Tardé mucho en publicar sobre este fic, espero que les agrade, durante esta parte de mi vida descubrí muchas cosas sobre mí mismo y mis límites, espero ofrecerles un panorama de lo que soy…

Dedicación especial a mis trolls aunque algunas tiene tiempo que no las leo: Mayra Paola, Sandy Rancid, Verso Lope, Elvira Dup y Fanny. También a lectoras fieles, algunas buenas amigas y familia de face: Anahi Molina, Wendy Torres, Alejandra Larios, Dalara Pichuga, Flor Giorno, America Guillen, Milk linda son, Rukia Kurosaki …

Sin más les dejo en la lectura.


Cap 3: Castigo

Al abrirse las compuertas del domo vi la perfecta oportunidad, me dirigí con vuelo veloz al cual no superaron las puertas al cerrarse y entré seguido por Nappa; a pesar del problema evidente que le causaban los insectos no consideré que ayudarlo fuera necesario. Así que me dirigí a los alrededores observando a los pobladores que llevaban extrañas ropas cafés y doradas huir de delante de mí.

Miraba con atención sus rostros horrorizados al verme, por el rabillo del ojo observé un objeto volar hasta mi esquivándolo con facilidad, luego de ese una serie de objetos caseros trataban de atinar a golpearme sin embargo ninguno lograba el cometido, los débiles pobladores me atacaban con lo que tenían a la mano y eso me provocó una sonrisa un tanto siniestra, solté una carcajada tan resonante dentro del domo que el mismo Nappa se detuvo para dirigirme una mirada.

—¡Mueran insectos! —grité aún carcajeándome de su estúpido ataque.

Los gritos de los inútiles insectos retumbaron por todo el lugar cuando arrasaba con todo a mi paso con un maligno rayo de energía de mi mano, avancé de los alrededores al centro para que se concentraran ahí. Algunos soldados dirigieron sus ataques hacia mí rodeándome en un intento de detenerme; observé el emblema del emperador en su peto, si no eran allegados de Freezer por lo menos serían alguna clase de subordinados, quizá se habían revelado y era por eso que en ese momento nosotros acabaríamos con todo y con todos en el lugar.

Recibí estoico los ataques de energía que me arrojaron los soldados, aparenté no haber sufrido daño, sin embargo si lo sentía me ardía el cuerpo, la armadura había sufrido un daño mínimo pero eso no me detendría ni me haría mostrar debilidad delante de esas bestias.

Los insectos se abalanzaron en mi contra sin embargo en una expansión de energía los esparcí por todos lados, luego en un ataque ráfaga los aniquilé a todos. El rastreador me señaló que la energía de Nappa ya estaba en su límite así que me vi forzado ayudarle contra los que le rodeaban, usar la energía en ráfagas que aniquilaban al tocar me agradaba, sin embargo el trato más personal, de cuerpo a cuerpo como quebrar cuellos siempre me resultaba divertido.

No recuerdo el momento exacto en el cual se terminaron, a nuestro rededor sólo quedaban cadáveres esparcidos de los soldados y las energías turbias de los habitantes sobrevivientes que esperaban escondidos entre las ruinas de la que fuera su ciudad.

—¿Qué sucede Nappa? —dije al ver su cansancio notorio— ¿Demasiado esfuerzo para ti?

—A penas el calentamiento príncipe —me respondió tronando su cuello.

—No creo que todos estén muertos, Nappa, asegúrate de que todos y cada uno de los soldados esté finiquitado, no me fío de estos insectos, desaparece los cuerpos. Mientras iré a terminar de purgar el lugar.

—Se queda con la diversión ¡Jmp! —dijo mientras se acomodaba las muñequeras.

Reí sonoramente antes de contestar— Te dejaré algunos Nappa —reí de nuevo, el combate había puesto mi buen humor en marcha y pronto me sentiría mejor cuando viera mi rostro en cientos de ojos horrorizados.

Nappa asintió bajando a revisar los cadáveres, y aunque estos no mostraran signos de vida los hacía desaparecer en su mayoría dejando regados únicamente miembros y garras de los insectos. Me giré en dirección a donde el rastreador me indicaba movimiento de energía, descendí, decidí que haría eso aún más divertido; caminé sin mucha prisa por las calles de la ciudad iría cazándolos de a poco.

Sonreí mientras divisaba una pequeña casa que no aparentaba mucho espacio, pero que concentraba varias energías en su interior, quizá estaban en algún tipo de sótano o cámara de seguridad. Entré a la casa y ésta estaba vacía, la pequeña multitud de energías no estaba dentro, sino debajo de la casa, me elevé en el aire para luego descender con toda mi fuerza en contra del piso, sin embargo éste no se movió el material seguramente era el mismo que el de la cúpula que utilizaban de protección. Un material en verdad resistente.

—Príncipe —escuché la voz de Nappa desde la puerta.

—Qué quieres Nappa —hablé con fastidio.

—Los insectos están muertos —afirmó con un tono monótono.

—Cómo sacaremos a los andrajosos insectos de sus nidos Nappa, están resguardados bajo el mismo tipo de material que rodea la cúpula.

—Por algo estaba hecha la cúpula no cree príncipe, algún fallo debe tener este material aquí adentro.

Medité un momento sus palabras, tenía razón, por fuera pude ver como la energía era disuelta en la superficie del domo, pero para qué poner un domo si ya tenían cubiertos sus hogares con esos materiales. Me elevé aún meditando la mejor manera de flanquear el material, parecía metal, atravesé con facilidad el techo de la casa, quería decir que sólo los sótanos tenían recubrimiento de ese material; Nappa me siguió.

—¿Crees que sea metal? —pregunté mientras sobrevolábamos esa casa.

—Probablemente sí, al menos eso parece... ¿Por qué?

—Nos favorecería que se comportara como el resto de los metales —sonreí haciéndole entender una idea concreta.

Extendí la mano hacia la superficie de la guarida y lancé un rayo continuo de calor, en un principio la superficie repelía la energía hacia los lados de la misma forma que el domo, sin embargo luego de unos pocos segundos de continua energía calorífica el metal comenzó a calentarse como un horno.

—¿Qué esperas, Nappa? Ve a las otras casas y haz lo mismo, los insectos saldrán por su propio pie de sus escondites —ordené a Nappa que sólo con una afirmación con la cabeza se dedicó a obedecer.

Por un portal externo a la casa salieron disparados los ocultos en cuanto el calor de su escondite superó lo soportable. Trataron de huir hacia una zona de vegetación sin embargo mi ataque les cegó la vida antes de que pudieran ir demasiado lejos, puse un pie sobre la tierra y me acerqué a los cadáveres.

—Cómo pudieron siquiera pensar que podrían huir de mí, no son más que unos estúpidos —dije mientras pateaba el cuerpo sin vida de uno de esos.

—¡NO! —escuché gritar a uno de detrás de mi—, ¡No son estúpidos! —lloriqueó el insecto que resultaba ser una cría de esa especie.

—No sé si aplaudir tu valor insecto o mandarte al infierno de la forma más horrible por semejante estupidez —le dije acercándome a él que no era mucho más bajo que yo—; lo cierto es que me sorprende que puedas hablar, hasta este momento no había escuchado hablar a ninguno de ustedes.

—¡Maldito!... ¡Maldito seas tú y todos los tuyos por hacernos esto! —sus ojos vidriosos derramaban sus lágrimas amargas, causándome repugnancia.

—¡Agh! Bicho asqueroso, desaparece de mi vista —dije extendiendo mi mano hacia él.

Al lanzar el ataque otro insecto salió en su defensa, uno un poco mayor quizá un adolescente, empujándolo a un lado, le dijo que huyera en su idioma natal antes de hacerme frente. Dejé que el mocoso se fuera a fin de cuentas pronto tendría el mismo fin.

—No permitiré que le hagas daño, monstruo —gritó haciéndome frente.

Giré la mirada en torno al mocoso que corría volteando de vez en cuando, entonces con un simple ataque de energía desaparecí al mayor que me había hecho frente, la onda de energía tumbó al menor que viró sus ojos para el lugar vacío donde solía encontrarse el otro insecto y antes de que tuviera tiempo de reaccionar caí desde el cielo sobre el pisando con toda mi fuerza su cabeza, el cráneo se abrió alrededor de mi pie, derramando su sangre por todos lados. Sacudí mis manos mientras me dirigía a otra casa.

Así purgamos todo ese lugar, algunos salían a su muerte tras no soportar el calor, en tanto que otros más resistían con valor hasta que morían quemados en el interior de sus madrigueras, esa segunda forma de morir, aunque me parecía más heroica de su parte, nos resultaba más que molesto, pues no podíamos sacar los cuerpos.

Sobrevolamos toda la ciudad antes de confirmar que sólo Nappa y yo conservábamos la vida. Nos dirigimos a un espacio medianamente limpio donde iniciamos un fuego.

Napa se dirigió a las zonas vegetal en busca de animales o algo para comer, estábamos hambrientos, por mi parte me encaminé a las ruinas que quedaban medianamente en pie, entré a una de las casas que aún ostentaba su forma pese a la destrucción, directamente hasta la cocina en dónde me dediqué a buscar algún tipo de alimento, sin embargo no encontré nada más que semillas y costales completos de pequeñas esferas negras, quizá era lo que usaban como comida.

Intenté comer una, sin embargo era demasiado amarga así que la arrojé al suelo pisoteándola por su horrible sabor, caminé por toda la casa observando los afectos personales que aún se encontraban desperdigados por el lugar, en una repisa de madera junto a la entrada estaba un cuadro de la familia de insectos que había vivido ahí; mis ojos se enfocaron en la imagen predominante del padre de la familia, inevitablemente pensé en mi propio padre, pensé en mi madre y sus palabras que no comprendí.

Me di la vuelta y deseché todos esos absurdos pensamientos y regresé con Nappa a la fogata para enfrentar el hecho de que en ese planeta no había alimento, me recosté poniendo la cabeza sobre una piedra mirando al techo del domo, estaba cansado, el cuerpo aún me ardía, sin siquiera notarlo me quede dormido.

No recuerdo mi sueño, solo que era al principio algo agradable y tranquilo que se tornó obscuro y desolador, tal vez por mi cansancio o ese presentimiento de que algo no estaba bien, ese sentimiento que me acompañó durante muchos años de mi vida.

—Estamos listos para partir —escuché decir a Nappa—, saldremos enseguida señor.

Al abrir por completo mis ojos me percaté de que ya no traía puesto el rastreador, que ya ni siquiera estábamos dentro del domo, tallé mis ojos para ver mejor, estaba sentado dentro de mi nave, el estúpido de Nappa me había llevado hasta ahí.

—Napa —llamé su atención.

—Esperaba que durmiera hasta llegar a la nave del gran Freezer, príncipe.

—¿Por qué no me despertaste? ¿Con quién hablabas?

—Con el soldado Zarbon, señor, quiere que regresemos enseguida, el gran Freezer enviará a su gente a remodelar este planeta.

—Debí contestar yo mismo esa llamada, Nappa —dije muy enfadado.

—Lo sé señor, es sólo que…

—Sin excusas, maldita sea Nappa —salí de la nave—, ¡Cómo demonios me tomarán en serio, si tú me tratas como a un niño!

—Lo siento señor, yo no, era que….

—Ya cállate y vámonos de aquí, tengo hambre…

Subí de inmediato a la nave, estaba muy enfadado con el imbécil de Nappa y su irritante forma de actuar sin meditar las cosas, el viaje hasta la nave de Freezer fue tranquilo, sin embargo algo malo había, tenía un mal presentimiento.

Miraba a la alfombra que recubría el suelo de la sala dónde el emperador nos había llamado, Napa pensaba que se trataría de una felicitación por haber terminado la primer misión, aunque un mal augurio me indicaba que de hecho no era nada bueno. El lagarto entró donde nosotros que nos cuadramos en cuanto entró, luego estuvo frente a nosotros hicimos una reverencia al odioso emperador del universo.

—Estoy muy decepcionado de ustedes —dijo en seco y mirándonos con rabia— ¿Es que no podían hacer bien algo tan simple?

—Gran Freezer, cumplimos con lo que nos pidió, purgamos el lugar —dije comenzando a sentir mi furia en la garganta.

—¡Purgaron el lugar, también lo destrozaron! —gritó dando con la cola en suelo.

—El material está intacto —dije recordando su resistencia, quizá era por eso que querían ese planeta, por ese material tan fuerte.

—No quiero excusas… ¡Zarbon! —llamó al soldado— ¡Castíguenlo!

No dije más, esas palabras sonaron demasiado fuerte dentro de un espacio tan pequeño.

Sentí la cabeza demasiado pesada, tenía nauseas a pesar de que no había comido nada aún, sentía la imperiosa necesidad de vomitar, había sido tan largo, así me lo había parecido, los golpes secos de la tralla de un material especial me infringía un dolor que quemaba al contacto, abrí la boca, luego la cerré apretando fuerte los dientes, no había gritado en ninguno de los golpes y aunque mis ojos me quisieron traicionar con lágrimas furtivas los frené, no lloré ante el castigo.

El sentido me abandonaba en espacios breves cuando dejaban de golpearme y regresaba intempestivo al tronarme la espalda con el azote, fue un dolor agudo que jamás había sentido antes, un dolor que me hizo odiar aún con más fuerza, lo que ahí se derramaba en el suelo no era sólo mi sangre que brotaba sin parar de las heridas, sino también mi orgullo.

Por fin soltaron mis manos de sus ataduras y me pude poner en pie, respiré profundo y miré hacia la puerta.

—¿Es todo? —pregunté esperando poder ir a descansar.

—Póngase su armadura y vaya delante del gran Freezer.

Me sequé con mi capa toscamente la sangre de la espalda y la eché a un lado, me puse mi traje y la armadura por encima, ardía, dolía una barbaridad sin embargo no rechiste en ningún momento, salí de la sala de torturas y caminé impertérrito hasta donde se encontraba el gran Freezer.

—Espero que aprendiera la lección —dijo con saña la lagartija que se mantenía dándome la espalda.

—¿Quería decirme algo? —pregunté tragando en seco toda mi rabia.

—Le tengo una mala noticia príncipe, informantes me han dicho que la traidora de tu madre se largó del planeta Vegeta y ni tu padre el rey sabe a dónde fue —dijo poniendo sus manos detrás de la espalda.

—¿Traidora? —no supe qué preguntar primero, en un momento me olvidé del dolor físico.

—Es una vil traidora —sentenció girándose para mirarme fijamente con sus ojos fríos, escrutándome para ver si lograba percibir mi dolor, mi furia.

Presenté mi mirada más fría y mi gesto más duro, tragué el nudo en mi garganta sin que lo notara — No me importa lo que ella haga —sentencié impasible.

—¿No te importa? Pensé que los saiyajin tenían cierto lazo familiar un poco más estrecho que algunos otros…

—Pues a mí no me interesa en lo absoluto.

—Que bueno príncipe, creí que le interesaría saberlo, entonces vaya y descanse un poco mañana mismo salen a otra misión.

—¿Qué otra misión gran Freezer?

—Deberán ir a recoger a un saiyajin errante que se quedó sin nave y a preparar el planeta en el cual está para que lo vendamos, le pasaré los datos más tarde… retírese—dijo girando de nuevo.

Caminé hasta mi habitación, el ardor húmedo por la sangre en mi espalda había regresado y se avivaba como un fuego con cada paso que daba, entré a mi habitación sintiendo que la sangre seguía brotando. Sacarme el peto fue difícil, entré a la ducha con el uniforme puesto y sacarlo con más facilidad, el material se había pegado a las heridas abiertas.

—Príncipe —dijo Nappa entrando a mi habitación.

—Aquí estoy Nappa ¿Qué quieres? —contesté terminando de ducharme.

—Le traje comida y una caja de curaciones.

Salí de la ducha y comí, me hacía falta, aunque no hablé ni del castigo ni de mi madre. Mientras comía Nappa me ponía un linimento sobre las heridas, haciéndome apretar los ojos de vez en cuando pero no me moví, ni me quejé.

—Freezer quiere que vayamos a otra misión, mañana mismo —dije odiando su nombre en mi boca.

—¿Qué tipo de misión y para dónde iremos esta vez?

—A recoger a un saiyan que se quedó sin nave y de pasada preparar el planeta, dijo que nos enviaría los datos más tarde…

—Príncipe —dijo después de varios minutos en silencio, y dudó un momento si continuar o no—; no merecía ese castigo… —su voz era baja.

—Eso no fue nada Nappa…

Hasta aquí este capítulo, los capítulos de esta novela, en cambio a la otra si resultan muy cortos… Espero aún así sea de su agrado y dejen sus comentarios terrícolas...