Sí, bien, conforme había pasado los años, su mayordomo Sebastián Michaelis le había enseñado mucho sobre ''La cultura Demoníaca''. Una de las muchas cosas involucraba a los Shinigamis. Según su mayordomo, los Demonios y Shinigamis se han odiado por incontables años, pero, había algo que sólo los demonios con mayor experiencia sabían, tales como Sebastián o Claude. El muy guardado secreto era que, en realidad, el olor de las Parcas siempre llamaron el instinto lujurioso de los Akumas...

La sangre de Los Dioses de la Muerte era única, aún lo es, más en esos años, en los cuales los Shinigamis escaseaban. Según Michaelis, quien había probado de ésa sangre tan especial, era lo más delicioso que el paladar demoníaco pudiera probar en toda su vida, claro que el alma variaba su sabor por las actitudes de las Parcas. Su mayordomo se había negado a decirle de quién era la sangre que había probado, en poco tiempo al Conde le dio igual, irónicamente de un día para otro.

Y es que, Ciel no tenía por qué preguntarle a su mayordomo cuando ya había probado dicha sangre, ésa sangre tan dulce y picante, que irradiaba pasión y lujuria. El alma de Grell Sutcliff se le antojaba como un delicioso dulce extravagante, con toques picantes y ardientes.

Miró el techo sin mirarlo, su respiración era agitada, su pecho subía y bajaba, su frente era cubierta por una pequeña capa de sudor. Cerró los ojos fuertemente, su mano se perdía entre sus pantalones, con su mano libre bajó un poco su pantalón, liberando su prominente erección. El Conde Phantomhive jadeó ronco al acariciar con su dedo indice la punta de su miembro...

Maldito Shinigami...

~ Flash Back ~

Grell lo miró como si quisiera matarlo allí mismo, aquellas orbes verdes se dirigieron a una parte y él quiso saber qué era lo que miraba, allí, en la orilla del lago, se encontraba la Guadaña personalizada del pelirrojo. No pudo contener una sonrisa, Sebastián le había enseñado que las Parcas sin su Guadañas y o lentes son indefensos, desgraciadamente Grell tenía puestos sus lentes.

Miró al peli granate con arrogancia desde arriba, los verdosos ojos se entrecerraron, como diciendo ''Mocoso engreído''. Pero había un problema, él ya no era un mocoso, él era un hombre, un hombre con una creciente erección entre sus piernas al ver el cuerpo desnudo del Shinigami, era tan blanca, tan apetecible.

Flashes de la primera y ultima vez que lo hizo suyo lo azotaron, haciendo que recibiera tirones en su entrepierna. El agua difuminaba un poco el níveo cuerpo del Dios, pero eso no le quitaba lo sensual, Ciel cerró los ojos.

Grell vio su oportunidad de escapar, no se quedaría ahí después de ver el bulto del menor, él no pensaba quedarse a ser el nuevo juguete del Conde. Se hundió en el agua, nadando rápidamente...

Ciel volvió a abrir los ojos, estos brillaban de una forma rosa intensa, se había perdido en sus perversos pensamientos, su estómago gruñó, tenía hambre y el olor de Grell no ayudaba mucho. Se giró sobre sus talones, el pelirrojo ya se encontraba en la orilla, corriendo en dirección a su ropa y Guadaña.

Sutcliff sintió el aire golpearlo, estaba helado, tembló de pies a cabeza sin detenerse. Él sólo había querido un día de descanso luego de llegar de los Estados Unidos y enseguida ser puesto a hacer trabajo, William era un aprovechado, no le importaba lo mucho que se encontrara cansado.

Había tenido que viajar a EE UU ya que era donde quedaba menos Shinigamis y necesitaban ayuda, claro que no sólo la solicitaron de Londres, si no también de otros países, Italia, Francia, París, etc. El jefe de ese lugar era un gruñón, incluso más que Will, se había comportado ''Bien'' y había dejado de ser él por tanto tiempo, sólo para evitar problemas con ese tipo.

Apenas y había vuelto a Londres hacía una semana, semana en la que Spears no dejaba de darle trabajo y horas extras. Pero extrañaba mucho ser él mismo, así que decidió darse una escapada para buscar a su Sebas-chan, quizá ya no se encontraba allí, pero nada perdía con averiguar, pero de camino se había encontrado con ese hermoso lugar, así que decidió relajarse un rato en la laguna.

Estaba por llegar a su ropa, cuando una mano lo detuvo y lo giró de forma brusca. Ciel lo miró de cerca, sentía su olor aún más fuerte y realmente ese olor lo provocaba, lo calentaba mucho y excitaba a sobre manera. Se mordió el labio, también tenía tantas ganas de volver a probar aquella sangre tan dulce, la cual sólo era superada en sabor por la exquisita piel de su dueño.

—¿A dónde vas tan rápido?—preguntó con una sonrisa que no prevenía nada bueno, sus alientos chocaron, el Conde estaba cerca, demasiado cerca de su persona. Una de las manos del Demonio se posaron en la cintura de la parca, pegando sus cuerpo. Grell se sintió un tanto intimidado, Ciel había cambiado tanto, incluso era más alto que él, mucho más alto, su cuerpo era más fornido, lo notó cuando chocó contra él. Por un momento su mente le dijo a gritos que se olvidara que el hombre que tenía frente a él era Ciel Phantomhive, que se dejará llevar, después de todo, el joven era un demonio, y los demonios eran su debilidad.

Pero no, él no sería tan débil, seguía siendo el mocoso que lo apartaba de su Sebas, seguiría odiándolo por toda la eternidad.

—A un lugar en el que tú no estés—siseó con ira golpeando la mano del Conde, quien descaradamente la bajaba a cada segundo, esperando, deseando llegar a su trasero.

—Oh, pero pensé que disfrutabas de mi compañía—dijo con un tono falsamente ofendido, su mano viajo rápidamente a donde antes tenía planeado, golpeó la nalga del pelirrojo, dejando sus cinco dedos. Grell soltó un pequeño grito al sentir aquella parte de su cuerpo ser golpeada, frunció la cejas en un evidente ataque de ira, ese golpe le había dolido y seguro había dejado la marca en su pálida piel.

—¡¿Cómo te atreves?!—intentó vanamente de liberarse del Conde Phantomhive, pero éste lo tenía firmemente sujeto, no dejaría que se escapara tan fácilmente. Un suspiro ahogado escapó de los labios brillosos de la Parca escarlata, la mano del menor masajeaba su retaguardia como si estuviera amasando algo—. ¡Quita tus manos, degenerado!—gritó con un fuerte sonrojo, una de sus manos se posó en el amplio pecho del menor, tratando de apartarlo, su otra mano tomó impulso hacia atrás, viajando a gran velocidad, golpeando la mejilla del Conde.

—¡Auch!—se quejó, soltando al Shinigami granate, el golpe había dejado su mejilla roja, incluso había hecho eco en el bosque. Su ceño se frunció mientras sobaba su adolorida mejilla.

—¡Si me vuelves a poner una mano encima, te juro que te castro!—miró al más bajo con rabia. Grell se dio la vuelta rápidamente, corriendo en dirección a sus cosas. Phantomhive sonrió de forma arrogante y lujuriosa, usando su lado demoníaco apareció de la nada frente al mayor. El pelirrojo dio un respingo al verlo de repente frente a él, se cubrió con sus manos su cuerpo, poniendo más empeño en sus partes privadas, la mirada que le dirigía el menor hacía que le recorriera un escalofrío de pies a cabeza y su piel se pusiera de gallina.

—Tú no vas a ningún lado—susurró de forma sobria, sus ojos brillaron de un rosa fucsia. Su cuerpo ardía, le pedía a gritos que tocara el cuerpo blanquecino del Dios de la Muerte, al menos necesitaba que su entrepierna dejara de doler tanto. No podía dejar de ser bombardeado por pensamientos insanos, llenos de lujuria, posiciones que probaría con ése Shinigami, era un demonio después de todo, y la lujuria era algo que dominaba todo su cuerpo.

—¡Ya déjame en paz, yo sólo quería ver a Sebas-chan!—gritó furioso, el menor lo tomó de forma desprevenida, agarrando de forma posesiva su cintura, pegando sus cuerpos. No pudo evitar sonrojarse al sentir la erección del menor chocar contra su plano vientre, tampoco pudo evitar que una corriente eléctrica recorriera su cuerpo entero.

—¿Ves?, a ti no te molesta que yo te toque—susurró contra la oreja del mayor, tocando con su mano la entrepierna que comenzaba a despertar lentamente, lo agarró con firmeza, un tanto descuidado, escuchando complacido como un suspiro escapaba del pelirrojo. En el momento que otro gemido escapó del más bajo, él chocó sus bocas, besando con ansia al mayor. Hacía tanto tiempo que no saboreaba algo tan dulce, por supuesto que, en los años que habían pasado, jamás dejó de querer volver a sentir ese dulce sabor en su boca.

El pelilagro se sobresalto al notar aquella boca presionar contra la suya, pensó en apartarlo con fuerza, correr a su Guadaña y acabar con él. Pero en el momento que una lengua puntiaguda recorrió sus labios, en busca de entrar, su cuerpo tembló con fuerza, jadeó de forma ahogada, dejando que aquella lengua explorara su cavidad bucal. Sin ser consciente sus manos rodearon el cuello del Conde, pegando más sus cuerpo, en busca de más contacto.

Sus labios se movieron lentamente sobre los del Shinigami, disfrutando de los suaves labios que lo recibieron en cuestión de segundo, respondiendo de forma tímida. Ambos suspiraron al sentir sus miembro presionar, Ciel no pudo evitar sonreír al notar el cuerpo del mayor responder a sus toques.

—Ciel~—no pudo evitar gemir el nombre del menor, su ''corazón'' latía de forma frenética, su respiración se aceleraba a cada segundo que pasaba. El Conde lo levantó por la cintura, haciendo que sus largas piernas se enrollaran en su cintura, por instinto la Parca se apretó contra el menor.

—Tu cuerpo... tu cuerpo me pertenece, por eso reacciona así, por eso tú reaccionas así—susurró el peli azul, dejando que sus rodillas chocaran contra la tierra cubierta de hierba, su entrepierna fue dulcemente presionada por los glúteos del pelilargo, haciendo se mordiera el labio, recibiendo punzadas de placer que viajaban por todo su cuerpo y terminaban en su erección.

—Tú... tú... no eres mi... mi dueño—habló de forma dificultosa, sin poder evitar que sus caderas comenzaran a moverse, estimulando al menor y a sí mismo. El placer lo estaba cegando, cada poro de su cuerpo suplicaba por ser poseído, por ser penetrado salvajemente por el Conde Demonio.

—Sí lo soy, desde que te hice mío, desde que te marqué en aquella terraza, desde el momento en que entré en tu cuerpo, desde ese momento eres mío—el oji zafiro fue recostando al oji verde en el suelo, hasta dejarlo por completo allí. Sus manos apretaron la pequeña cintura, chocando más su cadera contra el trasero desnudo del pelirrojo, una oleada de placer lo abrumó.

—Eres... un depravado—aún con sus palabras, sus manos agarraron fuertemente los cabellos del menor, tirando de ellos y volviendo a unir sus labios en un beso lleno de pasión. Alzó las piernas largas del pelirrojo, dejando que colgara, rompió el beso, para bajar su boca lentamente, recorriendo la suave piel del Shinigami, deteniendo su andar en el inmaculado cuello, sentía un inmenso placer, su papilas gustativas eran atacadas con un sabor delicioso, su favorito, dulce. Se encargó de dejar marcas, chupones que quedarían marcados un buen tiempo, sus colmillos se afilaron. Grell gimió fuerte al sentir su cuello mordido por el demonio, quien chupaba la sangre de la herida.

Sus manos recorrieron la suave piel, apretando los muslos suaves y apetecibles del mayor, su boca se acercó con prisa a uno de los botones rosa, aquellos dulces que tanto había deseado volver a saborear. El Dios de la Muerte jadeó al sentir su pezón ser mordido, pellizcado y tironeado. Miró hacia abajo, sus ojos se entrecerraron, no sabía por qué su cuerpo reaccionaba así, por qué estaba dejando que eso pasara, ''Ése'', que estaba tan empeñado en jugar con su cuerpo, ''Él'', seguía siendo el mocoso que tanto odiaba, el Conde engreído y arrogante que siempre lo separó de su hermoso demonio. Se vio a sí mismo, daba vergüenza y lo sabía, apretó los puños, tirando de los cabellos cortos del Akuma, quien en lugar de quejarse al sentir aquel tirón simplemente se excitó más.

La Parca aprovechó que sus piernas estaban en los hombros del menor, sin que éste se diera cuenta, estiró su mano hacia atrás, donde su Guadaña de la Muerte descansaba. Sus dedos la rosaron, rezó porque el menor continuara entretenido con su cuerpo y no le prestara atención.

Ciel se apartó rápidamente al escuchar el ruido de un motor ser encendido...

~ End Flash Back ~

Aquel Shinigami de pelo rojizo se le había escapado, dejando al Conde molesto, con una molestia aún mayor en su entrepierna. Arqueó su espalda levemente, no podía dejar de estimular su miembro, estaba tan caliente, no podía detener su mano, su mente no dejaba de atormentarlo con imágenes del pelirrojo, desnudo, su cuerpo sucumbiendo a sus toques, moviéndose de forma brusca con sus fuertes y salvajes embestidas.

Tenía tantas fantasías que quería cumplir con ese Shinigami, cerró sus ojos, dejando que la imagen de Grell, engullendo toda su erección con dificultad lo llevara a un delicioso orgasmo. Su cuerpo tembló enteramente y una media sonrisa apareció en su rostro sudoroso y sonrojado.

Volvería a hacer suyo a Grell... aunque en el proceso tuviera que violarlo, ese Shinigami sería suyo...