¡Hola a todos! Al fin estoy de vacaciones, para mi alivio. Fue un poco triste ver que solo hubo un review el capítulo anterior, me desanimó un poco a seguir con la historia, pero la seguiré para quienes aún se muestran interesados en ella. Gracias.
Agradezco de todo corazón (y sí) a:
GUEST: Me gustó que notaras eso de Mikasa, en verdad si trato de hacerla un poco mas humana. Bueno, tu observación sobre quien es el emo elegante haz acertado. Creo que es obvio. Me alegró mucho tu review, espero que disfrutes el capítulo.
Y a los silenciosos del mal, muchas gracias por sus visitas, favs. & follows. Sin más que decir…
¡Comenzamos!
ADVERTENCIA: Lenguaje no apropiado y situación "poco" sangrienta en el capítulo.
La noche anterior...
Levi
- ¡ACKERMAN! - volví a llamarla. Tras ese último grito sentí como mi garganta se desgarraba, ya no podría dar otro a menos que quiera perder la voz.
Corrí con todas mis fuerzas por los pasillos buscándola, tengo que encontrarla.
- ¿Dónde carajos estás? - me detuve para recuperar un poco de aire.
Puta suerte es de noche y ninguna luz funciona. (sé perfectamente que alguien debió meterse con los fusibles). Es un alivio que la luna ilumina poco los pasillos. Tengo que apurarme, Mikasa podría estar en cualquier lugar. Tragué en seco, esto no me está gustando para nada.
Me aterra la idea de que no somos los únicos en el edificio y que puedo perder a Mikasa.
- ¡¿Qué no lo entiendes, Mikasa?!- grité sin esforzar mi garganta esta vez pues mi objetivo es que me escuche aunque no estemos en el mismo lugar. - ¡No te dejaré sola en esto!
Quiero encontrarla, protegerla, dejarle en claro lo importante que es ahora y llevármela a algún lugar seguro. Prometo que si soy yo el problema me alejaré lo suficiente de ella. No quiero que Mikasa sufra por mi culpa, no puedo permitírmelo. Primero muerto que verla de sea manera.
- ¡Maldita sea! - escuché como el eco de mi voz quebrada retumbaba en el pasillo.
Aun pienso en lo último que me dijo, ¿Cómo es posible que me lo ocultó tanto tiempo? No me hubiese importado terminar todo ese tiempo juntos por su seguridad. Su vida es primero, es solo una niña. Mal momento para volver a pensar en ello, Levi. Bravo.
Mikasa, ¿Aun no lo entiendes, verdad? Eres lo más importante para mí, no quiero perderte. Soy un pendejo por no demostrarte todo lo que puedo ofrecerte, pero ahora más que nunca estoy dispuesto a abandonar todo lo que tengo por ti. Si te vas, jamás me volveré a sentir vivo.
¿Por qué te aferras a una mentira si me tienes a mí?
- ¿Buscas a Mikasa? - escuché una voz detrás de mí. Alguien está fingiendo una voz aguda y en cuanto me di la media vuelta… sentí un golpe fuerte en mi cabeza y todo se volvió negro.
Hace dos años…
Mañana
Levi
La veo levantarse al sentir que dormía sola. Parece asustada al no verme en la cama, no entiendo del todo porque lo hace, no es la primera vez que me levanto antes que ella.
- ¡¿Levi?!- me llama mientras se sienta en la cama y mira hacia ambos lados rápidamente.
Para su suerte: extiendo mi mano, jalo una pequeña cadena y enciendo la lámpara de mesa que tengo a un lado. No tardó en descubrir que siempre estuve sentado en aquel sillón mientras tomaba una taza de té.
-Buen día- saludé mientras ella me sonría aliviada.
- ¿Qué haces despierto? - preguntó mientras sonreía. –Aun no es hora…
-Te equivocas, ya lo es- corregí.
No parecía muy convencida, pero me creyó al ver que el reloj de su celular ya marcaba que eran las 5:30 a.m.
- ¿Cuánto llevas despierto? - se talló los ojos.
-Un poco más de la hora- respondí mientras le daba otro sorbo al té. –No podía quedarme acostado.
- ¿Otra vez las pesadillas? - no respondí, no quería preocuparla más. Además, eran asuntos míos no de ella. –Deberías ir con algún terapeuta. Tengo un amigo que lo es, podría ayudarte bastante. ¡Está decidido, hoy mismo lo llamaré!
-Ya te he dicho que no te metas en mis asuntos, Petra- me controlé bastante para no gritarle. En verdad, odio que se metan en mis asuntos. No quería comenzar el día de malas…
- ¿Cómo quieres que no me preocupe? Si esto ya es asunto nuestro
Hable muy pronto, ya me sacó de mis casillas.
- ¿Nuestro? - pregunté seriamente. –El simple hecho que vivamos juntos no significa que mis asuntos sean también tuyos y viceversa. No me hagas reír desde temprano- dije sarcásticamente.
- ¡¿Pero que eso no es lo que hacen las parejas?! ¡¿Preocuparse mutuamente?!- me gritó con su voz aguda que siempre me resulta molesta.
-Basta, Petra- traté de que guardara silencio, odio sus gritos.
- ¡No, Levi! ¡Esto ya es el colmo! - se quejó mientras veía como sus ojos se volvían vidriosos y su respiración se agitaba.
¿Yo? Bueno, solo crucé una pierna y le di otro sorbo a la taza. Petra cada vez se preocupa más cuando yo veo MI PROBLEMA como algo ya cotidiano. Suspiré mientras ella aun me veía enfadada.
-Agradezco bastante que te preocupes por mí, pero no veo la necesidad de hacerlo. Ademas, tu sabes como soy así que déjame manejarlo por mi cuenta- le respondí lo más cortés y calmadamente posible.
-Levi…- susurró mi nombre. –Tu sabes que me preocupas porque te quiero… Lo sabes, ¿Cierto?
¡Demonios! ¡¿Por qué?! Venga, no soy bueno con esto del amor ni mucho menos en responderle a Petra cuando se pone sentimental.
-Si, lo sé.
- ¿No confías en mí?
-No hay necesidad que lo preguntes, pero comprende mi situación.
Ella solo le quedó asistir con la cabeza, se volvió a acostar y me dio la espalda. Estoy seguro que está a punto de llorar.
- ¿En verdad tienes que ir? - preguntó con voz quebrada. –Muchos faltan el primer día…
-Sabes que nunca he faltado- respondí un poco más calmado. –Es mi obligación.
-Podrías quedarte un momento más acostado, te prepararía el desayuno y podríamos… tu sabes.
-Suena genial, pero ¿Por qué no pido mi renuncia de una buena vez? - pregunté sarcásticamente. –Así me tendrás todo el día en casa limpiando.
Para mi sorpresa, Petra comenzó a reírse y se acurrucó más en la almohada.
-Me encanta tu sarcasmo, Levi- me comentó entre risas.
Me limité a sonreír, me sorprendía bastante que ella me tuviera tanta paciencia.
-Me voy a bañar…- le comenté terminando la conversación. Me levanté del sillón e inmediatamente fui a lavar la taza que había usado.
Cuando terminé, tomé mi conjunto del día y me dirigí al baño.
-Te quiero…- la escuché en cuanto tenía la perilla en mi mano.
La miré de reojo y suspiré fuertemente. No sabía que responderle, no me nacía decirle algo. Sé perfectaente que ella me quiere pero dudo si me ama… no me lo ha comentado.
Si llegamos hasta esto es mi culpa, lo admito abiertamente. Me siento algo culpable de no ser el hombre que Petra desearía tener como pareja, aquel que pueda levantarla con un beso todas las mañanas, el que la tome de la mano cuando salimos y principalmente el que tenga la iniciativa para tener relaciones sexuales. No, nunca he sido y seré ese tipo de hombre. Si llegamos hasta esto es por mi culpa, por aceptar a todo lo que Petra quiere.
Una vez en el baño, me desvestí sin prisa, doblé mi pijama y la puse sobre la tapa del escusado; abrí el grifo y al escuchar el agua caer, veo como el cristal del cancel se empañaba.
- "No debo perder más tiempo"- ya había perdido tiempo hablando con Petra, mi objetivo era llegar temprano para no causar una mala impresión. Al sentir que le agua caliente caía en mi rostro y cerré mis ojos.
¿Qué debería hacer con Petra? No sentía la necesidad de terminar con ella, pero tampoco deseaba que nuestra relación fuera a otro nivel, no quería lastimarla más de lo que ya lo estaba haciendo.
Esto fue un error, no debí comenzar una relación cuando yo era el que no sentía nada más que "compañerismo" por Petra. No debí caer en lo que comentaban los demás.
Perdí todo lo que realmente quería hace ya algunos años atrás, estaba solo y mi vida (que ya era una mierda) cada vez empeoraba más hasta que apareció Petra. Siempre le estaré agradecido, pero no como ella espera, debe darme más tiempo.
La noche anterior…
Abel
Tomé su cuello con ambas manos y lo estrujé con fuerza. ¿Enserio crees que puedes escapar de mi después de todo lo que me acabas de decir? ¡No estoy idiota, sabes demasiado!
- ¡No...! - se quejó mientras encajaba sus uñas en mis manos.
- ¡¿Qué creías?!- grité mientras empujaba su cuerpo contra el suelo y me siento sobre este. - ¡¿Que te saldrías con la tuya?!
-Bastar…- trató de liberarse moviendo las piernas.
Pobre alma desamparada, no tuve otra opción. Estrujé más mis manos sobre su cuello. Escuchar los chillidos que salían de su garganta y sentir su cuerpo moverse violentamente debajo de mis piernas me resultó muy excitante.
- ¡ELLA ME PERTENECE! ¡MIKASA ES LA UNICA PARA MÍ! - levanté su cuello para después estrellar su cabeza contra el suelo, tengo que repetir esto.
Un golpe, dos golpes… cinco golpes. Chillidos agudos, ojos en blanco, uñas encajadas en mis manos, movimientos violentos y respiración leve. Cual tinta carmín recién derramada comenzó a brotar su sangre en el piso. ¡¿Quién dijo que me detendría al ver esto?! ¡Vamos por el décimo quinto golpe!
- ¡¿EN VERDAD CREÍAS QUE ME SEPARARÍAS DE ELLA?!- es una puta lástima que no me pueda responder. Al pensar en ello no he podido evitar reír a carcajadas. ¡Qué gran imaginación llegó a tener!
Observé su cabeza echa papilla, no me molestaré en limpiar este desastre pues no pienso volver. Tomaré a Mikasa y nos largaremos de esta ciudad de mierda. Me acerqué hasta la altura de su oído derecho, si seguía con vida o no, quería escucharme lo último que tenía que decirle.
-He aquí tu respuesta…- solté otra risilla. –No, no pudiste.
Solté lentamente su cuello y miré las marcas que me había dejado. Sus uñas están largas (se nota que no llevaba una limpieza personal adecuada) y de hecho, una de ellas se quebró y el trozo está enterrado en mi mano derecha.
Cuando acerqué mi mano izquierda para retirarme el trozo, vi que mis dedos estaban manchados de sangre. Sangre…sangre…sucia sangre…
Negué con la cabeza, no es tiempo para ello. Retiré la uña rápidamente y después miré las palmas de mis manos, solo mis dedos estaban ensangrentados… su cuello lo estaba, he ahí el motivo de mis manchas.
- ¿Sabes? - le hablé sin dejar de ver mis manos. –Había retrasado bastante tu muerte, no pensé…
- ¡Detente! - escuché esa hermosa voz.
Alcé la mirada y vi a Mikasa parada enfrente de mí, me había descubierto. ¿Por qué esa cara de enfado, bonita?
Hace dos años…
Mañana
Abel
Mantengo mis ojos cerrados mientras todas esas voces chillonas de mierda no dejan de incrementar esta migraña. Aun no entiendo la puta razón por la que estoy en esta estúpida facultad. No puedo más, si fuera por mí me volaba los sesos en este mismo instante, pero sé que si lo intento una vez más me detendrían.
-Buenos días- escucho la voz de un hombre y abro solamente un ojo. Es ese puto de mierda.
-Buen día, señor- saludo cortésmente al director de la facultad quien pasaba por el pasillo del último piso donde yo me encontraba.
¿Y si mejor me tiro? Sería una noticia interesante para leer mañana en los periódicos.
- ¿Tan temprano por aquí…? - me preguntó y yo suspire para después abrir ambos ojos.
-Asuntos pendientes…
-Ya veo, tenga buen día. Hay mucho por hacer.
Le despedí alzando la mano, me limité a sonreír.
"Viejo de mierda" solo pude pensar en ello mientras lo veía alejarse, pero le doy la razón en algo: he venido muy temprano a la facultad.
Al despertar sentí curiosidad sobre la carne fresca que veríamos por la mañana a primera hora así que me apresuré en llegar antes de tiempo.
Vaya, nunca pensé que los de nuevo ingreso fueran tan "aburridos y chillones". Suspiré, saqué un cigarrillo y fumé con tranquilidad.
Me recargué en el barandal y miré hacia abajo, era divertido ver los rostros estúpidos de los de nuevo ingreso. Pobres, pobres ineptos… no saben ni por donde caminar.
-Vaya, sí que son tontos. Deberían preguntar por sus aulas- probé mi adicción y di un toque para que cayera la ceniza.
Miré hacia mi izquierda y observe aquel bosque, aún recuerdo el escándalo que armó Green Peace por haber talado árboles para crear las otras facultades y la universidad en si. Yo aún no sabía qué hacer con mi vida en esos momentos.
-Hippies de mierda…
Levi
Una hora exacta después, ya me encontraba manejando hacia la facultad. Maldito sol, me obliga a ponerme esos lentes de sol que me vi obligado a comprar ese día en la playa con la familia de Petra.
-Usted – está – a – ocho – minutos – de – su – destino- gracias GPS, si no hubieras hablado yo nunca hubiese sabido cuanto tiempo falta, me muero por llegar. Que emoción.
-Sí, sí. Como digas- le dije a ese pedazo de chatarra.
-Usted – tiene – un – nuevo – mensaje- está bien, está decidido. A partir de mañana esta cosa estará apagada. Este parece una mocosa tonta.
- ¿De quién, cariñito? - como si me respondiera esta cosa.
-De: Pe-trar-ca- ¿Eh? ¿Me respondió?
Por suerte, el ultimo semáforo que me tocó estaba en rojo. Miré de reojo la pantalla y vi que era de Petra. Evité sonreír al recordar que esta mierda dijo que era de "Petrarca".
Abel
Creo que ya llevo la hora aquí, no he revisado mi teléfono desde que fumé mi primer cigarrillo. Me gusta observar cada uno de los rostros nuevos de todos esos ineptos, es como crear un perfil de cada uno: adivinar como se llaman, que fue lo que los atrajo a esta facultad, hasta que aroma deben de tener. Encendí otro cigarrillo, prometo que será el último por hoy.
-Creo que ya debería de irme…- comenté después de dar el primer toque. –Ya no debe faltar mucho para que comiencen las clases oficialmente.
En cuanto deseaba dar el segundo toque, algo se llevó mi atención. El clásico trió de idiotas (es obvio que se conocen desde antes) parados en medio de la explanada, dos chicos y una chica.
Vaya y que graciosos se ven: la chica mira a todos con esa mirada asesina que se carga, el castaño mira todo ingenuamente y el rubio parece que se va orinar encima. Pero que interesantes son.
-Idiotas- sonreí.
De un segundo a otro me quedé congelado. Hasta ahora nadie se había percatado de mi presencia, esa chica me estaba viendo. ¿Le habré causado algún interés?
La miré con más detalle, si me estaba viendo no dejaría que me viera débil ante ella. ¿Qué tanto me miras, pendeja? Pensé mientras volvía a dar un toque y no le retiraba la mirada. Sus ojos son fríos pero bonitos, su cabello negro le llegaba hasta los hombros (se ve más cuidado que el de cualquier chica), ¿Será asiática? No, tiene rasgos, pero no parece venir de Asia. Simplemente, es bonita. Solamente le falta cambiar esa cara que tiene.
- ¿Y cómo te llamas? ¿Lee? ¿Mei? - bromeé mientras recargaba ahora mis antebrazos en el barandal. –Ah no déjame adivinar, ¿algo que termine con "chan"? Nah, no creo.
Sonreí, esto me es gracioso. Pero mi diversión (y nuestra conexión) terminó, ella miró a su amigo rubio quien no me percaté también miraba el edificio, pero al parecer no a mí. Solo ella me había visto. ¿Pero que tenemos aquí…?
Es celosa, su otro amigo castaño está viendo una rubia que está pasando por ahí y a la chica bonita no le parece eso. ¿Por qué te molestas en ver a ese inepto, chica bonita? Él no parece valer la pena.
Se ha ido, él se fue y la dejó sola con el señor orines (lindo apodo que le he puesto). No parece cómoda, baja la mirada mientras el otro habla. ¿Cómo será tu voz, bonita? No pareces muy sociable. Vaya vaya, haz vuelto a levantar la mirada, ¿Acaso quieres verme otra vez?
¡Qué mala suerte, bonita! ¡Alguien más se llevó tu atención! volteé para ver de quien se trataba y le sonreí incrédulamente.
-Pero miren nada mas quien acaba de llegar…- comenté mientras reía, le daba un toque con un dedo al cigarrillo para probar lo que me restaba de este.
Desde que lo conozco sé que tiene mucho pegue con las señoritas de la facultad (aunque en lo personal, no le veo nada atractivo), no me sorprende que le llame la atención a primera vista, aunque sea un enano. Su estilo me gusta, bastante diría yo.
Sé que con el tiempo te olvidarás de él, bonita. Es gruñón de blanca nieves en persona.
-Buen día, gruñón de mierda- le salude susurrando.
Ese tipo caminó frente a ella sin prisa alguna, nunca lo había visto con lentes oscuros. Me alegro ver que no le ha llamado la atención del todo. Es mejor que no se meta con él.
Sentí una vibración en mi pantalón, un recordatorio. Al apagar la alarma, vi que faltaba solo cinco minutos para las clases.
-Oh, es una lástima. Es hora de irme- tiré lejos el cigarrillo y me di la vuelta.
Ya nos veremos en otra ocasión, bonita. Pero no te cruces en mi camino, no soporto a los de primero y menos a las niñas antipáticas.
Levi
-Hogar dulce hogar…- susurré sarcásticamente mientras bajaba del auto y lo cerraba con llave.
Miré alrededor, no esperaba tantas personas este semestre. Creo haber escuchado que agregaron otras carreras a la facultad.
Sujeté con fuerza mi maletín y comencé a caminar. Uno que otro que otro mocoso me miraba como si tuviese mierda en la cara. Váyanse a cargar.
Mientras caminaba, me di el lujo de mirar de reojo a los de nuevo ingreso. Con solo ver una pareja de idiotas, me bastó. Solo la chica me miró, que cara tan mas "tierna" tiene, estoy seguro que la tiene así por problemas para cagar o porque no tiene novio. Su amiguito que no paraba de hablar tiembla mucho, parece un chihuahua.
Desvié la mirada y negué con la cabeza.
-Mocosos, siempre pareciendo idiotas el primer día.
Continuará…
Este hasta ahora ha sido el capítulo más difícil que he escrito, es por eso que me tardé algo en subirlo. Espero que este capítulo tenga nuevamente apoyo, quiero saber si puedo seguir con ella y si es de su agrado.
Gracias por leer y espero vernos en el próximo capítulo.
-Los ama, Luna-
