Capítulo 3
La incomodidad post coito que quedaba, se esfumó, mientras los dos se ocupaban de poner en orden la oficina, usando Tergeo para limpiar la tinta derramada sobre el piso de madera y que había teñido los pies de Hermione también. Luego usaron un Reparo para la taza de té que se había hecho añicos contra el piso.
Severus abotonó y alisó un poco su ropa y Hermione se puso a buscar la de ella, poniéndoselas, así como estaban, sin importarle las arrugas.
Lo que sí intentó, fue poner en orden su cabello, pero tampoco estaba muy preocupada por eso.
Severus examinó su cuello con cuidado. Ni siquiera intentó parecer arrepentido. "Deberías dejarte el cabello suelto si te causa algún problema esa marca."
Hermione se rio. "No me importa demasiado, a menos que quieras que los rumores sobre tú siendo un vampiro vuelvan a circular…"
El rostro del hombre se deformó en una mueca de molestia, así que la echó de la oficina, asegurando la puerta una vez que ambos hubieran salido.
"No es como que no esté acostumbrado a acusaciones similares, pero preferiría no tener que tolerarlas."
"Claro que no. ¿Debería ponerle un glamour?" Los ojos de Severus se movieron sobre el cuello de ella.
"Tal vez no. Confieso que me agrada la vista." Severus la guio hasta salir por la puerta del Callejón Nocturno y luego comenzó a poner los encantamientos de seguridad. Juntos, caminaron por el Callejón Diagon. El sol todavía estaba alto, haciendo que el aire húmedo del día se sintiera mucho más caluroso de lo necesario.
"Pararemos aquí primero." Dijo Severus al cabo de un rato. La llevó a través de un grupo de gente que estaba en medio de la calle y abrió la puerta de un negocio. El cartel de la puerta rezaba 'Confituras, cremas y chocolates de Cara', y una campanilla sonó alegremente.
Hermione, de inmediato, fue golpeada por el fuerte olor a chocolate ya vainilla, y la chica inhaló lentamente.
"Oh… wow…"
El lugar estaba bellamente adornado, con escaparates llenos de chocolates y galletas, un muestrario de pasteles y paredes repletas de caramelos.
Severus comenzó a tomar artículos de los anaqueles más rápido de lo que Hermione podía ver, y luego atrajo la atención de la dueña. La mujer asintió con una sonrisa y Severus llevó a Hermione fuera del local.
"Eeeehhh… ¿No deberíamos pagar por eso?" Preguntó la chica, asombrada. Severus puso los dulces en los bolsillos. Hizo un ruido nasal.
"Ya me vio. No he tomado tanto este mes." Miró a la joven y una sonrisa pícara apareció en sus labios. "No me mires así. Invertí en su negocio. En lugar de regresarme el dinero, simplemente le pedí para que me dejara llevar lo que quisiera."
Hermione se rio, encantada con el nuevo dato. Severus Snape no solo era goloso. ¡Lo era tanto que había invertido en una confitería! Se sentía especial el saber eso de él, de alguna manera. Él pareció contrariarse con la risa de la joven, pero no dijo nada. Ella esperaba que Severus se diera cuenta que no se estaba riendo de él, así que buscó su mano para tomarla e ir de la mano lo que quedara de camino.
El calor se esparció en cuanto sus dedos se entrelazaron con los de él y sus manos se balanceaban entre los dos mientras caminaban por el callejón.
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La cena, pensó Hermione, había sido un éxito arrasador.
Tenían una sorprendente cantidad de cosas en común, haciendo que tuvieran toda clase de temas para conversar y discutir. Sin lugar a dudas, era la mejor cita que había tenido. Sin embargo, tuvo especial cuidado de no preguntarle qué tan a menudo salía a citas, o cualquier otra cuestión personal.
No era que tuviera curiosidad, pero es que no quería entrometerse. Bueno, tal vez esperara hasta la próxima cita.
Hermione le sonrió por encima de su copa. Sí, una segunda cita sonaba maravilloso. Eso y una segunda vuelta…
Cuando llegó la cuenta, ella comenzó a buscar en su bolso, pero Severus puso su mano encima de la de ella. El calor la invadió de nueva cuenta.
"Fui yo quien invitó."
Ella puso su copa sobre la mesa. "Gracias Severus. ¿Qué tal si compro yo el desayuno, entonces?"
Fue un movimiento calculado, y fue recompensada con una sonrisa. Él se rio. "Toda la sutileza de un ladrillo."
"En realidad, fue bastante leve para ser de mi parte." Contestó ella. "¿Funcionó?"
Severus la miró con intensidad. "¿Y dónde podríamos desayunar?"
"Bueno, mis alacenas están bastante vacías, pero hay una panadería en la esquina que hace unos cruasanes para morirse. Aunque si te sientes más cómodo en tu casa, no tengo problema." Entonces recordó algo. "Pero tengo que pasar por casa para darle de comer a mi gato, de todas maneras."
Él consideró sus palabras y apareció una sonrisa perversa apareció en sus labios. "¿Qué tan grande es tu cama?"
"Eh… creo que no había tenido eso en cuenta. "Dijo ella con mortificación. Es muy pequeña, de una plaza solamente… Ay, por Merlín, ¿qué habrías pensado si te arrastraba hasta mi casa y… oh, diablos…"
Severus se rio, y el sonido la envolvió. "Entonces, ¿te gustaría acompañarme a casa? Allí hay algo que creo que… te gustaría…" Había algo en la forma en la que movía la boca que atrapó el interés de Hermione.
"Si no te importa pasar por mi casa primero."
"Claro que no." La expresión de Severus se volvió juguetona. "Me encantaría conocer a tu felino."
"¿No eres una persona de gatos?"
"Depende del gato."
"Crooks es mitad Kneazle."
Los labios de Severus se alzaron un poco más y de inmediato buscó su billetera.
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Hermione abrió la puerta y sonrió al ver a Crooks llegar trotando hasta ella. "Hola Crooks, ¿extrañaste a mami?"
Severus hizo un extraño ruido a sus espaldas. Ella alzó al animal en sus brazos y luego se lo entregó a Severus. "Ten. Oh, y cierra la puerta o se escapará e irá a aterrorizar a las plantas de la Sra. Burton otra vez. Vieja tonta. Siempre lo deja entrar, lo alimenta y luego se queja porque se lía con las plantas de su balcón."
Severus miró a la bola de pelos naranja en sus brazos y Hermione sonrió, para luego apresurarse a ir a su habitación. Apenas le llevó unos minutos el buscar su más hermoso camisón, aunque esperaba no necesitarlo, y una muda de ropa, así como sus elementos de higiene personal. ¿Tenía todo ya? ¿Sí? Eso pensaba. Se apresuró para regresar a la sala.
Lo que encontró allí la dejó de una pieza, en la entrada de la habitación.
Severus había conjurado una suerte de juguete con un hilo y estaba muy entretenido, acomodado en el sofá, jugando con su gato. Ambos, hombre y felino, parecían estar pasándola en grande.
Hermione los dejó y se fue a la cocina, poniendo una generosa ración doble de alimento seco en el comedero de Crooks y luego llenó el bebedero hasta el tope. En cuanto abrió la lata de alimento húmedo, el felino en cuestión salió disparado en su dirección, ronroneando a todo volumen. Severus no tardó en aparecer, observando la danza que la castaña tenía que practicar para poder poner el plato con la comida en el suelo, mientras Crooks se enredaba entre sus piernas.
Severus aguardo para hablar hasta que el gato comenzó a comer.
"Qué terriblemente doméstico."
Hermione sonrió. "¿Verdad que sí?"
"Oh, sí." Entró en la cocina, todo lleno de gracia y presencia. Que Merlín la asistiera, pero sus rodillas acaban de convertirse en jalea. Su trasero se encontró con el granito de la mesada cuando él se inclinó sobre ella y la áspera mano se cerró sobre su mejilla.
"Muy doméstico." Murmuró él.
Se acercó todavía más a ella y rozó la piel de la joven con sus labios.
"Me encantaría subirte a esta mesada y hacerte las cosas más depravadas, Hermione."
Comenzó a depositar unos suaves besos, la mano del hombre comenzó a deslizarse sobre el cuello de la joven. Ella gimió con suavidad, inclinando la cabeza para que tuviera mejor acceso a su piel. Los labios de Severus acariciaban la delicada piel, los dientes raspaban con suavidad. Ella quería que la mordiera en el cuello y que le dejara una verdadera marca de amor…
"Por supuesto," murmuró Severus entre besos. "Te prometí postre."
Se alejó un poco, dejándola enfriándose y sin aliento, ansiando volver a sentir sus caricias.
Ella lo miró parpadeando. "Yo… tú…"
Severus la miró burlón, pero sin ser agresivo. "Usa tus palabras."
Hermione puso mala cara, pero lo agarró de la levita y lo atrajo hacia sí, obligándolo a descender hasta su boca, y lo besó con fiereza, deleitándose en la forma en la que él la envolvía con sus brazos. En el momento en el que Severus comenzó a responder con ardor y gruñendo desde lo profundo de su pecho, ella lo empujó, lejos de ella.
Severus la miró, confundido y excitado. Hermione le mostró los dientes y le dijo en tono desafiante. "A la mierda con las palabras."
La risa de Severus, profunda y hermosa, la llenó de deleite. Con una sola mano, la acercó a su cuerpo, y con la otra, sacó la varita y la movió en el aire. Al instante, todos los cerrojos de la casa se cerraron. Un segundo más tarde, desaparecieron con un ruido sordo. Con mucho cuidado, Severus soltó a la chica y ella comenzó a mirar a su alrededor, a mirar el dormitorio de Severus, oscuro y pequeño.
En realidad, parecía pequeño debido al tamaño de la cama que dominaba todo el espacio. Era una cama pecaminosamente enorme.
"Oh, dios…"
"Oh, sí." Severus movió su varita y la habitación se iluminó. La castaña miró en más detalle, pero no lograba encontrar la fuente de la luz. "Mira hacia arriba."
La chica ahogó un gemido.
"Hay algunos beneficios con eso de haber sido director." La voz del hombre era como un grave murmullo mientras la enorme mano movía el cabello de su hombro. "Los encantamientos son sorprendentemente sencillos, aunque sí, consumen tiempo."
"Tiempo bien invertido." Contestó ella, maravillada al ver el cielo nocturno en toda su increíble gloria, titilando en el cielo raso de la habitación. "Lo admito, nunca tuve sexo a la luz de las estrellas."
Severus hizo un ruido. "Entonces espero que no sea una experiencia de una sola vez."
Hermione asintió y arrojó su bolso sobre la mesita de noche, ignorando el sonido de los contenidos para comenzar a quitarse la blusa. Los ojos de Severus, de inmediato, se pusieron como brasas y sus propios dedos fueron a su cuello, comenzando a desabotonar la levita.
La blusa de la chica cayó al suelo y luego se quitó los zapatos para poder quitarse la falda también.
Severus lanzó su camisa a un lado y la levita sobre la cama. Hermione se detuvo. Oh, sí, sí… ¡Definitivamente, ese hombre era su tipo!
Mordiéndose el labio, se acercó a él y deslizó su mano sobre el vello del pecho.
Ella sabía que no había tenido tiempo de sentirse insegura, pero estaba convencida que no era muy atractiva… demasiado cabello, demasiado delgada, pechos pequeños, lunares, cicatrices, alguna que otra estría. La propia apariencia de Severus calmaba sus inseguridades.
La piel estaba cruzada por cicatrices en todas direcciones. Algunas de ellas todavía se veían frescas, como las del cuello. Algunas otras se veían más antiguas, casi blancas. También estaba la borroneada marca tenebrosa. No era para tanto.
Severus era delgado también. Sus brazos eran delgados pero fuertes, como su pecho. Pero ese vello negro, desde el pecho descendiendo en una línea sobre ese abdomen un poco flojito, y que se perdía en los confines de los pantalones. Una debilidad de Hermione. Le sonrió, deslizando los dedos sobre la línea de vello, buscando el cinturón.
Severus alzó una ceja, pero aguardó con paciencia, dejándola quitarle los pantalones. La hebilla del cinturón cliqueó, y con un solo tirón, se deslizó con un siseo, liberándose de las presillas limpiamente. Hermione dejó caer el cuero en el piso, comenzando a desabotonar la prenda. El delgado pecho de Severus comenzó a subir y bajar, haciendo que su respiración se hiciera más superficial. Tenía una expresión hambrienta en el rostro.
Uno por uno, Hermione soltó cada botón, hasta llegar al último, entonces tomó los pantalones junto con la ropa interior y empujó las dos prendas juntas hacia abajo. Con los pantalones alrededor de las botas, Hermione se puso a admirar el, verdaderamente, enorme miembro de Severus, por primera vez dándose cuenta de lo mucho que su ropa ocultaba al mundo.
Oh… oh…
Hermione se sentía positivamente exultante. No solo había descubierto que era goloso y esos hoyuelos cuando sonreía, cuando de verdad sonreía, ahora había descubierto que Severus Snape ¡tenía rollitos! Pequeñitos, pero suficiente para dejar a Hermione hechizada.
Unos dedos que comenzaron a deslizarse sobre los tirantes de su sostén y luego sobre las copas y al final, sobre el broche, la distrajeron de su debate interno sobre si él le patearía el trasero fuera de su casa si se atreviera a manosearle esos rollitos tan lindos. En lugar de seguir pensando en eso, ahora le preocupaba más el quitarse el sostén y las bragas, mientras él se quitaba las botas y las calcetas.
Severus deslizó una suave mano entre los pechos de la chica, sobre la cicatriz que yacía allí, para luego acercarla a su cuerpo. Su miembro se sentía caliente y firme contra su vientre. A la castaña se le fue el aliento en cuanto sintió el vello del pecho de Severus contra el suyo, así que inclinó la cabeza para besarlo.
Besar a Severus era delicioso. Ciertamente, él parecía dedicado a hacerlo apropiadamente. En cuestión de segundos, las manos de ella estaban enredadas en el cabello de él. Tratar de gemir y respirar al mismo tiempo terminó siendo muy difícil. Al igual que pensar con claridad.
El gruñido que estaba emitiendo él la encendió como una pira, y de pronto, se encontró siendo levantada del suelo y depositada sobre la cama.
La cama de Severus era de verdad pecaminosa.
No era demasiado firme ni demasiado suave, y las sábanas eran divinas. El dueño de dicha cama, la abandonó, y Hermione se sentó, escuchando el rechinar de la estática en su cabello.
Severus estaba rebuscando algo en su levita. Sacó las cosas que se había llevado de la confitería.
"Recuéstate." Murmuró. "Te prometí dulces."
Ávida y curiosa, Hermione volvió a recostarse. Severus se unió a ella en la cama. La besó hambrientamente, nublando sus pensamientos hasta que algo frío y pegajoso se deslizó sobre sus pechos, sobre sus pezones. Se detuvo. Luego, lo que sea que fuera esa cosa, se estaba desparramando sobre su vientre y más abajo. Era un poco desconcertante el sentir esa sustancia siendo embarrada sobre su piel, en medio de unos besos excelentes.
Ella movió la cabeza con incomodidad. "¿Pero ¿qué…?"
"Lencería." Murmuró Severus. Lo que fuera que le había puesto encima, comenzó a hacerse más líquido. El cosquilleo comenzó a expandirse sobre sus pezones y su clítoris, y la respiración de Hermione se agitó. Severus la miró con picardía. "Salsa de chocolate que se calienta sola. Es muy segura."
"Oh." Dijo ella con una vocecita. Sí, claro que podía oler la cálida fragancia del chocolate que calentaba. Era mucho más que placentero. De pronto, un calor diferente hizo acto de presencia.
"¡Oh!"
El cabello de Severus le hizo cosquillas en las costillas cuando el hombre acercó su cabeza para lamer el chocolate que había derramado sobre su piel. La sensación de su húmeda boca sobre sus pechos hizo a un lado la incomodidad para darle espacio a algo más.
Mas chocolate, mas Severus, mas de todo.
"No estoy seguro cuál es más delicioso, si el chocolate o tú."
Hermione sintió que se estremecía. Alzó sus brazos para sostener la cabeza de su hombre contra su cuerpo. Él no se resistió, metiéndose un pezón en la boca, mordisqueándolo, succionando, lamiendo con ganas. Mordió un poco más fuerte y la chica arqueó el cuerpo en medio de una grosería.
Gimiendo al sentir que la chica le tironeaba del cabello, Severus redobló sus esfuerzos. El calor que la inundaba estaba a pleno. Los jadeos de Hermione eran cada vez más violentos con cada movimiento de la boca de Severus. Cerró los ojos apretadamente a pesar de lo hermoso del cielo raso encantado. La pierna de él la mantenía contra la cama, y podía sentir su miembro duro y caliente contra su piel. Se movía al ritmo de las atenciones de Severus.
La castaña se estaba volviendo loca. Ambos pechos habían sido limpiados a conciencia, de chocolate, y ahora, la lengua de Severus estaba en proceso de limpiar lo que quedaba sobre su abdomen. De vez en cuando, la nariz rozaba su piel.
Se sentía tan rico. Comenzó a moverse, tratando de abrir las piernas para obligarlo a bajar las manos un poco más.
¿Cómo se sentiría ese chocolate entre piernas, mientras se calentaba sobre su clítoris? ¿Qué tal sabría si lo derramaba sobre su miembro?
Las manos le temblaban al deslizar sus dedos por el cabello negro de Severus, consiguiendo, finalmente, liberar una pierna. Abrió las piernas lo más que pudo y alzó la cadera. Severus se rio y dejó un chupetón en la piel de su vientre, justo junto a ese lunar que ella odiaba tanto. A
Sintió que algo firme tocaba su rodilla y abrió los ojos.
En medio de unos dedos cubiertos de chocolate, Severus sostenía una delicada y blanca pluma de azúcar. La excitación de la joven hizo que sangre se transformara en lava.
Con la cabeza inclinada y los ojos entornados, Severus deslizó la pluma sobre el clítoris de la chica. Ella no pudo evitar dejar escapar un gritito, y él repitió el acto, esta vez, deslizando la pluma entre los labios. Cada vez que la dichosa pluma aparecía en su rango de visión, podía ver su propia humedad sobre la suave pelusa de azúcar.
Él inhaló y sus fosas nasales se abrieron. Los ojos estaban tan oscuros que ya no era posible distinguir el iris de la pupila. Se podía ver con toda claridad, el posesivo fuego que quemaba en sus profundidades. "Todavía hueles al café que tomé antes."
¡Y luego, el bastardo lamió la pluma! ¡Lamió la pluma empapada con sus emisiones! La respiración de Hermione comenzó a escaparse de su cuerpo con violencia y él la miró con picardía y el azúcar de la pluma se disolvía en su boca.
"Deliciosa." Murmuró él. La dichosa pluma se deslizaba sobre su vulva de nuevo, excitando y haciendo cosquillas. Hermione gimió por lo bajo, tratando con desesperación, seguir los movimientos.
La pluma desapareció, devorada por esa boca, y Hermione luchaba por mantener la cordura. Estaba al borde del abismo y no era capaz de encontrar su propia voz para obligarlo a más.
Severus gimió al lamer el tallo de la pluma. El azúcar había desaparecido. Abrió los ojos, oscuros e insondables, y la miró.
"Desgraciado tentador." Susurró ella con la voz ronca.
"Lo dice la mujer que me obligó a tomar el asunto en mis propias manos, en mi propia oficina, debido al uso indebido de un caramelo." Descartó el tallo y se movió. La cama crujió un poco mientras él se movía entre las piernas de Hermione.
"Eso fue la venganza por lo del… ¡uh!" Hizo una pausa. "Lo… lo del… ¡oh! ¡Caldero de chocolate!"
Severus se rio y deslizó un áspero dedo entre los pliegues de la vulva de la chica. "Ah, pero ahora es tu caldero el que está empapado." Hizo una pausa deliberada. "Me pregunto si será tan deliciosa y cremosa como el pastel…"
"Yo… ¡oh!"
Hermione se cubrió el rostro con las manos cuando sintió que las mejillas se le encendían, y su voz se elevaba varias octavas. Severus había enterrado su rostro en su entrepierna.
El asunto con el caldero de chocolate no llegaba ni a los talones de esto. Ni de cerca. En cuestión de segundos, la tenía gimiendo a gritos. Al cabo de algunos minutos, la chica estaba suplicando y diciendo incoherencias por turnos. La nariz de Severus la estimulaba. La lengua exploraba y acariciaba. Los dedos del hombre penetraron y comenzaron a moverse. Cada gemido contenido hacía que se contrajera más su vagina. Severus la llevó demasiado alto, demasiado pronto. Hermione estaba en la cima y en el borde del abismo, casi aterrorizada por el intenso placer que hacía que sus pezones se pusieran como rocas.
Y luego, cayó al vacío, gimiendo, gritando y pulsando. Sus músculos apretaban con fuerza los dedos de Severus y todo su cuerpo empujando contra esa talentosa boca.
"¡Detente!" Jadeó la castaña, temblando y con las lágrimas corriendo por su rostro. "¡Es demasiado!" Severus se apresuró a ponerse a su nivel, la abrazó y comenzó a calmarla con dulces besos y tiernas caricias en su rostro. Las piernas de él se enredaron con facilidad con las de ellas, y la joven trató de respirar con normalidad otra vez.
"Lo siento." Dijo Hermione entre suspiros. "He… he roto el momento…"
Él hizo un ruido poco elegante. "Ni de lejos." Empujó la cadera contra la de ella. Todavía estaba más que a la orden para complacerla. "Todavía queda mucho chocolate."
Ella se echó a reír. Se sentó lentamente. Todavía se sentía mareada, pero tomó el frasco de chocolate, agradecida, de su mano. La etiqueta era fácil de entender y quitó la tapa con facilidad. El contenido era pegajoso y se adhería a sus dedos. Severus se recostó.
"Haz lo que te plazca."
Hermione sonrió. "Oh, no creo que eso sea un problema."
"No. Yo tampoco lo creo." Ronroneó él. Se llevó los dedos todavía llenos de chocolate a la boca y los limpió, lamiendo cada dedo mientras ella observaba y las mejillas se le encendían.
El chocolate se escurría de los dedos de Hermione, cayendo en forma de pequeñas gotas sobre el suave vello del muslo de él. En cuanto las sintió sobre la piel, Snape se estremeció un poco, trayendo la atención de Hermione de regreso a su tarea. La castaña sonrió y metió sus dedos un poco más en el frasco.
Se inclinó sobre el cuerpo de su hombre y comenzó a pintar el cuello y el pecho, teniendo cuidado de pintar las tetillas también. Su cabello amenazaba con llevarse algo del chocolate, pero ya le daba igual. Era mucho más importante el poder llevar el chocolate hasta sus testículos y su miembro. Se le hizo agua la boca. Le entregó el frasco a Severus y él lo puso sobre la oscura mesita de noche. Su pene se movió y le regaló a la chica una pequeña sonrisa, y volvió a acomodarse sobre las almohadas.
Ella también le sonrió y se inclinó para besarlo. Primero deslizó sus labios sobre ese hoyuelo tan adorable. La mano de ella se hundió en la almohada, dejando una mancha de chocolate, y su cabello se convirtió en una cortina alrededor de sus rostros, cuando se acercó para besarlo con suavidad. Severus sabía a chocolate, de ese tipo delicioso y un poco amargo, del que adoraba poner sobre su helado de vainilla.
Los besos pasaron de suaves a hambrientos.
Le mordisqueó la oreja y él gimió con gravedad. Cuando susurró 'lencería' contra su cuello, inhaló con fuerza, mientras el chocolate se fundía y calentaba sobre su piel. La lengua de Hermione comenzó un recorrido sobre las cicatrices del cuello hasta encontrar chocolate. El sabor explotaba en su lengua. Siguió lamiendo y succionando su piel, determinada a dejar el cuerpo de Severus tan limpio como pudiera.
Las cicatrices eran una parte muy sensible, y Severus maldijo con la voz ronca. La cadera del hombre sementó a moverse y una mano fue a atraparle el cabello, para poder ver cómo se dirigía hacia abajo.
Ella siguió devorando el chocolate que decoraba su piel. Los suaves gemidos del hombre, en cuanto sintió los dientes de ella sobre su tetilla, hicieron que la chica se aplicara más. Hermione mordisqueó la tetilla de Severus y los largos dedos de él se enterraban todavía más en el cabello de ella. La castaña se ocupó de la segunda tetilla, tal cual lo había hecho con la primera, deleitándose con la sensación del vello de su pecho y en las desesperadas respiraciones.
"Por favor…" Gruñó Severus, urgiéndola a ir más abajo.
Hermione se echó a reír.
"Jodida seductora." Masculló sin resuello.
Ella le tuvo piedad, y comenzó a lamer y besar las gotas de chocolate que había pintado sobre su abdomen. Llegando al ombligo, la erección le tocó el mentón a la chica y él gimió con voz ronca. Hermione se sentó, limpiándose con la mano el chocolate que tenía en la barbilla y con una sonrisa pegada al rostro, mientras su cabello, ahora libre de la mano de él, regresaba a acomodarse sobre sus hombros. Severus exhaló pesadamente y quedó boquiabierto en cuanto la vio.
Severus se movió y Hermione se acomodó entre sus piernas. Se inclinó y comenzó a limpiar el chocolate derramado sobre los muslos. La respiración del hombre se aceleró al sentir la caricia de esos labios, y ella se estaba tomando todo el tiempo del mundo para limpiar su piel, incluso lamiendo un punto en particular por un buen rato, hasta que se dio cuenta que no era más que un lunar del mismo color.
Sus testículos siguieron, recibiendo una cuidadosa atención. Las manos de Severus apretaban rítmicamente las suaves sábanas, jadeando mientras los últimos trazos de chocolate eran limpiados de su piel.
Ahora, todo el chocolate que aun adornaba su cuerpo, era el que tenía en el miembro.
Con un suave gemido y la entrepierna empapada de excitación, Hermione se posicionó para poder rozar sus labios sobre la inflamada cabeza del miembro de Severus. Lo levantó con cuidado, sosteniéndolo de la base. Severus dejó escapar el sonido más delicioso que ella jamás había sido capaz de sacar de un compañero sexual, tan solo con el contacto de su lengua. La cadera de él se alzó, animándola.
Ciertamente, era un miembro grande. Ese deliciosamente grueso tronco, con hermosas venas y sin circuncidar. Gimiendo despacito, lamió toda la longitud del miembro, justo como había hecho con la marca tenebrosa comestible. Deslizó la lengua sobre cada gruesa parte de él, devorando el chocolate y humedeciéndolo lo suficiente como para metérselo entero en la boca.
Él siseó entre los dientes y sus manos fueron a posarse en el cabello de la chica de nuevo. Se aferraron más fuerte en cuanto la joven comenzó a succionar. Deslizó la lengua alrededor del tronco y chupó la cabeza hasta que Severus gimió a todo volumen, entonces, ella se lo metió entero en la boca, hasta que sintió que llegaba hasta su garganta.
De la boca de Severus escapaban los más dulces sonidos que ella jamás había escuchado.
Hermione escuchó y sintió cómo Severus llegaba al borde mientras le daba placer. Ella misma estaba por completo empapada, tan solo de escucharlo. La sedosa voz de su hombre estaba por completo ronca, y sus manos apretaban su cabello, mientras que unos incontrolables gemidos y jadeos escapaban de sus labios.
Lamiéndolo como a un caramelo, logró provocar que alzara la cadera. Succionando fuerte, que suplicara por más.
Ebria de euforia por lograr hacerlo emitir semejantes sonidos, Hermione redobló los esfuerzos. El sabor del chocolate hacía tiempo que no lo percibía, pero ese pálido hombre, retorciéndose bajo su cuerpo, era realmente delicioso.
Hermione gimoteó cuando la mano en el cabello apretó más y la otra lo retiró del miembro y la obligó a verlo a la cara.
"Detente." Dijo apenas, con la voz ronca, deslizando los ásperos dedos sobre el cuello de la chica. La besó con intensidad hasta que la cabeza le dio vueltas y se aferró a los brazos de su hombre.
Juntos se movieron sobre la cama, con las manos de él paseando sobre el cuerpo de ella y su boca mordisqueaba el cuello de la chica. Hermione gimió al sentir los largos dedos de Severus encontrar su empapada vulva.
"Mierda." Gruñó él, con los labios pegados a su piel. Se arrodilló entre las piernas de la castaña. "¿Sí?"
"Por Merlín, ¡Claro que sí!" Replicó ella sin aliento casi. Envolvió la delgada cadera con sus piernas y Severus dirigió su órgano hasta su destino. Frotó la cabeza de su miembro sobre el clítoris de ella y Hermione no pudo detener el movimiento de su cuerpo, animándolo a más.
"Si no detienes eso, te voy a atar a la cama." Reprendió él. Las mejillas de ella estaban rojas como tomates. Severus comenzó a penetrarla lentamente y Hermione gimió con desesperación cuando él se detuvo apenas hubo metido solo la cabeza, jugando con ella.
"Más tarde…" Prometió la chica. "Por favor, Severus…"
Severus dejó caer la cabeza y le dio gusto. Ella estaba segura que la imagen de Severus, con ese negro cabello derramándose sobre sus hombros como si fuera tinta, quedaría grabada a fuego en su memoria. Apretó los músculos y la cadera de él casi tuvo un espasmo.
"Apretada." Gruñó él. Severus abrió los ojos y la miró, con los labios un poco abiertos. Se movió y ella juró que podía sentir cada vena de esa impresionante polla.
Con lentitud, él empezó a moverse, hasta que Hermione gimió y él encontró el ángulo apropiado. Severus, entonces, hizo una pausa para tomar las manos de ella y colocarlas por encima de la cabeza de Hermione, presionando las manos entrelazadas de los dos contra el colchón.
"Aguanta." Murmuró él, con ese aliento ardiente quemándole los labios. Le dio un excitante beso, succionando sus labios, y luego comenzó a moverse con ardor. La cadera de Severus era angulosa y a ella no le importaba nada, y se movió al unísono, para acompañar los movimientos de él.
"Oh, mierda." Jadeó ella, incapaz ya de mantener los ojos abiertos para observarlo. El vello del pecho de él raspaba sus pezones, y su polla seguía entrando y saliendo, justo así, justo así, justo…
"Si, vamos, goza." Urgió él, sin perder el ritmo. "Vamos Hermione, vente, por favor…"
Hermione emitió un largo gemido y arqueó la espalda, sin poder creer que la había llevado hasta el orgasmo tan rápido. Severus bajó un poco la velocidad y le pidió que abriera los ojos para que lo viera observándola con una expresión maravillada. Cambió la forma de sostener las manos de ella, para poder agarrarla con una sola mano.
"Necesito que te vengas de nuevo." Dijo él. Su voz se enredó en su extasiada mente, post orgasmo y la chica no supo que fue lo que la poseyó para consentir. "Bien…"
La mano libre de él fue hasta donde los dos cuerpos se unían y esparció la humedad de ella sobre el clítoris. Frotando el sensible tejido, Severus comenzó a embestir otra vez, fuerte y profundo. En segundos, ella estaba gimiendo y jadeando en sus brazos mientras el placer fluía por su cuerpo y embargaba sus sentidos.
Hermione no aguantó más y emitió un grito cuando sintió que el miembro de Severus pistoneaba sin cesar y por las atenciones en su clítoris.
El sudor brillaba en la frente de él, y una gota se deslizó sobre su nariz y cayó sobre el pecho de ella. El fuego cantaba en la sangre de la chica, la tensión se acumulaba en su vientre y luego, sí, ahí estaba una vez más, escalando hacia la cima, en la cúspide de la ola…
Hermione casi estaba llorando. Los pezones duros y necesitados, su vulva ardiendo, tan cerca, casi ahí…
La chica inhaló con fuerza y luego todo su cuerpo se estremeció y gimió el nombre de su compañero a todo volumen. Tuvo un orgasmo impresionante y sus manos se retorcían en el agarre de él.
"¡Mierda!" La respiración de Severus explotó y aumentó la velocidad y el ángulo. Hermione todavía no bajaba de la cima cuando escuchó las brutales inhalaciones y los ojos del hombre se hicieron más oscuros. Se acercó a ella y mordió ese lugar tan sensible en el cuello de Hermione, en donde el cuello se encuentra con el hombro, y la chica gimió y se agitó.
Una acometida más, dos tres más, luego se puso tenso y emitió un largo gruñido, y ella podía sentir cada pulsación y como su pesado miembro se estremecía.
Severus logró atajarse antes de colapsar sobre ella y la besó con ternura.
Ella le sonrió, encantada con esa mueca torcida que era una sonrisa.
"Ciertamente, ese fue el mejor postre que haya tenido en mi vida."
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"Hermione."
Una voz susurraba en su oído.
Murmuró algo incoherente y se hundió más en las suaves almohadas. Se escuchó una risa masculina sobre su hombro desnudo.
"Despierta hechicera, que ya es pasado el mediodía y me prometieron el desayuno."
"Mañana." Masculló la chica, pero se dio la vuelta para poder ver a su compañero de cama. Parpadeó y se puso seria.
"Buen día."
Severus hizo un ruido. Su cabello mojado dejó unas marcas de humedad sobre las sábanas. "Ya pasan de la una."
"¡Oh! ¡Por Merlín!" Se sentó de golpe, casi golpeándolo en la nariz. Su cabello todo alborotado, como un halo alrededor de su cabeza. "¡Y te prometí comida!"
La expresión de él era toda astucia. "Y yo aquí pensando que dijiste 'mañana'."
"¿Qué va a pasar con tu negocio?" Él frotó su nariz contra el cuello y ella se estremeció.
"Cerrado por hoy." Murmuró entre besos. "Ya puse un letrero. Más tarde podemos ocuparnos de tu gato, antes que preguntes."
Hermione gimió feliz, dándole más acceso a su cuello. "Necesito usar el baño, pero luego…"
"¿Luego?" Apremió Severus, soltando la piel que había estado succionando. Eso iba a dejar otra marca, ella estaba segura.
"Eehh… luego… ¿será que tienes más de esas plumas de azúcar por ahí?"
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N/T: Bueno, aquí tienen el final. Espero que les haya gustado. En cuanto pueda, estaré subiendo la secuela de esta historia. Espero que la encuentren tan entretenida y excitante como a esta.
Muchas gracias por seguir ahí, a pesar de mis ausencias. ¡Muchas gracias por el apoyo!
¡Hasta la próxima!
