Esta conversación fue rara —declaró Carly.

—Y me dio hambre. ¿Compraste jamón?

—Sí, hace dos horas y te lo acabas de comer.

—Ah, cierto.

—Pero hay pollo...

—¡Ahí voy, pollo! —exclamó Sam, poniéndose de pie y corriendo hacia la heladera.

Carly se rio, dirigió la mirada al televisor y se lamentó al ver que la película ya había terminado. Entonces, agarró el control remoto y empezó a cambiar de canales.

—¡Sam, un nuevo episodio de la "Vaquita loca"!

Sam salió corriendo con el pollo casi entero, se sentó otra vez en el sillón, al lado de Carly, y puso su vista fija en la pantalla del televisor, mientras daba mordiscos al pollo. Carly la miraba boquiabierta.

Al terminar el episodio de las "Vaquitas locas", Carly propuso a Sam ver si habían llegado nuevos comentarios para ellos en su página Web y Sam no se negó. Mientras veía la hora en el reloj, Sam seguía a su amiga, que ya se sentaba ante la computadora. Carly leía a Sam en voz alta (pues a su amiga siempre le daba flojera).

En un momento, antes de continuar leyendo más comentarios, Carly se fijó la hora en su reloj de pulsera y dio un salto en la silla:

—¡Sam! ¡Ya son casi las seis! ¡¿No tendrías que haber ido a las cinco a Licuados Locos para tu cita con Freddie?

—Sí, lo sé —dijo Sam bajándose de la silla, con mucha tranquilidad.

—¿Hasta cuándo seguirán con esta estupidez? —expresó Carly, pensando, de pronto, que ninguno de sus amigos se soportaría uno al otro y que tan sólo después de la cita de aquel día, tal vez a la mitad de ella, alguno de los dos renunciaba.

—¡Le ganaré a Freddie!

—Sí, ¡como siempre! ¿No podrías dejarlo ganar por una vez?

—...

Sam había mirado a Carly como si estuviera loca.

—No, no puedes —dijo Carly, interpretando la mirada de Sam.

—Freddie besará la verruga de Lubwert... Tendremos que estar ahí para verlo. Lo molestaré tanto.

—Lo molestas igual —expresó Carly.

—Verdad —afirmó Sam-. ¡Adiós, Carly!

Dicho esto, Sam se dirigió a la puerta del departamento de Carly, la abrió, salió y cerró la puerta tras sí.

En Licuados Locos...

Sam llegó a la cita despreocupadamente, buscando a Freddie. El lugar estaba casi repleto, la mayoría eran adolescentes, y Sam vio la nuca de Freddie, que estaba sentado en una de las mesitas cerca del baño del lugar. Freddie volteó en el banco y vio a Sam acercarse por fin.

—¡Era hora! —dijo el chico poniéndose de pie ante Sam.

Sam lo miró de arriba abajo, con mirada impasible. Freddie sonreía apenas. El chico estaba vestido con unos vaqueros, zapatos negros, una camisa celeste con todos los botones abrochados y un chaleco a cuadros. Además, su cabello estaba peinado hacia atrás, con gel.

—¿Te gusta Sam?

—Fredduccini, eres más ñoño de lo que pensaba —le espetó Sam.

Freddie rodó los ojos ante tal comentario.

—Estás saliendo con un ñoño, Sam, lo tienes que aceptar —dijo Freddie sonriendo.

Sam lo miraba con ganas de darle un golpe.

—¿Enserio tendremos una cita contigo vestido así?

Freddie hizo una expresión como diciendo que no le quedaba otra.

—Mi madre eligió la ropa.

—Tu madre no quiere que se fijen en ti, Freddo. ¿Quieres hacer tu vida más miserable de lo que ya es? —le preguntó Sam.

—Tú haces mi vida miserable, acuérdate —dijo Freddie.

—No, contigo ya alcanza para eso —mencionó Sam.

—¡Me hiciste esperarte casi dos horas! —cambió de tema Freddie, quejándose.

—Ay, no es para tanto... Es que me detuve por un burrito —explicó Sam.

—¿Y dónde lo traes? —preguntó Freddie confundido.

—En mi estómago, Fredward —contestó Sam como si aquello debería haberle resultado evidente.

Sam fue a pedir su licuado primero y luego se sentó, agarrando el vaso, junto a Freddie. El chico tenía su propio licuado.

—¿Y qué haremos? —preguntó Sam, que antes no se había fijado en esa eventualidad.

—¿Tomarnos el licuado, no? —sugirió Freddie y después sorbió de su licuado.

Súbitamente, Sam pensó que si hubiera sido Carly la que le hubiera preguntado qué era lo que harían... Abandonó ese pensamiento inmediatamente.

—¿Y después? —preguntó Sam, con tono y mirada ruda.

—¿Tomarnos otro licuado?

Sam miró boquiabierta a Freddie.

—¡Eres un novio aburrido! —espetó.

—¡No soy aburrido! —se defendió Freddie.

—¡Sí, claro que lo eres!

—¡¿Y qué esperabas?

—Sigamos con los licuados —sugirió Sam y Freddie le hizo una burla con la boca, antes de tomar otro sorbo de licuado.

A los dos segundos, Sam dejaba su vaso vacío. Freddie miró la escena sorprendido.

—¡Quiero otro licuado! —pidió Sam.

—¡Ve y cómprate!

—¡Los caballeros les compran a sus novias!

Sam fue interrumpida entonces por el que atendía el lugar.

—¿Son novios? —les preguntó extrañado.

—Sí —contestó Sam, mientras Freddie respondía "No".

—¡No! —se retractó Sam al notar que Freddie lo había negado, y al mismo tiempo Freddie dijo "Sí", al notar que Sam lo había afirmado.

El joven los miró sin entender nada por unos segundos y después dijo "Adiós" y se fue.

Freddie y Sam suspiraron al mismo tiempo y, después, Freddie siguió con su licuado y Sam lo miró de reojo con enojo.

—¿Qué tal tu mamá? ¿Volvieron a discutir? —preguntó Freddie segundos después.

—No, ¿por qué lo dices?

—Porque te quedaste a dormir en lo de Carly... Supuse...

Sam se encogió de hombros.

—Nop... Sólo que se fue anoche a lo de su nuevo novio.

Freddie la miró boquiabierto.

—¿Cómo "nuevo novio"? ¿Cuándo ha sido el último? ¿La semana pasada?

—No, hace dos días —respondió Sam como si nada.

—¿Y qué es ahora? Ya salió con un abogado, un taxista, un dentista...

—No sé —respondió Sam—, pero va siempre de traje.

Freddie miró raro a Sam (y ella lo notó) pero él no se animó a preguntar lo que se le había ocurrido y nunca se le había dado por preguntarle sobre su papá.

—¿Qué? —preguntó Sam con rudeza.

—Nada —respondió inmediatamente Freddie.

—No, enserio, ¿qué?

—No, nada, enserio.

Inmediatamente, como un impulso, Sam agarró su vaso grande y vacío de su licuado que todavía tenía sus tres cubitos de hielo y con una sonrisa de suficiencia tiró los cubitos y el agua derretida al pantalón de Freddie. Este se puso de pie enseguida y le gritó a Sam:

—¡¿Qué hiciste?

—Te tiré el hielo de mi licuado —respondió Sam como si nada.

—¡¿Pero por qué? —espetó Freddie.

—Ah, porque me dieron ganas —respondió inmediatamente Sam.

Los dos se miraron unos segundos y Freddie por primera vez se rio de algo que Sam le hubiera hecho.

—¿Cómo se te ocurren estas cosas? —preguntó el chico.

—Tú me inspiras —respondió Sam.

—Qué respuesta más original —expresó Freddie, pero sin haberse enojado.

Sam volvió a reír.

—Bueno, si te pareció gracioso... —dijo después ella y enseguida agarró el licuado a medio terminar de Freddie e hizo ademán de tirárselo encima.

—¡NO! —exclamó el chico—. ¡Tampoco es para tanto!

Sam se encogió de hombros, decidió no tirárselo y él suspiró de alivio. Pero entonces, Sam se llevó el licuado de Freddie a la boca y él la miró boquiabierto mientras ella lo bebía.

—¡Eso sí que no es gracioso! —le espetó Freddie.

Sam se terminó todo el licuado y luego se limpió la boca con el brazo.

—¡Sam! —exclamó el chico.

—¿Qué? ¿Querías? —preguntó ella y Freddie la miró en parte incrédulo y en parte enojado—. La próxima vez compra licuado de Fresa Salvaje... Este no estaba tan rico —se quejó Sam.

Freddie iba a replicar hasta que vio que muchos ahí lo veían y se reían... Avergonzado y disgustado por la situación, regresó a su asiento y miró ceñudo a Sam. Mientras, ella tenía una sonrisa en la cara por el incidente... que ella había provocado.

—¡Parece que me hubiera hecho pipí! —exclamó Freddie... Y segundos después—: ¿Eso estaba calculado?

—Sip.

—Cómo no —dijo Freddie con una pequeña sonrisa.

En aquel momento entró a Licuados Locos una pareja que iba de la mano y la risa que largaron los dos novios hizo que Freddie y Sam voltearan a mirarlos. Vieron entonces que chico y chica se abrazaban, luego se basaban e iban todavía de la mano a comprar Licuados. En ese momento, Sam y Freddie pensaron que así deberían estar comportándose ellos dos, ya que supuestamente eran novios, pero ninguno expresó el pensamiento en voz alta ni quería hacerlo. A Sam le había parecido extraño que pudiera estar así con Freddie y a Freddie le había parecido extraño que pudiera estar así con Sam... Los dos tragaron saliva de un raro nerviosismo que habían empezado a sentir y se miraron, pero entonces dirigieron la mirada a otros puntos que no fuera el otro.

Pero Freddie pensó y se le ocurrió tomar la mano de Sam... ¡Aquello a ella la mataría! Lo que quería decir que no lo soportaría, se desesperaría y ¡abandonaría la apuesta! En cambio, él soportaría estar de la mano de ella... ¿O no? Si no, lo intentaría...

Nervioso, corrió la mano por la mesa, despacio y deliberadamente, hacia la mano de ella, que estaba sobre la mesa. Estando sus dedos a unos milímetros de los de Sam, titubeó... Sam no se daba cuenta de nada porque miraba a cualquier lado que no estuviera tan cerca de su mesa.

Freddie tomó valor y luego agarró la mano de Sam. Ella lo miró entonces, sorprendida, pero, lo raro de todo aquello, era que su primera reacción no fue darle un golpe. Aquello hizo sencillo que Freddie continuara de la mano de ella.

Por su parte, Sam no sabía qué hacer y no entendía por qué no apartaba la mano de Freddie.

—Salimos en citas como novios —aclaró Freddie el porqué de su atrevimiento, sintiéndose nervioso, pero no entendiendo por qué no le desagradaba estar de la mano de Sam.

—Lo sé —respondió Sam, como resistiéndose a algo... Y de pronto, apartó su mano de la de Freddie y el chico se confundió, pero no intentó un nuevo acercamiento—. No sabes las ganas que tengo de golpearte en este momento.

—¡Gracias! ¡Es lo que comúnmente hacen todas las novias a sus novios! —dijo Freddie sarcásticamente.

—Jo, jo —dijo Sam burlonamente—. Todas las novias no... Pero yo sí.

Y entonces, volvieron a escucharse risas y, Sam y Freddie, voltearon otra vez a mirar hacia el sonido, y, otra vez, sus ojos se encontraron con la feliz pareja, que en aquel momento estaban besándose. Luego, el chico le puso una mano en la mejilla y le dijo lo linda que era a su novia.

Sam y Freddie dejaron de mirar enseguida.

—¿Y vamos a estar así toda la cita? —preguntó Sam.

—¿Eh? —cuestionó Freddie sin entender.

—¿Podríamos hacer algo? ¡O me duermo! —exclamó Sam.

—¿Podríamos terminar la cita ahora?

Sam miró a Freddie boquiabierta.

—Enserio eres pésimo en las citas —le espetó.

—Tú apartaste mi mano —recordó Freddie.

—Tú eres aburrido.

Freddie la miró un tanto ofendido.

—Tú tampoco aportaste mucho —dijo Freddie.

Sam rodó los ojos, y luego suspiró. Con gran esfuerzo, ante la total sorpresa de Freddie, ella agarró la mano de él.

Freddie tuvo un impulso de sonreír, pero contuvo la sonrisa que atribuyó a unos nervios que sentía. Sam miraba a cualquier lado menos a Freddie, sin poder creer lo que acababa de hacer. Freddie luego sonrió abiertamente, puesto que estaba pensando en el gran esfuerzo que Sam estaría haciendo en aquel momento, agarrándole la mano, sin insultarlo, ni darle un golpe. Él sabía que ella deseaba hacer algunas de esas cosas en ese instante.

De repente Sam volvió a mirarlo:

—¿Esto esperabas que hiciera? —espetó Sam.

—¿Y qué esperabas que hiciera yo? —preguntó Freddie.

—Qué lindos —suspiró una voz cerca de la mesa.

Freddie y Sam voltearon a mirar hacia donde había provenido la voz y vieron que T-Bo los estaba mirando a ellos. El encargado del lugar sostenía un largo palillo con rosquillas.

—Se ven tan lindos juntos —volvió a decir el joven.

Freddie y Sam aseveraron sus miradas.

—¿Rosquillas? —preguntó el joven, estirando el palillo hacia ellos.

Sam y Freddie no dejaron de mirarlo con severidad.

—¡Ya me voy! —se apresuró a decir T-Bo, dándose vuelta y regresando tras el mostrador.

—Esto es extraño —dijo Freddie.

Sam apretó la mano de Freddie deliberadamente, con muchísima fuerza.

—Au, au... ¡Sam! ¡Sam! —exclamó Freddie hasta que pudo retirar la mano y hacer unos movimientos con ella para que dejara de dolerle por el apretón. Sam sonreía.

—Por hoy podríamos dejarlo acá... Faltan dos citas más —dijo Freddie.

—¿Cuándo será la próxima?

—Seguramente estás muy ansiosa —mencionó Freddie sarcásticamente.

—Sí, ansiosa por romperte la cara —dijo Sam.

—La próxima cita no será sino después de un tiempo —respondió Freddie—. Ya la acordaremos.

Mientras caminaban hacia el edificio de departamentos, donde acordaron ir, puesto que Freddie iría a su departamento y Sam al de Carly, a Freddie se le ocurrió una idea para que Sam abandonara la apuesta. Sí, lo había besado una, dos veces... Todavía no entendía el asunto de Melanie... Pero creía que reprobaría otro beso.

Cuando se detuvieron ante las correspondientes puertas de departamentos, Freddie tardó un poco en hablar.

—Creo que deberíamos besarnos, ¿no? —le dijo apresuradamente.

Aquello tomó totalmente por sorpresa a Sam.

—¿Qué? —preguntó Sam con las cejas fruncidas y boquiabierta.

Freddie creía que su idea estaba funcionando, a juzgar por la cara que la chica había puesto, así que, dos segundos más y sería el ganador de la apuesta.

Pero la expresión en el rostro de Sam demostraba que estaba haciendo un esfuerzo por no deformarle la cara a Freddie... Él se dio cuenta de eso y tragó saliva.

—¿Somos novios o no? Y los novios se besan, ¿o no?

—Supongo que sí —contestó Sam, mirándolo un poco ida ahora.

—¿Entonces? —preguntó Freddie mientras daba dos pasos hacia ella y se detenía.

—Dije que estaría en la apuesta hasta el final —dijo Sam y dio dos pasos hacia Freddie.

Había un espacio de casi medio metro entre ellos ahora y Freddie se empezó a asustar. Sam vio su rostro y también su triunfo en la apuesta.

—¡Y bueno!... ¡Hazlo!

Los dos se acordaron, por un milisegundo, de un acontecimiento parecido ocurrido anteriormente entre ellos dos.

Freddie tragó saliva y se empezó a acercar a Sam... Y Sam a él...

De pronto, se abrió la puerta del departamento de Freddie y por ella salió su mamá, que vio todo.

—¡AAAH! ¡¿QUÉ HACES? ¿Qué le quieres hacer a mi hijo? —gritaba ella, agarrando a Freddie por los costados de su cuerpo y alejándolo brutalmente de Sam—. ¡A casa, Freddie! —ordenó la mamá de Freddie después.

—¡¿QUÉ? —preguntó Freddie avergonzado de cómo lo trataba su mamá, estando Sam ahí.

—¡AHORA! ¡Esta rubia es peligrosa!

Mientras la madre lo arrastraba al departamento, Sam miraba todo con una sonrisa de que le divertía todo aquello. Dentro del departamento, la Señora Benson cerró la puerta del departamento y se volvió hacia Freddie.

—¡Sam no es peligrosa! No puede controlar sus instintos, pero no...

La madre lo miraba con los ojos abiertos bien grandes.

—¡No quiero verte cerca de ella!

—¡Sam es mi amiga! —dijo Freddie de todo corazón.

—¡Intentaba besarte! —exclamó la Señora Benson—. Todavía no estás en la edad, mi niñito —dijo después ella, con voz más calmada.

—¿Besarme? ¡Sólo iba a soplarle una basurita del ojo!

Carly abrió la puerta de su departamento al escuchar el timbre de la puerta y vio a Sam ahí.

—¿Ya estás aquí? Te fuiste sólo hace dos horas —se extrañó Carly, pero pronto aquello la hizo pensar que todo se había terminado. Suspiró y luego preguntó: —¿Y bien? ¿Quién fue el que renunció?

—Yo no pienso en renunciar.

—Ah, entonces fue él —dijo Carly, dándolo por hecho, cerrando la puerta del departamento y yendo por detrás de Sam.

—No, él no renunció.

—¡¿No?

—No. ¿Por qué te pones así?

—¡Me preocupo por el estado de Freddie!

—Ay, tranquila, no lo mataré —dijo Sam, y luego pensó: "Creo".

—¡Eso no es lo que pensamos los que te vemos golpearlo! —espetó Carly—. ¿Y la que gritaba recién? ¿Era la madre de Freddie? ¡¿Qué le hiciste?

—¡Nada! ¡Me vio con su hijito y le pegó un par de gritos!

—Ah, los vio juntos —dijo Carly, quedándose pensando—... ¿Pero sólo porque iban juntos...?

—Casi nos besamos —dijo Sam apresuradamente.

—¡Oh, Dios!

—En realidad, él creyó que lo besaría... Yo pensaba en agarrarlo del cabello, tirarle la cabeza hacia atrás, empujarlo y ...

—¡No me sigas contando! —espetó Carly aterrada.

—¡Es que me quedé con las ganas! —se lamentó Sam.

¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado y ¿cómo saberlo? ¡Con los comentarios que ustedes me escribirán! jeje... Eso espero.

¡Ah, otra cosa! (ya me olvidaba... ¡esta cabeza olvidadiza!). El capítulo 4 ya lo tengo escrito y tal vez lo suba rápido, sin embargo, a partir de este capítulo, si bien tengo las ideas, los capítulos no están terminados, o están por la mitad, o sólo tienen el principio, así que seguramente me tarde un poquito más entre capítulo y capítulo, pero recuerden, este fic tendrá su final aunque me tarde diez mil años. Me gusta mucho este fic, y me encanta escribir, además me gusta ICarly y amo SEDDIE, así que no quiero dejar este fic por la mitad.

El próximo capítulo se llamará "Odiamos a ICarly".

¡Bueno, eso es todo!

¡Adiós!