La Muralla María aún no estaba del todo reconstruida, pero ya podía ser habitable. Sin embargo, el hombre siempre quería más, así que organizaron la primera salida fuera de los muros tras la reconquista de las Murallas. Aquella fue una misión encomendada principalmente al escuadrón del sargento Levi y, cómo no, al resto de la Legión de Reconocimiento.
Era la primera expedición de Mikasa tras la muerte de Eren. No estaba nerviosa, matar titanes no le ponía los vellos de punta como antes, cuando observaba aquellas caras tan parecidas pero diferentes a la vez de ella misma. Desde el fallecimiento de su hermano, el corazón se le insenbilizó, como cuando tu pie se dormía y lo tocabas, teniendo esa sensación de estar rozando tu propia carne pero sin sentir nada.
—Ackerman, ve a preparar tu caballo. Partimos en veinte minutos.
Tan rápido como vino, el sargento se fue. Los ojos negros de Mikasa se quedaron suspendidos en la puerta abierta unos segundos más, mirando a la nada. Aún podía ver la silueta de Levi apoyada en el marco, con ese gesto de desdén y cansancio que ella tanto entendía. Porque los titanes eran más peligrosos en tu cabeza, por las noches, entre pesadillas y recuerdos que, a veces, se volvían lo mismo. Todos allí habían visto la furia de los titanes, y nadie lograba olvidarla.
Con un suspiró afianzó el agarre de las correas en su cuerpo y salió a los establos. Todo el mundo se estaba preparando, temerosos de morir en esa salida. Pero a ella le daba igual, no tenía nada por lo que luchar. Sus pasos se arrastraban en la arena, lánguidos y pesarosos.
Su caballo relinchó al verla. Esbozó una minúscula sonrisa, disponiéndose a preparar al animal. A los pocos minutos estaba lista. Se echó la capa verde a los hombros, subió a su montura y cabalgó a trote lento hacia la vanguardia. El sargento y la comandante encabezaban la formación, y al parecer hablaban de algo que a Levi no le agradaba demasiado. No era una chica curiosa, así que se colocó en su posición sin darle demasiadas vueltas a la cabeza. Sin embargo, aquello le daba muy mala espina.
Volvió a la realidad cuando las puertas se abrieron con lentitud, desvelando el salvaje territorio de los titanes. Frunció levemente el ceño, extrañada ante ese nudo en su vientre que hacía tanto tiempo que no sentía, y sus ojos brillaron con decisión cuando notó el miedo a su alrededor, pues Shiganshina aún pertenecía a esas bestias, y su principal objetivo era retomar ese distrito para descubrir la verdad de los titanes en el sótano de su casa.
—Eren, —Su caballo siguió a la masa de exploradores y Mikasa agarró fuertemente su bufanda—, cumpliré tu voluntad.
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—¡Sargento!
Levi aterrizó en el árbol con rapidez. El cuerpo tembloroso entre sus brazos sonrió, cerrando los ojos. Dejó de escuchar su corazón y lo depositó con cuidado sobre una rama gruesa, sintiendo la sangre vaporizarse sobre su piel, su estómago revolviéndose al ver el cadáver mutilado.
—Has servido bien a la humanidad —murmuró con gesto impasible.
Se giró para encarar al titán, que le observaba con esa cara que le resultaba tan grotesca. Se acercó con pasos lentos, disparó los ganchos a su hombro y prácticamente danzó en el aire hasta asestarle un limpio corte en la nuca.
Observó a su alrededor. Aquella zona ya estaba limpia, pero los árboles no le dejaban ver más allá de la densa flora.
Bufó, desencajando las empuñaduras de las cuchillas y guardándolas bajo su capa. En ese momento recordó la propuesta de Hanji. Entrenar a Ackerman no le suponía un problema en sí, pero la muchacha hacía meses que no recibía ejercicio en condiciones, y él no era alguien especialmente cuidadoso. Por otra parte sabía que ella le había vuelto a coger algo de rencor por el altercado en el comedor, y, aunque lo hizo por obligación como su superior, de veras pensaba que ella estaba en una muy pésima condición psicológica como para haber tomado la decisión de abandonar.
Con un pesaroso suspiro se retiró, sabiendo que aquella prematura expedición había sido un fracaso.
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—¡Ackerman, acaba con los dos de la derecha!
Mikasa asintió con gesto indiferente y saltó hacia la nuca del titán, rajando la carne ardiente con las cuchillas. Se limpió el sudor de la frente y dirigió su mirada al siguiente, creyendo que iría a por ella. Pero no.
"Un anormal", pensó mientras saltaba a las ramas caídas al suelo, hacia la algo lejana masa de soldados. Maldijo por lo bajo y activó el equipo de maniobras, persiguiéndole lo más rápido posible. Debía calcular bien sus movimientos, porque no le quedaba demasiado gas. El ser antropomorfo se abalanzó sobre los casi veinte cadetes, que lloraban y suplicaban piedad, mientras otros prometían acabar con ellos. Mikasa dio sus vidas por perdidas.
Entonces un fugaz destello pasó por su lado a una velocidad sobrehumana. Escuchó el sonido de la carne cortándose y la mole cayó al suelo. Levi aterrizó con gracia en el suelo, limpiando su rostro de sangre vaporizándose y desencajando las cuchillas de las empuñaduras de metal.
Mikasa retrocedió de sorpresa. ¡La última vez que vio al sargento fue hace diez minutos, y estaba en la vanguardia!
Levi clavó sus fríos ojos claros en ella, y se preguntó el porqué de su extrañeza. Bajó del árbol y se acercó tranquilamente a ella.
—Ya te lo dije —habló con una solemnidad impropia en él—; no dejaré que ninguno de mis soldados muera.
