GRACIAS A MIS LECTORES Y EN ESPECIAL A YASAMINA Y ALAN POR COMENTAR.

CAPITULO 2: ¿Coincidencias u obras del destino?

Abrí los ojos muy lentamente mientras mi cabeza, vagamente, recordaba porque no me encontraba en mi habitación. Estaba algo cansada pero una vez los rayos de sol golpearon mi cara, decidí levantarme, pero... ¿Algo me retiene? Miré detenidamente a "eso" que me estaba atrapando impidiendo cualquier intento de salir de la cama. Era Anko. Sus brazos rodeaban fuertemente mi cintura y sus piernas, no preguntéis cómo porque no tengo ni idea, también agarraban las mías.

_ " Pero que mal dormir tiene esta chica" _ Pensé para mis adentros.

Intenté quitar sus brazos de los míos sin despertarla. La conocía bien y una de las cosas que mas miedo me daban era su malhumor recién levantada. Cuando ya me creía liberada, ella abrió los ojos.

_ ¡Ahh! ¡Un ladrón en mi cama! _ Gritó ella empezando a tirarme todo lo que encontraba en su camino; la almohada, un despertador, ropa ¿Una cuchara? ...

_ ¡Basta ya! ¡Soy Kurenai! ¿ No te acuerdas que ayer vine a tu casa ?

_ ¿Eh?... ¡Anda, si es cierto! ¡Kure, querida amiga! ¿Estas bien?

_ ¿"Querida amiga" ? Si hace poco me estabas lanzando la habitación entera a la cabeza...

_ Esto... Pero como soy tu mejor amiga, me perdonas ¿Verdad? _ Dijo mientras me dedicaba una gran sonrisa.

_ Más bien eres mi única amiga _ Tras ver los pucheritos que ponía mi amiga decidí perdonarla.

Ella es la única persona a la que puedo llamar amiga en todo el mundo. No es como los demás. Anko no me juzga por mi pasado como lo hacen todos los de mi alrededor. Aunque lo intenten ocultar, veo sus expresiones en la cara; unas veces pena, y otras desprecio. Por desgracia, estas últimas eran las más abundantes. ¿Acaso importa tanto ser diferente?

Mientras pensaba no me di cuenta que mi amiga ya se había levantado de la cama y se dirigía a la cocina. Mal presagio. Eso significaba que ella iba a...

_ ¡No! ¡¿ Va a hacer el desayuno?!

Salí corriendo de la cama. No es por incordiar pero no tiene idea alguna en el mundo de la cocina. Hace los mejunjes más raros que el mundo halla conocido y lo peor de todo es que le gustan.

Cuando llegue ya era demasiado tarde. Encima de la mesa ya estaba preparado el "desayuno". No tenia ni idea de que había mezclado esta vez pero tenia color morado y ¿verde?. Cogí una cuchara y era algo espeso. Parecía una de las pociones que siempre se mencionaban en los cuentos de brujas.

_ Siéntate y empecemos a comer pronto que tengo hambre _ decía mientras comía alegremente esa cosa.

_ ¿No tienes algo de café por ahí?

_ Se acabó. ¿Puedes bajar al super y comprar?

Acepté. Así me libraba de comer aquel peculiar desayuno. Ya me cogería algo para comer fuera.

Llevaba puesto unos vaqueros y una camiseta de tiras negra. Aunque era temprano, no hacia nada de frió y decidí darme una vuelta.

Tenia que ir a mirar algún piso porque el de Anko era más bien pequeñito. También tenia que averiguar donde me había mandado mi padre a trabajar y es que ya tenia preparado todo para mi "misión de investigación".

Volví a casa de Anko y con su ayuda, empezamos la búsqueda de piso. No tenia que estar muy lejos de aquí o al menos eso quería. Después de tanto tiempo no me apetecía separarme mucho de mi gran amiga del alma. Por suerte, encontré una justo en el edificio de enfrente pero había un inconveniente; tendría que convivir con alguien más. Por más que buscaba ese era el único edificio cercano que encontré así que no me quedó otra opción. Iría a verlo a la tarde.

Entre tanto, Anko me contó que había sido de su vida en estos años que estuvimos separadas. Decidió quedarse en este mundo porque le parecía gracioso y le gustaba.

En eso yo estaba completamente en desacuerdo. Lo odiaba. Me traía demasiados recuerdos de la época en la que crecí . De echo, nací aquí y viví hasta los siete años con los humanos.

También me comentó que su vida sentimental fue un fracaso. Estuvo apunto de casarse pero descubrió que su novio le ponía los cuernos. Desde ese día está en guerra con los hombres. Sólo los utiliza por la noche y después si te he visto no me acuerdo.

El tiempo se me pasó rápido y cuando miré al reloj ya era la hora. Bajé y a cinco metros, cruzando un paso de cebra, llegué.

_ Haber, si no me equivoco era en tercer piso.

Subí en el ascensor. No tenia ni idea de con quien me tocaría vivir. En el anuncio no se espedificaba nada ¿Seria mujer u hombre? ¿O quizás un viejo?

Las puestas se abrieron. Dudé en tocar. Debía de admitir que estaba algo nerviosa y no quería meter la pata como hago siempre. Toqué una vez y no pasó nada. Repetí por si no me hubiese escuchado pero nada. Al parecer la casa estaba vacía y yo me puse con un humor de perros. ¿ Quien podría ser tan zopenco como para no estar a la hora acordada en el anuncio?

Aún no conocía a la persona con la que me tocaría vivir y ya me estaba cayendo mal. Odio a los impuntuales.

Me senté a esperar. En otro caso ya me habría ido pero necesitaba desesperadamente quedarme en esta casa por Anko y estaba dispuesta a hacer algún sacrificio.

Miro el reloj, cinco minutos... diez...quince... media hora... y aún no había rastro de alguna persona. Volví a mirar el papel por si me hubiese equivocado pero no hasta que, por fin, oigo detrás mio abrirse las puestas del ascensor y mis ojos debieron de gastarme una mala pasada por que aquello era imposible ¿O no?

_ ¿Chica- mono? ¿Que haces tu aquí? _ Me preguntó el tío de ayer. ¿Pero que hacia el aquí?

_ Esperar al dueño del piso. ¿Y tu?

_ Pues ya no tienes porque esperar más. Soy yo ¿ A si que estas interesada en vivir con migo?

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUÉ!!!!!!!! ¡¿¿EL SERIA MI COMPAÑERO DE PISO??!

_ ¡¿ Y porque has tardado tanto en llegar?! ¿ Sabes que existe algo llamado tiempo? _ Le grité a lo que él sólo me respondió.

_ Es que tuve que ayudar a una ancianita

_ ¡Mentira!

_ vamos, vamos... no te enfades y pasa dentro.

Ya me imaginaba una casa desordenada, sucia y llena de libros no aptos para menores pero, al entrar vi justo lo contrario, hasta podía decir que me gustó la decoración. Después de un rato decidí quedarme. Mientras no entrase en su habitación todo iría bien. Aunque no pensaba hacerlo Kakashi ya me lo dejó bien claro.

Con su ayuda, lleve mis maletas a la que se convertiría en mi nueva habitación. Las paredes tenían un color morado claro. En una esquina estaba mi cama y al lado una mesa enorme. En la otra parte de la pared estaba un armario con espejos en las puertas.

Empecé a acomodar la ropa y noté un rico olor que venia de la cocina. Parecía que ni nuevo compañero no iba a ser tan malo después de todo. Me acerqué más y veía como preparaba la comida. Di dos pasos más y debí de asustarle porque pegó un grito.

_ Lo siento. No era mi intención _ Me disculpé y vi su mano, se había cortado_ Sa.. Sangre.

_ Vaya, parece que me he cortado. ¡Bah! Una tirita y ya está... ¿ Kurenai? ¿Estas bien? Te veo un poco pálida.

Sangre... Notaba como una parte de mi empezaba a crecer dejándome sumida a su voluntad . Mi piel se estremecía y mis colmillos empezaban a sobresalir. Mi cuerpo apenas me obedecía. A si es, yo era una vampiresa o al menos, parte de mi lo era.

_ Me... tengo que ir.

Con las últimas fuerzas fui a mi habitación, cerré la puerta y salí por la ventana de un salto a casa de Anko ya que al estar en esta situación mis poderes aumentaban y era más ágil que cualquier otro humano.