Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Rowling. La historia es de mi autoría aunque con influencia de algunas caricaturas y demás *-*
NOTA: Lo que está subrayado son pensamientos.
Capítulo 3. MIONE II
Como ya se lo imaginaba, al despertar todo seguía como el día anterior. Prefirió mostrarse demasiado concentrada en su clase de Encantamientos y mantenerse alejada de Ron excusándose con ir a la biblioteca para terminar la montaña de deberes que en realidad no era tan grande.
Hermione recientemente había empezado a tener unos sentimientos más allá de ser fraternales hacia su pelirrojo mejor amigo, sin embargo, después de mágicamente despertar y como si le hubiese caído un balde de agua fría descubrir tener una relación amorosa con Ron, su afecto volvió a ser de amigos.
— Harry —susurró—, ¿qué puedo hacer? No creo que venir a la biblioteca mantenga mucho tiempo alejado a Ron…
— Hermione número dos, si a ti no se te ocurre una buena idea menos a mí. —respondió con el mismo volumen de voz—. Lo mejor es que le digas la verdad a Ron o encontremos una solución pronta.
— Voto por encontrar la solución, ¡empezaré buscando en la biblioteca! —exclamó la castaña parándose de un tirón y caminando a toda velocidad a la puerta.
— ¡Hermione! —alzó la voz al ver a su amiga alejarse.
— ¿Sí, Harry? —preguntó impaciente.
— Ya estamos en la biblioteca —respondió echándose a reír debajo de su pergamino.
Hermione regresó sonrojada a la mesa, abriendo de nuevo el libro que había dejado abandonado en su asiento y retomando distraídamente su lectura de "Filtros y pociones mágicos". Tras un par de horas, Harry se levantó agotado después de acabar sus deberes y se despidió de su amiga.
La bruja seguía enfrascada en su lectura, lo más parecido que encontraba en dichoso libro era la poción del olvido, pero era un brebaje muy sencillo, sin ninguna nota de advertencia.
"Poción del olvido… causa un desconocido grado de pérdida de memoria al bebedor… sus efectos pasan después de 4 a 16 horas después de ser consumida… no hay riesgos. ¡Definitivamente el filtro es muy diferente a esta poción!"
Pasó desesperadamente con el dedo varias páginas hasta llegar a la "Poción Wiggenweld"; después de una profunda lectura, prefirió pasar a la última lección del libro: "Antídotos de venenos".
"…como establece la tercera ley de Golpalott, el antídoto para un veneno mezclado será igual que la suma de los antídotos para cada uno de los componentes por separado… Un bezoar puede combatir la mayoría de los venenos, pero no todos…"
— ¿Qué se supone que lees, cuñada? —preguntó una jocosa voz a su lado izquierdo.
Hermione giró sobresaltada su cabeza hacia esa dirección y se encontró de frente con un rostro pecoso de cabellos rojos mirándola divertido.
— ¿A quién estás planeando envenenar? —inquirió una voz idéntica y le arrebataron el libro de las manos.
— Seguro que a nuestro hermanito, George.
— Eso es comprensible, Fred.
Los dos hermanos iguales se pararon en frente de Hermione y la miraron con complicidad.
— Nosotros lo hemos intentado…
— Pero por culpa de nuestra madre nuestros planes han fallado…
— Deberías cuidarte de la señora Weasley, protege a su tesoro…
— Podemos ayudarte ocultando el cuerpo…
— ¡No voy a envenenar a Ron! —exclamó fastidiada la castaña.
— ¡SILENCIO! —gritó la señora Pince haciendo callar a la joven.
— No… no lo voy a envenenar —agregó en voz baja cerrando los ojos.
— Pareciera que sí, ya no se les ve juntos.
— Sólo ha pasado dos días, que exagerados —bufó.
— Dos días es mucho para ustedes, siempre están juntos…
— Hasta van al baño tomados de la mano…
— ¡Oh, Mione! —recitaron a coro imitando el meloso tono de su hermano menor.
— Ya basta, no lo voy a envenenar, estoy estudiando para la clase de Snape.
La castaña le quitó el libro de las manos a Fred o George, el que fuera, y prosiguió con su lectura.
— Estoy seguro que ni así lograrás que el murciélago te ponga Extraordinario.
— Los únicos con la nota más alta son Nott y Malfoy.
— Eres muy inteligente, "Mione", pero…
— Ellos son prodigios…
— Deberías…
— Pedirles…
— Asesorías —terminaron a coro los gemelos haciendo una pequeña reverencia.
"¡¿Hablan en serio?! ¿Asesorías de esas serpientes? ¡Eso sería muy bajo y no me dejarían en paz jamás!"
— Están dementes, yo me voy.
Hermione salió un poco ofendida de la biblioteca pero no le parecía tan mala idea la sugerencia de esos pelirrojos duplicados.
"Puede que no sea una idea tan descabellada… Después de todo, cuando vuelva a mi mundo nadie sabrá lo que pasó aquí, y no puedo pedir ayuda a Dumbledore, tiene cosas más importantes que hacer; a Snape jamás, sus insultos y gesto soberbio me perseguirían de por vida… La mejor opción es Nott."
Tras pensarlo un rato y darse el veredicto corrió al Gran Comedor para cenar. Caminó a la mesa de Gryffindor para sentarse al lado de Harry y de reojo miró a la mesa de Slytherin hasta que dio con el muchacho menudo de cabello oscuro que sumergía la nariz en un polvoriento libro que leía con avidez, mientras el resto de sus compañeros parloteaban a su alrededor. Una vez que se sentó junto al león de gafas redondas, Ron los vio con molestia, pero relajó el semblante en cuanto su hermanita le lanzó una mirada indicando que todo estaba bien.
Poco antes de aparecer los postres, Ron habló, por primera vez en su vida, sin la boca llena:
— Mione… el sábado es la primer excursión a Hogsmeade… ¿Iremos juntos o planeas ir con Harry? —el mago no pudo ocultar sus celos y colorado, miró sus pies esperando la respuesta.
Hermione estaba enfurecida por tal comentario que no pudo evitar responder impertinente con el tono de voz más calmado que pudo.
— De hecho sí, estaba planeando ir con Harry, pero ya que veo tu necedad por ir, puedes acompañarnos si quieres, Ronald.
La castaña se levantó enfurruñada y salió con paso firme fuera del comedor, ignorando olímpicamente a sus compañeros de casa que murmuraban sobre lo que acababan de ver.
"¡Estúpido Ronald! me agradaba más cuando sólo éramos amigos, ahora es tan celoso, fastidioso, que no sopor…"
— Así que no me equivoco, ya no estás enamorada de tu mascota comadreja —interrumpió una voz masculina con su particular arrastre al hablar.
— ¡Por supuesto que no lo estoy! —respondió sin pensar mientras subía las escaleras de mármol—, es tan exasperante, receloso…
Paró en seco. Dio media vuelta para ver a su oyente y tal como temía, era Draco Malfoy quien le había hablado y escuchado. El rubio la miraba con una ceja enarcada y una sonrisa burlona en los labios; una vez que pudo ver la expresión asustada de la muchacha, dio media vuelta satisfecho y se disponía a volver al comedor… pero se detuvo y le dirigió unas palabras dándole la espalda.
— A ti te pasa algo, Granger, no eres la misma sangre sucia que conocía —la miró de reojo—, hasta podría decir que me agradas más ahora… si no fueras una asquerosa impura.
— ¡TE PROHIBO QUE TE DIRIJAS A MÍ DE ESA MANERA! Energúmeno clasi…
Dejó sus insultos incompletos flotando en el aire. Theodore Nott atravesó el vestíbulo en ese momento, subió por la escalinata pasando de largo a la leona y la serpiente que se amenazaban feroces con sus colmillos.
Hermione sin dudar, abandonó la riña contra el pálido Slytherin y corrió en la dirección por donde se había perdido el pelinegro. Malfoy la observó contrariado, no sabía si molestarse porque la chica lo pasara de largo como si no recordara su presencia o sorprenderse de que le interesara Nott. Hermione paseó por varios pasillos, no había un solo rastro del muchacho que acababa de pasar, era tan escurridizo. La bruja resignada, se disponía a abandonar su búsqueda cuando al girar en una bifurcación lo encontró andando con paso apacible.
— ¡Nott! —exclamó jadeando.
— Gryffindor —respondió secamente el muchacho.
— Necesito hablar contigo…
— Ya lo haces —dijo sin inmutar el ceño ligeramente fruncido. Hermione rodó los ojos—. Granger, no tengo nada en contra tuya pero sí contra los de tu clase, no es apropiado entablar esta "conversación", mejor me retiro…
— Necesito tu ayuda, no te lo pediría si no fuese importante…
El rostro de Hermione debió mostrar su desesperación que Nott esperó atento a lo que la leona le fuese a decir.
— …Intenté hacer una poción avanzada para Snape —continuó—, un Filtro del Olvido, pero fallé —admitió sonrojada—. En las instrucciones especificaba que debía tener sumo cuidado en no inhalar los vapores provenientes del caldero pero… olvidé dicha advertencia y los aspiré por un momento… Al día siguiente estaba atrapada en este mundo, es diferente al mío, yo no soy de aquí, ¡yo no soy novia de Ron y la clase de Historia de la Magia la compartimos con Ravenclaw, no con Slytherin!
Dejó de hablar y miró a los ojos a su oyente, que la escudriñaba escéptico.
— Entonces quieres que te ayude para volver… ¿A tu mundo? —Hermione asintió—. Impresionante. Si cualquier otro me contara tan ilusa anécdota, creería que pretenden burlarse o tan sólo han tenido un mal sueño —Nott esbozó una sonrisa indescifrable—. El hecho de que tú, Hermione Granger, la bruja más escéptica de todo Hogwarts, creas posible tal relato incongruente, me hace dudar si sea real o no…
Nott se quedó inmóvil observando algún punto en la pared de piedra detrás de la cabellera de la Gryffindor; los segundos pasaban y Hermione se ponía más nerviosa cambiando su peso de un pie al otro para distraerse.
"Fui una tonta, ¡¿cómo pude esperar a que Nott me ayudara contándole una historia que ni Colin Creevey se creería?!"
— Viernes a las 8:00 p.m., en el Depósito de pociones —respondió serio el mago rompiendo el silencio. Dio media vuelta y siguió andando por el pasillo.
— ¡Gracias…! — exclamó la castaña aún incrédula por que el Slytherin aceptara ayudarla.
El jueves, no hubo instante en que Draco Malfoy no insinuara que la gran Hermione Granger engañaba a su torpe novio, el varón menor de los Weasley, con el sangre pura Theodore Nott. Todos los chicos de la casa de Slytherin cuchicheaban o señalaban entre risas a la bruja al verla pasar por cualquier pasillo, Hermione no hacía más que fingir indiferencia y pasaba de ellos. Los de Gryffindor no creían tal rumor que corría en el castillo, aunque Ron le tomaba demasiada importancia: en todo el día su pecoso rostro estuvo colorado como si tuviera una muy avanzada urticaria.
— En serio, hermanito, Hermione no te engaña con el comelibros de Slytherin —trataba de animarlo George en la sala común.
— Aunque harían una bonita pareja, ¡dos ratones de biblioteca! —añadió Fred empeorando el estado de Ron.
— Harían citas dobles en la biblioteca con Filch y la señora Pince —dijo George con ojos falsamente ensoñadores.
— Pasarían todas sus citas leyendo por horas y horas…
— Se casarían en la biblioteca más aburrida del mundo…
— ¡¿Quieren callarse?! —explotó el menor con las orejas a punto de explotarle.
— ¡No! —respondieron al unísono los sonrientes gemelos.
Hermione se sentó en el rincón más alejado de donde estaba su amigo pelirrojo y se dispuso a hacer los deberes de Defensa Contra las Artes Oscuras. Un par de minutos después, un mago con lentes redondos, el cabello negro húmedo y despeinado que cargaba del hombro una saeta de fuego, entró por el retrato de la Señora Gorda y se sentó justo enfrente de la castaña.
— ¿Qué es eso de que engañas a Ron con Nott?
— ¡No lo engaño, Harry! —respondió la muchacha sin dejar de escribir en su pergamino—, le pedí ayuda a Nott con la poción que-ya-sabes, pero Malfoy vio cuando corrí tras él y por eso ha inventado tan mal cuento.
— ¿Por qué acudiste a él? ¿La serpiente te creyó lo de la poción?
— Porque Nott es de los mejores en pociones, y no sé si lo ha creído, pero se mostró muy interesado y aceptó ayudarme.
— Cuídate de él, es una serpiente…
Hermione dejó de escribir y miró a los bonitos ojos verdes de su amigo.
— Lo haré —afirmó—. Harry… estoy desesperada, llevo tres días aquí… estoy considerando que en realidad me encuentro en San Mungo justo ahora por una contusión cerebral…
— Esto se va a resolver, si necesitas mi ayuda, dímelo.
El viernes llegó; Nott lanzó una mirada a la bruja en clase de Historia de la magia como recordatorio de su reunión nocturna que tendrían, ella movió la cabeza para dejarle claro que no lo olvidaba.
Toda la mañana evitó a sus amigos. Por ser fin de semana, seguramente querrían estar conversando hasta tarde en la sala común planeando la ida a Hogsmeade, así le sería más difícil evadirlos después de las 8:00 p.m.
En la hora de la comida hizo una visita rápida al Gran comedor, tomó dos empanadas de calabaza y salió a prisa, antes de que llegara alguien conocido. Se encerró en la biblioteca estudiando libros de pociones que encontraba en los estantes, quería tener el mayor conocimiento antes de ver al mago de la casa enemiga.
Cinco minutos antes de las 8:00, la despeinada bruja bajó dos pisos para llegar al depósito, cuando llegó exactamente a la hora, el muchacho ya estaba ahí, de pie, alumbrada su flacucha figura sólo por el resplandor de una antorcha colgada en la pared.
— Eres puntual, Granger —dijo como saludo.
La castaña sacaba su varita de la túnica para lanzar un Alohomora, cuando escuchó el sonido del pestillo abriéndoles el paso. Nott guardó en su bolsillo interno una oxidada llave.
"Ventajas de los discípulos de Snape."
Entraron en la habitación en penumbra, cerraron la puerta y ambos con un Lumos iluminaron el frío cuarto.
— Lo primero que deberíamos hacer es…
— Tráeme de ese mueble —la interrumpió con firmeza— dos ramitas de valeriana, tres hojas de coclearia y cuatro bayas de muérdago, y de ese —dijo señalando otro estante—, una raíz de ligústico.
Atónita por el control que el muchacho había tomado, obedeció sin chistar, mientras Nott lavaba dos calderos y tomaba un frasco de agua del Río Leteo.
— Granger, yo he preparado este filtro al menos unas veinte veces —explicó mientras ordenaba los ingredientes en una mesa de madera—, y nunca he tenido un efecto secundario porque lo he realizado con el debido cuidado… —Hermione se sonrojó— Así que no tengo idea de cómo solucionar tu problema —declaró secamente—. Pero se me ocurre que esto podría solucionarse con la tercera ley de Golpalott, el antídoto para un veneno mezclado…
— …será igual que la suma de los antídotos para cada uno de los componentes por separado —recitó Hermione, feliz de no quedarse atrás en el trabajo.
— Exactamente. Tendremos que hacer brebajes que erradiquen los efectos que causan los ingredientes por separado. Yo sé cómo suprimir las bayas de muérdago y la valeriana…
— Yo sé el remedio contra la coclearia —dijo ansiosa Hermione.
— Bien. La raíz de ligústico la desconozco… pero tengo entendido que es semejante a la coclearia, no creo que sea necesario dos brebajes iguales.
Ambos jóvenes se pusieron manos a la obra, cada uno en un caldero. Hermione sacaba y guardaba ingredientes de los recipientes que estaban en las repisas, su poción había adquirido un agradable color azul y olía a menta. Nott le indicó que lo revolviera con su brebaje rosado contra el muérdago que él había elaborado en lo que terminaba el de la valeriana.
La mezcla azul y rosa hizo un nuevo brebaje de color morado pálido que despedía un olor exageradamente dulce. El tercer líquido, color verde, fue agregado y la mezcla adquirió un sorprendente color transparente inodoro.
Hermione se sintió completamente satisfecha al ver el resultado, había sido impecable, pudo enfocarse perfectamente en lo que le correspondía hacer porque sabía que podía confiar en que su compañero haría su parte sin quejas, sin preguntas estúpidas, sin errores. Si aquel muchacho fuera de cualquier otra casa, libre de prejuicios de pureza, podría llevarse muy bien con él y lo elegiría siempre como su compañero de trabajo. Cuando volteó hacia Nott, se dio cuenta que el posiblemente pensara lo mismo que ella, la sonrisa en su alargado rostro le dejaba ver que él también había estado trabajando con tranquilidad y estaba orgulloso de ello.
— ¿Qué opinas, Granger? —rompió el silencio.
— Ha quedado perfecto —respondió sin poder disimular su emoción.
— Ahora la duda es si esto funcionará.
La castaña tomó un frasco, vertió parte de la poción dentro de éste, y la bebió; el sabor era dulce, en su nariz sintió un cosquilleo y las fosas nasales se impregnaron del fresco perfume de las rosas recién cortadas, era extraño, porque un momento antes de beberla, la pócima carecía de olor alguno.
Acabó todo lo que el frasco contenía, lo dejó en la mesa y cuando degustaba la última gota del brebaje en su lengua, el piso se le movió bajo los pies, la mirada se le nubló y sintió una punzada en su sien derecha.
Un segundo…
Dos segundos…
Todo volvió a la normalidad. Parpadeó repetidas veces y vio enfrente de ella a Nott mirándola entre sorprendido e inseguro.
— ¿Estás bien, Granger? —preguntó en un tono más agudo de lo normal.
— Sí, me mareé por un momento, estaba demasiado dulce… No ha funcionado —dijo decepcionada la bruja.
— Quizá necesita más tiempo. En caso de que no haya sido la solución, domingo a la misma hora nos vemos aquí.
El delgaducho susurró un Evanesco en ambos calderos para dejarlos completamente vacíos, y moviendo la varita acomodaba los restos de los ingredientes en sus respectivos contenedores. Hermione aún no se creía lo que había escuchado, Nott tenía intención de seguir ayudándola, hasta había fijado fecha.
— Deben ser más de las once, es hora de ir a dormir.
Los dos muchachos salieron del depósito y cerraron con llave.
— Gracias, Nott.
— No olvides el domingo, Gryffindor —dio media vuelta y se alejó en dirección a las escaleras que llevaban hacia abajo.
La leona caminó en silencio hasta llegar a la torre donde estaba el retrato de la señora Gorda, por fortuna no había señales de Filch o la señora Norris rondando. Susurró "Luces de hadas" al retrato, la señora Gorda abrió paso sin siquiera abrir los ojos y entró por el hueco.
La sala común estaba vacía, extrañamente todos se habían ido a dormir temprano en viernes. Iba a medio camino para llegar a la puerta del dormitorio de chicas cuando una mano larga y clara se posó sobre su hombro y la obligó a dar media vuelta; la bruja soltó un grito ahogado que calló con un suspiro de alivio al ver a quien pertenecía la mano.
— ¡Ronald! ¡Casi me infarto por tu culpa! —exclamó jadeando.
— Lo… siento, Mione, necesito hablar contigo… ¡¿De dónde vienes?! —inquirió arrugando la frente como si le hubieran dado una bofetada.
— No te lo puedo decir, Ron… pero no…
— ¿Es verdad que me estás engañando con Rodo Nott, el de Slytherin? —dijo rojo como tomate.
— Es Theodore… ¡Y no! Esas son invenciones de Malfoy, ¿cómo es posible que le creyeras a ese hurón embustero? —Hermione se cruzó de brazos molesta.
— Mione… te has alejado de mí, ya no quieres sentarte conmigo, ¿qué es lo que está pasando? —los ojos suplicantes del pelirrojo convencieron a la castaña a decirle la verdad, no podía seguir mintiéndole a uno de sus mejores amigos, y menos si eso le hacía tanto daño.
— Ron, es difícil de explicar… yo no soy la Hermione que conoces, no soy tu Mione…
— ¡¿Quién eres?! ¡¿has tomado poción multijugos para usurpar a Hermione?! —la interrumpió tratando de desatorar su varita del pijama descolorido que vestía.
— ¡NO SEAS TONTO! —gritó sujetándolo de los brazos antes de que se atreviera a lanzar un mal hechizo—. Sí soy Hermione pero no de este… lugar, yo pertenezco a otra dimensión, mundo, no lo sé.
El pelirrojo muchacho se quedó sin habla e inmóvil, con gesto confundido; temblaba pero no presentaba peligro alguno porque sus músculos estaban relajados.
— Mira… preparé un Filtro muy avanzado, viene en los libros de sexto curso, pero lo hice mal, no hice caso a una importante advertencia que venía… y terminé aquí. El martes desperté como siempre, pero las cosas eran diferentes, compartíamos clases con casas diferentes ¡y tú eras mi novio! Harry me contó lo que pasó en las vacaciones y eso en mi mundo nunca pasó, tú ni siquiera me volteas a ver, ¡es ridículo esto! —soltó Hermione alterada, tratando de ser lo más concreta posible.
"Seguramente Ron no ha creído nada de lo que he dicho, es tan cabezota que…"
— Lo sabía…
— ¿Qué? —preguntó sorprendida por la respuesta.
— Yo… lo sabía. ¡Sabía que no eras tú y por eso te comportabas así! —exclamó feliz el Weasley, abrazando a Hermione con lágrimas en los ojos y una sonrisa radiante—, la verdadera tú no podría dejar de amarme…
Los dos leones se sentaron en un sofá color escarlata y continuaron su conversación con total calma, este Ron Weasley era mucho más crédulo con lo que sea que dijera Hermione, por más fanasioso que sonará.
"No sé qué es más cabezota: un Ron normal o un Ron enamorado…"
— Entonces —empezó curioso a interrogar el pelirrojo—, ¿tú no eres mi novia?
— No, pero soy tu mejor amiga, con Harry.
— ¿Harry lo sabe?
— Sí, lo sabe porque necesitaba contarle a alguien lo que pasaba.
— ¿Por qué no me lo contaste a mí?
— Vamos, al Ron que yo conozco no le puedo contar nada que se escuche sobrenatural sin recibir una serie de berrinches y acusaciones en las que me taches de mentirosa —Ron se sonrojó, posiblemente porque antes de ese curso hubiera reaccionado así.
— ¿Has quedado atrapada aquí por una poción?
— Sí, eso parece… ni yo podría explicarlo.
— ¿Qué ha pasado con mi Mione?
— Ella debe estar en mi mundo, en cuanto yo me vaya de aquí, volverá —respondió sin estar segura de que fuese cierto.
— ¿Por qué ella también cambió de lugar?
— Bueno, no podrían haber dos Hermione en un mismo sitio —contestó ya hartándose de que el larguirucho muchacho hiciera preguntas que ella no podía responder.
— Pero…
— ¡Ya, Ron! Ella va a volver y te aseguro que estará a salvo como yo; en Hogwarts nada malo le pasará y menos contigo y Harry.
— Está bien…
Ron apenado paró el interrogatorio y miró a sus pies en silencio. Hermione sintió de nuevo el mareo que había tenido en el Depósito de pociones, cerró los ojos un momento para controlar el dolor y volvió a hablar.
— Ron, mejor vayamos a dormir, ya debe ser media noche.
— Espera… —el mago levantó la vista y posó sus ojos azules en los marrones de la muchacha— me acompañarías a Hogsmeade mañana, Mion… Hermione? Como amigos.
— Claro que sí, Ron —respondió contenta de que las cosas con el pecoso pelirrojo se arreglaran—. Ahora déjame dormir, te veo en la mañana.
— Descansa, Hermione.
La castaña caminó con paso veloz a su dormitorio, subió las escaleras, abrió la puerta y literalmente se aventó a su suave cama. Se deshizo de los zapatos como pudo, de la túnica no se molestó en dejársela puesta y cerró los ojos, el dolor en su cabeza era intenso, el suelo giraba en círculos aumentando su mareo incesante que la atacaba; colocó la cabeza bajo su almohada y con todos sus esfuerzos, logró conciliar el sueño.
Débiles rayos de luz se colaban por la ventana y daban directo a los párpados de Hermione, quería dormir más pero tenía frío en la espalda, por lo que se obligó a levantarse e ir por otra manta. Se sentó en la cama, soltó un callado y bostezo y abrió los ojos con la vista ligeramente nublada. Vio sus pies y luego algo que llamó su atención, sus pantorrillas cubiertas por un desgastado pijama azul.
"¡¿Quién me cambió de atuendo?! Espero que Lavender no se haya atrevido…"
Miró a la cama de su compañera de cuarto, dormía plácidamente, definitivamente ella no le habría quitado la calurosa túnica para ponerle el pijama: Lavender nunca haría una acción bien intencionada ni se levantaría temprano interrumpiendo su sueño embellecedor.
Hermione se levantó de sopetón de su cama, miró en dirección al calendario mágico colgado al lado de la ventana que daba a los jardines e instintivamente cubrió su boca con ambas manos para evitar gritar por la sorpresa: la fecha martes 3 de noviembre estaba encerrada en un círculo dorado… otra vez.
