Disclaimer: Gundam Wing no me pertenece; todos los derechos estan reservados por Hajime Yatate y Sunrise.
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Disculpen las molestias por el cambio parcial o total de los capítulos
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Peligro
Capítulo 3: De Vuelta
Se había hecho de noche y los ex pilotos Gundams se mantenían a la larga espera de una llamada, pero aún no recibían noticias.
—¿Cuánto tiempo vamos a esperar aqui? —dijo Wufei irritado
—Hasta que se comuniquen, pero si tienes cosas mejores que hacer puedes irte —dijo Duo desafiente.
—Ya, tranquilicense, esperemos la llamada—dijo Quatre.
.-.-.-.
—¿Ves que no estoy jugando?
—Idiota…
—Te guste o no vas a tener que cooperar, si no quieres que la mate.
—¿Qué es lo que quieres? Ya déjate de rodeos
— ¿Dónde estan Yuy? Sabes de lo que estoy hablando, sabes quien soy…
—Por supuesto que lo sé, pero primero me vas a tener que matar —retó Heero
—O la mato a ella primero…
El tipo se dirigió a la puerta, listo para cobrar su premio de consolación.
—¡Espera! —dijo Heero derrotado—. Lo que buscas esta en la Organización Peacecraft, lo guardé todo cuando fingiste tu muerte, yo no me tragué el cuento.
—¡Que conmovedor! Todo para que tu esposa no sufra.
—Si le pones un dedo encima…
—Mi apreciable Heero, yo soy un caballero, te doy mi palabra de que ella estará a salvo. Dulces sueños, soldado—dijo con falso tono educado.
El juego había acabado, se quitó el pasamontañas. Treize Khushrenada sonreia triunfal ante la mirada fría de Heero quién lo había reconocido desde antes.
Treize cruzó la habitación y cerró la puerta de un portazo. Ahora lo unico que tenia que hacer era encontrar lo que le habían robado, sólo tenia que quitarle la Organización Peacecraft a Relena.
.-.-.-.
Después de un día de debates y firmas de tratados Relena ya se encontraba entrando a la tierra en el jet privado de la Organización.
Miraba por la ventana pensando en Heero.
Cuando aterrizaron en la pista de la Organización, el timbre de su celular la interrumpió.
—¿Diga?
—Señorita Peacecraft o ¿Debería decir Yuy?
Relena se quedó inmóvil al escuchar aquella voz.
—¿Se divierte dirigiendo mi organización?
—No es posible tu estas…
—Los muertos no hablan querida Relena—se burló Treize
—¿Qué es lo que quieres? —lo retó la herdera Darlian
—Digamos que tuve una pequeña reunión con… tu esposo
—¡Déja a Heero en paz! —rogó la ahora desesperada joven—. Te daré lo que quieras pero no le hagas daño.
—Cedeme la Organización Peacrecraft y te lo regresaré sano y salvo. Te doy una hora para que lo platiques con tus amigos ex pilotos que te esperan ansiosos en tu casa.
Treize colgó la llamada, Relena corrió hacia el estacionamiento y pidió a su chofer que la llevara a casa.
Al llegar encontró a sus 4 amigos un tanto nerviosos. Todos fueron hacia la sala y se sentaron a discutir lo que estaba pasando.
—Ya habló por teléfono aqui—le explicó Duo—. Dijo que dejará libre a Heero hasta que le entreges la organización…
Relena asintió
—Si, ya me ha hablado a mi también —observó a los 4 amigos, sabia que lo que estaba apunto de decir no le siba a caer en gracia—. Y si eso quiere entonces, así será.
—¿Que? —exclamaron los ex pilotos al unísono.
—Relena, tiene que haber otra forma —le dijo Quatre—. Heero podría aguantar un poco más en lo que pensamos bien que hacer.
—No, esto es serio —dijo seria. Al ver su expresión los 4 amigos se extrañaron —Sé que Heero ha hecho maravillas en el pasado pero nunca estuvo frente a una situación asi. Él confía en que yo lo rescate.
—¡Pero ese tipo destruirá la Organización! ¿No te das cuenta? —exclamó Trowa.
—Relena sé que Heero confia en ti, podemos idear un pla, aún tenemos algunos Gumdams podemos rescatarlo.
—No, ya no hay tiempo Treize lo matará, estoy segura.
Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas. Quería ser fuerte como Heero, pero no podía, estaba muy preocupada por él.
—Es que no entiendo ¿Por qué no dejas que te ayudemos? —le reclamó Duo sintiéndose impotente ante la negativa de su amiga para realizar un plan B.
—Porque, el es mi esposo Duo.
Duo, Wuatre, Trowa y Wufei se miraron entre sí, atónitos.
—¿Pero como…? ¿Porqué nunca nos dijeron nada? —cuestionó Duo parándose de su asiento del asombro.
—Hasta ahora nadie lo sabía, no se cómo se enteró Treize. Nunca quise ocultárselo lo juro, pero Heero insistió en que no les dijeramos, ya que conllevaba a un peligro muy grande involucrar a mas personas. No quería que por su culpa me pasara algo o a ustedes, por eso no les dijimos nada.
—Bueno era obvio que pasaba algo entre ustedes, pero nunca creí… ¿Cuandos e supone que pasó esto? —la cuestionó Duo apenas creyendo lo que les acababa de contar Relena.
—Ya Duo basta, Relena ya nos ha explicado sus razones además es cosa de ellos.
Un timbrazo del teléfono interrumpió el incómodo momento, Relena se adelantó a todos y fue la que contestó.
—¿Diga? —pronunció, miraba a sus compañeros y asentía—. Lo haré pero quiero que lo sueltes. Está bien, se hará como tu digas—. La joven colgó y se dirigió a la ventana de la sala que daba hacia la calle.
—Heero viene en camino.
.-.-.-.
Tenía cerca de 15 minutos en que habían amarrado y vendado nuevamente a Heero Yuy. Se encontraba dentro de una d elas camionetas donde lo habían secuestrado el dia anterior.
Sabía perfectamente antes de que Treze se lo dijera que Relena aceptaría cualquier cosa con tal de que lo liberaran.
Heero oía el chirrido de las llantas sobre el pavimento; de pronto se detuvieron, alguien abrió la puerta y lo tiraron al exterior.
Habilmente Heero se liberó de los amarres en sus muñecas y se quitó la venda. Sus ojos reclamaron debido a la luz del sol y cuando se acostumbraron se dio cuenta que, estaba a una cuada de la casa de los Peacecraft.
Caminó dando tumbos lo más rápido que pudo, hasta que llegó a la entrada de la casa y se desplomó.
Relena quien lo había visto llegar malherido corrió afuera.
La atmósfera del lugar se había vuelto pesada, la oscuridad cubría cada uno de los rincones. Heero caminaba despacio tratando de no chocar con nada. Cuando la oscuridad dejó de molestarle divisó un pasillo a lo lejos. Era el camino hacía la oficina de Relena, escuchó unos gritos provenientes de esa dirección. Sin pensarlo dos veces se echó a correr… abrió la puerta y descubrió a Treize apuntando con una pistola a la cabeza de su esposa. Quizo detenerlo incluso cuando se dio cuenta que no tenía un arma estaba listo para morir en lugar de su mujer. Pero no pudo hacer nada, se escuchó un disparo y el cuarpo sin vida de Relena cayó al suelo.
Heero despertó bañado en sudor; todo había sido un sueño, su corazón aun latía de prisa debido a lo real que se había sentido.
El muchacho se incorporó en la cama, estaba en su cuarto sano y salvo, y Relena yacía aún con su ropa de trabajo dormida junto a él.
La observó dormir por un momento y le quitó algunos mechones de cabello que caían sobre su rostro. Se alegraba de estar con ella aunque, sabía que la hija adoptiva d elos Darlian había perdido todo por salvarlo.
Observó la mano de su esposa que se aferraba a la sábana, llevaba su anillo puesto, y eso lo sorprendió ya que habían acordado no usarlo en público.
La vida que habían decidido llevar no era fácil. Siempre pretendiendo, escondiéndose, inclusive de sus amigos a los cuales quiso proteger ocultándoles ese hecho tan importante para ella y él. Pero ahora ya no seria necesario callar mas.
Relena se movió un poco, pero siguió sumida en su sueño. Lucia tan hermosa como siempre, como el día en que le pidió que se casara con él.
Hacia un tiempo que vivía en la casa de los Peacecraft con Relena. LA ausencia del hermano de esta, Miliardo y Noin quienes habían partido lejos por un tiempo había dejado vacio el hogar.
La guerra cesó y el tiempo pintaba hacia buenos tiempos venideros para la tierra, tal y como Relena lo hubiera querido.
El tiempo cambiaba, pero sus sentimientos no.
Relena jugaba en el jardín con su gran perro peludo y él la miraba desde el balcón de su habitación. AL principio pudo haber negado lo que sentía con justa razón, Relena había sido un estorbo para su misión, pero conforme crecieron… ya no podía negar sus sentimientos y él lo sabía. Además de que estaba seguro de que era correspondido, la joven Darlian siempre cuidó de él cuando estuvo malherido, siempre se preocupó por su bienestar, porque saliera con vida en cada batalla. El único que no aceptaba lo que sentía era él.
Heero Salió de su ensimismamiento cuando se dio cuenta de que Relena ya había entrado a la casa.
Heero supo que era el momento, salió de su habitación y se dirigió al estudio. Ahí la encontró revisando algunos papales.
—¿Por qué me espias? —le preguntó la chica con una sonrisa.
—No estaba espiándote —dijo él un poco sonrojado.
—Heero, has estado actuando raro estos días ¿sucede algo?
—Ven —pidió el para que ella se acercara, lo que hizo que la joven se parara de su asiento y fuera al centro de la habitación.
Heero la escudriñó con sus hermosos ojos azul oscuro. Relena sonrió pero no entendía muy bien que pasaba.
—Cásate conmigo —le pidió repentinamente. Relena se llevó una mano a la boca cuando Heero temblando, le colocó un anillo en el dedo.
—Claro que si —contestó ella y lo besó por primera vez.
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—Heero… —susurró Relena que había despertado.
Él sólo se limitó a sonreirle y ambos se abrazaron.
—Estaba muy preocupada por ti
Relena sintió los labios de su esposo posarse en los suyos, correspondió aquel beso que poco a poco se convirtió en un momento de intimidad para los dos.
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Princesa Saiyajin Presentó.
Endless Waltz, Endless Love
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